Capitulo diecisiete

Edward POV

Eran las ocho en punto cuando oí la bocina de la limusina a la puerta de mi casa. Suspiré y me miré al espejo una vez más. No me gustaba aquello, no estaba de acuerdo con eso… yo era un actor y estaba acostumbrado a fingir, pero nunca me había costado tanto hacerlo. Entré la limusina y comencé a retorcer una mano con otra, hacía tanta presión entre ellas que mis nudillos se ponían completamente blancos. Estaba nervioso, no me asustaba Tanya, pero sí lo que pudiese pensar Bella cuando viese las fotos en cualquier revista, era mi culpa, lo sabía, ojalá pudiese dar marcha atrás en el tiempo y cambiar los acontecimientos.

Llegamos al bloque de apartamentos de Gianna en pocos minutos y ella tampoco tardó mucho en entrar en la limusina, me dedicó una mirada tímida y sonrió. No dijo nada en lo que restaba de trayecto, y se lo agradecía. Sabía que estaba mal lo que estaba a punto de hacer y no me sentía nada bien con ello, pero era necesario. En cuanto la limusina volvió a parar Gianna se sentó a mi lado, yo pasé mi brazo por sus hombros e intenté poner mi sonrisa más socarrona, Gianna comenzó a besar mi cuello mientras soltaba alguna risita y yo me dejaba hacer, aunque cuando cerraba los ojos solo podía ver los ojos de mi Bella.

La puerta se abrió y pude ver de reojo como la cara de extrema felicidad que traía Tanya se iba tornando poco a poco en una mueca de disgusto. Sonreí ampliamente ante eso… parecía que Kate si que tenía buenas ideas.

– ¿Qué es esto? –gritó furiosa.

Agarré a Gianna por la cintura y la atraje más hacia mí sonriéndole, miré a Tanya sin perder la sonrisa y sonriendo todavía más en mi fuero interno al conseguir lo que deseaba.

– Tanya, preciosa… entra y no hagas una escena frente a tus vecinos –dije con el tono de voz más neutro que pude conseguir, luchaba por no carcajearme ante su cara.

Tanya entró en la limusina dando un portazo y se sentó con los brazos cruzados a la altura de su pecho, lanzándome dagas con la mirada.

– ¿Qué es esto Edward? ¿Ya has olvidado nuestro trato? –preguntó con rabia.

– No lo he olvidado cariño… –dije con voz melosa mientras Gianna mordisqueaba el lóbulo de mi oreja– solo lo he modificado.

– ¿Qué? –preguntó incrédula.

– Me pediste que fingiera ser tu pareja y el padre de tu hijo… pero aquí nadie dijo que yo tuviera que serte fiel –sonreí ante su cara de espanto.

– Esto no se quedará así Cullen… –masculló entre dientes.

– ¿Y qué harás? Denunciarme ante la prensa… hazlo, no me importa –le dije completamente seguro y casi rezando para que lo hiciese y toda esa pesadilla se acabase.

– Eso es lo que tú quieres… pero no. Tendrás que aguantar mucho más mi amor –dijo sonriendo angelicalmente.

Acallé un gruñido y mis manos se cerraron en puños para evitar saltar encima de ella y matarla con mis propias manos.

– Querida, cállate un poco que me desconcentras –dijo Gianna atrayendo sus labios a los míos.

Le devolví el beso con una pasión fingida. No se asemejaban ni de lejos a los besos de Bella… pero tenía que acabar con todo esto. Oí maldecir a Tanya y sonreí entre los labios de Gianna, parecía que las cosas no estaban saliendo como ella esperaba.

Llegamos a un club nocturno que estaba muy de moda en Los Angeles, Tanya había dicho que habría muchos periodistas y no se equivocaba. Lo único que me apetecía era estar en mi casa, entre mis sábanas llorando mis penas, no me apetecía estar del brazo de Tanya y simular estar feliz, pero era algo que tenía que hacer. Suspiré y besé a Gianna una vez más ante la atenta, y furiosa, mirada de Tanya, después me acerqué a la peor de mis pesadillas y la tomé de la mano. Salimos del auto y ella se encaminó por el pasillo que había entre la marea de cámaras y micrófonos con una sonrisa resplandeciente. Yo simplemente estaba allí, sujeto a su mano mientras los periodistas disparaban sus cámaras y hacían mil preguntas que Tanya respondía felizmente.

– Edward… ¿cómo has tomado la noticia de tu futura paternidad? –preguntó una chica.

Yo la miré conteniendo las ganas de reírme en su cara… ¿paternidad? ¿Yo padre? ¿De un hijo de Tanya? Tragué en seco y puse una de mis más falsas sonrisas.

– Me ha sorprendido –dije con sinceridad–, solo espero que nazca pronto –"y hacer las pruebas de paternidad que me libren de la zorra de Tanya" dije para mí.

Unas cuantas preguntas más y ya estábamos dentro del club. En cuanto cruzamos las puertas me solté del agarre de Tanya y me fui hacia la barra a ahogar mis penas. Después de unos cuantos whiskies ya no recordaba donde estaba, con quien y mucho menos por qué… en mi mente solo estaba Bella, sus ojos, sus labios, sus manos, sus besos, sus caricias, su cuerpo…

.

Me desperté a la mañana siguiente en mi casa, sobre mi cama, todavía vestido y con un dolor de cabeza que parecía que me estaban taladrando desde mi cerebro. El timbre de la puerta sonaba insistentemente y no tuve más remedio que ponerme en pie mientras me tambaleaba y me sujetaba la cabeza con ambas manos. Cuando abrí la puerta Kate estaba al otro lado con una enorme sonrisa.

– Buenos tardes Edward –canturreó mientras cruzaba la puerta.

– Buenas tardes –dije con voz pastosa– ¿Qué horas es?

– Son las cinco… he estado llamándote por teléfono durante una hora pero no contestabas, así que he venido a verte.

Se sentó en el sofá y yo me senté en otro frente a ella. Tiró una revista sobre la mesa que nos separaba y yo me incliné un poco hacia delante para poder verla. Ví una foto de Tanya y mía en la portada… bufé y me dejé caer hacia atrás de golpe.

– ¡Ha salido perfecto! –dijo con una enorme sonrisa– Pero lo mejor es lo que ha pasado dentro del local.

La miré con los ojos entrecerrados… no recordaba nada. Kate sacó un sobre de su bolso y me lo extendió también sobre la mesa. Cogí el sobre y miré su interior. Había unas fotos de Tanya, con otro tipo, no lo conocía. Estaban sentados en una mesa hablando, no hacían nada que Tanya no debiese hacer en público, pero era evidente que entre ellos había algo. Miré a Kate interrogante y ella me devolvió una sonrisa resplandeciente.

– Se llama Félix Vulturi, es el hijo de Aro Vulturi un magnate del petróleo –explicó–. Tanya apunta alto. Ahora que sabemos quién es el posible padre de ese bebé, será más fácil deshacernos de ese problema.

– ¿Qué piensas hacer? –pregunté.

– Todo a su tiempo Edward… es mejor no adelantar acontecimientos. Tú solo limítate a enfadar a Tanya.

Asentí y me dejé caer de nuevo en el sofá apesadumbrado, no sabía cuánto tiempo tardaría en llevar a Tanya hasta el límite. Esperaba que fuese poco, y que después hubiese alguna prueba de que ese bebé no fuese mío sin tener que esperar hasta que naciese.

– Bueno Edward… tenemos que planear nuestro próximo movimiento –dijo Kate–, ¿Cuándo has…? –se cortó cuando su teléfono comenzó a sonar.

Se disculpó con la mirada y se alejó unos pasos, aunque todavía podía escucharla.

– ¿Hola?...si… ¿La has encontrado así de fácil?... ¡Eso es genial!... sí… haz lo que sea para ganarte su confianza… necesito una dirección y a ser posible un teléfono… sí, unas fotos también estarían bien… muchas gracias… espero tu llamada.

Colgó y se acercó de nuevo al sofá. Mientras la oía hablar mil pensamientos comenzaron a dar forma en mi cabeza… ¿estaría hablando con la persona que había contratado para buscar a Bella? ¿De verdad la había encontrado? No quería despertar la esperanza y luego hundirme al saber que no era así… pero era imposible no tener esperanza, necesitaba saber de Bella cuanto antes.

Cuando Kate se volvió a sentar frente a mí, la sonrisa no había abandonado su rostro, es más, podría jurar que incluso era más grande.

– ¿Tienes algo que decirme? –pregunté en un susurro.

– No sé de que me hablas –dijo mirando hacia otro lado.

– Kate… te conozco… ¿esa llamada tenía que ver con Bella? –volví a preguntar.

– Bella, Bella, Bella… ¿no sabes hablar de otra cosa?

Fruncí el ceño y la mire a los ojos, ella rehuía mi mirada pero cuando se cruzaba con la mía sonreía.

– Kate… –dije con voz dura.

– Está bien, está bien…. Como te afecta el amor… –bromeó despreocupada.

– Habla –le solicité en un murmullo.

– La persona que he contratado para que la encontrara, ya lo ha hecho.

Me puse en pie de un salto y fui corriendo hacia mi habitación. Cogí una maleta bajo la cama y abriendo el armario comencé a meter de todo dentro de ella, no me importaba que llevaría, solo quería ver a Bella y hablar con ella para suplicarle que me perdonara.

– ¿Qué haces? –preguntó Kate desde el umbral de la puerta.

La miré durante unos segundos con el ceño fruncido… ¿Cómo que qué hago? Hasta que el entendimiento me golpeó de repente.

– Tienes razón –dije abriendo mi mesita de noche y cogiendo mi billetera y mi pasaporte, aunque dudaba necesitarlo, ya compraría lo necesario cuando llegase a...

¿dónde estaba Bella?

– No, Edward… no me refería a eso… ¿A dónde crees que vas? –preguntó poniendo una mano en mi pecho evitando que saliese de la habitación.

– ¿Cómo que a dónde voy? ¡A ver a Bella! Tengo que hablar con ella –dije casi gritando.

– No puedes ir así.

– Tienes razón, debería darme una ducha y cambiarme de ropa– hablé mientras desabrochaba los botones de mi camisa.

Kate sujetó mis manos y me detuvo, me arrastró hacia la cama e hizo que me sentara haciendo ella lo mismo a mi lado. Me miró a los ojos y ya no pude ver esa alegría en ellos.

– No puedes ir a verla –susurró mirándome a los ojos.

Mientras la miraba sentí como se abría una brecha a mis pies y yo me caía al vacío.

– ¿Por qué? –susurré.

– La revista que te mostré es de tirada nacional, ya la habrá visto. No la conozco pero cualquier persona en su lugar estaría enfadada. No creo que quiera hablar contigo.

Asentí automáticamente. Como si no estuviese allí, repitiendo sus palabras una a una en mi mente "ya la habrá visto". ¿Qué habría pensado Bella al ver esa foto? ¿Se habría sentido tan mal como yo cuando la hacían? Hubiese dado lo que fuera por poder estar a su lado, porque las cosas fuesen de otro modo.

– ¿Cómo está? –murmuré.

– Está bien, se ha matriculado en la universidad y está trabajando en una cafetería – dijo con una tierna sonrisa–. Es una chica fuerte…

Me alegraba saber que estaba bien, que continuaba con su vida pese a todo.

– Edward… –me llamó Kate con voz dulce–, cuando todo se solucione podrás hablar con ella. Con las pruebas en la mano será más fácil que te escuche.

Asentí de nuevo, incapaz de hablar. Tenía las lágrimas al borde de mis ojos, amenazando con derramarse una vez más. Kate pasó los brazos por mi cuello y me atrajo hacia ella abrazándome.

– Todo estará bien Edward… –susurraba mientras me consolaba.