Ha escuchado cientos de cosas relacionadas con aquel lugar. Con curiosidad e intriga decide visitarlo ignorando todas las advertencias dadas.

Hasta que después de un rato investigando el lugar, sabiendo o sintiendo que alguien lo observa, decide desviarse con agilidad para saber de dónde es la mirada que siente detrás suyo.

Hasta que sus ojos dorados se posaron en un pequeño cuerpo desnudo de un extraño desconocido. Con atención y detalle se queda admirando ése cuerpo de ángel que está posado frente suyo, luego le preguntará el motivo de su desnudez. Ahora sólo tiene la intención de conocer al misterioso chico.

—Mi nombre es Bill.— dijo en alto para llamar su atención. Acercándose un poco y observando de mejor manera cada facciones de su rostro. Ya sean sus cabellos peinados de una manera que le hace ver los esponjosos que han de ser sin mencionar como caen sobre su frente de una manera misteriosa. Sus orbes chocolates con un leve azul electrizante y ni hablar de ése tono durazno en su nariz.

Un silencio insólito albergó a ambos. El de cabellos rubios como el sol en verano sólo pudo darse cuenta que en la cara del castaño sólo había un poco de confusión, sorpresa y nostalgia, sobre todo está. Su boca entre abierta como si quisiera emitir algún sonido pero no la ha hecho. Y parece no tener vergüenza de su estado actual, o al menos no aún.

Mientras que el contrario solo se hayaba pensativo y sorprendido del enorme parecido de ése hombre con su dragón en forma humana. Sin saber si debía lanzarse a él aunque no quería espantarlo ya que era más que obvio que no compartían ni los mismos recuerdos ni los mismos sentimientos. O si debía solo inventarse algo para averiguar que hacía ahí y solo ser algún conocido. Ignorarlo, huir y esconderse y esperar a que se fuera también fue una opción. Pero también pensó en la posibilidad de que esté quisiera quedarse por alguna razón y si se va regresé sin pensar en abandonar el lugar lo cuál podría serle un problema.

Se supone que todos aquellos que lo conocieron creen que está muerto. Pero tampoco quería estar solo. Y no sabía que tan persistente podría ser ése hombre. Que también puede que no sea el mismo ser del que se enamoró hace tiempo y todavía guardo algo en especial en su corazón.

Sin embargo no pudo controlarse y se lanzó en brazos del más alto quien no supo cómo reaccionar ante la acción tan sorpresiva y repentina. Tan extraño que un desconocido que está desnudo se lancé a sus brazos. Sentir su cuerpo cálido tocar con el suyo.

Sus brazos delgados rodeando por debajo los suyos dándole un fuerte abrazo. Podía percibir el cuerpo ligero del menor. Extrañamente su pecho se llenó de la calidez que desprendía el cuerpo del castaño haciendo que su corazón se acelerará de una manera que jamás imaginó.

No sé sé movió ni correspondió el abrazo, no sabía cómo debía actuar.

—¿Quién eres? — fue lo único que se le ocurrió preguntar haciendo reaccionar al menor.

Dipper se detuvo tenso, arrepentido por lo que se alejó del rubio mirándolo intrigado y con decepción. Se había ilusionado al creer que ése hombre podría ser su Bill por el gran parecido y su voz, que aún recordaba en su cabeza. Pero no, él no es Bill. No es su Bill.

El rubio percibió en aquellos ojos intensos como se inundaban de desilusión e intriga, quiso saber por qué. Por aquellos ojos curiosos y misteriosos se convirtieron en decepción e intriga.

—¿Estas bien?— le preguntó por qué parecía que iba a llorar.

Dipper por miedo decidió mejor huir. No aguantaba tener a ese hombre ahí. La gran furia así mismo por lo que hizo en el pasado lo atacaban.

—L-Lo siento. — fue lo único que dijo casi como un susurro que apenas y pudo escuchar el contrario.¿Por qué se disculpaba?¿Por qué huía?¿Por qué lo seguía? Tal vez por qué sólo quiere tener respuestas o de eso quería convencerse.

Dipper intentaba ir a un lugar apartado para tranquilizarse emocionalmente. Pero parecía una misión imposible si aquel rubio lo seguía, y tampoco ansiaba transformarse en su forma dragón.

—¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? ¿Por qué estás desnudo? — lanzó al aire Bill quien perseguía al contrario con mucha duda y curiosidad. La última pregunta consiguió un sonrojó en el castaño al recordar que estar desnudo entre humanos es muy vergonzoso. Tanto así que de inmediato se cubrió sus partes íntimas lo más que podía avergonzado sin dejar de correr.

—D-Deja de seguirme. — dijo en voz alta pero el rubio parecía muy necio poniéndolo más nervioso.

—¡Hasta que me digas tu nombre! — pedía al menos.

El castaño se negaba hacerlo pero por otra parte así tal vez dejaría de molestarlo, además no cree que sea malo el decirle su nombre. Ha pasado muchísimo tiempo desde que escucho su nombre en boca de alguien mas.

Y en especial en esa voz...

—Dipper. — dijo deteniendose ya cansado. — Ahora deja de molestarme.

El rubio lo pensó mientras seguía viendo al castaño.

—¿Osa mayor? Que adorable~— dijo un poco burlón aunque por dentro muy enternecido ante el nombre del castaño.

—¡no soy ado-... — iba a reclamar con un rubor en sus mejillas, más se detuvo en seco al recordar cierta cosa de su pasado, llenando sus orbes de nostalgia y culpa, otra vez. Dio un suspiro.— No deberías estás aquí.— dijo lo más serio que se le permitió sorprendiendo un poco al de cabellos rubios.

—Tu tampoco. — repuso encogido de hombros recordando la advertencia, ahora extrañamente se preocupaba por el chico frente suyo. Quizás las apariencias engañan pero, Dipper se veía frágil y un poco débil con su pequeño y delgado cuerpo (bueno quizás no tan Delgado) y esa carita curiosa que refleja culpabilidad. Piensa que debe protegerlo de cualquiera criatura que pueda atacarlo.—Dime por qué estás aquí y aparte sin ropa.— pidió con tranquilidad, interesado y sin poder dejar de ver el desnudo cuerpo del más bajito.

Por alguna extraña razón que el mismo desconocía hay algo en ese cuerpo que lo trae así... Cosa que no sabe si odiarlo o embobarse más.

Dipper se sonroso y como había una ventana cerca de ahí con cortinas la jaló un poco tapándose gran parte de su cuerpo.

Bill no evitó carcajearse un poco por la acción y la forma en que lo hizo. Debía admitir que si es un poco adorable.

—Ahora parece que usas vestido~

—¡Cállate!

—Eso no responde a mi pregunta de por qué estabas asi. — se acercó y lo tomo de su cintura, notando que si la tiene ancha y un trasero muy notorio. Y la verdad... Se sentía muy bien tenerlo asi. Quizás fue la cortina pero, es muy suave. Tenerlo así.

No sabía si, o Dipper es muy bajo o él es muy alto para su edad.

El Pines quedó casi hipnotizado ante la mirada del rubio. La forma en como lo agarraba y la cercanía lo hizo sentir nostálgico pero reconfortante. Las ganas de acurrucarse en su pecho no faltaron pero... No debía ilusionarse ante aquello. Ante volver a tener al rubio a su lado.

"Dicen que cuando se enamora a primera vista, es por qué en sus vidas pasadas llegaron amarase."

El de ojos café con un leve azul que se hacía visible cada vez más; decidió poner indiferente su expresión.

—Me acostumbre a estar sin ropa por varios años y estar por estas áreas sin molestar a alguien, sin que nadie me encontrase.— contó mirando a otro lado y apartándose del agarre del rubio, aun sujetándose bien la cortina, aunque se veía su espalda por la parte de atrás, cosa que no pasaba desapercibido por el rubio. Pensando en cómo es la vida del rubio ahora que es un humano.

También pensaba en cómo ir a una habitación a conseguir ropa (aunque sea muy vieja serviría de algo por el momento si es que el rubio seguiría molestándose quedándose ahí)

—¿Por qué estás por aquí? ¿Por qué no vives con los demás aldeanos?— siguió preguntando, ahora Dipper sabía lo que se sentía cuando alguien muy curioso y persistente andaba detrás suyo.

—Es algo complicado de explicar, además tú eres un desconocido para mí.— mentía.— No esperes que te diga todo.

—Bueno... Cambiando de tema Entonces... Qué piensas de la historia sobre que el dragón que habita aquí y sobre la matazón que hubo.

Dipper seguía sin verlo. La verdad no quería recordar eso a pesar de haberlo "superado".

—Ehm... No es algo de lo que quiera hablar.

—¿Por qué? La verdad no sé si creer en eso. Oye y ¿tu familia?

—¡Fue asesinada! ¡De acuerdo?— nunca pensó en molestarse con Bill.

—¿Que? Perdón pero...

—Murieron en esa matazón de hace años que hubo aquí.— dijo con dolor en cada palabra intentando inútilmente sonar frío.

El rubio frunció el ceño por ser un tonto que no supo medir sus palabras.

—¿Eras un bebé apenas? —pregunto calculándole el tiempo que ha pasado y su edad, pues apenas se veía de un joven de 18 años, casi. Imaginándose que quizás Dipper bebé fue el único sobreviviente y ahora habitaba ahí y que al dragón tal vez lo cuidaba... Digno de una novela, lastima que a él no le daba por escribir historias.

El castaño entendió que era normal que creyera eso, no sabía si decirle la verdad. Que en realidad él es el dragón de la matazón de hace años. Y si... ¿Lo deja? Es normal después de todo el daño que hizo, destruyo a su familia de sangre, y a la familia que iba a formar con su dragón de escamas doradas.

Ha pesar del tiempo que pasó, sigue siendo doloroso recordar los escombros que dejó.

—¿Por qué sigues aquí?— pregunto de repente sonando un tanto indiferente y neutral, con pizca de interés en sus palabras.

—Me gusta aventurarme. Y ahora me entra cierto interés saber sobre ti, Dipper~— contesto sin más y sonriendo burlon a lo ultimo. Mientras que el mencionado suspirado y decidió irse con algo de vergüenza a la habitación más cercana donde sabe que hay ropa que ponerse intentando ignorar el hecho de que el rubio lo vería desnudo de espalda.

—¿Cómo que?— pregunto caminando lo más rápido que podía hasta entrar a una habitación e ir a revisar a los cajones para encontrar algo que ponerse.

Bill observaba desde su espalda, descendiendo su vista hasta sus caderas que gustaria rozar y llegar más abajo en esas curvas redondas que se movían de cierta manera erotica con cada paso apresurado que el castaño daba y un rápido vistazo a sus piernas. Preguntándose su edad.

Después de un rato, en que lo había seguido observándo cada detalle de su cuerpo en la parte de atrás como si quisiera moldearlo, hasta que el castaño empezó a ponerse algunas prendas quitado aquella vista que lo hipnotizaba. Reaccionando apenas en lo que diría a continuación.

—¿Convives con el dragón que habita aquí o algo así? O ¿murió?— pregunto con interés. Dándose el lujo de sentarse en la vieja recámara.

—El dragón aún sigue vivo.— contesto con frialdad.

—¿Y dónde está? La verdad me gustaría verlo, y si se pone agresivo me defiendo o tratare de que se calme.

—¿No lo matarías y ya? Siempre hacen eso los aldeanos o caballeros.— opinó con simpleza y obviedad, volteándose mirando con curiosidad dicidiendo si irse de la habitación o sentarse a lado del rubio.

—¿Por qué lo mataría sino me ha hecho nada? A comparación de los otros, pienso que tal vez no sea sanguinario. Digo después del incidente de hace varios años dicen que no ha vuelto atacar. Mi hipótesis es que si asesinó a toda esa gente fue por qué ellos mataron al dragón dorado. Quizás era algún amigo suyo o familiar y enfurecido asesinó al resto. — explicó Bill con una mirada y tono severo.

Desde hace mucho tiempo había creado muchas hipótesis y teorías; pues aquella historia que relata ese hecho del dragón de escamas azules es muy contado incluso desde poco antes de que naciera y, cuando escucho de ella por primera vez debe admitir que es su favorita entre todas las historias o leyendas que le han contado o escuchado.

—En serio piensas eso.— sonó más como una afirmación que unas pregunta.

—Es una hipótesis claro. Suelo pensar que no todos los dragones son "malos". — añadió soltando un suspiro, de alguna forma animado por tener una plática con el castaño, aunque siendo sincero su interés es otro.—¿Sabes dónde está el dragón? Sino tienes hogar donde ir puedes irte a vivir conmigo. — dijo con una sonrisa natural en él y sin titubeo alguno.

—Se dónde está el dragón. Y con lo de vivir contigo...¿por qué?— dijo un tanto sorprendido ante el ofrecimiento del contrario.

—Pareces alguien muy solitario. No me vendría mal compañía.

—¿Y tu familia?

—Mi padre murió cuando tenía 6 años. Soy hijo único. No creo que a mi madre le moleste.De hecho la razón por la que estoy aquí es para buscar algunas hierbas medicinales por qué ella está enferma, y también para investigar lo del dragón.— contó cómo si nada aunque ante la mención de su madre con tacto.

—Entonces debes regresar con ella lo más pronto. Creo que puedo ayudarte, en el castillo hay muchos libros y algunos de ellos habla sobre plantas medicinales y como se deben usar y dónde están. Por suerte a los alrededores hay. Y como los he leído mucho sé cómo ayudarte.— dijo repentinamente preocupado por la desconocida madre del rubio, sin ponerse a pensar que puede estar diciendo la verdad o mentir. Olvidándose casi que aquel rubio es la misma reencarnación de su dragón dorado.

—Oh eso suena bastante bien.

—¿Qué tipo de enfermedad tiene tu madre? Digo como para que no haya medicina en el pueblo me sorprende. A menos que falten de recursos económicos.

—Un poco, no somos pobres pero tampoco tenemos mucho dinero para el tipo de medicina que mi madre necesita. Ella me dijo dónde puedo encontrar información, y aunque se negó a que viniera por aquí aún así salí. Tampoco está tan grave como para que me quede poco tiempo. Y la enfermedad que tiene es conjuntivitis hemorrágica.

—Oh es horrible, necesita mucho reposo y estar lejos del sol, no debe realizar ningún esfuerzo fisico. Sé cómo ayudarte.— dijo al pendiente sentándose cerca del rubio quien ante la cercanía no tenía molestia alguna, al contrario parecía agradarle.

—Entonces, ya que me ayudarás... ¿Dónde está- siguió insistiendo más confiado, sin terminar su pregunta pues fue interrumpido.

—Yo soy el dragón azul. — contesto frunciendo el ceño ya irritado ante la insistencia del rubio. Un poco arrepentido después por decírselo tan pronto, la verdad esperaba contárselo en alguna otra situación o momento.

—...Tú...— Dijo realmente sorprendido.

—Yo maté a todos incluso a parte de mi familia.

—¿por qué?— dijo confundido y serio queriendo saber más de aquello.

El de mirada como sol del verano acerca su rostro al del contrario, Dipper se puso pensativo y le dio igual contarle todo. Debía desahogarse sin importarle que quizás el contrario termine dejándolo solo.

—Mate al dragón dorado injustamente, digamos que forme una relación con él y lo traicione de la peor manera. Lo hice por querer ser el orgullo de mi familia. Y después de matarlo y celebrarlo, me cayo una maldición. Me convertí en él dragón azul y no reconocí a nadie y los mate a todos al ver que quisieron matarme. Al darme cuenta de lo que hice me arrepentí demasiado pero ya no había vuelta atrás y seguí adelante. — dijo con una voz muy amarga y triste.

Bill pudo observar con más claridad esos hermosos ojos adornados con esas agraciadas y largas pestañas, su cabello castaño un poco largo, daba la sensación de ser esponjoso y mentiría si dijera que no le da por acariciarlos.

—... ¿Qué edad tenías cuando eso?—pregunto después de un pequeño silencio.

— 18 años.

—Pero si aún pareces de esa edad... Ahora mismo deberías tener 38 o 40 años sino me equivoco.— dijo sorprendido, aquel castaño frente suyo no tenía arrugas o señales de parecer todo un adulto envejeciendo. Seguía teniendo asombrosamente esa imagen de un joven de cuerpo delgado y pequeño para su edad.

—Por alguna razón no envejezco cuando vuelvo a tener mi forma humana. Así que he estado demasiado solo estos años y... Entiendo que pienses y te quieras alejar de mi- comenzó a decir apartando la mirada decaído, no ansiaba que el rubio lo viera así, quería hacer parecer lo fuerte que es cuando no es así.

Pero ahora le aterra volver de nuevo a esa soledad tan larga que ha vivido.

—Has estado tan solo estos años, incluso por lo que hiciste ya tuviste suficiente castigo y dolor con lo de la pérdida de tus seres queridos. No pienso dejarte.— posicionó su mano encima del hombro del castaño quien se digno a mirarlo cautivado. Sintió un calor agradable y cosquilleo en su pecho que no supo explicar bien al principio ante esas palabras.

Pero tampoco quería ilusionarse; por más que ese rubio fuese la viva imagen de su Bill no fue aquel ser con el que vivo increíble cosas hace varios años. No es aquel ser que tanto le juro amor y una cálida familiar , un hogar.

Sin embargo, no quizo rendirse ante el hecho de encontrar aquella felicidad que perdió hace bastante tiempo atrás. Aquella que él mismo arruino. Y de que la probabilidad de crear vida junto a su amor fuese algo que jamás existió.

Queriendo recoger aquellas cenizas y volver a enamorarse de este Bill y no solo por su parecido físico.

Ambos necesitaban conocerse para ver si algo más puede nacer entre ellos y no sólo mera atracción por la curiosidad y deslumbración ante lo nuevo y misterioso. Ante los recuerdos y la culpa.

—No dejes que esté sea el final.

Al pasar seis semanas en donde ambos seres se fueron conociendo mejor. Dipper llegó a visitar a la madre del rubio para darle las plantas medicinales correctas y el tratamiento que debía seguir, llego a encariñarse con la mujer así como ella con él. Por lo que no fue la primera vez que la visito. También con el debido tiempo también Dipper le dio a conocer a la madre de Bill sobre su secreto y aunque se esperaba una reacción diferente como de temor por parte de mujer, solo resolvió comprensión y una nueva oportunidad para tener una familia con ellos.

Así ambos frecuentaban salir juntos hacer todo tipo de cosas, desde trabajos o solo caminar y hablar horas y horas en algún lugar bonito y cómodo. Dipper llegó a mostrarle su forma de dragón azul a Bill y contarle sobre cómo era él antes de conocer al dragón dorado, sobre que su tío era el rey y sobre el parecido con su dragón.

Dipper conoció mejor a este Bill, más extrovertido y no tan serio, con un humor a veces tétrico pero afectuoso a su manera. Más curioso y animado para hacer amistades. Es algo diferente a su Bill de hace años más no le desagrada para nada éste. Oh y su apellido ahora es Wise. Bill Wise.

Por parte del rubio puede afirmar sin dificultad alguna que el castaño puede ser como cualquier ser humano, con virtudes y defectos. Tan tierno pero a veces algo torpe. Pero por alguna razón comenzó a ver al Pines como la cosa más perfecta en el mundo.

Y no pasó mucho para que Bill llegase a enamorarse de los encantos del castaño. Más que deslumbrarse ante su historia y poderes, quedó fascinado y enamorado por la personalidad del Pines y cada una de sus hermosas facciones además de ese olor que desprende tan natural. Además a su madre parecía caerle muy bien el castaño; y no es como si el pueblo viera mal una relación asi. Aunque lo que Dipper procurará era evitar encontrarse con el actual rey de ahi, que es su primo y está muy seguro que puede reconocerlo pues no ha cambiado absolutamente nada y no quiere darle explicaciones a él.

Tampoco dejaban desamparado aquel viejo castillo donde inició todo.

Y dentro de otros días más confirmaron su amor el uno al otro. Dipper está más que seguro que esta vez él no sería quieren arruinara su felicidad, no volvería a cometer el mismo error de hace varios años.

Ya nada se haría escombros.

Dipper había recordado seriamente aquel horrible momento en donde perdió todo, un amargo recuerdo y lágrimas de frustración y decepción se deslizaron por sus mejillas, y aunque planeaba llorar en la soledad, se le olvidó que Bill le había prometido jamás dejarlo solo. Así que en ese instante se encontraba acurrucado en el pecho del más alto, quien le acariciaba su espalda intentado calmarlo. Y al conseguirlo el de cabellera castaña se puso pensativo en lo que deseaba.

Estar junto al rubio. Tener a Bill siempre con él. Él quiere a Bill, mucho.

Quiere que sea uno consigo.

Con vergüenza pero armándose de valentía ya que nunca creyó tener iniciativa en esas cosas, levantó su mirada para ver al rubio. Una mirada que decía que querría. Él Wise, con las yemas de sus dedos acaricio los gruesos y suaves labios de Dipper; solamente habían llegado a algunos abrazos y tomarse de las manos o algunas leves caricias en la cintura del Pines. Y de un momento otro lo beso, deseoso pero suave. Dipper le permitió llegar a más. El beso desenvolvió sus emociones y el deseo de estar así con el otro, sus labios moviéndose pasando su saliva con el otro en algo erótico. Las caricias del rubio pasando por su espalda hasta descender por su cintura, hasta llegar al trasero y estrujar sus glúteos.

Dipper quería que no fuese suave, sino rudo. Pero la vergüenza no se lo permitía decir, así que solo expreso lo que deseaba con las acciones y mirándolo maliciosamente. Quitándole la ropa al rubio acariciando su pecho y por debajo de su pelvis sin rodeos. Le dejó marcas por su cuello, pero el rubio tampoco se quedó atrás ante las incitaciones del Pines.

Le dejó marcas por su hombro, en esa piel lechosa y suave que tanto le enciende. Sin importarle algún reclamo desgarro la ropa del castaño y acaricio con fuerza sus glúteos, pasando sus dedos dominantes en medio de ambos pedazos de carnés redondos, rozando insinuadora mente su aro rosado. Se relamió los labios excitado al sentir las ágiles y cálidas manos de Dipper en su virilidad. Su glande ya hinchada y con ganas de explotar en el interior del castaño, podía notar la mirada de deseo. Los jadeos que expulsaba Dipper cada vez que estrujaba con fuerza su trasero y como rozaba indecorosamente su entrada es un deleite para el rubio.

El razonamiento ya no existía ahí, solo el crear placer para ambos.

Un beso húmedo se dieron antes de que Bill posicionara su miembro en la cavidad anal del Pines, experimentando como lo apretaba inmediatamente, succionándolo con fuerza sin la intención de dejarlo ir. Sus paredes anales lo humedecían y hacían entrar en más calor. El dolor desapareció cuando Dipper logró sentir cómo llegaba a golpear su próstata. Haciendo las embestidas más rápidas y rudas. El castaño lograba sentir como su pene se abría paso en sus entrañas, vigoroso y lleno de vida. Sus gemidos aumentando y su piel perlada por las gotas de sudor ante la acción. Sus grandes y gordos testiculos chocando con dureza en su entrada, se podía hasta sentir el chapoteo en su interior, y como la polla de Bill parecía ponerse más dura en su interior. Mientras que su miembro erecto saltaba y chocaba con su vientre o el pecho de Bill siendo igual de excitante. Su pene latiendo en ese estrechidad que lo apretaba esperando recibir aún más placer.

Para Dipper no fue su primera vez, pero seguía siendo tan doloroso y placentero como la primera.

Cuando Dipper llegó al orgasmo, al contraerse apretó más el pene del rubio haciendo que este de inmediato se corriera por aquel recorrido fuerte de electricidad que pasó desde su espalda hasta su parte a baja queriendo vaciar su orgasmo, soltando un gruñido de placer ante dicha y fascinante sensación que ha descubierto junto a su amado. Dándose el placer de correrse en su interior.

Dipper pudo sentir el semen de Bill caliente y pegajoso vaciarse en su interior y deslizarse por su entrada hasta sus piernas. Sentir de nuevo aquel maravilloso placer que fue tan vivo y magnifico. Y como su polla poco a poco se ponía flácida pero satisfecha, aún húmeda por todos los fluidos expulsados.

Bill le dio otro beso a su amado en su frente, sin importarle las gotas de sudor o el pelo pegado. Descubriendo su marca de nacimiento que lo hacía más hermoso y único. Y con cuidado salió del interior del Pines y lo acostó a su lado, para que ambos descansaran junto al otro después de haber hecho el amor.

El castaño regulando su respiración sonrío antes de caer dormido diciendo un te amo que Bill pudo escuchar sintiendo la felicidad en su pecho y el deseo de protección más fuerte que nunca. Y aunque quizás no pueda darle nietos a su madre como tanto quiere, si puede presentarle al ser con el que compartirá el resto de su vida.

Aquel que conoció en ese mismo castillo en las que tantas cosas sucedieron.

Y con el tiempo su amor iría floreciendo, si se presentan problemas solo los solucionarían pero ya ninguno no tendría la felicidad que tanto habían buscado.

Y lo único que necesitaban es al otro o tal vez, no...

En los siguientes días Dipper tenía un debate de emociones, por una parte sentía ilusión y emoción ante la sospecha que tiene, por la conclusión del por qué ha tenido esos cambios repentinos desde aquella vez que hizo el amor con Bill. Y por otra parte, miedo y decepción por cómo podría reaccionar él y no lo acepte. Y aunque le doliera mucho aunque no lo aceptará el cuidaría solo a la nueva vida que está creciendo en su vientre. Aún así no dejaba de estar preocupado y los nervios carcomiendo su confianza y la inseguridad destruyendo su fiel amor.

Y cuando logró contarle a Bill lo que sospechó debe admitir que se sorprendió ante su reacción. Al inicio confundida y graciosa pues no tenía ni idea que él tenía cierta particularidad en quedar preñado aún siendo varón. Y también dragón claro. Luego lo abrazo con fuerza para plantarle un beso en sus labios radiando felicidad llenando el pecho del Pines de calidez y seguridad; repitiéndole que aún no está del todo seguro.

Sin embargo aquella sospecha se convirtió en una afirmación varías semanas después, por los antojos del castaños, sus frecuentes mareos y vómitos además de su vientre abultado. Bill siempre le decía lo adorable que es estando gordito aunque tenía que enfrentar sus cambios de humor donde a veces se lo tomaba con un sonrojo y un leve insulto u otras veces echaba a llorar haciéndose bolita.

El embarazado de Dipper es algo que solo lo supo este mismo, Bill y su madre por qué pensaban que necesitaban su ayuda pues no podían ir con los curanderos del pueblo por qué considerarían aquello que tiene Dipper como alguna anomalía y no algo natural, si se enteran que es un dragón las cosas se pondrían más difíciles.

Bill y su madre, Joline se mudaron al castillo que solo necesitaba una limpieza y sería como vivir en una lujosa y enorme casa lejos de las aldeas. Pero a los alrededores se puede cazar u cultivar suficientes alimentos y conseguir agua de las lagunas o la lluvia. Además el lugar tan grande y con las comodidades suficientes para la nueva familia.

Por eso Bill había conseguido un trabajo de leñador para tener más dinero, y su tiempo sobrante lo disfrutaba con la compañía de su madre y dándole cariños a su castaño. Además que Jolene le ayudaba mucho en estar con Dipper por si tenía alguna dificultad o que no estuviese solo mientras Bill trabajaba.

Al paso de los meses Dipper ya no podía ayudar en la limpieza o en cocinar por su estado.

La mamá de Bill en su opinión estaba muy feliz aunque sorprendida por qué siempre quiso vivir para cargar a sus nietos y ser una abuela joven. Ella comentó una vez que por el tamaño de la barriga del castaño y los golpecitos que siente cabe la posibilidad de que sean gemelos. Más no es algo 100% seguro.

Dipper se imaginaba con adoración y mucho amor a sus bebés. Cargarlos y tenerlos entre sus brazos. Al ser un dragón tampoco sabía mucho de hasta qué edad uno se puede embarazar, o si es mejor dar a luz a sus bebés en su forma dragón o humana. Aquello lo lleno de más preocupaciones y miedos que fueron calmados poco a poco con el apoyo de Bill y Joline.

En cuanto la leche materna también se preocupo por un momento por ello, ¿con qué alimentaria a su bebé?, pues al parecer alrededor del séptimo mes sus pezones, al rededor de estos se hincharon, y como no sabe mucho de un embarazo de un humano que se convierte en dragón tampoco sabe cómo explicarlo y solo deja que las cosas pasen. Podía notar como la leche se acumula en esa zona.

Acariciaba su vientre con una sonrisa tierna esperando lo mejor, lo que más ansiaba ahora es tener a su bebé o bebés en sus brazos. Y que el único dolor del cual debía preocuparse sería en el momento del parto.

El noveno mes de embarazado llego. Y al momento para dar a luz a Dipper no fue en un lugar precisamente cómodo como en la recámara como hubiese esperado.

Aquella tarde fue a un recorrido cerca del castillo para relajarse en compañía de Joline. Más las fuertes contracciones solo indicaban una cosa y es que ya iba a dar a luz. No estaban lejos del castillo pero tampoco lo suficientemente cerca, y aunque le pareciera increíble a osa mayor iba a tener que parir justo en una parte del bosque en el césped donde no todos los árboles cubrían el cielo, mostrando un bello atardecer y poco a poco algunas estrellas se hacían algo visibles.

Bill al regresar suele pasar por ahí obvio no tardó en verlos y correr hacia ellos. Estando cerca de su amado para todo mientras este seguía las indicaciones de la madre de Bill que para su conveniencia había salido con un morral con toallas y algunas pequeñas mantas. Según ella nunca se sabe en qué lugar y momento puede pasar algo como eso.

Dipper abría sus piernas acomodándose encima de una manta que cubría una piedra lisa mientras sujetaba con fuerza la mano del rubio y respiraba profundo pujando todo lo que podía.

Aguantando ese horrible dolor y solo deseando tener a su cría en brazos, llorando y con el sudor recorriendo parte de su cuerpo y su rostro enrojecido por todo el esfuerzo que hacía que no sería en vano para él. Y aquellos besos que su amor le daba para calmarlo, por un momento fugaz lo miro a los ojos, sus ojos y mirada fija, detrás de él el cielo atardecer y solo por un momento, sintió que su dragón dorado seguía ahí, amándolo a su lado. Que su Bill está ahí. Que jamás lo abandono y a pesar de todo lo que hizo lo perdono por todo el amor que sentía. Qué tal vez regreso y ahora podía ver el momento perfecto de tener sus crías a su lado. A su familia.

—Todo estará bien, ¿si? — le hablo su amado abrazándolo con cuidado cargando a uno de sus bebés en mano.

Dipper sonrió triste, por qué sabía que nada iba a estar bien.

—Bill esto tenía que pasar... Sabes, la verdad nunca imaginé que tendría trillizos...— hablo con dificultad y algo de cansancio en sus ojos.— Pero mucha de las veces cuando se tiene trillizos, o mueren los bebés o la madre... Agh...

—¡Dipper tú no nos puedes dejar! Te necesito a mi lado, te necesitamos.— hablo con dolor y sus ojos llorosos acariciando los cabellos castaños de su amado. Dipper miró débilmente a sus bebés, uno lo cargaba Bill que es el menor de los tres y los otros dos la señora que miraba la escena triste.

—Bill di mi ultimo esfuerzo para que ellos estuvieran bien, te dije que pase lo que pase ellos deben vivir. — con sus pocas energías acaricio el rostro de su amado.

—Pero tú no sólo eres un humano eres un dragón, debe haber alguna forma de que- empezó a decir Bill angustiado siendo interrumpido .

—Alioth. Él menor se llamara Alioth. — beso la frente del pequeño quien se removía buscando el pecho de su madre.

—Quiero que el mayor se llame Xander como mi padre. —respondió sin despejar su vista de su castaño esperanzado de que no se fuera de su lado. Dipper asintió cansado, su cabeza la sintió ahora con fiebre.— Solo queda la mediana que es una niña. — sonrió enternecido.

Dipper ya no respondía, sus ojos se habían cerrado al sentir su vista nublada, pero antes logró divisar volar a una paloma blanca seguida por un cuervo. O quizás ya estaba alucinando.

—¡¿Dipper?!— exclamó desesperado y con un terror en su mirada por qué realmente no puede aceptar perderlo.

Alioth quien lo cargaba en sus brazos comenzó a llorar haciendo mas densa la situación.

Su madre se acercó y le dijo que cargara a uno de ellos mientras tocaba la frente de Dipper y alguna parte de su cuello. La verdad ella se imaginaba que los niños salieran híbridos pero parecían por completo humanos.

—Solo tiene fiebre. —suspiro aliviada. Sería un milagro que Dipper no hubiera muerto en el parto para hacer que sus trillizos salieran bien.— Aún no está muerto, ve rápido por agua de la laguna. No puedes cargarlo hasta el castillo por qué necesitaré ayudar con los bebés tambien.— le indicó.

Bill dejo a Alioth en el pecho de su madre y a Xander en el otro costado quien se acurrucó en el pecho de quién le dio la vida, buscando calor a pesar de estar cubierto en manta.

Rato después donde la fiebre de Dipper pareció mejorar, abrió sus ojos cansados y miro a dos de sus hijos acurrucados en su pecho, y como pudo los abrazo con cariño. Mientras su vista visualizo a Bill cargando a su hija quien se acercó y lo beso en sus labios.

—Nunca pensé que daría a luz en la naturaleza, en este bosque.—dijo el castaño intentando sonreír. Si fuese por el dormiría más pero debía alimentar a sus crías.

—Yo que darías a luz a tres pequeños. — suspiro.— Por un momento creí que te perdía

—Yo también temí por no ver a mi familia. Pero aquí estoy, cansado pero vivo. Feliz por tener a mis hijos en mis brazos. — sonrío enternecido al ver a dos de sus hijos tomando de sus pezones para alimentarse.

—¿Y como le pondremos a esta pequeña?— miro a su hija que debía esperar su turno para tomar leche.

Dipper miro al cielo ya nocturno pensativo.

—Daiana.

"Familia"

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