Erica no dejó pasar ni dos días desde que tuvo la conversación con su Alfa hasta que decidió que ya era hora de que alguien se hiciera cargo de la situación.
Estaba tan emocionada por el hecho de que por fin iban a cumplir su sueño de convertirse en padres, que sólo cuando llegó a casa y le contó las novedades a Boyd se dio cuenta de que Derek lo había vuelto a hacer: centrar la atención en los problemas de los demás para así desviarla de los suyos propios.
Pero le conocía demasiado bien como para saber que algo le inquietaba, y que ese algo no era sólo el hecho de que Lydia estaba muy interesada en el cuidado de su futura hija.
Una simple llamada a Isaac bastó para confirmarle que él pensaba lo mismo y que también opinaba que debían actuar, visto que generalmente Stiles era quien se ocupaba de solucionar todos los problemas que afectaban a Derek Hale, pero que ahora eso no era posible porque él era parte del problema.
Y ya que fue Isaac quien intervino la última vez que su Alfa y el compañero de su Alfa tuvieron un pequeño encontronazo, y que Erica sentía que debía devolverle de algún modo el favor a Derek por lo que iba a hacer por ella y Boyd; ambos convinieron en que esta vez le tocaba a ella.

Las cosas que tengo que hacer por mi Alfa, se dijo la mujer lobo mientras entraba en comisaría.

Había esperado a última hora de un viernes en que Derek saldría tarde del trabajo para que no la descubriera allí. Sabía que a su debido tiempo le agradecería sus esfuerzos por ayudarle con su vida amorosa, pero mejor que eso fuera después. Preferiblemente cuando la frustración sexual hubiera terminado y así Derek pareciera más un hombre con el que se podía hablar, en lugar de un lobo en celo y que era más de arrancar gargantas antes que de tratar las cosas por medio de las palabras.

Nada más cruzar la puerta de la estación, la mujer lobo se encontró con un apuesto hombre uniformado.
Y nada más verle Erica se preguntó si al pobre no le habrían dado un uniforme una talla más pequeña, porque juraría que a Stiles ese traje no le quedaba tan ajustado… Y por ajustado quería decir "increíblemente bien ajustado y en las partes en las que todos los uniformes deberían estar ajustados".

- Buenas tardes –saludó el agente con una sonrisa brillante más propia de anuncio de dentífrico-. ¿En qué puedo ayudarle?

Erica tardó en reaccionar, lo que sólo confirmaba que el agente Parrish (leyó la etiqueta del uniforme, de paso que admiraba la camisa y se imaginaba perfectamente lo que habría bajo ella) no era alguien del montón.
Desde que se convirtió en mujer lobo y su autoestima pasó de cero a cien, no había vuelto a quedarse con la palabra en la boca.
En su defensa, el agente Parrish no sólo tenía un cuerpo espectacular y la cara propia de un modelo, sino que además se intuía que era alguien leal, educado y que siempre hacía lo que era correcto… La típica persona que estaba convencida se convertía en una bestia salvaje cuando se quitaba ese uniforme.

- Hola –respondió tras haberse quitado la imagen de un Parrish echando fuego en la cama. Tal vez para las demás (o los demás, si las sospechas que empezaban a formarse en su cabeza eran ciertas) eso fuera algo asombroso, pero ella tenía a todo un hombre lobo que también sabía cuándo dejar de ser el chico bueno de la historia-. Creo que no te conozco… -ladeó un poco el cuello para hacerle un completo escáner de su cuerpo, del que esta vez se aseguró que el otro fuera consciente-. Y conozco a todos los hombres uniformados que pasan por aquí… Más unos cuantos que suelen estar al otro lado de las rejas.

La sonrisa de anuncio de Parrish se transformó en una mueca de desconcierto.
Erica adoraba cuando conseguía hacer eso.

- ¿Disculpe?
- Eres nuevo, ¿verdad? –no le dio tregua. Tras tener claro que Parrish bateaba en la liga de los tíos, había pasado de ser el chico de oro al chico que estaba consiguiendo que su Alfa se revolcara en su miseria-. Me estás mirando como haría alguien que no me ha visto nunca e intenta ser políticamente correcto –sonrió como sólo haría un depredador-, por ejemplo, esforzándose mucho en mirarme sólo a los ojos.
- Sí. Esto… Soy el ayudante Parrish…
- Lo sé –le interrumpió-. Sé leer –señaló su uniforme, tras lo que puso un puchero-. ¿O es que crees que no sé leer sólo porque soy rubia?
- ¡No! Claro que no –el perfecto bronceado de Parrish adquirió un tono rojizo del que Erica se sintió muy orgullosa-. Esto… Llevo en este puesto desde hace sólo un par de semanas. El Sheriff solicitó un nuevo ayudante, dado que su hijo tendrá que pedirse la baja por paternidad dentro de un par de meses.
- ¿Y por qué estás aquí tan pronto? –apoyó un codo en el escritorio, dejando claro que la conversación/interrogatorio iba a ir para largo.
- Quiero asegurarme de que haré correctamente mi trabajo cuando se me necesite.

La respuesta tan asquerosamente formal sólo sirvió para que Erica le odiara un poquito más. ¿Cómo podía ser que este boy scout fuera el responsable de que su Alfa, el macho Alfa de Stiles, estuviera en modo llorón?

- Chico aplicado, ¿eh? –se apoyó en el escritorio con ambas manos, de tal modo que tenía prácticamente todo el cuerpo encima de la superficie… y peligrosamente cerca de Parrish-. No se estila mucho de eso por aquí.

Parrish dio medio paso atrás, alejándose de la mujer que cada vez tenía más pinta de animal salvaje… ¿Y eran imaginaciones suyas o esos colmillos era más afilado de lo normal?

- ¿En qué puedo ayudarle? –preguntó de nuevo, pero menos seguro.
- Buscaba a Stilisnki. Hijo –aclaró con una sonrisa-. ¿Sabes si está por aquí?
- Sí, claro. Stiles siempre está por aquí.
- ¿Stiles? –puso una mueca de fingida sorpresa-. No te imaginaba como los que llaman a los compañeros por su nombre de pila… Apodo en este caso –volvió a mostrar esa sonrisa animal-. Pero supongo que Stiles es especial, ¿verdad?

El tonito con el que preguntó consiguió que Parrish empezara a sudar. Pero no dejaba de estar en su puesto de trabajo y le habían hecho una pregunta, así que no tuvo más remedio que responder.

- Es un buen compañero. -Tragó saliva, pues la garganta se le había quedado repentinamente seca-. Y me está enseñando todo lo que sé.
- Por supuesto. ¿Qué haríamos sin él, verdad?

Esta vez Parrish vio perfectamente un par de colmillos despuntando de entre los labios carmesí de la mujer, justo en el instante en que entró el que a partir de ahora sería "su salvador".
Stiles entró en la zona de recepción de la comisaría y se encontró con una escena de lo más inquietante: a Parrish acorralado, y eso que estaba detrás del escritorio e iba armado, y a Erica prácticamente encima de dicho escritorio y con cara de estar a punto de devorarle… y no en el buen sentido.

- Erica. ¿Puedo saber qué estás haciendo?
- ¡Stiles! –Se apartó del mostrador y saludó a Stiles con toda la inocencia del mundo-. Hola. Estaba charlando con tu nuevo compañero.
- Charlar… ¿Ahora se llama así?
- Stil… Ayudante Stilinski –corrigió en seguida Parrish, todavía con el corazón acelerado-. Esta… dama preguntaba por usted.
- Erica no es una dama -apostilló Stiles, no apartando la mirada de la mujer lobo, a la que hizo una señal con el dedo para que le siguiera.
- Buen intento, chaval, has ganado puntos. –Erica le guiñó un ojo antes de seguir a Stiles al interior de su despacho-. ¡Pero no los suficientes!

Stiles no dijo nada hasta que no estuvieron los dos dentro de su despacho, que cerró convenientemente y además bajó las persianas para que Parrish no les viera.
Menos mal que su padre ya se había ido a casa, pensó, porque al pobre le habría dado un infarto al ver semejante numerito.

- ¿A qué ha venido eso? –exigió cuando tuvieron un poco de privacidad-. Y no me pongas esa cara de "yo no he roto un plato" –recriminó ante el puchero de la Beta-. Estabas prácticamente encima de él. Podría denunciarte por acoso, ¿lo sabes?
- Que lo intente.
- No has respondido mi pregunta.

Erica no se amilanó ante los malos humos de Stiles. Pero sí se recordó que estaba embarazado y que probablemente su comportamiento era culpa de las hormonas, por lo que optó por guardar el hacha de guerra… de momento.
Se sentó en la mesa del escritorio de Stiles como si estuviera en su propia casa.

- Quería charlar contigo. Hace mucho que no hacemos eso.

Stiles entrecerró los ojos, dudando de cada palabra que salía de su boca.

- Y de qué querías charlar.
- De un poco de todo. –Movió la mano en gesto casual. Algo que no le pegaba lo más mínimo-. La última vez que coincidimos, cuando fuimos a comprar el carrito para tu hija, no tuvimos mucha ocasión. Pero dime una cosa… –Su mirada pasó a ser más depredadora. Y aunque eso no era bueno, sí era más propio de la Erica que conocía, por lo que en el fondo Stiles lo prefería-. ¿Derek conoce a tu nuevo ayudante?
- Sí, claro. Se lo presenté la semana pasada.
- Ya veo. ¿Y ha visto cómo se comporta contigo?
- ¿Y cómo se comporta conmigo? Si se puede saber.
- ¿Cómo tu fan número uno?

El humano sintió que las mejillas le ardían.

- ¡Eso no es verdad!
- Stiles, que nos conocemos. Soy tu Catwoman, ¿recuerdas? No puedes engañarme.

No. Stiles jamás podría engañar a Erica.
Malditos hombres lobos y sus sentidos hiperdesarrollados…

- Y qué pasa si le gusta cómo trabajo -trató de justificar el comportamiento de Parrish-. Por una persona que se da cuenta de mis habilidades.
- Ya… El problema es que él quiere conocer a fondo tus otras habilidades.
- Qué estás insinuando.
- Nada –Se bajó de la mesa para quedarse de pie y a meros centímetros de distancia de él-. Yo nunca insinúo nada.

La clara amenaza, sin embargo, no hizo que Stiles huyera. Eso también era algo a lo que ya estaba más que acostumbrado al llevar años rodeado de hombres lobos.

- Estás loca.
- No. El que está loco eres tú por dejar que Parrish se comporte así y encima delante de Derek. Lo raro es que no le haya arrancado ya la garganta con los dientes. -El leve temblor en las pupilas de Stiles hizo que Erica se anotara otro tanto. Debía presentar una solicitud al sheriff, porque era la leche como interrogadora-. Pero lo ha intentado, ¿verdad?

Stiles buscó una excusa.
Al final sólo puso resoplar.

- Ya sabes cómo es –se quejó, apartándose un poco de la rubia-. Siempre está a la defensiva.
- ¿Y te extraña? Stiles, es normal que quiera proteger lo que es suyo.
- Perdona, pero yo no soy propiedad de Derek.
- Eres su marido. -Dejó los ojos en blanco cuando Stiles le miró de mala manera-. Vale, no estáis casados. Pero vivís juntos. Eso es más que suficiente para él. Y también debería ser señal más que suficiente para que Parrish aleje sus garras y su estúpida sonrisa perfecta de ti.
- ¿Y qué quieres que haga? –extendió los brazos, frustrado-. Si el chico tiene un cuelgue por mí, no significa que vaya a pasar nada. No tengo ningún interés en él. Y para Derek mi palabra debería ser suficiente para que se olvide de sus estúpidos celos.
- Ya, claro –renegó la rubia. ¿Por qué tenían que ser tan cabezotas los dos? Y luego era a ella a quien le preguntaban por qué prefería a Boyd-. Estamos de acuerdo en que Derek todavía tiene mucho que mejorar en cuanto a modales se refiere. Pero dime una cosa, ¿cuándo ha sido la última vez que follasteis?

Stiles tardo casi un minuto en reaccionar.

- ¡Qué!
- Ya me has oído.
- ¡No pienso decirte eso!
- ¿Por qué no?
- Erica… -Se llevó las dos manos a la cara, sin saber qué decir. Ahora entendía a Derek cuando trataba de hacerle entrar en razón cada vez que se le ocurría algo absurdo sobre el embarazo-. No voy a hablar contigo de un tema tan personal.
- Está bien -admitió, sorprendentemente pronto, pero entonces siguió hablando-: Boyd y yo follamos por última vez… –Consultó la hora en el móvil-, hace dos horas. –Le dio una palmada en el brazo-. Ya está. He compartido información personal contigo. Ahora tú.

El humano observó con asombro… y cierto temor a su amiga, que no se estaba comportando precisamente como harían las amigas.

- Estás loca.
- Dime algo que no sepa. -Dejó los ojos en blanco.
- ¿Y se puede saber a qué viene tanto interés por… -bajó el tono de voz-, saber cuándo lo hemos hecho por última vez?
- ¿Por qué no quieres responder la pregunta? –Erica entrecerró los ojos, inquisidoramente-. Oh, Dios mío. ¡No me digas que hace días que no lo hacéis! –El intento de Stiles por poner cara de póquer sólo sirvió para que la rubia se llevara una mano a la boca-. ¡Semanas! ¡Pero qué demonios pasa contigo!
- No me grites encima. –Se quejó-. Y últimamente no hemos tenido muchas ocasiones para… intimar, con todo lo del bebé y las compras y los preparativos de la habitación y…
- No es excusa -le interrumpió de mala manera-. Tienes a Derek Hale, ese pedazo de espécimen de hombre lobo con el que se rompió el molde cuando nació, y tu obligación es la de follar con él todos los días; varias veces al día… en diferentes posiciones.

Pese a la regañina que acababa de lanzarle su "amiga", Stiles cruzó los brazos en torno al pecho, ofendido por el último comentario.

- Deja de robarme las frases.
- Lo siento cielo. Lo haré cuando dejes de cometer estupideces. –Levantó el dedo índice en gesto amenazador-. Y deberías estar contento porque te cite. Significa que eres mi modelo a seguir. -Su sonrisa de orgullo se transformó en una mirada de vergüenza ajena-. Salvo en la parte de que no follas con Derek, claro.
- ¡Quieres dejar de decir el nombre de mi novio y la palabra follar en la misma frase! Es de mal gusto.
- No, es de sentido común. ¿O tengo que recordarte lo de que Derek es uno entre un millón?

Viendo que aquella conversación podía alargarse durante horas y no sacarían nada en claro (Derek se merecía un monumento por ser capaz de aguantarla todos los días y no haberla matado todavía), optó por darle la razón.

- De acuerdo. Admitiré que es raro que no lo hayamos hecho últimamente. Pero tampoco pasa nada, ¿no? Ahora tenemos una relación estable y ya no soy ese adolescente hiperactivo que quería perder su virginidad a toda costa.
- ¡Pero es Derek Hale!
- Joder, qué pesadita estás con que es Derek. Ya sé quien es, ¿vale? Duermo con él todas las noches.
- Y ese es el problema. Que deberías hacer algo más que dormir.

La excesiva insistencia de Erica, aparte de estar poniendo de los nervios a Stiles, también consiguió que saliera su vena detectivesca y se preguntara a qué venía tanto interés por la vida sexual de su Alfa.

- ¿Y qué más te da eso a ti?

Y esa fue, definitivamente, la pregunta que tendría que haber hecho desde el principio. Porque enseguida Erica se relajó visiblemente. Incluso más de lo normal en ella.

- A ver cómo te lo digo de manera elegante –murmuró la Beta, mordiéndose el labio en actitud pensativa.
- Tú no sabes ser elegante.
- ¡Lo estoy intentando! –se quejó ante el poco tacto de su amigo. Tras varios segundos de reflexión, pareció encontrar el modo adecuado para explicarle la situación-. Stiles… Derek es un hombre lobo. Y un Alfa. –Enumeró muy despacio ante la atenta mirada de Stilinski-. Y está a punto de tener una hija con una persona que está pasando de él… ¿Ves adónde quiero llegar?

Stiles tardó unos segundos en responder, pero sólo porque quería mantener la trascendencia que Erica le había dado a la pregunta.

- No, la verdad es que no.
- ¡Que le van a explotar las pelotas, Stiles! –estalló la Beta-. Por la falta de acción y encima teniendo que lidiar con un marido embarazado que se ha convertido en el foco de atención de todos los moscones del pueblo… como tu nuevo amiguito Parrish y tu amiguita la pelirroja.
- No metas también a Lydia en esto. Ya le dije a Derek que no hizo nada malo.
- Qué va. Sólo pasarse toda la tarde comprando cosas para vuestra hija pegado a tu brazo… ¿O no me digas que no te diste cuenta de lo cabreado que estaba?
- Pero eso es porque a Derek nunca le ha gustado ir de compras… -se quejó, cansado por tanto revuelo por algo que, en su opinión, no tenía ninguna importancia-. Y menos a un sitio plagado de niños gritando.
- ¡Exacto! Y aun así hizo el esfuerzo de ir contigo. ¿Y qué hiciste tú? Pasar de él para ir de compritas con Miss Barbie morena y Miss Bratz pelirroja… -negó con la cabeza-. Eso no está nada bien, Stilinski.

La nueva reprimenda de Erica consiguió que por primera vez Stiles intentara ponerse en el lugar de Derek, recordando aquella tarde de compras tras la que su novio apenas dijo nada hasta el día siguiente.
Y sabía que no le había hecho gracia que llamara a sus amigas pero…

- ¿En serio se enfadó tanto? –preguntó, preocupado-. Pero si él sabe que para mí Lydia ya no es más que una amiga. Y estuvimos todo el tiempo hablando del bebé.
- Ya lo sé, tonto –dijo un poco más comprensiva, ahora que había conseguido hacerle entrar en razón-. Pero tienes que entender toda la situación. Puede que tú seas quien va a tener el bebé, pero él es el actual Alfa de la manada que está a punto de convertirse en padre de un bebé que las fuerzas sobrenaturales han querido que tengas para perpetuar su apellido. Tiene mucha presión encima y en esos casos no hay nada mejor que marcar su territorio... –hizo una pausa para dejar claro que ya había terminado con la clase y ahora volvía a ser la Erica juguetona-. Siendo su territorio tu trasero.

Pero Stiles tenía demasiadas cosas en la cabeza como para darle importancia al comentario subido de tono.

- Yo… No sé qué decir.
- ¡Eso es lo mejor! –Le guiñó el ojo-. No tienes que decir nada.
- Pero ¿por qué has venido a contármelo tú?

Erica resopló.
Hombres…

- Porque sé que él no va a decir nada, porque no quiere que pienses que lo único que le interesa ahora mismo es follar.
- Pero tal y como lo has dicho eso es justo lo que quiere. ¡Au! –Se frotó el brazo golpeado-. ¡Por qué me pegas ahora!
- Porque llevas un buen rato mereciéndotelo –le regañó antes que pedir perdón-. Y agradece que estés embarazado, porque ese es el único motivo por el que me he contenido.
- Que afortunado soy…

La mujer lobo no se achantó ante la mirada de desagrado de Stiles.

- Recuerda que Derek es medio animal. Y de nacimiento –explicó-. Por regla general su parte animal sólo sale cuando tiene que defender a su manada. Y tú eres la parte más importante de su manada. Ahora mismo es como si no pudiera confirmar que tú eres parte de él. En cualquier otra circunstancia, si fueras un hombre lobo, créeme que te habría marcado con sus dientes unas cuantas veces; pero como no puede hacer eso contigo sólo le queda…
- Follarme.
- Exacto –dijo más calmada, viendo que por fin había entendido la gravedad del asunto-. Y como no lo está haciendo, una parte de él siente que está fallando a la hora de dejarle claro al resto del mundo que tú y tu bebé sois suyos… Y eso no es nada agradable, créeme. Especialmente cuando luego resulta que tienes a tu fan número 1 babeando por ti en el trabajo todos los días.

Stiles se sentó en la mesa del escritorio, saturado con tanta información.

- Joder. No había pensado que fuera tan serio.
- Pues ya lo sabes –concluyó Erica. Pero al ver que Stiles todavía estaba haciéndose a la idea de todo lo que había pasado y que incluso empezaba a sentirse culpable por haber dejado a Derek en ese estado, trató de mostrarle un poco más de apoyo. Se sentó a su lado y le sonrió, esta vez de manera cordial-. ¿Quieres alguna idea para encender de nuevo la pasión?

El humano volvió a perder el color de la piel.

- No, gracias. Ya bastante incómoda ha sido esta conversación. Y creo que conozco a Derek lo suficiente como para saber qué es lo que puede volverle loco en la cama y quiera… hacer eso varias veces seguidas.

Erica le dio una palmada de apoyo en la espalda, pero con tanta efusividad que casi le tira al suelo.

- Ese es mi chico –señaló la puerta del despacho-. Ahora ve y haz que me sienta orgullosa de mi Alfa y su maridito.

Stiles se bajó de la mesa. Sabía que como no lo hiciera Erica le bajaría a la fuerza y luego le metería a rastras en su jeep.

- Dios. Cuando creí que podría acostumbrarme a cualquier cosa que ocurriera en Beacon Hills…