Disclaimer: Los personajes fueron creados por la maravillosa Stephenie Meyer. La historia es una locura de mi extraña imaginación. Prohíbo la reproducción parcial o total de mis historias sin mi consentimiento. Di NO al plagio.


"Las cosas más importantes son las más difíciles de decir porque las palabras las empequeñecen". —Stephen King.

CAPÍTULO 18

Para cuando Emmett se detuvo en el garaje de la familia, su padre ya había vuelto del hospital y su madre estaba terminando la cena. Su hermano atrajo sus atenciones y él pudo irse a su habitación. Se quitó sus zapatos deportivos y se recostó en su silla, sintiéndose sin fuerza para darse un baño.

Su cuerpo cansado y sin fuerza le recordó al día en que Jacob Black le dio la golpiza fuera de la casa de Bella. Al final su hermano tuvo razón cuando dijo que se arrepentiría de haber abandonado su terapía física.

—¡Edward! —la fuerte voz de su hermano le hizo darse cuenta que este había entrado en su habitación con su bolso de entrenamiento y una sonrisa divertida—. Te ves deshecho, ¿hace cuanto que no te ejercitas?

Dos meses, esa era la respuesta. Cuando abandonó su tratamiento solo podía pensar en que Victoria lo había engañado de nuevo, y de la forma más baja. Con su motivación desapareciendo, olvidó fácilmente que debía continuar por él mismo, para su propio beneficio.

—¿Ya te vas?

—Sí, tengo que cerrar el gimnasio y pasar por Rosalie. ¿Podrías pensar en lo que te propuse? —le preguntó. Él asintió sin vacilar, causando que su hermano sonriera abiertamente y caminara hacia él para apretarle el hombro—. Bien, dime que decides en la próxima reunión familiar y… toma una ducha, hermano, lo necesitas —expresó con burla.

El cansancio en sus brazos quedó en segundo plano cuando comprendió la esperanza que su hermano tenía en que la situación con la familia mejorara para el fin de semana. Aunque no le sorprendió que Emmett supusiera lo que haría, le lanzó una mirada mordaz mientras salía de su habitación.

Había sido una larga tarde de descubrimientos y la cena no fue la excepción. Pudo sentir sobre él las miradas indiscretas de sus padres y notó la ausencia de las provenientes de su hermana. La comida le supo a tierra y que se inquietó aún más al ser consciente de lo causado en esos días. Su comportamiento había sido tan hostil y aprensivo que dudaba que pudiera hacer algo para solucionar el desastre al que había orillado a su familia.

Esperó hasta que todos estuvieron en su respectiva habitación para tomar su celular y, haciendo uso del medio más informal, le mandó un mensaje a su hermana menor. Fueron solo tres palabras: «Quiero hablar contigo», pero ella tocó a su puerta pocos minutos después.

—Recibí tu mensaje —susurró intranquila y mirándolo con cautela, no luciendo de la manera en que solía ser.

Sabiendo que no cruzarían unas cuantas palabras, Edward se había mantenido en su silla de ruedas y se había posicionado cerca de su escritorio. Con un gesto hacia la silla vacía frente a él, Alice terminó sentándose y lo mirándolo nerviosamente. Él no habló inmediatamente porque, aunque se trataba de su hermana, seguía siendo difícil expresarse.

—Lamento la manera en que te he tratado durante las últimas semanas —dijo, sus palabras fueron difíciles de pronunciar porque sabía que una disculpa no era suficiente para abarcar el daño ocasionado.

Alice lo miró desconcertada por un segundo y luego sorprendida, incluso diría que aliviada, como si antes hubiera esperado a que él siguiera atacándola por lo había hecho. No que la culpara, se había ganado ese reconocimiento por sí mismo.

—¡Edward, también lo siento! —ella balbuceó, incluso estuvo a punto de levantarse de la silla debido a su pronta ansiedad—. Nunca quise que tú y Bella hicieran algo que no quisieran, solo pensé que estaba ayudando…—las palabras quedaron en su boca cuando él elevó la palma de su mano.

—Alice, baja un poco la velocidad, por favor —pidió junto con una respiración profunda. No quería que empezará su verborrea y le impidiera terminar.

—Sí, lo siento.

Ella respiró profundamente, colocó las manos en su regazo y lo miró pacientemente.

Él llevó la mano izquierda detrás de su cabeza para masajear la parte baja de su cuello debido a su propio nerviosismo.

—No somos como hace años, hemos crecido y construido nuestra vida hacia diferentes direcciones —declaró. Ella presionó los labios y asintió en comprensión—. Sé que no actuaste con malicia, pero tengo problemas con el control, lo que sabes —ella asintió con más energía, lo que provocó que él hiciera una mueca—. Me molestó que dijeras que tuviste mucho que ver entre Bella y yo porque…

Dudó, sintiéndose desconfiado de decirlo en voz alta.

—Porque fue, como si en realidad, no hubieran tenido el control en nada sobre ustedes —Alice finalizo por él.

Edward lo confirmó con desgana, porque así era. Desde su accidente nunca se había sentido tan interesado en alguien más que cómo sucedió con Bella, no entendía cómo podía verlo detrás de todo lo que había hecho o lo que habían pasado, pero estaba aceptándolo cuando de repente todo se fue hacia otra dirección.

Y luego hacia otra después de hablar con su hermano.

Había muchas direcciones que tomar y actitudes que cambiar, pero también existía algo que no dejaba de estar presente.

—Pero, supongo que… incluso sin que te hubieras involucrado, o a nuestros padres, no hubiera tenido el control absoluto.

Alice elevó la cabeza con interés y él quiso sonreírle, pero no lo hizo porque aún seguía un poco rencoroso con toda situación, aunque estaba tratando de desplazando lejos de su hermana, confiando en que pronto el sentimiento desaparecería por completo.

—¡Al fin puedes ver que no tuve que ver con lo que sienten! —declaró con alegría.

Su hermano lo miró con advertencia para que lo dejara continuar.

—Somos familia, pero debemos de tener límites, ¿de acuerdo?

Ella asintió en comprensión, luchando con un intento de sonrisa.

—¿Me estás perdonando?

—Con el tiempo lo haré —respondió con sinceridad y sacudió la cabeza en negación cuando vio que ella estaba dispuesta a volver a disculparse—. Simplemente deja de disculparte, de lo contrario, vamos a quedarnos estancados en eso.

—¿Entonces qué va suceder entre nosotros a partir de ahora?

—Necesitamos límites. Eres mi hermana y siempre estarás en mi vida, pero no quiero que intervengas en lo que decida o no decida hacer, a menos de que, por supuesto te lo pida —suspiró y extendió ambas palmas hacia ella, dejándolas hacia arriba para que su hermana colocara sus pequeñas manos sobre las suyas. Un gesto de hermanos que había desaparecido con el tiempo y que estaba retomando en ese momento—. Eso es lo que hemos hecho siempre, no habrá diferencias a excepción de que no puedes hacer planes por mí, no sin mi consentimiento. ¿Puedes con eso?

Ella asintió confiadamente, endulzando su mirada con anhelo.

—¿Al menos puedo preguntar?

Él resopló bajito, pero no alejó su mano de su hermana. Era justo que también hiciera cambios, ser abierto con su hermana sería algo bueno para trabajar su expresividad.

—Preguntar está bien, pero nada de presionar.

Levantó una ceja con severidad, logrando una pequeña sonrisa en su hermana.

—¿Qué va a suceder con Bella?

Él se quedó en silencio. No podía controlar la incertidumbre de solo poder suponer respecto a lo que sucedería con la castaña. Ella había tenido sus dudas sobre si sus sentimientos eran temporales y temía que su silencio en las últimas semanas le hubieran dado una falsa respuesta.

—No sé lo que va a suceder entre ella y yo. No sé lo que ella siente y piensa ahora.

—Hablé con ella —dijo con precaución—. Nosotras hemos sido amigas desde el último año de preparatoria, Edward. Nuestra relación va más allá de una simple amistad y eso no cambiará.

Entendió lo que quería decirle: ellas habían solucionado sus problemas y su amistad continuaría pese a lo que sucediera entre ellos.

—Comprendo que confíen entre ustedes y respeto el valor de su amistad —la miró comprensivamente, odiando no tener la misma certeza referente de su hermana con relación a Bella. No, él tenía que conformarse con la esperanza de no haber arruinado su oportunidad con ella—. Por eso, independientemente de si ella me perdona por alejarme o si decide que no me quiere en su vida, jamás voy a pedirte que te alejes de tu mejor amiga.

—Pero…

—Alice.

—No, ya entendí que hay cosas, situaciones y problemas las que no puedo involucrarme —aseguró ella sonriéndole con suavidad cuando le levantó una ceja con advertencia—. Solo iba a decir que deberías hablar con ella en lugar de centrarte en suposiciones, creo que podrías sorprenderte.

El brillo genuino en la mirada de su hermana le impidió replicar.

No sabía que necesitaba ver aquello para que un poco de la culpa que le pesaba en la mente se aligerara.

«»

Algunos profesores saludaron y se despidieron de Edward con un gesto cuando lo veían detenido en el pasillo principal. No era nuevo que los demás ya lo reconocieran fácilmente como parte de los profesores o que los alumnos lo miraran con familiaridad.

Lo nuevo fue como su corazón saltó y empezó a latir con velocidad cuando vio a Isabella saliendo de su salón. Dejó salir una profunda exhalación al verla y empezó a recorrer el largo pasillo que conectaba los salones para llegar a su lado.

No tenía certeza de que Bella quisiera escucharlo después de tantos días, estaba seguro de que ella ya había llegado a una conclusión durante ese tiempo, pero eso no detuvo sus manos mientras se movía. Usaría las mismas palabras de su hermano si era necesario, pero esperaba que con las suyas fuera suficiente.

—¿Necesitas ayuda con eso?

Su voz detuvo a la mujer en medio del pasillo, tomándola lo suficientemente desprevenida para que aferrara el agarre a las carpetas que llevaba entre brazos. Ella se giró sobre sus talones para quedar frente a él, al principio asombrada y luego, sorprendentemente, un poco relajada.

—No, estoy bien —le respondió a su propuesta, aflojando el agarre a sus carpetas.

Se miraron fijamente, y no sabiendo como moverse a partir de ahí, mantuvieron su distancia.

—Verte así, me trae recuerdos —confesó, siendo sincero con ella.

Bella sonrió sin humor y se encogió ligeramente de hombros.

Habían pasado dos semanas y algunos días desde que estuvo tan cerca de él que no esperaba verlo tan pronto. No estaba segura de sí debería agradecerle por ese tiempo para aclarar sus pensamientos y acomodar sus sentimientos o estar enfadada por la manera en que se alejó. Aunque sabía con seguridad que ninguna acción los beneficiara en ese momento.

Con una pequeña inhalación, desvió la mirada de él.

—¿También te diriges al estacionamiento?

No recibió una respuesta porque no fue una pregunta importante, pero retomaron su camino hasta el exterior, deteniéndose cerca de la rampa cercana.

—¿Tienes tiempo para hablar?

Ella dudó, incluso miró su auto brevemente para recordarse que tenía que marchase, pero la mirada vacilante que Edward le estaba dando la mantuvo en su sitio.

—¿Estás listo para hacerlo, Edward?

Él asintió con lentitud, pero también firmeza, solo desviando la mirada hacia su madre por un breve momento.

—¿Lo estás tú? Porque mi madre puede llevarme a tu casa.

Ella asintió de manera pausada y vio al hombre alejarse hacia el auto de su madre. Ella se tomó un momento antes de dirigirse a su propia camioneta y otro momento para salir del estacionamiento.

Al pensarlo mejor, descubrió que tal vez no estaba lo suficientemente lista para escuchar lo que Edward tenía para decir. Pensó en llamarlo y cancelar todo, pero esa actitud no sería propia de ella. Necesitaba aclarar todo con él para que la incertidumbre dejará de molestarla.

A pesar de su determinación, el corazón empezó a latirle tan pronto como llegó a su casa y vio que él y su madre estaban esperándola. El respiro profundo que tomó antes de salir del auto y dirigirse hacia ellos en realidad no la ayudó mucho.

Esme le sonrió y abrió los brazos para recibirla cuando estuvo a unos pasos.

—Me da gusto verte, cariño.

—Hola, Esme —expresó, sonriéndole con cariño a la mujer.

Ella le sonrió a su hijo, mandándole una mirada cómplice antes de despedirse de ambos. Una vez que estuvo lejos de su visión, Bella lideró el camino al interior de su casa y Edward la siguió. Mientras él se acomodaba en la sala, ella hizo de lado las cortinas para permitir que la luz entrara y dejó su bolso sobre la mesa más cercana.

—¿Quieres algo de beber?

El hombre entendió su pronto deseo de alargar el momento, era algo nuevo para él notar su vacilación. Su responsabilidad también, supuso. De alguna manera, la había hecho insegura cuando se trataba de él.

—Bella, siéntate, por favor —le pidió.

Ella abrió los ojos con vacilación por un momento antes de dirigirse al sofá más cercano, reteniendo el aire dentro de sus pulmones.

—Te escucho, Edward.

—No quiero que solo me escuches, también quiero que hables.

Bella asintió con lentitud, visiblemente insegura de poder hacer aquello.

—De acuerdo. ¿De qué quieres que hablemos?

—¿Podemos hablar sobre lo que hizo mi hermana? —inquirió. Bella se sintió confundida de que el tono de Edward no fuera de enfado, sino que pareciera dispuesto en tocar ese tema—. Sé que ustedes están bien ahora, pero quiero saber qué pensaste en ese momento.

Recordar lo que Alice había hecho por ellos le provocó una leve mueca que se convirtió en una exhalación.

—Estuve asombrada, luego un poco molesta y creo que indignada —reconoció, forzando una media sonrisa—. Pero luego recordé que se trataba de Alice, mi mejor amiga. Sé que puede ser impulsiva, pero no capaz de actuar con egoísmo. No es una excusa, pero aquello me ayudó a comprender que en el fondo solo quería ayudarnos.

Sus palabras lograron que Edward tuviera una reacción diferente a la que había mantenido. Una sonrisa de suficiencia se posó en sus labios y la miró directamente.

—Creo que no la desconozco del todo —se burló de sí mismo—. También llegué a esa conclusión.

Si lo pensaba, no podía culpar a su hermana. Ellos tenían algo en común que los metía en problemas: la necesidad de algo. Alice necesitaba límites mientras que él necesitaba controlar sus impulsos y agresividad.

Ambos se quedaron en silencio, con las preguntas no hechas presionando para salir de sus bocas.

De pronto, Edward se movió más cerca de la mesita de la sala, llamando la atención de la mujer. No pudo preguntarse qué ocurría cuando lo vio tomar entre sus dedos la flor ya marchita que él le había llevado y ella había guardado para recordarlo. Se sintió un poco avergonzada, pero no lo suficiente para arrepentirse de que él lo descubriera.

—¿Has pensado en nosotros? —le preguntó con consternación, sin verla o esperar una respuesta.

—Por supuesto.

—No sé qué estoy haciendo, Bella.

El que su voz sonará como un lamento, no lo ayudó a cambiar la conclusión a la que ella había llegado, de hecho, la fortaleció.

—Mentiría si te dijera que no estoy decepcionada, pensé que teníamos algo, pero supongo que me equivoqué —dijo ella, bajando los hombros—. Tampoco diré que no lo veía venir —agregó por lo bajo.

Edward parpadeó, bajo la flor y la colocó en su lugar antes de mirarla con valor.

—No te equivocaste, tenemos algo —declaró, frunciendo una ceja—. Es solo que no sé lo qué estoy haciendo o cómo hacerlo funcionar sin arruinarlo —resopló con desesperación cuando los ojos de ella brillaron con incredulidad—. Solo he tenido una relación seria, si es que puedo definirla así: Victoria. Aunque sé que hay ciertos aspectos que hacen funcionar una relación, no sé cómo ser honesto respecto a cómo me siento o lo qué pienso, no sé como expresar todo eso sin que mis sentimientos se vuelvan en mi contra, yo… no sé cómo actuar contigo.

—Tampoco sé cómo actuar contigo, Edward —dijo ella, tragando en seco—. No sé en que momento te molestaras o indignaras por algo o alguien. Yo… creí que podría con todos los posibles escenarios si tenía la confianza de que también te comprometerías a estar a mi lado sobre la marcha, pero… ¡te alejaste!

—¿Ya no tienes esa certeza?

—Te alejaste al primer indicio de dudas —le recriminó, frunciendo sus cejas—. Puedo ser paciente, Edward, pero no voy a permitir que me quites mi confianza. Estoy dispuesta a dar todo de mí, pero a cambio, quiero lo mismo.

Él debía estar desilusionado de sus palabras, pero admiraba poder escuchar sus pensamientos sin que tuviera cuidado de no herirlo. Extrañaba a esa Bella determinada que lo empujaba a confiar en que todo era posible, que le hacía desear lo mismo.

—Es justo. ¿Qué más? —dijo de manera calmada y mirándola con atención para que ella siguiera soltando todo lo que había guardado para sí.

No iba a permitir que escondiera sus pensamientos por temor, no quería que a la larga eso se convirtiera en rencor.

—¡Prometiste que nosotros teníamos la última palabra! ¡Que íbamos a hacer esto juntos!

—Y no lo cumplí.

—¡No! ¡No lo hiciste, Edward! ¿Cómo puedo confiar en alguien que rompe sus promesas en la primera oportunidad?

—No deberías.

Ella se quedó con la boca abierta cuando se dio cuenta de que sus respuestas cortantes eran para que ella demostrara sus pensamientos más negativos.

—Bella, está bien estar enojada, no te guardes eso por mí.

Frunció los labios, entrecerrando los ojos hacia el hombre.

—Edward…

—A decir verdad, me gusta que digas lo que piensas y no trates de cuidar tus palabras por mí —confesó.

—¿Te gusta que te grite? —bufó.

—Me gusta que me veas como en realidad soy —dijo con suavidad. Ella cerró la boca, mirándolo con cierto nerviosismo—. Al principio me molestaba que no me tuvieras consideración y me dijeras lo que pensabas, ni hablar de tu optimismo que me parecía exagerado y desmedido…

Ella le frunció el ceño.

—Estás cambiando el tema.

—No. Estamos haciendo lo que las parejas hacen: hablar de lo que les molesta, lo que piensan e incluso de lo negativo de cada uno —los ojos de ella se abrieron y el aire abandonó sus pulmones, llevándola a sentir un poco mareada por la sorpresa—. Tengo varios defectos, pero en este momento solo se me viene uno, ¿quieres saber cuál?

Contemplándolo con expectativa, ella asintió.

—Soy egoísta —ella se mordió el labio, sin poder dejar de mirarlo a los ojos—. Te mereces a alguien que no le preocupe que todo se salga de su control, que no huya a la primera. Pero soy tan egoísta que, aun sabiéndolo, te quiero en mi vida.

Bella se quedó en silencio, viéndolo soltar todo sin tomarse un respiro. Quiso sonreír porque no lo había visto tan honesto respecto a lo que sentía o quería, y más que nada porque la quería a ella en su vida.

—No importa lo que Alice haya hecho para unirnos —continuó, su tono volviéndose exasperado ante su silencio, pero sin dejar de verla esa seguridad que en el pasado no tenía problemas para demostrar—. Lamento haberme alejado, que mis problemas fueran más fuertes y que no pudiera cumplir la promesa que te hice.

Ella se mordió el labio inferior.

—¿Por qué te alejaste? ¿Por qué te afectó tanto lo que Alice hizo?

Él sonrió de manera forzada.

—Siempre he sentido que, si no planeo mis acciones, mi vida se saldrá de control y no podré con las consecuencias —se animó a sonreírle de manera ladeada y luego sacudió la cabeza con un poco de humor—. Saber lo que hermana planeó… supongo que me hizo sentir fuera de control.

—Así que eres controlador.

—No, solo pienso mucho mis acciones y me gusta pensar todos los posibles escenarios antes de actuar —aclaró—. Nunca intentaría controlarte.

—Bien, porque no creo permitírtelo tampoco.

—Aunque ya me has permitido mucho, Bella —declaró—. Has sido muy paciente conmigo al permitirme tener el control sobre nuestra relación.

Ella hizo una mueca y alejó su mirada de él.

—No me había dado cuenta de eso, solo pensé que presionarte no era lo mejor.

—No estoy seguro de eso —dijo, moviéndose hacia ella. Bella se sentó derecha y se sintió nerviosa por la manera en que la miró cuando se detuvo frente a ella—. Descubrí que me interesabas cuando Jacob te besó, esa presión me dio valor. Puedes presionarme de vez en cuando, puedo no ser experto en relaciones, pero no quiero que te contengas por mí.

Ella se encogió bajo su mirada y él aprovechó para tomar la mano de la mujer.

—¿Aún crees que estoy confundiendo mis sentimientos, Isabella?

Levantando la mirada hacia él, negó con seguridad. Podía sentirlo en la manera en que la miraba y podía verlo en sus pequeñas acciones. A pesar de lo inexpresivo que podía ser, no había forma de ocultar sus sentimientos.

—Si sigues sintiendo lo mismo que antes por mí, aún después de saber que Alice es una parte importante de esto, eso quiere decir sientes más que una simple confusión.

Edward la observó con seriedad y en silencio.

—Bien, para que nuestra relación funcione tienes que aclarar tus dudas y eliminar tus temores.

Fue el turno de ella para mirarlo con seriedad.

—Sigues utilizando la palabra relación.

Él se encogió de hombros.

—Intento darte una pista de hacia dónde quiero llegar contigo.

Eso le sacó una sonrisa tranquila y le permitió asentir en su dirección.

—Entonces deja de darle vuelta al asunto.

Eso lo hizo dudar.

—Yo… nunca le he pedido a nadie…

Esa faceta nerviosa del hombre le pareció adorable a Bella. Recordó que Edward le había dicho que no quería que cambiara su personalidad por él y eso la hizo sonreír abiertamente mientras deshacía su agarre y llevaba su mano hacia el rostro masculino.

—Vamos a hacerlo juntos —le recordó, logrando que se sintiera relajado con su toque y sus palabras—. No tienes que usar las palabras clásicas para pedirme ser tu novia, solo comprométete con esa promesa.

Se inclinó hacia ella, hacia su voz, y presionó sus labios con los de la mujer. Al principio la sorprendió, pero después, terminó sonriendo contra sus labios porque Edward estaba prometiéndole más de lo que pensaba con ese beso.

Alejándose apenas lo suficiente, la miró con ternura.

—Te lo prometí antes, lo hago ahora. Vamos a hacer esto juntos —aseguró con firmeza, observando los ojos expectantes de la mujer—. ¿Quieres ser mi novia?

Sonriendo por la pregunta del hombre, ella presionó un beso ligero sobre sus labios y asintió.

—Sí, Edward, sí quiero.


¡Gracias por esperar tanto por la actualización!

¡Al fin, después de casi veinte capítulos, tenemos parejita! Edward ya se dio cuenta que la vida no siempre se puede planear y que hay cosas que enfrentar. ¿Qué piensan que pasará ahora? Porque, a pesar de que le ha prometido que comprometerse con la relación, aún hay algo que guarda para sí mismo.

Gracias por los comentarios en capítulos anteriores, alertas y favoritos a:

alejandra 1987, ALEJANDRA MASEN CULLEN, almacullenmasen, anytito, blankitapia, calia19, cary, chiarat, CeCiegarcia, CHRCullen, cinti77, Cobrizo Cullen, cristal82, Danny CullenMa, Fallen Dark Angel 07, Franciscab25 ginnicullenswan, gmea, Idalia Cova, Iza, Jade Hsos, Klara Anastacia Cullen, LeoniBlackAngel, Letieuge, Licetsalvatore, liduvina, Lizdayana, Liz Vidal, lupitaduarte584, makaTargaryen, Maribel 1925, Maryluna, melina, mony17, Nena-Mary, Nitoca, odi19, patymdn, PEYCI CULLEN, saraipineda44, soledadcullen, sonia sandria, SUN, Tata XOXO, Tecupi, Valery1, Vanina Iliana, Vanenaguilar, Yoliki, YouHysteriaMyHysteria; e invitados anónimos.

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¡Nos leemos!