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BirdsandStars

Entrelaza sus dedos con los míos y me conduce hacia nuestra habitación y de allí hacia el baño. Me suelta la mano y lo veo comenzar a llenar la enorme tina y verter sales aromáticas y gel. Abre un estante y saca varias velas pequeñas que coloca estratégicamente por todo el baño y comienza a encender. No me muevo de mi lugar y lo observo preparar todo estupefacta. Para cuando termina de colocar y encender las velas ya la tina esta casi llena. Cierra el grifo y camina en mi dirección, apaga las luces del baño y se detiene frente a mí. Me sonríe mostrando los hoyuelos y después me desviste lentamente dejando caer la ropa al suelo.

El baño ha quedado iluminado solo por las velas. Aspiro profundamente el delicioso olor a vainilla que inunda toda la habitación y solamente me pregunto si es producto de las velas o de las sales aromáticas.

Christian se saca el teléfono del bolsillo, sonríe mientras mira la pantalla y busca algo en el. Unos segundos después la música está inundando la habitación. Se deshace de su ropa rápidamente y esta se acumula junto a la mía en el suelo de la habitación. Me tiende la mano y me ayuda a entrar en la bañera. Me siento en un extremo de la enorme bañera blanca y el hace lo mismo en el extremo opuesto.

—¿Quien canta? —le pregunto al no reconocer la música.

Minnie Riperton, Lovin' you.

Coge uno de mis pies y comienza a masajearlo suavemente. Cierro los ojos mientras me relajo ante sus caricias.

—Ana.

—Mmmm. —murmuro mientras el cambia hacia el otro pie.

—¿Eres feliz?

Abro lo ojos de repente. No sé a qué viene su pregunta en estos momentos. Frunzo el ceño.

—No creo que pudiese ser más feliz. ¿Por qué lo preguntas?

Pero el se queda en silencio. Retiro mi pie de sus manos y me acerco hacia él. Pego mi frente a la suya mientras me siento a horcajadas sobre él.

—Christian. ¿Por qué preguntas si soy feliz?

—Aunque no lo creas Ana, tengo miedo.

—¿Miedo?

—Miedo de perderte. —me dice muy serio.

—No vas a perderme Christian. —le digo con una leve sonrisa tratando de animarlo, pero él no sonríe. —¿De donde viene este miedo repentino?

—Hay algo que desconoces sobre los exagentes de la CIA.

—Imagino que me lo vas a contar.

—Aunque no estés activo, siempre queda el temor de que alguien venga a por ti.

—Pensé que no habías dejado ningún cabo suelto, que por eso te habías tardado seis meses.

—Y no los dejamos. —me dice mientras puedo ver la preocupación nublar su rostro.

—Pero.

—Pero he tenido un mal presentimiento últimamente.

—¿Por qué no me habías contado nada?

—No quería preocuparte. Aunque quizás todo ha sido una invención mía. Estrés.

Le sonrío brevemente mientras enredo mis manos en su cuello y le sonrío.

—Creo que el que necesita el masaje eres tú. —le digo mientras me muevo sugerentemente sobre él.

Christian me sonríe mostrando los hoyuelos que tanto me gustan. Y aferra sus manos en mi cintura.

—Eso no suena mal en lo absoluto.

La música cambia una vez más. Cierro los ojos absorbiendo la letra de la canción. Y me parece haberla escuchado alguna vez, solo que no recuerdo donde. Pienso por un momento tratando de identificar quien canta.

—Se llama Truly Madly Deeply es de Savage Garden. —me dice leyendo mis pensamientos.

—Tiene una letra muy hermosa.

—Y un ritmo especialmente sensual para hacer el amor. —me dice mientras me besa breve y sensualmente. —Ya te lo demostraré más tarde. —me dice mientras echa gel en sus manos y comienza a deslizarlas lentamente por mi espalda sin apartar los ojos de los míos.

Me encanta el Christian amoroso y tierno que me mima y me cuida y me da masajes deliciosos. Christian termina antes que yo y sale del baño dándome un beso.

Termino y me dirijo hacia el comedor.

—Puedes poner los cubiertos que ya voy con la cena. —me dice mientras yo me dirijo hacia la alacena.

Busco los cubiertos, los coloco en la mesa y me siento a observarlo.

Saca los bistecs de la parrilla y los coloca uno en cada plato. Coge la salsa y la vierte sobre los bistecs. Le pone las papas fritas a un lado y después me sonríe mientras coge los platos y los trae hacia donde yo estoy.

—Creo que ya podemos cenar Sra. Grey. — me dice mientras va rápidamente por las copas y la botella de vino.

El olor que desprende la comida es exquisito. Se sienta a mi lado mientras yo miro hambrienta la comida frente a mí. Muero por probar esto. Corto un trozo de la carne y la llevo a mi boca.

—Mmmm. —cierro los ojos y gimo mientras saboreo la comida en la boca. — Esto está exquisito. —digo mientras los abro nuevamente y cojo otro bocado.

—Me encanta escucharte gemir de placer. —me dice mientras yo lo miro entrecerrando los ojos. —Así sea por un bocado de comida, siempre suena tan sensual.

Tomo otro bocado y vuelvo a gemir mientras lo miro a los ojos fijamente. Christian no aparta su mirada de la mía. Mientras transcurre la cena, puedo ver como su mirada va cambiando, se va oscureciendo. Cuando terminamos de cenar se levanta de la mesa y coge la botella de vino.

—Trae tu copa. —me dice mientras el coge la suya.

Lo sigo hacia la piscina y lo observo mientras se sienta en una tumbona y pone la copa y la botella en la mesita que está junto a esta. Me tiende la mano para que lo acompañe y me siento entre sus piernas mientras el me abraza por detrás.

Hoy no hay luna.

—Si hubiese menos iluminación se podrían ver mejor las estrellas. —le comento mientras el me besa el cuello.

—Espera aquí. —me dice separándose de mi.

Regresa unos minutos más tarde con unas velas que coloca y enciende alrededor de nosotros y a la orilla de la piscina.

—¿Qué estás tramando?

—Ya lo verás. —me dice mientras se marcha nuevamente.

Y unos minutos después se apagan todas las luces. Espero a que mis ojos se acostumbren a la poca iluminación que hay alrededor de mí. Justo en ese instante Christian llega a mi lado y se vuelve a sentar detrás de mí, abrazándome nuevamente.

—¿Se ven mejor ahora las estrellas? —me pregunta mientras yo miro hacia el cielo.

Es un espectáculo maravilloso. Estamos en una isla en medio del océano índico, con la única iluminación a nuestro alrededor de unas pequeñas velas. El cielo luce majestuoso. Como nunca antes lo había visto. Como solo se ve en las fotos tiradas con los telescopios.

—Creo que nunca en mi vida había visto tantas estrellas. —le digo emocionada.

—Aún nos queda algo pendiente. —me dice en un susurro mientras sus labios calientes besan mi cuello y sus manos acarician mi vientre.

—No recuerdo que te deba nada.

—Pero yo si lo recuerdo muy bien, dos cosas en realidad. —me dice mientras se levanta nuevamente.

Coge su copa la coloca en el borde de la piscina, donde también coloca su teléfono.

Entonces comienza a desvestirse rápidamente y me sonríe perversamente antes de saltar a la piscina con un elegante clavado. No necesito pensarlo. Coloco mi copa junto a la de él, me desvisto y salto al agua. Christian nada en mi dirección, me estrecha entre sus brazos y me besa apasionadamente mientras me mueve hasta acorralarme contra la pared de la piscina.

Se separa de mi con la respiración acelerada.

—Voy a necesitar de todo mi autocontrol en este momento. —me dice mientras le da un trago a su copa y busca algo en su teléfono.

Unos segundos más tarde está sonando la canción con la que prometió que iba a hacerme el amor más tarde.

—¿En la piscina?

—Creo que quedó pendiente Sra. Cooper. —me dice mientras se pega a mi dejándome sentir su erección.

—Esto promete Sr. Cooper. —le digo mientras le doy un sorbo a mi copa antes de enredar mis manos en su cuello.

—Sexo húmedo, ardiente, lento y sensual a la luz de las velas y bajo las estrellas. —me dice mientras pega sus labios a los míos.

—Cuando lo dices así, suena a que va a ser alucinante.

Y no puede hablar más. Sus labios cubren los míos y comienza a hacerme el amor al suave ritmo de la canción que se repite una y otra vez.

El sol me molesta en los ojos. Me los cubro con un brazo hasta que mis ojos se acostumbran a la luz intensa que entra en la habitación. Estoy desnuda en la enorme cama de la habitación. Me giro hacia el otro lado, Christian no está. Esto es extraño. Pesaba que después de todo el sexo de anoche estaría tan exhausto como yo. Me levanto de la cama y busco una ropa antes de ir al baño.

Cuando salgo voy hacia la cocina buscando a Christian, pensando que podría estar preparando algo para comer. Pero no está ahí.

Salgo corriendo de la casa, quizás se está bañando en el mar, así que me dirijo rumbo al muelle. Y me detengo de repente.

No puede ser. ¿Dónde está el yate?

¿Acaso salió sin decirme nada?

No, él no se marcharía sin decirme nada dejándome preocupada.

Comienzo a ponerme cada vez más ansiosa.

Echo a correr por toda la orilla de la playa, buscando algún indicio de su presencia. Nada. Quizás está en la piscina, ejercitándose. Corro hacia la piscina, pero tampoco está ahí. Allí solo está la botella y las copas. Pero al fijarme bien veo que una de ellas está rota en el suelo.

No recuerdo que hayamos tropezado anoche mientras íbamos besándonos hacia la habitación. Lo único que recuerdo es caer en un sueño muy profundo.

Esto solo puede significar una cosa.

Alguien a secuestrado a Christian. Pero quien.

Busco el teléfono y marco al de Christian. Comienza a sonar, pero lo siento muy cerca de mí. Eso solo me confirma mis sospechas.

¿Cómo escapas de una isla en medio del océano Índico?

Solo tengo una opción en estos momentos. Busco en los contactos el último número al que me gustaría llamar. Miro el número fijamente. No tengo muchas opciones. Marco el número y espero. Al segundo tono contesta.

—¡Anastasia!

—Han secuestrado a Christian.

—Sí, lo sabemos, un agente estará llegando en poco tiempo y te pondrá al tanto.

Eso es lo único que dice antes de colgar.

No puedo creer que el lo supiera y no me hubiese llamado para informármelo.

Siento el sonido del motor de una lancha acercándose. No tengo idea de quien puede ser, así que decido pasar a la acción. Me escondo cerca de la orilla, entre la vegetación de la isla. Y espero. No creo que sea el agente que han enviado. Es demasiado rápido para que llegue. El sonido del motor se detiene. Agudizo mis sentidos. Siento sus pasos por el muelle. Siento como la madera cruje a cada paso que se acerca hacia la casa. Dejo de sentir los pasos y sé que está caminando por la arena. Va vestido de negro. Y no es precisamente un uniforme táctico militar. Más bien está usando un traje.

Salgo sin hacer ruido de mi escondite y me abalanzo sobre él tomándolo por sorpresa. Me aferro fuertemente intentando derribarlos. Me coge por las manos y en un giro inesperado, me da la vuelta por encima de su hombro y me estrella contra la arena.

Me levanto nuevamente dispuesta a enfrentar, cara a cara a mi agresor. Me pongo en guardia y lo miro fijamente. Solo entonces me quedo congelada con los puños en alto, mientras mi mirada se pierde en sus ojos verde esmeralda.

—¿José?