Angel despertó, tarde para variar, por lo que no se sorprendió ver la habitual nota que Alastor solía dejarlo junto con su respectiva rosa cada que él se levantaba tarde. Por lo que con una sonrisa, empezó su día.
Salió de la cama y tras acariciar a Nuggets se dirigió al baño donde se dió una calmada y relajante ducha. Salió con el mejor de los humores y se dirijo hacia la nota para por fin leerla.
Ponte algo lindo, es un día especial corazón
—¿Especial? —rió Angel por la palabra empleada, pero sin chistar se dirigió hacia el armario donde saco un vestido negro ceñido con una franja roja en el centro. Si bien el vestido dejaba algo a la imaginación, se lo pensó mucho si ponerselo o no, más que nada por Alastor.
No quería que decapitara a alguie que se le quedará viendo mucho tiempo y menos en un día especial.
Miró hacia el reloj que estaba en el muro cerca de la puerta, notando que ya pasaba de medio día, dándose cuenta que tardó más de lo que pensó en la ducha.
Salió del cuarto y apenas poner un pie afuera, Nuggets salió corriendo por el pasillo.
—¡No, bebe! —grito corriendo tras él luego de cerrar la puerta de su cuarto—, es un día muy hermoso, ¡vuelve aquí pequeña bola con patas! —rió persiguiendo al cerdito.
Al girar en uno de los pasillos y por estar viendo hacia su mascota, no se dio cuenta de que alguien venía en sentido contrario hasta que chocó contra ese alguien, yéndose ambos hasta el suelo.
—¡Carajo Angel! —gruño Husk con el chico sobre él—, ¿qué mierda?
Angel se incorporó rápido ya sin ver a Nuggets en el pasillo, bufando por haberlo perdido.
—Perdón gatito, se escapo mi cerdito —dijo algo apenado por ver como Husk se revisaba su cola torcida.
—Joder, estoy teniendo un día de mierda y luego tú...—de pronto se calló al darse cuenta lo que estaba por decir. Husk dejó su cola dañada y miró hacia el chico frente a él—, como sea... —gruño tras un momento viendo la sombra de Alastor arrastrarse tras Dust, casi como un recordatorio silencioso de lo que tenía que hacer— , Angel, ¿tienes hambre? —preguntó con molestia por tener que seguir el plan.
Angel le vio confundido por su rápido cambio de actitud.
—¿Eh? Si, seguro —respondió dudoso—¿por qué?
—Salgamos a comer —soltó de pronto, esperando no recibir un no por respuesta.
—¿Qué? —dijo confundido por la invitación—, creo que tengo que rechazar, Alastor-
—Por eso, salgamos a comer —interrumpió de inmediato, confundiendo más a Angel—, Alastor tuvo un inconveniente con un contrato grande y tuvo que salir de la ciudad, así que me dijo que como era un día especial, te sacara en su lugar y que él más tarde te lo repondría.
—Pero-
—Vamos —apremió el gato tomándolo por uno de sus brazos para no dejarlo pensar mucho en lo que acababa de decir—, se hace tarde —comentó temiendo por unos segundos ser decapitado por tocar a Angel.
Ante esa acción, Angel comenzó a verlo extrañado.
—Husk —llamo Angel siendo arrastrado por él—, ¿está todo bien? —preguntó mirando alrededor notando a muy poco pecadores por los pasillos.
—¡Claro! Y si te preocupas por Alastor, seguramente está bien —comentó guiandolo por los pasillos hasta la salida, tratando de evitar las áreas preparadas para cuando cayera la noche—, no lo pienses tanto —entonces cayó en cuenta que aún lo sujetaba por lo que cuando lo soltó y le vió, se percató de la ropa que traía puesta el chico, dándose un golpe mental por no haber caído en cuenta antes—, ¿para Alastor? —inquirio curioso y ahora dudoso de dejarlo salir así.
Era más vistoso y cuanto más vistoso, más problemas podría traerle.
Y precisamente ese día no los necesitaba.
—Él dijo especial —rió un poco avergonzado ahora seguro de que no debió ponerse ese vestido.
—Si, como sea —murmuró abriendo la puerta para que por fin dejaran el hotel.
En cuanto Husk cerró la puerta, pudo escuchar varias pisadas dentro del hotel. Seguramente todos estarían corriendo para tener todo listo para cuando volvieran, solo esperaba no tener ningún contratiempo.
Mientras caminaban y platicaban de algún que otro tema, Husk procuro ver con atención a todos los que le pasaban por un lado, teniendo en varias ocasiones que gruñir a algún demonio que le quiso pasar por encima. Logrando en cada ocasión que una sutil risa se le escapara a Angel.
Ambos llegaron hasta el restaurante donde Charlie le dijo que lo llevara, uno que no estaba ni muy cerca ni muy lejos.
—¿Aquí? —preguntó curioso Angel viendo el llamativo letrero del restaurante. Se veía bastante decente para su gusto.
Husk torció los labios al verlo bien.
Nunca hubiera sido una opción para él llevarlo a un sitio así -si es que alguna vez le hubiera cruzado por la mente hacerlo-, pero debía recordar que fue Charlie quien lo eligió y además él no pagaría. Alastor lo haría, por lo que no tenía sentido poner peros.
—Comida Italiana —dijo sin más entrando. Angel rió ante eso, siguiéndolo sin más.
Él sentía que el día era inusualmente tranquilo, si quitaba el hecho de que su cerdito estaba en algún punto del hotel y que estaba desayunando fuera con Husk. Y aun cuando el gato le había asegurado que no debía preocuparse por Alastor, no podía evitar seguir pensando en él.
—Ya enamorado, Alastor está bien —gruñó Husk bajando el menú—, creí que te lo había dicho antes.
Angel se removió en su silla algo incómodo.
—¿Soy muy obvio? —rió avergonzado porque Husk lo notara.
—Ustedes me dan asco, pero asco en el buen sentido —comentó con burla, acomodando sus alas tras la silla. Husk en ese momento recordó porque odiaba volar y porque más odiaba las sillas con respaldo.
—¿Gracias? —bromeo Angel viendo su menú, tratando de no pensar mucho en la extraña actitud de Husk. No quería arruinar su día casi perfecto.
—Aún no entiendo que carajo viste en Alastor, pero sigue amando a ese enfermo bastardo —dijo mirándolo, haciendo que Angel dejara de ver su menú y le prestará atención—, no será el mejor de los partidos, pero al menos enamorado es más soportable. Nos haces un favor a todos.
Angel rió ante ello. Entendía porque se lo decía, Alastor le daba menos miedo a los que estaban cerca de él. O al menos eso era lo que casi todo el mundo le decía.
—Oh, Husk, incluso tu puedes ser dulce cuando quieres —apuntó con sarcasmo notando al camarero acercarse, quien apenas caer en cuenta de quien era, casi se le salió el corazón por la boca.
—Eres-
—Angel Dust —gruñó Husk atrayendo su atención de inmediato—, y si quieres conservar tus ojos niño bonito, vas a traer un gran trozo de lasaña y unos raviolis —amenazó sacando las garras—, ¿que quieres tu?
Angel casi rió por eso.
—Lasaña —comentó encogiéndose de hombros—, ¿podrías traer un vino Torelló Rosa d'Abril?
El mesero al ver la actitud agresiva de Husk, asintió con la cabeza y tras anotar la orden se retiró rápidamente.
—¿Vino rosa? ¿En serio? —inquirio Husk recargandose en el respaldo de la silla con algo de incomodidad.
—Perdón señor alcohólico, pero ya que tu no pediste algo de beber, me tome esa libertad por ambos —dijo con sarcasmo tras guiñarle el ojo—, así que, ¿Alastor también te pidió amenazar a los hombres si se me acercaban demasiado?
—No me lo dijo, pero si algo te pasa, me arrancara hasta el último de los pelos y quisiera conservarlos un rato más —apuntó ladeando sutilmente la cabeza.
—Eso tiene sentido para mí —rió al decirlo.
Tras esperar un periodo de tiempo relativamente corto, el resto de la comida pasó sin mayor inconveniente, lo cual era una suerte para Husk quien constantemente se encontraba tanteando el tiempo para que no se les hiciera tarde para volver. Y para él todo hubiera sido perfecto si unos revoltosos a dos mesas de ellos, no hubieran comenzado a pelear con el mesero.
—¡Jefe! —pidió uno de los imp al ver como su jefe se ponía de pie.
—¡Silencio Moxxie! —dijo atrayendo la atención de los otros comensales—, ¡esto es un robo!
Millie y Moxxie al notar la atención innecesaria, se encogieron en su sitio.
Husk por su parte al notar el barullo, maldijo a sus ancestros porque precisamente ese día se los toparan. Solo esperaba que los sacaran pronto si no tendría un severo problema.
—Señor, ustedes ordenaron-
—Me siento estafado, ni siquiera es tan buena como su eslogan lo dice —dijo el imp cruzándose de brazos—, ¿en serio no ve el problema?
—Blitzo —gruño Loona sin despegar la vista de su celular.
—Lo lamentamos señor, no queríamos ofenderlos —intento arreglarlo Moxxie, pero una vez más fue interrumpido por su jefe.
—Si queríamos —afirmo Blitzo afilando la mirada—, no pagaré por esta comida de mierda.
El camarero iba a decir algo más cuando Loona, harta de la situación, le arrojó el plato con comida. Por instinto el hombre se apartó, pero la comida siguió su curso y sin que nadie pudiera hacer nada, le dio en el rostro a Husk, quien al instante se puso de pie hecho una furia.
La estruendosa carcajada de Angel no se hizo esperar debido a los malos reflejos del gato, situación que no ayudó a amortiguar el enojo de Husk, quien no cabía en su suerte.
—¿Estas jodiendo?, ¡pequeña perra! —gruño molesto caminando hacia ellos, tanto Millie como Moxxie al verlo acercarse se pusieron de pie. Loona no tardó en comenzar a gruñirle.
Blitzo al ver el desastre que estaba pasando, es encogió un poco en su sitio. No era precisamente lo que había planeado, pero al menos podría trabajar con eso.
—Oh vamos, un como de comida no va a matarte, ¿o si? —rió al decirlo pero en el momento en que miró hacia Husk y sus alas extendidas, supo que un poco de comida, si que era mucho.
—¡Vayanse a la mierda! —gruño iracundo por la situación.
Angel al ver que se les echaría encima se puso de pie y lo tomó por el hombro izquierdo.
—Husk, no vale la pena. Mejor volvamos a nuestra mesa —pidió al ver la furia de su amigo.
—Lo sentimos —intento Millie pero fue en vano.
—Eso, controla a tu gatito, puta —rió Loona con una gran sonrisa, tras reconocer a la araña que sujetaba al tal Husk.
Ante esa provocativa, Angel soltó de inmediato a Husk e inflo el pecho.
—¿Como me dijiste perra? —gruño Angel de regreso, olvidando por completo que el problema no era con él.
El camarero al ver que se iban a pelar, entro en panico. No podía permitirse que en su turno pasara eso.
—¡Alto!¡Alto! —gritó sacudiendo las manos—, fuera, todos fuera, ¡largo! —dijo al tiempo que el resto de meseros se acercaron.
Pronto los otros meseros los empujaron hasta sacarlos del restaurante entre gritos y puñetazos al aire. Una vez en la calle, Husk se comenzó a quitar los restos de comida de la cara con visible molestia.
Me cago en todo
—Joder —gruño el gato moviendo su cola con ira, viendo de reojo a los otros involucrados—, malditos enanos de mierda, ¿si no quieren pagar porque carajo vienen a estos lugares? —preguntó totalmente disgustado porque rompieran su itinerario perfectamente marcado.
—Ese no es tu asunto —dijo Blitzo volteando el rostro—, bueno, al menos comimos gratis —rió tras un momento, viendo que la improvisación había salido mejor de lo esperado.
Angel le vio incrédulo y entonces vio hacia la loba que seguía observando.
—¿Se te perdió algo pulgosa? —gruño Angel aun disgustado por que los terminaran sacando a todos.
Loona se cruzó de brazos y sonrió con altanería ante la pregunta.
—Mi puño en tu rostro.
—¡Quiero verte intentar! —apenas dar un paso hacia Angel, Husk estiró sus alas cortando el paso, sorprendiendo a los imp por lo largas de estas.
—¡Basta! —pidió Husk ya queriendo irse de ahí. Estaba molesto, naturalmente, pero ya no había nada que hacer, la distracción se había arruinado y no quería volver con un Angel lleno de magullones—, vámonos Angel.
Angel aún estaba molesto por la chica que le seguía viendo altanera, pero dado el tono de voz que uso Husk, no le quedó de otra más que desistir. Tampoco tenía el tipo de ropa para comenzar a una pelea y sin armas, eso complicaba un poco más la situación.
—Como sea —escupió molesto comenzando a caminar siendo seguido por Husk quien les dedicó una última mirada antes de volver la vista al frente.
Eso no había salido de acuerdo al plan, además de que eso los había sacado un poco de tiempo, haciendo que llegaran un poco antes al hotel. Solo esperaba que estuviera todo listo para cuando eso pasara.
Por que de lo contrario, seguramente su cabeza iba a rodar.
Alastor caminaba de un lado a otro viendo a todo el mundo montar la sorpresa, pero en su cabeza solo rebotaba un apregunta.
¿Dónde diablos estaba Tyco?
Justo en ese momento se odio a sí mismo por haber confiado en el enemigo. Y cuando estaba por mandar a todo su ejército de sombras a por él, este hizo acto de presencia como si lo hubiera invocado.
Se le miraba como si acabara de correr un maratón, pero eso poco le importo a Alastor. Estaba tan nervioso que si perdía un poco su concentración, su estática comenzaba a escapar.
—¡Disculpame Alastor! —pidió con la voz algo agitada—, tuve un pequeño contratiempo de camino hacia acá, pero aquí tienes —dijo extendiendo la caja negra donde venia el anillo.
Alastor la tomo y cuando intento abrirla, Tyco lo detuvo.
—Tiene una sorpresa adentro, mejor no lo abras; a Angel le encantará —comentó risueño.
Alastor enarco una ceja y no supo si hacerle caso. Era de esas situaciones que le hacían picar su desconfianza, aparte de que la sonrisa que le estaba dedicando en ese momento, era la más hipócritas que le había visto hacer.
—Yo no se si creerte —dijo sin más sosteniendole la mirada
Tyco se encogió de hombros mirándolo burlón.
—Entonces, ábrelo —le reto sin desaparecer su sonrisa.
Alastor frunció el ceño. No tenía tiempo para tonterías, no quería pensar mal de Tyco porque realmente no le había dado motivos, pero tanta amabilidad le daba mala espina.
En especial de alguien que no conocía de casi nada.
—Donde sea un jugarreta, la proxima que te vea-
—¡Tranquilo! Ese no es mi estilo —rió palmeando el pecho de Alastor donde descansaba una rosa roja en el traje de este—, suerte —soltó antes de darse vuelta y comenzar a alejarse.
Alastor se le quedo viendo hasta que desapareció por donde había llegado, viendo entonces la pequeña caja que reposaba en su mano derecha. Se vió tentado a abrirla, no lo negaría, pero dadas las circunstancias, no quería arriesgarse a arruinar algo que posiblemente le beneficiaria.
Con un fuerte suspiro, Alastor la guardo en la bolsa izquierda de su pantalón, tentando a la suerte. Tan pronto como quiso caminar hacia su destino, el grito de Niffty avisando que Husk ya había regresado, le hizo recordar lo que estaba por pasar y por ende, los nervios que se fueron al ver a Tyco, regresaron.
Sacudió la cabeza comenzando a caminar hacia el jardín y mientras trataba de mantener sus emociones bajo control, Vaggie le dio alcance.
—¿Listo Alastor? —pregunto Vaggie con un letrero pequeño en las manos.
Alastor no contestó, pero sí asintió con la cabeza y con eso Vaggie supo que estaba más que nervioso.
Llegaron al caer el atardecer, recibiendolos las tenues luces del hotel.
Husk cruzo los dedos cuando abrió la puerta descubriendo el lobby a oscuras, ante eso Angel parpadeo confundido.
—¿Qué mierda? —las palabras salieron solas de su boca cuando Husk cerró la puerta dejándolo a oscuras—, ¿Husk? —pregunto al aire, sintiendo cierta intranquilidad de estar enteramente a oscuras, pero tras unos interminables segundos una serie de bolas de fuego comenzaron a iluminar un largo sendero que se perdía entre los pasillos.
Angel miro las pequeñas esferas flotar en el aire, como si se trataran de diminutas estrellas, pero eso no fue lo que más llamó su atención, sino aquellas flechas fluorescentes en el suelo que le indicaban el camino que debía seguir. Ante eso Angel comenzó a sentir cierta emoción, no entendía del todo que estaba pasando, pero definitivamente quería averiguarlo.
Miró una vez más hacia sus costados, cerciorándose de que estaba totalmente solo, por lo que comenzó a seguir las flechas dentro de aquel camino de fuego.
Conforme iba caminando más esferas aparecían frente a él marcando el camino, sumiendo en la oscuridad el tramo que ya había recorrido. Tras unos cuantos minutos así comenzó a vislumbrar la silueta de una de las huéspedes más nuevas en el hotel. La chica de cabello castaño apenas ver a Angel venir, sonrió abiertamente.
—¡Dulzura! ¿Qué es esto? —preguntó llegando hasta la chica, quien tenía entre sus manos un pequeño cartel.
Clover rió con dulzura al ver la expresión curiosa del chico.
—No puedo responder, pero si leerte esto —sonrió la demonio de cornamentas oscuras y sonrisa amable—, "Angel, desde que te conocí algo en ti llamo mi atención de una manera que no podía ignorar. No se si fue tu voz, tu personalidad o tu hermosa sonrisa, pero doy gracias por ello..."
Clover le entregó el cartel y Angel noto la letra de Alastor en el, sintiendo entonces, un vuelco en su pobre corazón.
—Sigue las flechas—pidió la chica de vestido cafe entrelazando sus dedos.
Angel con duda siguió las flechas y unos cuantos metros más adelante se topó a otro de los huéspedes. El chico de ojos monocromáticos al verlo venir saludó con efusividad.
—Hola guapo —rió Ancel guiñandole un ojo—, tengo algo para ti —comentó risueño sacudiendo su cartel—, "Y se que han pasado muchas cosas desde aquel peculiar día en el cual te conocí, tantas que ni yo mismo creo a veces que fue así, pero supongo que es parte de la diversión de estar a tu lado, eres mi cajita de sorpresas personal..."
—Gracias Ancel —rió Angel sintiendo como su corazón latía con más fuerza tras recibir el cartel.
—Sigue las flechas bombón —indico el chico con una sonrisa coqueta.
Angel rió antes de retomar su camino.
En ese momento, sentía un suave nudo en la garganta por lo que estaba pasando, estaba haciendo uso de todo su control para no llorar, no quería arruinar su maquillaje, pero suponía que esa iba a ser una tarea imposible.
Un par de metro más adelante se encontró con Vorgoña, que al verlo sacudió su larga y esponjosa cola con alegría.
—¡Hola lindura! —saludo la chica sonriendo abiertamente sacudiendo su pequeño cartel.
—¿Tienes algo para mi? —pregunto Angel con voz temblorosa.
La chica de pelaje bicolor se llevó una mano a la boca tratando de ocultar un suspiro.
—Sip —rió tomando con firmeza el letrero—, "Te amo como nunca he amado a nadie, sabes que es cierto, te lo he demostrado tantas veces y creo nunca serán suficientes. El infierno mismo podría irse al traste, con tal de ver una dulce sonrisa más en tu rostro..."
—Oh, mi señor —jadeó Angel recibiendo el letrero con manos temblorosas. Unas cuantas lágrimas ya se le habían escapado.
—Sigue el camino —rió la chica enternecida por su reacción.
Angel lo hizo sin chistar sintiendo como su cuerpo temblaba cada vez más, siendo imposible en ese punto calmarse.
Sostuvo entre sus manos inferiores las tarjetas mientras que con las superiores trataba de parar sus lágrimas, cuando llego al siguiente punto.
—¡Hola Angel! —saludo una dulce demonio de cabello corto, bien vestida. Extendiendo un pequeño pañuelo—, comentaron que quizá lo necesitarías.
—Gracias, Beylich —musito secando sus lágrimas.
—Bueno, ¿listo? —Angel simplemente asintió con la cabeza—"¿Y sabes qué?, pese a que ya te tengo a mi lado, quiero mucho más de ti, llamame egoista pero lo he pesando mucho... no tanto en realidad, y he llegado a una única conclusión, de esas rotundas que no tienen vuelta de hoja. Eres todo lo que había estado buscando sin darme cuenta..." —en cuanto paro de leer miró al chico llorar tanto, que se sorprendió—, ¿estás bien dulzura?
—Si, gracias—dijo con la voz rota recibiendo la tarjeta de la chica.
—Vamos corazón, sigue las flechas —ánimo viéndolo alejarse con un suave asentimiento de cabeza.
Angel con torpes pasos y sintiendo un gran nudo en la garganta, pronto vió a Vaggie, quien le sonrió apenas verlo.
—Al fin llegas —sonrió viéndolo hecho un desastre. Al menos Charlie no se había equivocado cuando dijo que Angel lloraría mucho—."Angel, quiero que hoy, mañana y siempre pienses en nosotros como un todo, que cada que te sientas angustiado sepas que puedes confiar en mi, triste o enojado, siempre estare a tu lado. Y por ello, hay una pregunta que deseo hacerte..."
—Oh, Vaggie, ¿en serio? —gimoteo recibiendo el cartel.
Vaggie río acompañándolo por el camino, dando por terminada la entrega de letreros.
—Sigamos las flechas —rió guiando a Angel a través del sendero de fuego.
Ambos caminaron por los pasillos inferiores antes de llegar a la puerta que daba al jardín. En medio del lugar había un pequeño escenario, decorado alrededor por flores y enredaderas.
Alrededor las llamas infernales de Charlie flotaban por los aires, dando la impresión de un cielo estrellado en Ciudad Pentagrama. Vaggie dirigió a Angel hasta la entrada, en donde lo dejó antes de alejarse en otra dirección.
De pronto una suave melodía comenzó a sonar en todo el lugar.
Alastor entonces se materializó en medio del escenario y Charlie le retiró las tarjetas a Angel quien comenzó a caminar hacia Alastor, tras secarse sutilmente las lágrimas de nuevo. Al verlo venir, Alastor invoco su baculo que acerco lentamente a sus labios, deseando que en ese momento, no le fallara la voz.
—Wise men say —apenas comenzar Angel soltó un suspiro, pues amaba esa canción—, Only fools rush in... but I can't help falling in love with you... —Angel llego hasta el escenario, pero sin subir a él, observando a su novio—. Shall I stay, would it be a sin... If I can't help falling in love with you...
Alastor camino hasta el borde del escenario donde le sonrió a Angel.
—Like a river flows, surely to the sea... Darling so it goes —Angel no podía evitar derramar una que otra lágrima ante lo que estaba pasando, pues todo parecía un sueño—. Some things are meant to be...
—Oh Alastor... —sollozo Angel viéndolo estirar una mano hacia él.
—Take my hand —canto sujetando un par de manos de Angel, subiendolo al escenario—. Take my whole life too... for I can't help falling in love with you...
Alastor le soltó para tomarlo por la cintura y acercarlo a él, sin desaparecer en ningún momento su sonrisa temblorosa. A su alrededor, las sombras de Alastor comenzaron a imitar parejas de baile, invitando a los que estaban sobre el escenario a seguirlos.
—Like a river flows, surely to the sea, Darling so it... —canto acercándose hasta que sus frentes se tocaron, Angel entonces rodeó los hombros de Alastor con sus brazos superiores—, Some things are meant to be... —Ambos comenzaron a bailar, girando con lentitud con la música de fondo y el fuego flotando sobre ellos—, take my hand, take my whole life too, for I can't help falling in love with you...
Angel se mordió el labio inferior para evitar soltar un jadeo.
—I can't help falling in love with you... —canto deteniéndose para inmediatamente arrodillarse frente a Angel, quien se llevo un par de manos a la boca, al ver la caja que Alastor sacaba con manos temblorosas de su pantalón—, ¿quieres casarte conmigo?
Angel quien estaba casi apunto de llorar otra vez, se quedó callado durante un instante, a lo que Alastor sin poder evitarlo, sintió como su cuerpo entero comenzó a temblar.
A su alrededor las sombras se llevaron sus manos a la boca.
—¿Angel? —preguntó más nervioso que nunca al ver la reacción de todos los que estaban cerca.
—Mmm... Al, ¿y el anillo? —cuestiono quedito, sin desvanecer su sonrisa.
Ante esa pregunta, Alastor miro a la caja vacía y en la parte de arriba de la tapa había una carita feliz sacando la lengua. Sin poder evitarlo una gran onda de estática fue liberada evaporando las bolas de fuego y a sus sombras en el proceso.
Tyco no jodas
Alastor en medio de su desesperación comenzó a palmear cada bolso que traía hasta que de pronto tocó el bolso donde estaba la rosa, sintiendo un pequeño objeto que no debería de estar ahí.
Date por muerto
Alastor sacó el anillo con dedos tembloroso y se lo extendió a Angel.
—Angel, —llamo ahora con la voz temblorosa—, ¿quieres...?
—¡Si quiero! —gritó tirándose sobre él, haciendo que Alastor apoyara su baculo contra el suelo para no irse de espaldas—, ¡Alastor te amo tanto! —rió mientras lloraba.
A lo lejos se escucharon los gritos y aplausos de los que ayudaron a hacer todo eso, mientras algunos huéspedes tiraban pétalos de flores desde las ventanas de sus cuartos.
Alastor cuya sonrisa temblorosa apenas se mantenía, abrazo a Angel agradeciendo de no haberse caído. Dejando el nerviosismo de lado, dio paso a su gran felicidad, de tener el sí de la persona que más amaba.
—¿Puedo ponerte el anillo? —rió haciendo que el chico se separara un poco de él, cubierto de lágrimas. Alastor con manos temblorosas, colocó al anillo en su dedo anular, antes de entrelazar sus manos con las de él—. También te amo, Angie.
