Al final Peter resultó tener razón y el bebé que estaban esperando resultó ser una niña.
Tan pronto como se supo la noticia todo el mundo entró en una especie de vorágine sobre qué comprarle al bebé ahora que ya sabían que iba a ser una preciosa niña, y que Stiles esperaba cogiera de su padre esos preciosos ojos verdes, pero que las cejas y nariz respingona fueran Stilinski.

Y no es que no le gustaran las cejas de Derek, ni mucho menos; todo lo contrario en realidad, pues esa parte de su anatomía era una que le volvía loco, en el buen sentido de la palabra… Pero precisamente por ello, porque sería muy inquietante que su preciosa, adorable y siempre virginal hija, tuviera las mismas expresivas cejas de su padre Hale, y que eran algo así como un fetiche para Stiles, mejor si ese atributo fuera única y enteramente de Derek Hale.

El caso es que, cuando los padres de la futura criatura se encontraron recibiendo llamadas a cualquier hora, cual centralita de información, preguntándoles cómo querían que fuera la cuna del bebé o comentando que habían encontrado unos vestidos precioso que habían "tenido" que comprar porque sabían que su hija estaría adorable con ellos; Derek y Stiles dijeron basta. Antes de que el resto del mundo decidiera cómo iba a ser la habitación y vestuario del bebé, color incluido (Lydia les envió por mail un interesante estudio de pediatría sobre cuál era el color más adecuado para el desarrollo cognitivo de los bebés), serían ellos los que elegirían absolutamente todo lo concerniente al mobiliario del cuarto y elementos necesarios para su cuidado.

Por eso ahora estaban allí, en la mayor tienda de bebés del condado, dispuestos a dejarse una fortuna pero sabiendo que saldrían de allí con los deberes hechos.
Sin embargo, la perspectiva de que al final del día habrían adelantado muchas de sus tareas pendientes no terminaba de animar al hombre lobo, quien llevaba con un humor de perros prácticamente desde el instante en que aparcaron el coche en el parking de los grandes almacenes.

Derek permaneció callado, no obstante, mientras entraban en el recinto, sintiendo cómo la sangre le hervía a cada segundo que pasaba… Una situación que llevaba siendo habitual desde hacía unos cuantos días, a raíz de que Stiles estuviera llegando a casa con el olor de Jordan Parrish impregnado en su ropa, lo que le recordaba que todavía no se había deshecho de su nuevo compañero.
Pero ese asunto tendría que esperar un poco más…

Finalmente, cuando se encontró en una superficie de más de mil metros cuadrados llena de colores chillones y rodeado de madres embarazadas y niños histéricos que no dejaban de gritar y correr de un lado para otro, el Alfa no aguantó más.
Empezaba a temer que si seguía así al final del día volvería a comisaría, pero esa vez como acusado de asesinato… otra vez.

- ¿Me explicas otra vez qué hacemos aquí? –preguntó a Stiles, que en ese momento estaba ojeando el catálogo de la tienda.

- Ya te lo he dicho. Quiero estar preparado para cuando nazca nuestra hija. Así que necesitamos comprar todo lo necesario.

- Sí, eso ya lo sé –gruñó-. Lo que quiero saber es por qué las has invitado a ellas –Derek señaló al trío compuesto por una Banshee, una mujer lobo y una cazadora que estaban a un par de metros de ellos, observando con atención el directorio donde se indicaban todas las secciones de la tienda, decidiendo a dónde ir primero.

Stiles observó a sus tres amigas, sin entender muy bien a qué venía la queja de su novio.

- Pensé que nos vendría bien contar con algún toque femenino.

- No sabía que Erica tuviera de eso –gruñó por lo bajo.

- Derek –canturreó entonces Erica, dándose la vuelta y guiñándole el ojo-, ¿recuerdas que soy tu Beta? Puedo oírte perfectamente.

- Esa era la intención –sonrió con desagrado a la rubia.

- ¡Ya está bien! ¡Los dos! –puso paz Stiles-. No voy a dejar que vuestras tonterías estropeen la tarde de compras. Y hay mucho que mirar, así que no perdamos más el tiempo.

- ¿Por qué no nos dividimos? –propuso Lydia entonces- Nosotros podemos ir a mirar el carrito y vosotros –señaló a los dos lobos- vais a mirar los juguetes.

- ¡Es una idea estupenda! –corroboró Stiles.

Pero los hombres lobo no estaban muy conformes con la resolución aprobada.

- ¿Tienes la sensación de que nos acaban de relegar? –preguntó Erica a Derek, torciendo el gesto. Sin embargo, como siempre pasaba en ella, de fondo seguía teniendo esa mirada juguetona que indicaba que tampoco se lo había tomado del todo mal-. Porque eso es lo que me ha parecido a mí.

- A mí también –convino el Alfa, mirando a Stiles. En su caso no había restos de humor por ningún lado-. ¿Acaso no me ves capaz de elegir un simple carrito de bebé?

- Claro que sí –trató de justificarse Stiles, al que no le estaba gustando nada la mirada de desagrado de su pareja- pero…

- ¿Sabes acaso cuál es el modelo homologado? –preguntó en ese instante Lydia, metiéndose en la conversación-. ¿El que cumple con todas las normas de seguridad aprobadas por el Estado? ¿Y qué me dices del mejor modelo que te permita utilizarlo también como sillita para el coche?

Derek no supo responder a ninguna de las preguntas, pero fue Erica quien puso voz a lo que realmente estaba pensando en esos instantes:

- ¿Qué demonios importa todo eso?

- Creo que eso deja claro por qué es mejor que os centréis en los juguetes.

La Banshee sonrío con prepotencia y Derek recordó por qué había estado tan dispuesto a matarla en su día, incluso cuando no tenía pruebas de que ella fuera el Kanima… Pero sólo por borrar esa actitud de superioridad, estaba dispuesto a matar a un inocente.

- Pensad que vosotros también sois hombres lobo –trató de apaciguar Allison, entrando en la conversación-. Sabéis mucho mejor qué es lo que puede gustarle y el juguete que además le permitirá desarrollar antes sus habilidades… ¿no?

Derek captó perfectamente las intenciones de la cazadora. Sólo por eso, porque ella era la última persona que esperaba que se pusiera de su parte, le dio la razón agarrando a Erica de la muñeca y comenzando a andar en dirección a la zona de los juguetes, llevándola prácticamente a rastras.

- Nos vemos en una hora en la cafetería –gruñó sin mirar atrás.

La pareja de hombres lobo llevaba minutos observando los miles de juguetes didácticos que se desplegaban ante ellos. Mientras Erica estudiaba con curiosidad su funcionamiento, resultándole muy extraño que un niño de dos años necesitara un teléfono de juguete pero que también se conectaba a Internet, por lo que realmente no podía considerarse como un juguete; Derek inspeccionaba un conejito de peluche con una mirada tan fría, que parecía que estuviera planteándose arrancarle la cabeza.

- ¿Qué tal ese? –preguntó Erica, señalando el peluche-. Es muy mono.

Derek lanzó el muñeco al cajón donde había amontonados otros tantos con tal violencia, que al caer el conejito dijo algo como "te quiero mucho" pero con una voz tan distorsionada, que más parecía estuviera entonando un ritual satánico.

- Ha sido una estupidez venir.

- Vamos, jefe. No te pongas así…

- Se suponía que…

- ¿Qué? –quiso saber cuando Derek interrumpió lo que iba a decir, apretando tan sólo los labios en señal de frustración-. Vamos, puedes contármelo… -parpadeó exageradamente-. Recuerda que soy tu Beta favorita -canturreó.

- ¿Cuándo he dicho yo eso?

Erica no se dejó desanimar por la actitud tan seca de su Alfa, estando más que acostumbrada a ella.

- Está bien… -su enrome sonrisa, enmarcada por el pintalabios rojo, se ensanchó un poco más al tiempo que se colgaba del brazo del hombre-. Pues diremos que tú eres mi Alfa favorito. Y como Alfa preferido, te digo que puedes confiar en mí y contarme lo que sea que te preocupa…

Derek dejó los ojos en blanco, pero en seguida reanudó su caminar, dejando que Erica caminara pegada a su lado.

- No sé de qué me va a servir eso…

- ¿Sabes que nunca me he fiado de las pelirrojas? –preguntó de pronto la mujer lobo-. Especialmente de las que tienen tendencia a gritar… -torció un poco el gesto, imitando a la perfección la expresión de pura inocencia. Derek se preguntó si Isaac le habría dado clases de interpretación-. Y, no sé, si da la casualidad de que a ti tampoco te gustan, creo que ese es un tema muy interesante del que podemos hablar mientras elegimos el mejor juguete para tu hija y mi sobrina. -Le guiñó un ojo-.Y este corre por mi cuenta.

El Alfa observó sorprendido a su Beta. Tenía que reconocer que Erica era única para no andarse con rodeos e ir directamente al asunto que le interesaba… aunque en este caso la pelirroja no fuera la única que estaba afectando su relación con Stiles.
Se alegró de que hubiera decidido venir con ellos, pues sentaba increíblemente bien estar con alguien que le conociera tan bien y que no estuviera demasiado ocupado yendo de compras con sus "amigas".

- ¿Y qué me dices de las morenas que disparan flechas? –preguntó pasados unos segundos, mirando de refilón a la rubia- ¿Tampoco te fías de ellas?

- Hmmmm –Erica fingió que se lo pensaba-. Pues según como las pilles. Conozco una que está casada con McCall… -se acercó un poco más a su oído para susurrarle-. Eso no puede ser bueno.

Derek sonrió con mesura. Tenía que reconocer que con el tiempo Allison había salido de su lista de gente non grata, incluso llevando el apellido Argent y estando casada con Scott, pero sabía que Erica todavía no le había perdonado del todo que la llamara "zorra" allá en los días del instituto, cuando acababa de convertirse en su Beta. En ese sentido, meterse un poco con la cazadora siempre servía para alegrarle el día a la mujer lobo.

- Tenías razón.

- ¿Con que no había sido tan mala idea venir?

- No. Con que eres mi Beta favorita.

- Y la más sexy… -apuntó en seguida. Y cuando Derek no le dio la razón se paró en el sitio-. ¿Acaso estoy mintiendo?

- ¿Recuerdas que tengo novio? Eso debería decirte que no me van mucho las rubias explosivas…

- Seguro… -Desechó el comentario con un ligero movimiento de cuello que hizo que su melena rubia se agitara-. Los dos sabemos que si no estás conmigo es sólo porque un chico hiperactivo y de ojos adorables apareció primero en tu vida. Y no era precisamente de los discretos… Con él en escena era imposible que te fijaras en mí. –Le pinchó con el dedo en el pecho-. Pero si no llega a estar él, sé que tan pronto como me hubiera convertido en tu Beta, habría caído encima de ti tan rápido que ni te habrías dado cuenta.

- Si no recuerdo mal, eso fue exactamente lo que hiciste… -apostilló Derek con voz grave-. Sin mi permiso.

- Es verdad –Se tocó los labios, como si todavía pudiera recordar el sabor de los labios de su Alfa. Le guiñó entonces un ojo a ese mismo Alfa-. Estuvo bien, no digas que no…

Derek negó, aunque lo hizo sonriendo. Jamás podría enfadarse por algo así. Y menos cuando habían pasado siglos de aquello y en un momento de su vida tan complicado, que directamente tenía la sensación de que le había ocurrido a otra persona.

- ¿Te arrepientes de que no hubiera surgido nada entre nosotros? –preguntó entonces a Erica.

- ¿Acaso me estás haciendo una proposición? –bromeó seductoramente-. Nah… No te lo tomes a mal, pero prefiero a los hombres que saben cuándo estar callados. -Derek alzó una ceja, sorprendido. Eso es lo último que hubiera esperado que le dijeran-. Y en ese sentido Boyd te da mil vueltas…

La carcajada le salió del alma, consiguiendo de paso que un par de madres se sobresaltaran a su paso, lo que sólo sirvió para que el momento fuera perfecto.

- Cuando tienes razón, tienes razón.

- Yo siempre tengo razón.

- No te pases –advirtió el Alfa, dándole un empujoncito para que siguiera caminando.

Siguieron curioseando durante minutos hasta que encontraron la sección de juguetes más tradicionales hechos de madera, que fueron más de su agrado. Sin embargo, cuando parecía que ya se habían decantado por un juego de construcciones a prueba de hombres lobo y Erica ya era feliz porque sabía que le encantaría a su "sobrina", Derek no tenía la expresión que se esperaba en un hombre que por fin había cumplido con su cometido. Por el contrario, se le veía apático, incluso distraído. Mientras esperaban en la cafetería a que llegara el resto no hacía más que mirar a todos lados, como si estuviera buscando algo… o a alguien.

- Sabes que no tienes nada de lo que preocuparte, ¿verdad? –Derek alzó una ceja, sin entender de qué estaba hablando-. Me refiero a Lydia. Ella es para Stiles lo mismo que Stiles fue para mí en su día. Un cuelgue momentáneo que ya está completamente superado.

La confesión sorprendió tanto al Alfa que olvidó comentarle que no era precisamente Lydia quien le preocupaba.

- No sabía que estuviste enamorada de él.

- No llegó a tanto… Simplemente, me sorprendió que un chico como él no tuviera un montón de tías detrás, siendo tan inteligente y divertido… Y a mí siempre se me conquista con el humor.

- ¿En serio? –dio un largo trago a la cerveza que había pedido-. ¿Boyd?

- Es muchísimo más divertido de lo que nadie se imagina... Pero yo soy la única que conoce esa faceta suya –señaló, sintiéndose orgullosa de sí misma.

Derek negó, incapaz de imaginarse a Boyd con sentido del humor, pero le alegró que Erica hubiera encontrado a la horma de su zapato.

- Te mereces a alguien que sepa ver todo lo que tienes que ofrecer, y no sólo tu físico.

- Lo mismo digo… -dijo feliz, pero justo después le dio un puñetazo en el brazo-. Y no vuelvas a cambiarme de tema. Sé que no te ha hecho ninguna gracia que se fuera con Lydia, pero ya te he dicho que no tienes que darle importancia.

- No me ha hecho gracia porque no me gusta que otros le compren a mi hija cosas que sólo debería comprarle yo…

- ¿Seguro que es sólo por eso? –preguntó con tono cantarín-. ¿Tengo que recordarte otra vez que también soy un lobo? Puedo oler tu rabia… Y tus cejas no son precisamente sutiles cuando estás imaginando una muerte lenta y dolorosa.

El Alfa no pudo negar eso.

- No es su muerte la que me estaba imaginando –comentó, pensando en Parrish-. Y de todos modos, no es que pueda hacer otra cosa. Sé que no tengo nada de lo que preocuparme pero...

- Podrías pedirle que te haga más caso –sugirió su Beta.

- ¿Y parecer un lobo marcando territorio? No, gracias.

- Perdona. Pensé que ese era tu objetivo –respondió a la mirada asesina de Derek con una adorable sonrisa-. Estoy segura de que Stiles lo entenderá… Si se lo sabes decir correcta y educadamente, claro.

- Está con muchas cosas ahora –se lamentó, dando un largo trago a la cerveza-. Entre la dieta, las visitas al médico, comprar todo lo necesario para el bebé y todo el trabajo que quiere adelantar para cuando no pueda estar en comisaría, no quiero presionarle más.

- ¿Quién está hablando de presión aquí? Sólo es recordarle que tú eres su macho Alfa y que te tiene que obedecer y hacer caso sólo a ti.

Derek observó a la mujer lobo con curiosidad y cierto reparo.

- ¿Eso es lo que le dices tú a Boyd?

- Claro –dijo con seguridad, para luego alzar una ceja "a lo Derek"-. Y le encanta.

- He cambiado de opinión… -farfulló el hombre lobo-. Boyd es mi Beta favorito.

- ¡Eso no vale! –se quejó-. No puedes cambiar de favorito.

- Acabo de hacerlo.

Erica mantuvo su fingido enfado mientras la camarera recogía sus bebidas, y aprovechó para pedir otra ronda de cervezas.

- Y volviendo a tu vida privada –comentó nada más hubo dado Derek el primer trago, para que no tuviera ocasión de contradecirla… Al menos, no pudo hacerlo con las palabras, porque sus cejas dejaron suficientemente claro lo que estaba pensando-. Lo siento, jefe, pero estamos de compras y no puedo hacer esto si no cotilleo de paso…

El hombre suspiró, dejando los ojos en blanco.

- A ver. Qué quieres saber.

- Es que no he podido evitar fijarme en el hecho de que Stiles no huele mucho a ti… Dime: ¿hace cuánto que no lo hacéis?

Derek estuvo a punto de escupir la cerveza.

- Erica –gruñó, rechinando los dientes.

- ¡Creo que es una pregunta perfectamente lógica!

- No si es a tu Alfa favorito –recordó con sarcasmo.

- Eres mi único Alfa –le recordó a su vez, saliendo ganadora de aquella pelea-. Y precisamente por eso no quiero que se te caigan las pelotas si no las usas. –Las cejas de Derek se pusieron en todo lo alto, asombrado, pero Erica no detuvo su discurso-. Y con el bebé en camino, sabes que tu lado animal necesita tomar el control para dejar claro que ellos son tu familia y están bajo tu protección. Y visto que la opción de marcarle no es posible…

El hombre lobo se olvidó momentáneamente del hecho de que Erica quisiera hablar de su vida sexual, lo que no era para nada agradable, para prestar más atención a su Beta.

- ¿Cómo sabes tanto de eso? –preguntó, intrigado.

- Me gusta estar informada –se sonrojó de repente, consiguiendo que adquiriera un aspecto casi vulnerable que era muy raro de ver en Erica Reyes-. Y Boyd y yo también vamos a intentar formar una familia... En cuanto consigamos ahorrar un poco más y tengamos la mayor parte de la casa pagada.

Derek observó con curiosidad a la mujer lobo.
Si pensaba en ello detenidamente, era sorprendente todo lo que había cambiado desde que la conoció.
Después de terminar el instituto ella y Boyd fueron los únicos que no quisieron ir a la universidad, más interesados en formar un nuevo hogar lejos del que habían conocido en Beacon Hills.

La relación con sus respectivas familias nunca había sido buena, pero a raíz de su desaparición durante semanas cuando la manada de Alfas les secuestró, todo se volvió mucho más complicado. Tras rescatarles in extremis (y de paso recuperar Derek a su hermana pequeña, que ni siquiera sabía que seguía viva) pero no poder contarles la verdad a sus padres, la relación se volvió insoportable, ya que sus padres estaban convencidos de que se habían fugado a la aventura, sin preocuparles que todo Beacon Hills les estuviera buscando.

La situación llegó a tal punto, con constantes peleas y acusaciones por parte de sus familias, que incluso Derek les dio permiso para contarles la verdad.
Pero ellos no quisieron hacerlo, asegurando que en su caso no iban a recibir la comprensión que vieron en Melissa McCall o en el sheriff Stilinski. Así que Derek no dudó en ofrecerles uno de los lofts del edificio para que vivieran allí hasta que terminaran el instituto. No convenía forzar demasiado las cosas en un momento demasiado peliagudo, pues todavía no controlaban del todo su rabia durante la luna llena. Y así, de paso, podría ser mejor apoyo para los dos tanto en su función de Alfa como de amigo.

Sin embargo, pese a la apacible rutina que habían conseguido crear, tan pronto como se graduaron Erica y Boyd se mudaron a un pueblecito cercano para así poder empezar de cero una nueva vida, y de paso alejar cualquier posibilidad de encontrarse con sus respectivas familias, aunque fuera de casualidad. Erica encontró enseguida trabajo en una tienda de ropa de la que ahora era la propietaria y además había empezado a vender su propia línea de moda, mientras que Boyd dirigía el taller del pueblo… Y cuando Derek necesitaba su ayuda ante un nuevo peligro o misterio en Beacon Hills, no hacía falta más que una llamada de teléfono para que estuvieran allí, siempre dispuestos a ayudar a su Alfa.

Según le habían dicho más de una vez, Derek no sólo les había dado la oportunidad de tener una nueva vida al ofrecerles el mordisco, sino que también fue el único que les apoyó cuando sus familias les dieron la espalda. Así que no pensaban fallarle, incluso si vivían lejos del territorio de la manada.

Y Derek siempre estaría allí para ellos, como ya había hecho en el pasado, incluso si a veces llegaba al extremo de tener que defenderse de ellos cuando la luna llena sacaba lo peor de su naturaleza. Y aunque hubo ocasiones en que se arrepintió de haber ofrecido su casa con tanta facilidad, aunque estuvieran viviendo en el piso de abajo (entre hombres lobos las paredes eran increíblemente finas), lo cierto es que no cambiaría nada de aquello si volviera a repetirse la situación.

Y, por otro lado, fue a raíz de ofrecerles un lugar donde vivir y mostrar una forma de ser que hasta ahora no había tenido ocasión de enseñar, que Stiles se atrevió a pedirle una cita a Derek.
En ese sentido jamás podría olvidar que fue gracias a ellos que el baile que se traía con Stiles desde la noche de los tiempos por fin llegó a su fin.

En resumen: nunca les negaría su ayuda. Menos aún cuando esa ayuda no suponía ningún problema para él.

- ¿Por qué no me lo habías dicho? –quiso saber Derek, sorprendido por las novedades que le habían llevado a recordar aquellos tiempos tan convulsos-. Yo puedo darte el dinero que necesitéis.

- Ya vas a tener bastantes gastos –le recordó.

- Tengo dinero de sobra. Si trabajo es sólo porque no me gusta estar todo el día sin hacer nada. Y a mi suegro tampoco… Especialmente a mi suegro –admitió con una leve sonrisa-. Y si no lo puedo gastar en vosotros ¿para qué demonios lo quiero?

Erica Reyes, tal vez por primera vez en su vida, no supo qué decir en un primer momento.

- ¿Lo dices en serio? –susurró, emocionada.

- Totalmente… -Y porque no estaba acostumbrado a una Erica con lágrimas en los ojos, aunque esas lágrimas fueran de felicidad, trató de cambiar el ánimo de la conversación-. Sólo te pido una cosa –advirtió, levantando el dedo índice.

- ¿El qué?

- Si es chico, por favor no le llames Vernon.

La mujer lobo todavía estaba riendo cuando el resto del grupo se reunió con ellos tras haber comprado el carrito perfecto. Pero se negó a decirles qué tenía tanta gracia cuando quisieron saber de qué estaban hablando.

Ese era un secreto entre ella y su Alfa.