Celos
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Nerviosa.
Nerviosa.
Tan nerviosa.
Una gotita brotó por una de sus sienes. Observaba a Pan jugar con él, como si nada. Era algo tan natural, es decir, era tan natural que uno no se ponía a pensar sobre las cosas que siempre ocurrían, sobre las cosas típicas, entonces, ¿por qué Bra recién se ponía a reflexionar sobre algo tan normal? Tal vez porque de alguna manera ya no era tan normal. ¿Cómo es que las cosas normales pasaban a ser anormales? ¿Qué estaba pensando? Tonterías. ¿Por qué ahora? Sabía que había muchas cosas que estaban fuera de su comprensión, y eso la hacía muy sabia, porque se preguntaba cosas y buscaba respuestas. Así era Bra Brief.
Solo están jugando. Un simple juego entre abuelo y nieta. Nunca me interesó. Nunca quise hacerlo. Nunca quise estar en ese círculo.
Convirtió ambas manitas en dos puños. Valor. Valor. Nunca le faltaba. Y por supuesto esta no sería la excepción.
Finalmente dio pasos firmes hacia los dos individuos. La pequeña tenía el entrecejo fruncido. Que no se noten los nervios.
Pan parpadeó desconcertada. Miró a su abuelito como si buscara la respuesta del extraño comportamiento de la princesa en él. No encontró nada. Él estaba igual que su nieta. ¿Por qué Bra se acercaba a ellos ahora cuando nunca lo había hecho?
¿Qué es esta sensación? ¿Será de tanto observarlos? Nunca fue intencional. Solo de pasada. Pero en algún momento el sayajín y la pequeña habían llamado la atención de la princesa en algo más que la simple normalidad de un juego de manos, fue cuando lo normal se había convertido en algo anormal. No era normal que las cosas normales llamaran la atención de Bra.
—¡Oye! —exclamó de repente, con un trasfondo que revelaba cierto nerviosismo en la hija de la científica.
La mirada demandante que le recordaba al príncipe sayajín le hizo saber al guerrero de traje naranja que se dirigía a él.
—¿Sucede algo, Bra? —preguntó intrigado.
Los puños de la princesa eran un fuego. Nunca los había apretado tanto.
—Eres un guerrero de clase baja —soltó.
Él solo parpadeó.
—Así que tienes que hacer todo lo que yo diga —continuó hablando.
—¿Mhm? ¿Y qué quieres que haga?
—Nada, quédate quieto.
El desconcierto era evidente en el sayajín.
—¿Solo eso?
—Sí.
Y él se quedó como una estatua mientras la pequeña de cabello celeste parecía reflexionar sobre lo que estaba por hacer. No, no hay nada de que reflexionar.
Absolutamente nada.
Cuando ocurrió, Gokú solo parpadeó curioso. La pequeña tenía las mejillas coloreadas de un ligero carmín y Pan estaba más que sorprendida.
—Desde ahora me dejaras jugar contigo cuando quiera —demandó la futura heredera de la Corporación Cápsula.
Él solo la miraba. Bra era una niña extraña, pero graciosa y tierna. No indagó sobre aquello.
—De acuerdo —finalmente aceptó con una sonrisa—. ¿Quieres jugar ahora con Pan y conmigo?
La tensión de Bra pareció desaparecer de repente. Había logrado lo que quería: hacerse notar entre ellos dos para poder unírseles en sus juegos. Pues claro, Pan no podía ser la única que pudiese jugar con el tío no oficial de la princesa. Y al parecer eso despertó los celos de la pequeña de cabello negro. Inmediatamente se colgó sobre el cuello de su abuelito y le dio un tierno beso en la mejilla. A continuación le sacó la lengua a su rival.
—¿Ves? —habló Pan—, no sos la única que le puede dar besitos a mi abuelito. Es mi abuelito —remarcó eso último con su vocecita chillona.
Bra frunció el entrecejo nuevamente y se puso roja de enojo.
—Esto se resuelve con una competencia de quién come más dulces. ¡A la cocina, plebeya! —demandó—. La que coma más dulce juega sola con el tío Gokú por una semana y la otra no se va a acercar ni en figurita.
—¡Trato hecho, princesita! —aceptó con una sonrisa confiada.
Acto seguido ambas salieron por la puerta, lugar donde Vegeta había estado todo el tiempo observando a su pequeña cuyo comportamiento había sido extraño los últimos días, razón que lo llevó a investigar el porqué.
Y simplemente no lo podía creer. En la mente del príncipe había una sola imagen y una frase que lo inundaban: el beso que su princesa le había dado a su rival número uno en los dieciocho universos y las palabras "Tío Gokú".
¿El príncipe sayajín compartiendo el cariño de su hija con un payaso de clase baja? La sola idea lo horrorizaba.
—¡Vegeta! —exclamó Gokú.
Y la voz del sayajín menor finalmente lo sacó de su estupefacción.
—¿Qué te pasa? Estás muy distraído. Te estoy llamando desde hace un buen rato.
—!¿Qué quieres?! —respondió de mala gana.
—Oye, ¿qué tienes? Solo quería saber si quieres entrenar un poco ahora que las niñas se fueron a jugar solas.
—¡NO! —negó el príncipe a todo pulmón. Y sin decir más, Vegeta salió de la sala de juegos.
Gokú simplemente quedó allí parado, preguntándose qué pudo haber hecho enfadar tanto al príncipe.
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N/A: ¡Adoré escribir esto! Les doy gracias infinitas a los que me leen, ponen en favs, siguen esta antología y dejan reviews, es simplemente impagable. Gracias miles. Yo sé que esta antología debió llamarse "Antología de Bra y Gokú" porque el 90 por ciento de todo lo que se me ocurre es sobre ellos, pero no puedo evitarlo. ¡Me fascinan!
Bien, ahora quiero dar un agradecimiento especial a B Ackerman por el hermoso review que me dejó ayer. No sabés lo feliz que me hizo. Esta Viñeta es para vos, porque por tus lindas palabras surgió esto.
¡Dejo un saludo enorme!
Anna Bradbury.
