Alastor estaba nervioso, no lo iba a negar, después de que Charlie le aseguro que se encargaría de todo, no pensó que literalmente lo haría todo.

Y mientras veía como le explicaba al último grupo de huéspedes como debían de actuar en unos cuantos días, la sensación de arrepentimiento volvió a él con fuerza. No le molestaba que otros supieran sus intenciones para contraer nupcias con lo que el consideraba, el demonio más maravilloso de todo el infierno, es más lo veía beneficioso por si algún curioso aún querían algo con su pareja.

El problema estaba precisamente en involucrar a los del hotel, si alguno llegaba a mencionar por accidente lo que se tenía planeado para ese día, todo se iría al traste y realmente no quería que Angel se enterara por incompetencia ajena.

—¡Listo, Al! Solo falta preparar el lugar —comentó con orgullo la chica trayéndolo de regreso.

Alastor asintió sutilmente con la cabeza antes de aclararse la garganta.

—¿Segura que es buena idea que los inquilinos nos ayuden? —volvió a preguntar viendo a varios alejarse.

—¡No te preocupes Alastor! Ellos prometieron guardar el secreto —dijo con una gran sonrisa poniendo las manos en las caderas.

Oh linda, a veces olvido que eres tan ingenua

—Bueno, supondré que les dijiste que devoraría su alma de cometer esa falta, ¿cierto? —preguntó dejando entrever que de ser necesario él mismo iría a decirlo.

Charlie al escucharle rió un poco.

—Si —afirmo con una gran sonrisa—, se mostraron más cooperativos cuando mencionaba eso, curioso, ¿cierto? —bromeó con una gran sonrisa.

Alastor simplemente regresó el gesto.

—¿Y qué haré yo? —pregunto curioso ya sabiendo que casi todos tenían un rol en todo ese disparate que Charlie había planeado—, quiero decir, no se en donde estaré o si tendré algún rol más que estar hecho un desastre.

Charlie quiso reír por lo que dijo Alastor, pero en su lugar dejo que cierta duda tomará la palabra.

—Al, no quiero sonar muy obvia y se que posiblemente, ni siquiera tenga sentido lo que te dire pero, ¿ya conseguiste el anillo? —preguntó entrelazando sus dedos.

Ante esa pregunta, Alastor sudo frio.

—¿A-Anillo? —tartamudeo sin querer.

Ante esa respuesta, Charlie le vio incrédula.

—¿No lo has conseguido? —volvió a preguntar ahora un poco preocupada.

Alastor al verse en descubierto, se sintió increíblemente nervioso.

—¡Tonterías! Claro que lo tengo —rió nervioso pensando rápidamente que hacer—, ¿sabes qué? Debo ir a otro lugar, un asunto pendiente, ¿ya sabes no? ¡Dime luego el plan para mí!

Y antes de dejar que ella dijera algo, se fundió en una sombra saliendo del hotel, dejando a una Charlie totalmente enternecida de verlo tan nervioso.

Sin lugar a dudas era esa una faceta totalmente diferente de Alastor y le alegraba verla.

Por otro lado, Alastor apareció frente al emporio de Rosie, asegurándose así estar lejos de ojos curiosos.

No quería seguir recurriendo a ella tan frecuentemente, pero no le quedaba de otra, dado que su fuerte no era regalar objetos materiales.

Pero antes de siquiera pensar en entrar la puerta fue abierta y un hombre alto salió por esta, chocando miradas con Alastor, que sintió como todo nerviosismo abandonaba su cuerpo y se transformaba en hostilidad.

—¡Alastor!, ¿como va todo? —saludo Tyco con una gran sonrisa, pero contraria a su actitud, Alastor no le saludo de igual forma.

—Si me disculpa caballero, pero llevo algo de prisa —anunció intentando pasar por su lado, pero Tyco no se lo permitió.

—¿Es sobre Angel? ¿Ocurrió algo? —quiso saber mirando detenidamente a Alastor, quien se sintió incómodo por la diferencia de estatura tan marcada.

—Él está bien, aprecio tu preocupación, pero si me permites-

—¿Quieres un consejo sobre Angel? —preguntó con amabilidad—. Fui más tiempo novio de él de lo que has sido tu, quiza pueda ayudarte —insistió sin borrar su sonrisa.

Entonces, al escuchar eso último, cierta curiosidad pico en él, sabiendo que muy probablemente se arrepentiría de preguntar.

—¿C-Cuánto tiempo? —preguntó dudoso.

—¿Estuvimos juntos? —rió Tyco dándose cuenta que tal vez no debió mencionar eso—, cerca de una década, pero ¡oye! —dijo de inmediato al ver la extraña expresión que había puesto Alastor—, ahora estamos en buenos términos, ¡solo amistad! Todo eso quedó en el pasado —aseguro pero al ver la mirada que le lanzó Alastor, supo que no le había creído del todo.

—Solo por su lado —apuntó Alastor ya sabiendo el interés de Tyco por Angel, quien al verse descubierto, no hizo más que asentir con la cabeza derrotado.

—Debes estar de acuerdo conmigo, que olvidar a Angel no es algo fácil —comentó rascando su nuca—, entonces, ¿problemas sobre Angel?

Alastor al verlo, se quedó callado un momento, meditando si sería buena idea o no pedir por ayuda para precisamente eso.

Disfrutaba de crear caos en la gente de alrededor, sin embargo, tras la nula hostilidad que Tyco mostraba hacia él y que por lo visto no planeaba meterse en su relación, se le hacía de mal gusto tocar específicamente ese tema con él. En especial porque sabía sobre sus sentimientos.

Le importaba un comino si lo lastimaba, pero definitivamente no quería quedar en medio de un situación incómoda debido a ello.

—No creo que sea buena idea —dijo tras pensarlo detenidamente.

Tyco al ver su renuencia, rió divertido.

—¡Vamos, Al! Rosie es buena en lo que hace, pero yo conozco mejor a Angel —volvió a insistir.

—¿Seguro que quieres torturarte de esa forma? —pregunto cada vez más seguro de que de decírselo, ni siquiera se molestaría en endulzar la situación.

—No, pero ya que me queda —bromeo al decirlo.

Alastor asintió sutilmente con la cabeza.

—Quiero casarme con Angel —soltó y tal como esperaba, por un momento vio flaquear la sonrisa de Tyco—, te lo advertí.

Tyco parpadeo un par de veces, tratando de procesar lo que acababa de escuchar.

—No, no... es que, me tomó por sorpresa, es todo —dijo tratando de que no se notara que si que le había afectado aquella noticia—, ¡wou! Matrimonio... —aquellas palabras pesaron en su boca—. Angel siempre quiso una boda pequeña y sencilla, ya sabes, algo más familiar —comentó sin malicia alguna sabiendo que quizá, eso sería util para Alastor—, es una pena que a mi no me interesó jamás la idea del matrimonio...

—¿No? —aunque lo pregunto, esas palabras casi volaron fuera de su boca antes de darse cuenta que las formulaba.

—Digamos, que era un poco inmaduro por aquel entonces, bueno, ambos —corrigió con una sonrisa nostálgica—, entonces —murmuró aclarando su garganta, tratando de apartar pensamientos innecesarios—, ¿en que necesitas ayuda? ¿En la propuesta? Porque si es así, tengo una buena idea que-

—No —dijo repetidas veces negando con la cabeza—, un anillo.

—¿Le vas a proponer matrimonio sin anillo? —quiso saber, casi sintiendo que era una broma.

Sin poder evitarlo, Alastor sintió un leve sonrojo acudir a su rostro.

—Es... un pequeño contratiempo, aún hay margen de error —dijo un poco abochornado por ser regañado precisamente por esa persona

Tyco entonces sonrió divertido por la situación.

—Uno al verte pensaría que eres un hombre muy responsable, pero veo que el efecto Angel también hace estragos en ti —se burlo viendo a Alastor incómodo por la situación—, así que el anillo de compromiso.

—Si no tienes idea tal vez una opinión femenina-

—No, tengo la idea perfecta, sígueme —comentó cruzando las manos tras su espalda para comenzar a caminar.

Alastor de mala manera dejó atrás a su amiga y le siguió.

No le gustaba tanta amabilidad si no le pedían algo a cambio, eso era obvio, pero en parte entendía que él quería estar en buenos términos con la nueva pareja de la persona que amaba.

Aunque la situación le seguía resultado muy incómoda, en ese punto no podía simplemente irse. Ser maleducado no iba con él.

Siguió a Tyco por varias calles antes de detenerse en un viejo edificio. Que si le preguntaran, diría que se almacenaban cadáveres.

—¿Y estamos aquí por qué?

—Ciertas joyerías tienen mucho cuidado con la atención innecesaria, ¿sabes? —comentó tocando dos veces la entrada, dejando pasar cinco segundos exactos entre cada uno—, y muchas veces, estar metido en medio de ciertas industrias, te da ciertos beneficios —mencionó y entonces la puerta se abrió revelando una elegante tienda en su interior.

Alastor debía admitir que estaba un poco impresionado.

El chico que abrió al ver al hombre frente a él dibujó una gran sonrisa en su rostro.

—¡Tyco! Cuanto tiempo —saludo el chico de cabellera rosa.

—Hola, Jacob —saludo guiñandole el ojo antes de ingresar, siendo seguido por Alastor.

El chico de cabellera rosa, al ver que Tyco no venía solo, dio un par de pasos hacia atrás por pura inercia, después de todo, no era habitual ver al demonio de la radio por esos lugares.

—H-hola —saludó con cierta duda, recibiendo un asentimiento de cabeza por parte de Alastor, quien estaba curioso por la apariencia semi-humana del chico, recordando que anteriormente solo había visto a Vaggie de esa manera.

—No lo veas tanto o lo asustaras —rió Tyco notando como Jacob se escabullia a otra sección de la tienda—, muy tarde, es obvio que tu fama te precede —comentó risueño Tyco al notar que en el almacén todo el mundo comenzaba a verlo.

—He escuchado tantas veces esa frase que a estas alturas, ya ni le doy importancia —comentó mirando algunas vitrinas, notando que los demonios detrás de estas se alejaban un poco.

Tyco a su lado rió. No lo culpaba, cierta fama cansa después de un tiempo, en especial si esa fama hace a todo el mundo huir.

—Bueno, Angel adora los colores pasteles, así que definitivamente un color oscuro queda descartado —comentó Tyco—, adora las rosas y los peces-

—Angel y globo —término Alastor mirando sin mucho interés los diseño del lugar—, solo me dices cosas que ya se.

Tyco sonrió sutilmente.

—No pareces el tipo de persona que se fija en esos detalles —declaro con los brazos tras la espalda.

—Creeme que lo hago y creo que es una de las pocas que puedo decir que disfruto hacer —comentó dirigiendole una rápida mirada.

—Bien galán, el anillo debe ser de oro blanco —dijo ahora siendo el quien veía las vitrinas—, ese tipo de material le gusta más que el mismo tono del oro dorado.

Alastor asintió ante ese nuevo dato.

—Y dado que Angel puede llegar a ser un poco extravagante-

—Convendría que el anillo tenga esos aires también —concluyó Alastor divertido un poco por la situación.

Si debía ser sincero ni en un millón de años se hubiera visto así mismo comprando un anillo de compromiso con la persona que una vez fue pareja de su novio.

—Exacto y quizá si tuviera su flor favorita... —musito mirando con atención.

—Aún mejor... —Alastor de pronto se detuvo frente a un vitrina donde únicamente estaba un anillo, con un diamante blanco en medio de aquella sortija con flores doradas sobre el—, este.

Tyco volvió la vista y al ver el anillo silbo.

—Sip, tenemos un ganador —rió al decirlo viendo las incrustaciones sobre este—, así que, imagino que la propuesta está en puerta, por lo que, déjame arreglar todo para que el anillo esté listo para ese día, ¿te parece? —comentó mirando sobre su hombro hacia Jacob, quien al notar la señal, se acercó con timidez.

—No me gusta deber favores... Tyco —dijo viéndolo de reojo.

—¿Sabes?, es la primera vez que dices mi nombre —comentó risueño notando al chico llegar a su lado—, queremos este modelo.

—Al diablo, ¿seguro? —preguntó el chico sabiendo lo caro que era.

Alastor simplemente asintió con la cabeza. Entonces Tyco miro al chico.

—Sin problemas —Jacob asintió con la cabeza y tras anotar el modelo se retiró rápidamente—, y por lo del favor, no te preocupes, pagamelo cuando se necesite

Alastor simplemente asintió y dio por terminada su visita.

Solo esperaba no arrepentirse de confiar en la competencia.