Durante el tercer mes de embarazo Derek se encontró con una complicación extra que, a diferencia de las que habían tenido que afrontar hasta ahora, no tenía nada que ver con el estado de Stiles ni dependía de él.
Al menos, no dependía enteramente.

Se encontró con esa complicación una tarde que salió antes del trabajo para darle una sorpresa a Stiles. Tenía la esperanza de que no estuviera demasiado cansado para que pudieran disfrutar de una tranquila velada en casa. Y si la suerte le acompañaba, esperaba poder terminar esa velada de una manera mucho menos tranquila en la cama.
No quería admitirlo en voz alta, pero en las últimas semanas apenas habían tenido acción y lo cierto es que empezaba a echarlo de menos.

¿A quién quería engañar? Lo echaba mucho de menos.
Acostumbrado a despertarse cada día haciéndole el amor a Stiles, aunque fuera uno rápido porque no había tiempo para los preliminares; llevar semanas sin poder catar el cuerpo de su novio estaba siendo una auténtica tortura. Y no es que Stiles siguiera con sus dudas sobre no hacer nada porque todavía se sentía incómodo con su propio cuerpo… Tras su encuentro en la comisaría no pasaron ni dos días hasta que fue él mismo quien le suplicó, cuando Derek acababa de llegar a casa y todavía no le había dado tiempo a quitarse la cazadora, que por favor le follara allí mismo.

El problema era que desde entonces se les habían juntado muchas cosas entre preparativos para la llegada del bebé, trabajo y médicos.
Como conclusión, en las últimas semanas Derek siempre encontraba a Stiles ya en pie y completamente vestido, antes incluso de que a él le hubiera dado tiempo a despertarse, por lo que no tenía ocasión de darle los buenos días como realmente quería. Y otro tanto ocurría cuando llegaba a casa y se la encontraba vacía porque el ayudante del sheriff todavía estaba liado en el trabajo; a lo que se añadía que, cuando por fin regresaba, estaba tan agotado que no tenía moral para proponerle hacer un último esfuerzo, por muy placentero que ese fuera.
Y por muchas ganas que él también tuviera de hacer ese esfuerzo.

Pero habían llegado a un punto en que aquello era demasiado.
Entendiéndose "demasiado" por "demasiada presión para sus pelotas".
Así que ese día se dijo que ya estaba bien el no poder acostarse con su novio. Si no iban a poder disfrutar del sexo cuando todavía no había nacido el bebé, no quería ni pensar en cómo sería cuando ya hubiera nacido y su vida sexual pasara a ser de sequía total.

Y por eso se presentó sin avisar en comisaría. Dispuesto a rogar al sheriff que dejara salir a su hijo un par de horas antes si fuera necesario, y de paso dándole una sorpresa a Stiles, pues bien sabía que no había nada que más le gustaba al humano que saber que su novio se moría por verle.
Lamentablemente, al final fue el hombre lobo quien se llevó la sorpresa.

En concreto lo hizo cuando entró en el edificio y lo primero que oyó fue la inconfundible risa de Stiles procedente de su despacho, y eso que tenía las puertas cerradas… Pero junto a ese sonido Derek detectó un aroma inconfundible que no le hizo la más mínima gracia.
Abrió la puerta del despacho sin llamar, sin importarle lo más mínimo los modales. No cuando estaba entrando en el despacho de su novio y no necesitaba el permiso de nadie para interrumpir lo que quiera que fuera que estuviera ocurriendo allí dentro.
Y, más importante todavía, con quién estuviera ocurriendo.

Porque resultó que la pequeña sorpresa que rompió una vez más la tranquilidad de Derek Hale medía metro ochenta, era rubio y tenía los ojos azules.
Y estaba demasiado cerca de Stiles para su gusto.
Sobre todo cuando ese desconocido desprendía un pestilente aroma a deseo hacia el padre de su hijo.

- ¿Interrumpo algo?

Si la pregunta sonó más agresiva de lo que debería haber sido… bueno, eso era justo lo que pretendía.
Y por la reacción que tuvo, con el rubio que estaba al lado de Stiles separándose medio metro de él y tratando de poner cara de que eso no era lo que parecía, lo había conseguido.
Por su parte, Stiles observó a Derek todavía sonriendo. Y si no fuera porque él no había sido el responsable de ello, el hombre lobo estaría un poco más contento, porque tenía que admitir que era una sonrisa preciosa.

- ¡Derek! –saludó, entusiasmado- ¡Qué haces aquí! ¿No tendrías que estar todavía en el trabajo?

- Quise darte una sorpresa –respondió, bastante más serio. Lo que tenía todo el sentido del mundo si a quien estaba mirando mientras respondía era al hombre que seguía estando demasiado cerca de su novio-. ¿No nos vas a presentar?

- ¿Qué? –observó más fijamente a Derek y luego al hombre al que Derek estaba mirando como si quisiera convertirlo en su cena-. Oh, es verdad. Todavía no conoces a Jordan.

El susodicho se movió un poco incómodo en su sitio. En su defensa, tenía todo el derecho del mundo a estar nervioso cuando un hombre tan corpulento como Derek Hale le estaba mirando con tanta atención. Y cuando, pese a que le estaba sonriendo, esa sonrisa era la de un depredador, siendo todo dientes.

- Él es Jordan Parrish, nuestro nuevo ayudante. Llegó hace un par de semanas –comentó, señalando con la mano al hombre uniformado-. Jordan, te presento a Derek Hale.

- Encantado. –El Alfa le tendió una mano. Y tan pronto como el otro la estrechó se apresuró a apretarla, tal vez con más ímpetu del necesario.

Pero era superior a sus fuerzas.
¿Qué mierda de presentación había sido esa? ¿Derek Hale a secas? ¿Qué tal "Derek Hale, mi novio"? ¿O "Derek Hale, el padre de mi hijo"?
O mejor aún: "Derek Hale, MI ALPHA".

- Lo mismo digo -saludó cordialmente el hombre, lo que sólo sirvió para que tuviera más ganas de borrarle esa estúpida sonrisa a base de puñetazos.

Lástima que el guaperas también resultara ser un agente de seguridad de Beacon Hills, por lo que se metería en bastantes líos si le atacaba sin mediar palabra. Especialmente si luego el único motivo que podía aludir de por qué hizo lo que hizo fuera porque "no me gustaba cómo estaba mirando a mi novio embarazado de mi hijo".

- ¿Todavía tienes jaleo? –preguntó entonces a Stiles, tratando de alejar sus instintos asesinos-. Pensé que podrías salir un poco antes.

- ¿Ahora?

- Para esto he venido. Para llevarte a nuestra casa –remarcó la palabra que más le interesaba que entendiera Parrish.

- Pues… La verdad es que todavía tenía que enseñarle algunas cosas a Jordan y…

- No pasa nada, ya lo harás otro día. Y hoy ha sido un día largo. Se te ve cansado –comentó Parrish poniendo una mano sobre el hombro de Stiles, lo que fue respondido automáticamente por un gruñido de Derek.

- Sí, creo que será lo mejor -apuntó rápidamente Stilinski. Tan pronto como vio los ojos rojos de Derek y tuvo claro que su compañero también los había visto. Era hora de emprender la retirada antes de que la situación se le fuera de las manos-. Esto… ¿podrías darle a mi padre el informe del robo de esta mañana? Lo tengo en mi escritorio y no sé cuándo volverá de su ronda.

- No hay problema. Me encargo de todo.

- Gracias. No sé qué haría sin ti.

Un nuevo gruñido resonó en la sala y Stiles carraspeó escandalosamente.

- Caray. Tengo más hambre de lo que imaginaba. Cómo me suenas las tripas.

- ¿Eso era tu estómago? –inquirió Parrish, sin creerse una palabra.

- Qué iba a ser si no –añadió Derek, con toda la mala intención del mundo.

El otro no tuvo ocasión de responder. Aunque, sinceramente, dudaba que pudiera haber dicho algo coherente en el caso de que le hubiera dado tiempo.
Stiles agarró al hombre lobo de la muñeca y tiró de ella, necesitando tenerle lo más lejos posible de su compañero de trabajo.

- Bueno, pues nos vamos –se despidió rápidamente Stiles, antes de que la cosa se saliera más de madre-. Hasta mañana.

- Hasta mañana. Que descanses.

Stiles fingió que no había oído el nuevo gruñido de Derek, y no dijo nada hasta que no llegaron al coche y ocupó el puesto de copiloto mientras Derek se ponía al volante del Camaro.

- Está bien, macho Alfa. –dijo tan pronto como Derek puso el coche en marcha-. ¿Quieres relajarte un poquito? ¿A qué demonios ha venido eso? –El hombre lobo no respondió. Tan sólo alzó una ceja y puso su cara patentada de "yo no he hecho nada malo"-. Sí, tú. Hoy no es luna llena, ¿no? –miró al cielo para asegurarse-. ¿Por qué estás entonces en esos días del mes?

- No estoy en ningún día del mes –gruñó, no apartando la vista de la carretera.

- Por supuesto que no –dijo con desagrado-. Sabes que mañana le voy a tener que contar una historia absurda a Jordan de por qué a mi novio le chirriaban tanto los dientes y sus ojos parecían ser de color rojo, ¿verdad? Y te aseguro que en esa historia no voy a reparar en "porque mi novio es muy rarito y no sé qué demonios hago con él".

- Ni se te ocurra.

- ¿El qué? ¿Decirle que eres rarito? –preguntó-. Creo que eso es lo más agradable que podría decir de ti después del numerito que has montado. Además, eres un hombre lobo. Eso encaja perfectamente en la categoría de raro.

- Me refiero a lo de que no sabes por qué estás conmigo.

Que lo dijera tan serio, sin el tono de ironía que solía acompañar a sus palabras cuando se estaba metiendo con él, hizo que Stiles se extrañara.

- Era una broma… -comentó al constatar que las cejas del Alfa tampoco se habían movido, lo que significaba que había querido decir justo lo que había dicho-. Pensé que tú eras el experto en sarcasmo.

El hombre lobo apretó los labios, dándose cuenta de que, efectivamente, su reacción había sido un tanto exagerada cuando en teoría sólo estaban bromeando.
Aun así, y ya que estaban hablando del tema:

- Mientras que le quede claro que eres mío, me da igual lo que le digas -dijo con la voz más grave que de costumbre.

Y Stiles tenía que admitir que esa voz tan condenadamente grave, sobre todo si provenía de esa cara tan sexy, con la mandíbula bien apretada y esos ojos que ahora le estaban mirando fijamente y sin parpadear, lograban que el resultado fuera, definitivamente, MUY interesante…
Pero otra cosa muy distinta era lo que había dicho.

- ¡Alto ahí, Mr. Grey! -le señaló con un dedo pese a que Derek había vuelto a prestar atención a la carretera- ¿Cómo que soy tuyo? Desde cuándo soy una cosa tuya…

- ¿No vas a tener un hijo mío?

- Sí. Pero no tiene nada que ver… -Le acercó un poco más el dedo para que viera que le seguía amenazando-. Y antes de que digas una palabra más, ni se te ocurra pensar siquiera que nuestro hijo también es una cosa que te pertenece.

El bufido que soltó el hombre lobo, mientras que Stiles esperaba a que respondiera, fue perfectamente audible.

- No lo pienso –respondió al final.

- Más te vale… -Guardó el dedo, más preocupado ahora por entender el comportamiento de su novio-. ¿En serio que no te ha bajado la regla o algo así? ¿O es que también te están afectando mis hormonas?

- No digas tonterías.

- Claro. Porque yo soy el que ahora está actuando como un loco… -negó para sí, pensando que lo mejor en esos días, por mucho que Derek dijera que no estaba en esos días, era olvidarse del tema y dejarle tiempo para que recuperara la cordura.

Por otro lado, tenía que admitir que llevaba un tiempo queriendo comentar con Derek un tema importante que afectaba directamente a Parrish.
Y ya que estaban hablando de él…

- Y hablando de Jordan –no se acobardó cuando Derek le miró de reojo, dejando claro que no le hacía ninguna gracia que siguieran con ese tema-, justo esta mañana he estado hablando largo y tendido con mi padre sobre él…

- ¿Le va a despedir?

- ¡Claro que no! –Hizo un aspaviento con las manos-. ¿Por qué iba a hacerlo? Es el mejor ayudante que ha tenido en siglos… Aparte de mí, por supuesto –se apresuró en aclarar.

- ¿Entonces por qué estabais hablando de Jordan?

Stiles hizo como que no había oído el tonito con el que dijo su nombre.

- Pues porque uno de los motivos por los que es tan bueno es porque le gusta curiosear tanto como a mí. Y en cuanto ve algo extraño no para hasta averiguar qué es lo que ocurre… Y da la casualidad que vive y trabaja en Beacon Hills, que es el centro del universo de las cosas extrañas, seguido sólo de cerca por la isla de Perdidos… -esperó a que Derek dijera algo pero éste siguió conduciendo, como si no hubiera comentado nada raro-. ¿No ves por dónde voy?

- No.

Esta vez fue Stiles quien bufó. Había veces que tenía la sensación de que su novio era el ser sobrenatural más obtuso del mundo. Eso, o el más tocapelotas.
Intuía que en el fondo era una mezcla de las dos cosas.

- Que estaba pensando en contarle todo –explicó al final.

Hubo un par de segundos de silencio. Hasta que:

- ¿Todo?

- Sí.

- NO.

- Derek.

- Ni se te ocurra.

- ¿Pero no ves qué es lo mejor? –se quejó- ¿Tienes idea de lo agotador que es estar mintiéndole todo el rato sobre por qué las noches de luna llena hay que estar especialmente alerta, o cada vez que me ve leyendo el Bestiario? Por no hablar de lo que tendré que contarle cuando de repente vea que estoy engordando sin un motivo lógico.

- Se te da bien mentir. Pudiste hacerlo con tu padre durante años.

- Eso ha sido un golpe bajo –Le dio un puñetazo en el brazo-. Y precisamente por lo que pasó con mi padre, deberías saber que lo mejor en estos casos es compartir toda la información posible.

El Alfa guardó unos segundos de pausa, meditando su respuesta. Se la dio cuando ya habían llegado al edificio de lofts, aparcó y quitó las llaves del contacto. Esta vez, al menos, se dignó a mirarle mientras respondía.

- NO.

- Vamos, Derek…

- No es lo mismo –le interrumpió antes de que pudiera quejarse de nuevo-. Tu padre es tu padre. Y Parrish acaba de llegar.

- Vale… -cruzó los brazos en torno al pecho, sin darle mucha importancia al hecho de que ya habían llegado a su destino-. Y ahora que has dejado claro lo que todo el mundo ya sabe, ¿por qué no puedo decírselo?

- Porque no me fío de él –sentenció, saliendo del coche.

Stiles tuvo que bajarse corriendo, a riesgo de que Derek diera por finalizada la conversación… que era justo lo que quería.
Dio un par de zancadas hasta alcanzarle.

- ¡Pero si acabas de conocerle!

- Suficiente.

El humano bufó de nuevo.
En el fondo tendría que haberse imaginado una respuesta similar. Derek nunca se había llevado muy bien con eso de las confianzas. Y si a él mismo ya le costó lo suyo demostrarle que podía confiar en él, era lógico que con un recién llegado fuera bastante más reticente. Sobre todo ahora que sus decisiones ya no les afectaban sólo a ellos dos, sino también a su hijo.
Aun así, no entendía por qué volvía a estar en modo Alfa intransigente.

Mientras entraban en el ascensor, los dos igual de callados y enfurruñados, recordó lo que le había dicho su padre cuando se quedó a dormir en su antigua casa hacía un par de semanas. En aquel momento le había parecido que tenía todo el derecho del mundo a indignarse y al final todo había sido un malentendido por darle demasiada importancia a una idea que había surgido en medio de la preocupación.

Entonces su padre le había dicho que, aunque creyeran estar llevándolo bien con el tema del embarazo, tenían que entender que llevaban meses sometidos a muchísimo estrés y eso podía hacer que volvieran a perder los nervios con una facilidad asombrosa. Y que como en cualquier instante podía ocurrir algo, por estúpido que fuera, que desencadenara una nueva pelea que realmente ninguno de los dos quería tener; lo mejor que podían hacer era respirar hondo cuando vieran que volvían a cabrearse, contar hasta tres, y pensar en algo más amable que disipara la tensión.
Esa siempre era la mejor manera de solucionar las cosas. Especialmente cuando se trataba de cosas que realmente no eran tan graves como creían.
Así que Stiles siguió obediente las recomendaciones del sheriff.
Contó hasta tres, respiró hondo, y dijo lo primero que le vino a la cabeza, justo en el momento en que el ascensor llegaba al último piso.

- Creo que deberíamos llamar a Melissa para que nos dé cita para mañana.

La expresión de Derek cambió en el acto y, de mostrar esa cara de lobo amargado que tenía desde que llegó a comisaría, reflejó una preocupación extrema.

- ¿Por qué? ¿Te encuentras mal? ¿Has vuelto a sangrar?

- No… -Tuvo que morderse el labio para que no se notara que se estaba riendo por dentro. Y sí, era cruel que se riera cuando acababa de darle semejante susto. Pero eso acababa de recordarle que él era un estúpido por olvidar que Derek siempre había querido y siempre querría lo mejor para él y su bebé. Y que lo de actuar a lo "50 sombras de Hale" en el fondo no era más que un efecto secundario de esa constante preocupación

- ¿Entonces? –preguntó el Alfa.

Se quedó mirándole fijamente durante unos segundos, aguantando la cara de póquer. Hasta que sacó a relucir su sonrisa patentada de "te quiero mucho pero no se me ocurre otra manera de demostrarlo que llamándote idiota":

- Tal y como te estás comportando, me parece que no soy el único que está embarazado.

Derek tardó unos segundos en darse cuenta de que, efectivamente, había vuelto a meterse con él.
Definitivamente el embarazo de Stiles estaba minando su capacidad de reacción, más preocupado por el otro millón de cosas de las que tenía que estar pendiente.
Pero por triste que fuera admitir que un humano le había engañado a él, a todo un Alfa, ese humano tampoco es que fuera alguien del montón.
Aun así, trató de mantener su orgullo de Alfa lo menos tocado posible.

- No tiene gracia –exageró el gruñido, saliendo del ascensor.

Stiles le siguió, regodeándose en su victoria. Y no sólo porque se la había colado al macho Alfa.

- Vamos. Sí que la tiene… ¿Te imaginas? Haciendo una de tus entradas corriendo a cuatro patas pero con la tripa a reventar… Sería nefasto para tu imagen de Alfa.

Derek abrió la puerta del loft y sólo entonces se dignó en responderle.

- Eres idiota.

Pero como justo después del insulto sus labios se curvaron en la más minúscula de las sonrisas, Stiles vio aquello como lo que realmente era: su peculiar manera de decirle que también le quería.
Así que el humano cumplió con su parte, acabando definitivamente con el momento tenso del día: dejó los ojos en blanco, le dio un par de palmaditas en el pecho, y entró en el loft antes de que Derek hubiera podido terminar de abrir la puerta.

- Y seguimos diciendo lo evidente…