Angel frunció el ceño apretando las manos sobre sus muslos cuando la voz de Charlie le indico que había llegado la hora de despedirse de Molly.
Desde que su hermana le había dicho que se marcharía, habían transcurrido dos semanas, en las cuales Angel no había parado de pensar en su propio futuro y en la decisión que debía de tomar. Durante todo ese tiempo, Angel se encontró platicando con Charlie y Vaggie sobre lo que debía de hacer y la respuesta de ambas había sido bastante insatisfactoria para él.
Haz lo que te haga más feliz
Pero para él ese concepto aún le resultaba extraño, después de tanta mierda en su vida, ¿cómo podía saber que era la felicidad?
Angel se dirigió hacia su hermana quien se encontraba en medio del jardín de rodillas abrazando a Niffty; la dulce sonrisa de ella no hizo más que romperle un poco más el corazón.
La única persona de su familia que le había apoyado y amado, estaba por dejarlo. Y aunque sabía que no se quedaría solo cuando ella se marchará, no hacía que la despedida fuera menos dolorosa y que incrementara su propia indecisión.
—Molly —llamó acercándose a la chica que ahora despedía una leve luz clara.
Molly sonrió con tristeza dejando a Niffty para acercarse hasta él y abrazarlo con fuerza, queriendo de alguna manera, conservar ese momento.
—Voy a extrañarte tanto, Angie —murmuró con pesar, acariciando la espalda de su hermano.
Angel sintió como un nudo en la garganta comenzaba a formarse mientras un leve temblor acudía a su cuerpo. No podía creer que ese momento realmente estuviera pasando.
—Te amo, Molly —musito recargando la cabeza en el hombro derecho de Molly, tratando de soportar las inmensas ganas de llorar que en ese momento sentía.
Molly al escucharle, sonrió de medio lado dándole un beso en la cabeza a Angel.
—Te amo, Angie —Molly le apreto con fuerza, no quería dejar a su hermano, eso era algo que no podía negar, sin embargo, sabía también de la duda de su hermano y no quería que él continuará atormentando a su pobre alma por una respuesta—, Angel —llamó la chica—, debo decirte algo antes de irme —musito mirando hacia Alastor, el cual al notar la mirada ladeo la cabeza levemente.
Ante esas palabras, Angel se separó de ella y le vio detenidamente.
—Se que tienes miedo, es normal —dijo sonriendole, tratando de tranquilizarle—, sin embargo, te puedes quedar, no estas obligado a seguirme.
—¿Qué? —soltó confundido— ¿de qué hablas Mol?
Ella volvió a acercarse y lo abrazo, para poder susurrarle al oído.
—Siempre puedes alcanzarme —le dijo con calma—, pero antes que eso, quédate en donde tu corazón te lo pida.
Angel se separó de su hermana y estaba seguro que en su rostro se reflejaba su desconcierto, no entendía las palabras de su hermana, ni porque se las decía justo en ese momento; pero el vuelco que su corazón experimentó fue casi como la respuesta que tanto había buscando.
—Mol, porque-
—Es hora Molly —interrumpió Charlie a ambos, que le vieron de inmediato.
Molly se limpio sutilmente sus lágrimas antes de darle un beso en la frente a su hermano.
—Ti voglio bene, mio dolce fratellino —murmuro la chica apretando las mejillas de su hermano antes de soltarle. Angel sonrió amargamente retrocediendo, se detuvo viendo a Charlie caminar junto a su hermana hasta el centro exacto del jardín, donde la princesa del infierno le dijo unas últimas palabras y se despidió de ella, alejándose.
Angel suspiro con pesar e inmediatamente sintió cómo de pronto un brazo le rodeaba la cintura, al volver la vista su novio estaba a su costado.
Alastor le consolaba a su manera y Angel lo agradeció silenciosamente, justamente en ese momento, las palabras sobraban.
Ambos observaron como una suave luz descendió del cielo e iluminó a la chica ante la mirada curiosa de los otros residentes del hotel, que deseaban cruzar por ese mismo proceso.
—Muchas gracias por todo, Charlie —dijo Molly a lo que la chica asintió tratando de limpiar las lágrimas que salían de sus ojos, orgullosa de la hermana de Angel cuya determinación la llevó a ese momento.
Molly entonces miró como su cuerpo entero volvió a cómo una vez fue en vida, sorprendiendose por ello y Angel al verla, sintió tanta nostalgia de poder ver a su hermana una última vez como la belleza que fue antes de terminar en ese lugar.
La chica se observó un poco más antes de ver hacia su hermano, acompañado de Alastor. Al verlo ahí, aún lado de Angel, cierta paz le vino a su corazón; si bien nunca hubiera pensado en considerar a Alastor como algo necesario o bien visto, ahora que estaba con su hermano y que literalmente estaba dispuesto a dar la vida por él, entendía que las cosas ya no eran tan simples para su querido hermano.
Y para ella Alastor era la respuesta a lo que Angel busco sin saber por tantos años, esa pequeña chispa de luz en medio de tanta oscuridad.
Ante aquella revelación una suave resignación se hizo presente en ella al saber que no volvería a ver a su querido hermano, pero a la vez una increíble felicidad acudió a ella.
Te adoro tanto corazón, por favor, cuídate mucho
—Angie —llamo Molly sintiendo su cuerpo cada vez más ligero—, voy a extrañarte...
Angel le vio aún más desconcertado para que solo un par de segundos después su hermana desapareciera en medio de una luz blancuzca tras sonreírle por última vez.
En cuanto ella se fue, un horrible dolor acudió a su pecho, amenazando con destruirlo, las lagrimas bajan por su rostro sin detenerse y hacía un gran esfuerzo por no gritar en ese momento; justo cuando creía que se iba a derrumbar Alastor a su lado sobó su brazo derecho.
—¿Estas bien? —Angel asintió levemente con la cabeza, sintiéndose mejor ante el contacto de su novio.
—Mejor...—respondió.
Y al ver a Alastor a su lado, las palabras de su hermana tuvieron peso.
Él podía irse si quería, todo el mundo se lo decía, eso era una realidad pero ¿y si no quería? ¿si realmente no lo deseaba?. No podían obligarlo, la redención después de todo era para el que la solicitaba; y él realmente no la quería.
Angel se acerco a Alastor y lo abrazó, siendo correspondido de inmediato.
Con esa leve resolución, sonrió con pesar.
Te amo Molly, en serio te extrañare
