Alexa Roman, gracias por la review. No seas tan dura con Draco, ten en cuenta que aún es un niño que aún no ha cumplido 13 años. Es difícil ser valiente a esa edad, y más difícil cuando te tienes que enfrentar a tu padre. Taurus tiene casi un año más que él y es un caso especial.
Un saludo.
Todos los personajes y la historia pertenecen a JK Rowling
POV TAURUS MALFOY 30
Oí los pasos de mi madre y mi hermano y el crujido de las escaleras al aguantar el peso de ellos. Estaban subiendo a la habitación de Draco. Padre cogió su varita de la túnica, estaba muy furioso.
—¿QUÉ LE HAS CONTADO A DUMBLEDORE, TAURUS? —gritó enervado Padre. Sin dejarme tiempo a contestar alzó la varita, conjuró un hechizo no verbal y me mandó a volar con fuerza a la mesilla del salón. No había sido muy duro, pero aún no me había recuperado de mis heridas.
—¿Eh? No le he dicho nada. —dije levantándome del suelo. — Creí que me ibas a castigar por haber ayudado a Potter contra el basilisco, no por algo que no he hecho. —
—¡Eso ahora es lo de menos! ¡Lo que importa es que Dumbledore sabe que fui yo el que le di el cuaderno de Voldemort a la hija de Weasley! ¡Y Potter también lo sabe! ¡Eras el único que lo sabía que tienes contacto con ellos! ¿Qué pasó? ¿Decidiste que estabas harto del trato que te estábamos dando y te aliaste con el enemigo? ¿Es eso, Taurus? ¿Quisiste jugar el papel de héroe, de caballero de brillante armadura de Dumbledore? —
De nuevo, Padre movió su varita y salí disparado, esta vez con más fuerza contra la pared. Por suerte reaccioné a tiempo y me protegí el costado con los brazos. Me levanté nuevamente del suelo y le miré a los ojos.
—Es cierto que ayudé a Potter a acabar con el monstruo, o eso dicen todos. Pero te juro que no he contado nada a nadie. No sé como Potter o Dumbledore supieron que estabas involucrado, pero yo no dije nada. —dije.
Por un momento sospeché de Dobby, pero no le creía tan estúpido como para provocar mi ira. Sabía lo que le pasaría a sus compañeros elfos si se iba de la lengua. Decidí callarme sobre Dobby, debía primero saber como sabían lo que sabían Dumbledore y Potter. Me miró vacilante, pero supongo que la firmeza en mis ojos le convencieron que no sabía nada.
—¿Y cómo destruíste tú o Potter el libro de Voldemort? —preguntó Padre. —Voldemort me aseguró que era indestructible.
—No me acuerdo de nada.—dije avergonzado.
—¡No me mientas, Taurus! —me amenazó Padre con su varita.
—¡Te lo juro, padre! —dije haciendo un último esfuerzo, pero nada no me venía nada a la cabeza. —Estaba sentado leyendo un libro en la enfermería, me entró sueño, me eché una siesta y cuando desperté estaba en una cama de la enfermería vendado y con un dolor tremendo por todo el cuerpo. Es como si la noche en que Potter mató al basilisco no pasara nunca. Dicen que es a causa del golpe que me di en la cabeza, pero es más bien como si ...—una idea se me vino a la cabeza. —... como si alguien me hubiera borrado la memoria. El profesor Lockhart se autoborró la memoria por accidente, quizás me borrara antes a mi la memoria.—
—¡No seas estúpido! ¡Para borrar sólo un día concreto y ser tan preciso sin fastidiar la mente de la víctima hace falta ser un mago muy habilidoso! ¡Y Lockhart es un inútil! —dijo no creyéndome mi teoría.
Otra idea, más loca que la anterior, surgió en mi mente.
—Dumbledore podría hacer eso ... —susurré abriendo los ojos como platos. La idea empezaba a cobrar fuerza. —... el Profeta publicó que la barrera mágica dejó de funcionar esa noche permitiendo las apariciones. Dumbledore pudo aparecerse y borrarme la memoria.—
—¡Deja de decir tonterías! Claro que podría, pero nunca haría tal cosa. Es un santurrón, nunca haría algo tan poco ético como borrar tus recuerdos. ¿Y para qué querría hacerte olvidar? —preguntó Padre-
—¿Cómo supo Dumbledore que estabas involucrado? —pensé en voz alta.
—¡Eso es lo que te he preguntado antes! —Lucius empezaba a impacientarse
—Yo no se lo dije a nadie, pero yo sabía que estabas involucrado. —reflexioné. Me mordí las uñas, era un tic que tenía cuando me ponía a pensar a toda prisa.
—Ya te oí cuando anunciabas tu inocencia—dijo Padre de manera sarcástica, cruzándose de brazos.
—Hace un tiempo, Dumbledore me preguntó si sabía algo acerca de la Cámara o del heredero. Obviamente, le mentí y le dije que no. Pero la mirada que me echó ..., él sabía que yo sabía algo. Y luego pasó algo ...¡me empezó a doler la cabeza! ¡Yo nunca he tenido jaquecas hasta ese día! —dije sonriendo. Había conseguido juntar las piezas del rompecabezas.
—¿A dónde quieres ir a parar, Taurus? —me preguntó Padre, interesado.
—No soy un experto en Legeremancia y Oclumancia, pero sé lo básico. A la mayoría de las víctimas a las que se le lee la mente no se enteran nada. Es inocuo, sin efecto alguno. Pero, hay un porcentaje pequeño de magos, proclives a aprender Oclumancia, que cuando les leen la mente sienten un punzante dolor en la cabeza. —dije mirando fijamente a mi padre. Por primera vez se le relajó el rostro y me miró con una sonrisa.
—¿Estás insinuando lo que creo que estás insinuando? —me preguntó Padre con una sonrisa de oreja a oreja.
—No lo insinúo, Padre. Estoy seguro de ello. Esa noche, no sé como, averigüé que Dumbledore me había leído la mente. Quizás me volvió a leer la mente y al verse descubierto, me borró la memoria para no dejar rastro de sus actos. —dije apretando los puños.
—Eso es una acusación muy seria. Si resulta que es verdad, no sólo perdería el puesto de director de Hogwarts, podría acabar en Azkaban. —dijo Padre dando vueltas por la habitación.
—¿Y cómo lo pruebo? —dije dispuesto a acabar con ese viejo bastardo. Padre me observó con una sonrisa perversa.
—Recordando, Taurus. Recordando. Pero para recordar algo que ha sido borrado , sé es necesario ser un experto en oclumancia. Tengo que reconocer que no estoy surtido en tal arte. —miré al suelo decepcionado, quería hacérselas pagar a Dumbledore.—, pero... —sentí como una rayo de esperanza me alumbraba. —conozco a un par de expertos oclumánticos. —dijo Padre mostrando sus dientes.
—¿A quién Padre? —pregunté ansioso.
—Uno es Severus Snape.—dijo Padre.
—Ni pensarlo, no me fío de él, podría contarle a Dumbledore.—me negué en rotundo.
—Es un amigo de la familia, jamás nos traicionaría por Dumbledore—continuó Padre.
—La gente cambia, lleva trabajando mucho tiempo al lado del viejo. —expliqué. Además mi instinto me decía que me mantuviera alejado de él.
—Te digo que ... —le interrumpí no queriendo discutir el tema.
—¿Quién es el otro?—pregunté esperando que Padre se olvidara de Snape. Me miró furioso por mis malos modos, pero hizo caso a mi petición y me dijo su nombre.
—Donovan Mitchell, es un hombre de casi 50 años que vive en Seattle, . Pero se le conoce más por su apodo, la Araña. Aunque prefiere su traducción al inglés, Spider.—dijo Padre
—Perfecto. Dile que se venga aquí a enseñarme.—dije entusiasmado.
—No vendrá. Desde que murió Voldemort, se ha recluido en un templo a las afueras de Seattle. Vive como un monje budista, no se mueve de allí y no acepta visitas de nadie. —me explicó Padre.
—¿Pero entonces ...? —volví a desilusionarme. Al final me iba a tocar que me enseñara Snape.
—Le salvé la vida durante la Guerra Mágica, allá por 1979. Es hora de cobrarme esa vieja deuda. —dijo Padre. —Por desgracia, Seattle está muy lejos de Inglaterra. No podré aparecernos hasta ahí. Tendremos que usar esos pájaros metálicos o, cómo los despreciables muggles los llaman, aviones. —
Había oído de los aviones por todos los libros que me había leído de los muggles. Pero nunca me había subido en uno. Por muy mala que fuera la experiencia. valdría con creces la pena si me acerca en mi objetivo de vengarme de Dumbledore por jugar con mi mente.
Hasta ahora, Dumbledore y yo estábamos jugando una partida desigual de ajedrez. Él siempre iba dos movimientos por delante de mí. Era hora de cambiar las tornas.
