En el sexto mes de embarazo los padres primerizos quisieron añadir una nueva rutina a sus vidas: las clases de preparación al parto.
Cuando Derek le dio las novedades Stiles acogió la noticia con bastante alivio. Por mucho que estuviera acompañado en todo momento por su familia y amigos, y habiéndose convertido Melisa en la persona sin la que no se atrevía a hacer absolutamente nada antes de contar con su consentimiento; hasta ahora había sentido que estaba solo en el proceso del embarazo. Su caso no dejaba de ser único en el mundo, por lo que cualquier idea que le venía a la mente sobre lo que podría ocurrirle a él o al bebé siempre acababa respondiéndose con un nada concreto "no te preocupes, todo se verá a su tiempo" y que, francamente, a Stiles sí que le preocupaba.
Por ello, cuando Derek le dijo que había hablado con Satomi y la Alfa les había invitado a las clases de preparto que daba una vez a la semana, ya que se habían juntado cuatro embarazadas en su manada de golpe, Stiles no pudo por menos que sentirse aliviado. Por fin alguien podría darle instrucciones precisas de qué hacer cuando llegara el gran día.

El alivio, no obstante, se transformó en recelo cuando se presentaron en el refugio donde vivía la manada de Satomi, dispuestos a dar su primera clase.
Observaron la amplia superficie que se desplegaba ante ellos, con las colchonetas y cuatro mujeres sentadas, ya listas para la clase… y que se giraron hacia ellos tan pronto como descubrieron a los recién llegados.
Stiles recibió en el acto esa mirada de curiosidad que siempre despertaba su estado, especialmente ahora que resultaba muy difícil ignorar el hecho de que también estaba embarazado, pero junto a lo que descubrió algo más que era completamente nuevo.

- Esto es genial –farfulló, sin moverse del sitio.
- ¿Qué pasa? –preguntó Derek a su lado.
- Por si no fuera suficiente con ser el único hombre de la clase, encima tengo que aguantar cómo un puñado de mujeres embarazadas y hasta arriba de hormonas le ponen ojitos al padre de mi hija.
- Eso no…
- ¡Hasta yo puedo oler la excitación, Derek! –se quejó, mirando de reojo a una guapa chica que estaba sonriendo descaradamente al hombre lobo.

Derek carraspeó, intentando mirar a todos lados menos a esa mujer que, ciertamente, le estaba mirando demasiado fijamente para su gusto.

- Intentaba ser educado.
- Pues si no te importa, ahora mismo preferiría que fueras menos educado y más Alfa y le dejaras claro a todas estas ¡lobas! –lanzó una mirada furibunda a las mujeres-, que ya estás con alguien y que además vas a ser padre… ¡De mi hija!

Que fuera Stiles quien tuviera ese violento ataque de celos sorprendió bastante a Derek. Tanto, que en un principio estuvo tentado de recordarle lo mucho que le molestaba cuando era él quien se ponía en modo Grey, por lo que resultaba un tanto hipócrita que ahora hiciera lo mismo y encima con cuatro mujeres lobo embarazadas.
Pero entonces pensó que si Stiles había soportado sus constantes ataques de celos y manías y… peculiar manera de ser prácticamente desde que se conocieron, ahora bien se merecía ser el protagonista de su propio ataque de celos. Un ataque que en realidad no sólo no le importaba, pues tenía que reconocer que le encantaba cuando se ponía tan agresivo… incluso si era con mujeres embarazadas, sino que además se alegraba de que lo hubiera hecho, pues era la excusa perfecta para hacer lo que estaba a punto de hacer.
Derek observó a todos los presentes, asegurándose de que seguía contando con su atención, y entonces colocó con deliberada lentitud una mano en la nuca de su pareja. Tan pronto como se produjo el contacto Stiles sintió una descarga eléctrica y en seguida tenía toda la piel con el vello de punta.

- ¿Qué tal así?

Sin darle tiempo a responder Derek le atrajo hacia él, aproximando lentamente los labios del padre de su hija a los suyos propios, besándolos con absoluto placer. Hacía mucho de aquella época en que comenzaron a salir y no terminaba de acostumbrarse a las muestras de afecto en público, siendo bastante reservado y motivo por el que incluso hoy en día, tras años de relación, besarle de aquel modo seguía siendo poco común. Pero precisamente porque era algo que no hacían a menudo, cuando tenía la ocasión de demostrar a todo el mundo que Stiles era suyo y sólo suyo, se esforzaba como el que más.
Ejemplo de ello fue que cuando por fin liberó los labios de Stiles estos estaban enrojecidos por el largo minuto que duró el beso, como también lo estaban sus mejillas. Pero cuando aún no se había recuperado del bello espectáculo que era ver a su Stiles embarazado y sonrojado, con sus deliciosos labios bien usados, Derek percibió un extraño olor que era mitad deseo y mitad ternura.

Sorprendido por semejante mezcla de aromas devolvió la atención al público al que en teoría iba dirigido ese beso para encontrarse con cuatro pares de ojos que le miraban fijamente y que, aunque seguían desprendiendo ese brillo de lujuria, también estaban humedecidos por la emoción apenas contenida. Pero lejos de disimular las mujeres les sonrieron como si estuvieran contemplando una cesta de cachorros de gatitos, dando palmas y saltitos pese a su avanzado estado de embarazo.

Stiles sintió que las mejillas le ardían y, en un modo un tanto simple de alejarse de la realidad, se cobijó entre los brazos de Derek.

- Creo que no has pensado muy bien en lo que podía pasar –reconoció Stiles.
- No te preocupes –murmuró Derek, no perdiendo de vista a las mujeres lobo-. No te dejaré solo.
- Más te vale.
- Si ya habéis terminado de jugar –sonó de pronto la voz de Satomi, dulce y fuerte al mismo tiempo. La pareja observó a la mujer menuda que acababa de entrar con cara de profesora disgustada, seguida de los cuatros hombres lobo que miraban a sus respectivas compañeras con evidente disgusto-. Tengo una clase que dar.

Por unos instantes Stiles se olvidó de que estaba de seis meses y que no era bueno que corriera, porque eso fue lo que hizo para sentarse en la última fila de las colchonetas y alejarse del resto de hombres lobo, sin importarle que eso dejara a Derek teniendo que lidiar con los machos de la manada, y a los que lógicamente no les hacía ninguna gracia que sus mujeres siguieran mirando con adoración al Alfa de otra manada, así como al peculiar humano que estaba embarazado y que se había apuntado a última hora a las clase de preparto.
Stiles soltó un hondo suspiro:

- Va a ser una clase muy larga.

La clase sí que acabó siendo larga. Demasiado, en opinión de los dos.
La primera parte consistió, básicamente, en Satomi dando una charla bastante inspiradora sobre lo maravilloso que era traer una nueva vida al mundo y que, aunque fuera un proceso que podía resultar intimidante para los primerizos, no dejaba de ser algo natural que venía ocurriendo desde hacía milenios, por lo que las futuras mamás no debían preocuparse de nada.
Evidentemente, ante ese comentario las cuatros madres y sus respectivas parejas se giraron hacia Stiles, quien ni iba a ser una futura mamá ni lo suyo es que fuera muy normal, ante lo que el humano al menos tuvo la sangre fría de saludar, al haberse convertido otra vez en el centro de atención. Y aunque Satomi se apresuró en aclarar que era cierto que su caso sí era más especial que el resto, pero que también era una situación en la que los mismos astros se habían alineado para que hoy estuviera allí, Stiles no las tenía todas consigo.

Es verdad que era reconfortante oír eso, pero no dejaba de ser lo mismo que Derek le venía repitiendo desde el principio del embarazo, por lo que Stiles agradeció el momento en que la charla terminó y comenzó la parte práctica.
Y es que por mucho que le encantara investigar y aprender sobre cualquier cosa, Stiles Stilinski estaba muy necesitado de hacer algo más concreto y, sobre todo, más práctico.
Por ejemplo, aprender a realizar las respiraciones que tendría que llevar a cabo cuando llegara el gran día, y que según aseguraba Satomi le ayudarían a que el parto fuera mucho más placentero y relajado.

Eso era justo lo que necesitaba oír.

Así pues, Stilinski siguió las indicaciones de la mujer lobo y se sentó en la colchoneta, esperando a que Derek ocupara su posición, justo detrás de él.
Enseguida constató que los ejercicios en sí no eran especialmente complicados. La mujer lobo explicó entonces que lo único que tenían que hacer era contar y ser conscientes del modo en que los pulmones se llenaban de aire y luego vaciaban, pues la finalidad de las respiraciones no era otra que concentrarse en una tarea concreta para que las contracciones resultaran menos dolorosas.
Y Stiles, que cuando estaba en clase era un chico de lo más aplicado (aunque no siempre lo parecía), se esmeró en esa tarea como si le fuera la vida en ello, y la siguiente media hora se dedicó a inspirar y espirar profundamente, contando los segundos entre cada respiración.

Así llevaban media hora, con la mujer lobo contando en voz alta para que las mamás (y el papá) se dedicaran simplemente a respirar, y que había creado una especie de musiquita de fondo de lo más monótona.

- ¿Qué tal lo llevas? –preguntó Derek al terminar la última serie de respiraciones, aprovechando que tocaba cambiar de posición para así también estirar.

En el caso del Alfa su trabajo estaba consistiendo básicamente en servir de apoyo para el cuerpo de Stiles, pues con su prominente barriga la espalda le dolía tras llevar mucho tiempo en la misma postura.
Y tenía que reconocer que estaba siendo de lo más tedioso. Así que no quería ni imaginar cómo lo estaría llevando su novio, para quien estar quieto durante tanto tiempo y sin hablar era algo así como una tortura.

Con lo que no contó fue con que dicho novio estaría esperando la mínima oportunidad para romper su mutismo, por lo que aquella simple pregunta acababa de proporcionarle la excusa perfecta.

- Bien –dijo en voz muy baja mientras se tumbaba boca arriba, que era como había indicado Satomi que debían colocarse ahora-. Aunque estaría mejor si todo el mundo dejara de mirarme.
- No te están mirando. No seas tan egocéntrico.
- No lo estoy siendo –se acercó un poco más al oído de Derek para susurrarle-. El tío de primera fila me ha enseñado los colmillos y todo.

Derek observó a ese hombre lobo en concreto, quien estaba ayudando a su correspondiente pareja y que de repente se puso un poco más tenso. Sonrió para sí ante su reacción, y más cuando respondió a Stiles.

- ¿Por qué susurras? –preguntó Derek, curioso-. También es un hombre lobo. Te ha oído perfectamente.

Por si quedaran dudas, la mujer del hombre lobo en cuestión se dio media vuelta para saludar a Stiles con una tímida sonrisa de disculpa.

- Joder –Stiles se llevó las manos a la cara-. Lo que me faltaba.
- Si te sirve de consuelo, cuando te ha enseñado los colmillos yo le he recordado quién era el Alfa aquí.
- ¿Qué has hecho? –preguntó, más animado-. No me he enterado de nada.

Derek se sonrojó un poco pero respondió en un susurro, aprovechando que Satomi reiniciaba la cuenta de las respiraciones.

- He puesto las cejas de esa manera que tanto te gustan.
- ¿En serio? ¿En modo "te voy a arrancar la garganta"? –preguntó, emocionado-. Me encanta cuando haces eso.
- Sólo a ti podría gustarte cuando amenazo a la gente.
- Tus amenazas son uno de tus puntos fuertes. Fue una de las cosas que primero me atrajeron de ti… Y mira dónde estamos ahora. Así que ni se te ocurra dejar de hacerlo.
- Perdonad –dijo de pronto Satomi, alzando la voz para que los del fondo también la oyeran-. Si ya habéis terminado de ligar, me gustaría continuar con la clase.
- Lo siento, profe. Ya nos callamos.

Fue Stiles quien respondió, siguiendo rápidamente las instrucciones de la mujer, como si no hubiera ocurrido nada.
Por su parte Derek le observó con las cejas en todo lo alto, que era su manera de llamarle la atención sobre lo que acababa de hacer.

- ¿Qué pasa?
- ¿Profe?
- ¿Qué? Esto es una clase de preparto, ¿no? Y ella es la profesora… -inspiró profundamente, dando la sensación de que en realidad estaba prestando atención a esa clase-. Para que luego digas que no soy educado.

Derek no pudo reprimir la risita que se le escapó. Era imposible con Stiles al lado siendo tan… Stiles.

- Calla, anda. Que al final nos echan.
- Pero si eres tú quien sigue hablando –protestó en voz baja. Guardó silencio cinco segundos, y siguió hablando-. Además, no creo que se atreva a echar al Alfa. Si hace eso ¿no sería como crear un conflicto diplomático entre manadas de hombres lobo?

La expresión de Derek se volvió más seria, que era lo que le pasaba cada vez que Stiles le hacía una pregunta ridícula pero que en realidad estaba preguntando muy en serio. Agarró entonces uno de sus pies descalzos para ayudarle a estirar la pierna, tal y como estaba viendo hacer al resto, hasta acabar flexionada sobre su estómago.

- Me niego a responder esa pregunta –murmuró cuando bajó la pierna.
- ¿Por qué no? Tiene sentido.
- No tiene ningún sentido. No existen la diplomacia entre manadas.
- Y así os va –farfulló Stiles, un poco más alto.
- ¡Derek! -gritó entonces Satomi-. O haces que se calle tu compañero, u os echo a los dos… Y me da igual crear un conflicto diplomático.

Las risas del resto de alumnos se oyeron en toda la clase, consiguiendo que las puntas de las orejas de Derek se volvieran rojas.

- Mira lo que has conseguido –se quejó en un susurro-. Que Satomi me eche la bronca.
- Sólo ha sido una amonestación, no seas quejita. Cómo se nota que en el instituto no te tenían manía.
- Tal vez eso era porque yo sí me callaba.

La nueva miradita que le lanzó ofendió a Stiles más de lo que lo haría cualquier bronca, pues en su opinión perdió el derecho de amenazarle "a lo Alfa" desde el instante en que le dejó embarazado.
Y quiso que pagara por ello.
Y porque a la hora de vengarse podía ser de lo más creativo, Stiles decidió ser cruelmente poético. Esto es, le dio a Derek justo lo que le estaba pidiendo: silencio total.

Por mucho interés que Stiles hubiera tenido en participar en la clase, a los cinco minutos ya se había quedado con la teoría, por lo que no entendía por qué llevaban más de media hora haciendo todo el rato lo mismo. Lo que significaba que Derek, que podía ser muchas cosas pero a la hora de captar las cosas era tan rápido como él, también tenía que estar muriéndose de aburrimiento.
Pero sabía que Derek jamás lo reconocería en voz alta, y menos cuando acababa de echarle la bronca por no prestar atención en clase, por lo que seguiría con esa expresión estoica lo que tuviera que durar la clase… Y esta vez tendría que soportarlo sin la agradable y muy amena conversación de su querido novio.

Veinte minutos después, cuando una de las mamás de primera fila pidió que por favor repitieran los ejercicios que hicieron al principio de la clase, Stiles vio como Derek apretaba los dientes, rugiendo su frustración. Aguantó las ganas de echarse a reír y cuando Derek dejó de imaginar la muerte de esa madre para centrarse en él, porque parecía que iba a decir algo, Stiles se puso muy serio y se concentró en Satomi, asintiendo incluso con la cabeza para dejar claro que lo que estaba diciendo era lo más importante del mundo, y que por tanto Derek debía sentirse mal por no estar prestando atención.

Cuando oyó el suspiro agónico del Alfa y de reojo vio que tenía su cara patentada de cachorrito, Stiles tuvo que morderse el interior de los carrillos para no estallar en carcajadas. Eso le pasaba por meterse con Stiles "embarazado" Stilinski.

Claro que, diez minutos después, fue el propio Stiles quien deseó matar a otra madre que seguía preguntando por lo mismo del principio.
Miró entonces a Derek, a quien no le habían pasado desapercibidos los instintos asesinos de su pareja, y motivo por el cual ahora sus cejas le estaban diciendo "por favor, acaba con esta tortura".
Apiadándose de él, y porque en esta ocasión los dos querían lo mismo, Stiles le guiñó un ojo antes de levantar la mano. Si lo que quería su amorcito era salir de allí, eso es lo que harían.

- Profe… esto, Satomi –llamó la atención de la mujer.
- Sí, Stiles, ¿qué pasa?
- Verás, tengo un pequeño problema… Y por pequeño problema quiero decir "un gran problema de vejiga", que lleva un rato convertida en algo así como una bomba de relojería a punto de estallar –se apoyó en el hombro de Derek para darle pie a que le ayudara a levantarse, de paso que le cogía de la otra mano para mantener el equilibrio-. Y teniendo en cuenta que estoy rodeado de hombres lobo con unos olfatos muy sensibles, no me gustaría nada que acabara reventando y me hiciera pis encima, lo que además sería increíblemente humillante… Y como ya he sido el mono de feria durante toda la clase, coincidirás conmigo en que sería muy cruel que también me pasara ahora esto –Ya se había puesto en pie, pero no esperó a que la mujer respondiera. Realmente, no le dio la oportunidad de hacerlo-. Así que, con tu permiso, me voy a ir al baño. –De pronto Derek apretó su mano un poco más fuerte de lo normal-. Y necesitaré a Derek para que me ayude, claro. Porque yo estoy embarazado… Como puede verse… Y no puedo hacerlo solo... El pis.

Ya sí, esperó a que la mujer dijera algo. Pero Satomi se había quedado completamente inmóvil, como si estuviera intentando desvelar un gran misterio. Observó entonces a Derek, encogiéndose un poco de hombros sin saber qué más hacer, y él siguió desde ahí.
Menos mal que él tenía práctica a la hora de poner cara inexpresiva.

- Gracias por invitarnos, Satomi –dijo con voz grave-. Cualquier cosa que necesites de la manada Hale, no tienes más que pedirlo.
- Derek, cariño. –Stiles dio un par de saltitos y todo para que su actuación fuera más creíble-. No voy a aguantar mucho más.

Derek no perdió más tiempo. Colocó una mano en la espalda de Stiles para que empezara a andar y en completo silencio salieron de la clase ante las atentas miradas de alumnos y profesora.
El silencio continuó tras dejar el aula, acelerando un poco el paso hasta que llegaron al coche. Y nada más sentarse Derek se echó a reír con una carcajada tan escandalosa que acabaron saltándosele las lágrimas.

- Sólo para que quede claro –preguntó Stiles-. ¿Te estás riendo de mí o conmigo?
- En realidad, un poco de las dos cosas.

A Stiles le habría ofendido más la respuesta, si no fuera porque Derek estaba increíblemente guapo cuando se reía con esa libertad.

- ¿Y eso?

Derek se enjugó las lágrimas, recuperando un poco su pose de Alfa. Pero fue mirar a Stiles, quien le había librado de uno de los momentos más terriblemente aburridos de su vida, y volvió a aflorar una sonrisa en sus labios.

- Gracias por rescatarme.
- No hay de qué –le señaló con el dedo-. Para que luego te quejes de que hablo mucho.
- No volveré a hacerlo, te lo prometo.
- Secundo la moción… ¿Y qué más?

El Alfa negó y rio a la vez.

- Veamos. Acabamos de salir de una clase repleta de hombres y mujeres lobo que han captado perfectamente que estabas mintiendo porque podían oír el latido acelerado de tu corazón, y porque si realmente estuvieras a punto de hacerte pis encima, lo habrían olido a kilómetros de distancia.

Stiles sintió que debía sonrojarse. Hacía muchísimo que no le pillaban en un renuncio tan grande. Pero a su lado Derek no parecía preocupado por lo que acababan de hacer, así que a él tampoco le importó mucho.

- Vamos, que Satomi no nos va a volver a invitar a su clase de preparto en la vida.
- Nop –dijo risueño. Tomó entonces una de las manos de Stiles-. Pero si quieres puedo ir yo para tomar apuntes y luego hacer los ejercicios en casa contigo. Así no te resultará tan aburrido.

Stilinski fingió que se lo pensaba.

- Por muy tentadora que sea la idea de verte tomar apuntes, cual empollón asquerosamente atractivo –le guiñó un ojo-, creo que ya tenemos toda la teoría que había que saber.

A Derek se le iluminaron los ojos.

- ¿Así que no voy a tener que volver? –preguntó, esperanzado.
- No. A partir de ahora, todas las respiraciones que hagamos serán en casa, los dos bien solitos y hablando lo que nos dé…

No pudo terminar la frase, pues Derek se abalanzó y le besó como si no hubiera un mañana.

- Te quiero muchísimo –dijo entre beso y beso- Y prometo no volver a quejarme porque hablas demasiado. Por favor, no te calles jamás.

Stiles se echó a reír, dándole entonces un par de palmaditas en lo alto de la cabeza.

- Buen Alfa. Así me gusta.