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BirdsandStars

—Vamos a secarte. —le digo mientras busco una toalla y comienzo a secarlo con cuidado.

Los moretones de la pelea están comenzando a aparecer. Y sé que mañana cuando se despierte le va a doler todo el cuerpo. Cuando termino de secarlo le pongo los bóxers y me seco y me visto. Lo llevo hacia la habitación y lo siento en la cama.

—¿Crees que puedas esperar un momento?

El no responde, solo asiente con la cabeza mientras se deja caer en la cama. Voy hacia la puerta y abro cuidadosamente.

—Voy a necesitar algo de ropa de Elliot y la ayuda de los dos. —le digo mientras ella me mira frunciendo el ceño.

—¿Qué necesitas exactamente?

—Una muda de ropa para ahora y en una mochila dos mudas de ropa para él y para mí.

—¿Qué vas a hacer?

—No quiere regresar a su casa, así que nos quedaremos en algún lugar.

—Veré si puedo resolver todo eso aquí, si no tendré que ir hasta el apartamento.

—De acuerdo, te espero. —le digo mientras cierro la puerta lentamente.

Regreso hasta la cama y me siento con cuidado a su lado. Deslizo mis dedos por su cabello negro y mojado mientras el deja escapar un suspiro. Su lenta y cadente respiración me hace saber que está dormido. Apenas han pasado 5 minutos cuando alguien toca a la puerta. Eso ha sido rápido. Me levanto y voy hacia allí.

Kate está afuera con una mochila en el hombro con las cosas que le he pedido.

—Espera. —le digo mientras voy en busca de la chaqueta de cuero de Christian. —Voy a necesitar que Elliot se la ponga y que los dos salgan en la moto de Christian para que los paparazzi los sigan. No quiero que sepan dónde vamos.

—Tienes 15 minutos. —me dice mientras da media vuelta y yo cierro la puerta.

Abro la mochila y saco la ropa para Christian. Lo muevo y el se sienta de un golpe en la cama.

—Hey, con calma, vamos a vestirte para marcharnos. —le digo mientras el asiente.

Lo visto con su ayuda. Es una suerte que el y Elliot lleven las mismas tallas. Cuando está completamente vestido lo ayudo a caminar mientras se apoya en mi hombro.

Salimos del club por la puerta trasera.

No veo señales de los paparazzi, así que deben de haber seguido a Elliot y Kate.

Abro la puerta del copiloto y lo ayudo a sentarse. Le pongo la mochila en el suelo entre los pies. Le coloco su cinturón y cierro la puerta. Doy la vuelta y me siento detrás del volante. Lo miro a mi lado. Tiene los ojos cerrados. Así que, sin pensarlo dos veces, arranco el auto y conduzco hacia un lugar donde nadie nos molestará.

Christian despierta cuando aparco el auto afuera de la cabaña. Lo ayudo a salir del auto y lo llevo hacia adentro mientras voy encendiendo las luces por el camino. El se sienta en la cama y le saco los zapatos, los jeans y la camisa con cuidado. Lo dejo sentado en la cama y voy por las provisiones que compré en el camino. Tengo que dar dos viajes antes de entrarlas todas. Las dejo en la encimera de la cocina y voy a ver a Christian. Se a acostado en la cama y se ha quedado nuevamente dormido. No creo que despierte más en el resto de la noche. Apago la luz de la habitación y lo dejo dormir.

Yo necesito comer algo. Estoy hambrienta.

Y comienzo a preparar un sándwich mientras acomodo las cosas en la nevera y en la alacena. Para cuando he terminado estoy exhausta. Voy a hacia la habitación. Christian no se ha movido. Me desnudo y me meto en la cama mientras nos cubro a ambos con el edredón.

Siento calor sobre mi cuerpo. Abro lo ojos. Tengo un brazo de Christian apretándome por la cintura. Aferrándose a mi como si de un talismán se tratase. Sonrío y me giro hacia él. La leve barba comienza a aparecer y deslizo mis dedos cuidadosamente por su mejilla. Christian se retuerce ante mi contacto y después abre los ojos. Bueno, al menos uno. El otro no puede abrirlo mucho. Está inflamado y ennegrecido. Pero sin importarle el dolor, me sonríe.

—Buenos días nena. —me dice con esa sonrisa suya deslumbrante.

—No creo que sean muy buenos cuando sepas lo que hice. —le digo muy bajito.

—¿Qué hiciste Ana?

—¿Hablabas en serio anoche?

—No recuerdo mucho de lo que dije anoche Ana, vas a tener que ser más específica.

—Me dijiste que querías desaparecer donde nadie te encontrara.

—Ah. Eso si lo recuerdo. Y si, por un momento me sentí así.

—Pues eso hemos hecho. Nadie sabe dónde estamos. Te lo aseguro.

Christian se incorpora en la cama y mira a su alrededor.

—¿Estamos en la cabaña?

—Si.

—¿Cómo sabes que no nos encontrarán? De seguro ya están rastreando nuestros celulares

—Los celulares están en tu casa. Y me aseguré de que los paparazzi siguieran a Elliot y Kate en tu moto.

—Mi madre se va a volver loca. —dice mientras me mira ahora fijamente. —Pero se lo tiene merecido, ella y los dueños del estudio.

—¿Por qué te peleaste con Elliot? —le pregunto mientras el se levanta de la cama y se dirige al baño.

Me levanto de la cama y lo sigo. Está mirando en el espejo las consecuencias de su borrachera.

—No recuerdo exactamente porque peleamos, solo recuerdo que yo lancé el primer golpe por algo que me dijo. —me dice mirándome de reojo en el espejo.

—Voy a preparar el desayuno, en el botiquín hay antibiótico para tus heridas. —le digo mientras salgo del baño.

Me pongo un vestido de tirantes blanco que Kate a metido en la mochila y salgo hacia la cocina a preparar el desayuno.

Siento los pasos de Christian cuando estoy colocando la mesa. Hoy luce peor que anoche. Le indico que se siente a la barra mientras pongo el omelet de queso frente a él. Le sirvo el jugo de naranja y le pongo un frasco con ibuprofeno delante.

—Imagino que te duele todo hoy.

—Me siento como si me hubiese pasado un camión por encima. —me dice mientras saca dos pastillas y se las toma.

—Elliot te dio buena paliza.

—Me la merecía de seguro. —dice mientras comienza a desayunar lentamente.

Veo que le cuesta trabajo hasta coger los cubiertos.

—Déjame ayudarte. —le digo quitándole los cubiertos de las manos.

Me giro hacia el mientras Christian me mira con una leve sonrisa. Y le sonrío de vuelta. A pesar de lo golpeado que está sigue luciendo sexy y adorable. Comienzo a coger pequeñas porciones y las dirijo hacia su boca.

—Abre. —le digo mientras el me obedece.

Tiene el labio inflamado también y apenas puede masticar la comida. Busco un absorbente y se lo pongo en el jugo para que le sea más fácil.

—Gracias por cuidar de mi Ana. —me dice de repente.

—Creo que eso estaba incluido cuando te casaste conmigo. —le digo haciéndolo sonreír.

—Sabes a lo que me refiero. Has cuidado de mí, incluso antes de que fuéramos nada. ¿Por qué?

—Porque te mereces eso y mucho más. —le digo acercándome y dándole un beso muy suave en sus labios. —Ahora, ve a descansar.

—¿Que vas a hacer?

—Organizar y hacer un poco de limpieza. —le digo mientras lo veo que se recuesta en el sofá de la sala.

Y comienzo con mi limpieza bajo la atenta mirada de Christian. Cada vez que paso por su lado estira la mano y la mete por debajo de mi vestido, o me acaricia la pierna, o la cintura. Y yo solo le sonrío. Ni todo golpeado el deja de ser quien es.

Cerca del medio día he terminado. Christian se ha quedado dormido. Pongo a preparar el almuerzo y busco una de las novelas que tengo por alguna parte. Cojo una para leer un rato en lo que el almuerzo se termina.

Salgo hacia afuera, sin zapatos. Me encanta sentir la fina hierba debajo de mis pies. Me siento en una roca, debajo de un árbol mientras la brisa me despeina. Y comienzo a leer. Siento la madera del porche de la cabaña crujir. Aparto mi vista del libro y veo a Christian, sin camisa con solo los jeans, parado en el porche de la cabaña.

—Te estaba buscando. —me dice mientras lo veo bajar los escalones de la entrada.

Al igual que yo está descalzo. Sonrío. Mientras me levanto de la piedra.

—¿Te sientes mejor? —le pregunto cuando el se detiene frente a mí.

Sube una mano hacia mi rostro y me acaricia la mejilla lentamente. Cierro los ojos ante su caricia y siento como los músculos de mi cuerpo se relajan haciendo que deje caer el libro sobre la hierba.

—Mucho mejor, después que me des un beso. —me dice mientras acerca sus labios a los míos y me besa lentamente. —He extrañado mucho tus labios. —me dice sonriendo contra ellos.

—¿Tienes hambre? —le pregunto cuando separa sus labios de los míos? —He preparado algo delicioso.

—No creo que se más delicioso que lo que tengo entre manos. —me dice enredando sus manos en mi cintura.

—Vamos almorzar así repones fuerzas. —le digo mientras intento recoger el libro del suelo, pero el me lo impide.

—En lo único que puedo pensar es en desnudarte lentamente. —me dice mientras sube sus manos hacia los tirantes de mi vestido y los desliza lentamente por mis hombros. —y hacerte el amor aquí mismo. —me dice mientras el vestido comienza a deslizarse por mi cuerpo y cae a mis pies.

—¡Christian! —le advierto. Está muy golpeado y lo menos que quiero es lastimarlo.

—¿No quieres que te haga el amor sobre la hierba? —me dice mientras desliza un dedo desde mi cuello hacia la clavícula y después por mi brazo.

Cierro los ojos. Todo mi cuerpo comienza a reaccionar ante sus caricias. Lo deseo, aquí ahora. Quiero que me haga el amor sobre la hierba, contra la piedra, contra el árbol. Cuando abro los ojos me encuentro con los suyos verdes, que se han oscurecido de deseo, mirándome intensamente.

No puedo decirle que no, nunca lo he logrado y sé que no lo voy a conseguir en estos momentos. Acerca sus labios hacia mi cuello y comienza a besar mi cuerpo lentamente, siguiendo un recorrido hacia abajo por mi cuerpo. Acariciando cada lugar con sus manos antes de pasar sus labios sobre ellos.

Siento sus manos bajar por el lado de mi cuerpo hasta llegar a mi ropa interior. Y a medida que la comienza a bajar, va besando mi vientre hasta que está arrodillado en la hierba frente a mí, abriendo mis piernas y comenzando a devorar mi sexo. Aferro mis manos a su pelo mientras dejo escapar un gemido.

Se separa de mi cuerpo y se pone de pie. Se zafa rápidamente los jeans y los baja junto a los bóxers. Acomoda los jeans junto a mi vestido formando una manta en el suelo. Se sienta en el centro y me tiende su mano. Me siento a horcajadas sobre él. Ambos estamos sentados. Uno frente al otro. Su miembro entre ambos deseoso de estar en mi interior. Sus brazos me aprietan por la cintura mientras enredo los míos en su cuello. Pega la frente a la mía

—¡Ana! —murmura con sus labios cerca de los míos. —Necesito enterrarme en ti. —me dice en tono suplicante.

Me apoyo sobre sus hombros con una mano, y con la otra lo guío en mi interior mientras vuelvo a sentarme sobre él.

—¡Ana!—me suplica nuevamente mientras siento como su miembro palpita en mi interior.

—Yo también te necesito Christian. —le digo mientras comienzo a moverme sobre él.

No puedo soportar más estar sin moverme. Yo también lo necesito. Mis movimientos son lentos, no quiero hacerle daño. Y rápidamente siento sus manos aferrándose en mi cintura mientras mis paredes comienzan a apretarse a su alrededor.

—Abre los ojos. —me pide mientras lo siento profundo en mi.

Y comienzo a moverme más rápido. Lo necesito, necesito esa desesperación, esa intensidad. Christian comienza a gemir cada vez más alto, y yo también. Siento como su miembro se endurece más y más.

—¡Ana! —gime. —¡Ana! —me suplica.

Pero no puedo detenerme, no quiero detenerme. Necesito sentirlo llenándome completamente.

—¡Lléname! ¡Dámelo todo! —le digo mientras dejo escapar un gemido.

Y el no se contiene más. Lo siento llenándome completamente, haciendo que alcance el orgasmo con un grito de placer.