Cuando su hermana se fue, sintió como si una parte de su alma se fuera con ella, pues a pesar de que estaba feliz de que Molly nunca volvería a sufrir, le hacía sentir débil el saber que no volvería a verla.

Era una sensación agridulce.

Mientras caminaba tomado de la mano de Alastor de regreso al hotel, pensó mucho en la idea que había comenzado a tomar fuerza en su cabeza, que de cierta manera parecía abrupta, pues si lo pensaba bien, era como si todas las situaciones que hubieran ocurrido a su alrededor hubieran sido hechas para empujarlo hasta ese momento, en el cual debía decidir marcharse a Heaven.

Y al pensar en eso, no pudo evitar creer que realmente algo lo había estado empujando para que se marchara, pero ahora que tenía claro que no sería el caso, no creía que a muchos le importara lo que hacía o dejara de hacer, no obstante ¿como reaccionaria su pareja cuando se lo dijera?

Ante esa interrogante las palabras de Molly resonaron en su cabeza de nuevo.

No estás obligado a seguirme, quédate donde tu corazón te lo pida

Entendía porque le había dicho esas palabras, ahora ya con su partida le quedaba más claro, sin embargo, ahí estaba esa duda de nuevo, Alastor quería lo mejor para él y él creía que lo mejor era que se marchara, así que muy probablemente no entendiera que se quisiera quedar.

Y Angel ya estaba apostando consigo mismo a que Alastor prácticamente querría empujarlo al cielo, sin importar lo que él pensará.

—¡Tengo una idea! No hay nada mejor para las despedidas que un buen distractor, y tengo el perfecto —comentó Alastor tirando un poco de él, sin embargo al no notar respuesta inmediata como era costumbre, volvió la vista a su novio, encontrandolo con una expresión pensativa.

Angel se había perdido en sus pensamiento sobre cuánto habían cambiado las cosas en su vida.

Ya no era como antes, lo sabía más que perfectamente; al principio le fue difícil dejar las drogas, el alcohol, las peleas y sobre todo, tener que dejar de saltar de una polla a otra -porque aunque no quisiera admitirlo en cierto punto también era adicto al sexo y eso terminaba por arruinar sus relaciones-

Sin darse cuenta -o al menos no consientemente-, Alastor le había cambiado de muchas maneras, siempre dándole la libertad de explorar su corazón a su tiempo y que decidiera por sí mismo el peso de sus acciones, le había dejado equivocarse y aprender -de mala manera-, le había rescatado, valorado y amado como ninguno otro tuvo el valor antes.

Y era por eso mismo que su corazón lo dudo durante un tiempo.

Jamás buscó la redención, solo un sitió donde ocultarse de su proxeneta explotador; por lo que cuando la tuvo al alcance de sus manos, no supo qué hacer con esa abrumadora decisión.

O al menos así había sido hasta que su dulce hermana le dijo las palabras que inconscientemente esperaba escuchar.

Quería ver a su madre, estar al lado de Molly, dejar esa miserable vida llena de sufrimiento atrás, que todo lo que una vez le marcó desapareciera y le dejara vivir por fin una existencia lejos de todo aquello con lo que se rodeo por décadas.

Sin embargo, también quería quedarse en el infierno, en Ciudad Pentagrama con sus amigos que pelearon por él, pero en especial por Alastor, solo por él cambiaría un boleto al cielo con tal de permanecer un minuto más a su lado en el infierno.

—Sigues pensándolo mucho, —interrumpió Alastor lo pensamientos de Angel, al darse cuenta que el chico se había metido demasiado en ellos—, ambos sabemos lo que debe pasar —Angel volvió la vista hacia Alastor, este se veía más serio de lo normal y para Angel fue un poco dificil distinguir si estaba sonriendo o no.

—¿Por qué insistes en que debe terminar así? —preguntó deteniendo su marcha, a unos pasos de su habitación.

Alastor entonces frunció el ceño.

—Este ya no es tu lugar Angel, ya no hay nada que te ate a este sitio, tu familia, la que realmente te ama, te espera en Heaven —soltó Alastor sintiendo como los dedos de Angel resbalaban de su mano—, lo sabes, ¿porque lo complicas tanto? —quiso saber poniéndose firme frente a Angel. Hubiera preferido que esa conversación no se diera, sin embargo ahí estaban, en un día pesado para su pareja, tocando un tema delicado para ambos.

Angel entonces se cruzó de brazos, mirando hacia algún punto en el techo.

—Porque no quiero dejarte —dijo sin verlo frunciendo el ceño por la frustración que sintió en ese momento, pero riendo internamente de haber acertado sobre la postura de su novio—, ¿es muy dificl de entender?

Ante esa respuesta Alastor abrió la boca sin saber que decir, no era que no pensara en que Angel tomara esa posibilidad, hubo un tiempo donde creyó que el chico lo elegiría sobre su familia, pero tras eso el mismo se convenció de que no había posibilidad para ello, sin embargo, ahora que el mismo Angel hablaba sobre esa probable decisión, no sabia que pensar al respecto.

—Crei que nosotros-

—No —corto el chico de inmediato—, tú lo decidiste por ambos, ¿quieres por lo menos pensar cómo me siento yo? —rumio haciendo que Alastor se sorprendiera por el tono de voz que utilizo—. Nunca había amado a nadie como te amo a ti, nunca había tenido a nadie que me amara con tanta fuerza y devoción como para pelear por mí, para defenderme y valorarme, ¿crees que quiero renunciar a todo así como así? No puedo Alastor —dijo de forma atropellada procurando mantener la voz baja por si había algún curioso cerca—, no quiero dejarte.

Alastor parpadeo un par de veces antes de sonreír más abiertamente frunciendo levemente los labios.

—Angel, no quiero que sigas sufriendo, quiero lo mejor para ti y eso es estar lejos de aquí —intento hacer que comprendiera su punto, tenía que hacerlo en especial porque cada que pensaba en la idea de una vida al lado de Angel en ese detestable sitio, a su cabeza seguían viniendo una y otra vez las palabras de Vox, y la verdad que estas representaban.

Algo que no quería pensar pero que era inevitable.

—Eres un maldito egoísta, solo piensas en ti —bufo por fin mirándolo, sorprendiendose entonces de la expresión neutra de Alastor.

Para sorpresa de ambos, Alastor tomó por los brazos superiores a Angel y lo obligo a verlo, asustando un poco al chico por la presión que las garras de este habían comenzado a ejercer en su cuerpo.

—Si fuera un egoísta tal como dices te hubiera prohibido el que te fueras, ni siquiera te hubiera dado la opción de elegir —gruño sin despegar su mirada de la del chico—, destruiría el infierno mismo si te apartas de mi lado y decidieras dejarme atrás para seguir adelante —la estática a su alrededor comenzó a aumentar asustando más a Angel—, aún así... estoy viendo por lo mejor para ti, quiero que pares de llorar y sufrir, que todos esos demonios que te atormentan se vayan, quiero que realmente seas feliz —musitó dejando caer la cabeza entre sus hombros, aligerando un poco la presión en los hombros de Angel—... es por eso que quiero dejarte ir, aunque no quiera... —dijo disminuyendo la interferencia a su alrededor—, tu entiende por favor.

—Alastor... —susurro Angel atónito por lo que acababa de pasar.

Alastor apreto los labios liberando su agarre y dejando caer sus manos a sus costados, notando entonces que había sangre en ellas.

Torció los labios al darse cuenta de lo que había hecho.

Resulta que no soy diferente a los otros que estuvieron antes que yo, Angel

—Perdóname —dijo enderezandose, encontrando con Angel negando enérgicamente con la cabeza.

—Fue un accidente —soltó de inmediato al ver la expresión que había puesto Alastor, pero apenas intentar decir algo más, una de las manos de este, lo mandaron callar.

—Angel, no vuelvas a decir que soy egoísta —pidió mirándolo con una expresión tan impropia en el, que le arrancó las palabras a Angel por unos segundos.

Angel se llevó un par de manos a la boca, dándose cuenta de lo que había hecho.

—Lo siento —murmuró acercándose hasta abrazarlo, apretandolo con fuerza—, en verdad lo siento —Alastor le rodeo la cintura con sus brazos, sin decir palabra alguna.

Alastor suspiró quedamente dejando que pasara un poco el trago semi amargo que acababa de tener. No era que no quisiera a Angel a su lado, lo deseaba y más que cualquier otra cosa que hubiera podido tener antes o querer después, pero sabía el peligro que implicaba mantener al chico en ese plano.

Y era por eso mismo, que algo en su interior, le gritaba que insistiera en que lo hiciera marchar.

Aun cuando él quería que se quedará.