HOLA!

Aquí aparezco con un nuevo capítulo!

Lamento un MONTÓN por la larga espera.

No les entretengo más, así que ¡a leer!

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Hace mucho tiempo había leído en un libro de biología sobre las hormonas y cómo éstas secretan en el cuerpo humano, como la insulina o los estrógenos, pero la que más recordaba era la oxitocina.

Es una de las hormonas más importantes, ya que provoca las contracciones uterinas y estimula la subida de leche materna, básicamente; ayuda a inducir el parto.

Sabía que la oxitocina también se puede usar como droga y, por lo que le había dicho Naruto, Suigetsu estaba bajo los efectos de esta droga, además de otro compuesto que no lograba descubrir aún. Pero omitiendo ese detalle, tenía entendido que la oxitocina y las demás drogas debían enviar un estímulo al cerebro para causar una reacción lo suficientemente potente, como para quedar en un estado "fabuloso".

La cocaína, por ejemplo, provoca ansiedad e hiperactividad. Al contrario del cannabis que provoca sentimientos de bienestar y relajación. Dos drogas totalmente opuestas.

¿Pero, qué tiene que ver esto con la oxitocina?

En realidad, solo intentaba recordar qué decía en ese libro de biología respecto a esta hormona sobre su función en las drogas, pero no podía pensar más allá que su función principal, y eso se debía a que no se concentraba lo suficiente.

¿Por qué demonios intentaba recordar un estúpido libro de biología en un momento como éste?

Ah, claro.

Porque Sasuke la estaba besando.

Los suaves movimientos de sus labios contra los suyos, la tenía trastocada. El impacto de ser besada por el tipo que ha estado rehuyendo por meses la tenía sumamente ansiosa y consternada, pero más que nada, tenía sentimientos encontrados.

Por un lado, el tipo que la ha acosado, el que se ha colado en su casa y por quien siente muchísimo desprecio y repugnancia, ahora se encontraba encima de ella besándola sin su consentimiento. La aversión que sentía era tanta que si no estuviera tan impactada, lo empujaría y lo golpearía con toda la fuerza con la que es capaz.

Sin embargo…

Existen otros sentimientos contradictorios. No era deseo o placer, ni tampoco era que le gustase, al menos no del todo. Y eso es lo que exactamente le preocupaba: que no se sentía malo.

A pesar del rechazo, también había una extraña sensación que se alojaba en el pecho.

Quizás era porque, al contrario de lo que se imaginó, él no era brusco. Sus movimientos eran suaves, pero insistentes. Tampoco era empalagoso o dulce, aunque también carecía de lujuria. En definitiva, era como si solo quisiera besarla.

Entonces, sintió otra vez ese movimiento. Sasuke atrapó con los dientes su labio inferior, pero en esta ocasión succionó levemente para luego delinearlo con su lengua.

Por instinto, Sakura los abrió, y al segundo siguiente la lengua de Sasuke se coló dentro de su cavidad.

Sakura agrandó los ojos fijándolos en el techo de la casa, mientras que tensionaba los hombros de manera evidente pero, o Sasuke no se daba cuenta o simplemente le daba igual. Sea lo que sea, él siguió con sus movimientos dentro de su boca. Ella no le correspondió.

Cada vez le era más difícil tomar una decisión. ¿Pero, decidir qué?

¿Alejarlo? O tal vez…

Su mirada se perdió en las figuras oscuras que trazaban como ondas en el techo, gracias a la luz de la cocina que parpadea por momentos. Al parecer, pronto habrá otro corte de luz…

La lengua de Sasuke se frotó contra la suya, buscando alguna reacción de su parte, pero ella se mantenía inmóvil. Otro movimiento de su lengua en su boca hizo que sus dedos se crisparan contra los brazos del chico, mientras que él hacía lo mismo contra sus hombros.

El ritmo suave de sus labios, cambió. Se volvía más y más insistente, y su cuerpo ya no solo estaba aprisionado, ahora Sasuke comenzó a imponer su torso sobre el de ella.

Crispó aún más sus dedos al sentir sus pechos siendo apretados contra la playera húmeda de Sasuke y, horrorizada, sintió sus pezones erectos por el frío frotarse con cada respiración agitada. Esto provocó otra reacción en él.

Si antes había dicho que el beso carecía de brusquedad y lujuria, ya podía estar retractándose de sus palabras.

Con cada respiración que daban, Sasuke se dejaba caer en la tentación de hacer algo más que besarla. Una de las manos que estaba en su hombro se deslizó hacia su cintura, apegándola más hacia su cuerpo y la otra mano se perdía entre los cabellos de su nuca para profundizar aún más el beso.

El corazón le dio un salto al comprender que la situación se estaba tornando peligrosa. Tenía que detenerlo antes de que las cosas se salieran de control, sino de lo contrario él… si no abusó de ella antes, ahora podía hacerlo.

Puso todo su esfuerzo en levantar sus manos temblorosas y colocarlas sobre el pecho de Sasuke, en un intento de apartarlo, pero él no lo hacía. De hecho, presionaba aún más contra ella, buscando más contacto con su cuerpo. Hizo un segundo intento más fuerte que el anterior, pero seguía sin apartarse.

De pronto, Sasuke deslizó su mano que mantenía agarrada en su cintura hacia abajo… cada vez más cerca de la curvatura de su espalda...

– ¡N-No! –exclamó al virar su rostro con brusquedad y romper con el beso.

Sakura lo mantenía fuertemente agarrado del brazo, de la que por poco y rozaba su trasero. Es más, los dedos de Sasuke rozaban el límite de su espalda casi llegando a la pomposa figura de su nalga izquierda.

–No… –volvió a decir, pero un tono más bajo.

Sasuke tenía la respiración agitada y le costaba enfocar la vista, pero al parpadear y mirarla a los ojos, se dio cuenta del brillo que, extrañamente, oscurecía aún más sus ojos negros.

Tragó grueso al entender lo que significaba.

Poco a poco, Sasuke retomó consciencia de sus actos y de lo que estaba a punto de hacer si Sakura no lo hubiera detenido. Se levantó de un salto y, sin mirarla, se dio la vuelta.

Sakura se quedó inmóvil en su posición, asimilando lo sucedido. Con cuidado, se sentó en el sillón e inmediatamente arrastró las piernas hacia su pecho, agarró uno de los cojines que estaba a su lado y lo colocó encima de sus piernas y brazos, como si con eso alcanzara a cubrir su desnudez.

Observó la alta figura del Uchiha frente a ella. Podía ver la espalda tensionarse cada vez que frotaba sus manos contra su rostro, como si estuviera frustrado, haciendo que la ropa húmeda se adhiriera aún más a su torso.

–Vas a resfriarte… –se le ocurrió decir, rompiendo el trémulo silencio.

No entendía por qué lo había dicho o con qué propósito. Las palabras salieron de su boca sin poder evitarlas, viendo como la pálida piel del Uchiha se tornaba más blanca por la temperatura. No era la única quién corría el riesgo de enfermarse.

–Voy… Voy a buscar algo de ropa. –siguió hablando por hablar.

Se levantó del sillón con torpeza sosteniendo el cojín sobre su pecho, y sin dejar de mirar la espalda de Sasuke, salió corriendo hacia las escaleras. Durante el camino rezó para que él no se hubiera dado vuelta y visto un blancuzco trasero desaparecer por el pasillo, ya bastante vergüenza había pasado al sacarse la playera frente a él.

Al llegar al final del rellano, encendió la luz del pasillo de las habitaciones, pero apenas apretó el interruptor, las luces comenzaron a parpadear peligrosamente, pero no se apagaron.

Mientras buscaba toallas limpias en el armario del segundo piso, Sakura pensó que debería comenzar a meditar más seguido; sus problemas de control de ira estaban tomando tintes catastróficos cada vez que se enfrentaba a una situación que escapaba de su control.

Una vez que terminó de secarse, sacó otra toalla limpia del montón y se dirigió a su habitación.

Se vistió con la primera prenda que encontró, una simple playera con un estampado desgastado de su banda favorita y un pantalón de gimnasia. Cuando terminó, fue a la habitación de su madre y rebuscó en su ropero alguna prenda que todavía quedaba de su padre. Encontró una vieja camisa de botones de color gris y dos pantalones de pijama; uno era de cuadros escoceses y la otra era negra muy holgada. Miró ambas prendas decidiendo cuál llevar. Al final escogió la de cuadros escoceses, porque a pesar de ser un par de tallas más grande que la de Sasuke, al menos era elastizado y podría ajustarlo a su medida.

Con la camisa, el pantalón y la toalla limpia, Sakura se encaminó hacia las escaleras, pero se detuvo al llegar a la orilla. Sentía cierto pavor en bajar y enfrentarse nuevamente a él, pero no era la histeria que la ha acompañado durante los últimos meses, era más bien una extraña ansiedad que le invadía el pecho, como si fuera vergüenza y a la vez miedo. Posiblemente sea incomodidad y, de cierta forma, pena por él.

Él le dijo que no la había drogado ni tampoco la había violado, y ella le creyó. Pudo ser capaz de creer en sus palabras, porque si de algo podía estar segura acerca de Sasuke, es que no es un mentiroso. Puede que sea un arrogante insufrible, pero definitivamente no era alguien que mintiera con descaro. Sin embargo…

¿Qué fue lo que sucedió en el sillón? ¿Por qué de un momento a otro se lanzó a besarla?

Es decir, entendía las intenciones que él tenía desde el momento en que comenzó a acosarla, aunque tardó bastante en asimilarlo y en aceptarlo. Pero, por otro lado en saber lo que quería y en llegar a hacerlo, eran dos cosas totalmente distintas. Nunca imaginó que él se atreviera a dar ese salto tan descabellado e imprevisto...

Luego, recordó la fotografía en el casillero y la angustia le asaltó en el pecho, provocando que su corazón galopara con fuerza.

¿Qué significaba aquello?

Era obvio que se liaron, pero ¿cómo sucedió exactamente? ¿Y en qué terminó? Si él dice que no la violó…

Violar, significaba que la otra persona intima contigo a la fuerza, que te obligue a realizar actos sexuales que no quieres. Pero (y ahora venía su interrogante) ¿es posible que ella haya aceptado a acostarse con él? ¿Sasuke dijo que no la violó, porque en realidad fue bajo su aprobación? Aun así, él tendría que saber que estaba drogada y alcoholizada, ¿no? Él tendría que saber que a pesar de que hubiera, hipotéticamente, aceptado estar con él, era considerado violación de igual manera, ¿cierto?

¿Cierto?

–Por supuesto que sí. Todo el mundo sabe eso. –pensó para sí, pero una voz oscura dentro de su cabeza le susurró una espantosa verdad.

Él no quiere que veas el video, ¿no?

Con lentitud, bajó las escaleras aferrando la ropa contra su pecho. Cuando llegó al primer piso, vio que las luces de la cocina se debilitaban con cada parpadeo, siendo un poco difícil observar las figuras de su alrededor. Caminó hacia el sillón, donde estaba Sasuke aun parado dándole la espalda, pero se mantuvo quieta detrás del respaldo.

¿Qué se supone que tendría que decir? Pero sobre todo, ¿qué hacía entregándole ropa?, ¿no le había exigido que se fuera y ahora ella actúa como si nada?, ¿qué rayos le ocurría?

Intentó meditar sobre esto, pero no podía concentrarse lo suficiente. Lo único que se le venía a la mente es el video que él tiene guardado, imposible de conseguir. Lo único que podía esclarecer sus dudas estaba oculto en una computadora, muy lejos de aquí. A menos que…

–Toma… –dijo con voz ahogada, casi nula. Arrojó la ropa sobre el sillón, demasiado grosera y asustada como para darse cuenta de la mirada que le dirigió el Uchiha de reojo.

No esperó a que le contestara y salió corriendo de nuevo hacia el segundo piso, y esta vez no saldría de su habitación en toda la noche. Pero por si las dudas, le puso cerrojo a la puerta, temiendo que Sasuke pudiera entrar mientras dormía.

–No podré dormir de todas formas. –se dijo con amargura.

Se sentó en la cama abrazando sus piernas y fijó su vista en la puerta, como si fuera abrirse en cualquier momento. Deseó haber agarrado el teléfono de casa que estaba encima de la mesa de centro, podría haber llamado a la policía… o tal vez a Ino. De todas maneras, no tenía idea si él iba a pasar la noche aquí en su casa o se iría.

Dios, tampoco sabía si iría a usar la ropa que le dejó. ¿Por qué hizo eso?

Llevó sus manos a su rostro sintiéndose estúpida. Esperaba que él no pensara que estaba siendo amable con él, solo lo había hecho por mera lástima ha de ser sincera, por lo menos lo era segundos antes de que esa horrible idea de ellos dos haciendo algo más que liarse, cruzase por su mente.

No entendía por qué Sasuke se niega a entregarle el dichoso video, o por qué dejarle una foto del mismo video que él no quería que viera en su casillero. Tampoco entendía el por qué colarse en su casa en plena llovizna por un simple beso… bueno, puede que tenga una idea sobre eso.

Lo había pensado bastante y llegó a la conclusión de que Sasuke no es que gustase de ella.

Él está obsesionado.

Está obsesionado con ella desde la fiesta en la cabaña. A lo mejor no pudo soportar el hecho de que ella no recordara nada de lo ocurrido, así que decidió acosarla y hostigarla por todos lados. Puede que besarlo esa tarde le haya albergado esperanzas de que se repita lo de la fiesta, sino por qué allanar su casa de esa manera.

"Porque tú, entre todas las personas… no pude evitar escogerte a ti."

Las palabras de Sasuke se colaron en su mente, como un molesto recordatorio de unas antiguas palabras dichas a la orilla de una playa. ¿Qué significaba aquello?

Se removió incómoda en su cama, rememorando el beso que él le robó en el sillón.

No había sido libidinoso, al menos no hasta el final cuando intentó pasarle mano. Pero tampoco fue exactamente cariñoso, sin embargo… era como si hubiera querido transmitirle algo, o darle a entender algo sin palabras.

Dios, es Sasuke. El tipo silencioso que no saluda ni por cortesía, el que contesta con monosílabos, el que se manifiesta mediante acciones, como si gastar saliva para formular un par de palabras fuera mucho esfuerzo. El mismísimo idiota que la llamaba "molesta de pelo rosa" y la provocaba para tener una pelea.

Ese era Sasuke.

Pero entonces… ¿qué cambió?

La fiesta, indudablemente, fue el momento donde todo se fue al carajo. La línea que los dividía se borró desde que se besaron encima de ese buró de esa oscura habitación, causando que todo este caos sucediese.

Se recostó en la cama y posó su vista en el techo.

"Tú, entre todas las personas… no merecías algo así."

"Porque tú, entre todas las personas… no pude evitar escogerte a ti."

–Demonios. –maldijo en voz alta.

Llevó sus manos al rostro sintiéndose extrañamente abochornada. Todos los sentimientos y pensamientos negativos que la habían acompañado hasta hoy, de pronto han dejado de perforarle el pecho, como si fuese un aviso o algo parecido. No obstante, presagiando una posible idea que, sabía, no habría marcha atrás, Sakura bloqueó la conexión al levantarse abruptamente de su cama.

–Él está obsesionado. –se dijo para sí. –Obsesionado, sólo eso. –

Necesitaba pensar en otra cosa, urgente.

Se sentó en la cama, ésta vez con más delicadeza, y se apartó el cabello húmedo de su rostro.

El video. Tenía que encontrar una forma de poder obtenerlo.

Sí, distraer su mente con otra cosa podía funcionar.

Se quedó mirando el suelo más de la cuenta, pero al percatarse, ya era muy tarde. Un pensamiento que no tenía nada que ver con el video, cruzó por su mente y, sin pretenderlo, subió una mano hacia su rostro hasta tocar con la punta de sus dedos su labio inferior…

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Cuando Ino despertó al día siguiente, tuvo la impresión de que había estado soñando. No podía recordarlo, pero podía jurar que no había sido bonito.

Se levantó de la cama y caminó hacia el ventanal con la rara sensación en el pecho. Miró el cielo pintado de gris, y atribuyó su mal sueño a la fuerte y molesta llovizna de anoche.

Sí, debía ser por eso.

Salió de su habitación con mejor ánimo del que había despertado y se dirigió al baño para darse una refrescante ducha.

Pensó, mientras se quitaba la ropa, en lo que iba a hacer hoy. Ayer fue un día difícil tanto para ella como para las chicas, tal vez tendría que ir a la casa de la pelirosa más tarde para ver cómo está. Pero primero debía de llamar a Hinata y ponerse de acuerdo, luego pasaría a ver a su novio. Tal vez iría a ver a Sai más tarde o quizás podría pasar la noche con él. Eso sonaba mejor…

Le diría a su madre que pasaría la noche en casa de una de las chicas y listo.

Una vez bañada se dirigió de nueva cuenta hacia su habitación y comenzó a vestirse. Cuando terminó, observó por el ventanal una vez más el deprimente paisaje que había dejado la lluvia anoche, y algo llamó su atención.

Cómo vivía en un departamento, le era difícil ver a los vehículos pasar frente al edificio y muchísimo más a las personas. Sin embargo, le dio la impresión ver una cabellera blanquecina entrar a una camioneta de color negro.

Su corazón se paralizó por un momento.

No podía ser…

A lo mejor habrá sido un anciano entrar a su auto, aunque el vehículo pareciera ser demasiado moderno para una persona de esa edad.

Agitó su cabeza consternada.

Estaba a una distancia considerable del sujeto, es posible que después de la horrible experiencia que vivió en la plaza, esté viendo y confundiendo cosas por todas partes.

Sí, debe ser eso.

Observó una vez más la camioneta negra antes de que éste partiera, y se sorprendió a sí misma tratar de leer la patente del auto o el tipo de marca que utilizaba.

Se alejó del ventanal, asustada de su propio actuar.

Ya estaba comenzando a imaginar cosas o peor, a actuar como una paranoica. ¿Es así como se habrá sentido Sakura?, esperaba que no.

De todos modos, era imposible.

Suigetsu no podía saber dónde vivía, ¿cierto?

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Sakura estaba frente a la puerta con la mirada perdida en la madera barnizado en un tono rojizo, con antiguas y pequeñas fisuras que le había hecho por accidente.

Levantó una mano y recorrió con un dedo la larga y delgada hendidura que adornaba al lado de la perilla. Recordaba haberlo rasgado cuando era más pequeña, pero no sabía con qué objeto lo había hecho.

Cerró los ojos por un instante e inhaló profundamente antes de agarrar la perilla de la puerta con dedos firmes, y se quedó allí, tiesa como una roca. Demasiado asustada para abrir, pero debía y tenía que hacer.

Apretó los dientes y estrelló su frente contra la puerta, provocando un ruido seco. Soltó el aire que había estado conteniendo y volvió apretar sus dedos alrededor de la perilla con más fuerza.

No había pegado un ojo en toda la noche. Perturbada y sin poder asimilar del todo lo ocurrido, pero sobretodo fueron sus pensamientos y revelaciones que la han tenido así, tan preocupada y angustiada. Durante la madrugada le habían asaltado ideas disparatadas producidas por el aplastante miedo de que él viniera a por ella, deseando escapar por la misma ventana que él había entrado y correr con toda la rapidez con la que era capaz a algún sitio seguro. Pero no se atrevió a hacerlo, ya lo intentó una vez y había fracasado, no importaba cuán lejos podía llegar; Sasuke siempre la encontrará.

Y con ese tenebroso pensamiento fue que Sakura comenzó hacerse a la idea (con infinito repudio) de que, tal vez, tendría que habituarse a este escalofriante hombre.

Entonces, abrió la puerta.

Caminó con cuidado por el aún oscuro pasillo: no pasarían de las seis de la mañana.

Llegó a las escaleras, pero no bajó. En su lugar, se arrodilló en el suelo y dio un vistazo entre los barrotes del barandal, buscando algún resquicio de la sala de estar, pero apenas alcanzaba a ver el pasillo que daba hacia la cocina.

Bueno, al menos sabía que el pasillo del primer piso estaba despejado.

Se levantó del suelo y con cuidado comenzó a bajar las escaleras, evitando hacer ruido contra la madera. Al llegar al primer rellano, caminó despacio hacia la puerta más cercana, la cocina. Pero al asomar la cabeza la encontró tan vacía como el pasillo, pero no bajó la guardia y se adentró a la estancia. El lugar estaba oscuro a medias, ya que las delgadas y opacas luces solares apenas se colaban por las ventanas, dándole un tono azul pálido a los objetos de la cocina.

Siguió caminando con precaución hasta llegar hacia la otra puerta que dividía la cocina y el comedor, desde esa distancia podía ver la sala de estar que estaba al otro lado del comedor, sin embargo solo veía el respaldo del sillón, tan silencioso y calmado que parecía mentira lo sucedido ayer.

Con pasos vacilantes, esquivó las sillas del comedor y se acercó al marco de la puerta que daba hacia la sala de estar, y se quedó allí.

Intentó ver por el reflejo de la televisión si había indicios de Sasuke en el sillón, pero no había suficiente luz para saber si él estaba ahí o no. Por lo que tomó una gran bocanada de aire y entró a la sala con cuidado donde pisaba, temiendo hacer mucho ruido con sus pies desnudos contra el frío y crujiente suelo de madera. Rodeó el sillón y con el corazón en la mano, observó con sus propios ojos la escena frente a ella.

No había nadie.

Los cojines estaban tal cual los dejó anoche al igual que la tela arrugada del sillón, como un recordatorio que lo de anoche sucedió. Pero había otra cosa que le llamó más la atención y era que, la ropa que le había lanzado, ya no estaba.

Frunció el ceño ante esto.

Esperaba estar equivocada, pero si Sasuke estaba utilizando la ropa de su padre, eso significaba que él aún seguía rondando por la casa.

Ese pensamiento la angustiaba. No quería encontrárselo vagando por los pasillos como un fantasma, o peor, que la acechara como solía hacerlo en la escuela, pero en su propia casa.

Un escalofrío le recorrió la espalda del puro miedo. Temía darse la vuelta y ver esos terribles ojos negros observarla fijamente desde la cocina o el comedor.

Tragó grueso, espantada. Pero se dijo para sí, que era mejor buscarlo que ser perseguida por él; era mejor pensar lo peor en vez de llevarte una desagradable sorpresa en algún rincón de la casa.

Y con esa deprimente idea, Sakura viró hacia atrás manteniendo todos sus sentidos en alerta de cualquier cosa que le pareciese extraña.

Caminó de la misma forma que antes, y buscó en el pasillo algún indicio de Sasuke. Se dirigió primero al baño, y con cuidado giró la perilla sin hacer mucho ruido: la puerta estaba abierta. Al entrar, lo primero que hizo fue abrir la cortina del baño, pero no encontró nada más que los útiles de aseo. Salió de allí un poco más calmada.

Con esa pequeña victoria, Sakura se sintió un poco más segura y siguió recorriendo la casa con sigilo: revisó las demás puertas que habían en el pasillo y fue de nuevo a checar la cocina y el comedor, se encaminó hasta al patio para ver si encontraba rastros de él. Una vez que terminó, se sintió un poco más segura en el primer piso, pero aún debía registrar las habitaciones de arriba.

Dudaba que estuviera en el segundo piso, ya que estaba su habitación (que obviamente no estaba allí), la de su madre, el armario donde guardaban toallas, cobijas y esas cosas, además de la pequeña oficina de su padre, que en ese momento la utilizaban como un improvisado cuartucho donde guardaban los adornos navideños, objetos inutilizables o que ocupaban en ocasiones especiales. Casi nunca entraba a esa habitación porque su madre lo mantenía con llave, y porque le traía malos recuerdos.

Sin embargo, eso es cosa del pasado y ya no sentía esa sensación que le oprimía el pecho cada vez que cruzaba el pasillo para llegar a su habitación.

Sacudió la cabeza para alejar aquellos recuerdos de su mente, debía concentrarse en buscar a Sasuke.

Subió al segundo rellano y comenzó a registrar puerta por puerta, pero tal parece que no había rastros del Uchiha por ningún lado.

Sasuke se había ido.

Exhaló una gran cantidad de aire, sintiendo cómo los músculos de su espalda se relajaban y destensaban, aliviada de que por fin hubiera terminado la paranoia de ser observada en su propia casa. No obstante, aún persistía la duda en su interior, por lo que decidió bajar al primer piso y dirigirse a la puerta principal.

Corrió la cortina de la estrecha ventana que estaba a un lado de la puerta, y observó entre la maleza que adornaban su jardín rociado por las fuertes lluvias de anoche, alguna cosa extraña que no sea el inmenso desastre que tendría que limpiar luego.

Y lo vio.

Un automóvil estaba estacionado afuera de su casa junto a la verja que dividía el desastroso jardín. No recordaba haberlo visto anoche, pero suponía que al salir disparada de su casa en plena llovizna y con el único pensamiento de huir de allí; era obvio que no tenía cabeza para fijarse a su alrededor. Además, aquel no era precisamente un auto común, se notaba que era un modelo bastante costoso y moderno, pero sobretodo, se le hacía terriblemente familiar. Sabía a quién le pertenecía.

Él no se había ido.

La paranoia que había perdido, regresó con más fuerza que antes e hizo que su mente comenzara a formular horribles ideas entorno a cierto pelinegro.

Él no estaba a dentro de su casa, ella se aseguró de aquello; revisó la casa de piso a piso, de esquina a esquina. Entonces, eso significaba que él estaba en su auto o que debe estar rondando afuera, en alguna parte cercana a su vivienda.

Se alejó de la puerta y subió a toda prisa por las escaleras. Comenzó a buscar en su habitación un par de zapatillas antes de volver a bajar al primer rellano mientras se los colocaba con torpeza mientras andaba. Volvió a la puerta principal y se tomó un segundo antes de abrir la puerta, insegura de lo que iba a encontrar más adelante.

El cielo de un color gris azulado, apenas iluminaba el frío ambiente de aquella mañana. No había viento, pero podía sentir como una brisa se colaba entre el dobladillo de su camiseta vieja y recorría su columna, enviándole extraños escalofríos por todo su cuerpo.

No se había dado cuenta, pero estaba caminando hacia al automóvil.

Al llegar al auto se acercó a la ventana más cercana, pero se dio cuenta que todas estaban polarizadas, por lo que le era difícil saber si él se encontraba allí. La única solución que encontró era golpear y ver si abría.

Como aún le dolía utilizar sus nudillos, golpeó la ventanilla del copiloto con el dorso de la mano de manera suave.

"Pam, Pam"

No hubo respuesta.

Lo intentó una vez más, pero con un poco más de fuerza.

"Pam, Pam, Pam"

Tampoco funcionó.

Tal vez, él no se encontraba adentro y seguía rondando dentro de la casa, pensó.

Giró su mirada hacia su hogar, no estando muy segura de esa suposición. Sin embargo, donde quiera que él estuviera, debía de estar cerca.

Miró de nuevo por la ventana del auto. Una tarea inútil a decir verdad, ya que era incapaz de visualizar algo allí dentro.

Bueno, existía una forma de llamar la atención.

Observó ambos lados con disimulo, vigilando que no haya nadie cerca para hacer lo que estaba a punto de hacer; no había ni un alma rondando por su vecindario.

Caminó hacia las ruedas delanteras del automóvil y se posicionó frente a una de ellas. Luego levantó un pie y le dio una fuerte y certera patada al neumático.

Y la alarma sonó.

El silencio que reinaba en el ambiente, fue interrumpido por el espantoso sonido de la alarma del auto de Sasuke.

Hasta Sakura saltó por el susto que su propia treta provocó, y se apresuró en taparse los oídos por los estridentes y agudos pitidos que le hacían doler los tímpanos. Volteó su cabeza por todos lados para ver si Sasuke aparecía por alguna calle o si efectivamente seguía en su casa. Pero no fue ninguna de las dos.

Se escuchó un fuerte golpe dentro del vehículo, que hubiera pasado desapercibido por el estrépito que estaba causando la alarma, si no fuera por la sacudida que dio el auto. A los segundos siguientes, la alarma se dejó de escuchar y la puerta del pasajero se abrió de golpe.

Un desaliñado y aturdido Sasuke salió a tropezones del vehículo.

Tenía que confesar que el chico tenía muy mal aspecto: con la cara pálida y ojerosa, como si no hubiera dormido bien. Se encontraba descalzo y despeinado, haciendo que los erizados cabellos de su nuca se desprendieran hacia todos lados. También se había colocado la ropa que le había dejado (lanzado, más bien) en el sillón; el pantalón escoses le quedaba inmenso y el elastizado no le servía de mucho, ya que tuvo que hacerle un nudo al costado de su cadera para que no se le cayeran. La camisa gris la llevaba desabotonada y arrugada, luciendo su torso lívido e increíblemente marcado.

Sakura arrugó profundamente el ceño, molesta consigo misma por ese último pensamiento.

Pero aun con esos singulares abdominales, no quitaba el hecho de que Sasuke era un reverendo idiota acosador, y que lucía increíblemente ridículo con esa ropa puesta.

–Te ves patético. –dijo en un tono de absoluto desprecio, mirándolo de pies a cabeza.

–Cállate. –espetó grosero. La voz le salió demasiado ronca y rasposa, casi como un gruñido.

Se mordió la lengua para evitar soltarle una grosería bien fea, y optó por hacer lo que debió de haber hecho apenas lo vio cruzar por su ventana.

–Lárgate, o llamaré a la policía. –amenazó en voz baja.

Sasuke levantó una ceja, escéptico. Cerró la puerta de un portazo haciendo que la pelirosa diera un ligero respingo, evidenciando su miedo que le provocaba su presencia.

Sakura tensó cada músculo de su espalda, y esperó ante la inminente postura agresiva que él solía hacer cuando le contestaba mal o hacia algo que no le gustaba.

Pero no lo hizo.

La miró un par de segundos más de lo necesario y echó la cabeza hacia atrás, despejando su rostro de los cabellos alborotados. Metió sus manos dentro de los bolsillos del pantalón escocés, tomando una postura relajada, todo lo opuesto a las predicciones de la pelirosa.

Si solo ella supiera…

Si solo ella entendiera…

Apretó los dientes, viendo como ella lo miraba con una expresión entre miedo y rencor, pero sobretodo existía un atisbo de vergüenza que no había visto hace mucho.

Sasuke analizó ese gesto en sus ojos como una verdad que ya lo tenía más que asumido: ella lo despreciaba. Quizás no llegaba a odiarlo, pero no estaba muy lejos de aquello y él entendía que su actitud y sus acciones tienen mucho que ver, y más por la estupidez que hizo anoche. Lo sabía y comprendía, pero ¡Dios! No se arrepentía en absoluto.

Por su parte, Sakura se sentía tan abochornada que le era difícil mirarlo a los ojos. No entendía como su ira podía ser tan potente como para desnudarse frente a él sin importarle un comino, al menos en ese momento, porque ahora lo único que quería era desaparecer para siempre y que ojalá que él nunca más la encontrara.

Ambos se quedaron quietos, cada uno ensimismados en sus propios pensamientos como para saber que decir.

Fue Sasuke, finalmente, el que rompe el hilo que llevaba su mente y se paró recto frente a ella, llamando la atención de la pelirosa.

Sakura tensa sus hombros, cautelosa a lo que él iba a decir a continuación.

–Te lo devolveré después. –dice señalando su ropa con un asentimiento de cabeza.

Sakura se mordió el labio, indecisa. Pero tomó valor inflando su pecho y mirarlo de frente, dispuesta a tomárselo con calma a pesar de que su interior era un huracán de emociones, que peleaba por salir a flote.

–No. Esa ropa era de mi padre. No la quiero de vuelta. –dice con firmeza.

Pudo ver una ligera perturbación en sus ojos, pero al pestañar desapareció, y en su lugar lo remplazó una neblina oscura que lo hacía lucir aún más escalofriante de lo que ya era.

Se alejó un par de centímetros, casi imperceptiblemente ante la extraña mirada que Sasuke le estaba dirigiendo.

–Y te pido por favor, que no vuelvas más a mi casa. –el tono calmado y educado fue tan frío como la brisa de esa mañana. El ambiente estaba tan cargado que, fácilmente, podía ser cortado con un cuchillo.

Sakura se felicitó al ser ella quien tomaba el control de la situación y no él. Se sorprendió a sí misma mirándolo a los ojos, pero se sorprendió aún más al ver que Sasuke accedía al asentir débilmente con la cabeza.

–Bien. –le contesta el Uchiha en un susurro. –Entonces ven tú a la mía. –

Sakura tardó varios segundos en procesar lo dicho, dejándola totalmente fuera de lugar, e instintivamente bajó la mirada hacia los labios del chico.

– ¡No! –exclamó, más asustada de su inconsciente que de su insolente proposición.

El corazón le latía tan desbocado que sus manos comenzaron a temblar, las escondió detrás de su espalda para que él no lo notara. Al parecer funcionó, porque no hizo ni dijo nada al respecto, pero pudo ver como sus cejas se contraían ligeramente ante el tono asustado que utilizó.

Se obligó a levantar la mirada hacia sus ojos oscurecidos en sospecha, y trató (por todos los cielos) que su corazón dejara de martillarle el pecho; no porque doliera, sino por las extrañas sensaciones que su cuerpo quería sucumbir.

¿Qué diablos le estaba sucediendo?

–Ven a mi casa esta tarde y aclararé todo. –habló Sasuke, sacándola de sus pensamientos.

– ¿Cómo estás seguro que iré? –dijo en un hilo de voz. Las palabras apenas salían de su boca.

El Uchiha levantó un hombro con desgana.

–Porque si no, tendré que venir yo a buscarte. –

No fue una amenaza, más bien sonaba como si tener que venir él mismo fuera algo molesto, pero no pasó desapercibido la mirada suspicaz que le dirigió, dando a entender que quizás sí fuera una amenaza.

Apretó los puños detrás de su espalda, dudosa.

– ¿En serio me dirás todo? –inquirió no muy convencida. No creía que fuera una buena idea en ir a su casa, sería literalmente, meterse en la boca del lobo.

Sasuke no contestó, y en su lugar volvió a abrir la puerta del pasajero donde había dormido, incómodamente, durante el resto de la noche. Buscó algo debajo del asiento y cuando lo encontró, cerró la puerta.

Sakura observó, lo que parecía ser, una playera de color verde musgo en sus manos. Y, de un momento a otro, el Uchiha comenzó a sacarse la camisa gris en medio de la calle y frente a ella, como si tal cosa. Pero lo que más le molestó, fue la vergüenza que sintió al verlo medio desnudo, pero aun así no apartó la mirada de su torso.

Era tan blanquecino como ella, a excepción de que él tenía el abdomen mucho más marcado que el suyo. Sus hombros eran cuadrados, recordándole haberlo visto en la cocina de espaldas con la playera húmeda y como se le marcaban sus omoplatos, pero como estaba de frente esta vez, no podía visualizar su espalda desnuda.

Sasuke no la miraba, pera estaba consciente de su escrutinio mientras se cambiaba de playera. Esto la avergonzó aún más, sintiendo como sus mejillas se sonrojaban ante el espectáculo que tan descaradamente, el Uchiha le estaba dando.

Este hecho, la llevó a recordar la forma en la que ella misma se quitó la playera frente a él, y como él en todo momento, mantuvo su vista fija en su rostro descompuesto por el enfado, mas no bajó la mirada en ningún momento.

Frunció el ceño ante eso.

Él a diferencia de ella, no cedió a la tentación de mirar más debajo de sus hombros, como si le tuviera una clase de respeto hacia ella. Luego recordó que él se le lanzó encima para besuquearla, y no solo eso, sino que también trató de meterle mano a su trasero. Así que eso del "respeto" ya lo había perdido hace mucho tiempo, a decir verdad.

Bueno, sea lo que sea, ella no tenía ningún interés en reencontrarse con él y mucho menos en su casa. Aunque si lo pensaba con más claridad, esa podría ser una buena oportunidad de ingresar a su computadora y encontrar el video de la noche en la cabaña.

La idea era muy riesgosa e imprudente, y había un montón de cosas que podrían salir mal pero, ¿qué otra alternativa le quedaba?

Él mismo dijo que iba a esclarecer todo el asunto, pero hasta el momento, Sasuke no ha hecho más que ocultar y callar todo lo relevante sobre la fiesta. ¿Por qué de pronto quería ser franco con ella? ¿A qué se debía?

No entendía nada, pero si de algo podía estar segura después de todo lo vivido hasta ahora, es que no podía fiarse de nada ni nadie.

Una vez que Sasuke hubiera terminado de cambiarse, le devolvió la camisa gris levantándola a su dirección. Sakura la tomó por inercia, a pesar de haberle dicho que no la quería. Sin embargo, el Uchiha pudo notar el cambio de actitud en su mirada, ya que antes lo observaba abochornada de su desnudez, y ahora le dedicaba una mirada analítica y calculadora, como si no confiara en él.

Y tenía razones para no hacerlo.

–No más vueltas. –dijo la pelirosa en un tono de advertencia.

–No más vueltas. –confirmó el muchacho dando un asentimiento de cabeza.

El Uchiha rodeó el vehículo para abrir la puerta del conductor, y le dedicó una última mirada antes de subir.

Sakura se quedó allí, viéndolo partir entre las últimas brisas de esa fría mañana. No sintió los rayos solares aparecer entre las altas montañas que había detrás, tampoco las vio chocar contra el negruzco pavimento, alumbrando el suelo gracias a la humedad que dejó la llovizna de la noche anterior.

Ella no podía ver, sentir ni escuchar lo que había a su alrededor. Lo único no ajeno, era su mente; rememorando las palabras que le dijo antes de irse.

No más vueltas.

Si de algo sé sobre Sasuke… –pensó mientras bajaba la mirada hacia la camisa que todavía llevaba en las manos. –Si de algo nunca pondría en duda… –apretó la tela entre sus maltrechos dedos. –Es la franqueza al hablar cuando me mira a los ojos, pero… –no supo decir las palabras concisas para referirse al sentimiento que percibió en los ojos de Sasuke, antes de subirse al auto.

Luego, recordó sus propios sentimientos cuando embriagó a Naruto para sonsacarle información; culpa.

Sasuke sentía culpa de algo, ¿pero de qué?

Oh.

Claro que sí.

Ella misma creía en la sinceridad del Uchiha, pero hubo algo que no le gustó.

Volteó su vista rápidamente hacia el camino donde lo había visto desaparecer. Entonces lo supo.

Cuando pactaron decirse todo (a la silenciosa forma del Uchiha), cuando por fin se dignó a desenmascarar todo el misterio entorno a una de las oscuras habitaciones de una lejana cabaña, cuando creía que podía revelar la verdad, sucedió una cosa.

Si de algo nunca pondría en duda, es la franqueza al hablar cuando me mira a los ojos.

Y eso es exactamente lo que no hizo. Cuando dijo aquello, Sasuke no la miró a los ojos.

.

.

.

.

.

– ¡Ino-chan! E-Espera un segundo. –exclamó la chica con la respiración entrecortada.

La rubia paró el maratón que había recorrido y giró su cabeza hacia atrás, donde la pobre ojiperla trataba de recobrar el aliento afirmándose de sus rodillas. Apoyó su espalda en el poste del semáforo, esperando a que la chica por fin la alcanzara.

–Te hace falta hacer ejercicio, Hina-chan. –rio Ino, viendo cómo a duras penas se podía mantener en pie. – ¡Vamos! ¡Con más ánimo! –exclamó con júbilo.

Una vez que visualizó la luz verde del semáforo, Ino trotó hasta la otra cuadra manteniendo los movimientos de los pies para calentar los músculos de sus piernas.

Hinata por su parte, caminó con cansancio y desgana donde su amiga la esperaba haciendo unas cuantas flexiones de brazos.

Gruñó para sus adentros.

Sabía que no debía que haber aceptado salir con Ino esa mañana, pero no tuvo otra alternativa que digamos. Ella se presentó en su casa sin avisar, vestida con ropa de gimnasia y con la excusa de querer ir a visitar a la pelirosa, después de una desagradable llovizna nocturna.

No es que se quejara en ver a su amiga pero, ¿por qué tenía que ser corriendo?

Arrastró sus pies hasta situarse frente a la rubia, quien doblaba su torso hasta tocar con las palmas las puntas de sus pies, sin flexionar ni un centímetro las rodillas.

Gruñó aún más.

–Sabes que d-detesto hacer ejercicio, Ino-chan. –reclamó la ojiblanca, mientras se limpiaba el sudor de la frente con el dorso de la mano.

Ino se levantó, lanzando con absoluta gracia su larga y amarrada cabellera hacia su espalda.

–No está mal correr de vez en cuando, ¿no? –inquirió la rubia, antes de sacar la botella de agua que llevaba en la mochila.

–Pero ya hemos c-corrido bastante. ¿Podemos ir c-caminando por favor? –dijo con un dejo de súplica.

Ino rodó los ojos, pero asintió con la cabeza. Ya habían corrido varias cuadras, y solo les faltaba una para llegar a la casa de la pelirosa.

–Bien, pero solo porque no resisto esa mirada de cachorrito apaleado. –dijo la rubia, volviendo a retomar el paso, pero esta vez a uno más lento.

Hinata no dijo nada respecto a su comentario, ya que no quería que se retractara y comenzara a correr de nuevo. Preferiría recibir pelotazos frente a un arco de fútbol que a correr veinte cuadras como maniática.

De todos modos, lo único bueno que rescataba de todo esto es que podían ir a ver a su amiga. Le preocupaba el estado en el que podría estar, luego del desastroso plan de infiltrarse en la casa del Uchiha. La vio tan decaída y perturbada que no sabía si durmió bien anoche, sabiendo además del miedo que le tenía a las tormentas; lo más seguro es que no habrá podido dormir en absoluto.

Ambas chicas caminaban en silencio, cada una sumida en sus propios pensamientos. Mientras que Hinata se preocupaba del estado mental de la pelirosa, a Ino no se le quitaba de la cabeza la sospechosa figura frente a su edificio. Se decía a sí misma que pudo haber sido una confusión, aunque no había muchas personas jóvenes con el cabello blanco, también cabía la posibilidad que al estar a una distancia considerable, y más si estaba a varios metros de altura, pudo haber afectado su visión. Sin mencionar el trauma que vivió en aquella plaza (lugar al que no volvería en un largo tiempo).

Sin embargo, no importaba cuantas excusas pusiera para justificar lo que vio, eso no quitaba el hecho de que vio algo. Llámenlo estrés postraumático, premonición o lo que sea. De lo único de lo que podía estar segura es que la figura que vio frente a su edificio, sumado al mal sueño que tuvo, solo significaba una cosa: era una advertencia. Algo iba a ocurrir y no creía que lo que se vaticinaba fuera algo bueno.

–Llegamos. –la suave voz de la ojiblanca la sacó de sus pensamientos. Levantó su vista para encontrarse frente a la casa de la pelirosa.

La casa, al igual que las demás, tenía charcos de agua y lodo por todo el jardín. Las hojas de los árboles que el viento llevó, fueron esparcidas por toda la entrada de la casa mostrando una vista caótica que la llovizna provocó.

–Sakura tiene mucho que limpiar, ¿cierto? –comentó la rubia.

Caminaron con cuidado, evadiendo la suciedad y la humedad lo más que podían hasta llegar a la puerta principal.

Toc Toc

Ino esperó unos segundos antes de volver a tocar.

Toc Toc

Frunció el ceño.

A lo mejor seguiría durmiendo, pensó.

Observó su reloj de muñeca. Eran pasadas las nueve y media, todavía era temprano.

De repente, un ojo verde se asomó por la estrecha ventanilla que estaba situada a un lado de la puerta, y al segundo siguiente, sonó el chasquido del cerrojo siendo removido y se abrió la puerta.

Lo primero que pensaron ambas chicas, fue que se equivocaron de casa. La chica parada frente a ellas, tenía la cara tan traslúcida que parecía que fuera a desaparecer, las inmensas ojeras que tenía debajo de los ojos, solo acentuaban su pálido semblante. Pero lo que más destacaba, era el cabello rosa revuelto y la mirada inquieta; le daba un aire de auténtica chiflada.

A Ino le recordó a la vieja loca de su vecina que vivía a dos puertas de la suya: con un montón de gatos, hablaba sola y siempre tenía un fuerte olor a ajo.

–Dios, ¿qué te pasó? –inquirió la rubia, mirándola de arriba a abajo.

–Nada. –contestó con voz hueca, evidenciando aún más su estado catatónico.

–Sakura-chan, ¿p-podemos pasar? –preguntó despacio, Hinata.

Sakura no contestó, pero se hizo a un lado, invitándolas a pasar.

Ambas chicas se adentraron a la vivienda y se dirigieron a la sala de estar, siendo seguidas por la pelirosa.

–Entonces… –habló Ino, sentándose en el sillón junto a la ojiblanca. – ¿Tan mal te dejó lo de ayer? –

La pregunta carecía de doble sentido, y lo dijo más bien por cortesía que por otra cosa. Sin embargo, Sakura no pudo evitar mirarla significativamente, como si la rubia fuera consciente de cuán certera eran sus palabras.

Pero claro, ella no tenía idea del susto y la vergüenza que pasó anoche, por lo tanto su pregunta da para muchas interpretaciones que solo ella misma podía entender.

Ino y Hinata compartieron una mirada cómplice, para luego volver a mirar a la pelirosa. No pasó desapercibida aquella expresión sospechosa, por lo que Hinata se atrevió a decir:

– ¿Qué pasó? –

Sakura levantó la vista hacia sus amigas, pero rápidamente dio un breve vistazo al destartalado sillón donde ellas estaban tan cómodamente sentadas. Si tan solo supieran lo que estuvo a punto de pasar allí…

Sacudió la cabeza, alejando los abrumadores recuerdos de anoche. No creía poder hablar de eso con las chicas, ya que para eso debía explicarle sobre el beso que le dio a Sasuke en el parque, y no estaba lista aún para enfrentar las reacciones e impresiones de sus amigas, ya bastante tenía con las suyas propias. Además estaba el otro inconveniente sobre la posibilidad de encontrarse con Sasuke esta tarde y estaba en la duda entre dos ideas:

En una, simplemente no iba y se arriesgaría en volver a revivir el espanto de ver a Sasuke invadir su propiedad, ya que estaba segura que él cumpliría con su palabra en ir a por ella sino se presentaba. En otra, ella tomaba un shot de tequila para tomar el coraje que le faltaba para enfrentarlo a su casa, y no sabiendo cómo ni con qué pretexto, lo engañaba para inmiscuirse a su computadora y guardar (no robar) toda la información que pudiese encontrar de la fiesta.

Esta última idea era totalmente descabellada y sin garantía de que pudiera funcionar. Era prácticamente ir a meterse a la boca del lobo, con el riesgo de quedar atrapada entre sus fauces y colmillos, sin posibilidad de salir entera de allí.

Un escalofrío le recorrió la columna, pero se obligó a no bajar la vista y mantenerla fija en sus amigas.

Ya era tiempo de hacer las cosas por su cuenta.

–Nada. Solo estoy agotada, es todo. –dijo con normalidad, en un intento de tranquilizar a sus amigas.

No funcionó del todo.

Ino se relajó un poco al escuchar su respuesta, pero aún mantenía cierto resquicio de sospecha en sus ojos. Entendía perfectamente lo mal que debía de estar pasando la pelirosa, ella misma tuvo una mañana difícil que no se atrevía a comentar por temor a que no le creyeran o que pensaran que estaba tan estresada como lo estaba su amiga, por lo que simplemente cerró la boca y no insistió más en el tema.

Sin embargo, la única que no le creyó del todo fue Hinata. Siendo la más perceptiva entre las chicas, supo de inmediato que había algo que ella no estaba contando.

Corrió la mirada de los perlados ojos de Hinata, rehuyendo de su escrutinio. Estaba casi segura de que ella ya se hacía una idea de su comportamiento, pero al igual que Ino, no insistió más en el tema. Al menos no por ahora.

–Entonces… –interrumpió la rubia, luego de un instante de silencio.

Sakura parpadeó un par de veces y se obligó a tomar una postura más relajada antes de hablar.

–Bueno, no es que me moleste que hayan venido pero, ¿qué hacen aquí a estas horas? –inquirió en un tono curioso, retomando un poco de su personalidad.

–Ino-chan fue la de la idea. –acusó la ojiblanca, apuntando con un dedo a una sorprendida rubia. –Me o-obligó a venir corriendo desde mi casa. –

Fue entonces que Sakura fue consciente de la pinta que llevaban. Ambas chicas habían venido con ropa deportiva y ligeramente sudorosas, pero era Hinata que entre las dos llevaba las mejillas sonrosadas por el sobreesfuerzo.

Sakura sabía lo pésima que era Hinata con los deportes y de lo rápido que se cansaba al realizar cualquier ejercicio físico, por lo que no le sorprendía mucho de la mirada suplicante que le dirigía con tanto esmero.

Soltó un suspiro, un poco más relajada.

–Te haré un batido, así te sentirás mejor. –dijo la pelirosa, dándole una breve sonrisa cariñosa antes de revolverle el cabello amarrado de la chica.

Hinata se sonrojó aún más por el trato infantil que a menudo recibía por parte de la pelirosa. No es que le molestase, es solo que a veces le avergonzaba que hiciera ese tipo de cosas porque la hacían sentir demasiado mimosa y consentida, ya tenía suficiente con la sobreprotección de su primo Neji.

– ¡P-Puedo hacerlo yo! –exclamó, pero ya era tarde. Sakura ya se había encaminado hacia la cocina. Se levantó de inmediato y la persiguió por el corredor. – ¡Espérame Sakura-chan! –

Ino también se levantó del sillón, pero en vez de seguir a las chicas, se dio el tiempo de estirar las piernas y los brazos. Pero en un descuido, pateó accidentalmente uno de los adornos de la mesa de centro y cayó al otro lado del sillón.

Bufó molesta por su torpeza, y refunfuñando fue en busca del adorno. Cuando estaba por levantar el objeto, su vista se posó en algo negro, arrugado y mojado que había justo detrás del sillón…

–L-Lo digo en serio, sakura-chan. Yo puedo hacerlo. –siguió reclamando la ojiblanca.

Hinata le había insistido durante todo el camino en ser ella quien se encargue de cocinar, pero la pelirosa simplemente no la escuchaba.

–Es mi casa y mi cocina. Además, ya te dejé ayer hacer el almuerzo por mí, ¿recuerdas? –señaló dándole la espalda, buscando los alimentos que iba a utilizar en el refrigerador.

–Al m-menos déjame ayudarte. –insistió. Se acercó a ella y sin preguntar, la ayudó a sacar algunas frutas y colocarlas en la encimera.

Sakura rodó los ojos, pero la dejó ser. Si lo pensaba claramente, es mucho mejor para ella, así el batido no iba a quedar tan desabrido como suele pasarle.

–De acuerdo, pero yo elijo los sabores. –cedió con una sonrisa, mucho más contenta y divertida.

–Oye, Sakura… –la voz de Ino se escuchó desde la puerta de la cocina.

– ¿Hm? –musitó la chica, mientras tomaba un cuchillo y comenzaba a cortar algunas naranjas.

– ¿Qué es esto? –preguntó la rubia.

Sakura levantó la mirada para ver a lo que se refería la rubia, y lo que vio a continuación, hace que casi se corte un dedo de la sorpresa.

Ino levantaba con las puntas de los dedos una prenda larga y arrugada, y a juzgar por la forma en la que estaba, pareciera que todavía seguía húmeda a pesar de estar horas abandonada en un rincón de la sala.

Lo había olvidado por completo.

Los colores comenzaron a subirse por la cara al ver como Ino sostenía la playera de Sasuke entre sus dedos y lo miraba con el ceño fruncido, como si aquella prenda fuera una cosa extraña de dudosa procedencia.

– ¿Eso n-no es una playera de hombre? –inquirió Hinata con curiosidad, dejando momentáneamente los utensilios de cocina a un lado para enfocar su vista en la oscura prenda.

– ¡Ah! –exclamó asustada, sin saber qué decir. Dejó caer el cuchillo en la encimera haciendo que la filosa hoja tintineara ruidosamente.

Ante ese extraño y sospechoso comportamiento, Ino estrechó los ojos de manera suspicaz, comenzando a notar el nerviosismo de la pelirosa.

–Si te soy sincera, Sakura. Creí que habías recaído en tus antiguas andanzas de vestirte como chico, pero al ver tu reacción… –sacudió la húmeda playera, dejando que las últimas gotas de lluvia cayeran al suelo. –supongo que estoy equivocada. –

Hinata se posicionó a un lado de la rubia, también mirándola con el ceño fruncido y correspondió a lo dicho asintiendo con la cabeza.

Sakura cerró la boca que había dejado abierta sin pretenderlo, y sacudió una vez más su cabeza, alejando sus miedos y preocupaciones. No es que no quisiera contarles a las chicas lo sucedido anoche, es solo que no esperaba hacerlo hoy.

Ni si quiera asimilaba del todo lo que había pasado, ¿cómo se supone que debía de explicarles?

–Yo… lo siento. –dijo en un hilo de voz. No sabía qué más decir.

–Entonces, ¿no es tuyo? –preguntó la ojiblanca, apuntando con un dedo la playera que la rubia aún sostenía entre las puntas de los dedos.

Sakura soltó un hondo suspiro, preparándose mentalmente para lo que estaba a punto de decir.

–No. –negó finalmente.

Se acercó a las chicas y les pidió que tomaran asiento en unas de las sillas de la cocina. Las chicas obedecieron, medio extrañadas y medio intrigadas por todo el misterio que la pelirosa le estaba dando al asunto.

–Hay una cosa que no les he dicho. –comenzó a decir la chica, con la vista fija en la ampolleta apagada de la cocina, como si allí pudiera encontrar las palabras adecuadas para explicar tamaña estupidez que hizo ayer en el encuentro con Sasuke.

Comenzó a narrar lo sucedido en el parque, omitiendo la "conversación" que ambos sostuvieron, ya que no era precisamente esclarecedor, pero para ella tuvo otro significado que no sabía interpretar correctamente, y no estaba segura si ellas podían entender todo lo bizarro que resultó aquello, así que decidió saltarse esa parte e ir al grano.

Sintió sus mejillas arder al confesar que tuvo que besarlo para que no las descubrieran, por lo que elevó su vista hacia el candelabro oxidado del techo, mientras seguía explicando lo sucedido. Luego, pasó a la parte de la llovizna y en cómo el terror y el pánico la arraigó al ver aparecer a Sasuke en la ventana de su habitación y en cómo ella salió corriendo de la casa solo con la playera puesta. Obviamente, tuvo que explicar que Sasuke era el dueño de la playera que Ino seguía sosteniendo débilmente entre sus dedos, y en cómo lo consiguió en la casa de Naruto. Pero lo que más le costó decir, fue cuando comenzó a discutir con él y en cómo ella perdió los estribos y se sacó la playera frente a Sasuke. Sintió muchísima vergüenza confesar el griterío que montó estando encuerada, y las mejillas se colorearon hasta los límites insospechados cuando tuvo que contar lo que había ocurrido en el sillón de la sala.

Sin embargo, no mencionó la otra plática que tuvo con él esta mañana, haciendo alusión de que él se había ido cuando despertó. No quería mentirles, pero tampoco quería seguir causándoles problemas. Desde lo de Suigetsu, a la única persona a la que culpaba todo lo ocurrido era ella misma. No Sasuke ni el depravado de Suigetsu, sino ella por exponer a su amiga ante un desconocido que a todas luces, era peligroso.

No importaba que ella haya detenido las horribles intenciones de Suigetsu, ella jamás podrá olvidar la expresión que vio en Ino en la banca. Jamás lo iba a hacer.

Bajó su vista hacia la rubia, quien la miraba con la boca abierta de la impresión, sin saber o ser consciente del terrible peso de la culpa que la pelirosa llevaba en su pecho.

–Me debes estar jodiendo. –la voz de Ino salió en un tono de total desconcierto, mirando a la chica impactada al escuchar su relato.

Ino pestañó varias veces como si hubiera salido de un trance, e inmediatamente observó la playera que aun sostenía entre sus manos.

– ¡Iugh! –exclamó asqueada, lanzando la húmeda prenda por los aires.

–No seas idiota, solo la usé yo. –dijo la pelirosa media avergonzada por la reacción de Ino. Pero luego recordó que no era del todo cierto, la playera había sido usada antes por el Uchiha, ya que el olor a perfume de hombre fue de lo más atrayente, pero ellas no tenían por qué saber ese minúsculo detalle.

–Aun así, ¡iugh! –volvió a exclamar con una mueca de asco impregnada en toda su cara.

–Sakura-chan, ¡e-e-eso fue horrible! –tartamudeó la ojiblanca llevando una mano hacia su pecho, horrorizada ante la traumática experiencia que la pelirosa tuvo que pasar la noche anterior.

–Si… –fue todo lo que dijo, no sabía qué más debía de responder.

– ¡Dios! No me imaginó el terror que debiste haber pasado, Sakura. Pero tengo que admitir que fuiste muy valiente para encarar a un tipo así. –reconoció la rubia, volviendo a observar a la chica.

Sakura no estaba de acuerdo con esa declaración, se sentía de todo menos valiente. Ella había huido de casa y se había dejado poseer por la ira del momento, haciendo y diciendo cosas estúpidas que la llevaron a desnudarse frente a su acosador.

No, no era valiente. Fue una cobarde con problemas de autocontrol y sin un ápice de consciencia.

Si tan solo supieran lo que la esperaba esta tarde...

–Sakura… –la llamó Hinata.

Ella levantó la vista hacia su pequeña amiga, quien la miraba con infinita pena y, hasta cierto punto, angustiosa. Sintió el crujir de su corazón al verla así, no quería verla así.

–Creo… que deberías hacer l-lo que debiste hacer en un p-principio. –dijo con inseguridad.

– ¿A qué te refieres? –preguntó la pelirosa, quizás con un poco de dureza en sus palabras, pero no lo notó.

Sin embargo, Hinata se encogió en su asiento, temerosa de lo que puede pensar y reaccionar Sakura si se lo decía.

–N-No te lo tomes a mal, Sakura-chan. Pero creo que d-después de esto, d-deberías denunciarlo. –balbuceó la muchacha, observando a su amiga encogida en su asiento.

Sakura se quedó en blanco. Dejó que su mirada se perdiera en algún punto detrás de las chicas, pensando en las palabras de la ojiblanca.

Sería mentira decir que jamás se le había pasado por la cabeza esa idea. Ha decir verdad, si barajeó esa posibilidad, pero cada vez que lo pensaba existía algo que le hacía reconsiderar las cosas. O más bien, alguien…

–Naruto. –musitó.

Escuchó como Ino se removía inquieta en su asiento. La rubia captó enseguida el problema de esa idea. Si bien, era lo correcto y lo más sano para cortar de raíz esta situación en vez de seguir con la paranoia a cada paso que daba, no podía hacerlo así sin más y no es porque no quisiera.

–Naruto es más que mi mejor amigo, es como mi hermano. Pero también sé que lo es… lo es de Sasuke. –flaqueó un poco al nombrarlo en voz alta, pero se obligó a seguir hablando sin que se le quebrara la voz.

–Si yo hablo, si me atrevo a denunciarlo, temo que él… es decir, Naruto… –por más que intentó explicar, la voz se le atoró en la garganta. Su mayor miedo, su más grande temor nunca fue lo que pudo haber hecho Sasuke.

–Tienes miedo de que Naruto se entere, ¿verdad? –inquirió Ino, dándole justo en la llaga.

Sakura asintió quedamente con la cabeza.

–P-Pero eres su mejor amiga, Naruto-kun sabrá que d-dices la verdad. –insistió la ojiblanca.

–Hinata. –la llamó esta vez Ino, girando su silla hacia ella para observarla de frente. –No se trata de que le crea o no, se trata de lealtades, ¿entiendes? –expuso la rubia con una mueca de pesar.

–P-Pero… –Hinata quería insistir en el tema, pero Ino la interrumpió.

–Mira, supongamos que fue Neji quien se lío con Sakura en la cabaña, quien la acosa y la persigue por la calle, y quien la atacó anoche en su propia casa. –

Hinata dio un leve respingo en su asiento a la mención de su primo.

–N-Neji-niisan nunca haría… –

–Pero supongamos que así fue, ¿qué harías si te enteras que Sakura denunció a tu primo por acoso? ¿Y luego te enteras de todas las cosas horribles que le ha hecho pasar a tu amiga durante meses? –

Ino la apabulló demasiado con ese ejemplo que Hinata no supo que contestar a eso. Si ella no supiera nada… si fuera su primo…

–Pensaría q-que habría sido u-un error. –contestó finalmente, comenzando a entender la problemática que la pelirosa estaba metida.

–Exacto. ¿Entiendes ahora el problema en el que estaría Naruto?, ¿Decidir a quién de sus dos mejores amigos debería creerle? –y con eso último, la rubia determinó una verdad que Sakura ya sabía, pero que sonaba más horrible en voz alta.

–Eso no es exactamente lo que me preocupa… –dijo la pelirosa en un murmullo de voz. –Lo que más me aterra es que sí me crea. –confesó.

Ambas chicas la observaron con el ceño fruncido. Ahora sí que Ino se perdió ante esta nueva declaración.

Sakura no esperaba que sus amigas comprendieran, pero ella sabía que Naruto jamás la tacharía de mentirosa con algo así y también sabía que la apoyaría sin importar qué. Lo sabía, conocía a su amigo.

Su miedo, no era perder la amistad de Naruto, sino que él perdiera a su mejor amigo de toda la vida.

Eso es lo que realmente temía. Porque a pesar de todo lo que ha hecho Sasuke, sabía que la amistad que ambos chicos tenían era genuina, y por más tonto que sonase, no soportaría verlos pelear por su culpa.

No quería colocar a Naruto entre la espada y la pared, quería evitarle a toda costa tener la difícil decisión de tomar un bando. Ella esperaba que si él llegara a enterarse (aunque preferiría que no sucediera nunca), el embrollo ya habrá estado resuelto. Sin embargo, como estaban las cosas, ese sueño estaba muy lejano, además de surrealista.

Pero existía otra cosa, a parte de Naruto que le hacía dudar de la idea de denunciarlo. Y era que, muy en el fondo y después de las cosas que se ha enterado, podría ser que Sasuke no fuera del todo culpable. Es decir, era innegable que él la ha estado hostigando y hasta intentó pasarle mano anoche, pero por la forma en que la miró y por la forma en que la besó, la hizo pensar en que quizás…

Sacudió la cabeza por enésima vez de esa mañana.

–Lo siento. No importa. Olviden lo que dije. –dijo la pelirosa. Inhaló una gran cantidad de aire y pensó en todos sus problemas y preocupaciones salían expulsados al exhalar por la boca.

Tenía y debía de expulsar el recuerdo de anoche, en aquél sillón que se encontraba a tan solo unos metros.

– ¿Saben qué?, mejor hagamos ese batido, porque me dio un hambre. –comentó como si nada, como si la conversación anterior jamás hubiera existido.

–Pero, Sakura… –se sorprendió Ino por el cambio de actitud que tomó de un segundo a otro, pero fue Hinata quien la tomó del brazo y la detuvo, negando con la cabeza.

–Déjala. –

–Pero, ¿qué va a pasar ahora? –inquirió con preocupación. Ella entendía a la pelirosa en no querer levantar una demanda contra el Uchiha, pero querer hacer la vista gorda es otra cosa.

Como si supiera lo que estaba pensando, Sakura habló:

–No dejaré las cosas así, Ino. Ya veré que hacer. –dijo con calma, en un intento de tranquilizar a sus amigas.

Pero Ino no lo creía, y con ello se le vino a la mente lo ocurrido de esta mañana y lo que podría significar. Hay algo que se acercaba, y por la sensación de angustia que le atrofiaba el pecho, nada bueno podía ser. Sin embargo, dudaba que fuera buena idea contárselo a las chicas, después del relato de Sakura no quería ponerla más nerviosa de lo que estaba. Ya suficiente tenía su amiga con tremendo problema, como para amedrentarla con supersticiones suyas.

Así que Ino, que justo había abierto la boca para decir algo, calló.

En su lugar, tuvo otra idea. Otra forma de asegurarse de la seguridad de Sakura, aunque eso signifique hacer lo que más temía la pelirosa.

–De acuerdo. –cedió la rubia. Por el momento no diría nada, pero tenía muy en claro lo que debía de hacer ahora.

De un momento a otro, Sakura junto sus palmas con fuerza, rompiendo la tensión del lugar.

–Ya es suficiente de hablar de mí. –dijo con firmeza, mientras se dirigía nuevamente a la encimera. –Mejor hagamos ese batido y me cuentan que tal la escuela. –

Se dispuso a tomar las naranjas que había cortado para ponerlas en la licuadora.

Ino y Hinata se miraron con cansancio, pero accedieron en dejar las preocupaciones de lado. Sabían que su amiga lo único que quería era evadir la realidad, aunque sea solo por un instante y concentrarse en disfrutar de su compañía.

Hinata no se imaginaba lo sola que debía de sentirse la pelirosa ahora que su madre no estaba, además de tener que lidiar con los constantes acosos del Uchiha. Se sintió un poco culpable de haberse quejado por haber venido cuando Sakura (aunque no lo dijera) las necesitaba. Quizás es por eso que se esforzaba por atenderla y hacer algo tan banal como un batido de frutas para ella.

Con ese pensamiento, Hinata se acercó a la pelirosa y la ayudó a cortar y pelar las frutas que faltaban.

–Iba a venir más tarde, de todas formas. –le dijo sin tartamudear, llamando la atención de la chica.

Sakura la miró sin entender su comentario, pero le sonrió de todas formas. Y por algún extraño motivo, eso la tranquilizó.

–Hey. –llamó la rubia.

Ino apoyó sus brazos en los hombros de las chicas, colocándose en medio de ellas. Sonreía de la misma forma de siempre, pero sus ojos demostraban una pizca de preocupación que luego desapareció al ver las frutas que habían elegido.

– ¡Puaj! ¿Naranja con plátano?, ¡qué asco! –exclamó con una evidente mueca que demostraba su desagrado.

–No sé por qué te quejas si no es para ti. –espetó la pelirosa.

Hinata observó, mientras colocaba más frutas en la licuadora, lo increíblemente rápido que podían volver a la normalidad. Sakura e Ino discutían sobre los tipos de frutas que se pueden y no se pueden combinar, como si la conversación anterior no hubiera existido, pero no le molestó en absoluto. Tanto Ino como ella misma, lo único que podían hacer era apoyar y respetar sus decisiones por mucho que no les gustasen, pero sabía que Sakura era fuerte y era capaz de enfrentar esta situación como debía. Solo esperaba que las decisiones que tome sean las correctas y no lamente un terrible error a futuro.

–Solo espero que sepas lo que haces, Sakura. –murmuró para sí, viendo como la pelirosa volvía a brillarle los ojos, un poco más feliz y contenta por tenerlas consigo.

Sakura estaba consciente de lo que podría suceder esta tarde, ya se había hecho varias ideas de posibles escenarios que podrían ocurrir luego de la breve plática que tuvo con Sasuke justo afuera de su casa, pero tenía que admitir que no estaba preparada para ninguno de ellos. No obstante, cualquier plan que elaborase debía de tener un respaldo, algo que le diera una garantía tanto para su seguridad como su integridad.

Porque sí, ella ya había tomado una decisión, una de la cual debía de pensar bien antes de realizarla.

Miró con ojos brillantes a su rubia amiga, quien seguía chillando estúpidos argumentos del porque no debe mezclar las naranjas con los plátanos. Luego, observó a Hinata agregando otras frutas en la licuadora, que reconoció las favoritas de Ino entre ellas.

Una pequeña sonrisa se coló por las comisuras de sus labios al darse cuenta de que, a pesar de la mirada de pensativa que tenía la ojiblanca, no dejaba de atender y tomar en cuenta de los gustos de todas. Preocupándose siempre (aunque inconsciente) en el bienestar de sus amigas.

Y con esa pequeña reflexión, Sakura supo que no quería estar en ningún otro lugar que no sea con ellas, como también supo que no iba a ser para siempre. Pronto las cosas iban a tomar un violento giro, ya sea para bien o para mal, pero por sobre todo iba a tener un gran impacto no solo en ella, sino también en sus amigas.

Lo que tenía que pasar, pasaría. Y la verdad al fin saldría a flote. Sin importar su resultado, ella lo aceptaría y le daría frente, solo que esta vez no estaría sola.

Sonrió una vez más.

Por esta vez, solo por esta ocasión bajaría la guardia y disfrutaría con sus amigas todo lo que pudiera. Ya habría tiempo de pensar en un plan, pero ahora, en esta mañana, solo eran ellas.

Y Sakura hizo lo que le tanto le hacía falta; comenzó a reír.

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La caminata se le hizo horriblemente eterna, a pesar de que se bajó del bus a tan solo una cuadra de su destino. Justo frente a ella estaba un bonito jardín, con un camino de piedras que daba hacia la puerta principal. Era tal cual como su dueño, negro e imponente, de madera maciza y con la manilla plateada adornada justo al medio de la puerta.

Tomó una gran cantidad de aire, y sin soltarla caminó entre el camino de piedras en dirección a la puerta. Con el rostro lívido del pánico, se quedó quieta frente aquella enorme casa, sin poder creer que se haya atrevido a venir.

Levantó la manga de su abrigo para ver el reloj de muñeca. Faltaban diez minutos para las tres de la tarde.

Observó una vez más la puerta y se quedó allí.

No habían acordado una hora exacta, pero él había dicho que fuera esa tarde. Supuso que tenía que venir entre las cuatro y cinco, pero pensó en su endeble plan que organizó a último momento y estimó que era conveniente ir lo más temprano posible y no esperar que sea cerca del término de la tarde, por temor a que anocheciera.

–Empezar antes para salir antes. –se dijo para sí en voz baja.

Además tenía que considerar que no sabía cuánto tiempo iba a tardar allí dentro, ni de que si realmente iba a conseguir algo.

Recordó en como Sasuke esquivó su mirada antes de subirse al auto y la enorme desconfianza que le produjo aquel desplante.

No más vueltas.

Bien. Esperaba que fuese cierto, porque si no todo aquello se tornaría más largo de lo previsto.

Repasó una vez más su plan que, siendo sincera, lo pensó en la ducha minutos antes de venir hacia aquí, pero que esperaba no tener que utilizarlo y salir ilesa de esa casa.

Primero, si tomaba con seriedad las palabras de Sasuke y por fin le revelaba la verdad respecto a la fiesta, entonces le pediría como una prueba de confianza, el video que evitaba mostrar a toda costa. Independientemente si lo que escuchaba sea bueno o malo, ella querría si o si la evidencia que demostrase estar diciendo la verdad.

Aunque también tenía que considerar si su respuesta era negativa, si él no querría darle el dichoso video. En ese caso, ella tendría dos opciones: o se lo quitaba a la fuerza (ya sea pelea verbal o física) y se arriesgaba en salir lastimada hasta que la cosa terminase de la peor manera. O bien, tendría que recurrir a tácticas más suaves; conversando al puro estilo de su mejor amigo, aunque dudaba poder imitar su extraordinaria capacidad de convencer a la gente a través de las palabras, era algo que tenía que intentar, pues ya no tenía nada más que perder.

Sin embargo, si eso no funcionaba, tendría que usar su última carta. Debía de persuadirlo de la única cosa que hasta ahora no se había dado cuenta que podía utilizarlo como arma, o quizás si lo sabía, pero no era algo que ella haría ni se le ocurriría planteárselo alguna vez en su vida: tendría que seducirlo.

Lo estuvo pensando durante todo el camino hasta aquí y concluyó, que a pesar de lo altamente peligroso que podía llegar a resultar, era algo que no podía dejar pasar.

Lo había visto en sus ojos, cuando le gritaba a todo pulmón estando desnuda y la calló con un beso, él la observó de una manera en la que jamás nadie la había mirado. Eso es una de las principales razones que le hacían dudar de la culpabilidad de Sasuke, que a lo mejor había algo más que solo un simple ligón de una noche, y no hablaba necesariamente de sexo. Es posible que existieran otros factores que lo llevaron a cometer estas infames y descabelladas acciones hacia su persona, es por eso que era importante conseguir aquel video al costo que sea.

Pero también entendía el riesgo que es utilizar esta táctica. Estaba horriblemente consciente que aquello podía irse de las manos. Unas palabras suaves, un acercamiento más de lo debido y hasta un toque de manos podía resultar fatal si no lo manejaba con cuidado.

Inevitablemente, su mente la llevó a recordar aquellos labios tan suaves como lisonjas presionar los suyos.

Llevó sus manos al rostro, abochornada de que aun en estas circunstancias tenía la capacidad de dejarse llevar por aquellos recuerdos que no hacían más que confundirla y enfadarse consigo misma.

¿Qué rayos le sucedía?

Alejó sus manos de sus mejillas calientes y volvió su mirada hacia la puerta.

Ya no había vuelta atrás. Aquí terminaba todo.

Dio un paso más cerca de la puerta y alargó un brazo, con los nudillos listos para llamar.

Un sonoro click se escuchó detrás de la puerta y al segundo siguiente, el chirrido de las bisagras abriéndose fue lo único que se escuchó en el pequeño pórtico de la entrada.

La puerta se abrió.

Unos ojos negros le devolvieron la mirada y con ello, una fuerte descarga eléctrica le sacudió los huesos al ver a la persona que estaba frente a ella. Y no era Sasuke.

Sakura sintió como sus mejillas antes calientes se sonrojaban aún más al encontrarse cara a cara con el chico al que una vez consideró como el más encantador de todos.

– ¿Hola? –saludó de forma dubitativa la pelirosa. –B-Buenas tardes, Itachi-san. –

Sakura se dio topes mentales al tartamudear igual que Hinata. Ahora podía entender el nerviosismo de la chica cuando se encontraba frente a Naruto.

Observó como Itachi parpadeaba sorprendido. De seguro pensará, que hace una desconocida parada frente a su casa justo cuando estaba por salir, porque estaba segura de que él no la reconocía. ¡Santo cielo! solo la había visto una vez cuando eran muy pequeños, dudaba que pudiese recordarla luego de tantos años.

–Oh… ¿Sakura-chan? –preguntó consternado el pelinegro.

Si antes estaba sonrojada, ahora había alcanzado otro nivel de enrojecimiento. Su corazón latió con fuerza al ver como el chico le sonreía cálidamente y le decía:

– ¡Vaya! Cuanto tiempo sin verte. –dice simpáticamente, mientras se hacía a un lado. –Adelante. –

Ni se lo pensó. Era tanta su turbación que solo cruzó la entrada con la mente abarrotada en miles de ideas y pensamientos entorno al muchacho, que ya ahora era todo un adulto.

Por lo poco que recordaba, Itachi era mayor por unos pocos años, así que debía de rondar en los veinte. Era alto, muy alto a decir verdad, mucho más alto que Sasuke y su cabello tenía el mismo peinado: una coleta baja con algunos mechones negros caían a los costados de su rostro. Tenía la cara más alargada y la mandíbula un poco más prominente, dejando de lado los rasgos infantiles para pasar a unos más maduros.

En definitiva, Itachi lucía exactamente igual a como lo recordaba, con la única excepción de que ya no era un niño. Era un hombre hecho y derecho, que lucía tan grande e inalcanzable bajo esos ojos negros que demostraban calidez y terneza, una cualidad que no había visto en nadie y que lo hacían ver increíblemente atractivo.

–Me reconociste. –dijo en un hilo de voz, sin dejar de observarlo con las mejillas rojas.

–Pues, es difícil olvidar ese particular color de cabello. –dice en un tono amistoso, mientras cerraba la puerta de la casa.

–Bueno, puede que sí. –ríe nerviosamente, acariciando las puntas de su cabello con los dedos.

Itachi se queda observándola un minuto entero, para luego soltar un suspiro por la nariz y volver a sonreírle como solo él sabe hacerlo.

–Has crecido mucho. No puedo creer que estés más preciosa de lo que eras. –declaró Itachi.

Sakura vuelve a soltar una pequeña risa nerviosa que fue reprimida con el dorso de la mano, totalmente avergonzada por las palabras del pelinegro.

–Gracias… –dijo con la voz media temblorosa, sintiendo como las manos comenzaban a sudar. Su corazón en todo momento, no dejaba de latir con fuerza. –Lamento en haberme presentado así, tan de repente. –se disculpó haciendo una breve reverencia.

Se mostró muy educada y calmada, una actitud opuesta a lo que es ella. La verdad, era más propio de Hinata en hacer este tipo de cordialidades, pero no podía evitar causar buena impresión a un hombre tan atractivo y caballeroso como lo era Itachi.

–No te preocupes. Fue una agradable sorpresa. –admite el chico, sin dejar de sonreír. –Supongo que vienes a ver a mi hermano, ¿cierto? –preguntó con cortesía, inclinando ligeramente la cabeza.

¿Qué venía a ver a quién?

– ¡Ah! –exclama la pelirosa, recordando a qué había venido en primer lugar. –Eh, sí. Es decir, he venido por algo de la escuela. Es todo. –se corrige juntando las manos cerca de su pecho.

Dios. Cada vez se parecía más a Hinata.

–Bueno, lamento decirte que mi hermano aún no ha llegado. –confiesa el pelinegro, mirándola un poco azorado. –Salió esta mañana y todavía no ha vuelto. ¿Habían quedado en juntarse? –inquirió esto último con un deje de curiosidad.

–Sí, pero creo que llegué demasiado temprano. –reconoció Sakura.

–Lo más seguro es que vuelva antes de las cuatro. Es la hora que suele aparecer cuando sale sin avisar. –explica un poco avergonzado por la desconsideración de su hermano.

Y de repente, la cabeza de la pelirosa hizo click.

Sakura captó de inmediato su oportunidad. Vino en el momento preciso para conseguir lo que había venido a buscar, y lo mejor de todo es que no tenía que enfrentar a Sasuke. El único inconveniente era Itachi.

–Ya veo. –dice con lentitud, sopesando alguna idea. – ¿No te molesta que me quede a esperar?, es que vivo un poco lejos como para volver más tarde. –inquirió media avergonzada por su desfachatez, pero si quería conseguir el video tendría que abusar de la cordialidad del Uchiha mayor.

– ¡Encantado! –exclama contento, como si de verdad le hiciera feliz tenerla aquí. –Por favor, pasa. Déjame llevarte a la sala. –

Levantó uno de sus brazos y acarició levemente la espalda baja de la pelirosa, guiándola por el pasillo.

Sakura se sentía en las nubes. Jamás un chico la había tratado tan bien como lo estaba haciendo Itachi, tan atento y gentil. La hacía sentir las mismas sensaciones que una vez sintió cuando era pequeña, en ese breve pero significativo momento en el que pudo valerse como la chica que era, sin importarle la ropa varonil ni las magulladuras que llevaba en ese tiempo.

Mientras se acercaban a la inmensa sala, Sakura tuvo que reconocer que muy en el fondo de su corazón, siempre tuvo la esperanza de volver a verlo. Era el sueño de esa pequeña niña machorra en reencontrarse una vez más con aquel galante muchacho y le dijera esas mismas palabras afectuosas que le calaron hondo. Pero con el paso del tiempo, se iba haciendo a la idea de que aquel ridículo sueño sería muy difícil de cumplir, y dejó de pensarlo, en olvidar de quien sería su primer amor platónico de la niñez.

–Bueno, puedes esperar a Sasuke aquí. –dijo, invitándola a sentarse en uno de los modernos y espaciosos sillones.

Por el modo en que lo dijo, daba a entender que él no se quedaría con ella.

–Lamento mucho las molestias. –no pudo evitar disculparse otra vez.

Las mejillas volvieron a arderle al ver como Itachi le sonreía, enternecido.

–No es ninguna molestia. El que lo lamenta soy yo por no poder quedarme a charlar contigo. –dijo en un tono entristecido, lamentándolo de verdad.

–Me imagino que debes estar muy ocupado. –comentó la pelirosa, sentándose en el sillón con la espalda recta y las piernas muy juntas, como si no quisiera ocupar mucho espacio en esa inmensa casa.

Se sentía tan fuera de lugar…

–Oh, bueno. Justo estaba yéndome a la universidad cuando me topé contigo. –afirma el pelinegro, acercándose un poco más a ella.

Sakura se hunde un poco en su asiento, avergonzada por el tono casi dulce que utilizó Itachi. Definitivamente, no estaba acostumbrada a recibir ese tipo de trato de nadie.

Dios, ¡tenía tantas ganas de conocerlo!, ¿sería muy egoísta de su parte pedirle que se quedara haciéndole compañía?

–Me disculparas mi falta de modales, pero tengo que irme. Mis padres no están, así que te quedarás sola por un rato. Espero que me disculpes. –Itachi hizo una pequeña reverencia a modo de disculpas, mientras su expresión afectuosa y alegre cambiaba a uno más triste y avergonzado.

–E-Esta bien, no es necesario que te disculpes. Lo entiendo. –se apresuró en responder. Lo último que quería era hacer sentir culpable a Itachi, después de lo maravilloso que se ha comportado con ella. –Ha sido grato verte. –confesó a medias. La verdad es que le ha encantado volver a verlo, a pesar de no haber podido hablar demasiado con él. Esperaba que la próxima vez que se reencuentren (si es que lo volvía a ver otra vez) sean en otras circunstancias.

–Para mí también. –le dice de la misma forma, sonriéndole una última vez antes de despedirse. –Espero que nos veamos de nuevo. –agrega.

Sakura sintió como su respiración se atascaba por un segundo en su garganta, pero se obligó a asentir con la cabeza de modo formal y no efusivo como la tonta que era.

–Bien. Nos vemos luego entonces. –

Itachi se acercó lo suficiente para hacerle otra pequeña reverencia con la cabeza. Al ver esto, Sakura inmediatamente se levantó del sillón e hizo lo mismo, causando que sus mejillas volvieran a enrojecer.

–Nos vemos, Itachi-san. –

Itachi se encaminó a la puerta principal y antes de abrir, giró su rostro para observarla una vez más con esa sonrisa tan suya, luego simplemente se fue.

Cuando la puerta se cerró con un suave golpeteo, Sakura se quedó mirando la puerta sin poder creer aun que se haya encontrado con aquel apuesto muchacho de la niñez.

Soltó un hondo suspiro tratando de recobrar el ritmo irregular de su corazón, pero al minuto siguiente recobró el sentido y el peso de la realidad cayó en picada.

¡El video!

Se golpeó la frente con la palma de su mano. ¿Cómo podía perder la desconcentración en un momento como este?

Se apresuró en correr hacia la puerta principal y mirar por la ventana. Itachi no se veía por ningún lado, lo que significa que ya podía realizar su búsqueda. Tenía que aprovechar que Sasuke todavía no llegaba, ¡no podía haber llegado en mejor momento!, así no tendría que enfrentarlo y podía hallar el video sin tener que pedírselo. ¡No tendría que usar su última carta!

El alivio corrió por su torrente sanguíneo, pero no bajó la guardia. Disponía de poco tiempo para lo que había venido hacer, antes de que Sasuke llegara y la pillara con las manos en la masa.

Era una oportunidad de oro.

Salió dispara hacia las escaleras y las subió a toda prisa, recorriendo los pasillos sin detenerse a observar nada en particular. Comenzó a registrar cada puerta que hallaba, desde el baño, el armario de las toallas y hasta una de las habitaciones que, supuso, debía de ser de sus padres. Siguió abriendo puerta por puerta en aquella inmensa y espectacular casa, que de tener un poco más de tiempo, habría admirado con más calma. De pronto, al abrir la penúltima puerta se encontró con una habitación un poco más grande que la suya, bastante espaciosa y moderna. Sin embargo, un lugar así de grande debía de ser más luminoso y atrayente, pero no lo era: las paredes eran de color azul grisáceo y las cortinas que eran más oscuras, le daban al ambiente un aire triste y apagado. El cama de edredón azul más fuerte, era lo único llamativo de toda la habitación, ni siquiera el televisor de pantalla plana que estaba en la pared contraria a la cama o la consola que estaba en el mueble debajo del televisor, llamaba la atención. Todas las cosas de valor le hacían perder el interés en ese lugar de ambiente fúnebre y lamentable.

No cabía duda. Esa era la habitación de Sasuke.

Pero por si las dudas…

Sakura caminó directamente hacia el escritorio que estaba a un lado de la ventana y revisó algunos cuadernos para confirmar sus sospechas.

Cálculo II. Uchiha Sasuke.

No se había equivocado, ese era la habitación de Sasuke.

Dejó el cuaderno en donde estaba y procedió a tomar la computadora portátil que estaba encima del escritorio, justo donde había tomado el cuaderno. Lo tomó entre sus manos y se dirigió a la cama para comenzar a registrar. Mientras esperaba que la computadora se encendiera, Sakura sacó de su mochila el pequeño pendrive rojo que utilizaba para los trabajos de escuela, y lo conectó sin miramientos.

Levantó su manga izquierda y observó la hora: eran pasadas las tres y cuartos. Tenía cuarenta y cinco minutos para encontrar el video y largarse de allí antes de que llegara Sasuke. No tenía caso quedarse para hablar con él si ya conseguía la evidencia de la fiesta, de otro modo nunca podría salir de allí.

Una vez que se encendió la computadora, se dio cuanta con horror, del único detalle que había pasado por alto y que jamás imaginó que podría ocurrir.

Estaba bloqueada.

– ¡Mierda! –exclamó con rabia, viendo el maldito cuadro que le exigía la contraseña. – ¿Y ahora qué hago? –

No se le ocurría que podía ser. ¡Las posibilidades eran infinitas! Desde la fecha de su cumpleaños o el nombre de su banda favorita, hasta alguna tontería como: "Naruto es un dobe".

Soltó un hondo suspiro, tratando de relajarse.

–Vamos Sakura, piensa. –se dijo dándose ánimos. ¿Qué podría utilizar de contraseña el tipo más cerrado del mundo?

Cerró los ojos y empezó a rememorar algún episodio en particular que le llamase la atención de Sasuke.

Abrió los ojos.

Hace algunos años, para el cumpleaños de Sasuke, Naruto mencionó que el pelinegro se había ido de viaje con su hermano para ver el concierto de una banda que se realizaría en alguna ciudad cercana.

Lo recordaba, porque lo encontraba curioso que Sasuke fuera a ese tipo de espectáculo, ya que no era del tipo que le gustasen los tumultos. Y porque se murió de envidia al saber que la banda al que fue a ver, era precisamente su favorita en ese entonces.

Con eso en mente, Sakura escribió Killing Joke en el cuadro de la contraseña.

No funcionó.

Por supuesto, no iba a colocar el nombre de una banda de hace muchos años. De hecho, no tenía ningún poster de música o videojuego que le hiciese pensar en algún gusto en particular.

Diablos.

Por el momento, lo único que le hacía sentido era alguna fecha o un insulto hacia Naruto. Optó por intentar con la fecha del cumpleaños de Sasuke, pero tampoco funcionó. "Naruto es un dobe" o "Naruto el usuratonkachi", fueron buenas ideas que usualmente diría o escribiría Sasuke, pero fueron desechados.

Ya no le quedaban más ideas.

Soltó un hondo suspiro, haciéndose para atrás. Apoyó su espalda en las almohadas con la vista fija en el blanco techo de la habitación, pensando en algo que podría utilizar de contraseña, pero no tenía caso. La verdad del asunto, es que no conocía a Sasuke, no tenía idea de lo que le gustaba o apreciaba. Podía saber algunas cosas a través de Naruto, pero de lo poco y nada que ha visto de él a lo largo de los años es, precisamente, lo que no le gusta y que tanto le desagrada; como los dulces, el verano y ella.

Ella…

Inhaló una gran cantidad de aire ante el hallazgo de una posible contraseña, y con eso, el aroma a perfume de hombre se filtró en sus pulmones. El recuerdo del exquisito olor de la playera oscura que encontró en el ropero de Naruto iluminó su mente. Era exactamente el mismo, no cabía duda alguna.

Volvió a incorporarse en la cama, pensativa.

Sasuke ha ocupado gran parte de su tiempo en acecharla, perseguirla por las calles, quedarse en todos los lugares en el que ella estaba e, incluso llegó al punto de colarse a su casa. Eso no era normal, ninguna persona en su sano juicio haría aquello a menos que esté obsesionado. Era la única explicación de su actitud.

Sin embargo, muy en el fondo…

Sacudió la cabeza con violencia, borrando cualquier otra idea que no fuera en ese. No quería pensar en ello por ahora, debía concentrarse en la posibilidad de que Sasuke la haya utilizado como contraseña.

El corazón le latía con fuerza al colocar su nombre completo, pero al hacerlo el computador volvió a borrarla. Era incorrecta.

Intentó solo con su nombre de pila, pero al igual que las demás, también fue borrada.

No sabía por qué le daba la impresión de que iba en el camino correcto. Es decir, su nombre no había funcionado, pero tenía la seguridad y hasta la lógica de que la contraseña podría estar relacionada con ella.

Y cómo último recurso, intentó utilizar su fecha de nacimiento. Si no era eso, ya no sabía qué otra cosa más podría ser. En ese caso, robaría la computadora si fuese necesario y le pagaría a un técnico que la desbloquease. No creía que Sasuke fuese a denunciarla por robo, aunque es posible que se colara nuevamente a su casa para recuperarlo.

Ante esa idea, un escalofrío (de esos que ya estaba acostumbrada) subió por su espalda al recordar vívidamente el momento en que vio a Sasuke salir mojado y con la cara desfigurada del odio por su ventana.

Esperaba no tener que llegar a eso.

Y sin más, colocó su fecha de nacimiento y tecleó.

"Uchiha Sasuke, ha iniciado sesión"

Sakura abrió la boca por el asombro al ver la pantalla de inicio de la computadora.

Lo había conseguido, y no sabía si sentirse bien o mal al respecto.

¿En serio era su fecha de cumpleaños? ¿Lo recordaba a pesar de todo?

Con manos temblorosas, Sakura guió el puntero hacia los archivos de almacenamiento y se encontró con múltiples carpetas y archivos, de lo que parecía ser, trabajos de la escuela. Revisó los nombres y las fechas del cual habían sido guardadas, encontrando diversos documentos, tales como: "Aniversario n°20", en donde mostraba fotos de él y su familia de vacaciones, o "Informe de Química Básica", que era un largo y tedioso Word donde explicaba algo relacionado con el nitrógeno. Y así seguía un listado grande de simples y comunes archivos de cualquier persona normal, nada del otro mundo. Hasta que llegó a una carpeta con el título de una fecha, que reconoció enseguida.

Era el día de la fiesta sorpresa de Hinata.

Su corazón dio un enorme brinco al encontrarlo. Ella tenía razón, Sasuke si tiene registros de la fiesta guardas en su computadora. Ahora por fin, luego de tanto suplicio y de todo lo que tuvo que pasar, podría saber la verdad.

La auténtica verdad.

Pero antes de darle clik, se aseguró de guardarlo en su pendrive por si no alcanzaba a revisarlo y siguió buscando más archivos, solo por si acaso.

Buscó y buscó… y encontró.

Casi al final del almacenamiento, había una carpeta con una enorme "S" como título. Quizás fue la paranoia del momento o que Sasuke utilizara su fecha de nacimiento como contraseña, que Sakura consideró que esa S podría ser la inicial de su propio nombre. No la de Sasuke ni de algún otro, o el significado de algo personal que solo él entendía.

No…

Hizo click a la carpeta sin pensar y estalló por toda la pantalla cientos de fotografías de ella.

No…

Miró la primera imagen. Era ella de pequeña. Lo recordaba porque tenía la misma imagen guardada en su álbum de fotos: era su licenciatura de primaria. Estaba sosteniendo su diploma junto a su sensei con un birrete en su cabeza, sonreía feliz y orgullosa hacia la cámara. ¿Cómo Sasuke pudo adquirir aquella foto? Eso era privado.

La segunda foto la desconcertó más: era igual de pequeña, tendría cerca de los siete u ocho años. Estaba vestida con su traje karategi, que en ese entonces, era cinturón blanco. Recordaba vagamente la escena…

Se supone que estaba dando las pruebas finales para conseguir el siguiente cinturón, el amarillo. Sabía que tenía algunas fotos de ese día, pero ninguna como esa. Definitivamente, esa fotografía jamás la había visto.

Siguió mirando más fotografías, en donde salía más grande como a los diez, cuando había entrado a otro dominio de las artes marciales. Algunas fotografías las reconocía porque ella también las tenía, pero había otras que nunca había visto aunque podía imaginar la escena. La mayoría salía sola y algunas acompañada de Naruto o de sus amigas, ya más grandes.

Pasaba y pasaba las imágenes, desde su pequeña fiesta de cumpleaños número quince donde salía soplando la vela de su torta, o sonriéndole a la cámara junto a las chicas e, incluso la imagen precisa del tortazo que le dio Naruto y hasta el momento en donde ella salía con la cara y las manos llena de crema, pero feliz y disfrutando del bonito día que pasó junto a sus amigos.

Eran escenas de las cuales, Sasuke no estaba presente. Él nunca iba a sus cumpleaños como ella no iba a los suyos, tampoco se inmiscuía en las salidas que tenía con Naruto y, obviamente, no estaba en los ratos que pasaba junto a las chicas.

Sin embargo, él poseía esas fotografías personales. ¿Cómo es posible que diera con ellas?, ¿Por qué las tenía?

Siguió observando las imágenes, choqueada de todo lo que Sasuke tenía guardado, y hasta las imágenes que había olvidado o que ni siquiera sabía que existían, como era el caso de una en particular en donde salía con vestido veraniego en un día precioso, sentada en el pasto de alguna plaza o parque. No recordaba habérselo sacado, pero por la enorme sonrisa que le dirigía a la cámara, pareciera que sí era conocedora de la fotografía.

Y así le seguía un montón de fotos similares que los anteriores: en algún torneo importante, el cumpleaños de ella o de otra persona, fiestas organizadas por Ino u simples paseos que uno de sus amigos fotografiaba. Pero en todas salía ella como protagonista, en algunas salía acompañada, pero siempre se encontraba ella.

Y solo ella.

Sakura cerró los ojos por un minuto entero, asimilando todo lo que había visto, pero simplemente no le cabía la cabeza la obsesión que Sasuke tenía por ella.

– ¿Qué mierda te sucedió? –inquirió en voz alta, mirando una vez más la carpeta llena de fotografías suyas.

La única manera de seguir avanzando, de encontrar una respuesta a todo lo que había visto y vivido, estaba en la otra carpeta, la que contenía todo de la fiesta. Solo así podía estar por fin en paz, aunque la respuesta no fuera la que esperaba… aunque la verdad sea más horrible de lo que imaginaba, ya todo habría acabado.

Sakura movió el puntero y guardó la carpeta que contenía, prácticamente toda su vida, a su pendrive. Luego, volvió a mover el puntero a la otra carpeta, la que tenía como título la fecha de la fiesta y le dio click.

La carpeta, al igual que la otra, contenía montones de fotografías y, tal como imaginó, si eran recopilaciones no vistas de la fiesta de la cabaña.

Comenzó a verlas con rapidez, no deteniéndose a mirar los pormenores o lo que pudo haber sido una buena comidilla de chismes, y siguió avanzando hasta encontrar el dichoso video. Se detuvo un instante en un video de lo que parecía ser una competencia de bebidas, siendo el primer video que encontraba en la carpeta.

No estaba segura que fuese el video correcto, pero no perdía en revisar.

Así que hizo click.

.

.

.

¡Hey! ¡Saluden! ¡Aquí! gritó alguien detrás de la cámara, apuntando a un puñado de chicos.

Gaara tenía la vista desenfocada en algún punto detrás del camarógrafo, ya que después de todo lo que había tomado se sentía mareado, pero extrañamente feliz. Giró su vista a los chicos que estaba a su lado; Neji, Kiba y su hermano, Kankuro. Todos, incluido él mismo, llevaban un vaso a rebosar de un líquido oscuro que tenía un fuerte olor a alcohol.

Acercó el vaso a su nariz y aspiró con fuerza.

Ah… suspiro con gusto.

Volteó nuevamente su vista detrás de la cámara, donde un chico de cabello negro y pobladas cejas, cantada efusivamente alguna tonta canción junto a un grupito de amigos que jamás había visto. El muchacho reía de forma estridente a pesar de estar al otro lado de la sala, y se tambaleaba ligeramente por haber bebido demás.

¿Están listos? preguntó el camarógrafo, llamando la atención de los cuatro chicos.

Dale. asiente su hermano, acercando el vaso a su rostro.

Los demás hicieron lo mismo, preparándose para la competencia.

¡Ya! exclamó el camarógrafo, y al instante los cuatro chicos se llevaron el vaso a la boca.

Gaara apuraba su vaso lo más que podía, sintiendo el sabor amargo del ron. Miró por el rabillo del ojo para ver a sus contrincantes: Kiba fue el primero en caer. El castaño tuvo que escupir el resto de ron que llevaba en la boca al suelo, dando asquerosas arcadas que más de uno le dio nauseas escucharlo.

Apuró más su vaso. Ya comenzaba a sentir el potente sabor del ron atrofiar su bilis, así que aguantó la respiración para no sentir el sabor. Volvió a mirar a los chicos: el siguiente en caer fue Kankuro, y esta vez él si vomitó el ron. Escuchó los quejidos y lamentos de la gente que estaba a su alrededor al ver semejante espectáculo que estaban dando.

Luego, observó al último contrincante que le quedaba por vencer:

Neji era un digno oponente, debía de admitir eso. Él sí que tenía aguante para las bebidas fuertes, y lo comprobó al ver que ya llevaba la mitad del vaso vacío, apurando con grandes tragos.

Tenía que apurarse si no quería que Neji lo alcanzara.

Miró su propio vaso que también llevaba a la mitad y comenzó a tragar con más ganas, ya le faltaba poco…

Una estridente risa se escuchó de nuevo por la misma persona, pero esta vez se oía cada vez más cerca de donde estaba, distrayéndolo de su objetivo. La aza con la que sostenía el vaso tambaleaba por los constantes movimientos de su mano y derramaba gotas de licor por entre las comisuras de sus labios.

Otra estridente risa se escuchó, cada vez más cerca de él y luego…

¡PAM!

Un choque de hombros hizo que el muchacho de cejas pobladas se tropezara con un tumulto de gente muy cerca de la competencia, para luego ser nuevamente empujado por una oleada de gente enojada hacia adelante, provocando que callera encima de uno de los participantes.

¡CRASH!

El vaso a medio beber se hace añicos en el suelo, derramando lo poco que quedaba en el suelo.

La cámara se movía a todos lados, pero lo poco que se podía ver era a Gaara sostener entre sus brazos al chico de cejas pobladas, mientras que éste ocultaba el rostro del pelirrojo con la suya propia.

¡OOOHH! ¡DIOS! ¡JAJAJAJAJA! la risa del camarógrafo era lo púnico que se podía escuchar en el video y, a continuación, hizo un acercamiento dando una vista panorámica de lo que estaban haciendo ambos muchachos. ¡Saluden, hijos de perra! ¡Jajajaja! Gaara se corre a un lado, revelando así una expresión más que impactada del beso que el chico de cejas pobladas, le estaba regalando.

.

.

.

Sakura se quedó con la boca abierta, usando la misma expresión impactada de Gaara al ver que Lee lo estaba besando.

Esa era, sin ninguna duda, lo más bizarro que había visto en toda su vida. Es decir, ¿Gaara y Lee?

¿GAARA Y LEE?

A Ino se le caerían las extensiones cuando le cuente semejante chismorreo.

–Ja… jajajaja. –rio nerviosamente, sin poder creer que Sasuke se había guardado tremendo cotillón, porque de seguro que él ya lo había visto.

La escena fue tan inesperada y hasta confusa, que rompió el ambiente cargado de angustia y tensión. El alivio fue casi instantáneo y agradecía haber visto esta payasada para aligerar un poco su ajetreada cabeza.

Sin embargo, el cómico incidente poco a poco iba pasando para retomar la seriedad de antes, y volver a avanzar con las demás fotografías.

Con el paso del tiempo, se detenía a cada video que encontraba, pero ninguno era el que buscaba. La mayoría no lo veía por completo al darse cuenta que no iba para ningún lado. Estuvo así por mucho tiempo, hasta que paró en un video que la heló por completo.

La imagen congelada del video mostraba a dos personas conversando en la oscuridad, destacando su propia llamativa cabellera rosada entre la negrura de la imagen.

El corazón le dio un vuelco al entender que ese podría ser el video del que estaba buscando. Movió el puntero hacia el centro de la imagen y le dio click, con el pulso en la garganta.

La imagen en la que salía ella hablando con alguien desapareció, para dar lugar el principio del video.

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La cámara apuntaba a los pies de un muchacho, tenía las zapatillas de un vivo color rojo de marca ultra conocida y muy cara. El ruido de la música a todo volumen era ensordecedor, no se podía oír otra cosa que no sea el tamborilero de una batería. Por lo que se podía ver, caminaba presuroso entre el jaleo de pies hasta dar con el inicio de unos escalones. El chico subía presuroso, esquivando a las personas de su alrededor que bebían y reían entre ellos, sin importarle estorbar las escaleras. Sin embargo, el chico hasta llegar al segundo rellano con pocas dificultades.

El chico de las zapatillas rojas se detuvo frente a una puerta que intentó abrir, pero estaba cerrada.

Mierda. se escuchó débilmente por el ruido.

Siguió recorriendo los pasillos en busca de una puerta abierta, hasta que la encontró. Era una habitación vacía y en completa oscuridad, que al entrar y cerrar la puerta, el barullo de la gente y la música disminuyó considerablemente.

Caminó por la habitación dubitativo, como si estuviera buscando algo allí dentro, hasta que se detuvo frente a un alto mueble. La cámara (que hasta ahora solo apuntaba a sus pies) dio la vuelta, mostrando su blanca camisa desabrochada hasta la mitad del pecho, más no se podía ver el rostro. Lo que sí se podía apreciar, era que la cámara no dejaba de moverse, como si estuviera tratando de afirmarlo encima de aquel mueble.

La cámara por fin se quedó quieta al lado de un macetero, aunque solo se podía ver un pequeño segmento del tallo de la planta y un par de hojas justo en la esquina superior derecha.

Luego, el chico de las zapatillas rojas se hace para atrás, dejando ver al fin su rostro.

Unos dientes afilados adornaban la sonrisa torcida y pícara del chico, pero eran sus ojos violetas los que centellaban como un frío abismo lleno de ignominia, del cual no auguraba nada bueno.

¡Hola! Bienvenidos a un nuevo capítulo. exclamó en un tono vigoroso, como si fuera un animador en un programa televisivo.

Extendió los brazos, abarcando toda la habitación con una pose que demostraba orgullo y poder.

Como verán, estamos en esta hermosa cabaña… ¡cerca de las montañas!dio un salto que demostraba el júbilo que sentía. ¡Y! la temática de hoy se trata de una… exquisita flor primaveral. dijo esto último en un tono sucio, casi indecente.

Infló su pecho como un pavo, haciendo que los botones de la camisa abierta se tensaran en su piel.

Es una bella, delicada y… deliciosa chica. ¡Con un color de cabello muy particular! se relamió los labios de forma obscena, mientras se sobaba teatralmente las manos.Como sabrán, hemos visto mujeres morenas, rubias, pelirrojas, altas, bajas, delgadas, curvilíneas… soltó una carcajada que pretendía sonar vibrante y chispeante, pero que se escuchó, a todas luces, grotesco e insolente.

Pero hoy… conseguiré un apetitoso pastel rosado. Con el nombre más deducible del mundo: Sa-ku-ra. anunció con la voz enronquecida, con la vista fija en el lente de la cámara. Deséenme suerte. guiñó un ojo, sin perder esa sonrisa tan sínica y picante.

Luego, aquel chico de zapatillas rojas, se arregló la camisa desabotonada y se dirigió a la puerta con paso seguro, desapareciendo entre la incesante algarabía fiestera, que prometía ser extraordinaria.

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Pausa.

Sakura miraba la pantalla de la computadora con la boca abierta, pero esta vez no había un ápice de diversión ni chismorreo en sus ojos.

El tipo que estaba allí, el que dijo todas esas… asquerosidades; es la misma persona a quien golpeó reiteradas veces en una plaza, la misma persona que se lanzó encima de su mejor amiga, la misma persona que la miró a los ojos y le juró que la conocía como la chica de Sasuke. Aquella persona, que ahora veía en ese video llamándola por su nombre.

Suigetsu era un maldito cerdo.

Había dicho que viera lo que viera en ese video, sin importar cuán malo podría llegar a ser, al fin iba a saber la verdad. Se convenció a sí misma de la tan aclamada paz que sentiría al desenmascarar todo lo que ocultaba Sasuke, pero sucedió lo contrario.

No procesaba. No asimilaba absolutamente nada.

¿Qué mierda acababa de ver?

–Tengo que… –musitó con la voz temblorosa. –Tengo que seguir viendo… –

No tenía más opción, necesitaba ver lo que pasaba después de aquello. No importaba la hora que era ni el peligro que corría si seguía estando allí: necesitaba saber.

Movió el puntero nuevamente al frente de la imagen y le dio click, reanudando el video.

Los primeros minutos no sucedía nada, la cámara seguía apoyada en el mismo mueble sin que nada sucediese. Así que adelantó el video lo suficiente para poder captar algo, hasta que lo hizo: Sasuke entró en la habitación.

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Los jadeos y gruñidos iban y venían de la boca del pelinegro, aun hundido en el cuello de la pelirosa. Aspiró su aroma dulce, sin fragancias ni perfumes, solo su olor natural mezclado levemente con alcohol. Frunció un poco el ceño. Sabía que había bebido de sobra y, para qué negarlo, él también, sin embargo no pudo evitar pensar… si ella realmente había aceptado estar ahí… así con él, y no una fantasía provocada por el alcohol.

La duda lo embargó.

Abandonó la calidez de su hombro para mirarla directamente a los ojos.

Los oscuros ojos de Sasuke estaban más densos de lo normal, no sabía si era por el alcohol o por la fogosidad del momento, tal vez ambas. Pero lo que sí sabía, es que esos pares de ojos siempre de verde flameante ahora tenía un tinte más oscuro, quizás por los mismos motivos que él. Sin embargo, no fue hasta en ese momento que prestó verdaderamente atención a su mirada en que entendió lo que estaba pasando.

Y todo el placer se esfumó.

Sasuke se alejó de la pelirosa como si le hubieran atizado un latigazo. En cambio, Sakura lo observó sorprendida sin entender su inesperado actuar. Sasuke se limitó a contemplarla, con el cabello revuelto, la respiración irregular y los labios hinchados de tanto besarse, pero con esos ojos que… vaya, estúpido.

Sakura, estas drogada. – no fue una pregunta, solo confirmaba lo que sus ojos veían.

Con pesadez fue arreglándose los pantalones, mientras Sakura se quedó momentáneamente sin habla, hasta que comprendió lo que estaba sucediendo.

¿Pero qué…? – Sakura aun sorprendida, se bajó del buró y trató de acercarse a él, pero solo recibió una dura mirada mientras terminaba de subirse la cremallera. – No entiendo, ¿de qué estás hablando? – le preguntó, acercándose una vez más.

Sasuke pasó una mano por su frente con frustración. Estaba a punto de cometer tamaña estupidez, si no fuera que se dio cuenta a tiempo él…

¿Qué mierda tomaste, Sakura? – demandó con el rostro enfurecido, haciéndola retroceder de la impresión.

No hace unos momentos ellos estaban besándose arrimados encima de un buró, tocándose como nunca nadie lo había hecho, y de la nada todo se desmorona, trayéndolos a la realidad.

Sakura le estaba costando ordenar sus pensamientos, no podía concentrarse correctamente, solo sabía que en ese momento lo único que quería era seguir besando y acariciando al Uchiha. Era como un impulso que nacía en su pecho, que le hacía agitar su respiración y que su corazón latiera desbocado.

E-Espera un segundo… ¿qué sucede? –pregunta consternada, tratando de entender su furia.

Qué tomaste. –exigió saber, sin quitar esa mirada tan oscura que le hacía sentir escalofríos por todo el cuerpo.

La pelirosa no podía quedarse quieta por más tiempo. Tenía la necesidad de moverse, seguir con lo que estaban haciendo y solo con él… solo con él.

Fue entonces que al fin prestó verdadera atención a su alrededor.

¿Qué mierda le estaba pasando?

El Uchiha al ver el desconcierto pintarse en los verdes ojos de la chica y en cómo, poco a poco, retrocedía hasta chocar con el buró en donde antes había estado sentada. Comprendió que ella no tenía idea de lo que estaba haciendo, ni mucho menos con quién.

Una enorme grieta se formó dentro de su pecho al caer en cuenta de que ella olvidará todo lo vivido por la mañana y que jamás lo recordará. Para ella solo será una mancha borrosa dentro de su memoria, algo efímero y sin importancia. En cambió él…

Ella nunca entenderá lo que en verdad significó para él.

Más allá de atracción física, del deseo de tocarse y complacerse. Más allá de lo que Sakura pudo haber sentido en ese momento sea algo pasajero, e incluso si tuviera la remota posibilidad de que esto pudiera afectarle tan siquiera un poco en ella.

Podría conformarse con eso, de ser solo un embrollo sin rostro de una noche.

Después de todo, no tenía derecho a pedirle ni a exigirle un espacio en su vida cuando de niños la trató como quiso. Aunque le haya pedido perdón, ¿de qué sirve cuando olvidará todo lo bueno que le mostró? La única parte de sí que nunca dejó que viera se la mostraba ahora cuando menos posibilidades tiene con ella.

Sacudió la cabeza.

¿En qué estaba pensando?

Sasuke…–lo llamó una agitada Sakura. Levantó su mirada a los de ella.

Sakura respiraba con fuerza manteniendo sus grandes ojos brillosos fijos en él. Sus manos estaban hechas puños a sus costados y abría y cerraba su boca varias veces como si quisiera decirle algo pero no sabía cómo.

El pelinegro simplemente se mantuvo en silencio.

Yo no… quiero decir –se trabó en decir. Soltó un bufido exasperado al no poder ordenar bien sus ideas. –No tengo idea de lo que estoy haciendo… y, bueno yo…–comenzó a explicar sin un sentido aparente.

Sin embargo, el Uchiha si comprendió a que iba sus palabras. Eran las mismas palabras que había estado pensando con anterioridad, y aun sabiendo eso no pudo evitar sentirse furioso y rencoroso hacia ella. Porque muy en el fondo ansiaba que no se cumpliera.

No. No podía conformarse con ser una mancha.

Lo que quiero decir es que…–volvió a hablar confundida, revolviendo sus cabellos rosas con una mano, abatida con tanto qué decir pero no saber cómo hacerlo.

Que estás drogada y que mañana no recordarás nada. –terminó por ella, de manera firme y con un timbre más oscuro de lo habitual.

No agregó nada más y siguió acomodándose la ropa, frente a una extrañada pelirosa que lo miraba con el ceño fruncido. Pero luego cayó en cuenta de lo que significaba las palabras del Uchiha: ella lo olvidaría, a él.

No. No quería olvidarlo.

Pero, yo no quiero olvidarte…–murmuró apenas, pero fue suficiente para ser escuchada por él.

Sasuke fue parando poco a poco sus movimientos hasta dejar caer sus brazos a sus costados. Observó a la chica sin ninguna expresión en su rostro, no dejándola ver cuán afectado estaba por dentro.

Lo harás de todas formas. –respondió duramente, retomando su tarea en abrocharse la camisa.

Sakura se acercó a unos pasos, tratando de tocarlo y sentir de nuevo las emociones que la embriagaron de una forma que jamás sintió por alguien, y que tampoco quería volver a sentir por nadie más si no era con él.

¿Qué rayos estaba pasando con ella?

El pelinegro se hizo a un lado, evitando el contacto de sus manos en su rostro.

Sasuke, escúchame por favor. –trató de hablar la chica, pero el Uchiha parecía reacio a prestarle atención, con la vista enfocada en cualquier parte de la habitación que no sea en ella. Sakura apretó los dientes, impotente de no conseguir que la escuchara.

Yo… no sé qué sucede conmigo. –comenzó a decir la pelirosa, no importando si él virara la cabeza a un lado, él estaba allí y debía de aprovechar eso. – pero lo que sí sé, es que quería esto. Y lo quería contigo. –confiesa. Observó cómo sus palabras comenzaron a surgir efecto: Sasuke se quedó inmóvil frente suyo, aun sin mirarla, pero al menos la estaba escuchando.

Sé que hemos tenido nuestras diferencias en el pasado pero… soy capaz de hacer todo eso a un lado, si tan solo me dieras la oportunidad. –declaró con el corazón latiendo con fuerza. No había dejado de respirar con dificultad y cada vez su mente bloqueaba las palabras que trataba de expresar.

Esta vez Sasuke la miró, con esos ojos negros tan profundos que hacía que sus piernas temblasen como nunca lo había hecho.

¿Lo dices en serio o se te ocurrió ahora? –inquirió con sarcasmo el Uchiha dirigiéndose, por fin, a verla de frente.

Sakura pestañeó varias veces en un intento de hacer trabajar su mente con más rapidez y contestarle correctamente, pero se estaría mintiendo.

Mírame a los ojos y dime que lo has pensado antes que todo esto pasara. –demandó el Uchiha, dando un paso a su dirección.

Sakura retrocedió consternada, sin saber cómo responder a eso.

Una parte de ella sabía que él tenía razón, ella jamás consideró la posibilidad de tener algo con Sasuke, ni siquiera por casualidad. Había tantas peleas y conflictos entre ellos en su historia de niñez, que sería muy descarada de su parte mentir y decir que sí. Pero existía otra parte en ella que siempre le susurraba en las noches de insomnio "y qué pasa si…"

¿Y qué pasaría si Sasuke nunca la hubiese odiado? ¿Serían los tres los mejores amigos, y no solos Sasuke y Naruto o Naruto y Sakura? ¿Ellos dos podrían haber llegado a ser amigos, de esos que se cuentan secretos y ríen por estupideces? ¿Amigos o no, Sasuke hubiera ido a la playa esa noche y decir aquellas palabras que le calaron hondo?

Amigos o no, él lo hizo.

Amigos o no, él fue a por ella y la contuvo a su manera. La tomó de la mano mostrando su mudo apoyo, luego sus palabras… en cómo las dijo y en cómo la hizo sentir…

Pero ni con eso, imaginó estar con él.

Así como ahora.

No me gustas. –se sinceró finalmente. Observó cómo las cejas de Sasuke se ciñen profundamente, y las comisuras de sus labios se contraen en una mueca, como si le hubiesen apaleado en la cara.

Ante esa dolorosa declaración, el pelinegro asiente entendiendo que esto no iba a parar a ningún lado, así que sin esperar otra palabra más da media vuelta, listo para irse de la habitación.

Sakura tardó dos segundos en entender su error y de lo que quería decir no fue precisamente la forma correcta de hacerlo. Con rapidez, corrió hasta el Uchiha y lo tomó del brazo, para luego dejar salir las palabras de cualquier forma.

¡No me gustas! Pero tampoco quiero que te vayas, porque a lo mejor si me gustas, pero todavía no lo sé. –lanza de golpe, causando más confusión que al principio.

Sasuke le da una breve mirada antes de apartar su mano de su brazo.

Solo, no quiero que me dejes…–murmuró por última vez antes de cerrar la boca.

Él no dice nada. Se limita observarla con fijeza y un tinte oscuro tiñe las sombras bajo sus ojos, como si hubiera pensado en algo desagradable.

Eso…–dijo en voz baja, acercándose al rostro de la pelirosa. –No es suficiente para mí. –musitó con firmeza, frente a frente.

Sakura observó sus ojos dolidos, llenos de un extraño sentimiento que no supo interpretar. Quizás era por el alcohol o que, efectivamente, podría haber consumido algo más, lo cierto es que cualquiera de las dos opciones interfería y consumía su consciencia, no siendo capaz de procesar aquella mirada tan oscura y anhelante.

¿Qué quieres de mí, Sasuke? –inquirió en un susurró. Estaba demasiado cerca de su rostro, sintiendo nuevamente aquellas emociones que la invadieron en el buró. La excitación, el deseo y la necesidad, eran tan grandes y potentes que no podía resistir poder tocar su pecho, sus brazos, su rostro…

Levantó ambas manos y acarició el pecho del pelinegro, subiendo hasta su cuello y perderse en los cabellos de la nuca.

¿Qué quieres de mí? –volvió a preguntar, cada vez más cerca de sus labios.

Sasuke la miró a los ojos con profundidad, levantando una mano hacia la suya y enredó sus dedos contra los de él.

Todo. –dijo con simpleza, y esta vez el anhelo en sus ojos aumentó. –Quiero todo de ti, Sakura. –

Las palabras le cayeron como una intensa ola desde su pecho hasta su estómago, bajando un poco más allá de su vientre…

Acercó su rostro dispuesta a devorarlo a besos, cuando Sasuke se hizo para atrás.

No. –dijo de sopetón, tomándola de las muñecas y la alejó con suavidad. –No así, Sakura. No en ese estado. –negó con la cabeza, y con eso la pizca de anhelo desapareció, mostrando la misma faceta estoica de siempre.

Entonces, Sakura supo que había perdido su oportunidad. Ya no podría acercarse a él con esa máscara de imperturbabilidad puesta.

Sin embargo, se negaba a dejarlo ir así como así.

La necesidad ferviente que brotaba en su interior, la obligaba a seguir, a insistir en romper sus barreras que la alejaban de él. Quería volver a lo de antes, a que la tocara y besara encima de aquel buró y que no se detuviera esta vez.

¡Pero yo lo quiero ahora! Lo necesito ahora… –expresó vivamente, acercando su cuerpo al de él, en un intento de provocar alguna reacción.

Pero Sasuke volvió a alejarse, tomando sus muñecas con más firmeza. Decidido a dejar todo aquello hasta ahí.

No estás en tus cabales. Es mejor que te quedes aquí y descanses… –comenzó a decir el Uchiha mientras caminaba hacia la cama.

Sakura observó cómo el pelinegro sacaba el cobertor y las sábanas, sin dirigirle tan siquiera una de sus miradas.

No me voy a dormir. –dijo con indignación.

Pero Sasuke hacía oídos sordos, y siguió sacando frazadas y almohadones de la cama.

La ira comenzó a florecer en el interior de la chica como un volcán que se alojaba en su estómago y subía con lentitud hacia su pecho, quemando todo a su paso. El deseo que la había acompañado desde que entró a la habitación, se extinguía con rapidez para ser reemplazado por aquella dolorosa y molesta sensación que no la dejaba pensar con claridad.

El poco juicio que había recobrado, comenzó a nublarse casi sin notarlo. Ahora sólo mandaba la ira, dejando de lado las deliciosas sensaciones que le había producido el Uchiha, ya que al ver lo que tanto quería y necesitaba con urgencia, le cerraba el camino una vez más con esas abominables y sólidas murallas, impidiéndole volver a ver aquel increíble chico que, por mucho tiempo, había deseado conocer.

Mírame...–pidió, con el enojo filtrándose levemente en su voz.

Mírame. –exigió con más fuerza, elevando su tono. Pero Sasuke seguía en su tarea de ignorarla. –Bien. Entonces me iré y seguiré embriagándome abajo. –amenazó, y sin esperar una respuesta, caminó hacia la puerta.

Estuvo a un metro de llegar, cuando Sasuke la detiene agarrando su muñeca.

¿Estás loca? No puedes irte así. –alegó el muchacho. El enojo también estaba haciendo efecto en él. –Tú te quedas. –espetó.

La ira bulle de su interior como un volcán, haciendo que la lava se esparza por su pecho quemando y destruyendo la única pizca de deseo que le quedaba hacia el pelinegro.

Sakura se estiró cuan alta era, a pesar de que apenas le llegaba al mentón. Sin embargo, su interior era más fuerte y dominante, por lo que se dejó llevar por aquellos desagradables sentimientos que la atacaron en ese momento.

¿Ah, no? –cuestionó con un tono de sarcasmo que no le hizo ni pizca de gracia al Uchiha. –Pues, mírame. –

Y con eso último, Sakura se zafó de su agarre y sin dirigirle otra mirada más, abrió la puerta.

Sakura. –la llamó en un tono de advertencia, pero la chica no lo escuchó y salió dando un sonoro portazo.

¡PAM!

Mierda. –maldijo con la voz enronquecida.

El Uchiha se pasó una mano por el rostro, sintiéndose frustrado consigo mismo. Comenzó a caminar en círculos por la habitación, con los hombros tensos y la mandíbula apretada.

De repente, Sasuke da un duro y furioso golpe a la pared más cercana, haciendo tambalear el alto mueble que estaba a su lado.

¡PAF!

El macetero que estaba encima del mueble, se cayó, esparciendo la tierra por todas partes y dejando a la pobre planta maltrecha entre los restos resquebrajados del macetero.

Sasuke se acercó al mueble y lo levantó, dejándolo sin cuidado alguno en el mueble, hasta que algo captó su atención.

¿Pero qué…? –

La cámara escondida mostró en primer plano el rostro confundido de Sasuke, quien alzó una mano hasta topar con el lente de la cámara…

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Pues, bien. ¡Este ha sido el capítulo!

Primero que nada quería explicar mi tardanza, y es que entre las clases y la familia se me hacía muy difícil escribir. Pero justo me dio el tiempo de volver a retomar la historia ¡CUATRO DÍAS!

NO HE DORMIDO, NI HE COMIDO CASI NADA EN CUATRO P*TOS DIAS KJSADHKJASHDKJASHDAKJ

Ejem.

Pero he logrado terminarlo justo a tiempo antes de volver a clases este lunes.

Tengo que admitir que en este capítulo se supone que Sakura encara a Sasuke respecto al video, es decir, cuando ya sabe la verdad, pero el capítulo ya estaba bastante largo y aquel encuentro tenía que desarrollarlo como se debe, porque es muy intenso y es cuando las cosas comienzan a cambiar entre ellos. Más bien, es Sakura la que va a sufrir estos cambios, ya que se da cuenta de que todo lo que había pensado, creído y hasta darlo por hecho, no era cierto (con respecto a Sasuke). Pero eso no significa que va a tener sentimientos por él de un día para el otro, por eso la historia se va alargando un poco más por lo mismo; quiero desarrollar bien los sentimientos de Sakura por Sasuke a partir del capítulo que viene, para así darle el final que ya planifiqué.

Por otro lado, esta los sentimientos de Sasuke que hasta no hace mucho había sido un misterio. El tipo es muy complejo en todo sentido, sin embargo tiene claro lo que quiere (a diferencia de Sakura) y lucha para conseguirlo, aunque no de muy buena forma. Sasuke es una persona demasiado reprimida, ha pasado toda su vida ocultando lo que siente por ella, y ya todos sabemos que lo de la fiesta fue un desencadenante para que estallara todo lo que había guardado, por lo que al tener todos esos sentimientos a flor de piel, simplemente no supo cómo manejarlo.

Ahora sobre el tema Naruhina es otro cuento. He estado tan enfocada en el Sasusaku (especialmente en Sakura) que no he desarrollado bien esa historia.

En lo personal, me gusta ese lado oscuro de Naruto. Algo que nadie imaginaba de él y poder plasmarlo ha sido un reto tremendo, pero quedé satisfecha con la redacción lime hace unos capítulos atrás. Así que espero poder seguir ideando con el desarrollo de esta pareja que, siendo sincera, tenía planeado ser más compleja que la pareja principal.

La razón del por qué le agregué el Naruhina a la historia (a pesar de haber puesto solo el Sasusaku en la descripción) era porque tenía la necesidad de mostrar la diferencia que había entre Sasuke y Naruto.

Sasuke por un lado, siempre ha tratado mal a Sakura hasta el punto de detestarla, pero todos sabemos que en realidad la alejaba por los sentimientos que ella producía en él. Cuando sus sentimientos fueron incontrolables, él no pudo evitar intentar acercarse a ella por todos los medios posibles sin importarle nada más, pero ni con eso Sasuke le faltó el respeto. Lo que quiero decir, es que por muy malo que se ve Sasuke por fuera (mediante sus acciones) sus motivos siempre fueron "buenos" por así decirlo.

En cambio Naruto, es totalmente diferente. Él era el "chico bueno" entre los dos, el que siempre va con una sonrisa por la vida y que siempre ha entablado una hermosa amistad con Sakura. Todo el mundo lo ve como un tonto, pero de corazón honesto, por eso es difícil imaginar que alguien como él tenga pensamientos así de sucios por la chica más buena y gentil del grupo (Hinata). Aquí remarco también las apariencias, Naruto se muestra buena persona, pero en realidad tiene un lado oscuro que lo llevó a la depravación e inmoralidad, sus "malos" motivos afectaron a Hinata, aunque ella no lo sepa.

Eso es, básicamente, un resumen de lo que llevo de la trama. Jakskasdn

Perdón si soy tediosa en esta parte, pero tenía la necesidad de explicarme. No sé si me entienden xd

Bueno, dejando eso de lado, me gustaría seguir con el ritual de los saludos.

¡Y aquí están!

Noemitg chan: JAJAJAJA nop, Sakura no tendrá secuelas. Sí se me pasó por la cabeza algo así, pero dije ñeh… para qué. Mejor me dedico al romance entre los dos, porque si perdía la memoria o algo así sería todo más enredado jsndkasjdk. Y pos, gracias a ti por leerme a pesar de mis demoras xD Un beso!

IxSpaceCadetxl: Tienes muchísima razón, ha pasado demasiadas cosas entre los dos como para quedar juntos así porque sí. Y con respecto a Suigetsu… tan… taaan… TAAAANNN. xD Lo que se viene, mija. Hasta yo me pongo nerviosa. Jaja, saludos!

DULCECITO311: Pos sí, después de la agarrada de corneta que le dio Sakura en la fiesta, el tipo no se iba a quedar así como así JSDNIKLANSKLDN. No, mentira. Los bellos sentimientos del Sasukito son los que importan. Saludos!

Anaid Silos: No pudiste describirlo mejor, es exactamente lo que pasaba por mi cabeza, joder. Chica que buena intuición tienes. Y sip, este es la continuación de lo sucedido en la cabaña, espero que te guste asdkljdas de verdad quería seguir escribiendo, pero ya de por sí el capi era largo, así que en el otro sabremos la reacción de Sakura. Un saludo muy grande y espero que también la hayas pasado bien, un beso!

Lola chan: Pos aquí está el último recuerdo de la fiesta (con algunos agregados) Gracias a ti por leer mi historia, y ojalá que te guste este capítulo que lo hice con mucho love. Saludos!

Alicia DS: Me vas hacer shorar snif… pero si, aquí aparezco con otra actualización jeje. Espero que tú también hayas pasado unas buenas fiestas. Pues Sasuke aquí no la respetó tanto, ah? Jaksjkasaj saludos!

Luisa Jimenez: Muchísimas gracias! De verdad agradezco tus palabras y espero que te guste este capítulo también jajaja. Ya pronto se verán lo que pasa con esos dos, saludos!

Mishi: Me puedo perder de repente, pero jamás voy a abandonar esta historia. Los muchachos casi hacen el ricolín en el sillón de la casa KSJDNKLANSKD. Espero que te guste, saludos!

Cherry Lizz: Una escena ricolína no estaría mal, eh? KAJDKLASKL Sakura siempre será la única en su corazoncito c: Ahora hay que ver como lo toma Sakura. Saludos!

Sakura Forever: Muchísimas gracias! Espero que te guste esta continuación, no hay lemon peeero algo cercano a eso KJSDKLANSDK. Saludos desde Chile!

Jos Marn: Oh por DIOSSS JSKDKAKSK, me emociona que te lo hayan recomendado, es muy loco que te digan eso xdd. Pues aquí traigo otra actualización, espero que te guste como va. Saludos!

Claudia Uchiha: Que bueno que te haya gustado! Para crearte una cuenta tienes que apretar Sign Up que está en la parte superior derecha, rellenas tu datos y listo! Saludos!

Lucy: Justo estaba escribiendo cuando me salió tu notificación xDD me apuré lo más que podía (CUATRO P*TOS DIAS) en actualizar, pero heme aquí KJASNJKAJKA. Y solo porque lo leí cantando… Y el anillo pa´cuando, pum pum pum Saludos JLO!

Nena: Hola para ti también. Aquí aparezco con nuevo capi! Un saludo!

YoliMuro: Todo el mundo quiere lemon, YO quiero lemon! Pero la historia aun no me lo permite u.u Saludos!

Y esto ha sido todo por ahora.

Un beso enorme para todos y ¡nos leemos luego!

Goda.X