Capitulo diecinueve
Bella POV
Aquella noche con Nessa me sentó bien, no había querido admitirlo pero necesitaba compañía, y el hablar con Alice removió demasiadas cosas en mi interior, demasiado dolor. A la mañana siguiente en la facultad no pude evitar dedicarle alguna que otra mirada discreta a James, él me las devolvía acompañadas de una ligera sonrisa que despertaba suspiros entre las féminas y bufidos de Charlotte, que lo miraba con desaprobación.
Los días pasaron lentamente. Entre Ángela y Nessa ocultaban las revistas en las que Edward salía acompañado de Tanya, y otras en las que lo hacía de otras muchas chicas. Quería pensar que solo me había dejado por el embarazo de Tanya, pero cuando veía que no era ella la que iba cogida de su mano me hacía dudar de mi propio criterio.
En la universidad las cosas también iban bien, Charlotte era mi compañera de fatigas, teníamos todas nuestras clases juntas ya que estudiábamos la misma carrera, comíamos juntas y alguna que otra tarde me acompañaba hasta la cafetería donde se quedaba un par de horas hasta que comenzaba a llenarse de gente. Poco a poco se fue convirtiendo en otro pilar de mi vida, necesitaba el apoyo de mis amigas para poder mantenerme a flote y alejar la mierda que a veces también flotaba a mí alrededor.
Con James las cosas también cambiaron un poco, durante las clases continuaba dedicándome miraditas y me sonreía, yo al principio lo esquivaba, no es que no me cayese bien, pero era parte del personal docente y estaba terminantemente prohibido cualquier tipo de relación personal con los alumnos. No quería que él tuviese problemas por entablar una amistad conmigo, y mucho menos quería tenerlos yo, no podía volver a trasladarme, no quería ni me veía con fuerzas para poder soportar el comenzar de nuevo.
James se pasaba algunas tardes por la cafetería y manteníamos alguna que otra conversación, pero nada importante. Charlotte continuaba mirándolo mal, decía que no era bueno para ninguno de los dos que tuviésemos más que un contacto profesor alumna, aunque al principio intenté hacerle caso James era un hombre muy interesante. Su madurez le daba ese halo de genialidad que lo diferenciaba de absolutamente todos los chicos que conocía. Siempre sabía que decir, siempre tenía las palabras exactas que me hacían sentir bien y se lo agradecía, sobre todo cuando tenía uno de esos días malos en los que las pesadillas no me dejaban dormir. Él siempre estaba allí con su sonrisa iluminando tenuemente mi vida.
Había pasado una semana desde que había hablando con Alice. Intenté llamarla un par de veces más, pero cuando tenía que pulsar el botón de descolgar me quedaba congelada. Era una cobarde, ya lo tenía sumido. Me fui de Forks y ahora no era capaz si quiera de hablar con mi mejor amiga. De Rosalie no supe nada, supuse que Alice le había dado mi mensaje y me había hecho caso, cada día estaba menos enfadada con ella, pero todavía quedaba un poco de resentimiento en lo más profundo de mi corazón. Necesitaba un motivo, saber el por qué había actuado así, pero eso sería cuando hablar de Edward y esos pocos días que compartimos juntos no me hiciese tanto daño.
Pero hoy era un gran día… sábado, mi día libre y también el de Nessa, hoy Ben había decidido no abrir la cafetería porque él y Ángela salían de viaje hacia Seattle para visitar a su familia. Hoy además, Nessa se mudaba a vivir conmigo. Había tenido algunos problemas en casa con sus padres, y a mí me sobraba una habitación, además, que necesitaba la compañía de alguien para poder estar realmente tranquila.
Eran las diez de la mañana cuando el timbre comenzó a sonar insistentemente, me levanté del sofá donde estaba tumbada y llegué a la puerta en una carrera. Quería comenzar a ver a Nessie revolotear por el apartamento para no sentirme tan sola. Pero al abrir la puerta me quedé en shock, podría esperar a cualquier persona menos a la que estaba tras esa puerta.
– ¿No vas a abrazarme? –preguntó poniendo un puchero.
Sonreí y salté a sus brazos como tantas veces lo había hecho, él me cogió al vuelo y me apretó con fuerza hacia su pecho mientras giraba sobre sí mismo. Me dejé envolver por su abrazo, sintiéndome completamente reconstruida durante unos pocos segundos, pero esa sensación se evaporó por completo cuando me deposito de nuevo en el suelo y se alejó dos pasos para mirare.
– Estás más delgada… seguro que no comes bien –murmuró con los ojos entrecerrados.
– ¡Jake! –Me quejé– ¿Has venido a visitarme o sacar defectos de mi nueva vida?
– A visitarte pulga, sabes que no puedo vivir sin ti –dijo poniendo cara de perrito abandonado.
Sonreí y le di un manotazo en el brazo, después lo empujé para que entrase en mi apartamento, colocó una maleta junto a la puerta y dejó caer sus bolsas pesadamente al lado del sofá para después volver a abrazarme con fuerza. Me sentía como si estuviese de nuevo en casa cuando me abrazaba, era como dar marcha atrás en el tiempo y volver a mi vida cuando Edward Cullen no era una losa sobre mi espalda.
– ¿Cuánto tiempo vas a quedarte? –pregunté sonriendo, me encantaba tenerlo cerca.
– Sólo un par de semanas, sabes que tengo que volver pronto o mamá se volverá loca –dijo mientras me revolvía el pelo.
Estuvimos un rato hablando mientras me ponía al día sobre todo lo que había pasado en el pueblo, echaba de menos formar parte de esas historias, pero no me arrepentía de haber tomado la decisión de irme y seguir adelante con todas sus consecuencias. De repente caí en cuenta de algo y me sentí mal por mi hermano.
– Jake… –susurré– tendrás que dormir en el sofá.
Él me miró con el ceño fruncido durante unos segundos que me parecieron minutos, hasta que una sombra ira atravesó su mirada.
– ¿Está Cullen aquí? –preguntó en un gruñido.
El color abandonó mi cara y sentí como si fuera a desmayarme… ¿Edward en mi apartamento de New York? Esperaba que no…
– ¡No, idiota! –Espeté indignada– Hoy se muda mi compañera de trabajo.
Como si la hubiese evocado con el pensamiento el timbre comenzó a sonar de nuevo y yo corrí hacia la puerta bailando por el camino.
– ¿Seguro que es solo tu compañera de trabajo? –Pregunto Jake divertido– A ver si ahora me vas a venir con que has cambiado de preferencias.
Lo miré con rabia y gruñí en su dirección. Antes de darle tiempo a contestar me giré y abrí la puerta para que Nessa pudiese entrar en su nueva casa. En cuanto la pude ver, su imagen se convirtió en un borrón que desapareció por el pasillo dejándome estupefacta sosteniendo todavía la puerta. Jake me miró sorprendido y pero con una mueca divertida.
– Esconde el café –murmuró por lo bajo.
Reí disimuladamente y volví a sentarme a su lado en el sofá, pasó uno de sus enormes brazos por mis hombros y me atrajo hacia su cuerpo. Escuchamos algún grito proveniente de la que sería la habitación de Nessa a partir de ese día y no pudimos evitar soltar alguna que otra risilla.
Ella preció poco después en la sala con una enorme sonrisa y ya un poco más tranquila, o al menos eso aparentaba. Se sentó en frente a nosotros sobre la alfombra del suelo y me miró con un brillo de alegría en sus ojos.
– Te agradezco este enorme favor que me estás haciendo–dijo con voz dulce–, no te imaginas lo mal que lo estaba pasando en aquella casa donde me comparaban continuamente con la súper Jane.
Sonreí a mi amiga con verdadera sinceridad, me gustaba haberla ayudado, así le devolvería un poco lo que había hecho ella por mí esos días atrás.
– No te preocupes Ness, sabes que puedes contar conmigo para lo que quieras– Por cierto, este es mi hermano Jake, Jake esta es Nessa– señalé a ambos mientras los presentaba.
– Hola –dijo con Nessa con alegría hacia su dirección pero sin prestar mucha atención– Bells, oye, tienes que dejarme pintar mi habitación, ese color no va conmigo.
– Claro, no te preocupes –le contesté.
Miré a Jake que no había abierto la boca desde que Nessa había aparecido, y tuve que reprimir una carcajada en cuanto lo hice. Miraba a Nessa con los ojos abiertos desmesuradamente y la boca entreabierta. Sus ojos brillaban de un modo del que nunca había visto, era como si estuviese viendo un ángel o algo parecido. Le di un golpe en las costillas con mi codo, pero solo conseguí que me doliera y un posible cardenal, ya que Jake no cambió de expresión ni movió ni un solo musculo. Comencé a preocuparme por su salud mental y lo sacudí ligeramente con un poco de disimulo.
– ¿Eh? –preguntó aturdido.
Yo no contesté y me limité a sonreír, Jake no tardó en desviar la mirada de nuevo a Nessa y continuó mirándola como en trance.
– Controla tus babas campeón –susurré en su oído.
Ese comentario pareció despertarlo, porque cabeceó y se paso una mano por la barbilla como para comprobar que lo le decía no era verdad. Estallé en carcajadas y Jake me taladró con la mirada, Nessa continuaba en su mundo, mirando a un punto fijo en el techo. Supuse que imaginando como decoraría su futura habitación.
– Se llama Nessa y es mi compañera de trabajo –volví a susurrar en su oído.
Jake me miró con suspicacia y sonrió.
– No tiene novio –volví a susurrar.
En su rostro se dibujó una sonrisa radiante y sus ojos brillaban con alegría.
– Tienes ayudarme Bells, tú la conoces –me pidió también con un susurro.
Lo pensé durante unos segundos, Jake era mi hermano, no de sangre pero nos queríamos como tal, Nessa era mi amiga y en el poco tiempo que nos conocíamos también había llegado a quererla casi como a una hermana. Ambos se merecían a una buena persona en sus vidas, ¿Sería el otro la persona adecuada para ellos? La experiencia me había demostrado que eso solo se podría saber en la práctica así que asentí en dirección a mi hermano confirmándole que le ayudaría con Ness, pero sin más una idea cruzó mi mente.
– Con una condición Jake– le dije mientras él se frotaba las manos mirando a la muy distraída Nessa. Se detuvo al instante y me miró con miedo–, te olvidarás de Newton y cualquier plan que acabe con él en mi cama o yo en la suya.
Pareció sopesarlo durante unos minutos, Mike era su mejor amigo, pero con amigos así era mejor tener enemigos… asintió y me tendió su mano para que la estrechara señalando que teníamos un trato. Así que ahora empezaba la operación Nessa x Jacob esperaba no tener que intervenir mucho, si a Nessa le interesaba algo se tiraba en picado a por él, así que solo tenía que conseguir que Jake llamara la atención de mi amiga.
– Por cierto Bells… –me dijo Jake con prudencia.
Lo miré esperando que hablase.
– La maleta amarilla que hay junto a la puerta es para ti –explicó.
Lo miré con una ceja enarcada, me acerqué hasta la puerta y cogí la maleta, la abrí y estaba llena de ropa… ropa nueva. Mi ceño se frunció y miré a Jake lanzándole dagas con los ojos.
– Ha sido Alice… a mi no me culpes –se defendió levantando las manos inocentemente.
– ¡Te culpo por haberle hecho caso! –grité enfadada.
– Venga… –se quejó –sabes que esa enana te adora… no desprecies sus regalos.
– Me dijiste lo mismo cuando me regaló el volvo el año pasado –me defendí.
– Hablando del volvo… necesito los papeles que te dejé en uno de los compartimentos… esos que hablan sobre el cambio del aceite en el motor y esas cosas, el chico al que se lo vendí me los ha pedido –dijo Jake desviando la mirada, intenté no prestar atención a ese gesto y fui hacia mi habitación.
En cuanto entré fui directa hacia mi ropero, sabía que en el altillo de arriba había guardado la caja con todo lo que el coche tenía dentro. Me puse de puntillas para poder llegar a cogerla, pero aun así solo logré tocarla con la punta de los dedos. Bufé frustrada, ahora era cuando me lamentaba de ser tan bajita, aunque no tanto como Alice. Di un salto y le di un empujó a la caja haciendo que asomase un poco del estante, con otro salto y otro empujón la caja sobresalió por completo y todo el contenido se me cayó por encima.
El aroma de Edward se esparció por la habitación y se me hizo un nudo en la garganta. Me puse de rodillas entre las cosas esparcidas por el suelo, evitando por completo las ganas de acércamelas a la nariz y aspirar ese aroma como si fuese mi droga y yo estuviese completamente necesitada. Encontré los papeles que Jake me había pedido y los tomé con manos temblorosas, con torpeza fui metiendo todo de nuevo en el interior de la caja, lo guardé todo y la metí de nuevo en el armario, esta vez en un estante más bajo para facilitarme las cosas.
Me puse en pie dispuesta a salir de la habitación y comencé a caminar, mis pies tropezaron con algo y acabé en el suelo una vez más. Llevaba puesto unos shorts, y al caer sobre la moqueta la fricción me había hecho una pequeña quemadura en la rodilla. Me giré sentándome en el suelo y llevé mis manos a la rodilla para aliviar el escozor. Maldije en alto unas cuantas veces y busqué con la mirada al culpable de mi pequeño accidente para vengarme con creces.
Encontré una cajita de joyería de terciopelo rojo, era pequeña y rectangular, algo con lo que una persona normal solo habría trastabillado, pero con mi torpeza natural yo había caído de bruces. La cogí entre mis manos y la contemplé durante unos segundos, esa caja tenía que haber estado en la caja de cartón junto con las otras cosas que tenía en mi antiguo coche. Pero yo no recordaba tener algo así, es más, yo no tenía joyas… no me gustaba parecer el escaparate de una joyería ambulante.
Esa caja debía de ser de Edward, seguro que se la olvidó antes de devolverme el coche aquella mañana… sentí una punzada en el pecho… la herida estaba sangrando de nuevo, de nuevo me estaba hundiendo en ese mar oscuro rodeada de mierda. Las risas de Jake y Nessa provenientes de la sala me sacaron de mi trance y conseguí salir a la superficie de nuevo.
Cogí la caja con fuerza y me puse en pie ignorando el dolor en mi rodilla y dirigiéndome hacia el escritorio donde estaba mi laptop. Miré la caja entre mis dedos y luego la papelera… estaba listo Edward si esperaba que le devolviese algo, no merecía que le diese ni la hora. Me debatí sobre tirarla o dársela a Alice para que ella se la devolviese. Volví a mirar la caja pero esta vez con una curiosidad enorme ¿Qué tendría dentro?
"Ábrela tonta" gritó mi conciencia "¿quién se va a enterar de que has visto lo que tiene dentro?"
Agarré la caja ahora con ambas manos, sentí miedo, como si lo que estaba sosteniendo fuese a explotar de un momento a otro. Me la llevé hasta la nariz y todavía olía a Edward… se me apretó todavía más el nudo en la garganta. Un sollozo abandonó mi pecho y las piernas comenzaron a flaquearme cuando los recuerdos comenzaron a azotar mi mente.
Abrí la caja con mis dedos temblorosos, un papel doblado en dos se cayó al suelo pero no le di importancia, mi vista estaba trabada en aquella pequeña joya. Nunca había visto algo tan hermoso y tan sencillo a la vez. Era una fina cadena de oro de la colgaba un pequeño dije en forma de lágrima, esa lágrima era un cristal tallado que al contacto con la luz enviaba mas haces de luz de colores en todas direcciones. La respiración se me cortó y el corazón comenzó a bombear a una velocidad de vértigo.
Dejé la caja con el dije en su interior sobre mi escritorio y me agaché a coger el papel que se había caído, me debatí con mi conciencia durante varios minutos, no quería leerlo, tenía la ligera sospecha de que lo pudiese poner me haría daño. Pero una vocecita que hablaba desde lo más profundo de mi corazón me estaba pidiendo a gritos desgarrados que lo abriese, que con eso podría aclarar muchas cosas.
Mis dedos temblaban más que nunca mientras quitaba la primera doblez del papel, se me cayó de nuevo al suelo y me puse de rodillas frente él, lo agarré de nuevo y quité la última doblez. Enseguida reconocí la caligrafía de Edward, la respiración se me cortó y mi corazón se saltó un latido cuando pude descifrar el mensaje que transmitían esas letras entre mi nerviosismo y los temblores que me azotaban.
"Lo siento, un día lo entenderás. Je t'aime"
Me quedé en blanco mirando al papel fijamente, ese mensaje podría ser claramente para mí, pero lo dudaba, no había dejado una huella demasiado grande en su vida como para que fuese digna de uno de sus regaos, y mucho menos de una nota escrita a mano por el propio Edward Cullen. Sí, para mí había dejado de ser Edward el hermano de Alice, el chico del que me había enamorado. Ahora solo era Edward Cullen la súper estrella, el chico inalcanzable.
