Después de la conmoción que hubo entre los residentes por ver como alguien había rechazado la redención, ese día el toque de queda se aplico un poco antes de la hora acordada, por lo que al caer la noche, los residentes del hotel ya estaban en sus habitaciones, incluidos los administradores del mismo.
Alastor caminaba por la habitación de un lado al otro aún algo alterado por lo que había pasado horas antes, más si consideraba que prácticamente él había sido el culpable principal por el cual Angel había decidido rechazar ir al cielo.
Al pensar en eso de nuevo, soltó un fuerte gruñido de frustración.
—Deja de pensar en eso, Al, te dolerá la cabeza —comentó Angel saliendo del baño para caminar hacia la cama con su camiseta holgada puesta.
Alastor al escucharle frunció levemente el ceño siguiéndolo con la mirada.
—Es que... no es tan sencillo, estoy un poco conflictuado justo en este momento —le dijo caminando detrás de Angel—, me siento tan intranquilo que me confunde, realmente todo esto fue mi culpa.
Angel rió antes de detenerse y darse la vuelta encarando a su novio, cuya sonrisa era apenas visible, le rodeó los hombros con sus brazos superiores y con los inferiores lo tomo por la cintura.
—¿El por qué me quedé? —pregunto curioso a lo que Alastor simplemente asintió con la cabeza—, Al, si fue tu culpa.
Este al escucharle abrió la boca pero antes de decir algo Angel le dio un rápido beso en la punta de la nariz haciéndolo callar.
—Aún no termino venadito —rió mirando su cara de desconcierto—, es cierto, me quede por culpa tuya, pero también tuve la oportunidad de irme a causa tuya —aclaró notando de inmediato un cambio en la expresión de Alastor—, de no haber entrado en mi vida, jamás hubiera podido redimirme y probablemente seguiría bajo el mando de Valentino.
Alastor al escucharle se sorprendió de la verdad detrás de esas palabras. Desde que interactuaron con el otro no habían hecho más que cambiar sus costumbres y acciones, en menor o mayor medida, desembocando todos los acontecimientos en ese instante.
—Eso no impide que me siente... extraño —concluyó tras un momento.
Angel entonces se rió en su cara, pero rió con tantas ganas que hizo a Alastor sentirse avergonzado por motivos que él desconocía.
—Se llama culpa, corazón, acostumbrate a ella y felicidades —bromeó soltandolo para volver a la cama y tirarse sobre ella soltando una risita—, te estará acompañando de ahora en adelante.
Alastor suspiro tras fruncir el ceño.
Él se consideraba esa clase de persona cuyas emociones podía mantener bajo control en casi todos los escenarios posibles o de dejarlas salir, que estas no tomaran control de él; pero también era consciente que tratándose de Angel, sus emociones jamás respondian como él quería.
—No me gusta —dijo por fin subiendo a la cama sobre Angel, quien al ver la iniciativa rió coquetamente, pasando un par de manos por la espalda de Alastor—, Angel, te amo.
Ante esas palabras un gran sonrojo se apodero de rostro de la joven araña que no supo porque de pronto se sentía tan nervioso.
—También te amo —musitó tras soltar una risita nerviosa—, ¿me amas tanto que me hubieras dejado ir? —aunque no lo dijo con la intención de sonar serio, la expresión de Alastor le indicó que aún debía enseñarle sobre sarcasmo a su pareja.
—Ya sabes lo que dicen, si amas algo dejalo ir, si vuelve es que era para ti pero si no-
—... es que nunca lo fue —concluyó con una sonrisa tomando el moño de Alastor y tirando de este hasta que sus labios se unieron.
Alastor se recargo sobre sus antebrazos sintiendo la suave lengua de Angel recorrer su labio inferior, aún sintiéndose extraño por siquiera haber considerado en dejar que Angel se fuera.
En ese momento, sintiendo su calor, disfrutando de su aroma y su presencia, no entendía cómo pudo pasarle por la mente la idea de renunciar a él.
¿En qué rayos estaba pensando?
Alastor se separó de los suaves labios de Angel, observando al hermoso chico bajo él, apretando sutilmente las sábanas entre sus manos.
—¿En qué demonios estaba pensando? —soltó de golpe sorprendiendo a Angel por el comentario y más al dueño de él por que no solo lo había pensando si no que también lo dijo en voz alta.
—¿Sonrisas? —pregunto removiendose bajo su pareja que apreto sutilmente los labios sin desaparecer su sonrisa.
Alastor entonces soltó una pesada risa de resignación.
—Nunca te dejaría ir ni en un millón de años, debo haberme loco vuelto por siquiera haberlo pensado —rió inclinándose para darle un sonoro beso en la mejilla haciendo reír a Angel—, perdoname por ser tan posesivo, pero no quiero pensar en separarme de ti de nuevo.
Angel enarco una ceja sintiendo su corazón latir con fuerza.
—¿Aún cuando algún día deje de gustarte? —pregunto curioso acariciando la espalda de Alastor.
—No creo que eso pase —musito rozando sus labios con los de Angel
—¿Y si pasa? —insistió un poco exasperado porque Alastor no profundizará el toque.
—Veria la forma en que vuelva a amarte, así me tome toda una vida —soltó como si fuera lo más normal del mundo, ocasionando toda una revolución en el cuerpo de Angel, que tembló ante dichas palabras.
—Al —musito Angel sin borrar su sonrisa, delineando los labios de Alastor con su mirada—, no se si alguna vez te lo pregunte directamente, pero quiero escucharlo de nuevo, ¿que es lo que te gusta de mi?
Alastor rió ante la pregunta quitándose de encima y recostandose a un lado, sin dejar de verlo en ningún momento.
—Definitivamente tu sarcástico sentido del humor —dijo sin pensarlo mucho a lo que Angel rió con soltura—, tu hermosa sonrisa y ese bello par de ojos —Angel entonces sintió como sus mejillas ardían de nuevo—, así como tu hermoso y esponjoso pecho, es perfecto, eres perfecto —se corrigió de inmediato con una gran sonrisa en el rostro.
—¡Carajo, Alastor! —soltó para llevarse un par de manos a la cara escuchando claramente la risa burlona de su pareja—, ¿cómo puedes decir eso sin avergonzarte?
—Por que no hay mentira alguna en mis palabras, eres simplemente perfecto —rió al ver como Angel se abochornaba, por lo que una última cualidad cruzó rápidamente por su cabeza— ¿mencione también tu hermosa voz al cantar?
Angel sonrió tontamente y agradeció tener cubierto el rostro para que Alastor no pudiera ver la expresión que tenía en ese momento.
—Si, amor, muchas veces —dijo por fin quitando las manos y acostándose de lado quedando frente a Alastor quien le sonreía—, estaré bien —musitó tras ver que las sorisa de Alastor estaba flaqueando.
Alastor acercó una mano hasta acariciar la mejilla derecha de Angel.
—Ahora soy muy transparente a ti, eso es una novedad —comentó con media sonrisa, acariciándolo con sutileza—, no puedes evitar que mi preocupación se quede, al menos un tiempo más.
—Eso lo se, pero más te vale acostumbrarte, porque no me iré a ningún lado —dijo para acercarse y que su frente rozará la de Alastor, sintiendo como la mano de este acariciaba su cabello—, me gusta tu sonrisa.
—¿En serio? A la mayoría le da miedo —se burló de sí mismo recordando todas las veces que al mostrar esa misma sonrisa a alguien más, corrían despavoridos en sentido contrario, aunque si debía ser sincero, la que le mostraba a Angel en ese momento, si era diferente a la que el resto podría llegar a ver alguna vez.
—Pues a mi me gusta, en especial cuando es la auténtica y no una forzada—dijo sonriendo—, también me gusta tu forma de hablar, eres tan... formal que me arrancas el corazón con cada palabra que sueltas.
—No se porque pense que eso te molestaba —dijo genuinamente sorprendido.
—Me divierte que a veces no entiendas los chistes de doble sentido, como Sir Pentious —rió inevitablemente al recordar cómo una vez le dijo tantos que ni los entendía y en lugar de callarse, seguía hablando—, pero eso es parte de tu encanto.
—Ser un abuelito —concluyó sin dejar de sonreír, disfrutando de la sensación del suave cabello de Angel entre sus dedos.
—¡Exactamente! —Alastor rió sin poder evitarlo—, pero no solo me gusta que seas un abuelo, también me gusta tu voz, tu forma tan macabra de actuar y por supuesto tu pene —Alastor detuvo su mano y sonrió avergonzado sintiendo como un leve calor se colara en su rostro.
—Me alegra que te quedaras a mi lado —dijo tras un momento a un Angel sonriente.
—A mi me hace feliz saber que me lo permitiste.
Alastor sonrio acercandose hasta que sus labios se rozaron. Para él ese tipo de momento a solas valian oro, en especial ahora después de haber pensado que lo perdía para siempre.
Y mientras miraba a Angel parlotear sobre otro tema a su mente vino una nueva duda, ¿debería dar el siguiente paso en la relación o Angel estaba agusto con lo que ya tenían?
