Capitulo doce

Edward POV

Estar con Bella era un sueño, estaba aprovechando cada segundo que podía permanecer a su lado. Había comenzado a entender sus miradas, sus silencios, la forma en que se mordía el labio cuando estaba nerviosa y como jugaba con su pelo cuando se impacientaba. Estábamos llegando a un nivel de complicidad que nunca pensé que si quiera pudiese existir, pero todo con Bella era posible.

Después de una de esas noches largas, en las que nos habíamos fundido en uno hasta altas horas de la madrugada tuve una epifanía… Bella era alguien muy especial, era una persona maravillosa con la que quería compartir el resto de mi vida. Puede parecer demasiado precipitado, pero me sentí completamente enamorado en ese momento. Con cada mirada, con cada sonrisa, con cada pequeño gesto de su rostro, Bella había conseguido camelarme y estaba comiendo de su mano.

La miré dormir entre mis brazos, susurrando mi nombre entre sueños… una sonrisa boba de enamorado se me pegó a la cara y estoy seguro de que no se me borró ni estando dormido. Era muy temprano cuando mi teléfono comenzó a sonar… al principio intenté ignorarlo, pero el sonido era tan insistente que no tuve más remedio que contestar.

– ¿Alice? –pregunté cuando oí su voz.

– Siento haberte despertado Edward, pero tienes que saber esto –dijo en un tono de voz neutro, algo extraño para ella.

– ¿Qué pasa? –pregunté algo asustado.

– Sales en las páginas de sociedad del periódico.

– ¿Y?

– También en la televisión y en las revistas del corazón.

– ¿Me quieres decir que tiene eso de extraordinario? –pregunté nervioso.

– Bella sale contigo en las fotos.

Me quedé paralizado… lo que tanto temía había pasado.

– Fue el día que fuimos al cine… Edward lo siento tanto, ha sido culpa mía, no tenía que haber insistido tanto en ir –se lamentaba Alice entre sollozos.

– Eh, Alice tranquila –susurré– no te preocupes… solucionaré esto.

Colgué el teléfono y me vestí todo lo rápido que pude. Me giré y vi a mi Bella durmiendo, sonriendo entre sueños… como me gustaría que nunca tuviese que borrarse esa sonrisa. Mataría a quien hiciese falta para ella continuase sonriendo así. Me acerqué a ella y coloqué un mechón de su pelo tras su oreja, se revolvió un poco y susurró mi nombre, sonreí como el estúpido enamorado que era y besé su frente aspirando un poco de su perfume de fresas…

– Volveré pronto princesa –susurré en su oído y la besé en el cuello.

Salí de su apartamento mientras marcaba el número de Kate, mi asistente, contestó al tercer tono.

– Edward, iba a llamarte ahora mismo, tenemos problemas –dijo.

Me quedé paralizado a la salida del edificio de Bella.

– ¿Qué ha pasado?

– Tanya acaba de hacer declaraciones a la salida de un hotel, ha dicho que tú la estás engañando con la chiquita esa que sale en las fotos. Ha soltado cuatro lágrimas y se está metiendo a toda la audiencia en el bolsillo, para ellos tú serás el malo de la película.

– ¿Pero… cómo se ha atrevido? –siseé entre dientes.

La rabia comenzó a arder en mis venas y empecé a verlo todo rojo. Si en ese mismo instante tuviese a Tanya delante no creo que acabase muy bien parada. Hubiera sido capaz de cualquier cosa.

– Edward…

– Espera Kate… tengo otra llamada, enseguida estoy contigo –la corté– ¿quién es? – pregunté después de dar paso a la otra llamada.

– Eddie

Apreté los puños con fuerza y contuve las ganas de lanzar el teléfono contra la pared.

– ¿Qué quieres Tanya? –mascullé entre dientes.

– ¿Así es como contestas a tu prometida? –dijo con voz melosa.

– ¿Qué?

– Si cariño… ¿ya te has olvidado? –preguntó fingiendo sorpresa–. Me regalaste un anillo hermoso, lo compraste en aquella joyería del aeropuerto de Seattle hace unos días…

– Tanya… esta broma no tiene gracia –gruñí.

Mientras hablaba me di cuenta de lo que acaba de decirme, yo había estado en una joyería en el aeropuerto hace unos días… comprando el regalo de Bella. Eso quiere decir que ella me estaba siguiendo o tenía a alguien encargado de hacerlo.

– No es una broma cariño, es necesario que nuestro bebé tengan una familia solida, por eso tenemos que casarnos.

Tuve que sujetarme al coche para no caer de bruces al suelo…

– ¿Estás embarazada? –pregunté con un hilo de voz.

– Sí mi vida, pero no te preocupes, no es tuyo, estoy de ocho semanas y ¿cuánto hace que no nos acostamos? ¡Ah sí! Unos tres meses…

– ¿Qué pretendes Tanya? –pregunté al límite de mi autocontrol.

– Te lo advertí Edward… no te ibas a librar de mí tan fácilmente… ahora solo estoy jugando mis cartas –se notaba el cinismo en su voz.

Y una vez más me pregunté cómo pude haber estado tan ciego parta creer que estaba enamorado de ella. No era más que una arpía, una sanguijuela…

– Ya sabes lo que tienes que hacer ahora… deja a la niñita esa con la que andas si no quieres que ella también se involucre en la trama de esta historia… tengo un papel idóneo para ella, será la amante perfecta, seguro que los programas amarillistas se la sortean para hacerle una entrevista o seguirla con sus paparazis.

– ¡No la metas en esto! –le grité.

– Está en tu mano Cariño… déjala, es muy sencillo.

– No te saldrás con la tuya… te voy a demandar por injurias –la amenacé.

– ¿Y a quién crees que creerán mi vida? ¿A la pobre ex novia embarazada y sola o novio que la engañaba?

– Tendrás noticias de mis abogados Tanya –dije antes de colgar.

Me metí en el coche tiré el teléfono con rabia contra la puerta del acompañante. Me apreté el puente de la nariz y suspiré pesadamente. ¿En que me había metido? Y lo peor… ¿en qué había metido a Bella? ¿Ahora que iba a hacer? Pensé una solución mirando fijamente mis manos… pero al no llegar a ninguna conclusión aceptable preferí irme a casa y hablarlo con mi familia.

Cuando llegué todos estaban sentados en la sala, incluido mi padre que no sé por qué razón no había ido al hospital ese día. Cuando crucé la puerta todos los ojos se pusieron en mí, todas las miradas eran de pena y de súplica para que encontrase una solución. Me dejé caer en el sofá al lado de mi madre y ella me atrajo hacia su regazo y acarició mi pelo con ternura… lo necesitaba, necesitaba sentirme bien conmigo mismo por lo que le había hecho a Bella… pero sobre todo por lo que le iba a hacer. Decidiese o no hacer lo que Tanya me pedía Bella sufriría las consecuencias, ya sea que la abandonase o porque se viese asediada por los medios solo por mi culpa.

Después de unos minutos me incorporé y les conté a todos lo que había sucedido con Tanya… todo lo que me había dicho y la amenaza a la que se vería sometida Bella si nuestra relación continuaba. Todos estaban furiosos con la arpía esa… Emmett cada vez que abría la boca era para soltar una sarta de blasfemias y cada palabra que pronunciaba Alice tenía una seria amenaza contra la integridad física de Tanya. Rose se quedó callada con la mirada clavada en mí, me sentía intimidado, parecía que de un momento a otro saltaría sobre mí y me arrancaría los ojos. Jasper sujetaba a Alice porque esta, no dejaba de bar saltitos sobre el sofá y mis padres simplemente estaban callados y se miraban intermitentemente.

– Edward –habló Carlisle–, ya sabes lo que tienes que hacer, Bella no merece eso. Es mejor que hagas lo que Tanya te pide y esa chica pueda continuar con su vida como si no pasase nada.

Me quedé mudo mirando a mi padre, procesando lentamente las palabras que había pronunciado y buscando el motivo para que mi padre sonase tan drástico sobre este tema.

– ¡No! –gritaron Esme y Alice a la vez.

– Le harás mucho daño si la dejas –protestó Alice.

– Pero si está con ella los periodistas no le dejarán respirar –explicó mi padre.

Ellos continuaron debatiendo y yo escuchaba en silencio, sintiéndome completamente intimidado por la mirada de Rosalie. Sus ojos me taladraban y podía sentir como me lazaba dagas envenenadas por ellos. Emmett también estaba en silencio, me conocía y sabía que tomase la decisión que tomase era totalmente intrascendental lo que pudiesen decirme, yo actuaría según mi propio criterio sin importarme mucho la opinión de los demás.

– Edward –me llamó Rosalie–, tu padre tiene razón. Lo mejor es que dejes a Bella. Puedes hacer lo que te pide Tanya un tiempo, y cuando soluciones todo hablas con Bella, seguro que lo entiende todo.

La miré, parecía muy segura de lo que estaba diciendo. Ella conocía a Bella mejor que nadie de los que estábamos allí presentes, se conocían desde niñas, era su mejor amiga incluso por encima de Alice. Si tenía que escuchar alguna opinión era la suya.

– Lo mejor es que hables con ella Edward –dijo Emmett–, Bella debe saber por que haces todo esto.

– No, eso no puedo hacerlo –rebatí. Todos me miraron interrogantes–. Conocéis a Bella, se sentirá culpable, se preocupará demasiado, incluso podría echarme a patadas de su casa cuando sepa que Tanya está embarazada.

– ¿Es mejor que lo lea en los periódicos? –preguntó mi amigo indignado.

Suspiré y me puse en pie, di varias vueltas por la sala mientras me revolvía el pelo y hacía chascar mis nudillos. Era una decisión importante la que tenía entre manos, en ella podría decidirse el curso de mi vida. De una cosa estaba seguro, Bella tenía que sentirse lo menos amenazada posible. ¿Qué opción sería la adecuada para conseguir eso? Y ahí mi voluntad egoísta ganó la partida, llevábamos solo unos días juntos, ella posiblemente solo estuviese deslumbrada o le gustase solo un poco… ¿pero amor? Lo dudaba, era muy pronto, yo lo sentía porque nunca había conocido a alguien como ella, porque era la mujer perfecta para mí… pero ella… era muy diferente, podría tener a cualquier chico que quisiese y sin embargo estaba conmigo, él único que podía volver del revés su mundo.

Miré a mi familia con la decisión ya tomada, supongo que era evidente en mi rostro el transcurso que tomarían los acontecimientos. Alice y Esme pusieron una mueca de disgusto y sin decir nada se pusieron en pie y se dirigieron hacia las escaleras…

– Te vas a arrepentir de eso –susurró Alice antes de desaparecer.

Emmett suspiró y negó con la cabeza antes de irse también. Solo Carlisle y Rosalie estaban de mi lado… solo podrían entender porque lo hacía. Ahora el que suspiró fui yo, me fui hacia el volvo y lo puse en marcha para ir a devolverle a Bella su coche…y también su vida.

Después de repostar combustible aparqué el coche delante del edificio donde vivía Bella. Alcé la mirada y me quedé observando su ventana… estaba abierta y las cortinas rosadas ondeaban al viento… abrí el compartimento donde todavía permanecía guardado el regalo que le había comprado por su cumpleaños y lo cogí, lo sostuve un rato entre mis manos, sopesando las palabras que tendría que pronunciar para que fuese una ruptura limpia… así sería más fácil olvidar, aunque yo nunca podría hacerlo. Busqué por el coche y encontré un block y una pluma. Arranqué una hoja de papel y escribí con letra estilizada:

"Lo siento, un día lo entenderás. Ja t'aime"

Doblé el papel y lo introduje dentro la pequeña caja de joyería. Suspiré y volví a guardarlo donde estaba, esperaba que lo encontrase y pudiese perdonarme algún día.

Bajé del coche y con pasos pesados me dirigí hacia el edificio, uno de los vecinos estaba bajando y me sostuvo la puerta para que pudiese entrar sin tener que llamar al portero. Casi lo agradecí. Subí al ascensor mientras sentía como si estuviese metiendo mi corazón dentro de una jaula cerrándola con llave, y tirando esta al mar. Titubeé durante unos minutos delante de su puerta con el dedo extendido hacia el timbre, lo que tenía que hacer era lo que menos deseaba en ese momento, pero era necesario, o al menos de eso me quería convencer.

Pulsé el timbre, el sonido hizo que diese un respingo sobresaltado y que mi corazón latiese desaforado. Estaba nervioso, no quería hacerlo, pero era una obligación, tenía que hacerlo por ella, por su tranquilidad. Bella abrió la puerta y se abalanzó a mis brazos con una enorme sonrisa. Yo solo pude corresponder el abrazo, dejarme envolver por ese calor y ese aroma a fresas que tanto echaría de menos. Nos besamos, en ese beso le estaba entregando todo mi amor, todo el perdón del que disponía para que no me guardase rencor, le estaba dando la jaula imaginaria con mi corazón dentro de ella, sabía que nadie mejor que bella para cuidar de ese musculo tan doloroso pero a la vez tan necesario. Enterré mi nariz en su cuello una vez más, llevándome grabado a fuero su olor en mis recuerdos y me alejé dos pasos de ella.

– Lo siento… –dije extendiéndome las llaves del volvo con mi mano temblorosa–, gracias por dejármelo, como te prometí el depósito de combustible está lleno.

Intenté sonreír para que no notase el dolor en mi voz, pero que no fuese tan evidente que lo estaba a punto de hacer me iba a partir el alma en dos.

– Se ha adelantado mi viaje… nos vemos Bella –continué ablando.

– ¿Ya te vas? –preguntó con voz temblorosa.

No pude evitar mirar sus ojos, había temor en ellos, ya no brillaban como lo hacían anoche mientras hacíamos en amor…

– Sí, es lo mejor… –con esas palabras intentaba convencerme a mí mismo de que hacía lo correcto.

– ¿Volverás? –volvió a preguntar.

Intenté disimular la mueca de dolor que me hacía esa pregunta… si por mí fuese ni si quiera tendría que irme.

Negué con la cabeza, temeroso de que mi voz se rompiese si intentaba hablar. Cogí aire, llené mis pulmones al máximo y bajé la cabeza al suelo.

– Lo siento si te di falsas esperanzas… no era mi intención hacerte daño –sin poder evitarlo alcé la mirada de nuevo y no pude reprimir las ganas de tocar sus piel una vez más… acaricié su mejilla y dos pequeñas lágrimas la humedecieron.

ME maldije a mí mismo, y a Tanya… la haría pagar por esto… esa misma mañana juré que no haría que sus sonrisa se borrase y ahora yo era el causante de sus lágrimas… no era justo.

– No habría funcionado –susurré intentando contener la ira que me desbordaba en ese momento. – Adiós Isabella.

Me di la vuelta y me fui. Entré en el ascensor y me derrumbé en el suelo sollozando. ¿Cómo podía doler tanto? Solo hacía unos días que nos conocíamos… ¿cómo podía haberme enamorado? Las puertas del ascensor se abrieron pero yo permanecí arrodillado en el suelo, dejando que las lágrimas inundasen mis mejillas… unos fuertes brazos me alzaron y me llevaron casi arrastrándome hacia el exterior del edificio. Ví a Emmett a mi lado, sosteniéndome, aún cuando estaba haciendo algo con lo que no estaba de acuerdo estaba mi lado, apoyándome, eso sí que era un amigo. Le agradecí con la mirada mientras me metía en el asiento del copiloto del porche de Alice. De repente me tensé y miré a Emmett con ojos suplicantes.

– Rose estará con ella –susurró él–, la cuidará bien.

Asentí y dejé que condujese… no sabía a dónde me llevaba y la verdad es que tampoco me importaba mucho.