Los días posteriores a la propuesta, todos en el hotel notaron a la pareja cada vez más cercana, ocasionando que la mayoría los evitara, por temor a hacer enojar al más bajo de los dos.
Después de todo, él presumía con orgullo cada que podía a todo el mundo que Angel se casaría con él.
Lo cual causaba gracia en Charlie y Vaggie, quienes constantemente encontraban a Alastor tarareando alguna canción para Angel, mientras este le seguía la corriente con una enorme sonrisa en el rostro.
Sin embargo, pese a que las cosas se mantuvieron así durante un par de semanas, pronto Angel definió la fecha de la boda, haciendo a Charlie poner manos a la obra. Ella sabía que Angel quería algo pequeño, por lo que aún si era el caso, no dejaría pasar la oportunidad de que fuera algo muy hermoso. De eso se encargaría ella.
Durante el tiempo que comenzaron las preparaciones, Rosie comenzó a venir de vez en cuando al hotel, tanto por las medidas de Angel como para platicar con él, descubriendo en el proceso como se había dado la propuesta y la pequeña broma de su socio Tyco, de quien había pedido su apoyo para el diseño del vestido de Angel.
Este se vió conflictuado por esa noticia, dado su historia con Tyco, pero al ver que este lo hacía de buena fe y que no buscaba realizar otra broma como la de la propuesta, no tuvo mayores objeciones.
Por otro lado, no importó cuántas veces Alastor pregunto por Tyco o cuantas sombras mandó por él, no logró encontrarlo y con la renuencia de Rosie de exhibirlo, terminó por postergar su ejecución.
Mientras las semanas pasaban y los preparativos para la boda seguían andando, Alastor nuevamente se encontró nervioso y no tanto por la celebración en sí. Sabía la respuesta de Angel y que realmente las cosas serían muy sencillas para la unión, el problema estaba en lo que venía tras la boda.
La luna de miel.
Alastor sintió suavemente como se le calentaba el rostro de imaginarse en una situación más comprometedora con Angel. No negaría que ya había tocado y explorado el cuerpo del chico, pero ir más allá de una que otra caricia, era lo que él catalogaba como un gran salto. En especial porque nunca lo había experimentado antes.
Ya a su edad, con varios años marcados, ese tipo de cuestiones debieran ser normales, pero dada su situación, era imposible que el nerviosismo no se hiciera presente.
Mientras pensaba en eso y veía a Angel reír y caminar de un lado a otro, sonrió sutilmente.
Sabía que Angel esperaria por él, ya se lo había dicho y no lo dudaba, sin embargo, quería experimentar esa primera vez con él, al igual que todas las otras.
—Si lo sigues mirando así, lo dejaras embarazado —comentó Husk con una sonrisa burlona palmeando su espalda.
Alastor enrojeció más liberando una suave onda de estática.
—¿Qué? —soltó sorprendido, frunciendo inmediatamente el ceño—. No lo miraba de forma lasciva, no seas un pervertido —acusó tratando de ignorar su corazón latiendo en sus oídos.
—¡Oye! —rió Husk con más ganas al ver la reacción de Alastor—. Yo no soy el que lo miraba como si quisiera tenerlo con las piernas-
—¡Husk! —grito Alastor rojo pero con su cornamenta creciendo y la estática flotando alrededor, atrayendo la atención de los que caminaban alrededor—, cállate —dijo entre dientes ladeando la cabeza.
El gato rió burlonamente mientras negaba con la cabeza y se alejaba. No lo entendía pero lo dejaría, tampoco quería morir en ese momento.
En cuanto Angel lo miró alejarse, se acercó hacia su prometido tras ver cómo había desplegado esa gran cantidad de poder.
—¿Todo bien Al? —aun cuando lo preguntó con lentitud, no pudo evitar que Alastor saltara en su sitio.
Black se separó de él y tomó sutilmente la mano de Angel tirando de él hasta alejarlo de Alastor, dándole a entender que no era el momento.
Y mientras le alejaban, Angel se preguntó qué estaba pasando por la cabeza de su prometido, ¿sería algo muy malo como para tenerlo así?
Tras la propuesta habían pasado tres meses, tiempo en el cual los preparativos prácticamente ya estaban terminados, por suerte para Charlie, porque con una semana para la boda, no quería mayores contratiempos.
Aunque si debía ser sincera, puede de que si tuviera uno.
El prometido.
Charlie miró una vez más hacia Alastor mientras Rosie terminaba de hacerle la prueba del traje, descubriendo de nuevo una peculiar expresión que llevaba poniendo desde hace unas cuantas semanas. Y era esa misma expresión la que comenzaba a preocuparla.
No lo creía capaz de dejar a Angel en el altar, pero dada la extraña actitud explosiva que últimamente tenía, valdría para ella el preguntar el motivo de ello.
—¿Todo bien corazón? —preguntó Rosie cuando termino de acomodar el traje, solo para cerciorarse de que le quedaba perfecto.
Alastor ante la pregunta, sonrió más abiertamente mirandose en el espejo de cuerpo completo frente a él.
—Como debe de ser —comentó con cierta burla.
Charlie enarco una ceja.
—¿Seguro? —preguntó Charlie mirándolo con preocupación—, te he notado algo... distraído.
—Son solo... nervios —dijo desviando su atención hacia el reflejo de la chica—, no veo porqué preocuparse.
Rosie ahora miro con atención hacia Alastor.
Sabía que decía la verdad, pero a medias y eso era fácilmente deducible gracias a su enorme sonrisa.
—¿Te dejaran caminar al altar esos nerviosa verdad? —inquirio Rosie mirándole con curiosidad.
—Lo que me temo es que no me dejen salir de él —murmuro lo suficientemente fuerte como para ser escuchado.
—Oh —dijeron al unisón Charlie y Rosie al darse cuenta del problema.
Lamentablemente para Alastor, ese era un tema en el cual ya no podían ayudarle.
—Bueno, Al —rió Rosie acomodando la corbata del traje de Alastor luego de hacer que se pusiera frente a ella—, deja que las cosas se den de manera natural, como hasta ahora. Angel lo entenderá.
—Así es —afirmó Charlie con una gran sonrisa—, no debes de pensar mucho en ello.
—Si ustedes lo dicen —rió sutilmente.
Aunque quería hacer creer a su cuerpo que era así, este seguía igual de nervioso, casi llegando a rozar lo ansioso.
Y es que había una pregunta que seguía votando insistentemente en su cabeza.
¿Arruinaria la luna de miel?
