Capítulo 12. El ascenso del rey

Recuerdos de Mathews Shickman, edad: 12 años.

Familia: Louis Shickman, padre; Anne Shickman, Madre; Megan Anne Shickman, hermana.

¿Los monstruos nacen o se hacen? ¿O quizás nacen y se hacen? ¿O se hacen más monstruos después de nacer como monstruos? No sé, quizás simplemente son personas que nacieron para hacerse monstruos, es confuso, no encuentro la verdad desde aquí….

Su hermana siempre le contaba cuentos antes de dormir cuando era pequeño, ella se sabía casi todas las historias fantásticas y se las relataba antes de dormir. Siempre le pareció que su hermana le llevaba más años de lo que realmente eran, porque ella fue más madre que la mujer que los engendró.

Su hermana no solía contarle los cuentos habituales de dormir, nada de princesas y príncipes, nada de caballeros de brillante armadura rescatando doncellas, su hermana le contaba historias de indios, vaqueros y vikingos; luego comenzó a contarle historias de dioses: griegos, romanos, hindúes. Todos adaptados en cierta forma para su mente de niños. Disfrutaba de todos y cada uno de esos relatos como si fueran una especie de salvavidas, quizás lo eran. Pero hubo uno que llamó su atención: los dioses nórdicos. Le pedía a su hermana que le relatara una y otra vez aquellas historias, e incluso ella tuvo que sacar varios libros de la biblioteca para poder profundizar más en el tema.

Mathews dibujaba a los dioses Odín, a Loki y a su favorito Thor. Quizás esos cuentos le ayudaban a olvidarse de los gritos que reinaban su casa, se imaginaba descubriendo esos mundos nuevos que pendían en el Yggdrasil, luchando contra Loki, levantando el Mjölnir, era divertido.

Sus padres eran no magos, al igual que su hermana; el único que podía hacer magia era Mathews. Si bien el proceso de entendimiento fue algo duro para Anne y Louis Shickman acerca de la magia de su hijo, no hicieron nada para que no pudiese ir a un colegio de magia. Él era feliz con eso, podía alejarse durante todo el ciclo escolar de sus padres, lo malo era tener que alejarse de su hermana mayor, quien era la única persona que realmente quería. Antes de cumplir los once años vivía pegado a su hermana mayor tanto como podía, ella lo cuidaba, ella era la única que le quería.

No le gustaba regresar a su casa durante las vacaciones, pero lo hacía con tal de ver a Megan, lo único que detestaba del colegio era que lo hacía alejarse de ella.

Es difícil adivinar el momento en que la vida dará un giro inesperado, para bien o para mal, a los Shickman les tocó un giro para mal que definiría mucho tiempo después el rumbo del mundo mágico. Durante las vacaciones, esa noche, hacía mucho calor, se acordaba bien porque al día siguiente cumpliría 12 años, y aunque sus padres no solían celebrarle nada, Megan le había prometido salir por un helado. Mathews abrió los ojos cuando sintió la camioneta estacionarse. No entendía por qué esa camioneta se estaba estacionando a esa hora, se suponía que su padre no llegaría sino hasta el lunes.

Su padre normalmente se iba los viernes en la noche y llegaba los lunes en la mañana, ebrio a más no poder, pero eso les daba tranquilidad los fines de semana. No tenían que volver a tener que ver ese monstruo hasta el lunes, pero ahí estaba, era la madrugada del domingo, y sentía la camioneta de su padre estacionándose fuera.

Se quedó tendido en su cama, pero no volvió a dormir. De todas formas, él sabía que los gritos lo volverían a despertar, así que realmente no necesitaba intentarlo. No sabía qué hora era, pero la oscuridad que veía a través de la ventana le indicaba que faltaba mucho para el amanecer. Supo el momento exacto en que su madre salía de su habitación al darse cuenta de la llegada de su esposo. Ahora solo era cuestión de esperar la discusión habitual.

Esperar a que su padre llegara peleando por cualquier cosa contra su madre, o maldiciendo contra algunos de sus hijos, esa era una rutina común. Muchas veces no pasaban de los gritos, pero últimamente su padre se había vuelto bastante físico, y solía agarrar a su madre de un brazo y zarandearla.

—Así es que se debe de tratar a una débil como tú— le decía Louis a su esposa Anne. Siempre decía que las personas débiles necesitaban entender que eran una carga para los demás.

Megan siempre salía a defender a su madre, y a veces terminaba con un ojo morado o un golpe en la mejilla, pero ella nunca se rendía. También lo protegía a él, a Mathews. Ella era 5 años mayor que él y le decía que jamás dejaría que el hombre malo—su padre— le pusiera un dedo encima. Y Mathews la adoraba por eso.

Lo que más llegaba su padre a hacerle, cuando Megan no estaba suficientemente cerca o en alguna acalorada pelea, era tomar a Mathews del brazo y decirle al oído que debía ser un hombre y hacerse valer frente a los débiles, solía incluso decirle palabras para que golpeara a su madre, pero en cuanto Megan se daba cuenta se lo arrebataba de las manos y decía con mirada furiosa:

— "Al niño déjalo fuera de tus mierdas"

Siempre escondido, escuchaba como Megan le reclamaba a su madre por qué seguía permitiendo la entrada de su padre a la casa, cuando todo lo que hacía era maltratarlos. Su madre siempre le contestaba "yo lo amo, yo lo necesito, el cambiará, ténganle paciencia"

Un viernes, después de que su padre salió luego de tironear a su madre del pelo, y de amenazar a Megan con echarle de la casa si no se comportaba, su hermana volvió a confrontar a su madre, y esta respondió lo mismo, pero Megan hizo algo diferente: fue hasta la habitación de Mathews y lo abrazó con fuerza.

—En cuanto tenga 18— decía ella con las lágrimas atoradas en la garganta, abrazando a su hermano— voy a reclamar tu custodia y me largaré contigo.

Megan cumplía 18 en dos meses, así que ella le dijo que fuera pensando lo que querían llevarse para entonces, no tenía un plan muy bueno, pero ella no podía estar en esa casa por mucho tiempo más, y no iba a dejar a su pequeño hermanito solo.

Pero ese sábado en la madrugada, casi cumpliéndose el plazo de los dos meses, donde su padre llegó antes sin explicación, y a tan solo tres días de que su hermana cumpliera la mayoría de edad, algo cambió.

Hubo un ruido bastante fuerte, y tan solo escuchaba la voz de su madre, aunque no entendía muy bien lo que decía. Normalmente se escuchaban al principio los gritos de Louis, luego de Anne, y después ruidos de golpes o de objetos siendo arrojados, pero esa noche no.

Cuando otro sonido igual al anterior se escuchó, Mathews se dio cuenta que alguien disparaba una pistola. Comenzó a entender los gritos de su madre en cierta forma, "que haces con eso" "baja eso" escuchaba que ella gritaba. Bajó de su cama rápidamente, tenía la mochila preparada para su escape oculta en su armario, y rápidamente tomó la varita que había guardado, para salir de su habitación.

—Espera, espera— lo atajó su hermana en cuanto él salió de la puerta. Ella se veía agitada y traía en la mano un desarmador que había decidido guardar debajo de su almohada mucho tiempo atrás —vuelve a tu habitación, escóndete debajo de la cama y no salgas…

—Pero…

—Hazme caso Mathews, —reclamó ella con voz desesperada—no salgas de tu habitación. No salgas por favor.

Vio a su hermana alejarse y doblar la esquina para bajar las escaleras, al perecer sus padres estaban en la cocina.

El miedo se apoderó de él en un segundo. Notó que la mano que sujetaba su varita temblaba fuertemente y un sudor frio comenzó a descender por su espalda. "Megan, Megan y yo estamos en peligro" era todo lo que podía pensar. El peso de sentirse pequeño e indefenso lo inundó, deseando tener más fuerza, físico, o habilidades mágicas para salir de aquella situación. Dio media vuelta dispuesto a seguir las instrucciones de su hermana, pero entonces un tercer disparo se escuchó, acompañados de los gritos de su hermana.

— ¡Megan! —gritó, y corrió directo a las escaleras sin importarle nada más.

Ya no podía distinguir los gritos de su madre de los de Megan cuando las dos estaban claramente diciendo cosas al mismo tiempo, en ningún momento escuchó la voz de su padre, y llegó a pensar que quizás no era él, hasta que bajó el último escalón y lo vio con el arma en la mano y los ojos inyectados en sangre.

— ¡Eres una débil que no sirve para nada! —exclamó Louis dirigiéndose a su esposa, quien estaba tirada en el suelo con la cara cubierta de lágrimas y moretones visibles en sus mejillas.

Megan le gritaba que se fuera mientras apretaba el desarmador, su hermana aun no sabía que él la había desobedecido y había bajado; pero Louis lo vio.

—Aprende a ser un hombre y a tratar a los débiles como se merecen—gritó en dirección hacia él, y dio dos pasos— te enseñaré a ser un maldito hombre.

Megan vio como se le acercaba, y sin pensarlo mucho se tiró encima de Louis.

— ¡No toques a mi hermano!—su voz salió de forma tan aguda que apenas se le entendió.

Louis se giró para enfrentar a su hija, Megan logró hacerle una herida al hombre en el rostro muy cerca del ojo que pronto empezó a sangrar. Su padre dio unos pasos instintivos hacia atrás, quedando aún más cerca de Mathews, pero enfrentando a su hija.

—Es tu padre Megan— gritó Anne levantándose a duras penas del suelo. Se acercó al hombre e intentó quitarle el arma envolviéndola con su mano—vayan los dos a su habitación y déjenme resolver esto a mí.

Megan intentó ignorarla, sus palabras la enfurecían mucho más. Se enfocó en su padre y en su hermano, debía alejar a su pequeño hermano de ese idiota antes de que lo lastimara. Planeó tomarlo del brazo y arrastrarlo a un cuarto hasta que amaneciera y poder largarse de ahí. Ya no esperaría los 18. No reaccionó hasta que su padre la golpeó con la parte posterior del arma, ella se dobló de dolor y se sujetó la cabeza, comenzándose a sentir mareada mientras una punzada la atravesaba.

Mathews vio la escena, se asustó, levantó su varita y lanzó el primer hechizo que llegó a su mente, iba dirigido a su padre, pero su madre se había movido frente a su padre y la golpeó a ella, lanzándola unos pocos metros lejos de ellos. Louis lo vio y por primera vez sintió miedo de lo que significaba la magia que podía hacer su hijo, era un hombre, por consiguiente fue más rápido y fuerte y le quitó la varita rompiéndola en dos pedazos para luego arrojarla lejos.

Lo último que Mathews recuerda de esa pelea fue que antes de que su padre le pudiera golpear con el arma, su hermana, con la cara ensangrentada, terminó por clavarle el desarmador a su padre en el cuello, y este llegó a voltearse y a disparar dos veces antes de desplomarse luchando por detener la hemorragia. Una de las balas le dio a su madre, la otra a su hermana.

La policía llegó poco después, alertada por los vecinos, y un minuto después, apareció una ambulancia.

Su madre había muerto instantáneamente por la bala que le atravesó el corazón. Su hermana había recibido el disparo en el vientre, y se la llevaron inconsciente y con pocas probabilidades debido al sangrado. Su padre aún seguía vivo, grave, pero vivo. A Mathews también se lo llevaron al hospital cuando lo vieron cubierto de sangre, aunque no fuera la de él.

Al hospital llegó Frank Shickman, su tío, quien se encargó de él en lo que declaraba y resolvían aquella monstruosidad. Recordaba vagamente haberle dado a un policía el número de Frank cuando este preguntó por un familiar a quien comunicar lo ocurrido.

Rememorando lo sucedido y lo que estaba pasando, no sabía ni qué sería de él. Su madre estaba muerta, su padre despertaría pronto, y su hermana… ella quizás no sobreviviría. Si tan solo se hubiesen ido antes… si tan solo su padre no hubiera roto su rutina… si tan solo su madre lo hubiese dejado… quizás, quizás si su madre le hubiese hecho caso a Meg, las cosas serían diferentes. Entonces entendió lo que su padre decía, su madre era la mala. ¿Quién si no lo haría sufrir esa tortura de haberla podido evitar? su madre era el monstruo, a ella era a quien debían él y su hermana de temer, solo a ella. No a su padre. Su padre era el bueno en todo eso. Él solo era alguien que sufrió por una persona débil, dependiente.

Entonces se comparó con las historias que tanto le gustaban, pero esta vez no pensaba ser Thor, se sentía igual a Loki, desafortunado ser que solo vivía atormentado por las debilidades de los demás. ¿O no había sido Loki quien había armado a los dioses? ¿No fue quien los ayudó en tantas cosas para terminar siendo atado a una piedra? Las debilidades ajenas causaban problemas, las de su madre le habían causado desgracias, ¿tendría que soportar las debilidades de los demás por toda su vida? Fue así como aprendió la primera lección más importante en su vida: debía acabar con la debilidad humana.

Fue por eso que cuando la policía quiso hablar con él, declaró que mientras su padre estaba fuera, su madre intentó matarlo a él y a su hermana, pero como no esperaba que su padre llegara antes, este la sorprendió, tuvieron un forcejeo, y su madre murió en ese forcejeo. Dijo que Megan intentó ayudar a su padre cuando Anne le clavó un desarmador al hombre para luego dispararle a su hija, pero Louis, como pudo, le arrebató el arma a su esposa y la mató. Incluso le achacó a su madre los golpes que tenían él y Megan. La policía no investigó demasiado, el arma tenia las huellas de los dos padres y la familia había sido intervenida un par de veces por denuncias de violencia domestica hechas por los vecinos. Pero Anne nunca había acusado de nada a Louis, pero Louis si había dicho en ciertas ocasiones que su esposa era inestable mentalmente, y que era ella la que se autolesionaba y arrojaba cosas alrededor de la casa.

Su padre sobrevivió, el desarmador no había tocado la carótida ni ninguna otra estructura vital, y para cuando despertó y se enteró de lo que él había dicho, le sonrió a su hijo con suficiencia, Louis sería el encargado de reforzar en Mathews la necesidad de dominancia sobre los débiles. Quizás por eso Mathews lo dejó libre, quería saber que más tenía que decir su padre acerca de los débiles.

Megan perdió tanta sangre y tuvo tantos daños internos que terminó en coma; y no despertó hasta después de dos años, pero él nunca perdió la fe en que ella se recuperaría. Muchas veces Louis estuvo tentado a pedir que la desconectaran, pero su hijo lo amenazó con que solo lo había defendido por su propio bienestar, pero que si se atrevía a tocar a Megan, él aprendería más hechizos, específicamente para matarlo, y estando sobrio, Louis no quiso comprobar si podía ser cierto.

En ese tiempo que estuvo viviendo solo con su padre aprendió bastante, principalmente comprendió lo que era ser fuerte, lo que era someter a los débiles. Pero cuando Megan se despertó, cerca de que él cumpliera los 15 años, Mathews decidió que ya no necesitaba a su padre y aprendió la segunda lección más importante en su vida: le gustaba crear fuego, lo que luego se convertiría en su sello secreto para acabar con sus opositores, resultó de su primera víctima, cuando quemó la casa en la que vivía con su padre, con él dentro. La policía dictaminó que fue un accidente. Con eso aprendió su tercera lección: si sabía engañar bien y actuar con discreción, nadie lo descubriría.

A la vista de todos, era solo un niño rodeado por la desgracia, y fue por eso que su tío lo acogió junto a su hermana. Frank no era un ser amoroso ni atento, pero no se metía con ellos y les permitía tener un lugar para vivir mientras Megan se recuperaba de sus secuelas. Cuando él tenía 17 abandonó la casa de su tío y su hermana consiguió un empleo para mantenerlos a ambos. Ella fue quien le pagó todas sus necesidades.

Comenzó su carrera política tempranamente, fue hábil e inteligente, se presentaba ante el público como alguien amable, sonriente, confiable y preocupado por la situación del mundo mágico. Frente a un grupo resultaba ser conservador de la sangre pura, frente a otros, apoyaba a los nacidos de muggle. Nunca tuvo miedo de que alguien descubriera las mentiras que montaba, aprendió a ser discreto, a moverse sin ser descubierto. Nunca fue un mago excepcional, pero era más que brillante, y eso le bastaba para construir sus planes. Tenía un objetivo, uno que solo podía conseguir teniendo poder a su disposición, poder y dinero; así que fijó su vista en el ministerio de magia cuando armó la punta de su plan. Había entendido, en los años que su hermana estuvo en coma, que algo debía de cambiar, y él verdaderamente sabia como podía cambiar las cosas.

Llegó a ser la mano derecha del ministro que estaba, todos confiaban en él, ministro incluido. Eso le sirvió para conseguir todo lo que pudiera utilizar en contra del ministro, y consiguió chantajearlo lo suficiente hasta que renunció del puesto. Ni siquiera el ministro se enteró de que su mano derecha había armado todo, Mathews salió en defensa del ministro, y luego lucia bastante consternado con todo lo que decían.

¿Y a quien le ofrecieron el puesto? Lo postularon junto a otro mago, pero ganó casi sin esforzarse demasiado. Tenía relaciones con todos, era una cara fresca, sabia como envolver a todos en dos simples palabras, y así, a sus 34 años, un año antes de la caída de Lord Voldemort, se convirtió en el Ministro de Magia Británico.

El señor oscuro fue un detalle que sabía que no le iba a obstaculizar, nunca se preocupó por Voldemort, de una forma u otra era alguien débil, solo sabía atacar sin pensar, solo era cuestión de tiempo para que el niño que vivió lo destruyera… pero a Potter sí que le tenía miedo. Había leído e investigado demasiado para ignorar las similitudes de Potter con los dioses nórdicos, quizás era solo paranoia, pero no podía ignorarlo. A diferencia de Voldemort, a quien las personas le temían, a Harry lo amaban, podía comprarlo como un dios siendo aclamado, así que mucho antes de que este derrotara al señor tenebroso, ya en los círculos internos él había empezado a decir que aquello era una disputa de un ser maligno contra otro; y que si Harry en verdad lograba derrotarlo ¿no significaba eso entonces que era igual de poderoso? Sus planes funcionaron, como siempre.

Cuando unos cuantos comenzaron a oponérsele, luego de que no pudiera ocultar del todo sus intenciones, el buscaba la forma de darle la vuelta a la situación y hacerles ver como unos simples anarquista; a los que se oponían de forma muy abierta, les daba un escarmiento, si eso no bastaba, simplemente se deshacía de ellos.

O0O0O0O0O0O0O

Lunes 2 de noviembre del 2005. 9:30 pm. Hogar de Megan Shickman.

Shickman volvió al presente cuando aterrizó en la sala de su hermana, la había ido a visitar para invitarla a la fiesta que tenía el ministerio y, principalmente, para tranquilizarse. Solía recordar mucho su pasado, le hacía volver a confiar en las convicciones que estaba persiguiendo, a revivir por lo que estaba luchando, pero eso lo ponía nostálgico e incómodo sin saber la razón. Eran las 9:30, no solía visitarla tan tarde y menos sin avisar, pero los sucesos del día lo ameritaban.

—Megan ¿Dónde estás?

—En el patio— gritó su hermana—tráeme el té que deje en la encimera—agregó, y él sonrió.

Le alegraba salir de sus obligaciones del ministerio y estar con Megan, ella siempre le calmaba. Salió hasta el patio y la vio en el suelo, cuidando del jardín que tenía.

A Megan le encantaba estar en su jardín trasero a cada que podía, y aunque era de noche, Mathews le había instalado un sistema de pequeñas farolas por todo el jardín las cuales ella podía encender dependiendo de la cantidad de luz que quisiera.

— ¿No es un poco tarde para hacer eso? — Dijo extendiéndole la taza— Está haciendo frio, deberías de ponerte un abrigo por lo menos.

—Mathews, yo no soy una niña, tengo 45 años.

—Es cierto, no eres una niña, eres una mujer terca. Una mujer terca y vieja.

—Bueno, tú ya tienes 40, no comencemos a hablar de vejez.

Su hermana se levantó riendo y se sacudió la tierra que le había quedado en los holgados pantalones. Ambos entraron a la cocina cuando Megan le ofreció prepararle un té caliente a él.

Su hermana se había enterado de la declaración que libró a su padre de la cárcel, pero jamás lo culpó. Megan entendía que su hermano era muy pequeño para razonar lo que había sucedido, y ya que su padre había muerto, jamás le reclamó. Ella siempre decía que la vida le había dado el escarmiento a su padre. A veces Mathews no podía creer que la vida le diera a alguien tan comprensible y buena como su hermana.

Su hermana no era débil, al contrario, era una de las personas más fuertes y poco dependientes que había conocido, cada vez que la veía se afianzaba más en su idea de construir el mundo que Megan merecía, al que ella pertenecía.

— ¿Y cómo te va en tu trabajo?

—Bien—dijo, le había explicado a su hermana el puesto que ejercía en el mundo mágico, y la había llevado unas cuantas veces para que lo viera, pero ella siempre decía que terminaba abrumada con tantas cosas volando a su alrededor.

—Es difícil no poder presumirte con mis amigos, mi hermano es el ministro de magia y no puedo contarlo, o creerían que estoy loca. —reía ella, Mathews no entendía como Megan podía reír tanto, ser siempre tan alegre y feliz. —ahora cuéntame ¿Qué haces aquí? Debe ser algo importante para que el ocupado ministro visite a esta humilde muldle.

—Muggle— aclaró Shickman, y su hermana se quejó de que era una palabra difícil de recordar— Quiero invitarte a una celebración que tenemos.

—Oh bobo, sabes que me siento extraña cuando me llevas al mundo mágico, y según mis cuentas esta es la fiesta inmensa que tienen ustedes, ¿o no?

—Así es, pero prometo estar contigo todo el tiempo.

—Por eso es que no quiero ir, — dijo mientras sacaba la mitad de una tarta de la nevera y la empezaba a cortar— se lo importante que es esta celebración para ti. No quiero que tengas que estar haciéndome compañía.

—Vamos, hay algo más por lo que quiero celebrar. —dijo recibiendo un plato por parte de su hermana y ayudó a servir el té que ya estaba listo.

— ¿Hay una chica que por fin vayas a presentarme?

—Nada de eso, es algo más especial, no te lo puedo decir por ahora, y nadie lo sabe, pero si quisiera que fueras parte de esta celebración. — Su hermana asintió lentamente, no podía negarse si era algo tan importante. — Cambiando el tema, ¿y Rob?

—Su nombre era Bob y no me hables de ese idiota—dijo moviendo una mano— me dijo que no estaba listo para algo serio.

Mathews sonrió, su hermana no sabía que fue él quien amenazó a Bob con alejarse, no creía que aquel hombre fuera alguien bueno para su hermana. El solía medir al pretendiente de Meg y si no le gustaba —lo que sucedía muy seguido— buscaba la forma de alejarlo de ella. El problema radicaba en que su hermana era una mujer encantadora en todos los sentidos, y le llovían miles de hombres cada vez que estaba soltera. Si su hermana fuera la protagonista de algún libro, sería una MarySue sin dudarlo, y todos querían estar con una MarySue. Incluso estaba llegando a considerar conseguir un pretendiente adecuado para su hermana, pero no quería imponerle a nadie, así que por el momento se conformaba con alejarle los que él consideraba inapropiados.

Megan en verdad era una mujer hermosa y agradable, era asistente de maestra y trabajaba rodeada de niños a los que amaba —quizás porque ella misma no podía concebir debido a la bala que la hirió tantos años atrás — y siempre sabia salir de cualquier situación en la que se encontrara.

Tengo una condición para ir a la celebración, promete que tendremos una noche de cine aquí. Últimamente estas muy ocupado y no te veo en semanas.

Mathwes asintió.

— ¿Sentiste los temblores? —dijo de repente su hermana.

—Sí, se sintieron en todo el mundo mágico.

—Yo no los sentí, sabes que nunca me doy cuenta cuando pasan esas cosas, pero mis vecinos si lo hicieron. — se detuvo pensando por un momento— ¿Y allá en el mundo mágico no pueden hacer un hechizo y descubrir que sucedió?

—Así no funcionan las cosas —dijo sonriendo—quizás no sea más que una gran coincidencia.

Vio a su hermana sonreír, quizás ella era la única persona que en verdad amaba, era la única familia verdadera que le quedaba. Sabía que cuando llegara el Ragnarok, probablemente Megan no lo entendería, no estaría de acuerdo con sus planes, pero estaba bien, él la mantendría a salvo aunque tuviera que encerrarla por un tiempo, pero eventualmente ella entendería, ella siempre lo entendía.