Alastor caminaba por los pasillos del hotel con las manos tras la espalda, saludando con sutileza a los que se cruzaban con su camino. Mientras daba el rondín sopeso la idea de ir tras Angel, había cierta necesidad en su cuerpo por estar cerca del chico que no quería complacer.
Consideraba que en parte era culpable que esa misma mañana al despertar, tuviera una muy remarcada erección, alegrandose mucho por no haber despertado a Angel en medio de su huida al baño.
De pronto se encontró pensando que hace mucho tiempo, había pasado por una situación similar, con cierto resultado diferente. Aparto esos pensamientos en cuanto escucho la risa de Angel, como si sintiera que el chico pudiera escuchar las palabras que botaban en su cabeza.
Al volver la vista se lo encontró recargado sobre la barra mirando a Husk hacer un truco de magia que fue interrumpido por Black quien jalo varias cartas lejos de sus manos, haciéndolo enojar y arrojarle otro puño.
Alastor sonrió sutilmente viendo como Angel trataba de calmar al gato que le gritaba a su sombra por arrebatarle las cartas.
—¡Hey, tu! —Alastor ladeo un poco la cabeza al ver que Angel miraba en su dirección, sonriendole a penas verlo—, llévate a tu mierda negra.
—Pero él solo quiere jugar contigo Husk —comentó con cierto pesar caminando hacia ellos—, ¿por qué no quieres llevarte bien con ella? Le caes muy bien —Husk miro hacia la sombra sonreírle y le levanto el dedo corazón, ocasionando una risita en Angel.
—No creo que sea su tipo, Al —dijo Angel al decirlo recibiendo que le arrojara las cartas en la cara—,¡oye! —gruño tomando un puñado en el aire y tirandoselas de regreso.
Alastor rió quedamente antes de chasquear los dedos y que las cartas desaparecieran.
—Comportense niños —pidio acomodando su monoculo. Tanto Husk como Angel le vieron mal.
—¿A quien putas le llamas niño? ¡Soy más grande que tu! —grito Husk poniendo ambas manos sobre la mesa.
—¿Lo eres? —inquierio Angel con media sonrisa.
Alastor rodó los ojos, notando a Niffty pasar con un puñado de mantas.
—Aquí abajo, llevo más tiempo que tu, ¿a quien le importa la edad a la que moriste? —dijo sonriendo restándole importancia a la discusión que ambos estaban teniendo.
Husk no dijo nada y simplemente volvió a levantarle el dedo corazón antes de darse vuelta y comenzar a acomodar con enojo los vasos y las copas.
Angel rió al ver a Husk molesto para ver hacia Alastor con un par de manos en la cintura. Se acerco un poco a este hasta darle un beso en la mejilla.
—Charlie te estaba buscando hace rato —murmuró al oído de Alastor, haciendo que este temblara inconscientemente. Se apartó lo más sutilmente que pudo, sonriendole a su novio.
Tenía que admitir que definitivamente su cuerpo estaba más susceptible de lo que regularmente estaba.
—Gracias, honey —entonces se dio la vuelta hacia la oficina de Charlie sintiendo su oreja quemar.
No solamente ese sitio, podía sentir como si todo su cuerpo estuviera ardiendo. Mientras caminaba intentaba entender qué rayos había pasado, pero a su cabeza no llegaba ninguna otra explicación más que estaba algo resentido. Y eso podría tener un poco de sentido, porque después de su sutil encuentro con Angel, no había podido parar de pensar en ello.
Suspiro pesadamente transportándose hasta la oficina de Charlie, donde apenas tocar la puerta la chica la abrió de golpe, sobresaltado un poco.
—¿Me buscabas, dulzura? —pregunto pasando al interior de la oficina, notando cierta intranquilidad en la chica.
Era bastante fácil de notar, porque ella se mordía las uñas de su mano derecha mientras caminaba rápidamente de un lado a otro.
—Al, mi padre vendrá al hotel... en unos días —anunció por fin después de un momento.
Alastor al escucharle ladeo un poco la cabeza. No era que le molestara la presencia de Apple Daddy -siempre y cuando estuviera fuera de su propiedad-, pero las raras ocasiones que había tenido el placer de verlo cerca de su hija, el resultado de sus conversaciones nunca eran favorables para su anfitriona.
—¿Estás preocupada por eso? —quiso saber acercándose a una muy inquieta Charlie.
—Mucho, no se que es lo que me dirá esta vez —admitió mirandolo con preocupación.
Alastor asintió lentamente con la cabeza. Para él era de esperarse que tuviera esa actitud, después de todo lo ocurrido; pero aún con eso, no entendía porque le daba tanto peso a las palabras de su padre, era más sencillo si simplemente escuchara a su madre. Al menos eso pensaba él.
—Bueno, en mi humilde opinion, si tu padre no tiene nada productivo que aportar, tal vez no debas escuchar lo que te dirá —comentó caminando alrededor de la chica que permanecía quieta por primera vez desde que había entrado en aquella oficina. Al ver que no decía nada, suspiro por lo bajo—, smile my dear!
Charlie se sobresaltó cuando Alastor la tomo por la mano dándole varias vueltas, hasta que por fin una suave risa se le escapó.
—Recuerda que nunca estás completamente vestida sin una sonrisa —canturreo para inclinarse y darle un sutil beso en el dorso de la mano.
Charlie sonrió de medio lado, retirando con sutileza su mano.
—Gracias, Al, necesitaba distraerme un poco —rió al decirlo sin borrar su sonrisa.
Alastor al verla más despejada, sonrió más tenuemente.
—Lo que he dicho antes, era en serio—retomo tras unos instantes—, si tu padre no te hace bien, tal vez debas poner algo de tierra, mira a Angel, ¿no quieres que tu relación familiar sea así, cierto? —dijo con curiosidad.
Charle al escucharle, negó suavemente con la cabeza.
—Dudo mucho que algunas vez nuestra relación se parezca a la familia de Angel —musito por lo bajo—. Sabes, si al menos no fuera hija única, mi padre no esperaría tanto de mi.
—Si bueno, también fui hijo único, entiendo un poco ese sentimiento, pero no por ello debes dejar que te consuma. Eres más fuerte que eso, me lo demostraste en la batalla con Vox, no debes dejar que pisen tus sueños, por más ridículos que sean —rió al decirlo, pellizcando la mejilla derecha de Charlie.
—¿Sigues pensado que la redención es ridícula? —pregunto mirándolo caminar hacia su escritorio.
Alastor escuchó la pregunta y aún cuando sabía que la hizo bromeando, no podía evitar pensar en ella como algo real.
—Creo que es imposible pensar eso ahora, inclusive he cambiado mi perspectiva a que es algo perjudicial, en cierta medida —comentó recargándose en el escritorio. Charlie ladeo un poco la cabeza al no entender a lo que se refería—, ¿tu padre te dijo a que venía?
—Quiere hablar sobre el hotel.
—¿Específicamente? Hay muchas cosas aquí, lindura.
—Los... pecadores —dijo ahora con duda.
—¡Eureka! Ahí esta tu respuesta —rió al decirlo para cruzarse de brazos—, quizá tu padre intente hacerte desistir de nuevo con el hotel, porque no quiere que a la larga vayan tantos pecadores al cielo, que el infierno se quede con un número más reducido.
—No creo que eso alguna vez sea posible Alastor —dijo incrédula ante la idea.
—¿Por qué no? ¡Sueña en grande Charlie! —rió levantando los brazos en alto—. Eso nunca te ha detenido antes.
—Lo se pero aún así, imaginar que un número abrumador deje el infierno solo por redimirse, es imposible, Al.
Alastor rió abandonando su lugar en el escritorio.
—El cielo, es el limite, ¿quieres romperlo un poco? —una sonrisa macabra se hizo presente en su rostro haciendo a Charlie retroceder un paso.
—Mmm... entonces —musitó tras un momento, tratando de entender lo que Alastor trataba de decirle—, ¿papá está preocupado de que en algún punto el infierno se vacíe?
—No precisamente vaciar, pero si llegar a un punto donde no haya tantos pecadores para los tratos, recuerda cómo son las cosas aquí abajo —apuntó deteniéndose frente a ella—, solo imagínate el escenario donde los más grandes, como yo o inclusive tu padre, perdamos poder por el hecho de que no haya suficientes almas aquí abajo para crear o mantener los tratos —le dijo manoteando un poco para dar énfasis—, no es un escenario muy alentador, ¿cierto? Ahora imagina esto —comentó liberando una leve estática, rodeando con su brazo izquierdo los hombros de Charlie
Ella simplemente miro como sobre su cabeza se manifestaba una imagen borrosa donde se mostraba Ciudad Pentagrama.
—Si por algún motivo, la capacidad del infierno, anda por el 50%, lo cual siendo sinceros, es ridiculo —Charlie rio a su lado—, los overlords, que necesitan almas para sus contratos y para poder mantener su poder, se encontraran peleando entre ellos cada vez con más frecuencia —la imagen Ciudad Pentagrama pronto se convirtió en un campo de batalla—, hasta que en algún punto, la poca civilización que quede en este basurero, se vaya al traste.
Charlie entonces miró como todo era consumido por el fuego y la imagen se desvaneció en el aire.
—Alastor, ¿por qué me muestras esto?
—¡Espera, preciosa! Aún no termino —rió interrumpiendola—. Y dirás, bueno, siempre llegan nuevas almas al infierno, pero y ¿si estas nuevas almas no desean quedarse aquí? Es más probable que las nuevas almas quieran irse a que las viejas lo hagan —dijo tan seguro de sus palabras, que por un momento abrumó a Charlie—, entonces, las viejas que ya están encadenadas a alguien, ya no nos sirven a los que queremos nuevas, ¿entiendes mi punto? Se haría un desastre, por la alta demanda y la poca oferta.
Charlie negó con la cabeza, apartándose de Alastor.
—Si Al, pero es imposible que alguna vez pase eso —tartamudeo un poco al decirlo pues la mirada penetrante de Alastor comenzaba a ponerla nerviosa.
—Tu padre es un hombre de negocios, bombón, él siempre ve a futuro —dijo sonriendo cada vez más abiertamente—, inclusive si el escenario parece imposible.
Charlie torció los labios sabiendo que Alastor en algún punto tenía razón, sin embargo, seguía sin creer que ese fuera el motivo por el cual su padre iría a verla. De alguna manera sentía que había un motivo mucho más banal detrás de aquella visita.
—¿Era todo? ¿Una consulta rápida? —soltó Alastor cortando el hilo de pensamientos de la chica.
Charlie parpadeo un par de veces antes de entender que quería irse.
—Si... gracias por escuchar —dijo más consternada que aliviada.
Alastor sonrió y sin más salió de la oficina, dejando a una Charlie pensativa. Y mientras el caminaba por aquel solitario pasillo, se pregunto como fue que a su cabeza acudió aquella estupidez, que para empezar, ni siquiera él creía.
Entonces él pensó que quizá solo quería verla pelear una vez más con su padre pese a sus palabras de aliento, no podía negar su propia naturaleza.
Él adoraba ver el caos a su alrededor.
Lo causara él o no.
