Nueve
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Denki vivió en el paraíso la primera semana.
Los Kinomoto tenían demasiadas reglas que a Denki se le complicaba acatar.
—¡Quítate los zapatos al entrar!
—¡No dejes eso ahí!
—¡No toques eso!
—¡Denki, por el amor de Kami-sama, bájate de ahí!
Estaba seguro que su cabeza explotaría con tantos regaños. Pero no podía quejarse, no cuando ellos le compraban cosas, cuando ellos le daban buena comida y buena ropa.
No cuando la señora Kinomoto besaba su frente todas las noches al dormir, y Denki estaba comenzando a sentirse cómodo con ella.
No cuando el señor Kinomoto lo sentaba en su regazo y veían televisión juntos, como un padre e hijo.
Sin embargo, toda esa comodidad a veces lo hacía sentir extraño. Sobre todo cuando los que iban a ser sus padres, lo miraban exasperados por su hiperactividad.
Denki no podía dejar de ser como era. Tenía meses sin sentir tranquilidad, sin sentirse cómodo y sin miedo, que no tenía cómo quemar su electricidad.
Denki revoloteaba por todos lados, y eso parecía molestar a los Kinomoto, hasta el nivel de un día, gritarle que se detuviera.
El pequeño niño suspiró, estaba sentado en el jardín de la enorme casa de los Kinomoto, después de gritarle le habían ordenado a salir. Denki se sentía un poco mal, tenía que aliviar su electricidad de alguna forma.
Le era difícil mantener el control de su electricidad, necesitaba moverse, necesitaba sacarla de alguna forma…
Escuchó el silbido de un pájaro y eso llamó su atención. Sonrió, recordó cuando en su estadía en la guarida de la liga le permitían dejar fluir la electricidad con los animales.
—A los animales no les afecta la electricidad, Denki. Solo los hace dormir.
Denki sonrió y se levantó, acercándose al árbol en dónde residía el pequeño pájaro.
Fue sólo un poco al comienzo, su electricidad fluyendo por sus venas tan naturalmente, tocó el árbol, creyendo que sólo golpearía al pájaro. El pájaro chilló y Denki soltó una risa, sin saber que en verdad le estaba haciendo daño al animal.
Cuando lo vio caer, sin darse cuenta del humo, miró hacia un lado, en donde una ardilla había caído también, víctima de su electricidad. Escuchó el sonido, y del árbol cayó otra ave.
Otra.
Otra.
Otra…
Un grito a su espalda y Denki se giró para ver a los Kinomoto en la puerta del patio, observando horrorizados la escena.
Al comienzo, al no notar la expresión horrorizada, les brindó una sonrisa. Luego, al notar el miedo en los ojos de los adultos, notó que algo estaba mal.
—¿Qué has hecho? —murmuró el hombre, sus puños estaban apretados y Denki tembló, sabiendo bien que cuando alguien apretaba las manos, era porque estaba furioso.
—Sólo… sólo estaba jugando —murmuró de forma temblorosa. El hombre se acercó y Denki apretó los ojos, esperando el golpe, pero solo sintió la mano apretando su brazo.
—Vuelve a tu habitación —gruñó. Denki caminó lentamente, cuando pasó al lado de la mujer, ella se apartó de él, como si le tuviera miedo.
Denki corrió hasta su cuarto, y ahí, en la ventana que daba hacia el patio vio cómo los Kinomoto comenzaban a tocar los animales que estaban en el suelo. Denki tembló, habían muchos y no se movían.
Cuando a él lo dejaban pasar su electricidad a los animales, se los llevaban de ahí, diciéndole que los llevarían para que descansaran mejor.
¿Estarían bien? ¿Se había pasado?
¿Estarían… muertos?
Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando el señor Kinomoto entró a la casa y volvió a salir con una pala.
Atentamente, y con el corazón en una mano, Denki observó cómo el hombre comenzaba a enterrar a los animales que él creyó dormidos… pero había matado.
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Al parecer, estaba castigado.
Su comida era servida y dejada en su escritorio. Pero no lo dejaban salir de la habitación.
El señor Kinomoto era el que iba normalmente, la señora no.
Denki no podía dormir, cayendo en cuenta de todos los animales pequeños que había matado con su electricidad. Y dándose cuenta que, tal vez, los que dormía en la guarida también los había matado.
Era realmente peligroso.
En medio de la noche, bajó hasta la cocina con la intención de beber agua y, al subir, se detuvo en la puerta de la habitación de los Kinomoto. Su mano tembló al escuchar todo.
—No puedo… Esto fue demasiado —la voz de la mujer sonaba angustiada—. Se supone que los niños de ocho no son tan hiperactivos. Tampoco ellos…
—Se supone que los niños juegan con los animales, no los matan… —la voz del hombre sonaba molesta, pero asustada también. Los ojos de Denki se llenaron de lágrimas.
—Nos mintieron —dijo la mujer—. Nos dijeron que no tendría secuelas para volver a convertirse en un villano. Pero… pero esto… ¡Matar animales! Podía lidiar con lo activo que es, pero esto… me aterra.
—Llamaré al orfanato…
Denki no escuchó más, el vaso de vidrio que estaba en su mano se cayó, rompiéndose en pedazos y corrió hasta la habitación.
Los Kinomoto no aparecieron en la habitación.
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Al día siguiente, fue la mujer la que llegó a su habitación. Denki no había podido dormir, así que se percató enseguida cuando su puerta se abrió.
El cabello azul de la señora Kinomoto estaba alborotado, como si pasara las manos por las hebras con nerviosismo.
No sé sabía cuál de los dos era el más asustado en la habitación.
—Escuchaste todo ¿no? —preguntó ella. Denki asintió. La mujer suspiró—. Denki… me he dado cuenta que ser madre no es nada fácil. Pero… esto va más allá. Creí que la adopción era la solución, si elegía a un niño crecido no tendría que cambiar pañales, no tenía que lidiar con un bebé hiperactivo, sino con un niño educado. Pero… me dejé llevar por las apariencias, sin pensar en los traumas que tenías —los ojos de Denki se llenaron de lágrimas—. Tu vida ni ha sido fácil, cariño. Sé que has visto cosas que ningún otro niño ha visto y he tenido el tiempo para reflexionar para saber que lo que hiciste ayer, tal vez no fue intencional.
—No sabía… en la guarida me dijeron que no quirk no le hacía daño a los animales… yo solo… estaba aburrido… necesitaba quemar mi electricidad.
—Lo sé, sin embargo…
—¡No lo volveré a hacer! —la mujer compuso una mueca.
—Denki, te contaré una cosa. Mi esposo y yo, cuando firmáramos los papeles de adopción nos íbamos a ir a USA, sin embargo, no podemos. Denki, no sabemos qué otras cosas te enseñaron en esa guarida que sea mala y no podemos llevarte a dónde cualquier terapeuta. Tienes que quedarte aquí, la policía aún no ha terminado su trabajo contigo. Y nosotros no podemos quedarnos más aquí —los labios de Denki le temblaban. Escuchó los pasos de la mujer acercarse y acostarse en su cama. Su mano de estiró lentamente, como si lidiara con un animalillo asustado. Denki dejó que la mujer acariciara su cabeza—. Ahora no estás curado del todo, pequeño. Tu mente aún es un caos, pero eres un niño muy encantador y cuando estés listo, estoy segura que alguien te amará.
El dulce beso en su frente, fue el último aprecio de amor de madre que Denki tuvo.
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El detective lo miró con algo de lástima.
—Supongo que deberíamos meterlo en el programa de niños con problemas de villanía —susurró el detective a Haruka. Tal vez creían que Denki no podía escucharlos, pero lo hacía.
—Denki nunca demostró algo como esto aquí —gruñó Haruka.
—Tal vez encontraba una mejor forma de quemar su electricidad.
—Ratas —interrumpió Denki. Los adultos lo miraron. Denki se encogió—. Iba a sótano a electrocutar ratas, pero creí que… no las mataba —Haruka lo miró.
—Pensé… pensé que era el veneno que había escondido —Denki miró sus manitas y sintió que su pecho se apretaba.
—Lo meteré en el programa. Debes mantener un ojo en él —Haruka asintió.
Denki se sintió lo peor en este mundo.
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—Hey —Denki levantó la mirada para ver a Hinata que le sonreía. Ella se sentó a su lado en su cama—. Te devolvieron a los diez días, es un récord —Denki solo se acurrucó más— ¿Que paso? ¿No supieron lidiar con tu estupidez?
—Soy un villano —murmuró Denki.
—¿Qué? —cuestionó Hinata.
—He estado matando animales con mi electricidad, y no sabía porque en la guarida me decían que no les afectaba. Y el detective va a meterme en no se que de niños villanos. Apuesto a que es una correccional.
—No seas tonto, Denki —dijo la niña—. No eres un villano.
—Sí lo soy, porque mi papá lo era y me criaron para ser uno —la niña rodó los ojos y le dió un golpe en la cabeza. Denki se quejó y le lanzó una mirada.
—Lo que te hayan hecho tus padres no es tu culpa. Tú eres tú, ellos son ellos. Es todo. No eres un villano.
La mirada azul de la chica le decía a Denki que no estaba de humor para juegos. Esa mirada firme y dominante hizo que sj corazón infantil se llenara de calor.
Soltó una risita.
—Te creo —le dijo. Hinata le sonrió y le hizo señales.
—Dame un espacio, llorón. Voy a acostarme —Denki le sonrió y le dió un espacio.
Ahí, se quedó junto a ella hasta que el sueño los dominó por completo.
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La piel de Kyoka era suave, Kaminari se degustaba siempre acariciando su cintura desnuda mientras se besaban. Solo se besaban y se acariciaban, Kyoka no se sentía lista para algo más y Denki respetaba eso.
Los labios de la chica recorrían su cuello, dejando suaves marcas que él podría tapar con la gargantilla. Lograba erizarse ante el toque de la chica. Sus dedos ascendieron, acariciando la piel de las costillas de Kyoka hasta desabrocharle el sostén para poder acariciarle los senos. Kyoka gimió, rozó su cadera con la de él logrando hacerlo gemir también.
Era una bonita sintonía, lo hacían despacio sabiendo que aunque sus compañeros estuvieran abajo todavía era temprano y podían rondar por los pasillos.
Kaminari estaba bajando para llevar un pecho de Kyoka a su boca cuando la puerta sonó y tuvieron que detenerse.
—¿Kyoka? —era Momo.
—¿Sí, Momo? —contestó la chica, Kaminari comenzó a repartir suaves picos en su clavícula y ella enredó sus dedos en su pelo rubio.
—¿Kaminari está ahí contigo? Lo fui a buscar a su habitación y no estaba—Kyoka y Denki se miraron.
—Sí, Momo, aquí estoy —contestó. No había forma de contradecirlo.
—Oh, este… ¿Podrías bajar? Es urgente —la pareja se miró y Kyoka se quitó encima del chico.
—¿Pasó algo? —preguntó él mientras se colocaba una camiseta, por suerte, ésta era bastante larga para ocultar su erección. Kyoka se puso una camiseta que había robado de su habitación, sin el sostén.
—Amm… Es mejor que bajes —listo, Kaminari estaba preocupado y nervioso. Intentó arreglarse el pelo aunque sabía que sus compañeros iban a saber que estaba haciendo con Kyoka. Salieron de la habitación y enseguida Momo bajó la mirada provocando que el chico enarcara una ceja.
Bajaron por el ascensor en un incómodo silencio y cuando llegaron a la sala común todos sus compañeros estaban rodeando el televisor. Cuando él llegó, todos lo voltearon a mirar logrando colocarlo nervioso.
—Kaminari está aquí —anunció Momo. Todoroki tenía el mando de la tv y le dio al botón de reproducir. Kaminari miró a la tv y se atragantó.
En la pantalla, se veía un edificio en llamas y la descripción de abajo le secó la garganta.
"Revuelta en la prisión de villanos menores de la prefectura de Saitama. 10 muertos. 7 fugitivos."
No entendía por qué sus amigos le mostraban eso, porque lo llamaron exclusivamente a él. Ellos no sabían que su padre estaba en prisión, menos si tenía padre.
Solo que…
No, por favor no.
El presentador comenzó a mostrar las fotografías y los nombres de los fallecidos y Kaminari tenía el corazón en una mano.
Su padre no estaba ahí.
Comenzó a mostrar las imágenes de los fugitivos y sus manos temblaron cuando el hombre rubio y de ojos azules apareció en la pantalla.
"Kaminari Kane"
En un país tan grande como Japón, muchos podrían tener ese apellido y no ser familia. Pero el parecido de Kane y Denki era tan grande que no había duda.
"Tres de los fugitivos pertenecieron a la antigua liga de villanos, así que con su crecimiento es posible que vuelvan a entrar"
La fotografía de su padre estaba ahí. Denki lo sabía, él mismo había pertenecido a la liga y había sido parte del plan del Sensei.
Pero su padre… él le había prometido que no estaba… que no, nunca volvería por lo que la liga le hizo a su madre.
No, no podría ser cierto.
Sus compañeros de clase lo miraban, y Denki sentía que lo juzgaban, que le gritaban "villano" con sus ojos.
Su pecho se apretó, retrocedió.
—Denki… —la voz de Kyoka y su mano sobre su hombro terminó de romperlo. Se sacudió de ella y corrió en dirección a su habitación, ignorando el llamado de sus compañeros, ignorando el ardor en sus piernas por subir las escaleras en vez de tomar el ascensor.
Se encerró en su cuarto y caminó de un lado a otro tomando el cabello entre sus manos. Luego, se sentó en el suelo apoyado en su puerta.
Ignoró el llamado de Kirishima y Kyoka.
Nota: Esto está tomando un rumbo diferente jejejejejeje.
Así que, ya todos saben del papá de Denki. Y creen que está fugitivo debido a su ausencia.
Y bueno, las secuelas de vivir con villanos son duraderas.
La verdad es que me pregunto, en el mundo de BnHA ¿Harán algo con los niños nacidos en la villanía? Por eso hice lo del programa. También, en ese programa hay niños que tienen tendencias psicópatas, para tratarlos con especialidad a que no lleguen completamente a la sociopatía
Gracias a los que aún siguen aquí!
Los quiero mucho :")
My Hero Academia © Kohei Horikoshi
