Pues nada, corazones, la depresión me atacó sin aviso alguno apenas empezando el año, pero todo ha mejorado bastante en muchos aspectos, así que he logrado regresar para darle fin a este trabajo ^^
Por ahora, les dejo un penúltimo capítulo : Me dio por escribir un poco de la relación de nuestros niños :''3 Espero lo disfruten.
CAPÍTULO 14. LO QUE DEBÍA AMAR DE TI
Su relación no había cambiado demasiado, a decir verdad, no parecía haber cambiado mucho, o al menos él lo sentía de ese modo, aunque claro, otros podían decir completamente lo contrario, empezando por el hecho de que, desde hacía varios días, la mayoría de las personas en la ciudad hablaban de lo mismo; que los dos hombres más fuertes de Ikebukuro habían parado de pelear, de la noche a la mañana, y para quienes no lo creyeran incluso se habían subido fotos a diversas redes, donde podía vérseles caminado juntos, charlando en alguna cafetería o más comúnmente en el restaurante de sushi del centro. Como dos buenos amigos, aunque lejos estaban de ser tal cosa en realidad…
Pero todos hablaban de los mismo, hacían suposiciones, pero nadie había llegado a entender aun lo que cada una de sus miradas significaba, cuando lejos de las risas o pequeñas riñas que aún solían tener, sobre todo por aquella costumbre del menor de llevarle la contraria, ambos se quedaban en silencio, mirándose por breves segundos, como si intentaran saber lo que el otro pensaba. Y así era justamente. Podía notarlo, darse cuenta.
Porque, aunque de algún modo ambos habían aceptado que su relación fuera más allá de lo que alguna vez pudieron creer posible, aún tenían dudas, y aquello era algo completamente valido. Porque nunca sería normal creer que dos personas que antes se habían odiado tanto, al grado de buscar y anhelar la muerte del contrarió, pudieran llegar a cambiar tan de repente, "ser amigos", aunque ellos eran mucho más que eso.
Hasta donde sabía, Kadota había sido el primero en sospechar lo que pasaba entre ambos, al igual que Shinra, pero no le sorprendía. A pesar de que su relación había cambiado bastante desde Raira, cada uno pasando el tiempo con otras personas, teniendo otras prioridades, seguían siendo amigos, para bien o para mal, y todos aquellos problemas que habían tenido que enfrentar hace unos días parecía haberlos unido nuevamente, ser conscientes de la importancia del pequeño cuarteto que alguna vez habían conformado.
Eso había sido hace ya varios años, y se alegraba de que todos siguieran ahí, si bien aún creía que tendría que pasar un tiempo para que él o Izaya les hicieran saber lo que pasaba entre ambos, si es que no se enteraban por sí mismos, claro. E ran chicos listos, Izaya lo había dicho, y estaba muy de acuerdo con él.
Así que, sabía que era inevitable que en algún momento sospecharan, estaba convencido de que todo estaría bien.
Que hasta entonces nadie supiera aún, o que nadie tuviera el valor de decirlo en voz alta o correr el rumor, era irrelevante. Izaya y él lo habían hablado, y para su sorpresa, poco les importaba realmente lo que otros pudieran creer de ellos si se enteraban de su extraña relación; la única razón por la que evitaban besarse en público o ir más allá de la imagen de dos hombres pasando el tiempo, era justamente para ir a su ritmo, sin que nadie les importunara.
Y claro que, cuando estaban solos o al resguardo de cualquier mirada curiosa, se besaban de manera espontánea, como si ambos supieran que lo necesitaban, como si el hecho de que sus dedos buscaran entrelazarse nada más tener oportunidad, fuera algo natural, y eso lejos de causarles conflicto, les gustaba. Al menos a él, el tacto del menor le relajaba, sobre todo cuando algún idiota les interrumpía con ganas de pelear o provocar problemas.
Y algo le decía que pasaba igual con el pelinegro. Izaya se notaba más tranquilo cuando estaban juntos, podía verlo aún debajo de sus burlas o cuando, fuera por diversión, o por costumbre, buscaba provocarle. Había sido complicado darse cuenta, pero lo había hecho; incluso si Izaya no lo decía de manera clara, disfrutaba de su compañía, y eso era suficiente para él, tal como el hecho de que fuera justamente Izaya quien solía tomar la iniciativa para justar sus manos, mientras el buscaba más bien atacar su boca…
Así era la mayoría de las veces. El informante intentando estar cerca de un modo u otro, incluso en las noches, cuando, a altas horas se colaba en su habitación, metiéndose en su cama mientras fingía dormir, para despertar juntos. No había objetado nada desde la primera vez que ese hombre había allanado su casa, en realidad no le molestaba; a decir verdad, desde aquel incidente con Shinra, era difícil dormir cuando estaba soló, y había comenzado a pensar que lo mismo pasaba con Izaya, o quizá para este fuera un poco peor.
Había bastantes razones para eso ultimo …
Dormir se había vuelto algo casi imposible cuando no estaban juntos.
Por ello, aunque el menor no había faltado ni una sola noche a la cama desde su reencuentro, no podía evitar sentirse ansioso conforme pasaban las horas, temiendo que no llegara, ya fuera porque no quisiera o porque tuviera trabajo, cualquier cosa, aunque…
"No me apetece meterme en algo grande; me daré un tiempo de eso", su pulga había dicho eso, justo cuando en una de sus reuniones un hombre les interrumpió, insistiendo con que quería hablar con el menor sobre un trabajo que tenía para este, yéndose bastante enfadado al ser rechazado.
Había evitado decirlo, no queriendo incomodar al menor, pero tal decisión le pareció una buena idea. No quería que Izaya se metiera en problemas, al menos no hasta que sus heridas sanaran adecuadamente, y aun cuando eso pasara, se aseguraría de saber en todo momento cómo estaba, aunque eso era algo que quería hablar con el pelinegro, pues estaba seguro de que este podía molestarse si invadía demasiado su espacio.
Era complicado… no estaba seguro de cuánto podía o no hacer; le frustraba pensar que su actitud pudiera molestar al menor. Quería hacer las cosas bien, dar a Izaya tiempo, que se sintiera cómodo a su lado, pero era eso mismo lo que causaba estragos en él.
Tenía miedo de hacerle daño… Porque, aunque consideró el hecho de que aquella relación fuera un error, algo nacido de la lastima o soledad mutua, todo parecía ir creciendo, se desbordada… Cada vez quería y necesitaba más de Izaya, era algo innegable. Se había descubierto esperándole cada noche, deseando ver su figura en el marco de la ventana antes de escucharlo decir su nombre; cada toque, sus abrazos, cuando en sueños el menor se pegaba a él con una timidez que jamás creyó posible que existiera en él, ¡y su aroma! tan cerca como el característico frio de su cuerpo y la textura de su piel.
No era un error.
Con el paso de los días entendió que siempre había sido de ese modo; un sentimiento que en el pasado interpretó de manera incorrecta, solo hasta entonces sabiendo lo que significaba. Era lo suficientemente adulto como para saber que lo que Izaya causaba en él era atracción pura, aunado a un instinto natural de querer protegerlo, tenerlo solo para él en todos los sentidos.
Si el menor supiera eso… ¿Se iría?
Bien sabía de aquellos rumores, los que decían que Izaya era completamente un hombre asexual. Aunque en Raira se le hubiera visto con una que otra chica, todos decían lo mismo. Que teniéndolo todo para conquistar a la chica más hermosa, tal cosa no era de su interés, que Izaya solo se acercaba a otros para saber tanto como su maquiavélica mente lo pidiera, para descubrir, planear, destruir. De ahí su fama. Pocos podían darle cara a ese hombre sin temer a las consecuencias de jugar una mala carta.
Pero él ya había caído rendido.
Y de algún modo, detestaba la idea de que otros lo hiciera, porque, si todos hubieran visto, si todo supieran, si todos pudieran conocer al verdadero Izaya, quedarían completamente cautivados, tanto como él, sobre todo en esos últimos días en los que había aprendido tanto de ese hombre. Tantas cosas nuevas, o a las que nunca había prestado suficiente atención como hasta esos momentos.
Entre sus cualidades favoritas, estaba el hecho de que Izaya pudiera hablar de cualquier tema sin problema alguno, el menor sabía casi de cualquier cosa, y cuando lo hacía, cuando algo era de su interés, cuando aprendía algo nuevo al leer un libro o alguna cosa en su teléfono, el menor le contaba al respecto, usualmente mientras preparaba el desayuno o trabajaba en su laptop; y algo le decía que, Izaya no había hecho algo así con otros, y aunque era egoísta, se sentía bien creer eso, que era el primero y el único con el que el menor estuviera cómodo hablando de cualquier cosa.
Lo siguiente en su lista, sin duda era cuando Izaya lo miraba, a él; sus ojos se iluminaban como dos rubíes al sol… Y cuando caminaba, haciendo gala de aquel equilibrio digno del gato más astuto y experimentado, o cambiaba su voz para hacer énfasis en lo que quería decir… ¿Por qué no se había dado cuenta antes? ¿Por qué dejo que el odio le cegara de todas aquellas magnificas cualidades del menor?
Había desperdiciado mucho tiempo, pero al final –o desde un principio, a decir verdad– Izaya lo había atrapado, y este no parecía darse cuenta, o simplemente no quería.
Aunque no fuera un hombre especialmente listo, al menos a su criterio, podía notarlo. Al informante le asustaba lo que desconocía, o lo que creía que podía hacerle daño. Pero él no pensaba desesperar, ¿cómo podría? Sabiendo el origen de todos sus miedos, sería un verdadero monstruo si intentara algo contra el menor.
—Nunca había sido así… –habló para sí mismo, parándose al lado de la ventana, viendo el atardecer. No era el mejor lugar de la ciudad para hacerlo, pero había cierta belleza en la visión de los arboles y los edificios donde poco a poco se ocultaba la luz, dando paso a la noche.
Antes, no recordaba haberse mostrado tan ansioso respecto al tema del sexo, ni siquiera con su primera novia; aunque era una actividad placentera, las diversas peleas del día a día parecían ser suficiente para mantener suprimida aquella necesidad, suponía que por la descarga de energía durante sus peleas; ni siquiera solía tener sueños húmedos de manera recurrente. Y ahora no había momento en el que dejara de pensar en Izaya, sobre todo cuando lo sentía a su lado, tan cómodamente dormido entre sus brazos, con una expresión tan calmada que juraba y esperaba nadie hubiera visto antes.
Un gruñido se ahogo en su garganta, al tiempo que su mano se apoyaba sobre la casi inexistente cicatriz en su abdomen. Un recuerdo de lo acontecido en aquel mundo de pesadilla.
Se preguntaba si Izaya tardaría mucho en llegar… Quería verlo. Ese día no se había reunido con él durante su descanso, como usualmente, supuso que debía estar ocupado con algún informe o algo similar, aunque este ni siquiera le había mandado un mensaje… y él tampoco lo había hecho.
Bien podía haber ido su departamento, al menos para comer con él, pero tal como siempre…
No quería molestar al menor, hacer que se sintiera presionado ni mucho menos.
Era difícil. Nunca había estado en una relación formal, nunca había tenido aquella necesidad de procurar algo, y ahora, incluso cuando solo le abrazaba o tocaba su mano, le asustaba llegar a hacerle daño, como cuando antes su sola presencia le instaba a ir tras él, atacarlo, arrojarle cualquier cosa con el objetivo de acabar con su vida… Izaya le hacía perder el control, ¿eso no lo volvía un monstruo?
Suspirando, comenzó a quitarse el moño en su cuello, abriendo también el chaleco para tener mayor movimiento; tomaría una ducha antes de dormir, mientras tanto solo quería comer un poco, aunque no tenía mucha hambre. Bien podía esperar a que Izaya llegara… preparar algo para ambos y cenar juntos. Incluso podía aprovechar aquel momento para charlar sobre aquello en lo que había estado pensando el resto de la tarde… pero no tenía idea de a qué hora llegaría el menor, y era lo suficientemente idiota como para no mandar un mensaje para preguntar.
En general, era demasiado idiota como para dar otro paso, pero estaba dispuesto a ello esa misma noche.
...
FIN DEL CAPÍTULO
Editaré el capítulo 15 (ahora sí el ultimo jajaja~ ) hoy y mañana, para subirlo en la noche. Algo bueno tenía que salir de esta cuarentena :''3
Espero todos se estén cuidando mucho y siguiendo las indicaciones de salubridad. Mucha fuerza, corazones.
