Sólo faltaban dos semanas para la cuenta atrás.

Cuando Derek fue consciente de ese hecho le sorprendió que el tiempo hubiera pasado tan rápido. Es cierto que los dos primeros meses se le hicieron poco más que eternos con tantas dudas, preocupaciones y discusiones entre los dos. De hecho, por aquel entonces ni siquiera pensó que llegarían a sobrevivir a los siete meses siguientes, ya fuera como padres o incluso como pareja.

Pero milagrosamente lo habían conseguido. Hasta el punto de que a día de hoy todavía le parecía una vida el tiempo que les quedaba para poder ver a su pequeña con ellos.

Un día menos, se dijo a sí mismo cuando salió del ascensor, tratando de animarse.

Comparado con tachar los días en el calendario, lo que realmente le animaba era llegar a casa y encontrarse con un embarazadísimo Stiles. Y aunque tardó un poco en acostumbrarse a su nuevo cuerpo, tan distinto de la anatomía fibrosa que siempre había caracterizado a su novio, tenía que reconocer que un Stiles embarazado que solía colocar las manos sobre su estómago, la mayoría de las veces sin darse cuenta, era lo más dulce que había visto en su vida… Tanto, que no le importaría volver a verle así en el futuro.

Por supuesto, a Derek no se le ocurrió compartir esos pensamientos a riesgo de que Stiles le cortara los huevos para asegurarse de que eso jamás pasara. Tal vez el hombre lobo fuera capaz de ver lo bonito de ese milagro sobrenatural que les había ocurrido, pero dudaba mucho que Stiles tuviera ganas de repetir la experiencia... Especialmente cuando aún no había dado a luz de su primer embarazo.

Entró finalmente en el loft, sorprendido por darse cuenta de que acabaría echando de menos a un Stiles embarazado, y fue en pos de dicho novio.
Le encontró en el sofá, en el que se había convertido en su sitio favorito. Aunque antes de verle un leve quejido ya le había indicado dónde estaba.

- ¿Qué te pasa? –preguntó tras dejar la cazadora, cartera y llaves en la mesa. Como hacía cada vez que entraba en casa, agudizó su oído para asegurarse que el bebé estaba bien. Al captar su latido fuerte y rítmico, acompañado del de Stiles, también firme, se relajó. Fuera lo que fuese que le estaba incomodando, tanto él como su hija estaban bien físicamente.
- Nada… -murmuró Stiles desde el sofá.

Derek se dio cuenta de que todavía llevaba el pijama. Y aunque tampoco tenía mucho sentido cambiarse de ropa cuando no iba a salir de casa, Stiles siempre había sido el primero en decir que llevar la misma ropa las 24 horas del día era repugnante.

Así que entre ese detalle y el hecho de que hubiera dicho un "nada" que sonaba a todo menos a nada; estaba claro que hoy no había sido un buen día para él.

- ¿Nada? –preguntó, sentándose a su lado tras haberle dado su correspondiente beso-. No tienes cara de que no te pase nada.

- ¿Ah, no? Y de qué tengo cara, chico listo.

El Alfa no se tomó a mal la repentina queja. Prácticamente desde que entraron en el último mes de embarazo había estado a la que saltaba por cualquier tontería, pero Derek ya había aprendido muy bien la lección y nunca se le ocurría responder, pues eso sólo acabaría desencadenando una guerra civil.

- De estar incómodo –respondió con toda la calma del mundo, bajando si cabe un poco más la voz para dejarle claro que no pensaba discutir. Y por si no fuera suficiente con ello, acarició el estómago increíblemente abultado de Stiles-. ¿Vuelve a darte patadas?

- No –suspiró-. Afortunadamente hoy está más tranquila.

- ¿Entonces?

Stiles se sonrojó visiblemente. Pero la respuesta que le dio a continuación, en opinión de Derek, no merecía esa reacción.

- Tengo los tobillos hinchados.

El hombre lobo miró con curiosidad a su novio, dándose cuenta entonces de que estaba sentado en el sofá y no recostado en él, que era como solía colocarse cuando el estómago o las piernas le molestaban más de lo normal.

- ¿Por qué no me lo has dicho antes? Puedo darte un masaje para bajar la hinchazón.
- No creo que ayude –rechazó, apartando las manos de Derek.
- ¿Por qué no?
- Porque están más hinchados de lo normal… -susurró, aumentando un poco más el tono de su sonrojo.

Y eso no tenía ningún sentido.

- Déjame ver…
- ¡Que no!

El grito vino acompañado de un manotazo. Pero lejos de reaccionar como su instinto de lobo y sobre todo su posición de Alfa le pedían a gritos, Derek se recordó que también era un humano. Así que optó por contar hasta diez, como le había enseñado el sheriff, para relajar la tensión.

- ¿En serio no puedo verlo? –preguntó, bromeando-. Vamos, no me digas que ya estás otra vez con la tontería de que estás demasiado gordo o…
- ¡Son pantobillos, Derek!

Lo gritó como si fuera un insulto. Y aparte de dejarle medio sordo, Derek estaba tan perplejo por lo que estaba ocurriendo que no supo ni cómo reaccionar.

- ¿Qué?

Lejos de explicarle la situación un poco más en detalle, pues era evidente que el padre de su hija no se estaba enterando de nada, Stiles siguió con su lamentación.

- No es que tenga los tobillos más hinchados de lo normal o más gordos. ¡Es que directamente han desaparecido y se han fusionado con mi pierna!

- ¡De qué demonios estás hablando! Déjame verlos.

- Lo haré si prometes no reírte.

- ¿Quieres decir más de lo que debería hacerlo por tu comportamiento? –que usara su sarcasmo terminó de convencer a Stiles que no era conveniente seguir con aquel tira y afloja, y finalmente se subió la pernera del pijama. Y al ver por fin los famosos tobillos, Derek se quedó momentáneamente sin palabras-. Vaya… Sí que están hinchados.

- ¿Te lo dije o no?

En lugar de pedirle que dejara de quejarse como un niño pequeño y demostrara ser el adulto que se suponía que era, sintió auténtica lástima por esos pies tan increíblemente hinchados que, efectivamente, habían conseguido que los tobillos desaparecieran.

- ¿Te duele?

- ¡Tú que crees! –farfulló pese a que Derek lo había preguntado susurrando-. Y lo peor es que ni siquiera puedo andar para intentar recuperar el riego sanguíneo, porque es poner los pies en el suelo y ver las estrellas.

El comentario terminó de explicar por qué Stiles seguía con el pijama puesto, sin tener puestas siquiera las zapatillas de andar por casa, y la lástima que Derek estaba sintiendo aumentó un poco más.

- Déjame ver qué puedo hacer.

Tomó entonces con toda la delicadeza del mundo los dos pies de Stiles, increíblemente hinchados, para subirlos al sofá. Lo hizo muy despacio y muy atento a los gestos de disconformidad de su novio.

Esperó unos segundos a que se hiciera a la nueva postura, tras lo que comenzó a masajear muy levemente la planta de los pies. Y aunque su primera reacción fue soltar un quejido de dolor, tras varias pasadas de los expertos dedos del hombre lobo Stiles acabó suspirando, aliviado.

Aun así Derek no cesó en su labor, dejando que el masaje se prolongara durante casi media hora y en el más absoluto silencio.

- ¿Mejor?

- Sí –susurró Stiles muy bajito, sin moverse un milímetro del sitio por temor a que volvieran los calambres-. Siento haberte gritado.

La disculpa fue toda una sorpresa. No porque Stiles nunca se disculpara (aunque era verdad que no lo hacía a menudo, principalmente porque siempre tenía razón), sino por el modo en que lo dijo. Como si estuviera a punto de echarse a llorar de lo tan arrepentido que estaba.

- Tú siempre me gritas –bromeó.

- Pero no es en serio… -puso un puchero a la altura de los de Isaac-. Ahora sí lo he hecho.

Derek quiso echarse a reír, asombrado por lo mucho que parecía haberle afectado esa tontería, pero también porque los pucheros de Stiles, además de ser muy raros, también eran adorables.

Pero consciente de que tal y como estaba no se tomaría muy bien su carcajada, optó por bajarle las piernas con el mismo cuidado con el que las había subido. Se sentó entonces a su lado y le atrajo hacia él para que pudiera apoyar la cabeza en su pecho.

- No te preocupes –murmuró, besándole en la sien-. Tiene que ser frustrante no poder andar siquiera.

El suspiro de Stiles, más lastimero que los soltados hasta ahora, le dio la razón.

- Esto no suele salir en las películas.

- Si saliera la gente sabría lo que les espera y nadie querría quedarse embarazado.

Esta vez la broma sí fue bien recibida por Stiles, quien soltó una leve risita. Sin embargo, no cambió de postura, indicando que ya se encontraba mejor. Antes bien, se acurrucó un poco más entre los brazos de Derek, dejando que colocara una mano sobre su prominente estómago y sobre la que él puso las dos suyas.

- No puedo esperar a que esto acabe de una vez por todas.

- Ya queda muy poco –trató de animarle el Alfa.

- Sé que en el momento del parto renegaré de esto… pero ojalá pudiera dar a luz mañana mismo.

Derek sonrió, comprensivo.

- Sólo quedan dos semanas.

- Pero son dos semanas… -casi sollozó-. Catorce días que se me van a hacer eternos.

- Lo estás haciendo muy bien –volvió a besarle en la sien, y porque sabía que le subiría un poco más la moral, luego le dio otro beso en los labios-. Estoy muy orgulloso de ti…

- Más te vale –amenazó, entrecerrando los ojos-. Si después de llevar a tu hija durante nueve meses me dices que no es para tanto, te parto la cara.

- Luego te arrepientes de tratarme tan mal –bromeó.

Y Stiles debía estar más cansado de lo que parecía después de todo el día sin poder moverse, pues tampoco captó el humor encerrado en las palabras de su compañero.

- Lo siento. –Puso otro puchero.

Esta vez Derek no pudo guardarse la carcajada.

- Era una broma. Si lo único que puedo hacer para que te sientas mejor es darte masajes y dejar que me grites, te aseguro que no me voy a quejar.

Lejos de tranquilizarle que el comentario de su novio no iba en serio, Stiles le miró tan serio como antes, siendo esta vez él quien buscó sus labios.
Cuando se separó de ellos, tras un sentido y profundo beso, miró a Derek con absoluta adoración.

- Haces mucho más que eso.

Derek tragó saliva, impresionado por la contundencia de sus palabras, y se sintió igual de orgulloso que si le hubieran dicho que era el mejor Alfa del mundo.