Capitulo quince

Edward POV

La mañana siguiente de dejar a Bella, cogí un avión rumbo a Los Ángeles, tenía que hablar con Kate e intentar solucionar todo cuanto antes. En cuanto puse un pie en el aeropuerto los periodistas allí presentes se me lanzaron al cuello a preguntarme sobre las fotos de Bella y también sobre Tanya… como no. Al oír el nombre de Bella se me hizo un nudo en la garganta… no podía quitar de mi mente la imagen que dejé en su departamento antes de dar media vuelta y marcharme, las lágrimas y el dolor en su mirada estaban grabados en mi memoria. Me rompió en dos tener que hacerle eso, pero era necesario… aunque ahora creo que si hubiese actuado de otro modo las cosas habrían sido diferentes, no es que me arrepienta de lo que he hecho…

Ok, si me arrepiento, pero solo por haberle hecho daño a ella, ella no merece llorar por nadie, y mucho menos llorar por mí. Pagaré con sangre cada una de sus lágrimas, de eso estoy completamente seguro. Ni Alice ni mi madre olvidarán esto tan fácilmente, eso sin mencionar lo que hará mi dulce Bella… la conocía muy poco, pero ya había tenido alguna evidencia de su fuerte carácter y había descubierto que cuando dejaba salir sus uñas era mejor estar un poco lejos.

Cuando llegué a la oficina de Kate iba con el corazón en un puño, ya había hablado con ella desde Forks y le había explicado como estaba exactamente la situación sobre el chantaje de Tanya… porque sí, eso era un chantaje con todas sus letras, uno que me estaba sentenciando a una muerte lenta y dolorosa. Entré en su oficina sin si quiera llamar a la puerta, pero era más grande mi necesidad de acabar con eso cuanto antes y poder aclarar todo con Bella, que mis buenos modales de caballero. Kate se sobresaltó por mi entrada tan repentina pero en seguida me regaló una débil sonrisa.

– Edward, el asunto es complicado, no te lo voy a negar –dijo en un murmullo.

Quería a Kate como si fuese mi segunda madre, en cierto modo actuaba como tal cuando estaba fuera de casa, sé que ella sentía por mi también como si fuese su hijo, confiaba en ella plenamente, y también sabía que siempre evitaría hacerme daño.

– ¿Se te ha ocurrido algo? –pregunté con un hilo de voz.

– Sí… aunque no sé si estarás de acuerdo –se detuvo a mirarme, pero yo le hice un gesto para que continuase hablando–. Necesitamos la ayuda de la chiquita esa que salía contigo en las fotos.

Me encogí de dolor al recordar de nuevo el estado en que dejé a Bella la última vez que la vi.

Olvídalo –dije con voz ahogada–, Bella está fuera de todo esto.

Kate entrecerró los ojos y me miró especulativamente durante unos segundos, en realidad me parecieron minutos porque su mirada era tan intensa que me intimidó.

– ¡Oh dios! ¿Te has enamorado de ella? –preguntó llevándose las manos a su boca.

Mis mejillas se colorearon por inercia y bajé la mirada… ¿qué más daba si me había enamorado? Ya nada importaba, la había dejado atrás y encima y le había hecho daño… la única posibilidad que tuve de ser feliz con ella me encargué de echarla por tierra yo solito.

– Eso no es relevante –murmuré intentado desviar el tema.

– ¿Cómo que no es relevante? Edward, eso es lo más importante… ¿Ella también está enamorada? Es una chica preciosa… ¿cómo has dicho que se llama? –habló tan rápido que me recordó a Alice… Alice… Alice era la mejor amiga de Bella… ¿Porqué todos mis pensamientos derivaban en ella?

– Se llama Bella y dudo que ella esté enamorada de mí –la última parte la dije tan bajo que casi ni yo mismo pude oírme.

– ¿Qué has hecho? –preguntó con voz dura… acusándome.

– ¿Por qué tendría hacer algo? –pregunté mirándola con los ojos muy abiertos.

– Te conozco Edward… no tendrías esa mirada de culpabilidad si no hubiese hecho algo o te sintieses culpable por algo, y aunque solo te sintieses culpable sería porque habías hecho algo con anterioridad. Te conozco como si te hubiese parido, casi tanto como tu madre. Así que… no intentes engañarme ¿qué le has hecho a esa pobre chica para que traigas esa cara?

Suspiré… ¿por qué esta pequeña mujer sentada frente a mí tenía que ser tan perceptiva?

– Bella es… diferente –se me escapó una sonrisa al recordar el modo en que la conocí y el viaje que compartimos–, ella no quiere saber nada de este mundo. Cuando salieron las fotos me asusté, pero cuando Tanya me llamó y me dijo lo que planeaba hacer… me aterré… Bella no se merecía que la metiesen en esto, ella es la persona que menos lo merece.

Me detuve y miré a Kate… me miraba con los ojos entrecerrados y la barbilla apoyada en una de sus manos… tenía una ligera sonrisa dibujada en sus labios que se borró en cuanto asumió el significado de mis palabras…

– No puedes estar hablando en serio –murmuró– Edward… ¿la has dejado?

¿Tenía un cartel en la frente? Asentí…

– Al menos le habrás dicho lo que estaba pasando… ¿cierto? –preguntó.

Desvié la mirada y negué con la cabeza. Kate se quedó en silencio, solo podía ver sus manos temblando ligeramente y cerradas en puños sobre la mesa. No me atrevía levantar la mirada porque sabía que moriría del susto en cuanto la viese taladrarme con esos ojos azules tan electrizantes.

– Ya estás tardando en llamarla y explicarle todo –dijo conteniendo la voz mientras me extendía el auricular del teléfono.

– No quiere hablar conmigo –musité.

– ¡Y no me extraña! –Exclamó con voz mordaz colgando el teléfono de l un golpe–. Eres un estúpido Edward… ¿cómo se te ha ocurrido dejarla?

– Mi padre me lo recomendó… Bella es amiga de la familia desde hace años y nadie quería que sufriese –expliqué.

– ¿Es que la familia Cullen tiene mutado el gen de la estupidez?–gritó– Negaré esta conversación si le cuentas a Carlisle lo que he dicho sobre su familia –susurró alzando una ceja en mi dirección.

Intenté reír ante su comentario, pero no pude. Lo mejor sería cambiar de tema, este estaba hurgando en la herida y no creía aguantar mucho más antes de que mis ojos comenzasen a inundarse de nuevo.

– ¿Se te ocurre otra cosa que podamos hacer sin contar con su ayuda? –pregunté esperanzado.

Kate me miró y asintió levemente.

– No te gustará nada y a tu amiga… ¿Bella? Menos todavía… –susurró– lo difícil será lo del bebé, hasta que nazca no se le podrán hacer las pruebas de paternidad.

– Lo sé –murmuré– ¿pero que es lo otro?

Me lo explicó y yo palidecí ante sus palabras ¿se había vuelto loca?

– Kate… no puedo hacer eso –dije nervioso mirando a todos lados y pasando la mano por mi desordenado cabello– y menos puedo hacérselo a Bella. Si ya me odia ahora mismo haciendo eso será peor.

– Si le hubieses explicado todo en su momento sabría que solo estarás actuando y no se enojaría –dijo con ironía.

Bufé…

– ¡Ya es tarde para eso! La he perdido y lo asumo… pero no quiero que se aleje también de mi familia por mi culpa, es la mejor amiga de Alice.

– Es lo único que se me ocurre Edward… –dijo Kate ahora con voz dulce–, he pasado la noche en vela intentando encontrar una solución y es a la única que he llegado, a parte de la otra a la que no tenemos opción por culpa de tu estupidez de dejar a la chica de la que te has enamorado.

Suspiré derrotado y me puse en pie, deambulé por la oficina de Kate sin un rumbo concreto. Sólo daba vueltas y más vueltas, puede que esa fuese la única solución, pero si Bella sentía por mí la mitad de lo que yo sentía por ella eso la mataría. No podría soportar volver a mirarla a la cara, y también echaría por tierra cualquier posibilidad de que me perdonase algún día.

Pero tenía que hacerlo… por ella. Ya había decidido el día anterior que antepondría mi felicidad a la suya, y seguiría manteniéndolo. Tenía que aceptar el plan de Kate. Me paré frente a la mesa y apoyé mis manos en ella inclinándome levemente hacia delante.

– Está bien… prepáralo todo –musité.

Dejé car pesadamente mi cabeza hacia delante y quedó oculta entre mis hombros. Kate acarició mi pelo y me besó en la coronilla. Me gustaba ese lado maternal de ella, me ayudaba a no echar tanto de menos a Esme… pero esta vez también me recordó a Bella, al modo en que enredaba sus dedos en mi pelo cuando hacíamos el amor. Se me escapó una sonrisa estúpida cuando recordé esos momentos, y un pensamiento fugaz cruzó por mi mente. Que diferente habrían sido las cosas si la embarazada fuese ella en lugar de Tanya… aunque ese bebé no fuese mío sería una parte de ella y lo adoraría como tal.

Alejé mis estúpidos pensamientos… los "¿Y si…?" no me llevarían a ningún lugar, es más… solo me harían daño. Me despedí de Kate con un beso y un abrazo y fui rumbo a mi apartamento en Los Ángeles, no lo usaba mucho, pero era bueno tener algo mío en lo que quedarme y no vivir solamente de hotel en hotel. En cuanto llegué a casa me di una larga ducha y me tiré a dormir, estaba tan agotado psicológicamente que no era capaz de hilar dos pensamientos coherentes.

A la mañana siguiente me desperté bastante temprano, me sentí realmente patético cando busqué en cuerpo de Bella a mi lado, pero al otro lado de la cama solo había sábanas frías. Unas estúpidas lágrimas volvieron a escaparse cuando comprendí que quizás nunca volvería a dormir con ella, no tener sexo, solo dormir, compartir mi calor con el suyo, apretar su cuerpo con fuerza contra el mío. Lo había estropeado, bien, lo asumo… pero quizás… si la llamaba y le explicaba todo… ¿podría perdonarme? Podría incluso pedirle a Alice y a Emmett que intercedieran por mí ante ella, estaban enfados conmigo, pero Alice haría cualquier cosa por Bella y Emmett… a él sabía cómo convencerlo.

Di un salto de mi cama y busqué frenéticamente el teléfono móvil dentro del bolsillo del pantalón. Me costó tres intentos conseguir sacarlo del aquella pequeña cárcel de tela en la que había decidido recluirse, aunque creo que mis dedos temblorosos no ayudaban mucho. Marqué el número del móvil de Bella de memoria, no necesité buscarlo en la memoria del teléfono porque esas nueve cifras se grabaron a fuego en mi mente.

"El teléfono al que llama no se encuentra disponible en este momento"

La grabación impersonal de su buzón de voz me sacó de mis casillas y casi tiro el móvil contra la pared haciéndolo trizas. Marqué el número de su apartamento. Era domingo, Bella era muy perezosa y seguro que estaría en su sofá viendo la televisión envuelta en una manta y todavía con su pijama. Sonreí ante esa imagen… sería maravilloso poder compartir con ella todos los domingos de su vida. El teléfono de su apartamento sonaba y sonaba pero nadie contestaba, ni siquiera su contestador, eso era muy mala señal. Colgué y marqué el numero de Emmett, le pediría que se pasase por allí para saber cómo estaba, aunque Rose estuviese cuidando de ella, me sentiría más tranquilo y si era Emmett el que me mantenía al tanto.

– Hola Edward –su voz sonó somnolienta.

– Emmett ¿cómo está Bella? La estoy llamando a su apartamento y no me contesta – no me anduve con rodeos… necesitaba esa información para poder seguir respirando.

Solo hubo silencio al otro lado de la línea… me pareció oír unos sollozos apagados de fondo pero no podría asegurarlo.

– ¿Emmett? –lo llamé al no obtener respuesta.

– Edward… verás… –vaciló– el día que hablaste con ella, echó a Rose de su casa, estaba muy enfadada y se sintió traicionada por ella por dejarte ir a dejarla sabiendo lo que ibas a hacer.

Contuve el aliento ante lo que dijo… Bella quería estar sola, era muy lógico, y totalmente predecible tratándose de ella, no querría que nadie se preocupase por ella.

– La dejamos sola esa noche pensando que era lo que necesitaba. También parte del día siguiente. Rose y Alice la llamaron durante horas pero no contestaba al teléfono, así que estaba preocupado y al caer la noche fui a hablar con ella.

Se detuvo de nuevo, era como si estuviese dejándole tiempo a mis neuronas adormiladas a procesar sus palabras. O quizás le estaba dando tiempo a las suyas para poder decirme las siguientes…

– Continua –le pedí en un murmullo.

– Cuando llegué allí estaba despidiéndose del tipo que la molestaba en la fiesta y metiéndose en un coche rojo –no entendía nada… estaba confuso, podía suponer quién era el tipo, Jake, pero su Chevy no sería nombrado como "coche" por Emmett.

Suspiré… pero de repente una palabra resaltó de las demás "despidiéndose"

– ¿Dónde está Bella? –pregunté atropelladamente.

– Se ha ido…

Me quedé paralizado.

– ¿A dónde? –pregunté mecánicamente.

– No ha querido decírmelo… insistí pero no dijo nada… Alice está destrozada, no ha querido despedirse de nadie, ni de tus padres.

– ¿No te ha dicho a donde iba? –volví a preguntar.

Sonrió con ironía y suspiró.

– Esa chica es muy buena despistando Edward… sólo me ha dicho que iba al este… ¿cuán pequeño es el este?

Me dejé caer sobre la cama… Bella se había ido, no se había despedido de nadie, simplemente se fue. Sin más… me sujeté el puente de la nariz mientras intentaba detener las lágrimas.

– Emmett –dije con voz ahogada– ¿podrías hacerme un favor?

– Claro –dijo sin pensarlo.

– Dile a mi familia que en unos días comenzarán a salir cosas un poco extrañas en la prensa… pero que no las crean, es una campaña para desprestigiar a Tanya –dije casi susurrando intentando que mi voz no se rompiese.

– ¿Idea de Kate? –preguntó, supuse, que con una sonrisa en su rostro. – Ya sabes que esa mujer es maquiavélica –intenté bromear– otra cosa… – Dime Ed.

– Si por casualidad conseguís hablar con Bella… ¿le contarías todo por mí?

Emmett rió sin ganas…

– Lo intentaré… de nuevo. Anoche no quiso escucharme –confesó.

– Gracias Emm.

– Oye Edward… si descubrimos donde está te llamaré para vayas a verla.

– Gracias.

– Cuídate –se despidió antes de colgar.

Me quedé mirando el teléfono todavía sin creerme lo que me había dicho Emmett… Bella se había ido, había abandonado Forks… por mi culpa había dejado atrás a sus amigos y a parte de su familia ¿dónde podría estar? ¿Habría ido con su madre a Jacksonville? Lo dudo, sabría que sería el primer lugar donde irían Alice y Rose a buscarla.

El teléfono comenzó a sonar sacándome de mis cavilaciones.

– ¿Kate?

– Edward… esta noche tienes una cita con Gianna Banks, en el hotel del puerto. Tendrás una limusina a las ocho esperándote en la puerta para ir a recogerla.

– Gracias Kate –suspiré.

– ¿Va todo bien?

Y otra vez maldije la extremada percepción de esa mujer. Pero algo se me ocurrió de repente.

– Kate… ¿podrías encontrar a alguien? –pregunté esperanzado.

– ¿Cuándo te refieres a "encontrar a alguien" es que ese "alguien" no quiere se encontrado, cierto?

– Sí… –susurré.

– ¿Ella se ha ido? –preguntó, y yo volví a sorprenderme por su percepción.

– Sí… no ha dicho a donde… ¡ni siquiera se ha despedido! –dije exasperado.

– Dime algo de ella, su nombre, a que se dedica…

– Se llama Isabella Swan, hasta ayer estudiaba literatura en Seattle y trabajaba en una cafetería de Forks –al decirle eso me sentí un poco mal… no sabía cómo se lo tomaría ella si se llega a enterar de que le pedí a alguien que la buscase.

– No te preocupes Edward… en cuanto sepa algo te llamaré para decirte.

– Gracias Kate… te debo una.

– Es mi trabajo Edward –susurró.

– Esto es más que trabajo Kate… te quiero… ¿lo sabes? –le pregunté susurrando.

– Yo también te quiero Edward… espero encontrar a esa chica pronto.

– Yo también lo espero… –suspiré.