Tal como dijo Charlie, no transcurrió ni una semana cuando Lucifer tocó a la puerta del hotel, sobresaltando a más de uno por su inesperada visita.

Inclusive Alastor llego a pensar que no se presentaría luego de que ese par de días transcurrió sin nada importante. Y aún así, estaban todos en el gran salón por petición del mismo Lucifer, quien no paraba de sonreír y alardear de un tema que hace rato había dejado de prestar atención.

—Entonces, Angel —apenas escuchar el nombre de su novio salir de sus labios, Alastor le dirigió una mirada rápida al hombre rubio, que al ver que tenía la atención del hombre de rojo, sonrió más ampliamente—, así que eres pareja de radio demon, ¿no?

Angel parpadeo un par de veces, mirando de su pareja al rey del inframundo.

Era cierto que el mismo se cuestionó al principio que hacía en esa junta donde solo deberían estar Charlie y Alastor; pero tras ver como Vaggie se quedaba para apoyar moralmente a su novia, supo de inmediato que no podía quedarse atrás. En especial por que Alastor parecía más interesado en cualquier otra cosa que estar en ese lugar.

—Si —dijo quedito. Ciertamente aún le intimidaba un poco la presencia de Lucifer, por no decir que le aterraba.

—Es curioso, ¿que te hizo fijarte en él? —volvió a preguntar entrelazando sus dedos sobre la mesa.

Charlie le dirigió una mirada a Vaggie y está entendió de inmediato.

—Su majestad, con todo el respeto con el que me puedo dirigir a usted —dijo de pronto Alastor al ver el intento de intervención que Charlie quería hacer—, eso no le concierne. Dediquese a preguntar lo referente a este establecimiento —adviritio ya un poco exasperado por la atención innecesaria sobre su pareja.

Una gran sonrisa se curvo en el rostro de Lucifer.

—No pensé que te daría pena que te presumiera tu... pareja —comentó ladeando un poco la mirada, centrando su atención en Angel de nuevo, para el disgusto de Alastor—, pero bueno, tocare solo lo referente al hotel —Angel se cohibió un poco en sitio al notar la penetrante mirada de Lucifer.

Alastor frunció el ceño, mirando de reojo hacia Charlie, esta al ver la reacción de Alastor, se aclaró la garganta.

—P-padre, ¿a que viniste exactamente?

Lucifer entonces miro hacia su hija.

—Vine por que llegaron a mis oídos, que alguien se negó a redimirse —Angel curvo sus labios en una mueca extraña que ninguno en la sala supo identificar que quería decir—, así que quería ver con mis propios ojos quien había sido.

—Bueno... no todo el mundo está obligado a redimirse-

—Sigo pensando que es una ridiculez hija —corto ahora mirándola pesadamente, a su lado Vaggie frunció el ceño—, este chico, es la prueba de que no importa cuánto lo intentes, este proyecto está destinado a fracasar.

—O-oiga —interrumpió Angel al ver como Charlie se encogió en su sitio—, que me haya querido quedar... no tiene nada que ver con el trabajo que Charlie hace aquí.

—Yo no lo veo así.

—De mente muy limitada —soltó Alastor atrayendo la atención de todos.

—¿Que dijiste? —siseo Lucifer mirando hacia Alastor que ni siquiera se tomaba la molestia de verlo

—Mente muy limitada —repitió sonriendo con burla, mirando sus uñas.

—Padre, no estoy de acuerdo contigo —se metió Charlie poniéndose de pie de golpe, al ver la atmósfera que se había formado entre ambos demonios—, hemos rehabilitado con éxito a treinta y tres demonios. Hay muchos más esperando por su oportunidad y si Angel decidió quedarse, fue por un motivo personal, esa es decisión fue suya pero el tenía permitida la entrada a Heaven.

Lucifer al ver a su hija negó sutilmente con la cabeza.

—Tal vez tu amigo hizo bien en negarse —dijo desde su lugar cruzándose de brazos—. Heaven no es como lo pintan Charlotte. Ese lugar se rige por reglas muy estrictas, no puedes pensar por ti mismo, pierdes tu voluntad para vivir en la nada. Condenas a las almas en ese sitio a una eternidad atadas a una existencia vacía, ¿de verdad no entiendes porque no aceptó esto?

—Aún si es así —interrumpio Alastor—, ellos estarían vivos, ¿no? Ese es el principal objetivo de este hotel, evitar la sobrepoblación y las purgas anuales.

—Date cuenta de lo que dices Alastor —gruño Lucifer ahora poniéndose de pie él.

—¿Desde cuando te importan tanto las almas Lu? Tienes muchas a disposición, ¿y que si se van? —insistió Alastor notando el aura asesina de Lucifer.

—¿Y dejar que renuncien a su voluntad? ¿Doblegarse para poder vivir en un sitio tranquilo? No les están ofreciendo libertad, solo esclavitud —recrimino golpeando la mesa con la mano, sobresaltando a Angel y Charlie.

Alastor se quedó callado un momento. Pues si debía ser sincero, eso era algo en lo que no había pensado y de hacerse la idea de que Angel pudo parar allá y terminar siendo alguien sin voluntad, le dio escalofríos.

—Pero a pasado tanto tiempo desde que estuviste allá, padre —comentó Charlie. Lucifer al escucharle rió sutilmente.

—No digas tonterías, manzanita. Las cosas en ese sitio no cambian por más que pasen los siglos, ¿por qué habrían de hacerlo? —inquirio burlesco.

—Por qué tu les diste la idea —dijo Alastor cruzándose de brazos—, de verdad crees que querrían que cada cierto tiempo un loco con aires de grandeza se levante y arme un revuelo en un lugar sacro, ¡por supuesto que no! —rió al decirlo negando con la cabeza, Lucifer entonces se vio tentado a saltar sobre la mesa y apretarle el cuello—, muchas cosas cambiaron desde que te fuiste, eso te lo puedo asegurar.

—Alastor —advirtió frunciendo levemente el ceño.

—Y su tu preocupación por las almas que suben es que puedan perder su voluntad, dudo mucho que a ellos realmente les importe. Siempre preferirán un lugar mejor al que le estamos ofreciendo aquí —resolvió sin mayor importancia ocasionando que Lucifer le asesinara con la mirada.

Vaggie al ver como no llegarían a ningún lado le musito a Charlie que mejor hablara ella a dejarlo en manos de Alastor.

—Padre, ellos quieren esto, ellos desean ir a Heaven, ¿por qué negarles esa oportunidad?

Lucifer miró a su hija, abrió la boca y la cerró. Miró como la chica a su lado le sostenía la mano con fuerza y no pudo evitar que un gruñido se le escapara de la boca.

—Es una estupidez —repitió logrando que Alastor rodara los ojos—, sin embargo —dijo de inmediato, como si meditara lo que estaba por decir—, si deseas continuar con esta tontería, me temo que no me queda de otra que aceptarla.

—¿En serio? —soltó incrédula por escuchar esas palabras de la boca de su padre—, pero tú-

—No la apoyaré, no tendrás mi protección, simplemente, dejare que tu sola te des cuenta de tu error a su tiempo —dijo sin más encogiéndose de hombros.

—No se preocupe por eso su majestad, yo me encargare de que nada le falte a su hija —dijo Alastor con una gran sonrisa. No conforme con la respuesta, pero al menos algo satisfecho de saber que ese proyecto no cerraría en un futuro próximo.

Lucifer entonces le dedicó una mirada rápida a Alastor.

—Si no fuera porque estas con ese chico, te advirtiera que te mantuvieras alejado de mi hija y de la novia de mi hija —apuntó mirándolo con molestia—, pero veo que no será el caso.

—Se lo imagina, papi suegro —rió al decirlo ocasionando que Angel y Charlie rieran por las palabras que acababa de soltar.

—Mira tu, cabrón-

Ante de siquiera terminar de hablar la puerta se abrió y por esta cruzo Dazzle a paso apresurado.

—Oh, ¿ya llego? —pregunto a lo que Dazzle asintió con la cabeza entregandole una nota.

—¿Papá? —preguntó Charlie mirándolo abandonar su sitio y seguir a Dazzle unos pasos hasta detenerse en la puerta.

—Invite a un amigo, espero no les moleste, pero él insistió en que quería conocer este lugar y cuando le dije que vendría... —dijo rodando los ojos—, no puede evitarlo.

De pronto esta se abrió de nuevo y Stolas entró con su gran porte mirando el interior de aquella sala.

—Quien haya decorado este lugar, tiene muy buen gusto, ya es mucho decir viniendo de mí —comentó mirando a los presentes, deteniendo su mirada en Angel—, ¡mi dulce terrón de azucar!

—Hola, plumitas —saludo Angel encongiendose un poco en su sitio.

—¿Plumitas? —murmuro Alastor mirando a Stolas acercarse hasta Angel quien ya se había puesto de pie y era interceptado por el búho.

—Ha pasado un largo tiempo, me enteré de que tienes un novio y que Val renuncio a tus derechos —rió al decirlo—, de haberme dejado comprar tu libertad hace un par de décadas, seguramente estarías conmigo ahora.

Alastor al ver la familiaridad con la que se trataban, sintió una sensación extraña nacer en su interior. Debía admitir que con Tyco había sido algo similar, pero con Stolas, de alguna manera esa sensación se había intensificado.

—Si jaja —rió incómodo sintiendo como la presencia hostil de Alastor iba creciendo—, dudo mucho que a tu señora le hubiera gustado tener a... bueno, a mi metido en su casa —aclaró soltando sus manos de las de Stolas, que lo sostenían con efusividad.

—¡Cierto! Pero hablando de, tenemos mucho que hablar y- —de pronto ladeo la cabeza y miró hacia Alastor que tenía el mentón recargado en el dorso de su mano, observandolos a ambos—, ¡Alastor! Esto si que es una sorpresa.

Al notar el sarcasmo en el tono de voz que empleo, solo lo hizo enojar un poco más.

—Veo que sigues creyéndote el rey del universo —comentó con burla mirando a Stolas acomodarse su traje.

—¿No estarás hablando de ti? —apuntó reverenciando un poco sin separar su mirada altanera de la furiosa de Alastor.

—Stolas —llamo Lucifer apretando el puente de su nariz al ver la actitud de su invitado—, deja a la pareja de Alastor, ¿no ves cómo está el pobre hombre?

Stolas apenas escuchar pareja miró de Angel a Alastor y viceversa un par de veces.

—Terroncito, pense que tenias gustos... más refinados —comentó mostrando cierto desconcierto—, debiste aceptar mi propuesta, es más, nunca es tarde para eso-

Apenas hacer un intento de acercarse a Angel, Alastor se puso de pie y tomó a Angel de uno de sus brazos, tirando de él para alejarlo de Stolas, poniéndose entre ambos.

—Alejate de él, ¿o debo ser yo quien te haga alejarte? —amenazó liberando una suave onda de estática.

Stolas rió burlonamente dando un paso hacia atrás. Había creído que le dijeron de broma que el novio de Angel era Alastor, pero al ver la reacción del demonio de la radio, no le quedó duda alguna.

—Ciertamente no lo entiendo, pero les deseo la mejor de las suertes —dijo para comenzar a alejarse, entonces reparto en Charlie y se inclinó sobre ella apretando sus mejillas tras darle un beso en la cabeza—, un gusto verte a ti también preciosa, cada vez más hermosa dulce Charlotte.

—Gracias, Sr. Stolas —dijo con una enorme sonrisa—, ¿que hay de su hija?

—Oh, está en ese edad en la que no me puede ver ni en pintura —río al decirlo, entonces ladeo sutilmente la cabeza sin despegar la mirada de Charlie—, espero que el acontecimiento ocurrido hace un tiempo no te haya hecho odiarme lindura

—¡Por supuesto que no! Se como funcionan los tratos, no se preocupe por eso —afirmo con una gran sonrisa. Stolas le volvió a dar otro beso en la cabeza tras soltar un suave suspiro, aliviado de que la dulce Charlotte no guardara rencor por la destrucción del hotel anterior.

Reparó en la mirada de advertencia de Lucifer y rió para sus adentros. Sabía lo sobreprotector que podía ser así como lo mezquino, por lo que se hapiadaba un poco de Charlie. Camino hacia Lucifer deteniéndose frente a él, arrepintiéndose un poco de haber insistido en hablar con él.

—¿Qué querías discutir conmigo con tanta urgencia? —pregunto Lucifer cruzándose de brazos.

—¿Sabes? Es una fortuna que haya tanta gente porque tal vez así-

—Stolas —le cortó al ver como quiso hacer uno de sus monólogos.

—Perdi el libro —apenas pronunciarlo, Lucifer sonrió casi burlonamente.

—Lamento tener que pedirte esto pero ¿puedes repetirme lo que acabas de decir, por favor?

Stolas trago con algo de dificultad.

—Yo perdí el libro —dijo esta vez con menos fuerza, pero bastante seguro de haber sido escuchado.

Lucifer por su parte miró hacia los presentes y volvió a apretarse el puente de la nariz.

—¿Dónde está? —preguntó entendiendo que la insistencia de Stolas por venir ese día, había sido meramente para asegurar su integridad.

—Eh... esa es una pregunta curiosa porque justamente el otro día-

—¡Stolas!

—En manos de unos imp —soltó rápido esperanzado de no haber sido escuchado, pero al ver la expresión de Lucifer, supo que era un caso perdido.

—Recuperalo y dale un castigo acorde a esos demonios de bajo rango, como me entere que no lo hiciste porque quizá ya te enredaste con uno de ellos —advirtió tomándolo por el moño de su traje ya sabiendo de su impertinencia—, te quedaras sin plumas y lamentaras mucho tener ese asqueroso apetito sexual, ¿te quedo claro? —pregunto con sus ojos rojos clavados en la figura temblorosa de Stolas.

—S-si su majestad

—Me alegra que entiendas —sonrió quitando toda hostilidad, palmeando sutilmente el rostro de Stolas tras soltarlo—, si era todo, te puedes ir.

Stolas volvió a asentir una vez más con la cabeza y dedicó una rápida mirada a Charlie, la cual le despidió silenciosamente.

—Oh, una cosa más Stolas —este se detuvo en la puerta mirando hacia Lucier—, no se puede repetir esto nunca más, porque la siguiente vez la pagaras tu.

Stolas simplemente se fue dejando a los presentes tan callados que se podía escuchar las voces de los que cruzaban por afuera del salón. Sin embargo, Alastor no soporto más ese silencio y soltó una fuerte risa, sobresaltando a más de uno.

—Veo que no pierde su toque, su majestad —comento sin borrar su gran sonrisa.

—Cuida el tono con el que te diriges hacia mi, radio demon —advirtió caminando hacia su hija—, Charlie, no me harás aceptar en un futuro cercano que este proyecto es algo necesario, pero te dejare continuar con él todo lo que quieras hasta que entiendas, cómo funcionan realmente las cosas.

Ellas solo asintió con su cabeza y sin poder darle respuesta, su padre se marchó.

—Salió mejor de lo que pensé —murmuró Vaggie apretando sutilmente la mano de Charlie, aún algo intimidada por la amenaza dada por el padre de su novia a otro overlord.

—Al menos... no fue tu escenario Alastor —bromeo Charlie, sintiendo su cuerpo temblar.

—Al menos aún no, ¿sabes de qué libro hablaba Stolas? —quiso saber, pues por la forma que reaccionó Alastor, debía ser importante.

—El libro que te permite cruzar al mundo de los humanos y hacer todo tipo de pactos entre humanos y demonios —respondió Angel, recibiendo una mirada interrogativa por parte de Alastor—, lo mire hace un tiempo...

—El libro de Salomón a estado por generaciones en la familia del Señor Stolas, no entiendo como fueron capaz de robarle —musitó Charlie pensativa.

Alastor asintió sutilmente con la cabeza antes de dibujar una sonrisa burlona en su rostro.

—Yo si me lo imagino —rió Alastor caminando hacia la entrada del salón—, ¿cierto? Terroncito de azúcar.

Angel rió negando con la cabeza, un poco abochornado.

—Es obvio que te ha molestado mucho —apuntó Vaggie caminando junto a Charlie detrás de ellos.

—¿Molestarme? Tonterías —dijo sin perder su porte en ningún momento.

—Sip, esta celoso —rió Angel colocando a un lado suyo—, pero no harás que lo admita.

—Esta bien sentir celos Alastor, es normal —comentó Charlie mirando a Alastor crisparse un poco.

—¡Ja! ¿Quién está celoso? —inquirio negando con la cabeza—, eso no tiene sentido.

—Claro, abuelo —rió Vaggie —, nos vemos más tarde.

—Adiós Chicos —dijo Charlie para irse junto a Vaggie.

Angel se despidió de ellas y siguió a su novio que simplemente parecía no escuchar razones.

—Al, vamos, no estés molesto, fue hace mucho y no significo nada.

Alastor frunció el ceño de forma casi imperceptible apenas una imagen de mal gusto le cruzó por la mente.

—No lo estoy y si insistes con el tema, realmente me harás enojar —advirtió deteniéndose para encarar a su novio.

Angel se detuvo en seco.

—Bien, pero sabes que si algo te molesta o te hace sentir incomodo, ¿me lo puedes decir? —pregunto esta vez más serio.

—Si, si —musitó sintiendo de pronto como Angel le abrazaba—, te digo que-

—Eres tan adorable Ali —rió acariciando su espalda—, aquí estoy bebé.

—Ugh, eres tan molesto —gruño abrazandolo.

Alastor sabía que ese sentimiento que quemaba su pecho y dolía en su garganta eran celos, pero no lo admitiría, al menos no tan fácilmente; sin embargo, le reconfortaba un poco el saber que en ese preciso momento, no había nadie más para Angel que no fuera él.

Y con eso estaba más que bien.