Viernes por la noche. Así como la grava termina por asentarse en el fondo del rio después de que agitarse, las costumbres y la rutina lentamente hicieron de la casa un lugar más tranquilo, con un cause predecible.
Aunque claro, toda la experiencia que conllevaba acostumbrarse a una nueva rutina, sobre todo, a nuevas personas en el hogar, era algo de lo que ninguno daría una crónica fiel.
Sunny bloqueó la puerta exterior de su habitación con una silla durante las primeras semanas, mientras que Microchips apenas si pudo conciliar el sueño, en su mayor parte por que no podía acariciar la nutria en paz, pues siempre pensaba que el ruido que producía y la agitación sobre el catre de madera le delatarían, tan solo pensar que Sunny se enterara de sus manías le mataba de vergüenza, sobre todo porque nunca jamás le miraría como a un humano digno de respeto nuevamente.
Y, con el tiempo, Sunny aprendió que Micro en realidad nunca sería capaz de hacer una salvajada, le faltaba mucho valor para ello; mientras que el adolescente comenzó a ver más series y a quedarse hasta las tantas con videojuegos... o a dedicarse a una lectura para dormir.
No eran una excepción la pareja de maduros que tenían por padres, Sunbed casi perdió la cabeza en reiteradas ocasiones por no hallar las llaves de su auto, todo porque no compraban un maldito llavero, que estaba en un bolso que apenas sí tenía espacio para una libretita, mismo que parecía tener patas y saltar por debajo de la mesa para esconderse; además de aquello, durante las primeras semanas llegó tarde, porque necesitaba más tiempo detrás del volante para llegar a él y porque le costó bastante adquirir la costumbre de levantarse media hora antes.
Laurel, como hombre de ejército que era, tenía su espacio bien conocido anteriormente, al despertarse en plena madrugada, tomar su ducha fría y prepararse de forma impecable, seguramente su cerebro se adaptó para funcionar en automático en su casa anterior, ya que en tres ocasiones estuvo a punto de rodar escaleras abajo, dos veces rayó su auto con la entrada del garaje y, por si fuera poco, solía perder el tiempo tratando de arreglar la puerta interior del garaje, porque el sonido de las bisagras rechinando le ponían los pelos de punta, pero por mucho que las engrasara, estas simplemente no cedían a dejar de fastidiarle sus mañanas.
…y por supuesto el otro problema de este militar era Sunny Flare:
Un hombre que ya estaba a puertas de los cuarenta, con un carácter fuerte y autoritario, además de una falta de tacto, fuese por sus años encuartelado, fuese por una disposición natural, a duras penas sí lograba mantener la calma a la hora de tratar de imponerle sus reglas o de siquiera hacerle una observación.
Gritos, rabietas, riñas, castigos, aseveraciones, frialdad y casi demencia se apoderaron de las pocas cenas familiares, Sunny contra Laurel, Laurel tratando de convencer a Sunbed y esta que no parecía favorecer a una u al otro… y Microchips como principal espectador. Y todos dudando de si era la mejor de las ideas haber hecho el nidito de amor antes de haber hecho las paces.
Era obvio que fue una idea sumamente impulsiva, tal vez por la crisis de los cuarenta, tal vez por la locura del amor, tal vez por la soledad… quién sabe, aquello tuvo toda la pinta del final de aquella historia bizarra, Microchips juraba que uno de esos días Sunbed y su parde venderían la casa y al día siguiente se tendría que marchar nuevamente... aunque era evidente casi para cualquier chico de su edad, no quería irse de aquella casa, era bonita y también lo era Sunny Flare, aunque apenas si se hablaron al principio, juraba que era lo más cerca que podría estar de convivir con una belleza semejante.
Al menos fue así hasta que, pasados dos meses, finalmente el sentido común y la racionalidad se apoderaron de la casa, primero no comiendo juntos, dándose tiempo para pensar bien las cosas, después llegó la negociación. Y eso sí fue un progreso y muestra de la madurez que Sunny podía llegar a tener; también Laurel, que, con el ultimátum de Sunbed, dio el brazo a torcer.
Acordando los límites, olvidando los errores pasados. Sobre todo que mintieran respecto de la fiesta que dieron y que Laurel les encubrió, cosa que puso a mujer como un volcán activo que por poco pone la casa al revés desde sus cimientos. Aquella familia en formación solo se salvó por el pequeño detallito de que Laurel no deseaba que Sunbed castigara a Sunny porque en parte era su culpa por haberla controlado tanto y de no tratarla como una adolescente con bastante madurez.
Solo por eso Sunbed los disculpó a los tres, aunque Laurel tuvo que dormir en el sillón una semana y tuvo que negociar con Sunny una suerte de trato que entró en vigencia desde hace tan solo una semana y que era tan detallada, tan minuciosa que todos se sabían las reglas y ambas partes quedaron de acuerdo.
Y con el pacto advino la paz, con la paz, la rutina y la rutina trajo la armonía. Sí, por fin todo parecía cuadrar y, en contra de lo que el sentido común hubiera dictaminado, las cosas comenzaban a tener un norte, un sur y también un aroma distinto… bueno, el aroma era el pollo a medio quemar de Sunbed.
Por suerte el coronel había tomado el auto y conducido cinco kilómetros para la comida favorita de esta ¿familia improvisada?, una sucursal que preparaba ensaladas con pechuga de pollo horneada, para la señorita, una hamburguesa hecha con carne de los ganaderos locales para el joven, que ofrecía un menú light para la señora, y enfrente del cual se hallaba el puesto donde vendían su tan preciado asadito a la parrilla, que siempre evocaba los recuerdos del coronel de aquellos los meses anecdóticos que pasó en un cuartel, cuando compraron varios kilos de carne y los asaban en parrillas hechas con la mitad de barriles de petróleo que cortaron ellos mismos.
Con el movimiento de la palmera, meciéndose a gracia del viento y de la brisa relajada de una noche de otoño. Prometía volverse una costumbre de viernes por la noche, de pronto Microchips salía de su habitación por el olor del pollo quemado y también Sunny, encontrándose en el pasillo exterior que unía sus habitaciones con el baño, se juntaban cerca de la puerta y entonces iniciaba la plática.
"Aprendí a los once… mi nana solía decirme que algún día tendría que aprender a cocinar para mí, porque comer de afuera es poco saludable y caro." Rememoraba el adolescente.
"¿Me estás diciendo que ya podríamos haber cenado si te ponías un delantal y entrabas a la cocina?" Le respondió Sunny.
Sentado a metro y medio, Microchips se volteó para verla. Por mucho que quisiera negarlo, Sunny, allí con su falda de la preparatoria, con una blusa celeste y sin calzado alguno tentaba con eclipsar la belleza de la luna. Y, bajo la luz de esta, su piel turquesa y sus facciones agraciadas parecían relucir todavía más ante el cansancio del último día de clases, pues le daban un aire taciturno, quieto y ralentizado.
"Qué" Le preguntó al darse cuenta de que el adolescente se le quedaba viendo.
"Es solo que… creo… c-creo que debo darte las gracias"
"Por supuesto que debes, pero ¿Por qué?" Declaró ella para volver la vista sobre la palmera. Imitando su gesto, el adolescente todavía tuvo en su mente el pasador del cabello que componía el peinado de pelo corto de su futura hermanastra.
"Por ayudarme a… ya sabes… las chicas"
"Te la debía… dame las gracias cuando terminemos y entiendas que esto solo es saber hacer las cosas bien y no cagarla… por dios que a veces solo debes dejar de cagarla y ya está." Dijo con hastío, poco antes de señalar las hojas de la palmera. "Esa cosa siempre me da calma, cuando no puedo dormir, salgo a verla y no sé por qué, pero me tranquiliza…"
"Sí… esta casa es hermosa, tu madre tiene un buen gusto."
"Eso no lo niego, te juro que si me quedé es porque esta casa es lo máximo."
"Por dos… así que tienes insomnio"
"Cómo podrías darte cuenta, si cuando salgo a verla lo primero que oigo son tus ronquidos" Alegó ella, riendo levemente al ver el rostro de vergüenza del adolescente. "Ya, eres un chico promedio, supongo que es normal, tampoco espero tu aliento a rosas en la mañana. Cuál es tu truco para dormir a pierna suelta cada noche por cierto"
"Una consciencia limpia supongo" Expresó el adolescente levantando los hombros.
"Supongo que tener una vida de perdedor tiene sus ventajas." Le respondió Sunny, con un tono de burla y al mismo tiempo dejando de sonreír.
"Es la computadora, me cansa la vista mientras juego"
"¿Eso no es dañino para tus ojos?" – Cuestionó ella levantando su ceja, como si cuestionara la supuesta inteligencia de Microchips.
"Uso unos lentes antirreflejos y hasta ahora no he tenido que cambiar la graduación de mis lentes." Entonces Microchips aguardó unos segundos. "¿Juegas videojuegos?"
"¿Qué clase de pregunta es esa? Claro que no, bueno sí, he jugado uno de esos de disparos y construcción…"
"Ah, ese juego de niños rata." Desmereció el adolescente, con aires de superioridad y despertando una sonrisa en Sunny, que volvió a observarle con una ceja levantada.
"¿Enserio? Bueno, solo lo jugué un par de veces… tenía un novio al que le gustaba…"
"Sunny Flare, ¿"la Sunny Flare" haciendo algo que no quiere por un chico? Debió haber sido un actor de cine o algo…"
"Era hijo de un senador y su madre era presentadora de un noticiero" Aclaró la adolescente "pero no quiero hablar más de eso… mejor dime: cómo te está yendo con las mujeres, joven Chips." Cuestionó, estirando los brazos y bostezando. "Pero qué día más agotador".
"N-no muy bien; digo, sí… es solo que…"
"Todavía te pones nervioso ¿Eh? Tomará un tiempo para que se te quite, es cuestión de acostumbrarse y nada más…"
"Yo… eh… ¿Cómo sabes de esto?"
"¿Saber de qué, Chips? No leo mentes." Aclaró, volviendo a observar la palmera.
"De ponerme nervioso y de cómo podría hablar con chicas… hace solo unas semanas ni me hubiera atrevido. Ahora al menos lo intento." Explicó él, con cierto rubor en el rostro, si era difícil admitir errores, más lo era cuando se lo hacía frente a una chica como Sunny, que tuvo la flojera de cambiarse esa falda y de dejar sus piernas torneadas bajo la luz de la luna.
"Porque a veces ni las chicas se entienden…" respondió esta, callándose al final, bajar la vista de la palmera y fijar su mirada en el infinito, cosa que Microchips pudo ver claramente "… ¿Te concentras en solo divertirte y pasar el rato? ¿O te sigue importando impresionar a la chica en cuestión?" Preguntó de repente.
"No has respondido a mi pregunta"
"Lo haré, pero primero dime cómo te va, no quisiera saber que estoy perdiendo el tiempo enseñándote estas cosas."
"¿Quieres que sea franco?" Preguntó él, la timidez parecía haberse empoderado por completo de su voz.
"Por supuesto, cualquiera odia que le mientan, en mi caso yo lo tomo muy personal." Declaró la muchacha mientras jugaba a aplanar los pliegues que su falda generaba sobre la rodilla que tenía en alto.
"La mayor parte del tiempo no… tal vez con Twilight no, porque ella tiene novio y no me preocupa quedar bien con ella. El otro día traté de hablar con una en la cafetería; pero me vio de pies a cabeza e hizo uno de esos gestos de a éste qué le pasa y… bueno… salí lo más rápido que pude."
"Uy" Comentó ella, con una cara de dolor "¿Tanto así? Era la líder del equipo de porristas o algo así."
"Sí… ¿Por qué? ¿Hice algo mal?" Inquirió él ya decaído por las expresiones de la muchacha.
"Sí y no… ah, cómo te lo explico" Sunny dejó los pliegues de su falda para apoyarse en la pared con sus manos y levantarse grácilmente, después se dirigió hasta el adolescente. "A ver, pon tu mano así" Ordenó extendiendo su mano derecha con la palma abierta y los cinco dedos separados.
Extrañado, el adolescente observó la expresión relajada de la adolescente para asegurarse de que no se tratara de una broma que le tronase los dedos o algo así.
"Ya" entonces ella aprisionó el dedo anular del adolescente con el suyo el meñique "Una chica es más complicada que un chico. Está rodeada por un grupo de amigas y personas de las que les importa lo que digan, no importa si dice que no, esto es así. Es a través de estas personas que puedes considerar que estás o no a la altura de esta chica" Explicó antes de halar su mano y soltando el agarre bajo el cual mantenía el dedo anular del adolescente.
"Cuando una chica se fija en ti, mira todos tus defectos y virtudes" Sunny esta vez, además de volver a sujetar de la misma forma el dedo anular del adolescente, agregó el dedo medio para sujetar su análogo en la mano de Microchips. "Una chica también se pone caliente, también tiene fetiches y fijaciones… ustedes no son los únicos que miran el cuerpo y silban. Solo que lo hacen como macacos." Explicó ella, jalando para separar sus manos nuevamente.
Pero su mano volvió, esta vez para adicionar su dedo índice y hacer el agarre más fuerte todavía "Una chica juzga con la cabeza y se libera con el corazón" Mencionó, jalando, esta vez con más fuerza y logrando que el adolescente se inclinara hacia adelante. Sus dedos volvieron a cruzarse, esta vez el pulgar tomó al del adolescente.
"Una chica aceptará ser tuya solo después de que la hayas hecho sentir como tal" Sentenció, en esta oportunidad, Microchips haló de la mano, momento en el que Sunny apretó con sus dedos el dorso de la mano del adolescente, cuando este trató de separarse, temiendo que esta fuera a dar un empujón que le quitara su mano, se sorprendió al ver la fuerza con la cual la adolescente se había arrebatado.
Sin embargo, trató de separarse con tal fuerza que Sunny se inclinó hacia él y por poco cae de no ser porque puso una de sus manos contra el suelo.
"¿Ahora entiendes, Micro?" Cuestionó soltándose y caminando para apoyarse contra el barandal.
"No del todo. ¿Me estás diciendo que hay una especie de reglas que no he seguido?"
"Obvio que sí, aunque no son reglas estrictas, se aplican la mayor parte del tiempo y… quiero que me escuches esta vez y lo veas solo como un juego, no es algo de vida o muerte, cree que lo contrario y perderás desde la etapa de selección."
"¿Etapa de selección?"
"Mover… me refiero a que perderás desde el primer movimiento" Aclaró la fémina, poco antes de aclarar su garganta. "Si lo tomas como un juego, todo cambia. Creo que no te lo expliqué bien la última vez, así que lo haré de nuevo."
Microchips sacó su celular para tomar nota.
"No, quiero que me pongas toda tu atención" Replicó ella. Era imposible no hacerlo cuando una brisa movió elegantemente su falda, dejando que esta revelara unos pocos centímetros más de sus muslos. "¿Te gustan? Tienen una fuerza que dejó en nocaut a una rival en la final de un torneo de Tae Kwon Do." El adolescente velozmente volvió la vista a los ojos de su mentora. "Esta vez no te culpo, son mi orgullo" explicó ella, poco antes de acariciarlos y, con una sonrisa de vanidad, observó cómo Microchips había vuelto a bajar la vista para verle los muslos.
Entonces llevó su mano hasta la barbilla del joven y la levantó. "Esta vez si te culpo, que vergüenza Micro, lo estabas haciendo tan bien" Dijo, con indignación en su voz y manteniendo una mirada de malicia, como si dentro de ella se jactara de la debilidad del muchacho que tenía frente a ella.
"Ahora, a lo que importa. La razón para que sea mejor divertirte que tomarlo en serio es lo siguiente, una chica te va a evaluar desde el primer momento, esto es algo que tú sabes de forma casi instintiva, por eso te dio el ataque de histeria cuando le hablaste a la porrista esa." La adolescente comenzó a sonreír.
"De esta forma es que entras en el juego con desventaja, de hecho, en tu caso, empiezas perdiendo."
"Por qué"
"Veamos, ¿Eres el líder de algún grupo o puedes hacer que los demás sigan tus órdenes?" Preguntó ella, a lo que la respuesta fue un "no" "¿Tienes un cuerpo de ensueño, al menos los cuadraditos o tal vez un rostro libre de acné y bien parecido?" Continuó cuestionando, a lo cual el muchacho negó con la cabeza y bajó la vista. "¿Tienes siquiera algo de carisma o el sentido del humor suficiente para hacer reír a una chica?" Aquello ya no parecía una charla, más parecía como si Sunny quisiera volver a botar la autoestima de Microchips y patearlo hasta que no pudiese levantarse.
"No" Respondió el joven, con tal sinceridad que incluso sintió que se había clavado a sí mismo la estaca.
"Ahí está… tienes todas esas faltas ¿Y así piensas que alguna chica te va a ver algo bueno a la primera? Repitamos, no eres atlético, eres un manojo de nervios al hablar por lo que no puedes contar ningún chiste, apenas sí tienes algo de voz frente a todos los chicos que se le podrían abalanzar, de seguro tienes algo bueno escondido... pero no… no, claro que no Chips"
"Ya, te entendí… deja de…"
"¿Dejar de qué Micro? ¿De decirte la verdad?" Replicó ella con los ojos repletos de aquella malicia que el adolescente podía ver nuevamente ¿Acaso disfrutaba de lastimarle? Pero pronto los demonios que parecía tener dentro parecieron esfumarse, dejando una mirada más empática y que extendió su mano para ponerla suavemente en su hombro. "Lo que he hecho es justo lo que ella hizo contigo… claro que yo no usé vaselina" Declaró ella de cuclillas.
"La mayoría de los muchachos como tú, que pueden guardar sentimientos tiernos y ser unos panes de Dios, tienen el defecto de querer ajustarse a los estándares que las chicas les ponen, y lo hacen desde el momento en el que se preocupan por causarles una buena impresión o conquistarlas… y la verdad es que así no funciona cuando no son realmente el actor de película. Y contigo este hecho es mucho más cierto que con digamos Flash Sentry, porque él desde un inicio ya es un 10 sobre 10… o el novio de Twilight."
"Entonces para qué diablos me esfuerzo si al final siempre voy a perder contra chicos como esos".
"Por una simple razón Chips… tú solito te obligas a perder jugando así. Mira, el truco es simple, el momento en el que dejas de tomar atención a lo que ella pensará o dirá, en el momento en el que te desentiendes del juego que te propone, en ese momento eres tú el que domina el juego."
"O sea que debí besarla." Dijo él, con los ojos abiertos, como si de una revelación religiosa se tratase.
"No seas imbécil, esas cosas pasan en las películas, si lo haces en la realidad vas a recibir un rodillazo en tus… me entiendes. No, lo que yo te estoy diciendo es que simplemente no seas tú el que sea calificado, la clave es invertir el tablero, o sea, que tú seas el que juzgue, y ella la que quiera estar a tu altura." Complementó ella con seriedad.
"¿Yo?" Dijo con incredulidad el adolescente "¿Cómo se supone que haga eso?".
"No tratándola como a una diosa en vida… trátala tal como me tratas a mí o a alguna de tus amigas, si es que tienes." Agregó la de piel turquesa "Y por favor no pienses que tienes que tratarla mal, sé amigable. Si quieres piensa que es como ese amigo al que no le gustan los pedos ni los golpes… y, sobre todo, cuando empieces, nunca, nunca jamás admitas que ella es bella o hermosa."
"¿Qué?"
"Ya lo has oído, si ella tiene un cuerpazo de infarto y un cabello que le llegue hasta las nalgas, tu dile que te gustan las de cabello corto o que tienes debilidad por las tomboy o qué sé yo; pero nunca lo digas como si trataras de ofenderla, dilo más como si le estuvieras hablando de tus gustos a un amigo. Déjale claro que, en una comparación, ella sale perdiendo, pero hazlo de forma muy sutil y con humor." Declaro ella mientras Microchips se dejaba deslumbrar por la confianza, la seguridad y la amabilidad con la cual Sunny le estaba hablando, y también por la intensidad de sus ojos.
"O sea que nunca le debo dar cumplidos" A Microchips le temblaba la voz y parecía estar tomando notas en su cabeza, como si su 2b imaginario lo estuviera grabando con todas sus fuerzas en la base de su cráneo para jamás olvidarlo.
"Claro que lo harás, pero tus detallitos y tus cumplidos no son gratis… no seas como esos tontos que piensan que primero tienen que dar regalos y ser lindos y tiernos para obtener el amor de la chica, esas son cosas que la chica tiene que ir ganando. De lo contrario solo te van a friendzonear."
"¡A cenar!" Conminó el coronel a toda voz.
"Si haces bien todo esto e inviertes el tablero, con el tiempo ella solita se subirá a tu cuarto y podrás hacerle las marranadas que de seguro imaginas todas las mañanas o tener ese amor primerizo que quieres." Explicó, poco antes de levantarse y dirigirse a su cuarto.
Viendo nuevamente sus largas y bien definidas piernas, Microchips gravó a fuego las palabras de la adolescente en su cabeza, observando que esta volteó para verle con una mirada reprobatoria segundos antes de entrar a su cuarto. Poco a poco, algún día tendría que acostumbrarse a tener tal bendición de la naturaleza por hermanastra. Pero de momento, su atención era presa de aquella perfección.
En ese momento solo pensó en una persona para poner a prueba todas esas pautas, esa muchacha de cabello blanco y mirada inexpresiva que se guardaba celosamente detrás de unos lentes.
