Al día siguiente, nada más desayunar y después de que Derek dejara nuevas marcas en el cuerpo de su chico que reemplazaron las de la noche anterior, llegó el momento de ir a comprar el material necesario para empezar a acondicionar la habitación de su hija.
Lo hicieron con intención de acercarse a primera hora de la mañana para que no hubiera mucho jaleo y aprovechar el resto del día para montarlo todo… pero no fueron ni mucho menos los únicos a los que se les ocurrió esa idea. Lo tuvieron claro cuando, antes incluso de entrar en el gran almacén de bricolaje, se encontraron con un gigantesco atasco en el parking, que estaba a reventar.
Derek respiró hondo, intentando relajarse ante la mañana que se le avecinaba, pero la reacción de Stiles le ayudó bastante más que esa respiración profunda: le obligó a girar la cabeza con un par de dedos en su barbilla y así poder estar en su trayectoria, tras lo que le besó largo y tendido, incluso cuando tenían un par de coches detrás pitándoles para que se movieran de una vez.
El hombre lobo hizo oídos sordos a los pitidos e incluso insultos, disfrutando de los labios de Stiles, y cuando por fin se movieron el humano guiñó el ojo al conductor malhumorado al pasar por su lado.
- Lo siento, amigo –gritó para hacerse oír entre el caos de pitidos-. Es lo que tiene follar por la mañana. Que uno se levanta de mejor humor y sin ir tan acelerado.
Derek aguantó la carcajada al ver la cara del hombre con el que estaba hablando Stiles, y que ciertamente tenía aspecto de no haber hecho nada esa mañana, tras lo que aparcó en el hueco que acababan de dejar libre. Tenía razón cuando le dijo que ir de compras resultaba mucho más ameno cuando tenías a la persona adecuada a tu lado.
Efectivamente, el "incidente" del aparcamiento sólo sirvió para mejorar su humor, que prácticamente no le abandonó el tiempo que estuvieron en el negocio, buscando primero la madera adecuada para recubrir el suelo y paredes de la habitación de su hija, y después la cuna que más les convencía. Y al final la cosa no resultó ser tan complicada (ventajas de no estar acompañados de tanta gente dándoles su opinión) y fueron directamente a lo más práctico. Eso sí, la tarea se retrasó un poco más de lo esperado porque Derek no paraba de besar a Stiles cada dos por tres, sin importarle lo más mínimo el estar haciéndolo en un lugar público.
Pero no podía evitarlo. Se sentía otra vez como cuando acababan de empezar a salir y por fin podía hacer con Stiles lo que tanto tiempo llevaba deseando. Y si a eso se añadía el importante detalle de que estaban allí para comprar lo necesario para el dormitorio del bebé, que en siete meses ya estaría con ellos, tenía la sensación de que jamás había sido tan feliz.
Y eso lo notaba tanto él como el resto de gente que les rodeaba. Pero a diferencia de como había ocurrido en el pasado, cuando ni siquiera le gustaba el hecho de que la gente les viera intimar aunque fuera a base de simples abrazos; ahora no le importaba lo más mínimo. Todo lo contrario; le alegraba que fuera así.
Especialmente cuando a su lado tenía a un Stiles que siempre había sido de los de "nunca hay suficientes muestras de cariño en público", y que quedó más que claro cuando fueron a preguntar el precio de la tarima a una de las dependientas de la tienda y no osó soltar su mano el tiempo que estuvieron hablando con ella. Antes bien, no tuvo reparos en decirle que estaban allí porque querían remodelar la habitación de su futura hija, y que los dos estaban muy ilusionados con su próxima llegada al mundo.
En un principio Derek sintió el instinto de matar a Stiles por ser tan poco cuidadoso, pues no era plan de ir propagando a los cuatro vientos que estaba embarazado, pero enseguida se dio cuenta de que, como siempre, le estaba dando demasiadas vueltas a las cosas. Y que lo normal era que cuando un hombre decía que iba a tener una hija, nadie pensaba en fuerzas sobrenaturales un tanto entrometidas que decidían que el Alfa de los hombres lobo de Beacon Hills debía tener un hijo y que por eso habían hecho que su compañero humano, y hombre, se quedara embarazado…
Efectivamente, tras el comentario de Stiles la dependienta sonrió con absoluta adoración, dándoles la enhorabuena por su futura paternidad, dando por hecho que sería una mujer la que daría luz a su hija, y que ellos se encargarían de su cuidado a partir del nacimiento.
Y a partir de ahí todo fue mucho más relajado. Incluso cuando la muchacha se mostró especialmente cariñosa con los dos y, viendo que Derek no era tan fan de sonreír abiertamente a gente a la que acababa de conocer, a diferencia de Stiles, no tardó mucho en dirigirse casi exclusivamente al castaño cuando le preguntaba por el tipo de tarima habían pensado. Pero como cuando pasaba eso rápidamente se dirigía a Derek para saber su opinión, el hombre lobo no podía sentirse más satisfecho.
Hacía no mucho habría respondido a ese excesivo interés de la chica con celos y un claro instinto asesino para dejar claro que ese humano le pertenecía, pero no cuando ese interés, y que en este caso no respondía a nada malo, sólo servía para dejarle claro a ella y a cualquiera que les estuviera viendo que Stiles Stilinski no tenía ningún interés en nadie más salvo en el padre de su hija.
Así, la mañana de compras pasó con una rapidez asombrosa y menos de dos horas después de haber llegado a los grandes almacenes salían con un montón de cajas de madera de un tono blanco (hueso roto, le había corregido Stiles, pero Derek se negaba a usar esa definición), y una cuna cómoda, segura y práctica a la vez, que montarían ellos mismos al llegar a casa.
Y ahí fue justo donde comenzaron los problemas.
Porque a la hora de montar la tarima, siendo el mecanismo increíblemente sencillo, fue ponerse manos a la obra y en solo tres horas, con calma y aprovechando entre medias para comer algo que pidieron por teléfono (Derek una hamburguesa y Stiles una ensalada, por supuesto), ya tenían la habitación recubierta de un agradable tono blanco que le daba un aspecto totalmente nuevo.
Pero entonces llegó la hora de montar la cuna y todo se volvió un poco más complicado.
Sobre todo por el hecho de que Derek se negaba a seguir las indicaciones del montaje, arguyendo que no podía ser tan complicado, mientras que Stiles era de los de "no salga de casa sin su libro de instrucciones".
Los dos estaban sentados en el suelo, en el centro de la habitación, con las piezas de madera diseminadas a su alrededor.
- Pero por qué eres tan cabezota –le sermoneó el humano, tendiéndole el manual que Derek se negó a coger.
- No es ser cabezota. No necesito que nadie me diga cómo montar una cuna. No puede ser tan complicado.
- Derek, cielo. Te aseguro que no voy a pensar que eres menos hombre si decides seguir las instrucciones.
- No lo estaba pensando… Hasta ahora que lo has dicho, tú –añadió con ironía.
- Pero…
- Hay barrotes y un listón de madera donde encajarlos –Señaló con cierta rabia las piezas que tenían diseminadas por el suelo-. No necesito una maldita hoja para saber dónde va cada cosa.
- Muy bien, genio. ¿Y qué pasa con los tornillos? –Le tiró una bolsita de plástico donde había guardados una ingente cantidad de tornillos y tuercas.
Derek observó la bolsa con extrañeza, pero al ver que Stiles ya iba a sermonearle consiguió adelantarse.
- Iremos viendo dónde van a medida que la montemos.
- ¿En serio? ¡Esa es tu respuesta!
- Si fui capaz de remodelar el loft sin necesidad de instrucciones, me niego a hacerlo ahora con una maldita cuna.
- No digas "cuna" y "maldita" en la misma frase… -le regañó-. Y qué es lo que pasa. ¿Necesitas hacer algo con las manos para sentirte más Alfa? Eso puedes hacerlo después… conmigo.
El hombre lobo se mostró rápidamente interesado con esa idea, pero entonces lo pensó mejor y acabó mirándole con el ceño fruncido.
- No intentes distraerme con sexo.
Stiles abrió los ojos de par en par.
- Guau. Me siento terriblemente ofendido.
- Era la idea.
- Mira. –Stiles se puso de pie-. Antes de que esto vaya a más, hagamos una cosa: yo te dejo aquí montando la cuna como te dé la gana, para que así puedas ahogarte en tu hombría, y mientras yo y mis hormonas nos vamos abajo para ver desde el portátil la tienda de bebés online y seleccionar las cortinas y demás cosas para decorar el dormitorio… Dentro de una hora vuelvo y vemos quién de los dos tiene razón. ¿Te parece?
Derek meditó durante unos instantes la idea, tras lo que sujetó a Stiles de la muñeca para tirar levemente de él y que volviera a su lado.
- No hace falta que vayas abajo. Puedes hacerlo aquí mismo mientras monto la cuna.
- ¿Y no interferiré en tu testosterona? –preguntó, alzando una ceja tal y como Derek solía hacerlo para dejar claro que se estaba metiendo con él. Pero entonces el hombre lobo movió su propia ceja, recordándole que él era el experto en movimientos de cejas, ante lo que Stiles no tuvo más remedio que rendirse a la evidencia-. De acuerdo. Pero antes exijo que fijemos la apuesta y así pueda recibir mi recompensa cuando te demuestre que habría sido mucho mejor seguir las instrucciones.
La apuesta quedó fijada un minuto después: si Derek era incapaz de montar la cuna sin seguir el manual Stiles podría hincharse a patatas fritas, tras lo que Derek debería estar durante horas quitándole el ardor de estómago con sus poderes; y si al final lograba hacerlo por su cuenta Stiles tendría que ponerse el uniforme del trabajo… sólo para quitárselo muy lentamente y al ritmo de la música.
Una hora después la cuna ya estaba montada y un más que satisfecho Derek había demostrado que también era el macho Alfa en cuanto a bricolaje se refería... Y ya había recibido su recompensa en forma de sexy ayudante del sheriff.
Prueba de ello era el hecho de que todavía tenía a un tembloroso Stiles entre sus brazos, los dos tumbados en el sofá y recuperándose de la salvaje cabalgada que había realizado después de su striptease. Y aunque no había sido para nada un striptease provocativo, sexy y divertido a partes iguales (bueno, lo último sí que lo había sido y con creces), el simple hecho de ver la piel desnuda de Stiles había sido suficiente para que Derek le suplicara que se sentara encima suyo, que quería que le montara.
En ese sentido jamás pensó que acabaría sacándole tanto provecho al sofá que compró hace años, pensando que era todo lo que necesitaba para dormir.
Las cosas, definitivamente, habían cambiado mucho desde entonces.
Soltando un ronroneo que no se molestó en ocultar, el hombre lobo besó el hombro de Stiles al tiempo que acariciaba su torso desnudo, recorriendo las gotas de sudor que se habían formado tras el esfuerzo. Comenzó en el pecho, pellizcando de paso sus pezones todavía duros, y a continuación bajó por sus costillas y cintura hasta detenerse a la altura del vientre, donde colocó la mano completamente abierta.
- ¿Qué pasa? –preguntó Stiles cuando las caricias se interrumpieron. Generalmente eso significaba que Derek se había dormido o que estaba listo para una segunda ronda. Y si era lo último todavía no estaba recuperado.
- Se te nota la barriga.
Esa respuesta era la última que había esperado oír. Sorprendido, se sentó en condiciones en el sofá para poder examinar mejor su propio cuerpo.
- ¿En serio? –preguntó, observando con ojo crítico su vientre y acariciándolo-. No me había dado cuenta.
- Es muy poco. Apenas se nota.
- Nadie me ha dicho nada.
- Es que el resto no conoce tan bien tu cuerpo como yo.
Stiles le miró de reojo, lanzándole una mirada reprobatoria.
- Eso ha sonado muy pervertido.
- Y te encanta que sea así…
Stilinski rio de buena gana y llevó una mano a su estómago. Enseguida Derek pasó un brazo por su espalda para que Stiles pudiera apoyarse en él, ofreciéndole un poco más de calor, y colocó la otra mano sobre la suya, entrelazando sus dedos.
- Sé que ya han pasado meses… -susurró Stiles-, pero a veces todavía me cuesta creer que esté siendo real.
- No es algo muy común. Es normal que todavía te sorprendas, incluso cuando te está pasando a ti.
- Ya, pero que tu mejor amigo sea un hombre lobo tampoco es algo muy normal, y tanto Scott como yo tardamos menos de un minuto en hacernos a la idea.
- Eso es porque en el caso de Scott convertirse en un hombre lobo era lo mejor que podía haberle pasado.
Stiles le dio un codazo en las costillas. Un gesto cariñoso entre ellos, pese a que lo hizo con bastante fuerza.
- ¿Por qué sigues metiéndote con él? -se quejó, con un toque de humor-. Va a ser el padrino de nuestra hija. ¿Qué pasará cuando ella crezca y me pregunte por qué su padre se mete tanto con su padrino?
- Créeme, no tardará mucho en encontrar ella misma la respuesta…
- Mira que eres malo –negó, fingiendo estar ofendido-. Tienes suerte de estar tan bueno, porque si no sólo serías un hombre lobo muy borde y con tendencia a poner su vida en peligro.
- ¿De qué me sonará eso? –ironizó.
- Y hablando de Scott...
La nueva mención de Scott, y sobre todo el tono en que dijo su nombre, dejando entrever que era mucho lo que tenía que decir, hizo que Derek mirara con más atención a Stiles.
- No sabía que siguiéramos hablando de Scott –dijo con tono precavido.
- Me ha dado algunos nombres…
El Alfa se llevó una mano a los ojos, tapándoselos durante unos instantes.
- Esto va de mal en peor…
- ¡No son malos! –Se puso de rodillas en el sofá para apartarle la mano y mirarle a los ojos-. ¡De verdad! Yo mismo me sorprendí… -Al darse cuenta de que en esa postura no estaba consiguiendo que Derek se centrara en el tema, sino todo lo contrario, se bajó del sofá para quedarse de pie frente a él-. ¿Quieres oírlos o no?
- Perdona, no sabía que necesitaras mi permiso para seguir hablando –dijo con evidente sarcasmo. Pero entonces Stiles fue a por los pantalones que había acabado por el suelo en pleno intento de baile sexy- ¿Qué haces? –Abrió los ojos como platos al ver que sacaba una hoja del bolsillo trasero-. ¡Te ha dado una lista!
- No seas quejita. Y es corta, no te preocupes. –Le entregó el papel, que le dejo leer con calma durante unos segundos-. ¿Y bien? ¿Hay alguno que te guste?
Derek volvió a leer la decena de nombres femeninos que había apuntados en la lista, sin estar muy seguro de si le gustaban o no… Salvo los que eran de sus mejores amigas, por supuesto, y que se negaba a que también fueran el nombre de su hija.
¿Es que no podía tener un poquito más de imaginación?
- La verdad es que prefería esperar a que naciera para ponerle nombre -explicó el hombre lobo-. Creo que, cuando la veamos, nos resultará más fácil decidir qué nombre le viene bien.
Stiles dejó claro que no estaba de acuerdo con esa idea, haciendo un aspaviento con ambos brazos.
- ¡Sabes que eso es algo increíblemente peligroso! ¿Y qué pasa si ese día se te ha pegado una canción de Beyonce y quieres ponerle ese nombre?
- ¿Qué hay de malo en Beyonce? –preguntó, mortalmente serio, y se echó a reír cuando Stiles le miró con cara de pánico-. Y dudo mucho que se me pegue una canción suya…
- ¿Te recuerdo otra vez que te gusta tararear mientras te duchas? -le interrumpió con tono recriminatorio-. Y tal vez no tenga tan buen oído como tú, pero definitivamente no estoy sordo.
- ¿Por qué no volvemos a lo importante? –cambió rápidamente de tema, tirando del brazo de Stiles para que volviera a sentarse y pudieran ver la lista juntos- Lyla no me disgusta.
- ¿Y qué tal Talía?
Derek miró extrañado a Stiles.
- No está en la lista.
- No. Pero pensé que te gustaría. Ya sabes. Por ser el nombre de tu madre.
- No había pensado en ello –admitió-. Pero no creo que sea buena idea ponerle el nombre de su abuela. Es como si necesitara tener el nombre de otra persona para crear su propia identidad –explicó-. Como si ella no fuera importante por sí misma.
- Yo me llamo como mi abuelo materno.
La confesión hizo que Derek se olvidara rápidamente del posible nombre de su hija. Esto le interesaba más.
- Pensé que Stiles era el apodo del padre de tu padre.
- Si… Pero mi verdadero nombre es el del padre de mi madre. Me puse el apodo de mi otro abuelo porque el otro nombre era una crueldad hecha palabra.
- ¿Y por qué no decidieron llamarte simplemente Elías? Ese era el nombre de tu abuelo paterno, ¿no?
- Sí –admitió con desgana-. Pero él era… es, una mala persona. No se merece que su nombre perdure.
Derek quedó más confuso incluso que al principio.
- No lo entiendo. ¿Entonces por qué llevas su apodo?
Stiles soltó un hondo suspiro antes de responder y Derek tuvo la sensación de que no era la primera vez que se encontraba en esa situación, debiendo justificar el motivo por el que se llamaba a sí mismo Stiles.
- Primero, porque es un apodo que me gusta y va perfecto con mi apellido –sonrió-. Tienes que reconocer que es pegadizo –Esperó a que Derek le diera la razón con un asentimiento, pero entonces su sonrisa se desvaneció un poco-. Y segundo: tal vez Elías fuera una mala persona, pero gracias a él mi padre está en este mundo. –Se mojó los labios, dudando sobre cómo hacerse entender-. Durante mucho tiempo, cuando mi padre tuvo problemas con el alcohol a raíz de la muerte de mi madre, sé que pensaba que parte de la culpa era porque era el hijo de un alcohólico. Y sé que llegó a odiar tanto el estar siguiendo los pasos de alguien tan cruel, que incluso llegó a arrepentirse de haber nacido… -Se encogió entonces de hombros-. No sé. Pensé que si me ponía el apodo que usaba mi abuelo, confiaba en que mi padre se alegraría de estar aquí… porque si no fuera por él, yo tampoco estaría en este mundo. –Su relato se vio interrumpido al darse cuenta del modo tan intenso en que Derek le estaba mirando-. ¿Qué pasa?
En vez de responder, Derek le besó dulcemente en los labios.
- Después de tanto tiempo –susurró al terminar el beso-, me sigues sorprendiendo.
- Para bien, supongo.
La amplia sonrisa del hombre lobo contagió a su compañero humano.
- Definitivamente.
