Déjenme sus comentarios

BirdsandStars

¿Qué mierda hace el aquí?

No bajo la guardia.

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que lo vi. Después de ese día, no he vuelto a saber nada de él. Y tampoco quería hacerlo.

—¿Qué haces aquí? —inquiero con mirada furiosa.

—Henry Stevens me ha enviado por ti. —me contesta muy calmado.

—Es imposible que llegues tan pronto, acabo de hablar con él por teléfono.

—Estaba en Singapur en una misión, y me han reasignado aquí.

—¡Que!

—Será mejor que te sientes Anastasia. Yo también soy un agente encubierto. —me dice mientras yo bajo los puños y caigo sentada en la arena.

No lo puedo creer. Con todo lo que me ha sucedido. Esto, es lo menos que me esperaba que sucediese. ¿Por qué mi pasado tiene la costumbre de ponerse al día conmigo?

José me tiende la mano y me ayuda a levantarme mientras entramos en la casa. Me siento en una silla mientras él se quita la americana y va por un vaso de agua. Me lo ofrece y después se sienta frente a mí.

—¿Desde cuando trabajas para la CIA? —le pregunto después de tomar un sorbo de agua.

Aunque creo que para lo que me va a contar, necesitaré algo más fuerte que esto.

—Unos años antes que tú.

—¿Lo sabías? —estoy impactada porque el tuviese conocimientos de mi formación, cuando Christian no lo sabía.

—En realidad estaba allí para vigilarte Ana.

—¡Que! —grito horrorizada.

Esto no me lo esperaba.

—¿De verdad crees que todo fue coincidencia? Todo estaba planeado que sucediera de esa forma.

—¿Que saliéramos juntos? ¿Entonces nunca sentiste nada por mí? ¿Todo fue planeado? Una actuación.

—Al principio sí. —me dice mirándome fijamente mientras yo abro los ojos ante su respuesta. —Por eso tuve que hacer lo que hice.

—Engañarme en frente de todos. —le digo con sarcasmo.

—Era la única forma de que me reasignaran a otro lado.

—Me hiciste mucho daño José. —su traición me había dolido mucho.

—Lo siento. Pero era mejor de esa forma.

—¿Mejor para quién?

—Se suponía que no me enamorara de ti Ana. Porque si lo hacía, pondría en peligro la misión.

—¿Estabas enamorado de mí? —le pregunto ahora frunciendo el ceño.

El jamás me había confesado sus sentimientos. No me contesta, solo me mira fijamente. Su silencio me da la respuesta. Si lo estaba.

—Por eso hice lo que hice antes de que fuese demasiado tarde.

—Eso es una idiotez.

—No lo es. Sé que tu entrenamiento fue diferente al nuestro. Pero la primera lección que nos enseñan es a no tener sentimientos por nadie relacionado con nuestra misión.

—Eso no lo sabía. —le digo asombrada.

—En cuanto aparecen los sentimientos, todo comienza a complicarse. Y podemos poner en peligro a esa persona y la misión.

—¿Esa regla de no sentimientos, aplica para todos los agentes?

—Si, incluso con Christian.

—¿Christian?

—¿Nunca te lo dijo?

—¿Que debía decirme?

—Que tenía prohibido cualquier relación contigo.

—¿Porque estaba involucrada en su misión?

—Exactamente. Le advirtieron, como a mí, que se mantuviese alejado de ti.

—Pero el no hizo caso.

—Y por eso la CIA tomó algunas medidas para intentar que te alejaras de él.

—¿Unas medidas?

José me mira fijamente. Puedo ver en su mirada que no quiere contarme lo sucedido.

—¿Qué hicieron exactamente José?

—Planearon el asalto en New York.

—¡No puedo creerlo! —por eso es que querían que me alejara de él.

—La historia no termina ahí. —me dice mientras vuelvo mi atención nuevamente a él. —Los seis meses que estuvo detrás de Giselle fue algo planeado. Alguien la ayudó a escapar y a mantenerse escondida para que el estuviese más tiempo detrás de ella. Y así alejado de ti.

—¿Quién podría planear todo esto?

—Tengo mis sospechas.

—¿Me dirás quién es?

—Estoy por pensar que Henry Stevens está detrás de todo esto. —me dice mientras yo lo miro incrédula.

—No lo creo.

—Yo tampoco lo creía. Pero han sucedido muchas cosas extrañas en los últimos meses.

—¿Cosas extrañas?

—Sí. Como no estás activamente en la agencia, no tienes acceso a la información. Pero leí el reporte de la captura de Giselle, Ana. ¿Cómo es posible que se escapara si él era el único que estaba allí?

—¿Como dices? Tenía entendido que el FBI estaba en camino, que se harían cargo pues no teníamos jurisdicción allí.

—¿Quién te dio esa información?

—Él me llamó por teléfono. Además, ¿que ganaría el en todo esto? ¿Qué ganaría con alejarme de Christian? —le pregunto apartando la mirada de él pensativa.

—No perdería a su mejor agente. —me dice mientras yo levanto la vista y vuelvo a mirarlo.

Y entonces pienso. Hay algo más. Algo que solamente Christian sabe. ¿Estará involucrado con quien copió el Hard Drive?

—¿Que sucede Ana?

—Nada. Solo es que me has hecho pensar en algunas cosas que han sucedido recientemente.

—¿Hay algo más que yo no sepa?

—En realidad no lo sabe nadie, solo Christian y yo. —y por un momento me debato en si se lo cuento o no.

Lo miro a los ojos. Y decido que necesito a alguien de mi lado en estos momentos.

—Alguien copió el Hard Drive con la información del PIANANO mientras estábamos en Londres.

—¿Y no saben quién fue?

—No. Pero todo lo que me estás contando me está haciendo pensar. ¿Y si él está detrás de todo esto?

—No lo dudaría. Pero entonces deberíamos preocuparnos.

—¿A qué te refieres?

—Si lo que quiere es alejarte de Christian, entonces debemos suponer que está detrás de su secuestro.

—Debemos encontrarlo cuanto antes. —le digo mientras salgo corriendo y busco mi teléfono.

—¿Qué haces? —me pregunta el cuando me ve sonriendo a la pantalla.

—Lo primero es localizarlo, y sé exactamente en donde está. —le digo mientras le muestro la pantalla donde un puntico parpadea en medio de un mapa.

En ese mismo instante mi teléfono comienza a sonar. Es un número desconocido. Lo contesto rápidamente mientras lo pongo en altavoz.

—Ya veo que lo has localizado, buen trabajo. Si quieres verlo con vida. Tráeme el PIANANO y el Hard Drive con toda la información. Tienes 72 horas para entregarlo. Me pondré en contacto dentro de 24 horas nuevamente. —y colgó.

—¿No reconociste la voz?

—No. Al parecer estaba usando un modulador de voz para que no lo reconocieran. Pero no creo que Henry sea el que esté detrás de esto. El PIANANO está bajo su custodia, el es el único que puede sacarlo de allí, el único que tiene la autorización. ¿Por qué pediría que se lo trajéramos?

—¿Y si todo esto es solo una artimaña para no levantar sospechas e inculpar a otra persona?

Esa también es una posibilidad. Pero aún no estoy del todo segura.

—Creo que lo descubriremos a su debido tiempo, ahora será mejor que nos pongamos en marcha hacia Chicago. —le digo mientras salgo caminando rumbo al muelle donde está la lancha en la que él ha venido.

José me sigue y nos dirigimos hacia el aeropuerto donde nos está esperando un Jet Privado que nos lleva hacia Chicago.

—No puedo ir contigo hacia TecFall. —me dice afuera del aeropuerto de Chicago.

Me detengo junto al auto que el ha alquilado.

—¿Dónde nos encontramos entonces? —le pregunto mientras él mira su reloj.

—Aquí mismo dentro de dos horas. Y Ana, no hables con nadie.

—Lo sé. Sé lo que debo hacer. —le digo mientras el me entrega las llaves.

Me monto en el auto y lo veo marcharse en otra dirección mientras pide un taxi.

Conduzco hacia TecFall a toda velocidad.

Todos me miran fijamente cuando entro en el ascensor. Si soy consciente de que la ropa que llevo no es la más adecuada, pero no tenía tiempo de ir a cambiarme. Y eso que esta ropa está mejor que la que tenía cuando aterrizamos en Barcelona para reponer combustible. Creo que si llego a venir en shorts, sandalias y blusa de tirantes corta, a todos les da un infarto. O los guardias de seguridad no me dejan pasar. Así que con unos jeans y una blusa más adecuada y unas converse, todo debe funcionar.

Las puertas se abren en la planta 25 y salgo rápidamente con un solo objetivo en mente.

—¡Ana!

¡Mierda! Me olvidé de Kate.

Y ella se me queda mirando asustada.

—¿No estabas de luna de miel? ¿Qué sucedió?

—Kate, lo siento, estoy apurada. —le digo ignorándola y caminado rápidamente hacia la oficina.

Introduzco la combinación en la caja fuerte y la abro sacando el Hard drive. La puerta de la oficina se abre de repente y entra Kate cerrando detrás de ella. Camina en mi dirección y se detiene junto a la mesa.

—Se que sucedió algo importante y que no me quieres contar, por algún motivo.

—Kate, por favor. —le digo mientras paso por su lado.

Ella se queda mirando lo que tengo en las manos.

—¿No debías entregarle eso a la CIA? —pregunta frunciendo el ceño.

La ignoro y camino hacia la puerta.

—No vas a salir de aquí hasta que no me expliques que está sucediendo. —me dice tirando de mi brazo haciendo que me gire hacia ella.

La miro fijamente. No puedo ocultárselo. Ella debe saber lo que sucedió.

—Han secuestrado a Christian y voy a rescatarlo.

—¿Cómo que lo han secuestrado?

—Kate, no puedo darte más explicaciones, por favor. No quiero que te veas involucrada en esto.

—¿Cómo se supone que tu lo rescates? ¿Quién te crees que eres? Debes llamar a la policía y que ellos se encarguen.

Creo que ha llegado la hora de que le cuente la verdad a Kate. La cojo por las manos y hago que se siente en una butaca. Me siento agacho frente a ella aun sosteniendo sus manos.

—Aún hay algo que no conoces de mi. —le digo haciendo una pausa mientras ella me mira con los ojos bien abiertos. —Yo también trabajaba para la CIA.

—¡Que! —grita mientras yo le pongo la mano en la boca para hacerla callar.

—Es una historia larga yno puedo contarte ahora como comenzó todo, pero lo básico es que voy a ir a rescatarlo, estoy entrenada para eso.

—Pero no puedes ir tu sola Ana.

—No voy sola, José va conmigo.

—¡José! ¿El idiota?

—Sí, el idiota resultó ser una gente de la CIA también. —le digo mientras ella me mira estupefacta. —Se que es mucho que asimilar Kate, pero debes prometer no contarle nada a nadie.

—¿Tu madre sabe que regresaste?

—Nadie lo sabe, solo las personas que me han visto, así que cuanto más tarde s entere mejor. Pero por ningún motivo debe enterarse de lo que hemos hablado, del verdadero motivo por el cual regresé. —le digo mientras me levanto del suelo y me dirijo hacia la puerta.

—Pero Ana.

—Prométemelo Kate. No quiero poner a más personas en peligro, por favor.

—De acuerdo, no contaré nada.

—Ni siquiera a Elliot. —le advierto.

—Muy bien.

Camino nuevamente hacia ella y la abrazo fuertemente. Sé porque lo hago. Kate es mi mejor amiga y no sé si esta sea la ultima vez que la vea. No sé lo que sucederá en Rusia. Cuando siento que mis ojos comienzan a llenarse de lágrimas me separo de ella. Doy media vuelta y me marcho sin mirar atrás.