Después de varias décadas, El Hotel Feliz se convirtió en una cadena de hoteles repartida en siete de los nueve círculos del infierno, donde toda clase de demonios acudía por una segunda oportunidad.
A la larga Charlie se había visto en la necesidad de contratar más personal para cada una de las sucursales, creando todo un imperio dedicado a la rehabilitación de los demonios que con cada año, se hacía de más y más huéspedes, con una tasa muy baja de deserción.
La única derrota que Alastor consideraba eran las purgas, si bien estas se modificaron para que ocurrieran una vez cada cinco años, seguían existiendo y por ende, el Hotel Feliz. En sí ya era un logro, pero no una victoria definitiva.
Alastor al pensar en eso pronto se encontró pensando en su propio entorno. No sentía el pasar de los años, no al menos al lado de su esposo cuyo espíritu no le daba tregua. Ambos había descubierto a la larga, que aunque las cosas no siempre eran fáciles, valían la pena si eran por el bien del otro.
Angel se acoplo a su ritmo y termino en varias ocasiones acompañandolo a sus zonas de caza, aunque al principio se vio renuente a ello, con el pasar del tiempo, Angel se convirtió en un excelente compañero de juegos. Recordar el verlo participar solo le hacía dibujar una sonrisa en sus labios.
Y mientras dejaba que sus memorias lo envolvieran, miró hacia Angel que caminaba de un lado a otro con un pequeño bebé en brazos.
Se preguntó cómo había hecho el chico para convencerlo de conservar a aquella pequeña criatura, aunque si lo pensaba mucho, terminaría por descubrir (otra vez) que era su propio deseo el que le hizo aceptar cuidar del bebé hasta que tuviera edad suficiente para marcharse.
Eso y porque sus tías insistieron a que lo conservaran.
Alastor sonrió al ver cómo el bebé comenzó a llorar y quiso reír al ver la expresión que hizo Angel.
—¡Al! —llamo Angel meciendo al pequeño imp, cosa que Alastor le aprecio tierno. Podía percibir su desesperación.
Descubrir que Angel no era tan bueno para los bebés fue divertido, en especial porque él fue el que insistió más en conversavarlo.
Aún recordaba la primera vez que Lope lloro en sus brazos.
—Lo haces mal, es más despacio —sonrió Alastor retirando el bebé con cuidado, tomándolo en brazos. El pequeño imp al sentirse en brazos ajenos paro de berrear y miró hacia el radio demon, con total silencio.
Angel parpadeo un par de veces antes de sonreír burlonamente hacia su esposo.
—¿Quién lo diría? Inclusive un bebe te teme —comento indignado que de el niño no llorara en sus brazos.
Alastor rodó los ojos sutilmente.
—Es una pena, pero al menos Lope guarda silencio conmigo —comentó sonriendo con malicia hacia Angel, quien entendió perfectamente la mala broma.
Pronto el juego de miradas se acabó cuando Lope miró hacia la sonrisa de Alastor y comenzó a llorar más fuerte que ante. Alastor frunció suavemente el ceño, meciendolo con cuidado. Había sido su error, sabía que el bebé aún no se acostumbraba a verlo.
Black se irguió a un costado de Angel y le tendió un biberón que la araña tomó de inmediato.
—Lo lamento corazón, pero deberás acostumbrarte a esto —dijo meciendolo con cuidado escuchando la escandalosa risa de Angel a un costado—, al menos no eres como tu papi.
Angel al escucharle, se cruzó de brazos, sujetando el biberón en alto, con Black sonriendo burlonamente por la pequeña discusión de sus amos.
—¿Que tratas de decir? —inquirio entrecerrando los ojos.
Alastor le vió de reojo.
—Eres mas lloron que el amor, admitelo —dijo con media sonrisa.
Angel jadeo indignado.
—¿Disculpa? No soy berrinchudo.
Alastor trato de no mostrar todos los dientes, pero le fue inevitable, volvió a sonreír.
—¿Seguro? —enarco una ceja divertido tomando el biberón que Angel le extendía.
—Joder —soltó cruzándose de brazos.
Black quien veía a Lope se llevó ambas manos a la boca.
—Palabras —le dijo Alastor dándole el biberón a Lope, quien se lo llevo inmediatamente a la boca—, no querrás que nuestro retoño las aprenda, ¿no?
Angel no pudo evitar reír.
—Eres un abuelo, Al —dijo enternecido poniéndose a su costado izquierdo, viendo a Lope mirarlos con cansancio.
Aún recordaba la renunciencia de Alastor por tenerlo en la mansión y sin embargo ahí estaba, dándole de comer mientras lo mecía.
—Y tú te casaste con este abuelo —rió al decirlo para darle un beso en la mejilla. El bebé les observo parpadeando cada vez más lento—, bien Lope, eres un buen chico.
—Mira que hablarle así a un bebé, no es un perro amor.
Alastor rió un poco.
—Lo dice el que casi lo arroja por una ventana —apenas decirlo Black puso cara de horror desapareciendo del lugar.
A veces el mismo distraía a Lope cuando sus amos tonteaban, pero confiaba que en ese momento, no le pasaría nada al niño.
Angel vió a Black marcharse y recordó el incidente torció los labios.
—Oh mi señor, que malos padres somos —dijo por lo bajo mirando hacia el pequeño imp que se había quedado ya dormido.
Alastor simplemente se limitó a asentir con la cabeza.
—Estará bien, al menos... cuando las tías vengan de visita —comentó con burla levantando un poco más al imp cuya mancha en la frente asimilaba a un corazón.
Angel sonrio ante eso.
No era lo que hubiera esperado ciertamente.
Sabía que cuidar de un infante era una gran responsabilidad, pero Alastor la había aceptado. Y eso estaba bien para él, confiaba que en un futuro cercano, ambos se volvieran buenos padres.
Después de todo, ¿cuántas veces habían hecho bien las cosas al principio? Eso era parte de su naturaleza y solo esperaban que Lope fuera un gran demonio en el futuro. Un excelente cazador digno de su nombre.
—Angel —llamo Alastor cuando el pequeño Lope se quedó profundamente dormido—, es curioso que sea yo el que tenga más tacto, ¿no lo crees?
Angel al darse cuenta de que seguiría molestando con el tema, bufo por lo bajo.
—No lo digas de nuevo, al menos yo paso mas tiempo con él —comentó tratando de no sonar dolido.
Pues no había mentira en sus palabras, desde que Lope había pasado a formar parte de su familia, había visto solo en tres ocasiones a Alastor y esta era una de esas. Tanto trabajo absorbía mucho del demonio. Aunque fue difícil para él acostumbrarse a estar tanto tiempo separados, pronto se volvió una rutina el darse sus escapadas de sus respectivos puestos de vez en cuando. Al menos así era más fácil de llevar.
—Pasas más tiempo con Lope ¿y aun así llora cada que lo cargas? —bromeó dándole otro beso, esta vez en los labios—, prueba dejarlo en tu pecho, quizá a si se calme más rápido.
—Al menos el bebé podrá disfrutar de esa parte de mí—río dándole un beso en la cabeza a un Alastor algo celoso por la idea que le mismo propuso—, te amo mucho.
—También te amo, corazón.
Alastor le paso el bebe a Angel y este con todo el cuidado que pudo, se lo llevó hacia su habitación. Al verlo marcharse, Alastor sonrió de medio lado cruzando los brazos tras la espalda. Se dió la vuelta, caminando hacia el ventanal del salón en el cual se encontraban.
Desde ahí miró a uno de los tantos hoteles que se encontraban regados por Hell.
Al verlo solo pudo pensar en el primero que lo inició todo. Aquel que ya no existía, pero que sin decirlo tenía un gran valor sentimental para él.
Fue donde lo vió por primera vez. Sus primeras palabras cruzadas, el primer juego de miradas. Nunca olvidaría la primera vez que se acercó a él, la primera vez que descanso en su pecho. La primera vez que se besaron.
Una gran sonrisa curvó en sus labios.
No había a aquel buscando alguien a quien amar, sin embargo, silenciosamente se daba las gracias por haber decidio ir a aquel lugar.
Dulce Angel, gracias por quedarte a mi lado
Y con ese pensamiento, se dió la vuelta para ir al lado de su familia, donde estaba seguro, estaría para la eternidad.
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..._FIN_...
¡Hola!
Les doy un millón de gracias por el haber leído hasta este capitulo.
Se que no siempre fui constante, pero a aquellas hermosas personas que se tomaron el tiempo de dejarme un bello comentario, les doy las gracias. Esta historia nació por y para ustedes.
De nueva cuenta. Mil gracias por todo hasta ahora.
Me despido de ustedes.
¡Hasta la próxima!
Finalizado 04/04/2020
