Capítulo 14. Quizás no fue la mejor idea.
Martes 3 de noviembre 8:20 am. Zona Horaria de Escocia. Oficina de Albus Dumbledore.
— ¿Quieres que vuelva a dar clases? —preguntó Remus, al tiempo que disfrutaba de su taza de té.
El director le había sorprendido aquella mañana citándole con carácter de urgencia a su oficina para pedirle una especie de favor. Nunca se imaginó que sería una propuesta de trabajo.
—Digamos que nuestro profesor actual tuvo que retirarse abruptamente y necesitamos un remplazo para esta misma semana—Remus alzó una ceja, invitando al viejo mago a seguir hablando—Minerva lo encontró ayer teniendo relaciones con un estudiante.
A Remus casi se le va el té a la nariz, casi. Pero alcanzó la servilleta que el director le tendió antes de preguntar:
— ¿Y? sé que no es algo muy ético, pero no sería el primer profesor que esta con un estudiante— se encogió de hombros mientras dejaba la taza en el escritorio. Si bien no era algo que veía correcto, él mismo tuvo un affaire con 17 años con una docente de Hogwarts, no entendía cuál era la razón para expulsarlo.
—Era un estudiante de cuarto año.
—Oh— fue lo único que pudo emitir el mago más joven, y después de unos segundos de razonar, agregó: —ya entiendo
—Dudo mucho que podamos contar con su presencia ahora que se le presentara cargos por abuso de menores—Dumbledore tomó un caramelo de limón de su escritorio y lo desenvolvió pensando en algo gracioso, quizás, porque sonrió— y dada las pruebas, tampoco podrá dar clases desde Azkaban.
Remus asintió hacia el mago mayor, si estaba en lo cierto Dumbledore movería montañas para que el hombre no saliera de prisión. Después de lo que le había sucedido a Harry, aquel era un tema que al director lo ponía irritable, explosivo, y eran pocas las veces que se podía ver irritable al tan calmado anciano. Carraspeó para aclarar su garganta.
— ¿Pero por qué me quieres a mí en el puesto? Estoy algo oxidado en eso de enseñar.
—Tonterías mi muchacho, siempre has sido uno de los mejores profesores que ocupó el puesto, junto con Severus, claro está.
Remus pareció sopesarlo un poco, el volver a dar clases era algo que no le desagradaba en absoluto, realmente le gustaba. Había estado haciendo prácticamente nada en el último tiempo, viviendo casi a costa de Sirius, y aunque sabía que al otro nunca le molestó, el volver a ser productivo le sonaba bastante bien. Solo había una cosa que no le gustaba:
— Imagino que tendré que mudarme para acá. —agregó Remus, casi preguntando. Dumbledore entendió de inmediato que el más joven había aceptado la propuesta, pero también de que algo le preocupaba: Remus no quería separarse de Sirius.
Dumbledore sonrió.
—Eso sería lo más sensato pero, ¿preferirías vivir en otro sitio?
Remus tuvo a bien ruborizarse, el maldito Dumbledore siempre sabía demasiado. Pero apeló a su última oportunidad.
—Sabes— carraspeó, —yo vivo con Nymphadora y no sé si ella quiera quedarse sola…
—Puedo hacer una conexión de una chimenea con la habitación que se te designe aquí, podrás pasar y hablar con total seguridad, y tendrá una alarma que te avisara cuando se te necesite. —vio como Remus asintió contento, pero Albus agregó: —pero recuerda que solo sería con una chimenea, ¿prefieres que sea con Nymphadora o en Grimmauld Place?
Decir que Dumbledore no disfrutó de la vergüenza de su reincorporado profesor de Defensas seria mentir. Casi todos sabían que entre Sirius y Remus sucedía algo mucho más grande que una simple amistad, pero ninguno de los dos daba muestras de querer admitirlo. Y era realmente divertido el sonsacarle uno que otro rubor a sus muchachos de vez en cuando.
—Bueno— Remus carraspeó, intentando controlar su vergüenza, y prefirió cambiar de tema— ¿qué has sabido de la celebración de mañana?
—El ministerio tiene todo preparado, la prensa dice que será la más grande que han hecho hasta ahora.
Remus bufó, el Ministerio siempre decía lo mismo todos los años de esa maliciosa celebración. Estaba invitado, al igual que el director, los Weasly, Hermione, e intuía que Severus también. Todos los años los invitaban, como una forma de burlarse de ellos, pero por supuesto no asistían a esa asquerosa celebración.
—He estado pensando que quizás sea buena idea asistir en esta ocasión. —Había dicho Dumbledore, sacándolo de sus cavilaciones. Remus abrió bastante los ojos, pensando que quizás el director estaba demasiado viejo para pensar de forma correcta.
— ¿Para qué sería bueno ir a esa fiesta? — preguntó entrecerrando los ojos, quizás los caramelos de limón le estaban haciendo daño al hombre mayor.
—Información mi muchacho. —dijo sin inmutarse ante la suspicacia del otro— Algo está sucediendo que el ministerio debe de saber. ¿Y qué mejor momento que cuando la mayor parte de los representantes están ebrios? Todos sabemos que se ponen un poco salvajes en esa fiesta.
Remus bufó, conocía los detalles de aquella paganidad.
— ¿Quieres que le saquemos información al ministro?
—No, Shickman es muy listo, no se le puede acercar un desconocido tan fácilmente, y según mis fuentes, él no es de mucho beber. Seria con algún otro asistente, que pueda darnos información.
Remus asintió comprendiendo.
—Acerca de los terremotos, ¿sigues creyendo que tienen algo que ver?
El director asintió y se acomodó en la silla.
—Pero también de otras cosas, Shickman ha estado algo inquieto los últimos días, y uno de los informantes que aún tengo en el ministerio, además de Arthur, logró verlo por breves momentos hablando con un mago de dudoso carácter.
—Shickman se rodea de muchas personas de dudoso carácter.
—Así es, pero viendo las memorias de este informante, creo que es la misma persona que lograron ver en una de las casas quemadas de los opositores del ministerio.
— ¿Estás seguro?
—No del todo, no se ve bien, pero sus características físicas son algo inusuales, y es muy probable.
Remus volvió a asentir, comprendía los puntos del director.
— ¿Y quién irá? ¿O serán varios?
—Uno solo siempre es más discreto. Bueno, por razones de peso yo no podría, sería un plan fallido; Severus tampoco, aún no cuenta con popularidad en ningún grupo, apenas si pudimos librarlo de Azkaban, y aunque es un buen espía, todos saben que trabajó para mí desde hace mucho. Los Weasly…
—Ninguno de ellos pasaría inadvertido, y hasta quemaron la casa de Ron y Hermione.
El director asintió lentamente, recordando el día que le dieron esa noticia, sus estudiantes apenas si pudieron sacar a sus hijos de la casa
—En cuanto a Sirius…—continuó el director— bueno, digamos que el ministro lo haría vigilar en cuanto ponga un pie en la fiesta.
Remus comenzó a sospechar que quizás la oferta de trabajo era una segunda intención para hablarle de la fiesta cuando el director lo vio fijamente.
—Quedan más personas, profesores o miembros de la orden que aceptarían esta misión, pero todos tienen un contra. Quien más se ha mantenido en bajo perfil has sido tú. Además tampoco quiero enviar a alguien sin experiencia, uno nunca sabe lo que pueda suceder.
Remus estuvo de acuerdo con el director, si era con una misión no estaría tan mal ir a esa celebración, aunque le disgustaba el hecho de que tendría que fingir que lo estaba disfrutando.
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Martes 3 de noviembre 10:00 am. Zona Horaria de Escocia. Oficina del ministro de magia.
Mathews Shickman se pasó una mano por el pelo, acomodándolo. Se encontraba detrás de su escritorio en su oficina del ministerio, su asistente dándole la información que le había pedido sobre los preparativos de la celebración del día siguiente.
—Perfecto—dijo en cuanto ella terminó de hablar— puedes retirarte.
La joven le indico que le avisaría de cualquier imprevisto y salió rápidamente. Nunca le había dicho a nadie, pero se sentía sumamente incomoda cuando se encontraba a solas con su jefe. Necesitaba el trabajo, y la paga era realmente buena para su puesto, pero había algo en Shickman, quizás la forma en que la miraba, que lograba ponerle la piel de gallina. Sus compañeras le envidiaban pues siempre le decían que era una maravilla trabajar con un jefe atractivo y amable, y ella solo asentía.
A su vez el Ministro se quedó pensativo, al día siguiente, 4 de noviembre se celebraba en el mundo mágico el día de la Liberación de la Magia Oscura, que coincidía sospechosamente con el día que Potter había desaparecido del mundo mágico, en lugar de con la derrota del Señor Tenebroso, que ocurrió casi dos meses antes del 4 de noviembre. Pero el Ministro había sido muy hábil: "Estamos celebrando que nos libramos de dos males, no solo de uno", siempre argumentaba ante el cuestionamiento de haber escogido tal fecha, y el mundo mágico se lo celebraba.
Esperaba que a la canción le faltara poco para terminar de grabarse en el pergamino
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Martes 3 de noviembre 12:00 m. Zona Horaria de Rusia
Llevaba tiempo leyendo, había logrado ocultar medianamente el libro cuando su hijo se despertó pero había leído sin descansar, ya le dolía la vista. Principalmente sentía un ligero tirón en su ojo izquierdo.
—Te estas volviendo más fuerte— sintió que susurraban en su oído. Se giró, pero no había nadie. Hugo había bajado al baño común del edificio hacía pocos minutos y no había vuelto.
— ¿Quién es?
—Somos nosotras— sintió una voz en cada oído, no lograba verlas— es increíble lo mucho que has avanzado
—Ya podemos hablarte en tu mundo
—Aunque aún no nos podemos aparecer, pero es un gran avance. Por eso queremos pedirte algo.
Las niñas hicieron silencio, Harry incluso pensó que había vuelto a perder la habilidad para escucharlas.
—Necesitamos que vengas de nuevo aquí, al Yggdrasil. Hemos estado reteniendo a quien se ha estado robando la canción, pero ya casi la tiene completa.
— ¿La canción del fin del mundo? —preguntó Harry.
—Sí, —sintió a una hablar en su oído izquierdo— cuando esté completa en un pergamino, quien la posea podrá disponer del Ragnarok a su antojo, hemos estado retrasando el que se complete, pero ya le falta poco.
—Pero tenemos un plan, —continuó la otra a su derecha— cada vez que estas aquí, en el Yggdrasil, nosotras somos un poco más fuertes. Queremos que vengas y te quedes lo máximo que tu cuerpo pueda aguantar, así podremos intentar robar un trozo de la canción, de lo que falta por completarse.
—De esa forma no le servirá a quien la esté robando, la necesita completa. Por lo menos podríamos ganar tiempo ocultándola.
Harry lo pensó, ellas le pedían que tardara lo que su cuerpo pudiese aguantaar, pero Munin le había dicho que en aquel sitio su cuerpo no era resistente, por eso el pitido que aumentaba de intensidad y la presión que comenzaba a sentir después de un tiempo.
¿No sería algo peligroso?
—No solo eso—dijo una de ellas, como si pudiera leer su mente y adivinar lo que estaba pensando—El tiempo aquí es muy distinto a tu mundo, y tú no tienes el poder para controlarlo, todavía.
— ¿Qué quieres decir con eso? —cuestionó Harry.
—Que quizás sientas que pases minutos, y en tu mundo están pasando días.
—O semanas. Nosotras lo manejamos para que lo que duras con nosotras, y lo que pase en tu mundo sea casi lo mismo, pero tú vas a tener que forzarte a controlarlo estando solo.
—Todo dependerá de cuánto concentres tu poder.
Mierda, lo que ellas le estaban diciendo es que, o podría dañar su cuerpo estando allá, o podría despertar en días o meses, nada sonaba alentador de ninguna forma. Estaba aprendiendo rápido, y el hecho de que ellas pudieran comunicarse con él de esa forma era una señal de que estaba dejando salir la parte de Odín, o alcanzándola, o convirtiéndose en el dios, o lo que fuera, pero realmente no pensaba que fuera tan capaz. Sin embargo estaba el punto de que habría una forma de conseguir retrasar el Ragnarok, y en primera instancia eso fue lo que trajo a Hugin y Munin hacia él para despertar a su dueño. Odín era el encargado de proteger a los mundos del fin, y si él era Odín ¿Cómo podía negarse? No le quedaba más opción que arriesgarse y aceptar.
Hugo no volvía, decidió escribirle una nota explicándole rápidamente lo que iba a hacer y que no debía asustarse cuando lo encontrara tendido en la cama y no pudiera despertarlo. Se recostó boca arriba en el colchón, y tomó una profunda respiración. Recitó el verso que ya sabía, esta vez hubo algo diferente, el dolor en su ojo izquierdo se intensificó como nunca, y sintió que algo húmedo le llenaba el ojo y se escurría por un lado cayendo en su oreja y mojando la cama, no tuvo tiempo de darse cuenta que era sangre, porque la oscuridad le envolvió por completo.
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Hugin y Munin le habían mencionado que estaría solo, ellas se irían de inmediato para no perder el tiempo, ya que lo que intentarían era difícil, y no podían dejarlo en ese lugar—sea cual fuera ese lugar— por demasiado tiempo.
Se encontró a si mismo abriendo los ojos lentamente, el dolor en su ojo izquierdo seguía presente, pero no tan intenso como un segundo antes de caer desmayado. Se dio cuenta que estaba tirado en el suelo en intentó sentarse. Había una espesa niebla a su alrededor que no le dejaba ver nada, pero sabía por la vez anterior que había estado ahí, que podía llegar hasta el árbol que las niñas tanto le hablaban, el problema es que no sabía a donde dirigirse, no lograba ver nada a través de la niebla.
Pero se levantó y empezó a caminar sin rumbo, de alguna forma tendría que llegar. Se suponía que él era Odín, así que sin pensarlo mucho caminó hacia donde pensaba que podría estar.
Lo encontró, realmente no supo cómo lo encontró, pero por lo menos lo había logrado. Aunque estaba solo, junto a aquel árbol, por lo menos no se sentía tan perdido. No creía poder escalar hacia las ramas altas estando solo, pero lo intentó, y para mayor sorpresa se dio cuenta que era bastante mas fácil de lo que había supuesto, aunque la superficie del árbol se viera tan difícil.
Llegó hasta una rama que le pareció perfecta, no supo que más debía hacer.
Controlar el tiempo en aquel lugar, se dijo recordando las palabras de las niñas, si no quería volver en varios meses, debía controlar el tiempo que pasaba. Y eso verdaderamente le resultaba extraño, ¿significaba que el lugar donde estaba influía en su mundo? Por qué si desde ahí podía controlar… le iba a doler la cabeza de tanto que tenía que pensar. Así que mejor decidió en concentrarse en el tiempo, pero no sabía cómo tenía que hacer eso.
¿Qué tenía que pensar? ¿Debía pensar algo en específico? ¿Cómo se supone que se piensa en el tiempo? Quizás no había sido una buena idea después de todo, ahora no se estaba sintiendo tan seguro como antes. El lugar era muy silencioso, demasiado para su gusto, aunque por lo menos eso significaba que el silbido no estaba presente, y eso era buena señal.
Quizás el hacerlo no involucraba pensarlo tanto, talvez no era necesario que pensara en el tiempo, sino más bien que lo sintiera ¿sería eso? Debía aclarar esas cosas con las niñas, pero ellas tenían demasiada prisa y no le dejaron hacer demasiadas preguntas. Tomó una respiración profunda y decidió que iría por la segunda opción, Odín no necesitaría pensar en algo que él domina, era lógico, aunque esperaba no equivocarse.
Eso provocó en que no tuviese demasiado en que pensar, e invariablemente su mente comenzó a vagar demasiado. Normalmente no se permitía recordar su pasado, había muchas cosas dolorosas, muchas dudas en su mente, demasiadas cosas que le atormentaban, pero podía evitar recordar por su día a día. Evitaba recordar porque estaba ocupado con Hugo, o trabajando, durmiendo, o simplemente haciendo otra actividad que le impidiera recordar, pero en ese momento estaba sentado en una maldita rama de un árbol, ¡eso no ayudaba demasiado a no ponerse a divagar en sus recuerdos!
Primero pensó en Hugo, era siempre en lo primero que pensaba. No supo cómo, pero recordó a Iván, y no le gustaba recordarlo, le hacía sentir demasiado triste, incluso una lagrima intentó escapar sin darse cuenta.
—Piensa en otra cosa, piensa en otra cosa…
Entonces recordó a Severus… a veces lo hacía, de entre toda la gente que dejó atrás, a quien más recordaba era a Severus. Cada vez que comenzaba a recordar las personas de su pasado intentaba ignorar esos pensamientos, pero se daba cuenta que entre todos, quizás quien más. Le hacía falta era Snape. Por lo menos tenía la certeza de que no había sido el maestro de pociones quien le había traicionado, el no conocía a su hijo ni la casa donde estaban, quizás eso le hacía recordarlo más fácil, tenerle menos miedo. Aunque no estaba del todo seguro, había una pequeña posibilidad de que sí lo hubiese traicionado, pero eso no evitaba que le recordara demasiado, a veces, y le dolía admitirlo, creía que le recordaba con mucho más cariño de lo que hacía con Iván. Las veces que habían entrenado, sus charlas juntos, cuando Snape le había salvado e incluso, el pequeño beso que se dieron justo el día que tuvo que escapar… quizás ese recuerdo si lo hizo derramar una pequeña lagrima.
