Papá. Llevaba tiempo observando la espada que su padre tenía guardada y que le había prohibido tomar.

Kyo. Trunks dejó de prestar atención a la televisión para enfocarse en el niño que estaba junto a él. Ese pequeño curioso que cada diez minutos lo invadía con preguntas.

¿Dónde obtuviste esa espada? Deseaba tener una igual y sí su padre se la regalaba sería aún mejor. Tal vez por tener siete años era imposible creer que lo haría, pero en unos años más sí.

Me la regaló un gran amigo. Al decir esto recordó a Tapion.

Comenzó a relatarle la historia de cómo había llegado a sus manos. La cara de sorpresa de Kyo lo motivaba aún más. En un momento de la conversación se acercó a un enorme librero, tomó un álbum de fotos y comenzó a hojearlo hasta encontrar la imagen del anterior dueño de la espada.

Es él. Indicó

¿Me la regalas algún día? Kyo dejo de lado la foto. Anhelaba esa espada más que nada en el mundo.

Antes de obsequiartela, te enseñaré a usarla.

Lo llevó hasta el patio donde podían moverse sin romper un objeto o lastimar a alguien. Tomó la espada, la desenfundó e hizo un movimiento que fuera fácil de imitar. Intenta hacerlo. Le acercó el puño del arma para que el niño la cogiera.

Es pesada. Respondió. Elevó su energía y logró sostenerla en el aire esforzándose por imitar a su padre en cada paso. Repasó cada movimiento una y otra vez, hasta lograr hacerlo con naturalidad.

Trunks observó con orgullo que el niño daba saltos y creaba combinaciones de ataque. Tenía la respiración agitada por el agotamiento, pero no se detenía, había esperado con ansias ese momento. Sin embargo, el cansancio lo obligó a sentarse en el césped junto a él.

Desde hoy la integraremos a nuestro entrenamiento ¿Estas de acuerdo? Trunks guardó la espada dentro de la funda, por supuesto no iba a permitir que el niño entrenara a solas con algo tan peligroso.

¡Sí! Gracias papá. Iré a lavarme la cara.

Te acompaño. Tu madre aún no se desocupa, por lo tanto ire a descansar unos minutos.

A mamá le encanta ver ese programa. Se quejó en niño recordando que cuando su madre veía la televisión no le gustaba ser interrumpida. Le preguntaré a Evin si jugamos en el jardín.

Buena idea. Estaré en mi cuarto.

Evin y Kyo fueron al jardín a jugar con las raquetas de tenis.

El juego estaba divertido, ahora que Evin podía volar lo hacía más interesante. Los niños se elevaban y dejaban caer, todo en busca de la victoria, a esas alturas ya no importaban las reglas del juego.

Este será el tiro final. Kyo se elevó en el aire y desde ahí tomó la raqueta y golpeó la pelota para marcar el punto ganador.

Con habilidad Evin logró desviarla, pero no calculó que la pequeña pelota cayó justo en la frente de una señora que iba pasando por fuera del jardín y la hizo caer.

Los niños preocupados se acercaron.

¿Se encuentra bien? Evin tomó el brazo de la mujer y la ayudó a levantarse. En en fondo deseaba que la mujer no hiciera un escándalo y estuviera bien.

Pude morir con ese golpe. Reclamó en cuanto asimiló lo ocurrido.

Lo lamentamos mucho. Dijeron ambos niños.

La mujer furiosa, iba acercándose a la puerta de la casa decidida a reclamarle a los padres, cuando los niños la interrumpieron.

Espere. Nuestros padres no pueden recibirla. Kyo estiró sus brazos. Por nada del mundo iba a permitir que diera un paso más.

Eso lo veremos. Acerco su mano al timbre y cuando estaba a centímetros de tocarlo. Evin la interrumpió

Esta bien, iremos a buscar a mamá. La pequeña jovencita de casi quince años, hizo una señal a su hermano para que entrará a casa con ella. Su intención no era informarle a sus padres, tenía que ganar tiempo mientras pensaba en un plan.

¿Estás segura de lo que haces? No importa a quién de los dos se lo digamos. De todas formas tendremos problemas.

No lo sé. Podríamos intentar con mamá. Ella es un poco más flexible. Fueron hasta el salón donde estaba su madre viendo la televisión. Se detuvieron en el marco de la puerta, no querían ingresar y mucho menos interrumpirla ¿qué haría? Ya le había advertido que, si tenía un mal comportamiento o recibían un reclamo, no le permitirían salir el fin de semana y se quedaría sin celular.

Tendremos que decirle a nuestro padre. Hablo Evin resignada. Sabía que era una mala idea, pero tarde o temprano se enteraría.

Aún indecisos fueron al cuarto matrimonial donde estaba su padre. Abrieron la puerta despacio. Ahí estaba, acostado sobre la cama, con los brazos abiertos, completamente dormido. Ocupaba todo el espacio.

Kyo miró a Evin y luego a su padre ¿en serio iba a despertarlo? No pudo evitar enfocar su mirada en el cinturón que tenia puesto. Tembló un momento, aunque utilizará sólo su mano se aseguraba de dejar claro lo que no estaba dispuesto a permitir. Hace varios meses que no recibía un castigo y le hubiera gustado continuar así ¿se enfadará si le decimos lo que ocurrió? La excusa del accidente no funcionaba desde hace años, pero esta vez en realidad había sido un accidente. En el último castigo le había sumado el prohibirle ir a casa de su abuelo a entrenar.

No le digas. Kyo susurro lo más que pudo para no despertar a su padre.

Salieron del cuarto en silencio, con la cabeza agachada ¿ que harían? ¿A cuál de ellos le dirían que una señora quería darles un reclamo de sus hijos?

Hasta aquí dejo el capítulo….espero sus ideas… bye.