Capitulo diez

Cuando aquellos ojos azules se cruzaron con los míos se me hizo un nudo en la garganta. ¿Qué hacía ella aquí? Me lancé a sus brazos y la estreché con fuerza mientras no pude evitar llorar.

¡Rose, Rose, Rose, Rose, Rose! –murmuraba entre lágrimas mientras continuaba abrazándola.

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Rose me devolvía el abrazo tan efusiva como yo… ¡como la había echado de menos! Nos conocíamos casi desde niñas, cuando mi madre me obligó a tomar clases de ballet, ella era la mejor de la clase, y aunque yo las dejé al poco tiempo, nunca perdimos el contacto. Era mi única amiga en Phoenix, me dolió mucho dejarla atrás cuando me mudé a vivir con Charlie. Pero gracias al teléfono y a internet siempre mantuvimos el contacto. Incluso le presenté a Alice un día por la webcam y se habían caído tan bien, que ahora ellas también eran amigas.

¡Malditas conspiradoras! Habían jugado sucio, hacía solo un par de horas que había hablado con Rose por teléfono y no me había dicho que estaba en Forks… me separé un poco de ella y la miré con los ojos entrecerrados.

– ¿Qué haces tú aquí? –le pregunté con voz afilada.

– Yo también me alegro de verte Bella –dijo con fingido resentimiento.

– Rose… sabes lo que quiero decir… ¡me habéis engañado las dos! –grité mirando a mis amigas intermitentemente.

– He pedido el traslado para la universidad de Seattle… empiezo en unos días –dijo Rose con una enorme sonrisa.

Yo no pude evitar gritar y abrazarla con fuerza… había recuperado a mi amiga y ahora estaría mi familia casi al completo.

– ¿Dónde te quedarás? –pregunté sonriendo todavía.

– De eso quería hablar contigo –susurró algo avergonzada– ¿Podría quedarme en tu apartamento?

La sonrisa se me ensanchó más si eso era posible… no solo había recuperado a mi mejor amiga… ¡íbamos a vivir juntas! Era el mejor regalo de cumpleaños que me habían hecho nunca.

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En la fiesta estaban algunos compañeros de universidad y también algunos de los chicos del pueblo con los que había hablado alguna vez. También pude ver a Jake hablando con una chica que no conocía, ambos estaban bailando, bastante abrazados para ser solo amigos. Me acerqué a él deliberadamente y le di unos suaves toques en uno de sus hombros, se giró y me regaló una de sus deslumbrantes sonrisas, esas que solo con verlas otra de igual tamaño se quedaba pegada a tu cara.

– ¡Felicidades Bells! –gritó abrazándome.

Le devolví el abrazo y le di las gracias, me quedé mirándolos a ambos, hasta que Jake pareció entender lo que pretendía y se aclaró la garganta algo avergonzado.

– Eh... esto... Bella… ella es Lizzie, una compañera de la universidad… no sé si os habéis encontrado alguna vez en el campus –dijo algo ruborizado.

Lizzie y yo nos saludamos y cuando iba a despedirme para ir a buscar algo de beber, Jake me sujetó del brazo y se acercó a mi oído.

– ¿Tienes algo con Cullen? –me susurró.

Me aparté un poco y lo miré sorprendida… Edward me gustaba, eso tenía que ser evidente, pero de ahí a tener algo con él…

– No… –dije balbuceando– ¿Por qué?

– No deja de mirarte y me está poniendo nervioso, como siga así voy a tener que…

– ¡Jake! –Le corté– No vas a tener que hacer nada… lo que pase con Cullen es cosa mía y no tienes porque interponerte para nada.

– Así que… ¿si que tienes algo con él? –preguntó algo resentido apretando los dientes.

– Ya te he dicho que no… y si lo tuviese sería solo cuestión mía.

– Bella –dijo después en un tono de voz más dulce–, no sé porque te niegas a los que de verdad te quieren, Cullen acaba de llegar y se irá pronto –lo miré alzando una ceja inquisitivamente–. Sí, ya sé quien es… y alguien como él no te conviene.

– ¿Y quién me conviene según tu criterio? –Pregunté en un gruñido– ¿Alguien como Mike Newton?

– Pues seguro que es mejor persona que él –sonrió con suficiencia.

Jake… que Mike sea tu mejor amigo no te da derecho a hacer que yo salga con él… no me gusta ¿cuándo vas a entenderlo?

– ¿Y cuándo vas a entender tú que es quien más te conviene? –dijo agarrándome de nuevo del brazo y arrastrándome hacia donde estaba Mike.

Intenté forcejear, pero Jake tenía más fuerza que yo. Cuando ya estaba por rendirme, algo enorme se interpuso ente Jake y yo.

– ¿Algún problema? –preguntó Emmett con voz dura.

– Nada Emmett, mi hermano ya se va de nuevo con su amiga… ¿cierto Jake? – pregunté mirándolo con rabia.

Asintió con la cabeza y se fue enfadado, sujetó a Lizzie por el brazo y ambos abandonaron la mansión.

– ¿Hasta en tu cumpleaños tienes que ponerse así? –preguntó Alice indignada.

Un momento… ¿de dónde había salido Alice?

– ¿Ese es el idiota de Jacob? –masculló Rose.

¿También ella había llegado de la nada? Asentí y le di las gracias a Emmett. Me fui a una de las mesas para buscarme algo de beber e intentar olvidar lo ocurrido con Jake, ya que Alice se había molestado en hacerme esa súper fiesta de cumpleaños, lo más lógico sería disfrutarla y olvidar las cosas malas.

Miraba atentamente al vaso que contenía un líquido azul que uno de los camareros me había servido… no entendía la obstinación de Jake para que saliese con Newton, ¡era un baboso! No soportaba estar a su lado más de cinco minutos sin que me diesen arcadas por alguno de sus comentarios subidos de tono… era asqueroso. Además… ahora estaba demasiado ocupado revisando las cuerdas vocales de de la siliconada de Jessica Stanley… me estremecí cuando una imagen de haciendo lo mismo conmigo cruzó por mi mente, ¡asqueroso!

Un suave carraspeo a mi espalda hizo que me girase, lo hice lentamente y mis ojos se cruzaron con aquellas dos esmeraldas que inundaban mis sueños desde hace días. El corazón se me subió a la garganta y las manos comenzaron a sudarme. Sujeté el vaso con más fuerza para evitar que se me cayese. Sonreí tímidamente y un ligero rubor cubrió mis mejillas. Edward sonrió de lado, esa maldita sonrisa que me hacía suspirar y la respiración se me quedó trabada en la tráquea… ¿podría ser más sexy si le lo propusiese? No lo dudaba…

– ¿Estás bien? –preguntó con su voz aterciopelada–. He visto lo que ha pasado.

Estoy bien… no te preocupes –lo tranquilicé–, Jake es un poco impulsivo, pero no lo hacía con mala intención.

– ¿Bailas? –preguntó extendiéndome su mano.

Lo miré a él y luego miré su mano, mientras mi mente procesaba sus palabras… bailar… no creo que eso fuese buena idea.

– No sé bailar –musité.

– Bueno… déjame comprobarlo –dijo tomando mi mano con cuidado.

Y de nuevo aquella electricidad del primer día volvió a recorrerme en cuanto nuestras pieles se encontraron. Me arrastró con cuidado hasta el centro de la pista y sin más, la música cambió su ritmo a uno más lento, yo no pude negarme a nada en cuanto sus manos se ciñeron a mi cintura, alcé la mirada y me perdí en sus ojos, en ese mar verde y profundo. Me recordaban mucho a los ojos de Esme, siempre tan cálidos y expresivos, pero estos eran diferentes, tenía una chispa de algo que no sabía descifrar. En cuanto su aroma me golpeó, sentí como mi respiración comenzaba a acelerarse y el corazón me latía a tanta velocidad que temía que me rompiese las costillas. Tenía que apartar la mirada para no comenzar a hiperventilar y dejarme en evidencia delante de él. "Charlie en calzoncillos, Charlie en calzoncillos, Charlie en calzoncillos" ¡Funcionó!

Mi respiración se había normalizado un poco…

– ¿Qué te parece la fiesta? –Preguntó con una sonrisa–. Intenté detener a Alice… pero fue imposible.

Sonreí involuntariamente… con solo oír su voz tan cerca de mi oído, las rodillas comenzaron a temblarme y comencé a temer por mi integridad física al estar cerca de Edward.

– Es perfecta… pero se ha pasado un poco, no necesitaba una fiesta tan grande –dije en un hilo de voz.

Miró por encima de mi cabeza e hizo una mueca extraña, dejó de bailar y se alejó un poco de mí.

– ¿Me disculpas un segundo? Ahora vuelvo –dijo antes de besar mi frente con ternura y darse media vuelta para desaparecer por la puerta de la casa.

Yo me quedé paralizada unos segundos, procesando todas las sensaciones que recorrieron mi cuerpo en cuanto sus labios hicieron contacto con mi piel. Noté el vacío que su cuerpo había dejado entre mis brazos, las manos me picaban anhelando volver a tocarlo aunque fuese a través de la ropa. Y el pequeño pedazo de piel que había sido acariciado por sus labios, me ardía como si me lo hubiesen marcado a fuego.

Ven conmigo– oí la voz de Rose antes de que agarrase mi brazo y me arrastrase a uno de los laterales de la carpa donde no había nadie.

Ella hablaba, pero yo no oía nada, mi mirada vagaba de un punto a otro buscando de nuevo esos dos ojos verdes que me provocaban taquicardias. No los encontré, así que decidí seguir sin prestar demasiada atención a mi amiga que hablaba sin cesar, a lo que yo contestaba con "aha" "Hum" y algún que otro "sí" para que no se diese cuenta de que no la escuchaba del todo.

– Así que… ¿ese es Edward Cullen? –preguntó.

– Aha.

– ¿El hermano de Alice?

– Hum.

– ¿Y te gusta?

– Sí.

La miré sin entender porque sonreía de ese modo… ¿qué le había dicho? Repasé sus preguntas y mis contestaciones… ¡oh dios! El color abandonó mi cara y sentí como mis piernas flaqueaban… ¿Le había confesado que me gustaba Edward? Mal asunto... si Alice era maquiavélica organizando fiestas, citas a ciegas y demás eventos que me incomodaban, que esas dos se uniesen era algo para lo que no estaba preparada, porque de algo estaba segura, Alice no se perdería el meter mano en mi vida amorosa por nada del mundo.

Divisé una cabellera negra acompañada de otra rubia… Alice y Jasper… ¡mi salvación! No podía quedarme con Rose en ese momento. Necesitaba alejarme antes de que comenzase a bombardearme a preguntas y comenzase a crear en su mente modos para que me acercase a él. Comencé casi a correr hacia la dirección donde se encontraban mis amigos.

– ¡Bella! –gritó Rose– ¡No podrás escapar de mí eternamente!

Llegué a donde estaba Jasper sujetando a Alice por los hombros, estaba colorada y con los ojos vidriosos… gritaba incoherencias con voz pastosa. Estaba borracha… Alice borracha… no sabía que había alcohol en la fiesta, si no le habría dado un poco a Rose para que olvidase el tema "Edward". Me giré para buscar a mi rubia amiga y la vi hablando con Emmett, ambos sonreían y parecían muy animados. No pude evitar darme cuenta de que la pista de baile estaba casi vacía, así que miré mi reloj y ya pasaban de las tres de la madrugada. Miré a Jasper suplicante, no tenía coche, Alice me había llevado y ahora no estaba en condiciones para volver a hacerlo, Jake se había ido, Emmett estaba "ocupado" con Rose… él era mi única opción.

Lo siento Bella… –dijo el traidor de mi amigo–, no puedo dejar a Alice sola en ese estado.

Suspiré pesadamente… ¿y ahora que hacía? Estaba decidido… Rose. Me daba exactamente igual molestarla mientras ligaba con Emmett, o lo que fuese que estaba haciendo. Pero antes si quiera de que pudiese abrir mi boca para decirle algo a Jasper una voz habló a mis espaldas.

– Yo la llevo, no te preocupes Jazz.

Me giré para ver de nuevo ese mar verde en el que me ahogaba inevitablemente. Mis mejillas estaban encendidas y seguro que tenía aquella estúpida sonrisa idiota pegada a la cara.

– No… no… no es necesario –balbuceé.

– No es molestia, te debo una, me has dejado el coche –dijo Edward con su aterciopelada voz antes de guiñarme un ojo.

Casi me atraganto con mi propia saliva… sí, estaba babeando, era algo que no podía evitar cuando tenía a Edward tan cerca.

– ¿Vamos? –pregunto sonriendo.

Yo solo pude asentir e intentar no desmayarme cuando puso su mano en mi espalda desnuda.

Edward POV

Estaba bailando con Bella, la tenía entre mis brazos, ví a Emmett mirarme sonriendo desde una de las mesas, y cuando volví a mirar a Bella estaba ruborizada. Era imposible encontrar a otra chica que fuese tan adorable como ella, es más, creo que no volvería a mirar a otra chica después de haberla conocido.

Tenía mis manos envolviendo su cintura, y me sentía como si ese fuese su sitio, como si hubiesen sido creadas para estar en ese preciso lugar. Alcé la mirada de nuevo y mi madre me llamaba desde una de las ventanas del segundo piso. Me aleje de Bella a regañadientes, pero antes de irme no pude evitar besar su frente, necesitaba llevarme esa sensación conmigo antes de dejarla sola.

Subí las escaleras de mi casa de dos en dos, quería acabar con eso cuanto antes y volver con Bella otra vez. Llamé a la puerta de la habitación de mis padres y después la abrí asomando mi cabeza. Esme me miró sonriendo y con la mano me hizo una señal para que entrase.

¿Qué pasa? –pregunté en un susurro.

Me señaló la ventana y al asomarme vi como Alice estaba tambaleándose por la pista y Jasper iba tras ella evitando que se chocase con alguien o tropezase acabando luego en el suelo. Abrí los ojos sorprendido ¿Alice estaba borracha? Era algo que nunca había visto y mucho menos imaginado… era mi hermanita… no debería de hacer esas cosas.

– No podrá llevar a Bella a su casa, así que ayúdame a meter todos los regalos en el volvo, tú la llevarás –dijo mi madre sonriendo.

– ¿Por qué yo? –pregunté sorprendió.

– Edward… –protestó.

Yo solo enrojecí y bajé mi mirada al suelo. Mi madre era una persona a la que no podría engañar…

Entre los dos metimos todos los regalos en el volvo en cuestión de minutos, y volví a la fiesta a ver como estaba el ambiente. Ya casi todos se habían ido, Rose y Emmett estaban hablando animadamente en un lateral. Me alegraba por él, al final había conseguido limar asperezas con la rubia. Y en otro lateral estaba Jasper sujetando a Alice y Bella estaba frente a ellos con cara de espanto.

– Lo siento Bella… no puedo dejar a Alice sola en ese estado –dijo Jasper.

– Yo la llevo, no te preocupes Jazz– dije a la espalda de Bella.

Ella se giró y en cuanto nuestros ojos hicieron contacto, no pude evitar sonreír… él como esa chica me había idiotizado en cuestión de días era un misterio… no encontraba ninguna explicación coherente para ese hecho, pero era así. Bella me volvía loco.

– No… no… no es necesario –balbuceó.

– No es molestia, te debo una, me has dejado el coche –dije guiñándole un ojo divertido.

Se quedó unos segundos mirándome con los ojos muy abiertos y sus mejillas volvieron a teñirse de rojo… como me gustaba eso.

– ¿Vamos? –le pregunté.

Ella solo asintió y me permití el atrevimiento de poner una mano en su espalda, algo de lo que me arrepentí al momento. Su vestido dejaba la espalda descubierta y toqué su piel directamente. Una ráfaga de electricidad recorrió mi brazo y casi me quedo paralizado.

La ayudé a subirse al coche y después hicimos el viaje en silencio, los silencios con Bella no eran incómodos, era algo natural. Recordé que todavía no le había dado su regalo, continuaba guardado en uno de los compartimentos del coche, pero se lo daría después cuando llegásemos. Antes de que me diese cuenta, y también mucho antes de lo que quisiera, llegamos al edificio donde Bella vivía. Apagué el motor del coche y los dos nos quedamos inmóviles y en silencio durante unos segundos. Bella carraspeó y yo la miré algo confuso, me perdí en sus ojos chocolate una vez más… y despertando de mi aturdimiento cabeceé un par de veces y sonreí nervioso.

– Te ayudaré a subir los regalos –susurré antes de bajarme del coche.

Me encaminé a la parte trasera y abrí el maletero, cogí las bolsas que Esme había dejado allí y cuando miré a mi derecha Bella estaba a mi lado con la boca abierta.

– ¿Eso todo es para mí? –preguntó sorprendida.

– Parece que si –murmuré– Te ayudo a subirlos.

Asintió y se adelantó para abrir la puerta, entré tras ella y se encaminó hacia el ascensor. Estar encerrado en ese pequeño espacio con ella a mi lado mientras subíamos los cinco pisos que nos separaban del suelo fue un suplicio. Tuve que echar mano de todo mi autocontrol para no dejar caer los paquetes y echarme sobre ella. Las puertas se abrieron y ambos nos sobresaltamos, parecía que los dos estábamos sumidos en nuestros propios pensamientos.

– Déjalos en la sala, la puerta de la izquierda –susurró Bella después de abrir la puerta de su apartamento.

Entré y ese aroma tan característico de Bella me golpeó en la cara, todo allí olía como ella. Me giré para mirarle después de dejar las bolsas en el suelo y ella estaba sonriendo.

– Gracias… –murmuró mirando al suelo– ¿quieres… quieres tomar algo? Digo… si no tienes prisa, aunque es tarde… mejor en otra ocasión.

No pude evitar sonreír también al ver como sus mejillas se sonrojaban de nuevo. Me acerqué un poco a ella y la miré a los ojos, nos quedamos unos segundos en silencio.

– Será mejor que me vaya –susurré.

Ella sintió levemente con la cabeza. Me acerqué a ella para besarle en la mejilla antes de irme. En cuanto mis labios rozaron de nuevo su piel ella se tensó y yo me quedé paralizado, a escasos milímetros de su rostro. Ella tenía los ojos cerrados y respiraba entrecortadamente, yo solo era capaz de percibir su olor y solo oía a mi corazón que martilleaba insistentemente en mi pecho.

Bella abrió los ojos lentamente y nuestras miradas se cruzaron. No sé que fue lo que pasó exactamente después, de lo siguiente que fui consciente fue de sus labios, dulces, suaves, delicados… moviéndose lentamente con los míos. De sus manos aferradas a mi pelo mientas las mías envolvían su cintura. De su cuerpo acoplándose perfectamente contra el mío. Eso era el cielo, o el infierno, realmente no me importaba, solo quería que ese momento durase eternamente.