Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía
Solo para mayores de 18.
Yani, muchas gracias por ayudarme con la corrección de capis, y a lo largo de esta historia tan diferente a lo que estamos acostumbradas!
Las invito al grupo: Erase una vez... Edward y Bella en Facebook
Julio, 2018
—No puedo creer la cantidad de personas, eres increíble.
Emmett se soltó riendo, pasando uno de sus enormes brazos sobre ella.
—Gracias por confiar en mí con esto, hermanita. Las cantantes vestidas de princesas siempre, siempre serán un éxito.
—Y para mi desgracia, los reguetoneros —dijo Bella, riéndose antes de mirar a la chica frente a ellos—. Solo tengo una duda, ¿Arianna de verdad necesita esas alas?
—¿Ves todas esas niñas vestidas con alas allá afuera? —comentó apuntando con un gesto de cabeza—. Mercadotecnia, es un ganar-ganar. Tienes que seguir confiando en mí.
—¿De verdad no prefieres que te devuelva la presidencia? —Emmett la miró falsamente horrorizado, o eso creía.
—Me gusta justo como estamos ahora.
—Quieres decir, ¿tú haciéndome la segunda a veces?
—Admítelo, estamos perfectos así, tú como presidenta, yo como tu suplente y encargado de mercadotecnia. Así, si te quieres largar a esos viajes a las montañas, o hacer tu jodido yoga en la playa, o hacer de lesbiana con mi terapeuta…
—Está bien, está bien. Y nunca me voy a cansar de darte las gracias porque me presentaste a Alice —dijo agitando la mano, como si no estuvieran hablando de la mejor terapeuta del mundo—. Ahora, ¿vamos a dar por iniciada esta conferencia, o qué?
Con una sonrisa, se enganchó al brazo de su hermano, y juntos subieron al escenario que habían dispuesto, donde al lado de Arianna dieron una conferencia sobre su nuevo disco, así como las fechas de su gira. Además, Swan tenía una sorpresa bajo la manga, la cual era pases para regalarle a las niñas y niños mejores vestidos como hadas o duendes, se podrían tomar fotos con la princesa, entre otras cosas… sí, Emmett y toda su mercadotecnia.
—Entonces, ¿si yo digo Ta, tú dices…?
—¡Ran! —gritaron los niños al unísono—. ¡Taran, taran, taran!
—Necesito un respiro —dijo Bella rodando los ojos, antes de bajarse de la tarima donde había estado con Arianna y Emmett.
Sentía el cabello esponjado, los tacones la estaban matando, y… bueno, ver a tantos padres sonrientes y familias unidas, de alguna manera todavía calaba hondo en su corazón.
Un fracaso matrimonial es algo para lo que comúnmente no se está preparado. Sin duda alguna, la decisión de casarse viene siempre acompañada de una fuerte carga de ilusiones y sueños… ¿Pensar en el divorcio?, no. Eso era un infortunio acontecimiento que solo le sucedía a los demás, a los que no se amaban, a los que descuidaban a su pareja… Es de lo más común pensar que eso nunca te ocurrirá, ¿y los hijos?, ah, claro, esos vendrían con los años y la estabilidad necesaria, por supuesto. Bella no pudo menos que sonreír con infausta melancolía. Los hechos, a veces, eran tan distintos de los anhelos…
Mientras la multitud se congregaba cerca de la princesa Arianna, no pudo evitar pensar que era como otro recordatorio de cuánto tiempo había estado sola. De hecho, apenas podía recordar lo que se sentía al ir emparejado a algún lugar, ya fuera a un partido o al cine, o al parque en un día agradable.
¿La última cita que había tenido…?
Oh, cielos, tenía que haber sido aquella trampa que Emmett había arreglado para ella, un amigo que recién había hecho en su maestría en mercadotecnia. El tipo se había portado como un caballero, educado e inteligente de una manera que salvó la conversación, pero no. No, gracias. ¿Volver a conocer los gustos de alguien?, ¿pasar otra vez por la mierda sobre cómo le gustará el estofado?, nop. Bella siempre había sido muy exigente, ¿y ahora?, de verdad prefería quedarse fosilizada en esto del amor. Con disgusto, dejó salir un suspiro al ver la enorme fila para entrar a los baños, Jesús, por qué no solo…
—Es un poco abrumador, ¿no?
Una inyección de puro terror fue directo hasta su corteza cerebral, congelándola. No podía estar escuchando esa voz. Esa que podía despertarla llorando en las noches, y que la tenía a veces soñando despierta en el trabajo. No se había permitido pensar en él seguido, ni googlearlo, ni mucho menos buscarlo de alguna manera. De todas formas, era imposible no saber de él, no cuando manejaba la banda más reconocida y exitosa del funk, mucho menos cuando salía a relucir en algunas notas que se destacaba por sus arranques de ira en contra de la prensa, o su carácter altanero con algunos reporteros.
—Lo es —carraspeó intentando guardar la compostura.
Claro, tenía que toparse directamente con Edward Cullen, tarde o temprano. Y por supuesto, cuando se giró para mirarlo casi se fue de espaldas. Él estaba más impresionante que la última vez que lo vio hacía cinco años, algunas canas solo le daban un toque más maduro, y pequeñas arrugas alrededor de sus profundos ojos lo hacían todo un hombre misterioso, su semblante sin embargo había cambiado, y no por el paso de los años… era duro y frío de una extraña manera.
—Al principio me pasaba lo mismo, tantos niños, tantos globos, tanto ruido y risas, es… es aterrador a decir verdad —se rio, logrando que su cuerpo se aligerara un poco—, se siente como meterte de lleno al preescolar, pero oye, felicidades, Arianna es… bueno, es el mayor éxito en la industria desde hacía muchísimos años. Los niños no tenían en realidad un ídolo al que seguir desde hacía eones.
—No fue precisamente idea mía.
—Emmett —dijo con una sonrisa.
—La verdad tiene excelentes ideas, solo no sabe encausarlas… es ahí donde entro yo.
—Felicidades también por la presidencia, Swan nunca había estado mejor, recuperaron todo su prestigio. Me alegra que por fin entendieran quién debía llevar las riendas. —Bella se ruborizó, era obvio que él sabría que ahora era la presidenta, pero antes de que le agradeciera, una pequeña voz los interrumpió.
—¡Papi, corre, ella está por salir! —Un pequeño tornado de largo cabello rubio se acercó a ellos, llevaba alas y un hermoso vestido azul brillante.
—Por eso estaba aquí afuera, no pude entrar con ella al tocador, y la verdad me tenía muy nervioso —explicó Edward con una tensa sonrisa, antes de ponerse en cuclillas al lado de la niña, la levantó del suelo y la abrazó, frotando la nariz contra la suya—. Tardaste mucho ahí, pequeña, pensé que Arianna levantaría el vuelo y no la alcanzaríamos, ahora tendremos que correr tras ella.
—¡Llévame pronto! No quiero que se vaya… —Ante la evidente angustia en su pequeño rostro, Edward se echó a reír, poniéndola de vuelta en el suelo.
—Claro, pero antes, quiero presentarte a una amiga.
Bella se envaró en su sitio. No quería conocer a su hija, pero por favor. Tenía que parar con esto. Años de terapia con Alice, yoga, y un montón de mierda retrospectiva que había hecho, le habían enseñado que al final, Edward y ella habían tomado malas decisiones que los habían dejado en un mal lugar. Fue difícil darse cuenta de qué tan condenadamente patética había sido con todo ese anhelo y optimismo por heredar una empresa para demostrar de qué era capaz. Al asumir por fin la presidencia, no había habido a quien demostrarle nada, nadie con quien compartir ningún éxito. Solo estaba ella, y eso la hacía feliz también, era lo que siempre había soñado, pero fue duro entender el alto precio a pagar por esa inocente concepción de ser la dueña de Swan, que empezó cuando era niña.
—Ella es Bella.
La niña levantó la mirada hacia ella, y Bella por poco retrocedió. Tenía hermosos ojos verdes y largo cabello rubio. Era una perfecta combinación de Tanya y él, era sencillamente una de esas criaturas que podrían salir anunciando juguetes, o champú para el cabello, o lo que le diera la maldita gana. Era hermosa a un nivel que resultaba incluso doloroso de ver, Emmett la reclutaría para comerciales de Arianna, sin duda.
—Mucho gusto —dijo con la voz ronca, y agitando la mano como alguna clase de tonta.
—Me llamo Alessia.
—Que bonito nombre, ¿vienes a conocer a Arianna? —Sus pequeños ojitos se arrugaron en una sonrisa brillante.
—¡Es mi princesa favotita!
—¿Quisieras ir a saludarla?
—Bella, no es necesario, la veremos junto con el resto… —comenzó Edward, pero ella lo ignoró, mirando a la niña.
—¡Por favor! —canturreó contenta, corriendo hacia ella y sorprendiéndola como el infierno cuando sujetó su mano.
Bella se sintió descolocada, de hecho, se sentía como un enorme monstruo alrededor de una niña tan pequeña y tan bonita, parecía una pequeña muñequita y tenía miedo de romperla. Y luego estaban esos increíbles ojos, su estómago se contrajo mientras la miraba, ella podría haber sido una réplica de Edward de haber sido pelirroja. Y era realmente aterrador la manera en que la miraba fijamente con absoluta confianza, aunque después de todo, era una niña, ¿qué iba a saber ella de toda la historia entre ellos?
Un frío sudor bajó por su espalda, por lo que con piernas inestables, marchó tras bastidores, siendo muy consciente de la presencia de Edward detrás de ella, así como de su propia respiración cada vez más agitada por todo lo rápido que estaban pasando las cosas. Finalmente encontró a los cinco niños que habían ganado un pase para conocer "la casa de Arianna", en realidad era un gran montaje, acoplado como un palacio, con algunos duendes por ahí y un montón de bailarines disfrazados de hadas que aventaban brillantina, globos y dulces, y todo era muy colorido y horrible, pero encantador para los niños al parecer. Alessia soltó su mano y se lanzó directamente hacia donde estaba Arianna.
—Cariño, espera… —Edward parecía alterado mientras se precipitaba hacia su hija, la alcanzó en tres zancadas—. ¿Qué te he dicho de correr así?
—Que no debo alejarme de ti o mamá —balbuceó mirando hacia sus zapatillas brillantes.
—Así es, cuando termine estaré aquí para ti, ¿lo entiendes? —Ella asintió.
—Te amo. —Le dio un beso en la mejilla, y luego se lanzó de nuevo en una loca carrera hacia los bailarines. Edward dio un par de pasos, pero Bella lo detuvo con una mano.
—Déjala, estará bien. Arianna le dirá a los otros bailarines cuando se termine el acto, y entonces la traerán de vuelta.
—No la conoces, se escapa de todo mundo…
—Confía en mí, ella estará bien.
Y parecía ridículo pedirle algo tan importante como la confianza, sobre todo con lo que sin duda era lo más preciado para él. Edward suspiró, pasándose una mano por el cabello, antes de asentir. Y luego… oh, silencio incómodo.
§ § § § § § §
Edward había pasado por algunos aros del infierno en todos estos años. Se había vuelto duro, a un nivel incluso desconocido para sí mismo. Teniendo a la banda más exitosa de todos los tiempos en su espalda, la vida le había enseñado que no había un arcoíris al final del camino. Se había vuelto, francamente, de piedra.
O eso creía hasta que vio a Isabella.
Y tal como la primera vez que la vio en esa compañía, una fuerza inexplicable tiró de él hacia ella. Se había cortado el cabello, lo llevaba arriba de los hombros y el pequeño vestido oscuro la hacía la cosa más deliciosa en todo el recinto. Lo más sano es que hubiese seguido oculto, mirándola a la distancia, guardando la compostura desde las sombras, pero como siempre y como solo con ella le pasaba, el raciocinio quedaba de lado.
—¿Cómo has estado? —preguntó.
—Bien —carraspeó, al parecer tensa—, ¿y tú?, quiero decir… ¿cómo han estado ustedes?
—Alessia está muy bien, ya la has visto, es una niña inquieta, alegre, preguntona, risueña… es mi vida.
Y no mentía en lo absoluto, jamás se hubiera imaginado que después de que Bella le arrancara el corazón en aquel hospital al terminarlo, le hubiera sido devuelto minutos después. Se había sentido desahuciado cuando regresó con Tanya, pero entonces nació Alessia, y nunca se imaginó que solo verla cambiaría tanto su vida. Fue impresionante darse cuenta de que en unos instantes, uno madura años.
Esa misma noche se fue a cenar solo a un restaurante. La música de fondo le hacía experimentar la sensación de estar flotando, de estar en otro mundo. ¡Era padre! ¡Había tenido una hija! Una de sus máximas ilusiones… y sin embargo, la sombra de la desilusión y el desasosiego también estuvo sentada en su misma mesa. Sacudiendo ligeramente la cabeza de esos recuerdos tan turbios y duros, retomó la compostura al mirar a Bella.
—¿Y tú?, ¿qué has hecho en estos años?, te ves increíble.
—Asumir la presidencia, no era algo que pensé que en realidad fuera a pasar pero… —sonrió encogiéndose de hombros—. Emmett y yo al fin nos estamos entendiendo.
—Es tu hermano después de todo, tarde o temprano tenía que entrar en sus cabales —sonrió antes de suspirar, palmeando sus vaqueros y sacando una cajetilla—. Eh… ¿crees que podríamos ir al área para fumadores? Entre este gentío y Alessia mirándome mal cada vez que me ve fumando, me estoy cociendo en mi propia piel.
—Así que ese mal hábito llegó para quedarse. —Edward sonrió con pena.
—Lo sé, lo sé… —comentó mientras caminaba a su lado.
—¿Y Tanya?
Una parte de él casi se tiró al suelo de la vergüenza, pero la otra, la más madura, niveló sus ojos con los de Bella, era de lo más casual que ella preguntara por la madre de su hija, ¿no?
—También lo odia.
—Me imagino, pero me refería más bien a… ¿pensé que estaría por aquí? —susurró, mirando alrededor.
—Ah, no. Este es mi fin de semana con mi hija. Ella vive en Vancouver, no queda tan cerca de mi residencia en Seattle, pero bien podría haberse regresado a Italia, así que no me quejo para nada, de alguna manera nos las ingeniamos con Alessia para que yo pueda verla todo el tiempo posible cuando no estoy de gira con Resistance.
—¿No te… —carraspeó—… no te casaste con ella?
Edward la miró unos segundos, antes de soltar una corta carcajada.
—Por supuesto que no, solo haría eso una vez. ¿Y qué hay de ti?, ¿estás con alguien? —Dada la expresión de Bella, supo que algo de lo que dijo logró lastimarla, pero no podía concentrarse en exactamente qué fue, porque acababa de preguntarle una de sus peores pesadillas.
En realidad no quería escuchar la respuesta, pero vamos… Aun así no podía verla a la cara mientras aguardaba, así que miró hacia el frente, la explanada se extendía frente a ellos, grande, colorida, llena de niños alegres y familias bulliciosas.
—No, en realidad estoy…
—¿Ocupada? —Ella sonrió, negando mientras se sentaban en unos comedores para exterior.
—No es por el trabajo, de verdad que no. Tenía un problema, era adicta al trabajo y finalmente entendí que trabajo para vivir, no vivo para trabajar —dijo sorprendiéndolo—, solo… de hecho, estuve saliendo con Jasper durante poco más de un año... pero, la verdad es que me he vuelto un poco quisquillosa con los tipos. —Edward no pudo evitarlo, y una risa escapó de sus labios; corta, algo áspera—. Supongo que eso quiere decir que sabes a lo que me refiero.
Sí, lo sabía. No tenía novia, pero tampoco había sido ningún santo, era un hombre de cuarenta, divorciado, con dinero y un montón de fiestas cada fin de semana. Edward nunca pensó que de alguna manera su vida terminaría siendo eso, pero lo era, y no estaba orgulloso. Sin embargo, aunque había estado con mujeres sin rostro, nunca dejó de pensar en la misma. Habían pasado años y él parecía estar estancado, así que se dio a la tarea de intentar dejar ir su recuerdo, pero entonces se dio cuenta de que los enajenantes efectos de un posible enamoramiento desaparecían cuando llegaba a conocer a la persona, siempre toda magia se esfumaba. Así que no esperaba nada de nadie. Tal vez estaba condenado.
—Un poco. La verdad he intentado ser un buen padre, pero quizás no he sido… el mejor modelo a seguir —carraspeó avergonzado—, quizás Alessia se avergüence de mí en un futuro, no lo sé en realidad. Es muy difícil ser padre, realmente entiendo que nadie tiene un manual para esto, pero trato de ser lo mejor para ella. No le he presentado nunca a nadie, salvo a ti.
Bella se tensó, pero no le importó mientras le daba una larga calada a su cigarro, para luego hacer anillos de humo que se desplazaban hacia la luz que provenía de todos esos reflectores frente a ellos. Había otras personas sentadas alrededor y varios meseros trayendo bebidas.
—Hum… gracias, supongo.
—Ahora sé qué fue lo que dije que te sentó mal —murmuró después de un silencio incómodo, dando otra calada a su cigarro—. Pero no es lo que te imaginas, no es que no me casaría otra vez porque eso haya sido una especie de error, es simplemente que lo que compartí contigo, esos votos, no los quiero compartir con nadie más. —Soltó el aire lentamente, el humo haciendo esas extrañas figuras en el aire.
—Es… es curioso cuánto me conoces aún —dijo con una sonrisa avergonzada—, tengo que admitir que me quitas un peso de encima. Sería horrible que después de todo este tiempo, te dieras cuenta ahora de que solo fuimos un error, eso realmente me habría herido —suspiró, jugueteando distraídamente con su cabello.
—Nunca fuiste un error.
—Gracias —dijo pareciendo aliviada.
—No tienes nada que agradecer, solo digo la verdad. —Ella suspiró.
—Gracias también por… por ser sincero, yo… a decir verdad, durante estos años, no he hecho otra cosa más que intentar seguir, ¿sabes? Tampoco estuve enfocada en superar nada, sino más bien en aprender de todo ello —dijo mirando hacia el frente, ninguno en realidad era capaz de mirarse a los ojos—. Pero te lo juro, los recuerdos felices son los que más duelen. Pensar en ti, me hace sentir como si intentara respirar a través del agua, cada respiración se siente como cuchillos afilados clavados en el esternón o algo por el estilo. Al principio pensé que era por lo reciente de todo, después… solo he intentado acostumbrarme.
Edward inhaló profundamente, y sin pensarlo asintió, sintiendo aquellos cuchillos como… en este preciso momento. Sí, los recuerdos felices eran los que dolían más. Levantó la mirada hacia Bella mientras ella se pasaba nerviosamente un mechón de cabello tras las orejas. Odiaba esto. ¿Por qué tenía que haberse acercado a ella otra vez?, Bella le había dejado claro que no podían seguir, lo había terminado. ¿Pero ahora? No sabía qué hacer con ella de nuevo hablando de la vida que llevaron.
—Sí… ¿y qué fue de Evermore?
—Las boy bands que ahora tienen éxito tienen que ser coreanas —dijo riéndose.
Continuaron hablando de otros temas, esquivando así el casi descalabro. Sin embargo, Edward odiaba que cada pequeño segundo ansiaba poder verla, pero sabía que debía parar con eso. Era un tormento, las ansiedades rivalizando constantemente, agitándolo, jugando un tira y afloja entre lo que quería su corazón y lo que sabía era lo mejor. Para cuando se terminó el par de cigarros que le quedaban en la cajetilla, se sentía agotado de robarle vistazos cuando era consciente de que no debería, y luego tratando de ser distante cuando ella sacaba cualquier otro tema a colación. No podía esperar para escapar, así podría volver a respirar bien. Maldita sea, ¿cuánto duraba el show?
—Lamento lo de hace rato —dijo de pronto, en una voz tan baja que casi esperaba que no la hubiera escuchado.
—No, está bien… solo me tomaste desprevenido.
—No lamento lo que dije, sino el no haber sido capaz de luchar por lo que nos prometimos después de reconciliarnos, por hacerte falsas ilusiones, creí que podríamos, de verdad, pero cuando iba a nacer Alessia yo… —sacudió la cabeza—, era demasiado para manejar, no sabía cómo actuar, y de pronto me di cuenta de que no estaba lista.
—Y lo entiendo —dijo con voz tensa—, yo también lamento no haber mantenido todos los votos que te hice cuando estuvimos casados. Todo lo que siempre he querido para ti, es que seas feliz, Bella, y que permanezcas de esa manera. —Lanzó la colilla del cigarro—. Eso es todo. Es por eso por lo que... simplemente no te busqué más, por lo que te dejé ir esa tarde en el hospital, merecías ser feliz.
Hubo un largo y tenso silencio, hasta que Bella logró aclararse la garganta.
—¿Todavía sientes algo por mí?
Edward se ahogó, y no porque hubiera tomado una mala calada.
—Bella, yo…
—Teniendo en cuenta lo que nos acabamos de decir, creo que te puedes dar el lujo de ser honesto. Y necesito... necesito saber. De una manera o de otra, incluso aunque sea un no.
—¿Por qué?, sabes que no era la mejor relación…
—Lo sé, tampoco la más perfecta.
—¿Entonces entiendes que lo correcto sería que dejemos las cosas como están, a intentar volver a avivar algo? —Ella suspiró, sujetando con fuerza su bolso.
—¿Pero qué es lo correcto, de todos modos? Estoy… estoy segura de que nos queríamos y eso hacía que valiera cada segundo la pena —sonrió con tristeza—, igual gracias, ahora puedo darle a todo esto un cierre.
Edward la miró cuando se puso de pie, era esbelta, hermosa a morir y aunque parecía dura como la piedra, pudo ver sus brillantes ojos. Supuso que eso era lo que pasaba con el amor. No eliges cuándo quieres que entre en tu vida, ni tampoco a la persona que quieres amar. No tienes decisión en si te van a querer o no. Simplemente sucede. Mirando los profundos ojos marrones de Bella, pensó que tenía que elegir sabiamente. El suyo nunca fue un amor perfecto, de ninguna manera. Ambos lo sabían. Conocían el dolor que inevitablemente venía con él.
—Eres el amor de mi vida, Bella. Siempre.
Imperfecto, cuestionable, ilógico. Pero, era su amor. La respuesta fue fácil después de todo. Cuando se trataba de Bella, siempre daría la misma respuesta.
§ § § § § § §
Bella parpadeó, intentando nuevamente no llorar frente a él. Ya se había puesto de pie lista para huir, pero ante sus palabras, caminó hasta él y le dio un suave apretón a su mano. Él se puso de pie, todavía sujetando su mano, y en un segundo esa corriente que siempre quemaba todo alrededor, surgió fuerte entre ellos, igual de intensa y sin fisuras, antes de que el celular de él sonara, interrumpiéndolos. Edward apretó los dientes, sacando el celular.
—Cullen —suspiró mortificado—. Dylan, ya te dije que no la he conseguido, ¿por qué no solo aceptas un chef hombre? —recalcó, antes de hacer un gesto de mano, pidiéndole que esperara mientras seguía con la llamada.
Mientras lo observaba, haciendo anotaciones rápidas en una pequeña libreta que llevaba, Bella se percató cómo ahora él parecía engullido por su trabajo, y eso la entristeció.
—¿Papi? —Alessia estaba en medio del tumulto de personas, claramente perdida y asustada, Bella se sorprendió al ver como la niña se había escapado de alguna manera, y comenzó a caminar hacia ella, pero de pronto Edward la sujetó de la mano.
—Siempre hace lo mismo. Me tengo que ir, Bella.
Él había finalizado la llamada al mirar a su hija, dándole a entender que incluso con todo el trabajo, había prioridades, lo que le dio esperanza de que no se hubiera convertido en su versión. Bella miró la punta de sus Louboutin, y luego hacia el frente, hacia todas esas niñas con halas y esos duendes. Dios, parecía que estaba teniendo una mala noche en un cuento de hadas.
—¿Te volveré a ver? —preguntó con voz ronca, pero lo suficientemente alta como para detenerlo en esa clase de escapada.
—No solo soy yo ahora —dijo aún mirando hacia su hija, antes de hacer una mueca—. Tampoco soy el tipo que conociste.
—Lo sé, tampoco soy la misma.
Él se quedó callado unos instantes que parecieron eternos, antes de que carraspeara.
—Entonces… todo depende, supongo —dijo solo girándose parcialmente para verla.
—¿De qué? —preguntó con el ceño fruncido.
—De si tú me llamas, te acabo de pasar mi número, ya sabes, como en los viejos tiempos.
Bella parpadeó sintiendo en su mano una nota de la que no se había percatado. Lo miró, encontrándose con una lenta sonrisa dibujándose en su rostro, antes de que reanudara el camino hacia su hija, Bella lo observó recogerla en brazos, la niña enterró el rostro en la curva de su cuello, pareciendo aliviada de encontrarlo. Edward se puso de pie entonces y reanudó su camino sin volver a mirar hacia atrás.
Durante estos años, ella no había hecho otra cosa salvo cuidar de sí misma, poniendo primero sus necesidades por encima de cualquier cosa, incluso de Swan.
Así que mientras lo veía internarse entre todas esas personas hasta perderlo de vista, sabía que la opción más saludable, era dejarlo ir, y quizás reevaluar la relación que tuvieron. Pero ya lo había hecho. Con la distancia vino la perspectiva. Y ella no había sido ningún ancla a la que él pudiera realmente sujetarse alguna vez, no había sido realmente un matrimonio de dos, muchas cosas habían estado entre ellos. Perder a los hombres de su vida le hizo entender que algunas separaciones eran más dolorosas que otras, pero justo de ahí es donde surgió el conocimiento… el aprendizaje acerca de ella misma, del mundo que la rodeaba así como de las demás personas.
Por cinco años, no paró. No en el sentido del trabajo, sino en el sentido de encontrarse consigo misma, dándose cuenta de que no había sido nada más que un vil reflejo de lo que su padre hubiera querido, ¿cuando se quedó sola?, se dio cuenta de que solo era un caparazón vacío, sin identidad, sin una meta real, sin rumbo. Así que se exigió el máximo, se sacó provecho a sí misma y se hizo más fuerte, con la fuerza que viene no solo de la pérdida material, sino del dolor, de la ausencia, de la decepción.
Se había vuelto la presidenta, no solo porque era lo que siempre había querido, sino porque ahora estaba segura de que sabía lo que era mejor para la empresa, para ella, sin egoísmos, sin rivalidades, y ahora estaba aquí de nuevo, poniéndole cara al presente, siendo bien consciente de que había soltado algo que consideraba suyo, y que de alguna forma estaba quizás obteniéndolo de vuelta, y pese a todas las apuestas, por primera vez estaba orgullosa de sí misma.
Esta vez haría lo correcto.
¡Hemos llegado al final! Quiero dedicarle esta historia, a todas esas personas que han sido juzgadas por amar demás y que erróneamente se les cataloga de codependientes, a todos aquellos que fueron engañados, que perdonaron, que no perdonaron, que siguen sus instintos, que solo se lanzan al vacío, en fin, a todos los que se hayan sentido identificados.
Por último les comparto una frase que escuché y que es muy cierta: "No permitas que los que amas, determinen cómo amas"
