Todos los personajes y la historia pertenecen a JK Rowling

POV DRACO MALFOY 25

Entró Taurus por la puerta del Gran Comedor, causando una conmoción en todos los alumnos que estaban presentes. Parecía que había salido de una guerra, lleno de vendajes y encima no tenía camisa. Me buscó con la mirada y cuando me encontró emitió un suspiro de alivio. Instantes después Ginny Weasley abrazaba a Taurus, arqueé una ceja sorprendido. Sabía que había participado en el rescate de Ginny y por tanto se sentía agradecida la menor de los Weasley, pero no esperaba que tanto. Parecía que Ginny le susurraba algo a mi hermano, pero estaba muy lejos para escucharla.

—Aparta, comadreja. —dijo Taurus con desprecio y apartándola bruscamente. Ésta se retiró a su sitio algo avergonzada.

Eso sí que lo escuché. Vi como Taurus se acercaba cojeando lentamente a la mesa de profesores donde se encontraban los profesores. El Gran Comedor seguía mudo.

—¿Creí que te habían expulsado del colegio, Dumbledore? —dijo Taurus, a pesar de no hablar muy fuerte se escuchaba perfectamente por todo el Gran Comedor por el reinante silencio.

Todos éramos espectadores de la conocida rivalidad entre Dumbledore y mi hermano. Otro episodio de ese duelo parecía que se iba a desarrollar esta tarde.

—Han pasado muchas cosas desde que acabaste en la enfermería, Taurus. —contestó Dumbledore.

—Ya lo veo, ¿podrías ayudarme a comprender por qué estoy tan malherido y por qué la coma ... Weasley me ha agradecido que le haya salvado la vida? No recuerdo hacer tal cosa y menos recuerdo haber sufrido unas heridas de tal gravedad. —dijo Taurus entrecerrando los ojos y estudiando a Dumbledore.

Parecía que lo que contó Dumbledore a Harry acerca de la pérdida de memoria era cierto. Tenía una gasa en el cuero cabelludo, seguramente el golpe que ocasionó esa herida hizo que perdiera la memoria de lo sucedido en la Cámara de los Secretos.

—Ya le informarán más tarde sus compañeros de lo sucedido. Pero ahora aprovechando que estás aquí con nosotros, tengo que hacer un anuncio. ¡Otro año se va! —dijo alegremente Dumbledore—. ¡Qué año hemos tenido! Ahora tenéis todo el verano para estudiar para los exámenes de Septiembre.—

Vi como Taurus hacía una mueca de sorpresa. Se me olvidaba que no se había enterado que los exámenes los había pospuesto.

—Ahora hay que entregar la Copa de las Casas y los puntos ganados son: en cuarto lugar, Slytherin, con 502 puntos; en tercer lugar, Ravenclaw, con 523; Hufflepuff tiene 547, y Gryffindor, 597.—continuó el director.

Una tormenta aplausos estalló en la mesa dónde se encontraban Hermione, Harry y los hermanos Weasley.

—Pero como el año pasado, tengo un anuncio que hacer. Previamente otorgué puntos a los que habían ayudado a eliminar la amenaza que sobrevolaba sobre Hogwarts. Otorgando 100, 50 y 50 puntos a Harry Potter, Ron Weasley y Violet Potter por su valentía.—dijo Dumbledore

Centré mi atención en Taurus, con el ceño fruncido y los labios muy apretados. Dumbledore volvía a sacarle de sus casillas.

—Pero no fueron ellos los únicos en hacer esa valerosa tarea. Sin la inestimable ayuda de Taurus Malfoy, Harry Potter nunca podría haber matado al basilisco. Por tanto, ¡otorgo 100 puntos a la casa Slytherin por el valor y sacrificio mostrado por Taurus Malfoy!—siguió Albus Dumbledore.

Nuestra mesa se levantó como un resorte, incluyendo a Violet y a mi. Aplaudimos con todas nuestras fuerzas y cantamos vivas en su honor. Ya que habíamos comprendido que con esos puntos ganábamos la Copa de las Casas.

—¡VIVA TAURUS! ¡VIVA SLYTHERIN! ¡TAURUS! HURRA—se oía por todo el Gran Comedor los cánticos de Slytherin.

Incluso se escuchaban tímidos aplausos de las otras mesas. La expresión de Taurus fue indescifrable por unos segundos. Pero luego se sintió todavía más molesto si cabe. Si había algo que odiaba Taurus era ser elogiado por algo que creía injusto.

—Lo que significa —gritó Dumbledore sobre la salva de aplausos—, que hay que hacer un cambio en la decoración.—

Dio una palmada. En un instante, los adornos escarlata se volvieron verdes; los de oro, plateados, y el gran león de Gryffindor se desvaneció para dar paso a la serpiente de Slytherin. la gran serpiente se desvaneció para dar paso al león de Gryffindor. Justamente lo contrario a lo del año pasado.

Parkinson, Bulstrode, Crabbe, Goyle, Aquarius y Aries fueron los primeros en acudir donde estaba para mantearle. Aún siendo manteado y vitoreado, reparé que Taurus parecía estar abstraído, su mirada estaba concentrada en la figura de Dumbledore, el Director le devolvía la mirada mientras sonreía. Parecía que estaban jugando a un duelo de miradas a ver quien aguantaba más sin pestañear.

Por fin el curso había finalizado. Les dije a mis amigos que no me escribieran y que no esperaran a que yo les escribiera. Había que dejar pasar el tiempo a que se calmaran las aguas en casa. Cuando me enteré que Harry liberó a Dobby me puse contento, pero también pensé en que ahora no solo odiaría a Hermione, ahora tampoco le haría gracia saber que me relaciono con los hermanos Potter. Ellos lo comprendieron y me desearon un feliz verano antes de entrar al expreso de Hogwarts, Violet y Hermione se despidieron de mi dándome cada una un beso en una mejilla. Sentí que me ruborizaba y más lo sentí cuando les devolví el beso. A Harry y Ron los despedí con un sentido abrazo.

Durante el trayecto del tren, me senté con las hermanas Greengrass, Blaise y Theo. Nos prometimos escribirnos al menos una vez cada dos semanas para mantenernos informados de las andanzas de los demás. Cuando el tren estaba a punto de llegar a nuestro destino, me fui en búsqueda de Taurus que estaba sentado en una cabina con Crabbe, Goyle, Parkinson y Bulstrode. Entreabrí la puerta y escuché a escondidas.

—¿De verdad no recuerdas nada de como venciste al basilisco, Tau? —le preguntó Pansy mientras le acariciaba el cuello.

—Ya te lo he dicho muchas veces y nada ha cambiado. Estaba, junto a mi petrificado hermano, sentado leyendo un libro de la señora Pomfrey me entró sueño, y cuando desperté estaba vendado y con un dolor tremendo por todo el cuerpo. Lo que pasó entre medias de esos momentos no consigo recordarme, por mucho que lo intente. Y créeme que lo he intentado. —dijo molesto consigo mismo.

—Lo importante es que ahora estás bien y que eres un héroe Tau. —continuó Pansy apoyando su cabeza en el hombro de Taurus.

—Un héroe que no recuerda nada de lo que ha hecho para merecerlo. Vaya mierda. —suspiró Taurus. Viendo que la conversación se acababa abrí completamente la puerta.

—Estamos a punto de llegar, Taurus.—dije mirándolo.

—Está bien, Draco. —Taurus se levantó y se separó de Pansy.

—¿Me escribirás, Tau? —dijo Pansy, enrojeciendo sus mejillas.

—No lo creo, Parkinson. —dijo secamente Taurus. Vi como Pansy se quedó en su sitio algo adolorida por el comentario de Taurus.

El tren paró y salimos de los primeros pisando el suelo del Andén 9 y tres cuartos. Ahí nos esperaban mis padres. Madre hizo un gesto para que le abrazara, a pesar de no querer hacerlo delante de Taurus, acabé abrazándola.

—Tenemos que hablar, Taurus. —dijo Padre mientras me revolvía el cabello.

—Lo sé. —respondió Taurus. Acto seguido nos aparecimos los cuatro en la Mansión Malfoy.

—Narcisa, acompaña a Draco a su cuarto. —ordenó Padre mientras miraba intensamente a Taurus.

—Claro, cariño. Ven, mi vida. —me dijo dándome la mano, eché una mirada de soslayo a mi hermano. Padre no parecía feliz y seguramente lo pagaría con Taurus.

—Pero no tengo sueño ... —me quejé. Si estaba presente no se atrevería a pegar a Taurus.

—¡Vete a tu cuarto, ahora! —gritó encolerizado Padre.

Tragué saliva, aún recuerdo cuando a principios de curso estaba envalentonado con decirle la verdad sobre mis amigos a Padre. Todo ese valor se había esfumado.

—Padre y yo tenemos asuntos que tratar. Vete ahora, que yo sí que tengo sueño y quiero irme a la cama cuanto antes. —dijo con voz calmada Taurus.

Nadie pensaría un niño hablaría así segundos antes de saber a ciencia cierta que recibiría una golpiza. Aunque Taurus nunca ha sido muy normal.

—Vamos cielo, y me cuentas lo que has hecho este año. —dijo Madre sonriendo aunque algo nerviosa.

No quise tentar más a la suerte y cogí la mano de Madre. Subí las escaleras con ella y nos acercamos a mi cuarto. Entramos en él y me tumbé en mi cama.

—¿Y bien? ¿Has aprendido algún hechizo interesante, mi vida? —preguntó cariñosamente mi madre.

—Pues ... —mis pensamientos fueron interrumpidos por un grito que provenía de abajo.

—¿QUÉ LE HAS CONTADO A DUMBLEDORE, TAURUS? —oí el grito de mi padre. Después, afiné el oído y oí como algo pesado caía al suelo, seguramente mi hermano. Mi madre se apresuró a cerrar la puerta de la habitación y a insonorizarla. Ya no oí nada más.