Capítulo 11 ¿Se vale rendirse?
Ven a mi dulce amor
Rescátame
Sedúceme
Has que caiga en tu red
Lunes 2 de noviembre del 2005. 3:40 pm. Inglaterra.
—Al parecer nada se dañó demasiado.
Draco asintió cansado mientras pasaba una mano a través de su cabello y no se sorprendió al notar que quedaron unas cuantas hebras en sus manos, "que mierda" pensó, el estrés lo estaba
—Las protecciones antirrobo funcionaron medianamente bien.
Neville terminó de recoger los escombros de lo que sí se había caído, mientras Draco aprovechaba para terminar de anotar el inventario que tendrían que reponer. Por lo menos las plantas más costosas se habían mantenido en su lugar. Al igual que las pociones de más larga preparación, que era básicamente lo que más habían asegurado.
—No vamos a tener que reponer tanto como pensé.
Neville se frotó los ojos con el dorso de la mano. Había estado preocupado toda la mañana pensando que tendrían que reponer el inventario de pociones y plantas que tenían en el almacén de la tienda. Aun si el temblor no había sido demasiado estremecedor, no era algo para lo que se habían preparado bien. Solo había un lote de poción de las más complicadas que tendrían que reponer. Habían dejado la caja con las 10 botellas en el mostrador el día anterior, y no en la repisa donde habrían estado seguras por el hechizo. Pero quitando eso, el recuento de daños era más que aceptable.
Neville se estiró y Draco lo miró por un momento. Si alguien le hubiese dicho que terminaría administrando un pequeño negocio junto a Neville Longbottom se habría reído bastante. Y probablemente habría golpeado a esa persona con algún hechizo por decir semejante estupidez para luego volverse a reír. Pero era muy cierto aquello que había escuchado hacía mucho tiempo atrás: "la guerra cambia a las personas".
La guerra lo había dejado sin un padre. Lucius Malfoy no era ningún ejemplo de padre perfecto ni nada parecido, pero era innegable que había querido a su hijo, a su extraña manera de querer, pero lo hacía. Al igual que Narcisa, que tampoco era ejemplo de la mejor madre; pero Draco sabía que podía confiar en ellos. Y ellos se lo demostraron cuando en la batalla final intentaron escapar con él, lamentablemente un grupo de mortifagos los interceptó, guiados por Antonin Dolohov. Draco salió ileso gracias a sus padres. Pero Lucius no sobrevivió protegiendo a su familia. ¿Y su madre?
—Draco— la hermosa voz de una mujer lo sacó de su ensoñación. Neville y él se giraron en dirección a esta y vieron a la bella mujer sentada desde el marco de la puerta. — ¿Quieren que les prepare algo de comer?
Draco miró a Neville y se fijó que este se veía hambriento y cansado, así que agradeció a su madre y le pidió un café y unos sándwiches. Narcisa asintió y con ayuda de la silla de ruedas salió hacia la cocina.
Su madre estaba viva, pero había quedado permanentemente en silla de ruedas por una serie de maldiciones oscuras que, por mucho que lo habían intentado, nadie pudo revertir. Lo malo era que no solo había quedado con secuelas físicas, Narcisa tenía mucho más daño aun.
Cuando terminó la guerra les habían quitado todo. El actual ministro de magia, Shickman, les hizo unos juicios muy arbitrarios, y como ellos no eran del agrado de muchos, tuvieron que ceder sus riquezas a cambio de su libertad. Draco prefirió quedar sin un centavo antes que ver a su madre en sillas de ruedas pudriéndose en la cárcel. Pero eso terminó por destrozar a Narcisa, que tuvo un colapso nervioso y terminó en el área psiquiátrica de San Mungo por 1 año y 2 meses: depresión mayor con desencadenante post traumático le habían diagnosticado. Ahora ella estaba bien, o medianamente estable según los medimagos. Tomaba antidepresivos diarios, pero había aceptado —en mayor o menor medida— que no podía dejar solo a su hijo, Draco había perdido su fortuna por los errores de ella y Lucius, así que no le daría otro disgusto como el de tener una madre hospitalizada. Además ella era Narcisa Malfoy, aun en silla de ruedas era una mujer de admirar y respetar, no podía rendirse.
Pero su madre no estaba completamente bien, Draco lo sabía y le amargaba saberlo. Narcisa ya no actuaba como lo hacía tantos años atrás, estaba afectada, era notorio y lamentablemente, algo con lo que tendría que vivir el resto de su vida.
Estaban viviendo en la parte trasera de la pequeña tienda que tenían. Conservaban una elfina que había sido la favorita de Narcisa y que aun con todo lo mandona que era esta, la criatura aun quería mucho y había preferido quedarse con su ama aunque ya tenía la libertad.
No se acordaba realmente en qué momento fue que formó aquella extraña asociación con Neville, pero el Gryffindor era uno de los mejores en herbologia, y a Draco se le daban muy bien las opciones y los negocios, además nadie le daría empleo en el mundo mágico por lo que fueron los Malfoy; y el y su madre necesitaban comer. Todos se beneficiaban. Incluso, aunque ninguno de los dos lo pensaba mucho, hasta tenían una sólida amistad. Draco hasta había asistido a la boda del otro con Luna Lovegood, "la boda más extraña de la vida" siempre pensaba Draco recordándola. Hasta fue idea del mismísimo Neville que Draco y su madre se quedaran a vivir en la parte superior de la tienda, no era demasiado, pero así el rubio podía estar al pendiente de las necesidades de su madre. Ella podía hacer magia y tenía a su elfina, pero no podía negar que luego del colapso, no estaba muy estable emocionalmente. Estando tan cerca de ella, Draco se sentía bastante mejor.
Además Draco era en gran parte la cara del negocio, cuando Neville se casó con Luna, fue metiéndose cada vez más en la investigación y el periodismo que esta y su padre hacían contra el ministerio. Cuando el padre de Luna murió misteriosamente, decidieron desligar a Neville del negocio, seguirían trabajando juntos, pero dirían que ya Longbottom no quería trabajar más con Malfoy. Así Draco se encargaría de atenderlo de cara al público, el ministerio dejaría de sabotearles el negocio, y Narcisa lo ayudaría en todo lo que podía.
— ¿Lo conseguiste? — preguntó Neville cuando sintió que volvían a estar solos. —Del regalo que me habías hablado.
— ¿Con quién crees que estás hablando? — Draco chasqueó la lengua — soy un Malfoy, por supuesto que lo conseguí.
Se sacó del bolsillo del pantalón una pequeña cajita aterciopelada y se la pasó al otro. Eran unos pendientes bastante hermosos sin lugar a dudas.
—Wao Draco, son….
—Hermosos, lo sé— interrumpió al otro al tiempo que ponía los ojos en blanco— eran de mi madre, tienen que ser hermosos, no deberías sorprenderte. Son de Grandidierita con diamantes.
— ¿Cómo los conseguiste?
— ¿No te acabo de decir que soy un Malfoy? — bufó ante la incredulidad del otro, como si hubiese algo imposible para él. —Eran las joyas que más le gustaban a mi madre, no sé por qué—dijo lo último casi para sí mismo. Si bien la Grandidierita y los diamantes eran bastante caros, su madre había tenido joyas de muchísimo más valor: esmeraldas con el triple de quilates, collares y anillos de diamantes rojos y muchas otras que triplicaban el costo de aquella. Pero sabía muy bien que aquella era la joya que su madre más apreciaba —. Eran un juego junto con un brazalete. Pero separaron el juego cuando el ministerio se los llevó.
Creo que ella estará más que contenta solo con los aretes— le sonrió Neville— pero deben ser muy costosos…
—Solo cobré unos favores que me debían. — mencionó quitándole importancia al asunto.
Recuperarlos sí que le había costado bastante, y más con el poco patrimonio con que contaba ahora, pero por lo menos podía devolver los favores que le habían pedido a cambio de ellos, bien la sonrisa de su madre valdría totalmente la pena.
Callaron al momento que sintieron el pop de la elfina con la bandeja que les había mandado a preparar Narcisa, sabían muy bien que ella le contaba con todo detalle a su ama las cosas que pensaba podían interesarle, así fuera para que su ama no se aburriera por no poder salir.
Draco volvió a guardar la caja con los aretes en su bolsillo, y apuntó mentalmente antes de que se le olvidara, que tenía que ir a ver a Severus para pedirle ayuda con la poción rota.
oOOOOOOOOOOoooooooOOOOOOOoooooo
Cuando este contigo
Promete no llorar
No soy tan fuerte para verte sufrir
No soy tan fuerte para no quebrarme ante ti
Cuando este contigo
Promete no llorar
Recuerda que lo que hagas tú me afecta a mi
Recuerda que será solo un momento antes de que vuelva a morir
Lunes 2 de noviembre del 2005. 8:55 pm. Zona horaria Rusa.
—Esta habitación huele a gato mojado.
Harry se rió ante la comparación, y le preguntó al otro cuando había olido un gato mojado.
—Realmente nunca— respondió el otro al tiempo que se encogía de hombros. — Pero sé que si oliera un gato mojado, sería como esta habitación.
Realmente no pudo discutir, hasta él tenía la certeza de que aquel sitio olía a gato mojado, o a cualquier animal mojado en realidad.
No sería la primera vez que dormiría en la calle. Pero estaba seguro que era algo a lo que jamás se acostumbraría. El motel al que habían llegado era un verdadero desastre, pero por lo menos no tendría que pasar la noche en la fría calle, y menos con el clima que hacía.
La habitación era verdaderamente pequeña y podían decir que el olor no era de lo más agradable, pero tenían una cama, y eso era más que suficiente.
Harry le dijo a Hugo que comenzaría a releer las anotaciones que habían hecho en la biblioteca. No pudo sacar el libro hasta que no sintió que Hugo ya estaba dormido. Sobrevivir era lo más importante, como siempre le había enseñado a Hugo, pero el asunto era, que también había intentado enseñarle ciertos valores, o los que su situación le permitía siendo sinceros. "No robes" le había dicho una vez "a ti no te gustaría que te robaran a ti ¿cierto?"
Criar a Hugo en un país donde apenas si entendía el idioma ligeramente había sido difícil, y más cuando no podía usar magia. Un hechizo, aun el más simple, y habría tenido a todo el ministerio en su puerta antes de tan siquiera terminar de decir el hechizo. Y él sabía muy bien que los aurores tenían la orden de matarlo donde sea que lo encontraran y también acabar a quien sea que estuviera cerca de él. Sin testigos.
Cuando aquel fatídico día ocurrió, hacía ya varios años, y el traslador que le había dado Iván antes de morir lo llevó a una habitación segura en Rusia, hizo su mejor esfuerzo para asimilar la situación en la que estaba. Punto número 1: Acababan de matar a Iván Karkarov frente a sus ojos, tan solo porque este no quiso revelarles donde estaba Harry escondido. Había viajado en un traslador preparado por el ruso para viajar de emergencia a esa pequeña habitación en la mismísima Rusia, y este se había destruido. Punto numero 2: Solo Karkarov sabía de la existencia de ese traslador, así que nadie más sabía dónde estaba. Punto numero 3: Los que irrumpieron en la casa rompieron su varita, pero sabía que aunque pudiera hacer magia sin ella, el ministerio estaba rastreando su magia de todas las formas posibles. Todo eso se resumía en que se encontraba solo, sin poder hacer magia, en un lugar alejado a más no poder… y con un bebé en brazos. Cuando vio hacia sus brazos, vio a su hijo. Quizás no era un bebé en toda la extensión de la palabra, pero era un niño de 6 años.
Su hijo aun traía el hechizo silenciador que le había lanzado, con el cual lo hubiesen encontrado de no ser por Iván que salió a defenderlo en cuanto los aurores sintieron su rastro mágico.
Hizo su mejor esfuerzo cuando entendió en la situación en la que estaban, nadie los vendría a rescatar. Él tendría que encontrar la manera de volver solo, sin utilizar la magia. Sabía que como estaban las cosas, ni Dumbledore lo podría defender del ministerio. Había formado un pequeño plan en su mente. Trabajaría para conseguir el dinero suficiente, y encontraría una forma de salir de ese sitio. Pensó en cosas como conseguir un teléfono, buscar alguien que Iván una vez le comentó que vivía en una ciudad retirada de donde estaba. Sabía que estaba en Samara por que Karkarov le comentó el plan de escape a detalle, pero el plan incluía al ruso también, pero quizás, con un poco de paciencia, podría resolver todo. El problema fue, que Hugo se enfermó dos días después. La fiebre no le bajaba y el pequeño solo podía quejarse del dolor de garganta.
En su mente todo plan pasó a un segundo plano, lo primero era Hugo. Quizás por eso, por esa desesperación en la que aquel tipo lo vio, fue por lo que aceptó su propuesta y se acostó por el dinero suficiente para las medicinas y la comida de su hijo. Pero necesitaba más para no tener que dormir en las calle con él. Y luego más por que debía comprarle ropa que le abrigara en aquel país. Y más comida, y Hugo se enfermó muchas veces más…. Cuando volvió a darse cuenta, ya había pasado dos años en aquel país. Ya no sabía que había sucedido en Inglaterra, en el mundo mágico. No sabía que había sucedido con sus amigos, con Dumbledore, los Weasly, su padrino o el mismo Snape. Pensó que quizás el ministerio también los había mandado a matar o atrapar. O quizás…
En algún punto de todo aquello su entereza flaqueó cuando, por un instante, a su mente llegó la idea de que quizás uno de ellos lo había traicionado, porque habría sido la única forma por la cual los aurores habían entrado a la protegida Hope Land, que estaba bajo Fidelio. Así que fue justamente cuando tenía dos años perdido en Rusia, que entendió que talvez ya no podía regresar. Sería muy arriesgado, y quizás lo habría intentado de no tener a Hugo, pero no podía ya.
—Debo dejar de pensar en el pasado— suspiró, y abrió el libro para empezar a leer.
Aun no sabía qué decirle a Hugo cuando despertara y viera el libro. Siempre intentó mantener en su hijo una especie de moralidad. Quizás él ya la había perdido por todo lo que había hecho para sobrevivir, o eso pensaba él; pero se había dicho que quería criar a su pequeño como no lo hicieron con él. Una de las cosas con la que más comparaba era su mismo primo. Siempre recordaba de Dudley el hecho de que vivía robando dulces o dinero de sus padres, o cualquier cosa que Harry tuviera, aunque Dudley tuviera algo mejor.
Su enseñanza de moralidad también se vio afectada por lo que trabajaba. No era ingenuo, sabía que lo que hacía no era exactamente algo de lo cual podía sentirse orgulloso, pero le permitía vivir a su hijo, y ya con eso le bastaba. Intentó que su hijo nunca se enterara de lo que hacía, pero era imposible, Hugo era demasiado listo. Cuando se enteró, no dijo nada, simplemente se disculpó por ser una molestia y Harry no pudo evitar abrazarlo y decirle miles de veces que jamás volviera a decir eso. Quizás por eso se enfocaba tanto en que el niño leyera, aprendiera. Sabía que de alguna forma lo sacaría de esa vida.
Tenía que sacar a su hijo de esa vida, aun si eso significaba alejarlo de él, pero no se rendiría hasta conseguirlo.
OOO0000O0OOOO00OOO000OOO00o0
Si yo soy el cazador,
Y tu mi presa
¿Qué tanto debo esperar para atraparte?
¿Qué tanto debo esperar para tenerte?
¿Qué tanto debo esperar para matarte?
Lunes 2 de noviembre 2005. 11:00 pm. Casa del ministro de magia.
Mathews Shickman no podía catalogarse como un hombre muy paciente. Si bien era cierto que muchas veces había tenido que hacer todo su esfuerzo y conservar la calma, pues sabía que sus planes no podían formarse de la noche a la mañana, aquello le estaba torturando, se sentía intranquilo a cada momento. En definitiva, él no era un hombre paciente.
Si bien Lingo había localizado al portador de la canción que estaba buscando, y le había asesinado, esta tomaba tiempo para reescribirse en el pergamino que tenía. Tiempo que lo estaba volviendo loco.
Tomó el encendedor de su bolsillo y jugó con él entre sus dedos. Comenzó a deslizar su pulgar contra el interruptor haciendo que el fuego se encendiera y se apagara una y otra vez; siempre hacia eso cada vez que necesitaba calmarse y no podía quemar nada. Había pasado más de un día desde que la canción comenzó a escribirse en el pergamino encantado, y por lo que veía, apenas iba por la mitad. Sabía que era complicado, la magia que llevaba la canción se estaba… resistiendo, por así decirlo. Odín la había encantado bastante bien para que no pudiese caer en las manos equivocadas, pero no había sido suficiente.
Había alejado la ansiedad brevemente encargándose de los tramites de su oficina, principalmente de la celebración que se llevaría a cabo en menos de dos días y que planeaba que fuera la más grande celebración de todas, después de todo, secretamente también celebraría que por fin sus planes estaban saliendo más que bien. También visitó a Megan, lo cual lo tranquilizó bastante, estar junto a ella le solía llenar de una paz que jamás nadie le daba. Lamentablemente sus ocupaciones le impedían visitarla más seguido.
Shickman se sentó en el borde de su cama viendo con deleite el pergamino por centésima vez. Aunque estaba durando, sabía que al fin y al cabo la canción se completaría. Quizás solo era cuestión de otro día más, talvez dos a lo mucho, y ya que él tenía buscándola más de 9 años, un día más no sería tan devastador. Guardó el encendedor nuevamente en su bolsillo y se frotó la cara con ambas manos.
Aquel día había sido ligeramente pesado, el principal problema fueron esos extraños temblores que nadie pudo explicarle. Sabía que había algo muy extraño involucrado. Primero pensó que había sido una señal de Potter, y estuvo momentáneamente feliz, si él daba una minúscula señal de magia lo localizarían rápidamente, pero muy a su pesar no había sido él. Shickman sabía que su único obstáculo en sus planes era ese Gryffindor, el único que había derrotado al señor tenebroso podría interferir en sus planes. Así que tenía a cada aliado en cada parte del mundo buscándolo. Quería que se lo entregaran en una bandeja de plata, muerto.
Había logrado poner sobre Potter el estigma de traidor, diciendo que solo había derrotado a Voldemort para erigirse él mismo como señor oscuro. Y había funcionado. El miedo siempre funcionaba sobre la crédula población: todo el mundo sabía lo poderoso que era Harry, y el hecho de que derrotara a Quien no Debe ser Nombrado con sus propias fuerzas solo acrecentó el miedo. Los medios fueron muy útiles, no hubo un solo periódico o revista que no difundiera la nueva creencia, y eso ayudó a extender aún más el pánico en torno a Potter. El ponerlo en la categoría de peligro inminente le permitió que nadie dudara cuando consiguió que pudieran rastrear su firma mágica. Todos querían atraparlo. Pero se escapó. ¿Como? No lo sabía, había mandado a los mejores Aurores con la premisa de que Harry Potter los mataría para intentar escapar, ellos estaban decididos a acabarlo en cuanto lo vieran.
Pero por ahora eso no le preocupaba a Shickman, Harry no podía dañar sus planes sin magia, y si hacia magia, aun el más mínimo de los hechizos, aun un simple Lumus, seria atrapado en menos de dos minutos. Todos los gobiernos lo apoyaban. Shickman había hecho que su poder creciera inmensamente, pero lo había hecho bien, nadie sabía realmente cuanto poder tenía bajo la manga, porque él estaba reuniendo todas sus fuerzas de forma discreta. A Potter le temían porque pensaban que era demasiado poderoso para controlar, Shickman se encargó de que nadie supiera que él podía ser peor que el Gryffindor, quizás no en magia, pero sí que tenía más poder a su disposición. Fue así que consiguió que no hubiese parte en el mundo que no rastreara la firma mágica de Harry. Todos querían entregárselo y poder congraciarse con el Ministro de Magia Mathews Shickman.
—Pero si no fue Potter, ¿Qué mierda sucedió?
Tenía miedo que los temblores estuviesen relacionados con la canción que se grababa en el pergamino. Aunque él no era un hombre muy paciente, sí que sabía que el sigilo y la calma era lo más importante, y no quería que nada delatara lo que estaba haciendo. Por lo menos, no todavía. Necesitaba que todo estuviese listo, no quería que nada pudiese interferir en sus planes, y nadie interferiría si no sabían. Pero si la canción había provocado los terremotos de cierta forma, quizás, alguien podría rastrearla. Esperaba en verdad que no fuera eso.
Sintió un golpeteó fuera de su habitación, y al salir descubrió que había una lechuza picoteando en la ventana de la cocina, intentando entrar. Reconoció inmediatamente a la gran lechuza marrón que era de Lingo Larks, la dejó entrar y desató el pergamino que tenía. No esperó comida ni respuesta y salió rápidamente, Larks la había entrenado bien.
Entre los muchos encargos que le había dado a Lingo, uno de ellos fue darle un nombre, el de un hombre que había llamado su atención. Lo hacía regularmente, si alguien llamaba su atención Larks averiguaba quien era rápidamente. Tenía otras formas de averiguarlo sin ayuda del asesino, pero aquel era muy discreto y sabía que jamás divulgaría nada de lo que pidiera, por que como recompensa siempre le cumplía a Azazel algo que le pidiera, y el asesino sabia del poder del ministro para cumplir deseos.
Esta vez, el nombre que había pedido era de un hombre que había visto dos o tres veces, llamaba su atención pero no lo suficiente para distraerlo de sus planes. Quizás por eso tardó tanto en pedir que investigaran su nombre. Pero, sí llamaba su atención, y lo que hiciera eso merecía prestarle un poco de atención. Ni recordaba ya haberle dado ese encargo a Lingo, pero ahora que veía la foto de aquel hombre sus ojos brillaron.
Normalmente le atraían las mujeres, le gustaba la fragilidad que emitían ellas cuando estaban a su lado. Siempre había buscado mujeres más pequeñas que él, pobres y necesitadas de algo; le encantaban las que habían sido maltratadas por padres o novios porque eran las más fáciles de dominar, o las que necesitaban dinero con urgencia y el engañaba prometiéndoles algo. Algo que las hiciera dependientes, solo para desecharlas cuando ya no las necesitaba, la mayoría del tiempo maltratadas físicamente y con la memoria parcialmente borrada, en cierta forma sentía un gran morbo el saber que sus víctimas recordaban parte de su tortura, pero no podían comprobar nada ni acusarlo. Con los hombres pasaba lo mismo. Le gustaban aquellos que transmitían una sensación de pasividad, de que él los pudiera manejar.
Fue por eso que cada vez que veía a ese hombre le llamaba fuertemente la atención. No lo conocía, o por lo menos nunca escuchó su nombre de forma consciente, pero se veía igual a los hombres que a él le gustaban, calmados, pasivos, entregados... Siempre lo había visto acompañado de Sirius Black, a ese sí que lo conocía bien. Y lo detestaba. Quizás por eso el otro hombre llamaba más su atención, era claro que Black era un dominante, y eso hacía ver al que iba junto al él mucho más pasivo y calmado.
Lo hacía ver dominable, necesitado de un ser superior. Y Shickman se consideraba superior en muchos sentidos.
Vio bien la foto que Lingo le había enviado: Remus Lupin, decía en el dorso. Ese nombre le sonaba, estaba seguro que era parte del grupo que tenía en su contra. Además, si estaba junto a Black debía de serlo
—O sea que este no será fácil de obtener— dijo mientras colocaba la foto encima de la repisa que tenía a su lado. —no importa, no será el primero que amarro a la cama contra su voluntad.
Normalmente iba por presas más fáciles, no solo que se vieran pasivos, si no que fueran pasivos, que se encontraran en situaciones de vulnerabilidad, y muy probablemente Remus Lupin no tendría esas cualidades si estaba junto a Black y pertenecían los dos al grupo contra él. Pero ya que su plan estaba saliendo tan bien, quizás debía proponerse un reto para celebrar el triunfo de que pronto llegaría el Ragnarök. Y conseguir a Remus Lupin prometía ser un reto, a él le gustaban los retos, y no se rendía hasta conseguirlos.
Sonrió ante eso: — ¿Qué tan bueno será tenerlo solo para mí?
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