Los personajes de Candy Candy no me pertenecen son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi.

Todo Por Ti

By Rossy Castaneda

Epílogo

La noche tan esperada por Terry y la mas temida por Candy llegó.

La charla con la Tia abuela no le había ayudado en nada, sino todo lo contrario la había dejado peor que al principio.

La remilgada mujer le había dicho que el acto sexual entre una pareja era parte de las responsabilidades maritales de las mujeres y que era el momento mas vergonzoso para toda mujer. Eleonor en cambio, luego de entregarle su regalo de bodas, le dijo que la noche de bodas era el momento más especial para una mujer casada, siempre y cuando el amor estuviera de por medio. Algo con lo que Candy estaba de acuerdo. Pero a pesar de ello, Candy estaba aterrada. Había escuchado que la primera vez era dolorosa y que nada de lo que la contra parte hiciera, podría evitar que lo fuera.

Con ella en brazos para no romper aquella costumbre, Terry ingresó a la casa del bosque y siguió el camino de pétalos de rosas esparcidos en el suelo hasta llegar a la habitación que había sido preparada para ellos.

Con los nervios a flor de piel, Candy ingresó al cuarto de baño para cambiarse por algo mas cómodo. Abrió los ojos ampliamente tras abrir el regalo que su ahora suegra le entregó y le dijo que lo usara cuando Terry y ella estuvieran en la habitación de la casa del bosque que había sido preparada para ellos.

¿Que era aquello? —se preguntó mientras lo observaba detenidamente —era una especie de corset pero tenía broches en la parte de abajo. Tenia además adherido unos ligueros.

—¿Todo bien Candy o necesitas de mi ayuda? —preguntó un impaciente Terry por su tardanza —llevaba mas de quince minutos dentro del cuarto de baño y no daba muestras de querer salir de aquel lugar.

—Si, si —respondió ella sonrojada completamente mientras contemplaba su reflejo en el espejo —tomó una bocanada de aire y se infundió valor —vamos Candy, se trata de Terry y no de cualquiera —se animó —no tienes razón para sentir vergüenza, él es tu esposo ahora... Por Dios! Tenía miles de razones para sentirse avergonzada, estaba literalmente desnuda, con aquella diminuta prenda que apenas le cubría su tesorito mas oculto. —Aush! —se quejó de repente —la parte de atrás de aquella pequeñez, se le había metido entre sus nalgas. —No, no podré hacerlo —dijo removiéndolo —es demasiado pequeño.

Estaba por quitárselo cuando la puerta del cuarto de baño se abrió.

Los ojos de Terry la recorrieron de pies a cabeza. ¡Por Dios! —Ni Diana la diosa Griega poseía tanta belleza y sensualidad.

Candy cruzó las piernas y con sus pequeñas manos trató de cubrirse.

Terry sonrió, pues para lograr aquello, necesitaba mas que dos manos.

—¿Que haces Candy? —Le preguntó él entre divertido y excitado al ver como ella luchaba por cubrir su blanca piel expuesta.

—Creo que tu madre se ha equivocado de talla y me ha comprado esto tan pequeño que apenas y me cubre —dijo la rubia con sus mejillas enrojecidas completamente cual granada.

Terry aguantó las ganas de reír, pues en realidad fue él con la ayuda de Karen quien compró aquel modelito y le pidió de favor a su madre que se lo entregara como regalo de bodas, le dio además instrucciones precisas para que ella lo usara esa noche.

—Te queda hermoso —le dijo él tomando sus manos con suavidad.

Escuchar que era de su agrado, provocó que Candy recuperara la confianza en si misma que había perdido segundos atrás.

—¿No te parece que es demasiado atrevido?.

—No —respondió él devorándola con la mirada.

Hasta ese momento, Candy se dio cuenta que Terry solo vestía sus calzoncillos y pudo ver algo grande que se marcaba entre la tela de este. Tragó saliva de imaginar que en unos minutos estaría dentro de ella y se sonrojó ante sus pensamientos.

—Ven aquí —le dijo él tomándola de la mano nuevamente.

—¡Aush! —se quejó la rubia —aquella maldita prenda se había metido entre sus nalgas.

Terry apretó los labios para no reír, realmente el modelito era demasiado pequeño para ella. ¿Pero como demonios iba a saber él que ella escondía todas aquellas curvas bajo aquellos vestidos? Incluso vestido como Sebastian, jamas advirtió semejante proporción de curvas.

—¿Quieres que te ayude a quitártelo? —preguntó él con una pícara sonrisa.

—Si por favor —respondió Candy —es decir no —se corrigió sonrojada hasta la raíz del cabello.

Esta vez, Terry no pudo ocultar sus carcajadas.

—Apaga la luz —le pidió Candy tras ingresar a la cama y cubrirse hasta el cuello.

—No —respondió él —quiero conocer cada rincón de tu cuerpo y grabarlo en mi memoria.

—Pero... —comenzó ella a protestar

Terry se sentó a un costado de la amplia cama.

—Candy, sé que esto es nuevo para ti, pero yo no soy un extraño, soy tu esposo y como tal deseo conocer tu cuerpo y contar si es necesario cada una de tus pecas, para asegurarme que no te falta ninguna —bromeó él haciéndola reír.

—Ven —Terry extendió su mano la cual, ella aceptó un poco mas relajada —si tan incomoda es esa prenda, puedes quitártela a mi no me molestará que lo hagas —sonrió de lado —claro, siempre y cuando lo hagas frente a mi.

—Terry —Candy rió por las palabras dichas por él —eres un sin vergüenza.

—No —respondió él —solo soy un esposo ansioso por conocer a su mujer en todos los aspectos —le guiñó un ojo —si me lo permites, puedo ayudarte —dijo poniendo manos a la obra sintiéndose satisfecho que ella se lo permitiera.

Mientras la desvestía, Terry la miró a los ojos.

—Confía en mi Candy, solo déjate llevar y disfruta.

Incapaz de pronunciar una sola palabra Candy sintiendo la garganta seca atinó a asentir.

Las manos de Terry rozaron la piel de sus hombros y poco a poco inclinó su cabeza y besó su cuello, provocando que la rubia se estremeciera ante las sensaciones que despertaron en sus entrañas y le hicieron arquear su espalda pegando la parte baja de su cuerpo a la de él. Sexos contra sexo. Candy emitió un gemido cuando la cálida lengua de él bajó desde su cuello hasta el nacimiento de sus senos.

Terry se detuvo y alzó el rostro para mirarla, pero ella con sus ojos cerrados y su boca entre abierta, disfrutaba de sus caricias. Antes de bajar a su senos que reclamaban su atención, Terry optó por devorar sus labios en un beso arrollador, posesivo y demandante.

Rodeó su cuerpo y la atrajo mas a él.

Al sentir la dureza de su entre pierna, Candy abrió su boca y dejó escapar un gemido, Terry, exploró con su lengua el interior de la boca de ella, su excitación creció aun mas y apretó sus nalgas.

Candy dio un pequeño respingo ante la sorpresa de ser tocada de aquella manera, pero se relajó al recordar las palabras de él "confia en mi y déjate llevar" —Con aquel pensamiento, Candy cerró sus ojos y se dejó llevar. Estaba con Terry, con el hombre que amaba y quien mejor que él para guiarla en aquel camino desconocido para ella, hasta el momento.

Al sentir sus músculos relajados, Terry se separó de sus labios y ahora si, fue por aquellos blancos y elevados montes que reclamaban su atención.

Candy, se estremeció al sentir la lengua de él alrededor de sus erectos pezones.

Mientras degustaba uno de sus blancos senos, Terry estimulaba con su mano libre el otro provocando que la rubia gimiera de manera desbocada, haciendo que la entrepierna de él se hinchara un poco y creciera unos centímetros más.

De manera osada, Terry se aventuró a bajar una de sus manos y dejó escapar un ronco gemido al sentir lo húmeda que Candy estaba. Jugueteó con su dedo en la parte mas sensible de ella.

Candy se retorcía de placer, sintiendo de pronto que estaba a punto de explotar en mil pedazos y así sucedió. El climax fue tan intenso que no pudo controlar las sacudidas de su cuerpo.

Terry la alzó en brazos y la recostó en la amplia cama que habían abandonado minutos atrás.

Mientras el cuerpo de Candy se convulsionaba por la intensidad del orgasmo, en un rápido movimiento, Terry se deshizo de su calzoncillo, separó con delicadeza las piernas de Candy las cuales ella mantenía unidas por las oleadas de placer que aun estaban haciendo destrozos en ella. Tras posicionarse, Terry comenzó a introducirse lentamente en ella, deteniéndose al sentir la barrera de su virginidad impidiéndole entrar por completo. Tomó una bocanada de aire antes de echar su cadera hacia atrás y de una envestida ingresó por completo en ella.

Con sus labios y un arrollador beso, Terry acalló el grito de dolor que salió de la garganta femenina. Sirviéndole a Candy como una anestesia a la punzada de dolor que sintió cuando él rompió la capa de su virginidad.

Después de unos segundos en donde Terry le susurró cuanto la amaba, ambos cuerpos comenzaron a danzar, primero en un ritmo lento y conforme el cuerpo de ella se adaptaba al de él fue aumentando el ritmo hasta que sus movimientos fueron deliciosamente violentos hasta que ambos alcanzaron el climax de manera arrolladora, en donde Terry derramó dentro de ella, hasta la última gota de su simiente.

Permanecieron unidos por unos segundos, hasta que finalmente Terry se removió y se recostó a su lado. Candy experimentó un vacío cuando él salió de ella

—Terry —dijo acomodando su cabeza sobre su pecho desnudo —¿siempre será así?

Comprendiendo su pregunta, él le respondió:

—No, de ahora en adelante ya no habrá mas dolor solo el mas exquisito de los placeres —besó la coronilla de su cabeza —Te Amo Candy eres lo mejor de mi vida —acarició su rostro —descansa —inclinó su cabeza y besó sus labios.

Siete meses después...

Terry sonrió al leer el contenido en el sobre proveniente de Chicago. Era de esperarse después de la manera como los ojos de su amigo, cuñado, suegro o lo que fuera que Albert era para él, brillaron la noche que el ramo de Candy cayó en las manos de la doctora Kelly.

Aun no puedo creer que cupido haya hecho de las suyas —decía Candy entre risillas mientras acariciaba su abultado vientre.

—Y mas vale que se den prisa —Terry rió al recordar a Albert saliendo a hurtadillas de la habitación de la doctora, cuanto esta se hospedó en la Mansión Ardley durante la fiesta de compromiso de Stair y Patty y Archie y Annie.

—Tu crees que...

—No lo creo, estoy seguro —Terry se carcajeó.

—¿No crees que ya han estado demasiado tiempo afuera?

—No .

—Es increíble como las dos terminaron perdiendo la razón por un hombre.

—¡Uf! No las culpo —rió —no se trata de cualquier hombre, estamos hablando del mejor actor de todos los tiempos —suspiró Terrence Graham.

—Bueno en eso si tienes razón.

Ambas enfermeras detuvieron su charla al ver como Scarlet Robinson y Susana Marlowe pacientes de una clínica para enfermos mentales, peleaban por el afiche donde aparecía Terrence Graham junto a Karen Klaiss.

—¿Ya terminaste de limpiar los baños?

—Si

—Si, ¿que?

—Si mi señora

—Así me gusta, nada es gratis en este lugar y si quieres obtenerlo debes esmerarte.

De quien fuera la altanera Elisa Leagan no quedaba nada, ahora era una piltrafa humana.

En su maldita vida había pensado terminar así, miró sus manos y estas estaban cargadas de tierra —Niel deseaba llamar a su madre para que lo salvara de aquella situación, como solía hacerlo cuando era una persona libre.

—A ver a ver muchachito, deja de comportarte como una señorita preocupada por sus delicadas manos y sigue trabajando. Ahora que si lo deseas, puedes ser el juguete en turno de los demás reclusos.

Como si le hubieran dicho que estaba en libertad, Niel dio un salto y comenzó a labrar la tierra con prontitud. Ni loco terminaría como el amante de aquellos degenerados, prefería mejor seguir trabajando largas jornadas bajo el inclemente sol como un vulgar jornalero.

Dos meses después...

Luego de la boda de Albert y la doctora Kelly, los esposos Grantchester regresaron a New York. Terry a sabiendas que Candy estaba a pocos días de dar a luz, pidió unas semanas de vacaciones, no se perdonaría nunca el no estar con ella el día que sus hijos nacieran.

—¿Te sientes bien Pecosa? —preguntó él al ver que ella hizo una mueca de dolor.

—Si —respondió ella —creo que el viaje a Chicago de hace una semana me está pasando factura.

—No debimos ir, fue una imprudencia de nuestra parte hacerlo.

—Tal vez —respondió ella haciendo otra mueca de dolor —pero debíamos ir, se trataba de la boda de Albert y la doctora Kelly, no podíamos hacerles la grosería de no asistir —Aush! Se quejó —el dolor era mas intenso —Terry ya es hora —dijo ella con tranquilidad como si de decir la hora se trataba.

Alzándola en brazos, Terry la introdujo a su auto y manejo de manera presurosa al hospital mas cercano a su casa.

Tras ingresar y gritar por ayuda, dos enfermeras salieron a auxiliarlos.

Las horas dentro del habitación de labor de parto, fueron las mas angustiosas para Terry. El rostro de Candy se encontraba aperlado por las gotas de sudor que escurrían por su rostro mientras pujaba para traer a sus hijos al mundo en tanto él sostenía una d sus manos y pujaba cada vez que ella lo hacía.

Después de agotadoras horas de labor de parto, Candy finalmente trajo al mundo a dos preciosos niños a quienes nombró Terrence y Richard Grantchester quienes serían la debilidad no sólo de los padres sino de sus abuelos y de todos en la familia Ardley junto al pequeño William Ardley hijo de Albert y Kelly quien nació meses mas tarde y luego llegaron Ambar y Berenice Cornwall, hijas de Annie y Patty quienes fueron desposadas por Stair y Archie y se convirtieron en las mejores amigas de la pequeña Emily Grantchester.

Fin.