-Capitulo 9-
-Y yo no sabía que estaba perdido-
Me dicen que soy muy joven para entender, que estoy atrapado en un sueño. La vida se me pasara si no abro bien los ojos, pero eso está bien por mí.
—Las chicas se evitan nuevamente, su majestad.
La reina levanto la vista por unos momentos para ver al sabio encargado del templo y luego sonrió sin poder evitarlo.
—¿Ah sí?
—Si. Si bien la solari decidido quedarse en el templo, ahora su comportamiento respecto a la señorita Diana ha cambiado. No cruzan mirada y es demasiado evidente para todos que se evitan a toda costa. Si una llega la otra se va.
—¿Eso supone un problema para el templo?
—No, su alteza. Solo quizás despierta un poco de curiosidad, pero nada más allá de eso.
—Bien, déjalas, no intervengas. Ya son más grandes ahora, deberían poder resolver sus propias diferencias por su cuenta. De todas formas, ponme al tanto si algo relevante ocurre.
—Como ordene, su majestad.
Leona entendía todo lo que había sucedido ahora. Lo que ella hizo y el porqué de la reacción de Diana.
Y aun así le molestaba más la presencia de la otra chica que tener que lidiar con sus propias acciones.
"Ella no tenía por qué gritarme o empujar, incluso era innecesario humillarme del modo en que lo hizo"
Los pensamientos se volvían incluso peor con solo tener que cruzar mirada con la de la luna en el templo.
Por eso la evitaba. Aunque muchas veces ni necesitaba hacerlo, al parecer Diana había optado por la misma consigna.
Y así pasaron un par de días.
Leona esperaba las ordenes de dejar el reino, pero no había ninguna novedad para ella.
Estaba casi convencida que Diana era un caso perdido y que honestamente no representaba ninguna amenaza para los solari estando en el reino. Por lo contrario, le parecía un campeón entretenido con otros asuntos y eso le beneficiaba tanto a ello como a su gente.
Y fue esa noche que tuvo que dejar de lado esos razonamientos para comenzar a pensar justamente lo contrario.
Se sentía particularmente intranquila y antes de dirigirse a su cuarto para dormir, decidió dar una vuelta por el templo.
Fue cuando vio a Diana moverse con agilidad en los exteriores, perdiéndose con rapidez en el bosque cercano.
La imagen fue tan repentina y había desaparecido con tanta velocidad, que Leona pensé que quizás su cabeza le había jugado una mala pasada.
Aun así, se apresuró a salir del templo a hurtadillas para seguir el rastro.
La escena le resultaba familiar, y solo tardó unos segundos para recordarle que era el mismo camino al templo abandonado.
Diana estaba visitando ese lugar sin que nadie se enterara de nuevo y eso le provocó un gran malestar. Hasta se sentía traicionada de alguna forma.
Pero no era el enojo lo que prevalecía. La imagen de una pequeña Diana, llena de sangre, siendo aplastada, a punto de morir, por su culpa, hacia que el temor de que algo así vuelva a pasar, la hiciera apurarse en su marcha.
Las primeras gotas de lluvia llegaron al mismo tiempo que se daba cuenta que estaba perdida.
—¡Diana! — gritó sin saber que esperar.
Se había adentrado en el bosque con la luz de la luna facilitándole la vista, pero ahora las nubes la tapaban, como si se tratara de una trampa, y la oscuridad del lugar la consumía.
—¡Diana! — volvió a intentar, avanzando con cuidado, ya sin saber por dónde ir.
Miro a sus espaldas y se volteo para empezar a caminar hacia esa dirección, con la idea de que, si lo hacía en línea recta, saldría del bosque.
Los minutos pasaron y la lluvia había mojado sus ropas, haciéndola sentir el frio pegado a su piel.
Comenzaba a sentirse desesperada.
Pero había algo que le preocupaba más. Se sentía descompuesta, pesada, desesperanzada. Todos esos sentimientos que había tenido la primera vez que había encarado el templo abandonado.
¿Eso quería decir que se estaba acercando?
—¡Diana! — trató de nuevo, cansada, a punto de ponerse a llorar.
Alguien estaba cerca. Podía sentirlo. Su instinto le decía que estaba a punto de ser atacada, pero no sabía de dónde.
Su tobillo sintió un dolor punzante que la hizo caer al suelo. Algo se alejaba ahora entre la maleza, ya habiendo cumplido su objetivo.
Trato de verse en la zona y notó que sangraba.
Se puso de pie nuevamente, sintiendo que todo daba vuelta.
Sentía nauseas y su cabeza ardía.
Caminó sin rumbo y no fue hasta que su mejilla chocó con el húmedo y frio barro que supo que había caído.
—Diana…
Despertó sintiéndose aun mareada, pero el escenario era totalmente diferente.
La luz entraba en su habitación con cierta debilidad, era de día y aun llovía, pero no le quedaban dudas, estaba en el templo.
Pensó que quizás todo había sido un sueño, pero al girar su cabeza entendió que no estaba sola.
La reina, dos sacerdotes, una curandera u finalmente Diana, escondida detrás de todos, apoyada en la puerta de su habitación, la acompañaban.
—Veo que ya estas despertando ¿Cómo te sientes? — preguntó con amabilidad la reina, acercándose hasta su cama.
—Bien…— contestó apenas, tratando de sentarse en la cama, lo cual logró con algo de esfuerzo.
Comprobó una venda en su tobillo, y como la piel por encima y por debajo de esta, tenia un color violáceo con ramificaciones en verde oscuro. Un aspecto enfermo y desagradable sin dudas.
—¿Qué sucedió? — preguntó volviendo su vista a la reina.
—Eso es justamente…— comenzó la reina, mientras con cuidado se sentaba en el borde de la cama— lo que quiero saber yo.
Leona le dio una mirada contemplativa, esperando a que se explicara, luego miró a los demás miembros de la sala, Diana parecía tensa, pero trataba de disimularlo desde su lugar.
—Leona, te encontraron casi muerta en los exteriores del templo antiguo Lunari. La herida que tienes es de una conocida serpiente llamada Bambora, es altamente venenosa, tuviste suerte que llegaste a tiempo aquí. Un par de horas mas tardes y con toda seguridad te tendríamos que haber amputado la zona.
—¿Me encontraron?
—Diana te encontró— aclaró la reina de inmediato.
—Oh…— exclamó sin terminar de entender, tratando de cruzar mirada con la Lunari, pero esta simplemente seguía con la vista clavada al suelo.
—Creo haber sido clara, no, extenuantemente clara, sobre lo prohibido que ese templo esta para cualquiera. No se te sancionó la primera vez porque me constaba que ignorabas esos términos. Pero ahora eso es diferente. Así que dime… ¿Qué hacías cerca del antiguo templo Lunari?
Leona sabia que estaba prohibido, pero ahora todo parecía mas grave. ¿Acaso estaba ignorando otra cosa?
Esta vez logró cruzar mirada con Diana, la chica trataba de comunicarle algo sin moverse un centímetro, por lo que no podía entender el punto, pero si la tensión.
—¿Leona? — le llamó la atención de nuevo la reina— ¿Qué hacías cerca de las inmediaciones del templo?
—Yo…— comenzó a explicarse sin saber que decir— Fui a pescar…
—¿… que?
—Estaba… cerca del rio y quería pescar algo para tener al día siguiente, hacia mucho que deseaba un plato así y… extrañaba "cazar" mi propio almuerzo. Si. Es algo que nos enseñan como guerreros y conseguirlo en el mercado no era tan llamativo.
—¿Estabas cerca del templo porque saliste a… pescar?
—Me perdí, a decir verdad… traté de volver y la lluvia me sorprendió, todo se volvió oscuro y… me perdí.
—Interesante. ¿Diana? — llamó la reina, ahora mirando a la rubia, que pareció encogerse en su lugar con temor al escuchar su nombre— cuando encontraste a Leona ¿No traía ella sus elementos de pesca?
Diana titubeo sin saber cómo seguir el juego.
—Si… creo que sí, pero los deje en el lugar… no podía traerla a ella y esas cosas, no le di importancia… lo siento.
—Ya veo. — comentó la reina, mirando de nuevo a Leona con cierta tranquilidad, la cual no tenia como sostenerle la mirada y comenzó a jugar con sus dedos— bueno, lo importante entonces es que estas bien. Te mejoraras, pero quizás tengas episodio de fiebre y cierto malestar por unos días. Te recomiendo descansar y no salir para que tu estado mejore apropiadamente.
—Sí— contesto con obediencia.
La reina se puso de pie y se dirigió a los sacerdotes, luego dio algunas indicaciones a la curandera para que viera por Leona, y luego de despedirse de las dos chicas, se retiró.
—Sera mejor que te recuestes de nuevo— propuso la curandera mientras le pasaba un par de pastillas y le servía de una jarra un poco de agua— los medicamente son muy fuertes y te harán sentir extraña.
—Si, esta bien— comentó también obedientemente.
Sentía mucha culpa por mentir y quiso ver a Diana para preguntarle sobre todo lo que había pasado, pero ya no la encontró.
Solo quedaba ella y la curandera cuando el sueño comenzó de a poco a ganarle.
Soñó con una empinada subida en la oscuridad, donde tocaba espinas para avanzar y tropezaba cada tanto, pero no dejaba de avanzar, no podía dejar de hacerlo. Sentía que si paraba perdería la cabeza y cada vez se apuraba más.
Se perdía, se mareaba, le dolía.
Despertó transpirando en su cama, pronto encontró el rostro de Diana.
—¿Pesadilla? Preguntó con tranquilidad.
Leona se esforzó por sentarse en la cama, se sentía mareada aun, pero creía que estaba mejorando. Notaba que era de noche por la oscuridad afuera y las luces en su habitación.
—¿Desde cuándo estas aquí?
—No mucho, te traje la cena— explicó con simpleza, y notó en la mesa de cama un bol que aprecia estar lleno por un caldo espeso, acompañado de pan y un vaso de agua.
—Oh, gracias— contestó y, dando una pequeña mirada al resto de su cuarto decidió preguntarle— ¿Tu ya cenaste?
—Aun no.
—¿Y por que no trajiste tu comida aquí también?
—No tengo pensando quedarme mucho— siguió contestando con tranquilidad— solo pase a dejarte tu plato y ver como estabas.
—¿Cómo si te importara como estoy?
Diana le sonrió de lado, pero no dijo nada. A los pocos segundos le dio la espalda y se dirigió a la puerta.
—Estabas yendo al templo antiguo ¿No es así?
—Eso no son tus asuntos.
—¡¿Cómo puedes decir eso luego de que me hiciste mentir?!
Diana se dio la vuelta para mirarla.
—Yo no te pedí que-
—¡No me vengas con estupideces, Diana! Era obvio que estabas en problemas.
—¡Ni siquiera tendría esos problemas si tu no me hubieras seguido a escondidas y casi te mueres! ¡¿Qué quieres ahora?! ¿Qué te de las gracias? ¡Tu deberías darme las gracias!
Leona abrió la boca para discutir eso, pero se encontró con que quizás Diana tenía razón en esto. La otra chica notó el mutismo y se tocó la frente.
—Se me olvida que estas aquí solo para observarme y esperar que cometa eso que tanto temen tus superiores— comentó la de la luna— era obvio que si me veías me seguirías ¿No es así? Bien, sigamos entonces manteniéndonos enfocada en nuestras incumbencias y nada más.
—Diana, espera— la llamó viendo que la otra aún se disponía a ir— por favor…
—Agh, que molesto es cuando pides así las cosas…
—Tienes razón,
—¿Qué?
—Yo actúe mal— confesó la otra, tratando de que la honestidad saliera, dejando de lado su orgullo— te seguí a escondidas, de nuevo… pero no por lo que crees, no para informar a nadie de lo que hacías… tenía miedo de que algo malo te pasara… como la última vez.
—Así que vas a decirme que estas preocupada por mi ¿Eh?
—Lo estoy, y ese templo… es peligroso.
—¿Tu que sabes del templo?
—¡Nada! ¡Nada! ¡Tienes razón! Solo… siento que lo es. Y por eso te seguí. Y todo se volvió extraño, me perdí, me sentí atacada… pensé que moriría. Y me salvaste. Aun no sé cómo. Gracias.
—¿Y me vas a decir que le mentiste a la reina solo por sentirte agradecida?
—¡No! Dios ¿Por qué tienes que estar siempre a la defensiva? — se quejó la otra, sintiendo que la cabeza comenzaba a dolerle— nunca fue mi intención perjudicarte, Diana… ¿Por qué no me crees?
—No me faltan razones para desconfiar de ti…
La Lunari pensé en dejar la discusión desde que veía a Leona con la cara sonrojada. Podía notar que su respiración se volvía complicada también.
—Ya deja de discutir conmigo y trata de relajarte.
—¡Tu deja de discutir conmigo!
—Esta bien, esta bien…— concedió de mala gana.
—¿Cómo me encontraste de toda forma?
—No lo sé, a decir verdad. Tenia pensando llegar al templo, pero por alguna razón sentí que el bosque me llamaba. Decidí explorar y me topé con tu cuerpo.
—Y no me dejaste morir ¿Por qué?
—Piensas que soy el mismo monstruo asesino que el resto de los tuyos ¿Eh?
—No, no dije eso… pero pensé que estabas enojada conmigo… por lo del collar.
—Ah… ese incidente— mencionó recordándolo aun con cierta vergüenza.
—Diana… yo no sabia nada sobre lo que significaba esa piedra, lo siento.
—¿Te vas a poner a llorar o algo así? — preguntó notablemente incomoda viendo el rostro de la otra— olvídalo, debí suponer que no sabrías nada sobre eso. Ya déjalo… aparte… supongo que yo también actúe mal. Debí pensar más fríamente antes de armar toda esa escena… que molesto.
Ambas se quedaron en silencio por algunos segundos. Leona quería mantener a la otra chica por más tiempo, pero parecía no tener idea de cómo hacerlo.
—Sera mejor que tomes tu cena— sentencio la otra, sin nada más que decir.
—¡Espera! ¿Vas a regresar al templo antiguo?
—No son tus asuntos.
—¡Entonces te seguiré de vuelta!
—Dios, eres una molestia hasta la muerte ¿Sabes?
—Es evidente para mi que no se todo sobre el templo, y que estoy ignorando muchas cosas, lo sé por como la reina vino a preguntarme y como se tomó todo como si fuera terrible que ambas estuviéramos cerca de allí. Al igual que paso con la piedra y el collar, contigo y como te enojaste… siento que siempre estoy arruinándolo todo.
—Lo haces— comentó con gracia, pero al ver que el rostro de la otra chica se angustiaba más, suspiró con pesar.
Leona quiso agregar algo más, pero Diana no le di tiempo, salió de su habitación dejándola sola de nuevo.
Ni siquiera se sentía con apetito, pero sabia que si no cenaba quizás le cueste más recuperarse.
Se dispuso a sentarse a un lado de la cama, acomodando la mesa, acercándose el plato para comer, cuando llamaron a su puerta.
Diana no esperó a que le dieran permiso y entró, llevaba con ella su cena.
Leona la miró sorprendida mientras se acomodaba cerca de su cama y se disponía a comer también. Vio como le daba una sonrisa de burla ante su sorpresa y antes de llevarse el primer bocado comentó con gracia:
—¿Así que… me declaraste tu amor incondicional y estás lista para avanzar "apasionadamente" en nuestra relación?
Nota del autor:
Perdón por no actualizar pese a que estoy en cuarentena y eso se supone que debería facilitarme las cosas.
Me siento un poco bloqueada, estar tanto tiempo en casa hace que extrañe a mi madre y mi hermano mas de la cuenta. Creo que esa es la razón por la que me esfuerzo en jugar mas videojuegos o dormir, tratar de hacer cualquier cosa que me distraiga.
Aun así, les estaría dando un pésimo ejemplo. Siempre pensé que un buen escritor se diferencia de uno malo porque escribe aun si no esta inspirado y lucha contra ese bloqueo, obligándose a sí mismo, superándose y llevando cierta disciplina.
Tratare de esforzarme más.
Espero que todos ustedes estén bien en esta cuarentena. No soy nadie para recomendar nada, pero si me permiten darles un consejo, traten de aprovecharla. Vean estas situaciones como una oportunidad para mejorarse a sí mismos.
