Capitulo veinte

Edward POV

Eran cerca de las doce del medio día cuando me desperté, llevaba una semana saliendo casi cada noche con Tanya, para después cambiar de chica allá donde fuésemos. No me gustaba esa idea de Kate, cada día estaba más convencido de que me traería más problemas que soluciones, sobre todo porque Tanya parecía tener demasiada paciencia, o lo que de verdad tenía era interés porque yo fuese el padre de su hijo. Cada vez que Kate me llamaba explicándome el plan para esa noche me ponía nervioso, no quería besar a más chicas porque sí, no quería posar ante ninguna cámara al lado de Tanya fingiendo estar feliz cuando lo que quería era matarla.

Y Tanya… cada vez que iba a recogerla a su casa tenía una expresión de arrogancia que daban ganas de vomitar, la odiaba, tenía que hacer de tripas corazón y fingir que a su lado era realmente feliz, y que ese hijo que llevaba en sus entrañas era también mi razón vivir…me daba pena de mí mismo.

No queriendo ahondar más en mis propias miserias me desperecé con desgana y salí de la cama arrastrando los pies. Cada noche que salía intentaba no beber demasiado, quería saber exactamente lo que pasaba a mí alrededor, sobre todo cuando Tanya estaba cerca. Pero aunque no bebiese demasiado, por las mañanas siempre tenía un sabor de boca amargo y el estómago en los pies. Fui al baño y después de lavarme los dientes tuve que tomar un antiácido.

Me arrastré hasta el sofá y me dejé caer a desgana sobre él, encendí el televisor y cambié de canal indiscriminadamente sin ver si quiera que estaban poniendo. Me rasqué la barbilla y noté que quizás necesitaría afeitarme… llevaba varios días sin hacerlo, posiblemente lo necesitase, pero no me apetecía volver a ponerme en pie y llegar al baño.

A mi mente vino el estado en el que estaba mi vida actualmente, y como las personas que formaban parte de mi círculo más cercano estaban actuando conmigo… la noche pasada Alice me llamó gritando porque salía de la mano de Gianna en otra revista. Me gritó hasta casi quedarse sin voz, pero yo soporté todos sus insultos porque realmente los merecía. Emmett siempre que podía me llamaba dándome ánimos, no aprobaba lo que estaba haciendo pero estaba mi lado, sin recriminarme nada e intentado ayudar en todo lo que podía. Mi padre también estaba apoyándome, me llamaba casi a diario y hablábamos casi una hora, pero cuando colgaba me sentía todavía peor que antes, por hacer caso de su consejo era que estaba en esa situación. El lado malo era mi madre… no quería hablar conmigo, no contestaba a mis llamadas y cuando mi padre le pedía por favor que me hablase se limitaba a ignorarlo. Sabía que había fallado en lo único que me pidió, sus palabras todavía resonaban en mi cabeza cada noche antes de dormirme "no le hagas daño, todos la queremos y no nos gustaría que sufriera."

El timbre comenzó a sonar sacándome de mis pensamientos, intenté ignorarlo pero la voz de Kate desde el otro lado de la puerta era casi ensordecedora, tendría problemas con los vecinos si no la hacía callar. Gruñí y fui hasta la puerta, la abrí solo lo justo para poder ver que la pequeña y pesada mujer estaba en perfectas condiciones.

– Vete… no quiero comprar nada –gruñí.

– Edward… ¡ábreme! –gritó haciendo que su voz retumbase en cada rincón de mi cabeza.

– Abriré si no vuelves a gritar así –la amenacé con los ojos entrecerrados.

– De acuerdo –dijo en un susurro.

Sonreí irónicamente, sin ganas y abrí la puerta por completo para que pasase, pero antes me di la vuelta y me dirigí hacia el sofá con ella siguiéndome los pasos. Volví a tirarme de golpe, sin importarme nada estar en ropa interior y sin duchar.

– Edward… esta noche saldrás con Victoria –dijo Kate– es la hija de uno de los grandes…

Dejé de escucharla, no me importaba lo que tuviese que decirme. Mientras no me hablase de Bella nada me importaba, ya podía decirme que le había crecido un cuerno en mitad de la cabeza que yo le diría que sí alegremente. Ella continuó parloteando durante unos cuantos minutos, no la escuché tampoco.

– Me voy al baño Edward –dijo poniendo todas sus cosas sobre la mesa.

– Aha –contesté mientras veía como se levantaba y se encaminaba hacia el segundo piso.

La vi subir las escaleras, con una elegancia poco propia de alguien de su pequeño tamaño, pero así era. No pasaron más de dos minutos cuando su teléfono móvil comenzó a sonar. Miré la pantalla y solo ponía "Charlotte".

– ¡Kate! –La llamé– ¡Kate! –volví a llamarla gritando.

No contestó. La llamada podría ser importante, me debatí durante unos momentos si atenderla o no, quizá era algo que no podía esperar, o algún problema que tenía que atender. Justo cuando decidí pulsar el botón de contestar, la llamada se cortó. Me encogí de hombros y volví a colocar el teléfono donde estaba.

Subí al segundo piso y llamé a la puerta del baño, ya estaba tardando demasiado.

– ¿Kate estás bien? –pregunté preocupado.

– Sí, tranquilo –contestó– tengo un pequeño problema con falda… nada que no pueda solucionar –dijo algo avergonzada.

– De acuerdo… te espero abajo.

Bajé las escaleras y volví a practicar el salto de sofá, ese del que me había hecho casi un experto, este crujió cuando volvió a sentir mi peso de golpe, si continuaba así tendría que comprar un sofá nuevo… como si me importara. El móvil de Kate comenzó a sonar de nuevo, esa melodía tan estridente se me colaba en la cabeza y me ponía de los nervios. Enfadado me puse en pie de nuevo y pulsé el botón de contestar sin siquiera mirar quien era en el identificador.

– ¿Quién es? –pregunté de mala gana.

– ¿Puedo hablar con Kate? –preguntó una voz femenina muy duce.

– Ahora mismo se encuentra indispuesta, si quieres puedes dejarle un mensaje – contesté con un tono de voz algo más calmado.

La chica pareció dudar durante unos segundos.

– ¿Tienes donde apuntar? –preguntó.

Algo desganado busqué el lápiz y un papel en uno de los aparadores de la sala. Cuando los encontré suspiré resignado, ahora era la secretaria de mi agente… ¿podría caer más bajo?

– Dime –dije con voz hastiada.

– Cafetería "Angie's" 150 en la sexta con Rochester. En Nueva York.

– ¿Y qué se supone que es eso? –pregunté con curiosidad.

– Es donde trabaja Isabella.

Y el mundo dejó de girar de repente, para comenzar a hacerlo después dando un enorme salto. El corazón comenzó a bombear en mi pecho a una velocidad de vértigo. El aire entraba en mis pulmones a marchas forzadas y si no me apoyase en la pared acabaría n el suelo. En Nueva York, mi Bella estaba Nueva York… al otro lado del país, pero no me importaba, si fuese necesario iría corriendo para verla.

– ¿Puedes decirle a Kate que soy Charlotte? –preguntó de nuevo la chica.

– Sí, sí, sí,… no te preocupes –contesté atropelladamente antes de colgar.

Tiré el móvil en el sofá y fui hacia el segundo piso… estaba sin ducharme y sin afeitar

¿pero qué importaba? Me puse lo primero que encontré en el armario mientras con una mano sostenía el teléfono pegado a mi oreja. Estaba reservando un vuelo privado a Nueva York, no quería arriesgarme a coger un vuelo comercial y que se retrasase o hiciese escala en cualquier otra ciudad. Cuando me confirmaron en el aeropuerto que mi avión estaría listo en treinta minutos colgué y metí cuatro cosas en una maleta… ya compraría lo necesario cuando llegase allí. Bajé las escaleras a toda velocidad y Kate me esperaba con el ceño fruncido.

– ¿A dónde vas? –preguntó con voz afilada.

– Tengo que coger un avión, Alice me matará si no lo hago –y no estaba mintiendo, Alice me mataría si se llegase a enterar de que sabía dónde estaba Bella y no había ido a buscarla para solucionar todo.

– ¿A dónde vas Edward? –volvió a preguntar pero esta vez su voz sonaba algo más dura.

– Kate –dije parándome frente a ella– te quiero, pero no voy a decírtelo.

La besé en la frente, cogí el papel que había dejado en el aparador y me lo metí en el bolsillo, aunque realmente no lo necesitaría, me acordaría de esa dirección hasta el mismo día de mi muerte. Llegué a la puerta principal y me giré para encarar a mi agente que venía pisándome los talones.

– ¿Cierras bien antes de irte? –pregunté con voz angelical extendiéndole un juego de llaves.

Kate suspiro y agarró las llaves con un gesto de desagrado.

– Espero que no tengas que arrepentirte de lo que vas a hacer –susurró mirándome a los ojos.

– No lo haré –aseguré.

Me giré y fui corriendo hacia la calle para coger un Taxi rumbo al aeropuerto.

.

Cinco horas de vuelo… cinco largas horas en las que no pude pensar en otra cosa que no fuese Bella. Me debatía interiormente sobre que le diría al verla, había preparado un discurso, pero estaba casi seguro de que en cuanto la viese todo se iría al traste y me olvidaría de todas las palabras, quizás hasta me olvidase de cómo se pronunciaban.

En cuanto el avión aterrizó en el aeropuerto JFK, fui directamente a alquilar un coche. No quería depender de un taxi y además no había traído mucho efectivo. En cuanto tuve las llaves del coche en mi mano salí a toda velocidad de allí, y después de introducir la dirección de aquella cafetería en el navegador pisé el acelerador a fondo deseando llegar cuanto antes.

Me perdí un par de veces, el navegador se encargaba de hacérmelo saber pitando insistentemente. Solía ser bueno para orientarme pero supongo que mis nervios no ayudaban en demasía esta vez. Pero por fin llegué a la calle donde estaba mi Bella, pasé por delante de la cafetería y mi cara se iluminó al ver que estaba abierta. Aparqué el coche en el primer lugar que vi libre y me bajé apresuradamente. Fui corriendo hacia la puerta y entré de golpe frenándome en seco en el umbral mirando en el interior, buscando su rostro entre los muchos que había allí. El ánimo me cayó a los pies cuando comprobé que no estaba allí, puse mi mejor cara de póker y me dispuse a darme la vuelta y desaparecer. Pero en cuanto me giré una chica menuda y muy embarazada me cortó el paso.

– Es mejor que entres y te tomes un café… pareces cansado –dijo con una sonrisa.

– No gracias… es tarde –contesté sin ganas.

– No es tan tarde –cuando dijo eso algo brilló en sus ojos– Nessa puede darte todo lo que necesitas.

No sé porque pero le hice caso, entré en la cafetería y me senté en la mesa más apartada, al lado de una ventana. A los pocos minutos una chica con el pelo cobrizo y unos enorme ojos verdes se acercó a la mesa titubeando.

– ¿Qué… qué te… que te sirvo? –tartamudeó.

– Café –contesté sin más.

La chica se dio la vuelta y unos minutos después me trajo un café y extendió una revista doblada en dos sobre la mesa. La miré a los ojos y le agradecí en un gruñido, pero ella se quedó de pie, a mi lado, sin pronunciar ni una sola palabra y con una enorme sonrisa dibujada en su rostro.

– ¿Hay algún problema? –pregunté confundido.

Ella no contestó y me señaló la revista con la mano. Todavía más confundido desdoble la revista y jadeé al momento. Era la revista en la que salían aquellas fotos mías con Bella. Miré a aquella chica sin entender. Seguro que mi cara era un poema. Ella se sentó frente a mí y me miró fijamente a los ojos.

– Hoy es su día libre –susurró.

Me tensé en la silla y casi salto sobre ella para pedirle más información.

– Mañana estará aquí desde las cuatro, pero no te preocupes, haré su turno y podrás llevarla a algún lugar para hablar –su voz era baja y clara, pero tenía un matiz de histeria, como si planear todo eso fuera algo excitante y divertido.

– Gracias –susurré.

Ella no dijo nada y se levantó, comenzó a caminar pero después de dar dos pasos dio media vuelta y se volvió a poner a mi lado, se agachó para quedar a mi altura y se acercó a mi oído.

– Como lo estropees esta vez yo me encargaré de que no tengas ni una sola oportunidad más –susurró en mi oído con voz amenazante.

Tragué en seco y me revolví algo avergonzado en la silla.

– De acuerdo –contesté con voz ahogada.

Bella POV

Estaba sentada en el sofá comiendo palomitas y viendo una película con Jake. Nessa llegó a casa y abrió la puerta de golpe, entró corriendo y se tiró sobre mí tirando el cuenco de palomitas al suelo. Me abrazó con tanta fuerza que eliminó todo el aire de mis pulmones. Podía oír las risas de Jake mientas jadeaba buscando el aire que Ness le había privado a mis pulmones, Jake tardó casi un minuto en sacármela de encima, eso sí dedicándole una mirada de adoración mientras lo hacía… si que estaba pillado.

Llevaba solo tres días en casa y ya podría decir que se había enamorado de ella, Nessa no había demostrado nada todavía, pero sabía que mi hermano no le resultaba indiferente. La había pillado dedicándole miradas poco castas, además no podía evitar el brillo de sus ojos cuando lo miraba. Nunca había visto a mi hermano actuar de ese modo con ninguna chica, y eso me gustaba y me asustaba a la vez. Me gustaba porque Nessa era la chica perfecta para él, pero me asustaba que le hiciese daño como Edw... como me lo habían hecho a mí. Sabía que quizás esos miedos eran infundados por lo que me había pasado a mí, Jake no era Edward y Nessa no era como yo.

– ¿Por qué tan feliz? –preguntó Jake a Ness.

– Nada importante… Bella, ¿dónde está la maleta de ropa que te envió tu amiga? – preguntó con ojos brillantes.

– En mi habitación… ¿por qué? –pregunté confundida.

– Mañana tienes que ir al trabajo radiante, ¿no tenías un vestido azul?... no mejor uno rosado… ese color es más cálido y con el frío que hace… aunque uno rojo… –iba murmurando mientras caminaba hacia mi habitación totalmente perdida en sus pensamientos.

– ¿Seguro que no le gusta el café? –Preguntó Jake sonriendo y enarcando una ceja– solo Alice tiene tanta energía como ella…

– Quizás los vapores también le afectan… –murmuré también sonriendo mientras recogía las palomitas que ahora regaban el suelo.

Pasé la noche intranquila, no tuve pesadillas como todas las demás, pero me desperté varias veces durante la noche sintiendo una presencia a mi lado. Sé que quizás era absurdo, pero tenía que encender la luz y cerciorarme de que estaba completamente sola para poder quedarme tranquila, aunque solo fuese por unos minutos más hasta que me despertase sobresaltada de nuevo.

Por la mañana cuando me miré al espejo casi doy un alarido de terror, tenía dos hermosas ojeras pegadas bajo mis ojos… si Alice me viese en ese estado tendría una charla intensa de mujer a mujer. Resople y me metí a la ducha a regañadientes. Al salir casi gritó de nuevo cuando vi a Nessa apoyada en la puerta con un vestido en su mano, unos zapatos en la otra y todo el lavabo lleno de cosméticos, todo eso acompañado de una enorme sonrisa que decía "Voy a torturarte aunque te niegues". Me dieron ganas de mostrarle un crucifijo y murmurar "Alice sal del cuerpo de Nessa" pero las reprimí poniendo una mueca de horror.

Después de una hora de tortura y un aprobado por parte de Nessa me miré al espejo, la verdad es que estaba radiante… pero ese no era el atuendo más adecuado para pasarme toda la tarde sirviendo cafés. Miré a Nessa con cara de suplica. Y ella negó mientras ponía su mejor cara de "por favor… por favor…". Sin hacer caso a su mirada fui a mi habitación y me puse unos jeans ajustados y una blusa azul que se ajustaba a mi cuerpo. Complací a Nessa y me puse unas botas con un poco de tacón… al menos no rompería por completo su ilusión.

Después de una mañana demasiado larga en la universidad y en la que no vi ni rastro de Charlotte, fui hacia la cafetería a enfrentarme a otro día de trabajo. Eran las tres cuando crucé la puerta y mi sándwich vegetal esperaba en mi mesa habitual como todos los días. Sonreí a Nessa que estaba tras la barra y Ángela no tardó en hacerme compañía en mi mesa mientras comía. Hablamos de cosas sin importancia, pero pude notar varias miradas cómplices entre ambas. No las conocía mucho, pero sí lo suficiente para saber que tramaban algo, decidí no preguntar, si lo hacía seguro que me arrepentía.

Después de comer me dispuse a hacer mi trabajo, acompañé a Nessa tras la barra mientras ella colocaba algunos vasos en la estantería.

– Ness… –la llamé– ¿hoy no era tu día libre?

Me miró y una expresión de terror pasó por su rostro, pero fue tan rápido que apenas pude notarla.

– Emm…sí… pero… –titubeó– lo he cambiado, tengo que hacer unos trámites mañana y necesito la tarde libre –contestó poniendo su mejor sonrisa.

Decidí no prestarle importancia y continué haciendo mis cosas. Pude notar que cada pocos minutos tanto Ángela como Nessa miraban el reloj, era como si esperasen que pasase algo. Sin más Ángela se puso en pie y un ligero gemido abandonó sus labios, me giré para mirarla y estaba acariciando su vientre con cariño.

– ¿Estás bien? –pregunté preocupada.

– No te preocupes, solo ha sido una patada –contestó con una sonrisa.

Sonreí de vuelta y me giré de nuevo. La puerta se abrió pero no presté atención, estaba totalmente sumida en mis pensamientos, otra vez echando de menos a Seth y a Sue, así como a Charlie, y a Esme… Carlisle y Alice… suspiré, había sido mi decisión abandonar Forks, ahora no podía lamentarme.

– Bells… ¿atiendes tú la mesa siete? –me susurró Ness… ¿ansiosa?

Asentí y me fui hacia allí sin levantar la mirada de mis pies, el recordar Forks y el motivo de mi partida me había dejado algo apesadumbrada, cuando llegué a la mesa un aroma muy conocido llegó hasta mí. Todos mis nervios se pusieron alerta en cuanto pude descifrar porque era tan conocido… me golpeé mentalmente por pensar en él de nuevo, incluso estaba empezando a sufrir alucinaciones.

– ¿Qué le sirvo? –pregunté sin ganas.

– Sólo diez minutos de tu tiempo –dijo esa voz…

Aquella voz… esa voz que tanto escuchaba en sueños, esa voz que también estaba en mis pesadillas, la que había echado de menos pero también la que esperaba no volver a oír. Alcé la cabeza asustada, rezando para que fuese otra más de mis alucinaciones, como su olor, como esa atracción que me empujaba a él como cuando estaba en Forks, pero nadie escuchó mis súplicas…era él, estaba allí. Tragué en seco y nuestros ojos se cruzaron. Mi corazón comenzó a bombear con fuerza, puede sentir como la sangre se arremolinaba en mis mejillas y mis manos comenzaron a temblar. Temí por mi propio equilibrio y me apoyé en la mesa, esa sonrisa torcida dueña de mis suspiros apareció en su rostro y la respiración se me atrancó en la garganta. Ness se acercó a mi espalda y me quitó el delantal que cubría mis caderas.

– Sal a pasear… te vendrá bien tomar el aire –me susurró mi "amiga" en el oído.

Me giré y la taladré con la mirada.

– Tú lo sabías –la acusé.

– Tenéis que hablar –contestó cruzándose de brazos.

– Ness… –dije con voz dura.

Negó con su cabeza y me giró para que volviese a ver a Edward. Ahora estaba de pie, frente a mí y me miraba suplicante. Suspiré y cuando iba a abrir la boca Ángela volvió a gemir con fuerza, la miré asustada, ahora estaba apoyada en una mesa sujetándose el vientre y con una expresión de dolor.

– Siento interrumpir algo importante… ¿pero alguien puede llevarme al hospital? – preguntó entre gemidos.

Me acerqué a ella y la ayudé a incorporarse un poco.

– Yo os llevo –dijo Edward con dulzura.

– ¡No! –Grité– yo la llevo.

– Bells, no conoces la cuidad –dijo Nessa con el ceño fruncido.

– ¿Y aquí la súper estrella sí? –pregunté alzando una ceja.

– Bella… –protestó Ángela– vamos en Taxi.

– De acuerdo, iremos en Taxi pues… –contestó en un gruñido.

Edward POV

Me dolió como nunca ese comentario, nunca me había llamado "súper estrella" de un modo tan despectivo como esa vez.

– Bella… –protestó otra vez la chica del pelo cobrizo, Nessa.

Pero ella no la escuchó y se dirigía hacia la puerta sin importarle nada. Suspiré y me resigné a verla partir… otra vez había perdido una buena oportunidad.

– ¿Llamo al Merci para avisar que vais de camino? –preguntó de nuevo aquella chica mirando en mi dirección.

Bella se giró un poco y gruñó un "sí" casi inaudible. Sonreí a Nessa que ahora me guiñaba un ojo y con un movimiento de su mano me instó a que las siguiese. Le debía muchas a aquella chica… no sabría cómo podría llegar a devolvérselas todas. Volé hacia mi coche alquilado y metí el nombre del hospital en el navegador, seguí sus indicaciones y llegué a tiempo para ver como Bella y aquella chica cruzaban la puerta de urgencias. Justo detrás de ellas entró otro chico corriendo y le arrebató la chica a Bella quedando ella con cara de resignación.

Salí del coche y me dispuse a entrar también en el edificio, caminé despacio y no tardé en ver a Bella sentada en una de las salas de espera, estaba ella sola sin nadie a su alrededor. Me quedé unos instantes observándola, después de tantos días sin ella me parecía imposible que la tuviese ahí, a solo unos metros de distancia. Me armé de valor y me senté a su lado, no tardó más que unos segundos en alzar la cabeza y mirarme entre sorprendida y resignada.

– ¿Qué haces aquí? –preguntó con voz monocorde.

– No quería que estuvieses sola –contesté sin apartar mis ojos de ella, mis recuerdos no le hacían justicia al movimientos de sus labios cuando hablaba.

– Llevo varias semanas sola y he sobrevivido… no te necesito –la última frase la dijo en un susurro mientras bajaba la mirada… ni si quiera ella se creía lo que acababa de decir.

– ¿Me dejas explicarte por qué me fui? –pregunté en susurro muy cerca de su rostro.

– No quiero saberlo –contestó también en un susurro.

– Bella… cada día sin ti… era un infierno –cada vez estaba más cerca de ella, podía sentir su respiración acelerada chocando contra mis labios.

– No… –susurró– no Edward… no –se alejó y se puso en pie de un salto– no puedes llegar aquí y decirme cuatro palabras bonitas esperando que me las crea y vuelva a caer en tus redes.

Sonreí con ironía. Me puse en pie y me acerqué a ella otra vez.

– Bella… eres tú la que me tiene en sus redes… no sé como lo has hecho pero te quiero… no he podido dejar de pensar en ti mientras te tuve lejos –confesé mirando en sus preciosos ojos chocolate.

– ¿Eso era mientras le sonreías a Tanya sosteniendo su mano o mientras abrazabas a otras chicas? –preguntó con voz afilada.

Golpe bajo… sentí como la sangre me bajaba a los pies.

– Todo tiene una explicación –susurré.

– No sé si quiero escucharla –dijo alejándose dos pasos de mí.

– Bella…

– No –volvió a decir mientras se dirigía a la puerta.

– El bebé de Tanya no es mío –grité en su dirección

Se giró y me encaró destilando fuego por su mirada.

– Esa es la escusa más ruin que se te pudo haber ocurrido –masculló entre dientes.

– Llama a Alice si no me crees, a mis padres, a Emmett… incluso Rosalie lo sabe –le dije extendiéndole un teléfono.

– No puedo creerte… ¿qué necesidad tiene Tanya de atarte a ella? Ella puede tener a cualquier chico… –dijo incrédula.

– Bella es la verdad… me chantajeó para que estuviese a su lado.

– Es difícil de creer… además… ¿por qué no me dijiste esto aquella mañana? ¿Por qué me dejaste sin más, sin explicarme nada?

– Porque soy un idiota… –susurré bajando la mirada.

– Eso es evidente, no hace falta que lo jures –dijo con una sonrisa jugando en sus labios.

– Bella –me acerqué de nuevo a ella– tienes que creerme, tienes que perdonarme, tienes que dejar que esté a tu lado de nuevo… no puedo vivir sin ti.

Una lágrima traicionera descendió por mi mejilla, ella me miro durante uno segundos indecisa. Secó mi lágrima con una de sus suaves manos y tuve que cerrar los ojos ante el contacto de su piel con la mía… no había perdido ni un ápice de atracción hacia ella.

– No puedo Edward… –susurró mientras ahora descendían varias lágrimas por sus mejillas.

– ¿Por qué? Bella… haré lo que me pidas… incluso dejaré mi trabajo si es lo que necesitas… por favor… –supliqué.

– No necesito que hagas nada de eso –se alejó dos pasos y me miró con una sonrisa triste en sus labios– es solo que… ahora no puedo confiar en ti.

Dio media vuelta y se fue… me dejó allí, con todo el amor que podría darle en mis manos mientras se escapaba de mis dedos. Corí tras ella, la vi saliendo del edificio y aceleré más mi paso si eso era posible, cuando llegue a su lado la atraje hacia mí y la abracé con fuerza. Había pasado demasiado tiempo sin sentirla tan cerca, había pasado muchas noches anhelando tenerla a mi lado. No iba a irse y dejarme así, no podía hacer eso. Se revolvió durante unos segundos, intentado zafarse de mi agarre pero no se lo permití, la necesitaba. Después de intentar escapar durante unos minutos dejó caer sus brazos, y después me abrazó con fuerza, la sentí sollozar contra mi pecho, y la abracé todavía con más fuerza. No sé cuánto tiempo pasamos así, solo sé que me quedaría así para siempre.

– Te amo –susurré enterrando mi cara en su cuello.

Ella se tensó y se alejó de mí un poco mirándome a los ojos, en su mirada se leía la sorpresa y también la incredulidad.

– Voy a demostrártelo, voy a hacer que confíes en mi de nuevo –dije devolviéndole la mirada a sus ojos.

Y no pude soportarlo más, acerqué mi rostro al suyo y rocé sus labios. Bella intentó alejarse, pero no se lo permití, acuné su rostro entre mis mano y la besé con más intensidad. Finalmente me devolvió el beso y nuestros labios comenzaron a chocar y deslizarse uno contra el otro.