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BirdsandStars

El auto se detiene ya asumo que hemos llegado. Siento como se abre una puerta y se vuelve a cerrar. Unos minutos más tarde Kate está quitándome la venda de los ojos. Me cuesta un poco de trabajo que mis ojos se adapten a donde estoy. Christian ya no está en el auto. Solamente estamos nosotras. Kate retoca mi maquillaje un poco y me sonríe.

—Estás preciosa. —me dice con una sonrisa.

Puedo ver afuera los paparazzi. Y me miro el sencillo vestido blanco que llevo puesto.

—Creo que esto fue una mala idea. —ya me estoy arrepintiendo.

Debería haber conseguido un vestido mucho más adecuado, teniendo en cuenta con quien me caso. Uno que dejara a todos con la boca abierta.

—¡Qué estás diciendo!

—Que debería haber conseguido otro vestido teniendo en cuenta que el mundo entero me va a ver.

—Anastasia. —me dice sosteniendo mi rostro entre sus manos y obligándome a mirarla a los ojos. —Estás preciosa con ese vestido, y estoy segura que a Christian le va a encantar. —me dice con una sonrisa.

Vuelvo a mirar hacia la multitud de paparazzi reunida afuera a la espera de que me baje del auto.

—¿Lista? —me pregunta Kate mientras yo asiento.

Ella abre la puerta y después de bajar me tiende la mano para ayudarme. En cuanto salgo del auto los flashes de las cámaras me dejan ciega. Camino sosteniéndome de la mano de Kate rumbo a la capilla donde nos esperan todos.

Justo a la entrada hay varios guardias de seguridad que evitan que los paparazzi puedan entrar. Solo le permiten el acceso a varios de ellos para que saquen las fotos necesarias.

Estoy nerviosa.

Kate abre la puerta y veo a Christian al final de la habitación junto a Elliot y el juez que nos casará. En ese mismo instante dejo de respirar. Christian trae el pelo perfectamente peinado y lleva un traje blanco.

Cuando me fijo bien, veo al resto de invitados, que no son muchos. Kate me da un toquecito en la mano y caminamos hacia donde nos esperan todos. En cuanto llego junto a Christian le sonrío tímidamente mientras él toma mi mano entre la suya.

Todos toman asiento mientras el juez comienza con breve ceremonia. Los paparazzi que han entrado, no dejan de sacar fotos. Me olvido de todo a mi alrededor, ni siquiera escucho al juez hablar sobre el amor y la familia. Solo soy consciente del calor de la mano de Christian en la mía. Del latir desesperado de mi corazón. Contesto mecánicamente, sí, cuando me preguntan si acepto, Christian hace lo mismo mientras me sonríe brevemente cuando nos declaran marido y mujer. Ambos firmamos y después nos miramos fijamente.

—Puede besar a la novia.

Christian me sonríe perversamente. Por su sonrisa sé que estaba esperando esas palabras desde que entramos aquí. Y sé porque las estaba esperando cuando comienza a acercar su rostro peligrosamente al mío.

Sube una mano, acaricia mi mejilla y me sujeta por el cuello mientras enreda la otra mano en mi cintura y une sus labios a los míos. Apoyo mis manos contra su pecho mientras su beso comienza a subir de intensidad.

Sus labios me tientan dulcemente a que los entreabra. Y eso es exactamente lo que hago mientras el introduce la lengua en mi boca y me aferra más contra su cuerpo. Su mano baja desde mi cintura y me acaricia levemente una nalga, haciendo que deje escapar un gemido contra sus labios.

Los silbidos y gritos de júbilo hacen que nos separemos con la respiración acelerada. Puedo ver como su mirada se ha oscurecido de deseo, pero el no me suelta, tira de mi cintura hacia su cuerpo para mantenerme junto a él. Todos comienzan a acercarse a felicitarnos y las chicas tiran de mi hacia un extremo alejándome de Christian.

—¡Por dios! ¿Por qué nunca nos dijiste que salías con Christian Grey?

—Nunca surgió el tema. —le digo como quien no quiere la cosa.

—Y no se te ocurrió que algo así era extremadamente importante.

—No.

Pero en ese instante todas se quedan mirando a Kate fijamente.

—¿Tu lo sabías? —Kate se puso seria repentinamente.

—Disculpen chicas. —en cuanto lo escucharon hablar todas dejaron escapar un suspiro mientras yo pongo los ojos en blanco.

—Están exagerando. —les digo con una sonrisa mientras Christian me abraza por detrás y me besa el cuello.

—¿Cómo no puedes suspirar cuando te habla en ese tono de voz?

—No le hagan caso, ya Ana es inmune a mis encantos. —dice el haciendo que todas rían a carcajadas.

Me giro entre sus brazos y le sonrío mientras acerco mis labios a los suyos.

—¿De verdad crees que soy inmune a tus encantos?

—No. Sé lo que te sucede siempre que te beso. —me dice muy bajito antes de rozar sus labios ligeramente con los míos. —¿Lista para iniciar nuestra luna de miel Sra. Grey?

Escucharlo decir mi nuevo apellido hace que mi respiración se acelere. Y también sé que vamos a tener que hablar con respecto a este tema después. Quiero seguir llevando mi apellido, no quiero que la gente me reconozca por el suyo. Pero eso será más tarde.

—Todo lo que puedo estarlo Sr. Grey. —le digo con una sonrisa.

Christian tira de mi mano fuera de la capilla y me dirige hacia su auto.

—¡Espera Ana, olvidas algo! —me dice Kate mientras se acerca a mi con un ramo sencillo en la mano.

Cojo el ramo y me giro de espaldas. Cuento mentalmente antes de lanzar el ramo hacia las mujeres reunidas. Ni siquiera presto mucha atención a quien lo cogió, porque Christian tira de mi mano, y me inclina hacia atrás dramáticamente antes de besarme. Me sostengo de su cuello mientras nuestros alientos se mezclan y me olvido del lugar una vez más.

—Ese es mi poder. —me dice separándose brevemente de mi. —Puedo hacer que te olvides de todos. —me da otro beso rápido antes de abrir la puerta del auto y tenderme la mano para ayudarme a subir.

Christian da la vuelta al auto y se sube rápidamente.

—¿Algún lugar para iniciar nuestra breve luna de miel? —le pregunto con una sonrisa mientras el acelera el auto y sale a toda velocidad.

Cuando nos detenemos frente al Intercontinental Downtown, yo no lo puedo creer aún. Christian da rápidamente la vuelta y me abre la puerta sosteniendo su mano para mí. Después abre el maletero y saca una pequeña maleta del interior y mientras entrelaza su mano con la mía, me conduce hacia la recepción.

Debo decir que todos nos miran mientras nos detenemos en recepción. Pero a Christian no parece molestarle en lo absoluto.

—Buenas noches. En que puedo ayudarlo Sr. Grey.

—Quisiera una suite para mi esposa y para mí. —dice el muy sonriente.

Y puedo ver como el rostro de la mujer pasa rápidamente a sorpresa y estupefacción.

—Disculpe, no sabía que estaba casado.

—Acabamos de hacerlo.

—¿Entonces quieren una suite para su luna de miel?

—Si.

—Algún requisito en especial.

—Que tenga un jacuzzi. —le dice mientras me mira de reojo.

—¿Cuantos días se quedarán?

—Solo una noche.

—Aquí tiene su habitación, es en el último piso. —nos dice tendiéndonos la tarjeta.

—Gracias, que nos suban algo para cenar dentro de un rato. También una botella del mejor champagne que tengan y fresas y chocolate.

Se aleja del mostrador tirando de mi con paso acelerado rumbo al ascensor. Presiona el botón insistentemente hasta que las puertas se abren.

—Alguien tiene prisa. —le digo bromeando cuando las puertas se abren.

—No creo que pueda contenerme hasta que lleguemos arriba.

Y en cuanto las puertas del ascensor se cierran Christian me está acorralando contra una pared del ascensor. Su cuerpo presiona el mío contra la fría pared del ascensor, mientras sus labios comienzan a recorrer lentamente mi cuello.

—Mmmm, Christian. Creo que hay cámaras aquí. —le digo mientras el deja de besarme el cuello y mira hacia la parte superior del ascensor.

Y vuelve a regresar la vista hacia mí. Acerca sus labios a los míos, pero no me besa. Solamente los deja ahí, tentándome.

—Prometo no desvestirte hasta que lleguemos a la habitación. —me dice en un susurro mientras los acerca ahora lentamente.

Sus labios rozan ligeramente los míos dejando un cosquilleo sobre ellos. Y después desliza la lengua sensualmente e igual de lento haciendo que mis piernas comiencen a flaquearme.

Las puertas del ascensor se abren y salimos riendo como idiotas del ascensor en busca de nuestra habitación.

Christian desliza la tarjeta de acceso y me empuja dentro de la habitación. En cuanto estoy dentro siento un estruendo detrás de mí. La mochila la a dejado caer al suelo y rápidamente lo tengo pegado a mi cuerpo. Desliza un tirante de mi vestido y después el otro dejándolo caer suavemente por mi cuerpo.

—Esto si no me lo esperaba. —me dice mientras yo salgo del vestido.

Le sonrío mientras lo observo deshacerse del saco y desanudarse la corbata. Doy una vuelta y le muestro el conjunto de encaje que llevo puesto. Más que un conjunto es un poco de tela. Para cuando he terminado de posar el modelito, la camisa está junto a mi vestido en el suelo.

—Considéralo como un regalo de bodas. —le digo mientras el da un paso en mi dirección.

Coloca las manos en mi cintura y las desliza hacia el diminuto tanga de encaje blanco. Las mueve hacia atrás y acaricia mis nalgas lentamente mientras deja escapar un jadeo.

—¿Pensaba que tenías prisa? —le pregunto mientras contengo un gemido de placer al sentir sus dedos recorriendo la parte baja de mis nalgas.

Y eso es todo lo que necesita antes de que me cargue por las nalgas y yo enrede mis piernas en su cintura. Camina unos pasos y me sienta sobre algo frío. Pero no tengo tiempo de pensar en donde estamos, o de ver la habitación. Christian rompe el tanga en un rápido movimiento haciendo que se me escape un grito. Y entonces siento su boca sobre mi sexo, devorándolo todo a su paso. Cierro los ojos y enredo mis manos en su pelo mientras abro mis piernas para darle mejor acceso. Su lengua caliente es una tortura en mi sexo. A cada segundo los gemidos se vuelven más incontrolables. Y entonces dejo de sentir su lengua y su boca caliente. Abro los ojos al tiempo justo que el une sus labios con los míos. Enredo las manos ahora en su cuello y tiro de él más cerca de mi si es posible. Ambos gemimos y jadeamos mientras nuestros labios y lenguas se exploran.

Puedo sentir el sabor de mi propia excitación en sus labios y esto solo hace que lo desee más. Siento el sonido de algo metálico caer al suelo y unos segundos después Christian se entierra en mí. Sus manos bajan y me aferra por las nalgas mientras yo bajo las mías hacia su espalda. Nuestros labios no se separan. Pero nuestros gemidos y jadeo de placer son incontrolables. Siento como el deseo crece y crece en mi interior, siendo imposible de contener. Los músculos de mi vientre se aprietan cada vez más a su alrededor con la misma intensidad en que aumentan los gemidos.

—¡Duro! ¡Fuerte! —le exijo cuando no puedo más. Estoy al límite del placer.

—Como desees amor.

Y eso es exactamente lo que me da. Las embestidas aumentan de intensidad. Con la misma intensidad que aumenta el agarre de sus manos en mis nalgas.

—¡Christian! Christian!

Y mientras gimo su nombre el deja escapar una maldición mezclada con el mío. Lo siento como se derrama en mi interior y no lo puedo contener más. Me dejo ir en un orgasmo explosivo mientras dejo caer mi cuerpo contra el suyo exhausta de placer.