A la mañana siguiente cuando Angel despertó se encontró solo en la habitación, las cortinas entreabiertas le hicieron saber que era cerca de medio día y eso no le sorprendía, después de todo lo que había hecho la noche anterior, se daba crédito por despertar temprano.

Se incorporó en la cama y sintió como su mano aplastaba algo, al volver la vista miró una nota con una caligrafía tan perfecta que supo de inmediato de quien se trataba, además de ello, la nota no estaba sola, pues una rosa le acompaña.

Angel se llevó una mano al pecho al tiempo que con otra de sus manos tomaba la nota y la rosa.

— Charlie me llamo, lo siento por no estar ahí, descansa —

—Ali, que detallista —se rio para oler la rosa y por fin ponerse de pie.

Eran esa clase de detalles que le encantaban de su pareja y que no dejaban de sorprenderle.

Fue al baño por una vaso que lleno de agua para poder colocar la rosa, la cual después depositó en el buro a un costado de la cama.

Suspiro estirándose para luego tomar una muda de ropa y entrar a la ducha, queriendo sentirse renovado con algo de agua caliente. Se tomó su tiempo en la ducha y una vez su tarea estuvo lista, salió de la habitación como nuevo.

Por los pasillos del hotel iban y venían los huéspedes con sus tareas y pendientes, sorprendiendo a Angel por lo determinados que se veían. Aunque en parte lo entendía, el infierno no era un lugar para todos, muchos habían parado ahí por mera mala suerte, no los justificaba pero hasta el sabía que había gente que no estaba hecha para ese lugar.

Mientras pensaba en ello a lo lejos miró a Molly platicando con Vaggie, quienes al verlo le saludaron, Angel regresó el saludo llegando hasta ellas.

—Buenas noches, bello durmiente —se burló Vaggie a lo que Angel hizo una reverencia fingiendo quitarse un sombrero ante ella.

—Un gusto también, perra —rió para incorporarse tras guiñar un ojo.

Vaggie y Molly rieron ante ello.

—Bueno, nos vemos mas tarde Mol —miró de reojo a Angel levantándole el dedo corazón para darse vuelta y perderse entre los pasillo.

Molly entonces tomo la mano de Angel atrayendo su atención.

—Angie, tengo que hablar contigo —dijo la chica con una tenue sonrisa—, ¿vamos al jardín?

Angel asintió con la cabeza, sin saber exactamente el porqué, mientras se dirigían hacia aquel lugar, una extraña sensación de vacío comenzó a crecer en su estómago. Como cuando estaba por recibir malas noticias.

Cuando llegaron al jardín, muy pocos demonios se encontraban en el lugar, por lo que ambos decidieron recorrerlo con tranquilidad.

—¿Ocurre algo? —pregunto tras el breve silencio que se había formado.

Molly respiro profundo antes de soltar el aire.

—Angel, Charlie me dijo que estoy lista para irme —ante esas palabras, Angel sintió como si un balde de agua helada le cayera encima.

—¿Irte? ¿A haven dices? —se sintió estúpido al preguntar lo obvio pero en ese momento, su cerebro de alguna manera se negaba a procesar lo que su hermana le decía.

—Angel, no quiero dejarte —soltó la chica deteniéndose abruptamente. Angel le sujetó con fuerza la mano—, se que no estaré sola allá arriba, pues mama nos espera, pero... tu... no quiero que te quedes solo en este horrible lugar.

Angel se llevó una de sus manos a su cabeza, enredando sus dedos entre su cabello.

El momento que más había temido durante décadas estaba por ocurrir, su hermana le abandonaba. Por una parte estaba increíblemente feliz porque después de todo el tiempo que habían estado abajo, por fin podía ir a un lugar mejor, pero por otra, su corazón le gritaba que no la dejara ir.

Y al ver el miedo en el rostro de su hermana, su alma se vio doblegada.

—Mol, —dijo con voz temblorosa—, tienes que ir a Haven —musito mirando a su hermana con pena—, nunca perteneciste aquí de todas maneras.

—Pero Angel-

—Molly, eres la chica más dulce que tuve el placer de conocer en medio de mi vida de mierda —Angel tomo las mejillas de Molly con sus manos superiores—, mi dulce hermanita, tienes que ir con mamá —le dijo sintiendo sus ojos arder.

Molly, quien ya estaba llorando lo abrazó con fuerza, escondiendo su cara en el cuello de su hermano.

—Angel, tengo miedo de dejarte —sollozó la chica sintiendo su pecho oprimirse—, no quiero dejar aquí, así que por favor, alcánzame... ven con nosotras.

Angel comenzo a acariciar la cabeza de su hermana.

Él entendía ese miedo.

El mismo lo había experimentado antes cuando Alastor le dijo la posibilidad de que él podría ir al cielo pero que él no le seguiría. Ese miedo irracional de dejar lo que te rodea e ir a un lugar desconocido donde no sabes si serás feliz o no.

Lo entendía perfectamente y era por eso mismo, que estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por no pedirle a su hermana que no le abandonara; la única persona que le apoyó por décadas y que le brindó su apoyo incondicional en tantas ocasiones que era imposible contarlas.

Sin poder evitarlo, las lágrimas comenzaron a bajar con su rostro mientras se aferraba a su hermana. No quería dejarla ir pero debía hacerlo, por ella, para que fuera feliz y de una vez por todas, se alejara de ese lugar.

—Lo intentaré, Mol.

Y sin que ninguno de ambos se diera cuenta, un hombre de rojo observaba la escena, sabiendo que en algún momento el mismo estaría en ese lugar.