Capitulo sesenta y siete
Domingo, 19 septiembre
Gabriel miro una vez más la invitación que había recibido, la tinta verde neón, rosa y naranja que cambiaba de color lastimaba los ojos.
Querido inversionista silencioso,
¡Lo invitamos amablemente a un recorrido privado por la tienda de bromas Sortilegios Weasley, que se inaugurará próximamente, ubicada en el ahora prestigioso Callejón Diagon! Si eres lo suficientemente inteligente como para escabullirte de la escuela, llega a nuestra tienda a las dos y media para tu recorrido. ¡Nos honraría si luego te unieras a nosotros para tomar té y pasteles, y prometemos no prepararlos nosotros mismos! Para usar el Flu, simplemente llama: "La habitación de los gemelos".
Responda con su aceptación, porque de lo contrario iremos a la escuela a verlo y nuestra madre se dará cuenta de que nos dio dinero. A decir verdad, ya tienes suficientes problemas.
Sinceramente y con la mayor gracia
Fred y George Weasley
Gabriel se rió de la mezcla de formalidad y tontería en la invitación. Estaba deseando salir de la escuela. Después de tres semanas de explorar y observar a todos, ahora estaba muy aburrido e inquieto. Escabullirse de la escuela al menos sería divertido, pero desafortunadamente no era un gran desafío. Los diarios de los Fundadores lo habían dejado con mapas detallados e instrucciones, por lo que Gabriel ya había descubierto los pasajes secretos. Últimamente, para entretenerse, Gabriel se había asegurado de que los demás lo vieran aún en el aula cuando salían y luego usaba los pasajes para darse prisa y llegar a la siguiente aula antes que nadie. Estaba volviendo locas a varias personas.
Así que ahora tenía un plan para el día: después de hacer ejercicio, limpiar y desayunar, finalmente iría a los cuartos personales de los Fundadores, que había estado posponiendo. Y luego, después del almuerzo, se pondría algo apropiado para el té con los gemelos. Debería ser un día divertido. Con un salto, Gabriel salió de la cama y se puso los pantalones de yoga.
Dobby, el elfo doméstico personal de Draco, el que había ayudado a Aubrey y Tatiana, se había enamorado de él y siempre dejaba jugo de fruta esperándolo en la sala común. Tomando un sorbo de jugo, Gabriel terminó la última tarea, burlándose de la estúpida tontería mientras la escribía. Realmente no le gustaba jugar al tonto en las clases. Una vez que terminó con su papel de Encantamientos y su jugo, Gabriel extendió su estera de yoga e instaló su reproductor de cintas. Mantuvo el volumen bajo y se perdió en el movimiento y Vivaldi.
– Te está mirando de nuevo, – siseo Aurora desde la chimenea donde se estaba calentando.
Gabriel sonrió; con frecuencia Draco lo veía hacer yoga por las mañanas antes de ducharse. Una vez le había preguntado a Aurora qué haría Draco en la ducha. Ella se había ofrecido a espiarlo y hacerle saber, pero Gabriel había declinado. Si Draco estaba masturbándose, no quería escucharlo de Aurora; eso sería raro.
– Huele bien, creo que deberías pasar más tiempo con él, – siseó Aurora distraídamente. – ¿Finalmente iremos a los cuartos de los fundadores hoy? Mbiriviri está cansada de vivir en el bosque.
Al escuchar a Draco regresar a su dormitorio, Gabriel siseó, – Sí, iremos hoy. Sé que hay mucho trabajo por hacer allí, y todos esos libros serán una distracción. Primero necesitaba encontrar todos los pasajes secretos y habitaciones ocultas. También el Director es un poderoso mago; tenía que ser capaz de superar sus hechizos sin que él me detectara. De lo contrario, las habitaciones secretas ya no serían un secreto.
– Sí, bueno, lo importante es que finalmente iremos, – dijo Aurora. Gabriel puso los ojos en blanco y se relajó en posición paloma.
Gabriel entró en la sala común, su cabello todavía húmedo por la ducha y tomado en una trenza apretada; su atuendo consistía en cómodos vaqueros azules con una camisa de rugby verde y blanca. Pansy y Draco estaban sentados juntos conversando cerca de un fuego cálido. – Buenos días, – saludó Gabriel alegremente sentándose a su lado. Todavía no era amigo de ellos, pero eran amigos el uno con el otro.
– Buenos días, Gabriel, – respondió Pansy. – Bonita camiseta.
– Gracias, – Gabriel respondió sonrojándose. Su camiseta era muy ajustada y marcaba claramente sus músculos. – ¿Qué tienen planeado para hoy?
– Estudiar mayormente, no puedo creer la cantidad de tarea que nos han dado, – se quejó Pansy.
Draco rodo sus ojos. – es la misma cantidad que el año pasado, ¿y no tienes casi terminada la tuya?
– Bueno, seria genial poder relajarse este fin de semana, – respondió Pansy mirando sus uñas. – Podría usar una manicure.
– Te aburrirías hasta llorar, – dijo Blaise sentándose en el sofá. – Solo te toma unos minutos hacerte las uñas. ¿Qué harías con el resto del fin de semana?
– No lo sé. Estoy segura que pensaría en algo.
Gabriel sonrió ante la conversación de los amigos; los demás Slytherin estaban comenzado a sentirse más cómodos a su alrededor. Jugaban snap explosivo y ajedrez en las tardes. Planeaba introducirlos a otros juegos pronto; creía que Draco disfrutaría Go y Poker.
Mirando alrededor de la sala común, Gabriel suspiro. La mayoría de los estudiantes estaban acostumbrados a estar lejos de sus familias, incluso los de primer año ya estaban aclimatándose. Desafortunadamente, él se sentía peor. Estando acostumbrado a nuevos lugares y gente, Gabriel fue con la corriente las primeras dos semanas, pero ahora de verdad extrañaba a su familia y su vida. Quería ver nuevos lugares, comer comidas exóticas y diferentes, y jugar con sus hermanos. Gabriel le escribía al menos a un miembro de su familia cada día, y con cada carta que recibía los echaba más y más de menos.
Tenían planeado ir a la granja de Oma para Samhain, y Philip dijo que estaría allí. Gabriel no había podido colarse para entrenar con Lysander; no se había dado cuenta lo mucho que entrenar lo ayudaba a lidiar con el stress. Kamala se había enamorado de unos de los viajantes transitorios que se había unido al grupo después que Gabriel se había marchado, un adolescente que Gabriel no conocía y de quien no podía proteger a su hermana. Obviamente le había escrito a todos los demás para que le echaran un ojo a este adolescente. Gabriel gruño por lo bajo; odiaba no poder estar ahí para proteger a su hermanos. Talha ahora rodaba y se podía sentar solo. Aubrey y Tatiana habían memorizado bienes las rutinas que ahora podían salir en el acto de los payasos. Gabriel no pudo ver su primer espectáculo. Girándose, miro al fuego y sintió una lagrima caer por su mejilla; los extrañaba tanto.
– Gabriel, – Pansy le dijo con suavidad. – Iremos a desayunar; ¿quieres venir con nosotros?
– Claro, – dijo limpiándose los ojos. Aunque los demás lo estaban mirando de manera curiosa no les dio una explicación por su repentino cambio de humor. Para cuando llego al Gran Comedor, tenía puesta su máscara de adolescente feliz y despreocupado.
El desayuno consistió de huevos benedictinos, algunos con espárragos al vapor en vez de jamón para él y ensalada de frutas. Gabriel gimió feliz al comer, algo que noto causo que Draco se sonrojara ligeramente, lo que causo que Gabriel quisiera hacerlo más. Lentamente estaba conociendo mejor al sexy rubio, pero sabía que necesitaría paciencia y tiempo.
Justo antes que terminara el desayuno, Seamus con precaución se acercó a la mesa Slytherin. – ¡Oye, Corazón de Dragón! Estoy reuniendo hombres de verdad para donar algo de sangre.
Gabriel sonrió travieso. – Rugby, ¿cuándo?
– Estaba pensando esta tarde o después de cenar, la mayoría de nosotros quiere terminar con su tarea antes, – Seamus respondió inocente.
– Te rompiste un dedo la última vez que jugaste, ¿no es así? – dijo Gabriel sonriendo.
Seamus hizo un mohín. – ¿Vienes o no?
– Sí, está bien, pero solo puedo jugar después de cenar.
– No te preocupes, nos vemos entonces, – dijo Seamus. Mirando a la mesa a los superiores y respetables Slytherins añadió, – Trae a cualquiera que quiera venir.
– Claro, – respondió Gabriel mientras Seamus se marchaba.
– Como si alguien quisiera jugar un estúpido juego Muggle, – bufo Nott. Varios de los demás rieron ligeramente.
Gabriel se dio la vuelta y lo fulmino con la mirada; estaba cansando de las burlas contantes contra los nacidos muggle, los mestizos y los squibs. – Nott, todos sabemos que tienes miedo; esconderte detrás de tu pomposa intolerancia no engaña a nadie.
Los estudiantes a su alrededor se callaron de golpe. – ¿Cómo te atreves? – Chilló Nott. – El hecho de que no quiera jugar un bárbaro juego muggle no significa que tenga miedo.
– Di lo que quieras, el resto de nosotros sabe la verdad, – dijo Gabriel fríamente mientras se levantaba. – Tengo mejores cosas que hacer que tratar de convencer a un cobarde de que es un cobarde. Si me disculpan. – Inclinándose ligeramente, Gabriel se alejó.
Los que quedaban se volvieron hacia Nott, cuyo rostro estaba enrojecido de ira. Nadie dijo nada por un momento, y luego Pansy sonrió y se volvió hacia Millicent y Tracy. – Bueno, señoritas, creo que deberíamos ir a ver este juego. Siempre es bueno ver la definición de otro de un hombre real. – Las tres chicas compartieron una mirada secreta, lo que hizo que las otras chicas se rieran y los niños se desconcertaran.
HPHPHPHPHPHPHPHPHPHP
Gabriel se escapó después del desayuno y ahora caminaba ligeramente por un corredor oscuro y gris. En su bolsillo trasero había un pequeño cuaderno con la ubicación y las contraseñas que necesitaba para acceder a las habitaciones de los Fundadores. A medida que se acercaba a la gárgola que vigilaba la oficina del Director, Gabriel colocó un escudo de espejo suave a su alrededor para que las alarmas del Director no pudieran detectarlo.
Caminando hacia el lado derecho de la gárgola, Gabriel miró detrás de su ala y pasó cuidadosamente un dedo sobre el hombro de piedra hasta que sintió la pequeña impresión de la cresta de Hogwarts. Gabriel rodeó la cresta cinco veces siguiendo las agujas del reloj. La gárgola pareció temblar y luego curvó el ala alrededor de su cuerpo, revelando un largo pasadizo escondido. Las escaleras estaban llenas de polvo, prueba de que los hechizos de protección aún estaban en su lugar. Slytherin no había confiado en los elfos domésticos e insistía en que pidieran permiso antes de entrar a sus habitaciones.
Emocionado, Gabriel bajó la apretada escalera circular, bajando aproximadamente medio piso. Frente a él había un salón, los muebles cubiertos con sábanas grises, o tal vez eran sábanas blancas manchadas por siglos de polvo, realmente no podía decirlo. Parecía haber tres sillas y dos sofás pequeños con una mesa de café en el centro. La habitación era redonda y justo frente a él había una gran puerta de madera. Gabriel sonrió; parecía el lugar ideal para que una dama o un caballero se reunieran con los invitados. Algunos hechizos rápidos y la mayor parte del polvo se había ido. Con suerte, podría ganarse la confianza de unos pocos elfos domésticos para poder limpiar todo adecuadamente sin que le dijeran al Director sobre las cámaras ocultas.
Gabriel cruzó la habitación y agarró la manija de la puerta con firmeza diciendo– Confianza implícita. – La puerta brilló por un momento y luego se abrió. Gabriel jadeó ante la habitación que tenía delante, era una gran biblioteca. La habitación era un octágono y las paredes estaban cubiertas de libros y tomos que los cuatro fundadores tocaron por última vez. Había varias sillas grandes de felpa, cuatro mesas grandes con varias sillas a su alrededor y mesas más pequeñas esparcidas por conveniencia. Como antes, todo estaba cubierto por las sábanas ahora grises para protegerlas.
En el centro de la habitación estaba el corazón de Hogwarts. Las habitaciones de los fundadores se colocaron en el centro del castillo, y en el punto central de esta sala se encontraba su corazón; un pilar de cuatro pies de alto de cristales de cuarzo apilados que sostenían un gran cristal de amatista púrpura. A través del polvo, Gabriel podía ver los tenues colores en cada uno de los cristales claros mientras los hechizos encerrados en ellos vibraban con energía. Los cristales mantenían los hechizos enfocados y proporcionaban el poder mágico requerido para mantenerlos. Todas las protecciones de la escuela se originaban aquí, así como la vida en las armaduras, el movimiento de la gárgola y el truco de las escaleras. La amatista en la parte superior canalizaba todos los hechizos individuales en un pulso cohesivo, que fluía a través de la escuela y rodeaba los terrenos.
Colgando sobre el pilar de cristal, una delgada estalactita crecía del extremo de una delgada tubería de cobre. Gabriel sonrió entendiendo; el agua había dejado depósitos minerales y, con la ayuda de la magia, los minerales se habían convertido rápidamente en una estalactita. Con un suspiro de alivio, Gabriel comenzó a lanzar hechizos de limpieza suaves sobre el pilar de cristal. Cuando Gabriel llegó a Hogwarts, se sorprendió de la cantidad de emociones dejadas por siglos de personas. En este momento era casi imposible para los estudiantes en cada Casa ser más que su estereotipo; estaban tan influenciados por las emociones y la energía dejadas atrás. Los fundadores habían creado un sistema para limpiar el castillo de tanta emoción; desafortunadamente, no estaba funcionando.
Una vez que se deshizo de todo el polvo, Gabriel trabajó en la tubería. Primero eliminó la estalactita y luego envió un hechizo a través de la tubería para eliminar todos los depósitos minerales que quedaban dentro. Arrodillándose, envió el mismo hechizo a través de los desagües en el piso debajo del pilar. Dando un paso atrás, esperó; un destello de llama azul púrpura anunció la llegada de Mbiriviri.
– Finalmente, – dijo telepáticamente.
Gabriel sonrió de lado. – Lo siento, no se pudo evitar.
Mbiriviri olisqueó, el sonido hacía cosquillas en la cabeza de Gabriel. – ¿Quién sabe en cuántos problemas te podrías haber metido sin mí? – Aterrizando en su hombro, ella agitó sus alas, golpeando efectivamente a Gabriel en la parte posterior de la cabeza.
Gabriel puso los ojos en blanco y estaba a punto de responder cuando el agua clara comenzó a salir de la tubería de cobre. Los cristales, que se veían mejor después que Gabriel había sacado el polvo, ahora zumbaban de felicidad mientras el agua fría fluía sobre ellos. El agua emitió un encantador sonido y Gabriel resplandeció de felicidad.
Mbiriviri dijo alegremente. – El castillo ya se está curando.
– Sí, – siseó Aurora. – No pasará mucho tiempo antes de que otros comiencen a notar cambios.
– Lo sé. Espero que los cambios sucedan lo suficientemente lento como para que nadie se asuste o sospeche, – respondió Gabriel, mirando el agua deslizarse por los desagües en el piso donde fluiría por el castillo limpiando y purificando las piedras sobre las que estaba parado.
– Eso funcionará, – trinó Mbiriviri superiormente, – hasta que la piedra esté lo suficientemente limpia como para que todos puedan decir que es de granito gris y no el gris sólido opaco y sin vida que es ahora.
Gabriel puso los ojos en blanco ante la actitud de Mbiriviri y la idea de que la mayoría de las personas nunca cuestionaron la piedra opaca que veian en Hogwarts. Los Fundadores habían usado granito gris porque los cristales que contenían podían mantener su hechizo mucho mejor que otras piedras.
Gabriel pasó el resto de la mañana explorando. Cada una de las habitaciones personales tenía una sala de estar, un dormitorio, un baño y una puerta que conducía a una sala de trabajo o laboratorio. Gabriel usó hechizos para limpiar las habitaciones, mientras miraba las pinturas, libros y artículos personales que llenaban cada habitación. Era difícil saber qué colores usaban los fundadores individuales para decorar sus habitaciones, ya que todo estaba tan desvaído. Siglos de luz solar que entraban por las grandes ventanas habían despojado a las telas de su color.
Sonó un timbre y Gabriel maldijo al darse cuenta de que era hora de almorzar. – Siéntete como en casa Mbiriviri, me tengo que ir. Volveré tan pronto como pueda, – dijo Gabriel, que se agachó para reunir a Aurora con él.
– Estoy segura de que encontraré algo para mantenerme ocupada, – le envió telepáticamente.
Gabriel sonrió irónicamente, preguntándose cómo consiguió tres familiares que no parecían inclinados a creer que él era igual a ellos. Cuidadosamente, se escabulló por los pasillos. Mientras se acercaba al Gran Comedor, Gabriel colocó sus auriculares y comenzó a moverse ligeramente con la música mientras Aurora siseaba de risa ante su comportamiento.
Gabriel pensó en las habitaciones de los Fundadores mientras comía la cremosa sopa de papa y puerro y el pan crujiente que los elfos domésticos habían preparado. Debido a su trato a manos de sus parientes y a la facilidad con la que una familia nace para convertirse en un hijo previamente querido, Gabriel nunca había puesto tanta importancia en la "familia sanguínea". Es cierto que había visto familias maravillosas que se apoyaban entre sí, pero la familia no tenía que hacerlo. Debido a este desapego de las familias sanguíneas, Gabriel no se sentía conectado con su ascendencia. Sabía algunas cosas sobre Lily y James Potter. Estaba triste porque se habían ido y disfrutaba escuchar historias sobre ellos, pero nunca había sentido una conexión profunda con ellos ni ningún deseo de investigar su árbol genealógico. Sin embargo, hoy, cuando estaba en las habitaciones que habían construido sus antepasados, se sentía conectado con una historia, un pasado y un linaje.
Gabriel no estaba seguro de lo que significaba o de lo que iba a hacer; quería hablar con su Baba y su papá. Gabriel comenzó mientras la cinta que estaba escuchando se apagaba. Metiendo la mano en su bolso, debatió qué escuchar. Su estado de ánimo requería a Beethoven, pero necesitaba estar preparado para los gemelos. De acuerdo, Beethoven hasta que terminara con el almuerzo y luego algo para hacer que su sangre palpitara mientras se preparaba para el té.
Sintiendo ojos sobre él, Gabriel levantó la vista. Remus lo miraba con preocupados ojos ambarinos. Gabriel sonrió suavemente para tranquilizarlo. Sirius, que estaba sentado al lado de su amante, dejó de comer el tiempo suficiente para darle un pequeño saludo. La sonrisa de Gabriel se iluminó. Sirius había hecho un puchero durante varios días acerca de que él entrara a Slytherin. Sin embargo, una vez que el animago se dio cuenta de que Slytherin no iba a cambiar quién era su ahijado, dejó de poner mala cara. Varias veces Gabriel había sido invitado a sus habitaciones para tomar el té; siempre disfrutaba salir con los dos hombres.
Después del almuerzo, Gabriel salió con Ivy, Teresa y Rowan, ayudándoles con la tarea y solo conversando, hasta la una; entonces era hora de prepararse. El dormitorio estaba vacío, así que preparó su música para poder escucharla en la ducha. Gabriel abrió el agua, se desnudó y se metió bajo el chorro de agua caliente, cerrando la puerta de la ducha detrás de él. Zazie, una cantante francesa, llenó la habitación con un ritmo alegre y su voz suave. Gabriel eligió productos con poco aroma para no desencadenar ninguno de los inventos de los gemelos. A pesar de la música con la que cantaba, la mente de Gabriel estaba llena de imágenes de Draco. Sabiendo que no tenía mucho tiempo, Gabriel se agachó y comenzó a acariciar su miembro endurecido, mientras imaginaba tocar, lamer, chupar y coger al Príncipe de Hielo de Slytherin. El cuerpo de Draco era delgado y musculoso, cubierto de una piel blanca cremosa perfecta. Su cabello rubio plateado se veía tan suave, y Gabriel gimió por lo bajo mientras pensaba en agarrar el cabello sedoso y jalarlo para besarlo. No pasó mucho tiempo antes de que Gabriel se corriera sobre el piso de la ducha, con el nombre de Draco en sus labios.
Una vez que recuperó el aliento, Gabriel se enjuagó y salió de la ducha. Mientras se secaba, 'Un Point C'est Toi' estaba sonando. Envolviendo una toalla alrededor de su delgada cintura y una alrededor de su cabello, Gabriel fue a su armario a buscar ropa y se sorprendió de ver a Draco solo y sentado en su cama leyendo. Ruborizado, Gabriel buscó en su ropa y se puso un atuendo chino de pantalones sueltos de algodón y un top de manga larga. Era un rico azul índigo con pequeñas flores de loto blanco que lo decoraban. Mirándose en el espejo, Gabriel vio a Draco que parecía completamente concentrado en su libro. Pensando que el otro chico había usado un hechizo silenciador, Gabriel comenzó a cantar junto con la canción. Sacando unos boxer azul claro, Gabriel dejó caer la toalla alrededor de su cintura y comenzó a vestirse.
Draco se había retirado al dormitorio para poder pensar en la carta más reciente de su padre. El bastardo quería que Draco se acercara a Gabriel; no explicaba por qué, pero Draco no era estúpido. ¡Maldita sea, no estaba listo para esto! Sabía que algún día tendría que desafiar a su padre, pero aún no había planeado hacerlo. A lo sumo, podría detener a su padre hasta las vacaciones de invierno y luego Lucius querría llevar a Gabriel a su lado o Draco tendría que entregarlo al Señor Oscuro. Draco había irrumpido en la habitación del dormitorio, y al instante se molestó por la música que escuchó. Por supuesto, esto significaba que Gabriel estaba aquí en alguna parte. Mirando a su alrededor, descubrió que salía vapor del baño. Draco agarró un libro y fingió leerlo mientras trataba de averiguar qué hacer.
Sus pensamientos habían sido interrumpidos cuando Gabriel salió del baño. Estaba desnudo, excepto por una toalla verde envuelta alrededor de su cintura. Merlín, el chico era hermoso, pensó Draco. Y desafortunadamente también era divertido, atento y dulce. En verdad, Draco no necesitaba la distracción de imaginarse a alguien, o algo peor. El joven era ciertamente un misterio: no querer ser llamado por un nombre que su mundo adoraba, habiéndose escondido todo este tiempo, y lo más confuso de todo eran las clases. Gabriel fingía que no sabía nada, pero Draco estaba seguro de que sí. No solo su familia habría podido obtener libros mágicos, sino que a veces, en la clase, los ojos verdes de Gabriel pasaban de aburridos a interesados. Luego escuchaba atentamente lo que decía el profesor y escribía furiosamente lo que estaba pensando en una hoja de papel.
Draco fue sacado de sus pensamientos cuando Gabriel comenzó a cantar, dejó caer la toalla alrededor de su cintura y se inclinó para ponerse sus pantalones cortos. Draco jadeó. Gabriel tenía un culo maravilloso; era firme, redondo y de un suave color dorado. Draco se recostó y solo miró a Gabriel, disfrutando el juego de músculos en su espalda y piernas. Pieza por pieza, Gabriel se cubrió y luego extendió la mano, tiró de la toalla hacia abajo y dejó caer su húmedo cabello negro por la espalda. Incluso mojado se veia sedoso, pensó Draco.
– ¿Disfrutando del espectáculo? – Gabriel preguntó, su voz teñida de diversión.
Draco parpadeó lentamente para ocultar su sorpresa e intentó pensar qué decir. Sentándose, dejó su libro. Normalmente negaría que le gustaba el chico, pero su padre le había dicho que hiciera lo que fuera necesario para acercarse a Gabriel, y debería sacar algo bueno del desastre que era su vida en la actualidad. Mirándose en el espejo, se encontró con los ojos verde esmeralda. – Sí.
Los ojos de Gabriel se abrieron. No estaba esperando eso. – ¿En serio?
Draco sonrió de medio lado, – Tienes un muy buen cuerpo.
– La mayoría de los chicos heterosexuales no admiten cosas así, – respondió Gabriel mientras se peinaba.
– Nunca dije que fuera heterosexual, – dijo Draco apretando el estómago. Hasta ahora solo Pansy, Blaise y su padrino sabían que era homosexual.
Gabriel se volvió lentamente para enfrentar al Príncipe Slytherin. – ¿Qué estás diciendo? – Podía sentir la lujuria en el aire, pero también había nerviosismo, miedo y un poco de ira.
Draco se puso de pie y se acercó al hermoso joven. – Estoy diciendo que disfruté verte.
Gabriel sonrió suavemente. – ¿Y?
– ¿Estás seguro de que hay más? – Bromeó Draco.
– No, pero ciertamente podría ser divertido, – Gabriel inclinó la cabeza hacia un lado y miró a Draco. Había un trozo de pergamino que sobresalía de su bolsillo. El búho real de su padre vino hoy, pensó. De eso se trata todo esto.
Draco respiró temblorosamente y extendió la mano, acariciando la suave mejilla de Gabriel. – Ciertamente podría ser. – De alguna manera mantuvo su mano firme; nunca había tenido relaciones sexuales, no tenía interés en las chicas y no estaba dispuesto a arriesgarse a que su padre descubriera sus preferencias.
Los ojos de Gabriel se cerraron ante la simple caricia. Su familia siempre se tocaba y abrazaba, y extrañaba tanto el simple contacto. Sintiendo el nerviosismo de Draco, preguntó– ¿Qué quieres Draco? ¿Qué estás dispuesto a arriesgar? Mi familia sabe que soy gay, ¿lo sabe la tuya?
Draco se apartó. – No, no lo saben.
Gabriel abrió los ojos y suspiró. – No quiero una relación casual, y no quiero ser un pequeño secreto sucio que guardas escondido. – Al darse cuenta de la hora, agregó– Me tengo que ir. Me reuniré con alguien pronto. Draco, me gustas y me encantaría conocerte mejor, pero primero necesito saber dónde estás parado. Inclinándose, presionó un suave beso en la mejilla de Draco y salió para encontrarse con los gemelos Weasley.
Draco se tocó la cara donde Gabriel lo había besado y luego se sentó para escribirle a su padre una carta que detallaba su plan para acercarse al Niño Que Vivió.
