No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa S. M. y la historia es de Christine Feehan (Saga de Los Carpatianos). Yo solo me divierto un poco.

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Lafitte's BlackDrew Shop era oscuro y misterioso, el lugar perfecto para el comienzo de una aventura tan divertida. Alice rió suavemente cuando una pareja de residentes sacudieron las cabezas ante el grupo de turistas locos apiñados en la taberna para unirse a la caza de vampiros. Podía sentir la mueca interior de Jasper, el deseo de disolverse y ser invisible superpuesta en su mente, pero se mantuvo allí severamente. Hacía que se giraran las cabezas con su impresionante estatura, con el poder que se asentaba tan fácilmente sobre sus amplios hombros. Su expresión era estoicamente impasible, sus ojos plateados inquietos, implacables, sin perderse nada. En el interior oscurecido del bar, la peculiar visión nocturna de su especie les daba una ventaja. Quil los flanqueaba, asombrado de cuantos turistas acudían en realidad a estas cazas. Alice le lanzó una mirada.

- Estamos aquí para divertirnos, Quil. No empieces a actuar conmigo como Jasper. Un gruñón a mi estela es suficiente.

Quil se inclinó más cerca.

- Si no leyeras los pensamientos de la gente todo el tiempo, curiosa, no podrías tomarme tan desprevenido.

- No estaba leyendo tus pensamientos. - Objetó Alice con una expresión dolorida, su lujuriosa boca fruncida de una forma francamente sexy. - Está todo escrito en tu cara.

Jasper estaba definitivamente pasando un mal rato. Los hombres de los Cárpatos raramente permitían a otros hombres estar cerca de sus compañeras, ciertamente no a hombres solteros. Odiaba la presión de los cuerpos. Alice atraía a los hombres como abejas a la miel. Las cabezas se giraban, y ardientes miradas seguían su progreso mientras se abrían paso a través de la multitud hacia la habitación de atrás del edificio. Alice exudaba vapor. Incluso en una habitación llena de cuerpos, tantos que no había sitio donde sentarse en ninguna parte, Alice hacía a los hombres sentirse como si fueran los únicos allí. Oscuramente iluminado, con velas fluctuantes, la habitación mantenía un débil rastro de misterio y ella era parte de eso.

Era inevitable que alguien la reconociera; siempre ocurría. Jasper estaba sorprendido de que la prensa no hubiera olido el rastro de que estaba en algún lugar de la ciudad y que en cada punto turístico estuvieran esperando por ella. Soltó un pequeño suspiro cuando la primera oleada de fans les rodeó, presionando cerca de Alice, esperando conseguir acercarse a ella. Jasper instintivamente colocó su sólida forma entre ella y la multitud.

Vas a empezar un alboroto.

Firmó varios autógrafos, una hazaña bastante difícil con Jasper actuando como su guardaespaldas. Quil la escudó por el otro lado, reconociendo la amenaza que brillaba en los fríos ojos plateados de Jasper.

Alice no prestó atención a ninguno de los dos; de hecho, fue dulce, amistosa y dispuesta a conversar con la gente. Cuando su guía entró, un silencio débil lo siguió. Era impresionante, su larga y espesa trenza, su andar tieso, y su dramática apariencia. Jasper alzó una ceja hacia Alice, pero su fascinada mirada estaba sobre su organizador. Encendió una vela, mantuvo a su audiencia durante un momento en una pausa teatral, después les dio una advertencia sobre la peligrosa jornada a que estaban emprendiendo. Dejó claro que los bebedores no eran bienvenidos y enfatizó que no era recomendable que niños pequeños fueran al tour.

Es bueno, este tipo, susurró Alice suavemente en la mente de Jasper. Los atrapa a todos enseguida y los mantiene. Un buen showman.

Es un imitador.

Eso no significa que no sea real, Jasper, le riño. Es divertido. Todos estamos aquí para pasar un buen rato. Si prefieres no ir, puedo encontrarme contigo más tarde. Esto no es realmente peligroso. No vamos a encontrarnos con vampiros de verdad.

Ni lo sueñes, no nos encontraremos más tarde. Si me apartara de tu lado, cada hombre en esta habitación estaría pululando a tu alrededor.

Jasper supo el momento en que dos miembros de la sociedad entraron el Lafitte's BlackDrew Shop. Sintió la oscura compulsión de la muerte, sabía que estaban buscando un blanco probable. Exploró el oscurecido interior del bar.

El vampiro estaba vivo y bien, y su ejército oscuro se estaba extendiendo para cumplir su voluntad. Nadie podía haber sabido que estaría allí. Suspiró. No había notado hasta ese momento lo importante que una noche fuera para Alice era para él. Una sólo noche sin incidentes.

Siguió al grupo a través de la puerta y dejo caer el dinero en la mano extendida mientras lo hacía. Alice estaba cerca de él, su mano sobre el dorso pequeño de la de ella.

Tres chicos adolescentes estaba coqueteando desaforadamente con ella, y su risa hacía girar cabezas y se ganó la atención súbita de su organizador y los dos miembros de la sociedad. Jasper los observó cambiar de posición, intentando abrirse camino a través de la multitud hacia su lado, pero era imposible. Se concentró en ellos, entorpecido la compulsión, nublando sus pensamientos para que se encontraran entrando en el espíritu de la caza. Alice terminó con una estaca afilada y una mueca conspirada de un compañero showman. Empezaron a caminar a través de las calles a paso rápido, y mientras lo hacían, la muchedumbre se estiró en una larga fila. El guía se detuvo en una casa, rodeado por una vaya, y empezó una dramática historia de amor y asesinato en su interior. Tejió la historia brillantemente, poniendo suficiente verdad mezclada con melodrama para hacerlo creíble. Los ojos azules de Alice estaban brillando. Cuando la multitud se movía hacia adelante para seguir la revuelta capa del organizador de paso rápido, se inclinó para fijar la correa de su zapato. Jasper la sintió deslizarse lejos de él y se volvió para esperarla.

Alice le sonrió, ese sexy y misteriosa sonrisa que endurecía su cuerpo y entorpecía un poco el bombeo de sangre a su cabeza. Se pelo se deslizaba por los hombros y caía en una sedosa cascada. Un vistazo de ella literalmente le hacía perder el aliento. Para cuando se hubo colocado el zapato, los dos miembros de la sociedad estaban justo a su lado.

Alice se enderezó, y esa exasperante sonrisa curvó su suave boca.

- ¿De dónde son ustedes dos? - Su voz era hermosa y pura, una mezcla de seducción y música. - Soy Alice Cullen ¿No es esto divertido?

Sintieron su impacto inmediatamente, la trampa mezmerizadora. Jasper oyó sus corazones detenerse inesperadamente, y después empezar a correr. Los ojos azules de ella capturaron y mantuvieron sus miradas, atrapándolos en sus centros de estrellas plateadas.

- Ross Drew. - Respondió el más bajo de los dos ansiosamente. - Me mudé aquí hace varios meses desde Florida. Este es Jonathan Perkins. Es natural de Florida también.

- ¿Vinieron aquí para el Mardi Gras y se quedaron por la diversión? - Interrogó Alice.

¿Qué demonios piensas que estás haciendo? Mon Dieu, ma femme, eres suficiente como para volverme loco. Lo prohibo.

Alice empezó a caminar entre los dos hombres fácilmente, sus enormes ojos abiertos de interés. Jasper sintió a la bestia alzar la cabeza, rugir buscando alivio. La niebla roja se extendió, y el hambre lo golpeó.

- Vinimos para ayudar a un amigo nuestro. - Admitió Ross. Empezó a tratarse las sienes súbitamente doloridas. Le dolía la cabeza y se sentía como si fuera a estallar.

Alice se inclinó más cerca, sus ojos manteniéndole cautivo. La multitud se había detenido una vez más mientras el organizador empezaba su historia de fantasmas e inexplicables misterios. Su voz lanzaba un hechizo sobre el grupo, añadiendo al atractivo de la historia, la fantasmal ilusión de la noche. Ross se sintió como si estuviera ahogándose en los ojos de ella, como se le hubiera atrapado para siempre en la luz de las iluminadas estrellas. Deseaba darle todo, cualquier cosa. Su cabeza decía no, pero su corazón que latía salvajemente y su rabiosa alma necesitaban confesarle cada pensamiento a ella.

- Pertenecemos a una sociedad secreta. - Susurro suavemente, su voz tan bajo que sólo los dos Cárpatos pudieron posiblemente oírle.

No deseaba que su compañero supiera que estaba traicionando a los miembros. Había un curioso zumbido en su cabeza, como un enjambre de abejas. Rompió a sudar. Alice le tocó levemente, un roce de dedos cruzando su brazo, curiosamente, le trajo una brisa refrescante con ese toque, que aclaró su cabeza por un momento del opresivo dolor que le embargaba. La sonrisa de ella envió un escalofrío de excitación a través de él, de tal deseo y necesidad que deseaba caer a sus pies.

- Que excitante. ¿Es peligroso? - Inclinó su cabeza, una inocente seductora que lo atraía más y más cerca.

Ross era consciente de la estrechez de su cintura, la plenitud de sus senos, el balanceo de sus caderas. Nunca había deseado nada más en su vida, y sus enormes ojos estaba enfocados sólo en él, viéndole sólo a él. Tragó con fuerza.

- Muy peligroso. Cazamos vampiros. Reales, no esta tontería.

La perfecta boca de ella formó una pequeña "O". Tenía unos hermosos labios, suaves como pétalos de rosa, húmedos, llenos, labios para ser besados.

Alice, detente ahora. Es peligroso, lo creas tú o no.

Su mente apesta al vampiro. Podría averiguar dónde está Masen.

He dicho que no. Jasper extendió una mano y agarró firmemente su muñeca, tirando de ella de donde estaba entre los dos hombres hacia la protección de su cuerpo. No te utilizaré para encontrar al no-muerto. Puede rastrear el sendero de vuelta a ti. No tengo más opción que destruir a este.

La cara de ella palideció visiblemente, sus largas pestañas descendieron para ocultar sus ojos.

¿Por qué no le sanas como hiciste con el capitán?

No puedo sanar lo que es esencialmente malvado. Su pulgar rozó gentilmente delante y atrás por el pulso que latía tan fuertemente en el interior de su muñeca. Es un sirviente del vampiro, y lo sabes, Alice. Lo sabías desde el momento en que tocaste su mente. Puedes encontrar y rastrear, lo mismo que puede el vampiro. Y es más hábil que tú. No puedo permitir tal riesgo para ti.

Ross se apiñó más cerca, envuelto en la sujeción mental de la compulsión. Percibía que la mano sobre la muñeca de Alice era malvada, una serpiente enrollada que la arrastraba lejos de su lugar adecuado a su lado. Jasper se concentró en el compañero, Jonathan Perkins. La mente del hombre era más fuerte que la de Ross Drew. La sujeción del vampiro sobre el era mucho más oscura, como si Perkins hubiera estaba en contacto más cercano y durante un período más largo de tiempo. Estaba mirando a Alice suspicazmente. Jasper podía fácilmente captar la oscura lujuria, los celos porque hubiera escogido a Ross para prestar su atención en vez de a él. Perkins era retorcido por dentro, la compulsión del vampiro trabajaba en su ya de por si depravada mente.

Masen sabía cómo elegir a sus sirvientes. La viciosa y horrible naturaleza de los hombres maliciosos, esos sin amigos o relaciones, hambrientos de violencia y depravación. Les enviaba entre los curiosos, como Quil, gente con mentes rápidas e inteligentes abiertos para lo paranormal. Gente aislada por su gran inteligencia y amplitud de miras. El vampiro era capaz de utilizar a esos hombres inteligentes atrayéndoles con falsas esperanza, falsas promesas, usándoles para la investigación y el trabajo de calle necesario para su legión de auténticos sirvientes.

Jasper suspiró suavemente. Él era lo que era. La culpa no podría ser parte de su existencia. Era responsable de la continuación de su raza y la seguridad de Alice. Se empujó al interior de la mente de Jonathan Perkins, pasó el control de vampiro, y plantó la semilla de la destrucción. Su mano sobre la muñeca de Alice se apretó, y apretó el paso para poner distancia entre los miembros de la sociedad y su compañera. Una vez más su guía los detuvo a todos y tejió una historia de libertinaje y asesinato. La multitud estaba en silencio, cautivada por la interesante historia de la ciudad. Jasper insertó a Alice en la muchedumbre, su gran cuerpo protegiéndola de la inminente violencia. Fuera en la calle, Jonathan Perkins miraba malévolamente hacia Ross Drew.

- Siempre tienes que arruinarlo todo, Drew. Siempre tienes que ser el único que hable con Masen. Yo estoy más cerca de él, pero tú simplemente tienes que probar que eres el más importante.

- ¿De qué demonios estás hablando? - Exigió Ross, su mirada buscaba frenéticamente entre la multitud a Alice.

Jasper estaba escudándola, la niebla que creó hacía imposible detectarla en la noche. Ross estiró el cuello, intentando rodear a su compañero, llegando tan lejos como para empujarle fuera de su camino. Su corazón latía frenéticamente, su único pensamiento era encontrar a Alice.

- ¿Qué estás haciendo, Jasper? - Exigió ella suavemente.

Quil se movió centímetro a centímetro a través de la multitud de turistas hasta que consiguió abrirse camino hasta los Cárpatos. Estaba tan embebido por el narrador como el resto de la multitud. Estudió el edificio con su historia de mala conducta sexual, fuego y asesinado con extasiada atención. Jasper inclinó su oscura cabeza hacia ella.

- No puedo hacer otra cosa que eliminar la amenaza para ti. El vampiro tiene un camino claro que conduce directamente hasta ti en la mente de este. Es una trampa, ma petite, y no podemos permitirnos el lujo de caer en ella.

- No quieres decir nosotros. - Dijo ella. - Quieres decir yo.

Perkins empujó a Ross lo bastante fuerte como para causar que el otro hombre cayera en medio de la calle. Ross estalló soltando obscenidades, perturbando al narrador. El organizador hizo una pausa para conseguir un mejor efecto dramático, soltó con esfuerzo un suspiro, y se paseó hacia los dos combatientes. Quil había notado que un coche patrulla de la policía cruzaba a menudo por la zona y vagaba cono si fuera una cortesía al guía turístico. Era posible que incluso tuviera alguna forma de llamarles si había algún problema. Antes de que el guía los alcanzara, Perkins sacó un arma. Todo el mundo se congeló instantáneamente.

- Traidor. ¡Vas a traicionarnos a todos! - Gritó, su cara era una retorcida máscara de furia y odio.

La oscura compulsión de matar estaba en él, y en Ross, que se desquitó sacando su propia arma. La multitud corrió en todas direcciones, buscando resguardo, ocultándose detrás de los coches aparcados y saltando al otro lado de las vallas. Se elevaron gritos salvajes, y el aire se espesó con miedo. Jasper empujó a Alice y Quil hacia el resguardo de una pared de ladrillos. El permaneció de pie sobre la acera, observando el drama que se desplegaba ante sí.

El guía claramente colgado entre la necesidad de seguridad y la necesidad de proteger a sus turistas, dudó al descubierto. Jasper ondeó una mano erigiendo una barrera entre el hombre y cualquier bala perdida. Los dos miembros de la sociedad estaba rabiando el uno contra el otro, entonces Perkins disparó una ráfaga de balas para responder a la que Ross disparó contra él. Una sombra oscura pasó cruzando el cielo, cubriendo las estrellas, calmando el viento. Ambos hombres cayeron lentamente, con las camisas salpicados de lo que parecía pintura roja. Aterrizaron como muñecos de trapos en medio de la calle, tirados, inmóviles. Sus armas resonaron sobre el pavimento para parecer juguetes inofensivos donde habían caído. La sombra oscura sobrevoló, tan alarmante como la súbita violencia que había explotado. Nadie se movió, nadie habló, nadie hizo ni un sólo ruido. Era como si supieran que la oscura y siniestra sombra que nublaba el cielo era más mortal que las armas tendidas silenciosamente en la calle. La gran mancha se extendió por las estrellas, y después empezó a recogerse amenazadoramente en una nube mucho más pequeña, negra y pesada.

Densa, compacta, se movía lentamente, como si inspeccionara el grupo con un obsceno ojo rojo. En su mismo centro una vena dentada rayaba continuamente.

Alguien gimió. Alguien empezó a rezar en voz baja. Después de unos momentos, unos pocos más se unieron. La sombra se oscureció hasta que cubrió toda luz sobre sus cabezas. La veta relampagueante, dentada y amenazadora, incrementó su actividad. Jasper notó que el vampiro estaba buscándoles. Sabía que su enemigo estaba cerca, pero Jasper había automáticamente ocultado su presencia, algo que había hecho sin pensar. El no-muerto debía ser capaz de detectar la presencia de Alice, habiendo seguido el débil rastro psíquico de su sirviente, pero Alice había estado muy ocupada también. Corriendo tanto por la cabeza de Jasper, había utilizados las lecciones que había aprendido a través de la dura experiencia, a través de prueba y error. Había enmascarado su presencia del todo tan diestramente como Jasper era capaz de hacer.

No supondrá ninguna diferencia, compañero. Sus palabras rozaron suavemente la mente de él. Quiere atacar y destruir a todos lo que están aquí intentando cogernos.

Sintió una oleada de orgullo ante su habilidad de aprender tan rápidamente, evaluando a su enemigo. Jasper caminó alejándose de la agrupada masa de turistas y puso distancia entre él y el guía. Caminó completamente recto, con la cabeza en alto, su largo pelo flotando alrededor. Sus manos estaban sueltas a ambos lados, y su cuerpo relajado, poderoso.

- Oyeme ahora, antiguo. - Su voz fue suave y musical, llenando el silencio con belleza y pureza.

Has vivido mucho tiempo en este mundo y estas cansado del vacío. Vengo en respuesta a tu llamada.

- Jasper. El Oscuro. - La malvada voz siseó y gruñó las palabras en respuesta. La fealdad rasgó las sensibles terminaciones nerviosas como uñas sobre una pizarra. Algunos de los turistas en realidad se cubrieron los oídos. - ¿Cómo te atreves a entrar en mi ciudad e interferir donde no tienes derecho?

- Soy la justicia. Vengo para liberarte de los lazos que te atan a este lugar. - La voz de Jasper era tan suave e hipnótica que aquellos que la oían salían de sus santuarios.

Llamaba y empujaba, de forma que nadie podía resistir su mismo deseo. La negra forma sobre sus cabezas se enrolló como el caldero de una bruja. Una saeta dentada de relámpago golpeó la tierra directamente hacia el grupo apiñado. Jasper levantó una mano y redirigió la fuerza de la energía lejos de los turistas y Alice. Una sonrisa afiló la expresión cruel de su boca.

- ¿Te burlas de mi con este despliegue, antiguo? No intentes encolerizar lo que no entiendes. Tú viniste a mí. No te cacé. Buscaste amenazar a mi compañera y a aquellos a los que cuento como mis amigos. No puedo hacer otra cosa que llevarte la justicia de nuestra gente. - La voz de Jasper eran tan razonable, tan perfecta y pura, conducía a la obediencia hasta a los más recalcitrantes criminales.

El guía hizo un ruido, en algún lugar entre el escepticismo y el miedo. Jasper le silenció con un ondeo de su mano, no necesitaba distracciones. Pero el ruido había sido suficiente como para que el antiguo rompiera el hechizo que la voz de Jasper había tejido a su alrededor. La mancha oscura sobre sus cabezas hilando salvajemente, como si estuviera cobrando vida... reuniendo fuerzas antes de lanzar una serie de relámpagos contra los desvalidos mortales del suelo.

Gritos y gemidos acompañaron las oraciones susurradas, pero Jasper permaneció en pie en su sitio, firme. Simplemente redirigió los látigos de energía y luz, enviándoles de vuelta a la negra masa sobre sus cabezas. Un horroroso gruñido, un chillido de desafío y odio, fue la única advertencia antes de que granizara. Enormes bloques de hielo rojo brillante del tamaño de pelotas de golf llovieron hacia ellos. Era densa y horrible de ver, una lluvia de sangre congelada cayendo de los cielos. Pero se detuvo bruscamente como si una fuerza invisible la sostuviera a centímetros de sus cabezas. Jasper permaneció imperturbable, impasible, su cara era una máscara pálida mientras escudaba a los turistas y enviaba el granizo lanzado de vuelta a su atacante. Desde el cementerio a unas pocas manzanas de ellos, un ejército de muertos se alzó. Los lobos aullaron y corrieron junto a los esqueletos mientras se movían para interceptar al cazador Cárpato.

Alice. Pronunció su nombre una vez, un suave roce en su mente.

Lo tengo, volvió de vuelta instantáneamente.

Jasper tenía las manos llenas tratando con las abominaciones que el vampiro estaba tirándole; no necesitaba gastar su energía protegiendo al público en general de la aparición. Se puso al descubierto, una pequeña y frágil figura, concentrándose en la amenaza que llegaba. A los que vivían en las casas a lo largo de la manzana y los que conducían sus coches, enmascaró a los lobos como perros que corrían calle abajo. Los esqueletos como palillos, grotescos y extraños, eran simplemente un grupo de gente que se movía rápidamente. Mantuvo la ilusión hasta que estuvieron a pocos metros de Jasper. Dejando caer la ilusión, alimentó con cada onza de su energía y poder a Jasper para que pudiera enfrentar el ataque.

El viento se levantó, arremolinándose hacia la sólida forma de Jasper, azotando su cuerpo, levantando oleadas de pelo negro que se arremolinaban alrededor de su cara. Su expresión era impasible, Los pálidos ojos fríos y sin piedad, sin parpadear, fijados en su presa. El ataque vino de cielo y tierra simultáneamente; afiladas astillas de madera se dispararon a través del aire en el viento salvaje, apuntando directamente a Jasper. Los lobos saltaron sobre él, sus ojos brillaban ardientes en la noche. El ejército de muertos se movía implacablemente hacia adelante, presionando hacia la solitaria figura de Jasper. Sus manos se movieron, un complicado patrón dirigido al ejército que se acercaba; después se volvió, el fluido movimiento del viento hermoso a la vista, tan rápido que fue un borrón. Gruñidos y aullidos acompañaron a los cuerpos que volaron por el aire. Los lobos aterrizaron para quedar inmóviles a sus pies. Su expresión nunca cambió. No había rabia o emoción, ni rastro de miedo, nada rompía su concentración. Simplemente actuaba cuando lo necesidad se presentaba. Los esqueletos se estaban revolviendo por una pared de llamas, una conflagración anaranjada que se elevaba en el cielo nocturno y danzó furiosamente durante un breve momento. El ejército se marchitó en cenizas, dejando solo una pila de polvo ennegrecido que se esparció por la calle en el feroz asalto del viento.

Alice sintió la mueca de dolor de Jasper, el dolor que se deslizó justo antes de él cortara toda sensación. Se volvió para enfrentarle y vio una afilada estaca que sobresalía de su hombro derecho. Incluso mientras lo veía, Jasper tiró para soltarla. La sangre chorreó y salpicó la zona alrededor de él. Tan rápidamente como se detuvo, como si se cortara una corriente. El viendo se elevó a un ritmo estruendoso un vendaval que giraba arrastrando restos sobre sus cabezas como la nube de embudo de un tornado. La nube negra giró más y más rápido, amenazando con engullir todo y a todos a su centro donde el malévolo ojo rojo los miraba con odio. Las turistas gritaron de miedo, e incluso el guía se agarró a una farola para sujetarse firmemente.

Jasper permanecía en pie solo, los vientos le asaltaban, rasgándole, alcanzándole, Mientras la columna que giraba le amenazaba desde arriba, sonando como el rugido de un tren de mercancías, él simplemente dio una palmada con las manos, después las ondeó enviando un golpe de vuelta al interior de la oscura entidad. El vampiro gritó de rabia. La espesa nube negra se engulló a si misma con un sonido audible, sobrevolando en el aire, esperando, observando, en silencio. Perverso. Nadie se movió. Nadie se atrevió a respirar. Súbitamente la negra entidad que se debatía se replegó sobre si misma y se vertió por el cielo nocturno, corriendo lejos del cazador sobre el Barrio Francés hasta el pantano. Jasper se lanzó al aire, cambiando de forma mientras lo hacía, esquivando las saetas de blancas energías ardientes y afiladas estacas que volaban en el turbulento aire.

En el suelo se hizo el silencio, después un colectivo suspiro de alivio. Alguien rió nerviosamente.

- Hay que ver, tío. ¡Qué actuación!

Alice se aferró a esa reacción, la alimentó rápidamente, construyendo la idea en sus mentes, y suavizando el impacto de lo que habían visto.

- Grandiosos efectos especiales. - Murmuró un adolescente.

Su padre rió un poco atemorizado.

- ¿Cómo demonios hicieron eso? El tipo simplemente desapareció en el aire. - Miró hacia los cadáveres tendidos un poco más lejos y maldijo suavemente por lo bajo. - Estos son reales. No pueden ser parte de ningún espectáculo.

- Esto es una locura. - Uno de los hombres de rodillas junto a los dos hombres tendidos en la calle. El guía estaba comprobando el pulso del otro. - Los dos están muertos. ¿Qué demonios ha ocurrido aquí?

Alice saltó de nuevo, alimentando con respuestas a la audiencia colectiva, construyendo recuerdos de lo que era real y lo que era ilusión. Los dos turistas de Florida habían discutido, lucharon antes de sacar las armas. Fue en medio de un espectáculo de magia improvisado que el guía había pedido a Alice que realizara para sus clientes. El grupo de perros habían salido de ninguna parte, asustados por el sonido de las armas.

Era lo mejor que podía hacer con tan poco tiempo. La policía ya estaba pululando alrededor de ellos, tomando declaraciones. Tenía que trabajar emborronando los recuerdos que la gente tenía de Jasper. Al mismo tiempo estaba mentalmente pegada a él en un vuelo alto sobre la ciudad y el bayou, dirigiéndose al lugar más peligroso de todos, la guarida del vampiro. Quil permanecía cerca a su lado, preocupado mientras la cara de ella se volvía más pálida por momentos. La tensión de estar en dos lugares al mismo tiempo se estaba mostrando en ella. El esfuerzo de mantener una detallada ilusión sobre tal número de testigos era tremendo. Pequeñas gotas de transpiración se mostraron en su frente, pero su barbilla estaba alzada, y estaba más regia que nunca. Cautivó al oficial de policía que le tomó declaración. Quil estaba seguro de que había tenido éxito con los turistas. Toda la cosa era demasiado rara para comprenderla, y los recuerdos de Jasper habían sido erradicados, así que el tiroteo y los perros eran su realidad. El guía turístico era el único que miraba hacia el cielo con un débil ceño fruncido y examinaba las marcas de quemaduras a alguna distancia de ellos.

Varias veces Quil lo pilló mirando fijamente a Alice con desconcierto, pero el hombre tenía demasiada experiencia en las calles como para contar una historia tan salvaje cuando nadie más parecía haber visto lo que él. Alice trabajó manteniéndose concentrada en la monumental tarea que tenía entre manos. Su mente estaba ya con Jasper, una parte de su mente fundida profundamente, una sombra fantasmal en una esquina de la mente de él.

Jasper podía sentir su presencia, su preocupación por su herida, por la pérdida de sangre. Le envió tranquilidad incluso mientras se aproximaba al corazón del pantano. Por la descripción de La Rue, reconoció el área. Los insectos pululaban cumpliendo la voluntad del maestro vampiro, formando nubes negras que picaban y mordían todo lo que llegaba entrando en sus límites para perturbarlo. Jasper erigió una barrera de protección y continuó bajando hacia los pantanos y la negra y aceitosa charca. El olor pútrido estaba en sus fosas nasales, la decadencia y la muerte de siglos rezumando insidiosamente en el aire circundando.

No había viento que llevara lejos el hedor. Agujeros apestosos borboteaban y esperaban a que alguien diera un paso equivocado. Parches de vívido césped verde esmeralda llamaban a los imprudentes a su trampa mortal. Fauna y humanos por igual serían atraídos por las manchas de brillante y reafirmante color, atrayéndolos a una muerte lenta mientras se hundían, atrapados en las arenas movedizas que los penachos de verde escondían tan exitosamente. Jasper sobrevoló por el aire sobre la aceitosa piscina. Capas de piedra formaban una cornisa bajo la superficie del agua donde la grotesca bestia acechaba a sus víctimas para que se pudriera la carne. El agua en si misma era espesa por el lodo, completamente diferente a los riachuelos que conducían allí. No había rastro del caimán o el vampiro.

Jasper exploró el área cuidadosa y, cautelosamente. Este vampiro era inteligente y vicioso. Este era su terreno, su guarida. No sería cosa fácil atraparle aquí. Jasper sentía la presencia del mal, sabía que el vampiro estaba cerca. Escogió el terreno más sólido que pudo encontrar tan lejos de las aguas muertas y oscuras como pudo. Usó su poderosa voz. Suave. Insistente. Imposible de ignorar.

- Debes venir conmigo. Has esperado mucho para enfrentarte a mí, y he venido a por ti. Ven a mí. - Cada palabra era pura y musical, vibrando a través del aire para alcanzar a todos y cada uno de los que estaban en su radio de acción y conduciéndolos fuera.

Cada nota era magnetizadora, hipnótica, el embrujo de un hechicero. Jasper permaneció en pie en una postura casual y perezosa, su sólida forma masculina invencible a pesar de la sangre que manchaba su camisa en lo alto de su hombro. Empezó a murmurar suavemente en la lengua ancestral, repitiendo su orden para que el vampiro se mostrara. Las cañas oscilaron a lo largo del terraplén, después se inclinaron como una ola rodante. No había viento que causara el movimiento.

Por el rabillo del ojo, Jasper podía ver una segunda ola empezando, y desde un tercer punto, otra ola. Venían a él rodeándolo, el enemigo invisible que convergía de todos los lados.

Esperó. Tan paciente como las montañas. Tan inmóvil como granito. Sin piedad. Implacablemente. Jasper. El Oscuro. El cazador.

El asalto llegó desde arriba. El cielo se llenó de tantos pájaros que el aire gimió por la inesperada inmigración. Las garras se extendieron y los picos afilados como navajas estaban preparados, los pájaros llegaron rápido, rastrillando su cara y cuerpo. Jasper se fundió en una niebla, pero las gotas de rojo que estropeaban las cañas verdes daban evidencia de que el vampiro se había anotado un segundo tanto. Jasper no tuvo oportunidad de materializarse para detener la sangre que fluía debilitando su cuerpo.

Hubo un suave siseo de satisfacción, un rechinante y retumbante bramido de desafío. El suelo bajo los pies de Jasper se estaba esponjando, succionando sus zapatos con un ruido ávido. Mientras investigaba las cañas que se movían, el enemigo le atacó por debajo, erupcionando fuera del barro rezumante con las mandíbulas abiertas y dientes afilados. El vicioso chasquido le rozó la pierna mientras saltaba hacia atrás para hundirse hasta las rodillas en el barro. Deslizó un débil bloqueo entre él y el caimán, lo mejor que pudo hacer mientras se retorcía para liberarse. Un pequeño reptil arremetió contra él desde atrás, otro desde la izquierda. El más pequeño rasgó su pierna abriéndola con una viciosa cuchillada de dientes.

Jasper bajaba en el barro rezumante con las pequeñas criaturas apresurándose a alimentarse de su presa. Se las arreglaban para morder y rasgar en el frenesí de la comida. El enjambre de insectos descendió sobre él, mordiendo y picando. Mientras luchaba por salir, hubo un súbito silencio asustadizo. Los insectos se alejaron, y los pequeños caimanes se deslizaron rápidamente hacia el pantano. Jasper se sentó a medias, el barro rezumaba de su ropa, la sangre goteaba firmemente por su pierna, brazo y pecho. Oyó un sólo sonido en el repentino silencio del pantano. Un rugido mientras la enorme criatura se aproximaba a él fue su única advertencia. La bestia se movía velozmente, rápida y eficiente incluso en el barro empapado. La poderosa cola viraba de un lado a otro. Los ojos brillaban de un perverso rojo, malvado y frío. El hocico era una armadura plateada cubierta de algas y piel que chorreaba fango verde. Arremetió contra Jasper, su fétido aliento ardiente con la anticipación de la muerte.

Un rayo de calor blanco y de energía eléctrica, se descargó del cielo y se deslizó a través de las placas óseas y la gruesa piel y chamuscó los órganos internos del animal. La estocada lanzó a la criatura hacia adelante a pesar del golpe sólido del relámpago. Salió humo por las mandíbulas abiertas de par en par, llevando el olor a carne quemada. La bestia se condujo hacia adelante, directamente hacia el pecho de Jasper, decidido a morder y rasgar, su único pensamiento era matar y devorar. Jasper simplemente desapareció. Las poderosas mandíbulas se cerraron en el aire vacío. La bestia, mortalmente herida, rugió y sacudió su enorme cabeza de un lado a otro, buscando desesperadamente a su enemigo.

El vampiro abandonó el humeante cadáver chamuscado, elevándose en el aire con un grito de desafío y odio. Incluso mientras subía, preparándose para volar, dejó el que había sido durante siglos su santuario y corrió por su vida, encontró una barrera. Fue golpeado con fuerza, el golpe le envió del cielo hasta el suelo. El vampiro quedó sin aliento durante un momento, sorprendido de la increíble fuerza de ese golpe. Cautelosamente consiguió ponerse en pie, hundiéndose un poco en el oscuro barro del pantano.

Jasper. El Oscuro. Había sido siempre más que una leyenda, más que un mito. Ahora el vampiro sabía que los susurros, los rumores, eran todas verdades. No había escapatoria del Oscuro. Jasper se había usado a sí mismo como cebo para atraer al vampiro a campo abierto. ¿Qué cazador habría hecho tal cosa? ¿Creía tanto en sí mismo que arriesgaría su vida? El vampiro podía sentir el golpe a través de su cuerpo entero. Lo agitó como nada más podía.

En seguida cambió de tácticas, su áspera frialdad cambió a un reptiliano calor moderado.

- No deseo luchar contigo, Jasper. Reconozco que eres un gran cazador. No deseo continuar esta batalla. Permíteme dejar este lugar e ir a mi guarida en los Everglades de Florida. Me mantendré oculto durante un siglo... más, si lo deseas. - Su voz fue embaucadora, temerosa.

Jasper se materializó a unos pocos pies de distancia. La sangre goteaba firmemente de varias heridas abiertas. Su cara era impasible, implacable, los pálidos ojos parecían acero.

- El Príncipe de nuestra gente te ha sentenciado a muerte. No puedo hacer otra cosa que impartirte justicia.

El vampiro sacudió la cabeza, con una austera parodia de sonrisa en su cara.

- El Príncipe no conoce mi existencia. No tienes que aplicar una sentencia que no ha ordenado. Volveré a la tierra.

Jasper suspiró suavemente.

- No puede haber discusión, vampiro. Conoces las leyes de nuestra gente. Soy un cazador, un portador de justicia, y no puedo hacer otra cosa que imponerte nuestras leyes. - Sus ojos nunca abandonaron al vampiro, nunca parpadearon.

El viento se estaba alzando, y lanzaba mechones de su pelo negro alrededor de su cara por lo que parecía un guerrero de tiempos ancestrales. Los ojos del vampiro se quedaron apagados y viciosos.

- Entonces es el comienzo. - Un relámpago zigzagueó en el cielo, saltando de nube en nube.

El viento se arremolinó y rugió.

Jasper se deslizó, un movimiento fluido, gentil, perezoso, nada amenazador. Su cabeza se inclinó, el relámpago se reflejó en sus lustrosos ojos plateados. La sangre goteaba firmemente de sus heridas. El vampiro captó la esencia de la sangre fresca, y su mirada descansó ávidamente en el poderoso y ancestral líquido de vida. Jasper golpeó tan rápido que el vampiro nunca lo vio.

Distraído por la visión del lujurioso festín de la sangre ancestral, el vampiro comprendió que estaba en peligro mortal solo cuando sintió el impacto del tremendo golpe en su pecho. Jasper en realidad ya se había ido, estaba en pie alto e inmóvil a alguna distancia, observando al vampiro con ojos fríos y vacíos. Lentamente extendió el brazo, giró su palma hacia arriba, y abrió el puño.

El vampiro gritó y gritó, el sonido fue agudo y horrendo en la noche. Viajó sobre los riachuelos y canales. El no-muerto lentamente, renuente, miró el objeto pulsante en la palma de la mano del cazador, hacia abajo a su propio pecho. Había un agujero abierto donde su corazón había estado. Herido, dio dos pasos hacia adelante antes de que su cuerpo se encorvara y cayera de cara en el barro y el fango.

La cara de Jasper palideció visiblemente, y se sentó bruscamente. Permitiendo que el venenoso y marchito corazón cayera de la palma de su mano, examinó las quemaduras y ampollas de su piel donde había tocado la sangre corrompida. Se concentró en reunir energías del cielo, enfocando, y enviando una ardiente bola al interior del cuerpo del vampiro. El segundo golpe incineró el corazón contaminado.

Jasper se hundió hacia atrás en el barro y quedó mirando directamente hacia el cielo nocturno. Se empañó y marchitó. Un extraño letargo se extendió sobre él, una pesada y soñolienta sensación. Estaba flotando sobre el mar, desconectado, observando el amanecer que rayaba el oscuro cielo gris. Sus largas pestañas descendieron, y se relajó en el suave barro. Sintió la perturbación en el aire sobre él.

Olió la fresca esencia dispersando el hedor rancio del pantano. Alice. La reconocería en cualquier lugar. Intentó despabilarse, advertirla de que el amanecer estaba aproximándose y era peligroso estar tan lejos del resguardo.

El jadeo de Alice fue audible.

- Oh, Jasper. - Tocó una de las heridas que rezumaban en su pecho.

Podía ver su cansancio en su debilidad, en el daño de su cuerpo, en que no pudiera encontrar energías para cerrar las heridas. Se fundió con él e intentó obligarle a obedecer del mismo modo que con frecuencia él hacía con ella. Cerraría esas laceraciones, buscaría el sueño sanador de su gente, y le dejaría el resto a ella. Buscó en su mente el sendero mental hasta Quil, buscando entonces a su amigo humano.

Escúchame, Quil, tenemos problemas. Encuentra a La Rue. Beau La Rue. El capitán de un bote de las excursiones por el bayou. Dile que vaya a la charca del viejo caimán. Debes venir antes de que el sol esté alto y llevarnos a un lugar oscuro. Incluso si parecemos muertos, llévanos allí. Contamos contigo. Eres nuestra única esperanza.

Buscó la zona de extensión de tierra más estable. Trabajando rápidamente y con dificultad, Alice fue capaz de levitar el cuerpo de Jasper hasta el pequeño montón de tierra, pero no había escapatoria del sol. Cuando se inclinó sobre Jasper, notó que no se había inducido a sí mismo un sueño sanador. Su corazón martilleó con fuerza contra su pecho. Su corazón tartamudeó.

Jasper estaba demasiado débil por la pérdida de sangre para cumplir su orden, para sanarse a su mismo. Rápidamente selló las heridas ella misma, una vez más utilizando la información de los recuerdos de Jasper. Quitándose de un tirón la chaqueta, se tendió al lado de su compañero, cubriendo las cabezas de ambos con la tela.

Cortando su muñeca, Alice tendió su brazo sobre la boca de Jasper, proveyéndole de vida... dándole sustancia para que fluyera en su cuerpo vacío, acariciando su garganta para instarle a tragar.

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¡Hola, hola! Solo nos queda un último capítulo. Espero les haya gustado la historia, no olviden dejar un lindo comentario y lavarse las manos c:

¡Nos leemos pronto!