Todos los personajes y la historia pertenecen a JK Rowling
POV HARRY POTTER 14
Cuando me desperté, me encontré en el despacho de Dumbledore. Antes de que pudiera abrir la boca, Dumbledore empezó a hablar.
—Antes de que empieces a preocuparte por tus amigos, te diré que Fawkes se llevó de la Cámara a Violet, Ron, Lockhart y Taurus. Yo os teletransporté a ti y a Ginny mediante una aparición. He vuelto a activar la barrera mágica en Hogwarts para impedir que los magos se aparezcan. —dijo Dumbledore comiendo un trozo de pastel.
No entenía ni la mitad de lo que estaba diciendo. ¿Cómo es que un pájaro del tamaño de un cisne tiene la fuerza de transpotar a cuatro personas? ¿Qué es eso de teletransportarse, aparecerse y barrera mágica? Pero decidí no interrumpirle y que siguiera hablando.
—Tus amigos y el profesor están en la enfermería recuperándose. ¿Puedes contarme lo que pasó? —me preguntó Dumbledore.
—Entramos Taurus, Ron, Violet, Lockhart y yo a la cámara. Hubo un derrumbe que hizo que me separara del resto. Aunque luego Taurus se unió a mi. En la sala en la que maté al basilisco estaba Ginny tumbada junto a Tom Riddle. Nos confesó que era Voldemort y que ella fue la que abrió la cámara hechizada por él.—
—Es cierto, Tom Riddle fue mi alumno cuando era profesor de Transformaciones. Luego pasaría a autodenominarse como Lord Voldemort —dijo Dumbledore —, Lo que me intriga es saber cómo se las arregló lord Voldemort para embrujar a Ginny, cuando mis fuentes me indican que actualmente se halla oculto en los bosques de Albania.—
—Fue el diario —dije señalando el diario que yacía encima de la mesa del despacho de Dumbledore—. Riddle lo escribió cuando tenía dieciséis años, lo impregnó con sus recuerdos y manipuló a Ginny.—
—Cuando me encontré con Taurus, estaba inconsciente. Le desperté un momento, para que me dijera lo que había pasado. No recordaba nada, será mejor que no le digas nada. —dijo Dumbledore.
—¿Por qué no? ¡Es un héroe! Salvó primero a Ron y a mi hermana y luego me ayudó contra el basilisco. Merece saber la verdad. —dije.
—No es buena idea que sepa que Voldemort sigue vivo. Podría decírselo a su padre, y éste decírselo a sus ex-compañeros de su etapa de mortífago. Existe el riesgo que si pasa lo que te estoy diciendo, ayuden a Voldemort a recuperar sus poderes.
—Pero... —traté de protestar, es cierto que Taurus odia a los hijos de muggles, pero directa o indirectamente nos había ayudado en varias casos.
—Es lo mejor, créeme. —dijo Dumbledore posando una mano en mi hombro.
—Está bien, no le diré a Taurus que Voldemort sigue vivo. —dije confiando en el buen juicio de Dumbledore. —Por cierto, el profesor Lockhart no creo que pueda dar clase el año que viene, se autoborró la memoria.—
—Así que necesitamos un nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. Vaya, parece que no nos duran nada, ¿verdad? —dijo pensativo. —Te sugiero que vayas a la enfermería aver a tus amigos. La señora Pomfrey está a punto de dar la poción de mandragora a los petrificados , yo mientras escribiré a Azkaban: necesitamos que vuelva nuestro guarda. Y tengo que redactar un anuncio para El Profeta. —añadió.
Me levanté y se dispuso a salir. Pero apenas toqué el pomo de la puerta, ésta se abrió tan bruscamente que pegó contra la pared y rebotó.
Lucius Malfoy estaba allí, con el semblante furioso; y también Dobby, encogido de miedo y cubierto de vendas.
—Buenas noches, Lucius —dijo Dumbledore amablemente.
El señor Malfoy casi me derriba al entrar en el despacho. Dobby lo seguía detrás, pegado a su capa, con una expresión de terror.
—¡Vaya! —dijo Lucius Malfoy, fijos en Dumbledore sus fríos ojos—. Ha vuelto. El consejo escolar lo ha suspendido de sus funciones, pero aun así, usted ha considerado conveniente volver.
—Bueno, Lucius, verá —dijo Dumbledore, sonriendo serenamente—, he recibido una petición de los otros once representantes. Aquello parecía un criadero de lechuzas, para serle sincero. Cuando recibieron la noticia de que la hija de Arthur Weasley había sido asesinada, me pidieron que volviera inmediatamente. Pensaron que, a pesar de todo, yo era el hombre más adecuado para el cargo. Además, me contaron cosas muy curiosas. Algunos incluso decían que usted les había amenazado con echar una maldición sobre sus familias si no accedían a destituirme.—
El señor Malfoy se puso aún más pálido de lo habitual, pero seguía con los ojos cargados de furia.
—¿Así que... ha puesto fin a los ataques? —dijo Lucius con aire despectivo—. ¿Ha encontrado al culpable?
—Lo hemos encontrado —contestó Dumbledore, con una sonrisa.
—¿Y bien? —preguntó bruscamente Lucius Malfoy—. ¿Quién es?
—El mismo que la última vez, Lucius —dijo Dumbledore—. Pero esta vez lord Voldemort actuaba a través de otra persona, por medio de este diario. Levantó el cuaderno negro agujereado en el centro, y miró a Malfoy atentamente. Yo también, al ver su rostro horrorizado, se me encendió una luz en el cerebro.
¡Taurus sabía que el había abierto la cámara era alguien de Gryffindor! Se le cambió la cara en ese momento cuando supo que Dobby sabía que iban a abrir la Cámara. Llegó a la conclusión que yo estoy llegando ahora. Lucius Malfoy tiró un libro al caldero de Ginny en el día de la pelea del señor Malfoy y el señor Weasley. ¡El libro que tiró era el cuaderno de Riddle!
—Ya veo... —dijo despacio Lucius Malfoy a Dumbledore.
—Un plan inteligente —dijo Dumbledore con voz desapasionada, sin dejar de mirar a Malfoy directamente a los ojos—. Porque si Harry, aquí presente no hubiera descubierto este cuaderno..., Ginny Weasley habría aparecido como culpable. Nadie habría podido demostrar que ella no había actuado libremente...—
El señor Malfoy no dijo nada. Su cara se había vuelto de repente como de piedra.
—E imagine —prosiguió Dumbledore— lo que podría haber ocurrido entonces... Los Weasley son una de las familias de sangre limpia más distinguidas. Imagine el efecto que habría tenido sobre Arthur Weasley y su Ley de defensa de los muggles, si se descubriera que su propia hija había atacado y asesinado a personas de origen muggle. Afortunadamente apareció el diario, con los recuerdos de Riddle borrados de él. Quién sabe lo que podría haber pasado si no hubiera sido así.—
—Ha sido una suerte —contestó fríamente Lucius.
—¿Sabe cómo llegó ese diario a Ginny, señor Malfoy? —pregunté
—¿Por qué iba a saber yo de dónde lo cogió esa tonta? —preguntó Lucius volviéndose hacia mí.
—Porque usted se lo dio —respondí—. En Flourish y Blotts. Usted le cogió su libro de Transformaciones y metió el diario dentro, ¿a que sí?—
—Demuéstralo —dijo Lucius, furioso.
—Nadie puede demostrarlo —dijo Dumbledore, y me sonrió—, puesto que ha desaparecido del libro todo rastro de Riddle. Por otro lado, le aconsejo, Lucius, que deje de repartir viejos recuerdos escolares de lord Voldemort. Si algún otro cayera en manos inocentes, Arthur Weasley se asegurará de que le sea devuelto a usted...—dijo sonriendo con la boca pero no con los ojos.
—¡Nos vamos, Dobby!—dijo Lucius girándose hacia la puerta.
—¿No quieres quedarte un poco más? Draco está a punto de recibir la poción de mandrágora.—dijo Dumbledore.
—Ya veré a mi hijo en casa. —dijo el señor Malfoy y dio un portazo.
Oí a Dobby gritar de dolor por todo el pasillo. Reflexioné un momento, y entonces tuve una idea.
—Profesor Dumbledore —dije deprisa—, ¿me permite que le devuelva el diario al señor Malfoy?—
—Claro, Harry —dijo Dumbledore con calma.
Cogí el diario y salí del despacho corriendo. Me quité un zapato, me saqué un calcetín y metí el diario dentro. Luego me puse a correr por el corredor. Los alcancé al pie de las escaleras.
—Señor Malfoy —dije jadeando—, tengo algo para usted.—y le puse a Lucius Malfoy en la mano el calcetín maloliente.—
—¿Qué diablos...?—el señor Malfoy extrajo el diario del calcetín, tiró éste al suelo y luego me miró con odio—Harry Potter, vas a terminar como tus padres uno de estos días —dijo bajando la voz—. También ellos eran unos idiotas entrometidos. —y se volvió para irse—. Ven, Dobby. ¡He dicho que vengas!—
Pero Dobby no se movió. Sostenía mi calcetín.
—Mi amo le ha dado a Dobby un calcetín —dijo el elfo asombrado—. Mi amo se lo ha dado a Dobby.—
—¿Qué? —escupió el señor Malfoy—. ¿Qué has dicho?
—Dobby tiene un calcetín —dijo Dobby—. Mi amo lo tiró, y Dobby lo cogió, y ahora Dobby... Dobby es libre.
Lucius Malfoy se quedó de piedra, mirando al elfo. Luego me envistió.
—¡Por tu culpa he perdido a mi criado, mocoso! —dijo el señor Malfoy furioso
—¡Usted no hará daño a Harry Potter! —con magia élfica lanzó al señor Malfoy por los aires.
Lucius Malfoy nos dirigió una última mirada de odio, se cubrió por completo con la capa y salió apresuradamente.
—¡Harry Potter ha liberado a Dobby! —chilló el elfo, mirándome muy contento, pero luego se entristeció—. ¡Pero el señorito Taurus se disgustará y le dirá todo a Lucius y lo pagará con el resto de elfos!
—Tranquilo, Taurus estará encantado que desaparezcas de su vida. Al fin y al cabo te considera un traidor.—dije sonriendo.
—¡Pero aún así puede pagarlo con el resto de elfos por venganza! —dijo Dobby a punto de llorar.
—Te digo que no hará eso. Pero para que estés más tranquilo, puedo amenazarlo con desvelar sus actos prohibidos que hace en Hogwarts y fuera del colegio. No hará nada contra tus compañeros elfos, a no ser que quiera que lo expulsen de Hogwarts. —le guiñé un ojo.
Lo dije para tranquilizarle porque sabía que no iba a tener que recurrir a esa amenaza. Estaba seguro que no diría nada que pusiera en riesgo al resto de elfos. No por él, si no por Draco. Por muchas discusiones que tuvieran, por muy fría que estuviera la relación actualmente, Taurus amaba a su hermano sobre todas las cosas. Si hacían daño a los elfos domésticos por chivarse Taurus, el que más sufriría sería Draco y como consecuencia también sufriría Taurus.
—¡Gracias, muchas gracias Harry Potter!—dijo Dobby, una sonrisa amplia, con todos los dientes a la vista, cruzó la fea cara del elfo.
—Es lo menos que podía hacer, Dobby —dije, sonriendo—. Pero prométeme que no volverás a intentar salvarme la vida.—me devolvió la sonrisa.
— Sabe una cosa, señorito Harry. Antes de entrar a Hogwarts, el señorito Draco me trataba casi tan mal como el señorito Taurus. Luego empezó a portarse muy bien conmigo y con el resto de elfos. ¿Cree que algún día el señorito Taurus se portará como el señorito Draco con los elfos?—
—No lo sé. Hay días en que puede ser un demonio y otros días en los que salva a mi melliza. Con Taurus Malfoy nunca se sabe. —dije.
—Agradezca de mi parte a sus amigos y a su hermana por haber ayudado a Harry Potter.¡Adiós, Harry Potter! —se despidió Dobby.
Y dando un chasquido, Dobby desapareció.
