Las semanas pasaron y por fin llegó el día en que Stiles tuvo que dejar el trabajo, dando así comienzo a la segunda fase del embarazo, así como la más complicada.

Después de todo lo que habían pasado desde el mismo instante en que supieron lo que estaba pasando, incluyendo un amago de aborto, estar varios días separados por una absurda discusión y un agudo ataque de celos por parte de su lado de macho Alfa, Derek no podía creer que pudiera complicarse más las cosas.
Pero así fue.

Pero curiosamente el principal problema con el que se encontraron fue que Stiles empezó a ser consciente de su estado. Esto es, de su tripa de embarazado y que en nada se parecía a ese estómago plano que tanto le había costado mantener a base de ejercicio.

Pero lo que para Derek era una imagen maravillosa, pues era la mejor prueba de que pronto serían padres y que Stiles sería el encargado de alumbrar a su hija, para el otro suponía toda una mezcla de sensaciones. Por un lado estaba ese constante temor ante lo que estaba ocurriendo y el millón de cosas que podrían salir mal durante el embarazo y el momento del parto, y que bien sabía que no desaparecerían hasta que no tuviera a su pequeña en sus brazos por muchos ánimos que Derek intentara darle. Pero por otro lado (y Stiles siempre culparía al exceso de hormonas por ello), estaba el temor a que, con su nueva figura, a Derek ya no le resultara atractivo.

Así pues, durante los primeros días en los que Stiles dejó el trabajo, Derek Hale tuvo que llevar a cabo la que fue, en su opinión, la prueba más difícil que había tenido que afrontar en su vida: convencer a su novio embarazado de cinco meses que le seguía resultando atractivo pese a tener una barriga que empezaba a limitar sus movimientos, de paso que debía dejar claro que no le quería solamente por su físico sino también por su asombrosa personalidad y, más importante todavía, decirlo de tal manera que no pareciera que le estaba dando la razón como a los locos, pues últimamente Stiles no estaba dando muestras de esa asombrosa personalidad, pero al mismo tiempo hacerlo sin que diera la sensación que entre los motivos por los que se enamoró de él nunca se encontró su físico.

Cuando Derek consiguió explicarle todo eso, tras casi una hora en la que no paró de hablar y acabó sudando la gota gorda, que Stiles estuviera sonriendo, todo emocionado, y luego procediera a abrazarle con todas sus fuerzas, le besara con el mismo ímpetu y le dijera que él también le quería muchísimo; el hombre lobo apuntó ese día en el calendario como en el que consiguió superar con éxito la hazaña más complicada a la que había tenido que enfrentarse hasta ahora.
Después de eso, ya podían venir todas las manadas de Alfas, Kanimas, Kitsunes y demás monstruos del Bestiario, que nada sería comparado con lo que acababa de hacer.

Por desgracia, una vez superado ese problemilla seguía quedando el hecho de que a partir de ahora tendría que lidiar con el embarazo de Stiles y a la vez con el hecho de que su compañero debía hacer vida en el loft. Y por mucho que le hubiera asegurado que no había problema, pues sabía cómo entretenerse y de momento tenía intención de seguir trabajando en los expedientes que Parrish y su padre le enviaban, Derek no las tenía todas consigo.
Especialmente cuando él si tenía que seguir yendo a trabajar todos los días, y motivo por el que le daba pánico pensar en Stiles todo el día solo en casa, con riesgo de que cualquier cosa pudiera pasarle y no tuviera a nadie cerca.

Y entonces llegaron las buenas noticias, cuando parte de esos temores se vieron placados al recibir una inesperada visita: la de Cora Hale.
Derek no tuvo muy claro si Peter había tenido algo que ver, avisándola de lo histérico que se había vuelto últimamente, o simplemente había sido la casualidad la que hizo que su hermana se cogiera unas vacaciones justo en la semana en que Stiles empezó su "encierro en casa". Fuera como fuese, Derek pudo respirar un poco más tranquilo cuando le llamó para decirle que en dos días la tendrían por allí.

Cora era la mejor alternativa para hacerle compañía. Ya le había costado lo suyo convencerla para que no se presentara en Beacon Hills tan pronto como supo la noticia del embarazo, ahora que por fin había iniciado una nueva vida en Sudamérica; que no iba a negarla el poder estar con su cuñado ahora que realmente necesitaban a alguien de confianza a su lado. Y siendo mujer lobo Derek confiaba plenamente en el instinto de su hermana a la hora de detectar cualquier posible problema que pudiera surgir con el bebé.
Con lo que no contaba era que tener a su hermana allí, aunque fuera sólo durante unas semanas, podría hacer que él se sintiera completamente desplazado.
Y es que, quién lo iba a decir con lo mal que parecían llevarse cuando se conocieron, pero al parecer el hecho de que ahora eran una familia y que Cora iba a convertirse en tía gracias a Stiles, había conseguido que ambos crearan un vínculo de lo más fuerte.

O eso es lo que le quedó claro a Derek cuando abrió la puerta del loft, saludó a su hermana con una enorme sonrisa porque hacía muchísimo que no la veía y se alegraba de corazón por tenerla allí… y Cora no le dijo ni hola, pasó de largo y fue directo a por Stles, gritando y saltando emocionada, como no la había visto en… nunca.

Derek tardó varios segundos en reaccionar, para nada acostumbrado a ver a su hermana como una adolescente más, y recogió la maleta que había dejado completamente abandonada al otro lado de la puerta.
Cuando se reunió con su novio y su hermana, tras haber llevado la maleta a la habitación de invitados, Cora seguía abrazando a Stiles.

- ¿No crees que deberías soltarle ya? –comentó, preocupado por la fuerza del abrazo-. Podrías hacer daño al bebé.

- No seas aguafiestas –dijo Stiles, dándole palmaditas a la mujer lobo en la espalda. Cora acababa de captar el latido del bebé y, como le había ocurrido a todas las mujeres de la manada, ese fue el desencadenante para dejar salir su lado materno-. ¿No ves que todavía se está haciendo a la idea de que va a ser tía?

- Lo sabe desde hace meses. El que ahora te vea no significa que…

- ¡Está bien! –Le interrumpió Cora, soltando un gruñido muy bajito pero que, dada la proximidad con su estómago (y el bebé que había dentro), puso un poco nervioso a Stiles.

Pero entonces Cora le soltó, le dio un beso en la mejilla de lo más dulce… especialmente si se trataba de un Hale, y se dirigió hacia su hermano. Y cuando Stiles creía que estaba a punto de presenciar una pelea de hombres lobo, lo que hizo fue darle otro beso similar a su hermano mayor, antes de abrazarle. Y a diferencia de cómo había hecho con Stiles, esta vez no se contuvo con la efusión y fuerza del abrazo.

- Enhorabuena, papá –susurró Cora.

Eso fue todo lo que necesitó Derek para relajarse visiblemente y responder al abrazo como era debido, y que duró bastante más de lo necesario al tratarse de dos Hale.
Fue así hasta que de fondo oyeron un leve gimoteo. Ambos levantaron la cabeza a la vez para ver cómo Stiles trataba absurdamente de disimular sus lágrimas.

- Malditas hormonas –se quejó, cogiendo un clínex del paquete que tenía siempre a mano.

Y tal vez era la cercanía de la luna llena, que hacía mucho que no veía a su hermano o que en las mujeres lobo la proximidad de un bebé hacía que su instinto materno se pusiera en alerta; pero Cora no se metió con Stiles por dar muestras de "debilidad", que es lo que habría hecho años atrás cuando acababan de conocerse. En vez de ello le sonrió con complicidad y se sentó a su lado, pidiéndole que le pusiera al día con todo lo que había pasado durante los 5 meses de embarazo.

Cora jamás le habría pedido a Stiles que le contara todo lo relacionado con el embarazo, si hubiera sabido que su cuñado se afanaría tanto en la petición. Y es que el humano procedió a contarle, prácticamente en tiempo real, todo lo que había pasado desde que supo que estaba embarazado hasta los últimos análisis que le había hecho Melisa aquella misma mañana, esta vez a domicilio.
Pero dado que ninguno de los dos tenía nada que hacer (Derek no tuvo más remedio que preparar la cena, pues había vuelto a ser prescindible), y que Stiles no podía contenerse a la hora de dar detalles sobre la hija que seguía creciendo dentro de él; al final nadie pareció molesto por su problema de incontinencia verbal.
Hasta que llegó la hora de la cenar y Derek le recordó a su novio que por favor hiciera el favor de comer, que no quería que su hija se muriera de hambre.

- ¿Has visto qué cariñoso se ha vuelto? –comentó cuando Derek dejó en la mesa un humeante plato de sopa, tras lo que le amenazó con las cejas y fue a por el plato de su hermana.

- Alégrate de que no te esté dando de comer como si fueras un bebé –bromeó Cora. Pero al ver que Stiles se sonrojaba el tono burlón desapareció-. ¿Hizo eso?

- Me encontraba fatal ese día –se quejó su cuñado-. Y no iba a perder la oportunidad de tener sólo para mí al enfermero sexy.

- Me sorprendes, hermanito –Cora se dirigió a Derek, todavía en la cocina-. Jamás pensé que un día llegaría a verte tan… domesticado.

- ¿Qué puedo decir? –El Alfa se sentó junto a Stiles, pasando un brazo por su espalda-. Cuando encuentras a la persona adecuada, ya no resulta tan traumático cambiar de vida.

La reacción de Derek, tan opuesta a la que habría tenido el hermano al que conocía, hizo que Cora se pusiera en pie, casi escandalizada.

- Está bien. ¿Quién demonios eres tú y qué le has hecho a mi hermano mayor?

- Aunque te parezca increíble sigue siendo nuestro Derek –rio Stiles, dándole unas palmaditas en la pierna a su novio-. Ha sido un largo proceso de domesticación, es verdad, pero me alegro que empiecen a verse los resultados.

- ¡Queréis dejar de llamarme animal! –gritó Derek, poniendo los ojos en rojo para dejar clara su posición de Alfa.

Stiles le guiñó entonces un ojo a Cora, fingiendo que no había visto la nueva mirada asesina de su pareja.

- Pero está bien saber que no ha perdido su naturaleza salvaje.