—¡Angel! —llamo Alastor corriendo tras Angel, que al ver la ventaja que le llevaba se fundió en una sombra y apareció frente a él, haciendo que el chico se estrellara con su cuerpo, cayendo ambos al suelo—, ¿por qué? —jadeo sujetándolo por los hombros—, ¿porque hiciste eso? —pregunto sintiendo su propio corazón latir con fuerza.

Charlie le había dicho que si Angel quería quedarse, podía negarse, pero que directamente ellos no podían dejarlo quedar sin antes tener la oportunidad de decidir, por más que hubieran querido que se quedara, sabían que Angel lo tenía que decidir por voluntad propio. Lo que no lograba entender era ese gran motivo que lo hizo quedarse.

Muy en el fondo deseaba ser ese porque, pero al mismo tiempo no, porque de ser así, acababa de condenar a Angel a una eternidad en el infierno.

Angel comenzó a negar ferozmente con la cabeza mientras de sus ojos bajaban lágrimas, sintiéndose desfallecer por lo que acababa de hacer.

—No puedo, Alastor, no quiero irme... —lloro escondiendo el rostro en el hueco del cuello de Alastor—, deseo quedarme en el infierno.

Alastor gruño apretando sus brazos antes de rodearlo por completo, pegandolo a él en un efusivo abrazo.

No sabía que hacer, después de la locura que acababa de cometer, muy difícilmente le dejarían intentar entrar de nuevo y eso era una idea, que aunque le agradaba, no terminaba de aceptarla.

—¿Tienes una idea de lo que hiciste? —dijo sin soltarlo, tratando de que lo entiendiera lo que acababa de pasar—. Pudiste ir a un lugar mejor, pudiste olvidarte de todo lo malo que te paso aquí —le crimino totalmente confundido—, pero huiste de la redención, ¡no debiste hacer eso!

Angel soltó un fuerte jadeo aferrándose más a Alastor.

—¡No quiero dejarte! —grito con impotencia, sintiendo como todos estaban en su contra, ¿es que acaso no podían apoyar su decisión?

Alastor al escucharle, torció un poco los labios, sintiendo pesar por no poder evitar que Angel arruinara algo mejor. Sin embargo, ya estaba hecho, no había marcha atrás. Si Angel no quiso marcharse no había mucho que podía hacer

—Angel, —llamó tras un momento en silencio—, ¿tienes idea de la fuerza de voluntad que tuve que hacer para no detenerte? —le dijo tras soltar un suspiro, ahora acariciando sutilmente su espalda—, ¿de toda la racionalidad que tuve que hacer acopio para no volverme loco y tomarte por la fuerza?, ¿impidiendo que te marcharas?, Angel, ¿por qué?—pidió tratando de hacer que levantara el rostro.

—¡ENTONCES DI QUÉ QUIERES QUE ME QUEDE! —grito cuando Alastor le levantó el rostro para verlo derramar lagrima tras lagrima—, ¡dimelo! Sabías cual era mi decisión desde un principio pero me presionaste para esto, ¿es que no me quieres a tu lado?

Alastor parpadeo un par de veces, disminuyendo tenuemente la sonrisa en su rostro.

El no deseaba eso, solo quería que Angel fuera feliz en un sitio que lo mereciera, lo ultimo que le hubiera pasado por la cabeza era empujarlo hasta ese estrés emocional y justo en ese momento, se sintió el peor novio de la creación.

—No puedo pedirte que pases toda una eternidad conmigo si siempre voy a poner tu vida en peligro —comentó tras un momento limpiando las lágrimas de Angel con sus pulgares, observando la viva imagen de la tristeza en la cara de su persona especial, sintiendo un abrumador malestar apuntalarse en su pecho. Inevitablemente la voz de Vox diciendo un te lo dije voto en su cabeza—, preferiría mil veces saber que estás lejos de mi pero a salvo, que cargar en mi consciencia que te quedaste y que por culpa mía, perdiste la vida...

Angel se soltó de su agarre, separándose de Alastor, mirándolo con frustración.

—No me importa, no me importa si el dia de mañana dejo de respirar, si simplemente dejas de amarme y me dejas por alguien más o si tu mismo decides asesinarme —dijo tan seguro de sus palabras que por un segundo Alastor no supo que decir—, quiero quedarme a tu lado y la sola idea de una eternidad lejos de ti, es horrible, no tienes una minima idea de cuánto detesto eso. Entiendo, por favor, quiero quedarme...

Angel miro a Alastor, con tanta determinación, que doblegó la voluntad de Alastor.

Lo hizo temblar por la devoción que el chico quería darle y por un instante, se sintió débil y tuvo miedo de lo que pudiera pasar de ahora en adelante.

De a lo que Angel pudiera provocar.

—¿Puedo pedirte que te quedes? —cuestionó tras dudarlo por última vez, ya no pudiendo mantener más tiempo esas palabras que le quemaban el paladar—, ¿puedo ser tan egoísta como para pedirte eso?

—Puedes —respondió Angel sonriendo mientras asentía con la cabeza.

Alastor se inclinó hacia él, ahora visiblemente más expresivo a lo que estaba sintiendo en ese momento.

—¿Estas de acuerdo con eso? No podrás retractarte, la redención no la podrás tocar de nuevo, ¿realmente quieres encadenar tu dulce alma a la mía? —pregunto sosteniendo un par de manos de Angel entre la suya, obviando el hecho de que quizá, algunos cuantos curiosos les estaban viendo—, deberás quedarte conmigo de ahora en adelante...

—Alastor, no me importa —respondió sin dudarlo con una tenue sonrisa, aún sintiendo la presión en su pecho y sus ojos arder—, te amo tanto que no creo que alguna vez pudiera haber sido feliz del todo en el cielo, aún con mi familia ahí —dijo sonriendo con tristeza.

Alastor sintió sus ojos arder, sorprendiendose por esa sensación tan humana que estaba acudiendo a él.

¿Realmente esta bien condenarlo a que se quede conmigo?

—Angel —llamo tomándolo por las mejillas, dejando atrás las manos de este—, no me dejes, quedate a mi lado por favor —pidió esta vez ya sin ninguna duda de por medio.

Angel comenzó a derramar más lágrimas, feliz de poder escuchar esas palabras por parte de Alastor

—Si —sollozo asintiendo con la cabeza lentamente—, no necesitas decírmelo dos veces.

Alastor entonces le abrazó con fuerza sin poder creer lo que acababa de hacer.

Sabía que había cavado la tumba de su amado, que lo había condenado a una posible eternidad de sufrimiento más que de felicidad, pero si el chico estaba dispuesto a caminar por el fuego del infierno con tal de estar a su lado, él pondría su máximo esfuerzo para que Angel nunca volviera a sufrir. Ni por él ni por nadie más.

—Angel, gracias por quedarte conmigo —dijo aún sin soltarlo, no queriendo que viera su cara de sufrimiento— tuve tanto miedo de perderte.

Angel al escuchar esa palabra que no creyó posible en el vocabulario de su novio, no pudo evitar besarlo con esmero y es que por fin estaba donde siempre debió quedarse.

Ambos escucharon pasos venir y al volver la vista, notaron a Charlie y Vaggie con la respiración agitada viéndolos a ambos en el suelo. Angel inevitablemente sonrió un poco al ver sus caras de preocupación.

—¿Todo bien? —pregunto Vaggie al ver como Alastor se ponía de pie para luego extenderle la mano a Angel y ayudarlo a levantarse.

Charlie a su lado mantenía las manos cruzadas sobre su pecho observando a la pareja.

—¿Angie? —dijo Charlie al ver como ambos se tomaban de la mano y al ver la expresión del chico, lo supo de inmediato, él no se marcharía—, ¿estas seguro? —pregunto mirándolo e inmediatamente a Alastor—, ¿están seguros de esto?

—Perdón lindura, pero creo después de todo no estoy listo para marcharme —comentó con una gran sonrisa en el rostro, tratando de verse fuerte delante de ellas—, ni hoy ni nunca.

Vaggie suspiro por lo bajo al ver lo que pasaba.

—Te lo dije —apunto Husk pasando por un lado a Charlie caminando hacia la pareja deteniéndose frente a ambos mirándolos con cierto orgullo, pues aunque no le admitiera, prefería que el chico se quedara a que se fuera, no quería ni pensar que sería de ellos sin Angel en el infierno para controlar a Alastor—, bueno, ya que tu arruinaste la redención —Alastor se encogió de hombros—, y tu no te marchas, espero que ahora dejen de andar tristeando y hagan su trabajo en el hotel.

Charlie y Angel rieron ante el comentario.

—Perdón gatito, no pasara de nuevo —comentó Alastor con media sonrisa sujentando con más fuerza la mano de su novio.

Angel a su lado no pudo evitar suspirar aliviado de poder quedarse en el lugar que sabía que pertenecía. Aunque le hacía feliz el saber que todos ellos le amaban al grado de querer que estuviera en un lugar mejor, era ese mismo cariño de regreso el que le impedía irse.

Y por primera vez en semanas, tanto Alastor como Angel, se sentían tranquilos.