Derek necesitó media hora hasta que se sintió en condiciones de salir fuera y enseñar a su pequeña al resto del mundo.
Y lo que se encontró fue con el recibimiento más abrumador de toda su vida. Más incluso que aquel lejano día en que decidieron anunciar a la manada que estaban juntos. Si entonces le pareció excesivo que todo el mundo quisiera abrazarle cuando en su vida habían hecho algo así, que ahora todos los presentes le rodearan fue poco menos que intimidante.

El hombre lobo tuvo claro que si no sacó los dientes para que se apartaran un poco y le dejaran respirar, sólo fue porque ni siquiera le estaban mirando a él sino a la criaturita que tenía en los brazos.

- Santo cielo, es preciosa – murmuró el sheriff, ya llorando a moco tendido.

- Tienes la nariz de Stiles –intervino Scott, orgulloso de su sobrina.

- Es muy pequeña… ¿Es normal que sea tan pequeña? –preguntó Isaac, preocupado.

- Es mi sobrina. Si quisiera te destrozaría –apostilló Cora, aunque lo hizo con lágrimas en los ojos, lo que quitó parte de la amenaza.

- Menos mal que ha cogido el físico de los Hale –quiso aportar Peter.

- Pero qué cosa más chiquitita –dijo Lydia con la voz más aguda de lo normal, lo que hizo que Erica y Boyd, que estaban a su lado, protestaran y la miraran de mala manera- Cómo puedes ser tan guapa.

- También es medio lobo –recordó Erica-. Así que haz el favor de no dejarla sorda.

- ¿Y cómo está Stiles?

La pregunta de Allison consiguió que el grupo de seres sobrenaturales… más el sheriff, se dieran cuenta de que la niña no estaba suspendida en el aire, sino que la estaba cogiendo otra persona que casualmente era uno de sus padres. Lo que significaba que también había otro padre en el quirófano que acababa de dar a luz.

- Está bien, ¿no? –preguntó Stilinski, de repente mortificado porque se hubiera olvidado tan rápidamente de su hijo-. Si no, no estarías aquí.

- Está perfectamente, no te preocupes. Ahora está durmiendo. Todo ha pasado muy rápido, pero ha acabado agotado.

- ¿Puedo cogerla? –preguntó Cora entonces. Y aunque lo hizo con una ternura que jamás había visto en ella, Derek no pude concederle esa petición.

- Satomi ha dicho que es mejor que en las primeras horas de vida sólo la cojamos Stiles y yo. Para no confundirla demasiado con tantos olores.

El puchero de Cora fue, en opinión de Derek, lo más adorable que había visto en su hermana en toda la vida. Para remediar un poco su desilusión acercó más a la pequeña para que su tía pudiera verla mejor. En el acto los ojos de la mujer lobo se abrieron de par en par.

- Dios mío. Es… -Observó a su hermano, todavía sorprendida-. Nunca había sentido nada parecido… ¿Tú también lo hueles?

- Sí. -Torció un poco el gesto-. Aunque Satomi me había dicho que sólo yo podría captarlo por ser su padre.

- No tengas celos de tu hermana, Derek –intervino Peter-. Ella también lo percibe, pero no es tan intenso como en tu caso.

- Pero ¿por qué?

- ¿No es evidente? También es una Hale. Es familia.

La revelación hizo que los tres Hale, sin contar a la recién llegada al mundo, se quedaran sin saber qué decir. Por unos instantes todos permanecieron en silencio, todavía terminando de asimilar las novedades, hasta que el sheriff rompió el silencio:

- Entonces ¿ya sabéis cómo la vais a llamar?

- Todavía no he podido hablarlo con Stiles.

- Pero ya has pensado en un nombre.

- Sí… -respondió, feliz. Le encantaba que su suegro le conociera tan bien-. Pero me gustaría decírselo primero a él. Para saber si está de acuerdo.

- Le has hecho un hijo- soltó Erica de pronto-. Ahora mismo da igual lo que le digas, que te va a dar la razón.

A su lado, Boyd dejó los ojos en blanco.

- Tan sutil como siempre, cielo…

No podía dejar de mirar a Stiles.

Llevaba más de tres horas en la misma postura, sentado junto a la cama del hospital, y todavía era incapaz de apartar la vista de esa imagen. La más bonita del mundo, si le preguntaban, y que no era otra que a su compañero plácidamente dormido y a su lado la pequeña cuna donde descansaba su hija.
Era verles juntos, tranquilos y a salvo tras nueve meses de dudas y temores, y sentía que todo su cuerpo temblaba de emoción.

Afortunadamente la vorágine del inicio ya se había relajado un poco, gracias también a la inestimable ayuda de Melisa y que en cuanto terminó el parto pasó de ser la enfermera y matrona a la principal responsable de la seguridad de los dos padres. Esto es, quien se encargó de echar a todos de la habitación para darle un más que merecido descanso a la recién nacida y al hombre que había sido capaz de obrar el milagro.

Stiles se removió en su sitio, acompañado de un leve cambio de respiración que le indicó a Derek que estaba a punto de despertarse.
Efectivamente, unos segundos después Stiles abrió los ojos con dificultad, dejando mostrar esos preciosos ojos marrones que hoy, tal vez por la luz artificial de los alógenos, tenían un tono más dorado de lo normal.

- Hey, ¿cómo estás? –susurró muy bajito, levantándose de la silla para estar lo más cerca posible de su compañero.

- Como si me hubieran dado una paliza –se quejó, lastimero, intentando incorporarse.

- Sí, me lo imaginaba. Espera, deja que te ayude. –Pulso el mando de la cama para que tuviera una posición más vertical-. ¿Te duele mucho?

- Un poco.

- Aún debes tener muy sensible la zona de los puntos. Deja que le eche un vistazo –comentó, apartando las sábanas para poder acceder al pijama del hospital: una simple bata que se abría por detrás.

- No pasa nada. No creo que puedas hacer mucho.

- Claro que sí… -Subió la bata hasta la cintura, dejando al descubierto su estómago cubierto de gasas. Observó con lástima a Stiles, sintiéndose a la vez orgulloso porque hubiera pasado por todo aquello con tanta entereza, y colocó una mano en el centro. En seguida se le marcaron las venas, llevándose el dolor de su compañero-. Hombre lobo, ¿recuerdas?

Stiles soltó un quejidito de alivio, pero que también pretendía ser un quejido de protesta.

- Acabo de dar a luz. Perdona si todavía no estoy atento a todo lo que pasa.

- Es una buena excusa… -admitió, prolongando la curación durante unos minutos, hasta que la expresión de molestia se transformó en un rostro mucho másrelajado-. ¿Mejor?

- Sí. Me parece que te acabas de convertir en mi droga particular.

- Tienes suerte de que no sea adictivo.

- ¿Quién ha dicho eso? –bromeó, todavía medio dormido-. Creo que me volví adicto a ti desde el momento en que te vi.

Derek alzó una ceja, sorprendido, pero también alegre con el curioso comportamiento de su novio.

- Veo que el exceso de hormonas también tiene sus puntos a favor. No sabía que pudieras ser tan romántico.

- Siempre lo he sido.

- Seguro… -Le tendió el vaso de agua que descansaba en la mesilla-. Toma. Bebe un poco.

- ¿Dónde está? –preguntó nada más terminar, ya un poco más despierto, pero sin necesidad de aclarar a quién se estaba refiriendo.

- Justo a tu lado.

Stiles se apresuró a mirar al otro lado de la cama… y se quedó paralizado.

- Oh, Dios mío, no me había dado cuenta de que estaba aquí –murmuró, incapaz de parpadear-. Es tan pequeña…

Derek ya se había levantado para colocarse junto a la cuna.

- ¿Quieres cogerla?

- ¿Puedo? Quiero decir, ¿no es mejor que la dejemos descansar?

- Se durmió en cuanto la enrollaron en la manta y ya han pasado unas cuantas horas. Además, también necesita estar con su padre.

Dicho esto, colocó ambas manos bajo el cuerpo menudo de su hija, levantándola en vilo sin que la pequeña cambiara de posición o se removiera, plácidamente dormida.

- Ten cuidado –pidió Stiles cuando ya se la estaba entregando.

- No te preocupes No dejaré que se caiga.

- No, lo digo por mí… -Colocó los brazos tal y como los tenía Derek, sin tener para nada claro cómo debía ponerse-. No sé muy bien cómo…

En lugar de indicarle cómo cogerla, Derek depositó al bebé entre los brazos de Stiles, que automáticamente se movieron para colocarse a modo de escudo protector, pegándola a su pecho.

- Ahí la tienes –susurró, acariciando la cabecita cubierta por el gorro-. Perfecto. Como si llevaras toda la vida con ella.

- Dios mío. Es muy pequeña, Derek.

- Ya crecerá… -Se sentó en el borde de la cama, apoyándose en la pared para que a su vez Stiles pudiera apoyarse en su pecho-. Más rápido de lo que nos gustaría.

- ¿Cómo es que estás tan tranquilo? Ahora que la tengo en brazos yo… No sé ni cómo reaccionar.

- Llevo tres horas aquí sin dejar de miraros. He tenido un poco más de tiempo para hacerme a la idea.

Stiles no dijo nada durante minutos, embriagado por su hija tan pequeña durmiendo entre sus brazos.

- Es preciosa -murmuró, sin dejar de mirarla.

- Sí que lo es.

- Y no lo digo porque sea nuestra hija. Es… es la cosa más bonita que he visto en mi vida. ¿No crees?

- Bueno. Yo también estoy viendo a otra persona que también me quita la respiración.

Stilinski se dio cuenta de que le estaba mirando a él y no a su hija.

- No me digas esas cosas, hombre, que me voy a poner a llorar. Y se supone que ya he dado a luz y eso se ha terminado.

- Lo siento, pero es la verdad. Además, estás adorable cuando lloras.

- Oh, Dios, ¿quieres callarte? Me parece maravilloso que el instinto paterno haya hecho que tu lado tierno se amplifique, pero a este paso vas a conseguir que me pregunte quién demonios eres tú y qué has hecho con mi novio.

- Olvidas que también soy el Alfa. Y todo esto ha pasado para que pueda tener hijos. Es normal que me haya afectado.

- Pero seguirás siendo el gruñón que usa más las cejas que las palabras, ¿no?

- Por supuesto. Tendrías que haberme visto antes, cuando he echado a todos de la sala de espera para que la dejaran respirar un poco.

- Ese es mi hombre -dijo orgulloso-. Y supongo que eso explica por qué está todo tan tranquilo.

- Cuando la he sacado para que la vieran parecían una horda de paparazzis.

- Me lo imagino. Entonces, ¿ya la ha visto mi padre? –Derek sintió-. ¿Y qué ha dicho?

- Que tiene tu nariz. Y tus labios. Y tus ojos.

- La nariz puede, pero creo que los labios son más tuyos. –Estudió en detalle el rostro de la pequeña-. Y no sé de qué color son sus ojos.

- Son verdes. Pero era tu padre hablando de su nieta. No he sido capaz de llevarle la contraria.

Stiles rio, quejándose en seguida por los puntos, a lo que Derek se apresuró en quitarle el dolor.

- Así que tiene los ojos verdes… -continuó Stiles cuando ya se encontró mejor-. Va a ser toda una rompecorazones.

- Más le vale. Porque como alguien le haga…

- Alto ahí, papá Alfa. No tiene ni cuatro horas de vida. Deja que crezca un poco más para empezar a idear cómo aterrorizar a sus pretendientes, ¿quieres? –le amonestó con cariño-. Entonces, en este tiempo que has estado aquí, ¿has pensado en algún nombre que te guste?

- La verdad es que sí.

- ¿Y cuál es?

Derek se mordió los labios antes de responder, un poco nervioso.

- Sara.

- Sara Hale… -repitió Stiles muy despacio, estudiándolo a fondo- Es pegadizo. ¿Puedo saber por qué ese nombre? No estaba entre los que pensamos al principio.

- En parte porque quería continuar con la tradición de mi madre de ponerle a sus hijas nombres que acababan igual. Primero Laura, luego Cora y ahora Sara. Y además…

- ¿Además?

- Es justo que también tenga la inicial de su padre…

- "S" de Stiles. De Stilisnki. Y ahora de Sara… -Los ojos se le iluminaron-. Me gusta. Me gusta muchísimo.

Derek acercó un dedo a la mano de Sara. Aunque dormida, la recién nacida lo agarró con su manita tan pronto como sintió el contacto.

- Sé que estos nueve meses han sido una auténtica locura –le dijo a Stiles-. Pero viendo el resultado, definitivamente ha merecido la pena.

- Y que lo digas.

Durante unos instantes los dos padres se quedaron contemplando a la pequeña mientras dormía, sintiendo que no hacían falta más palabras para explicar todo lo que estaba pasando por sus mentes.
Entonces Sara se removió un poco en su sueño y pasó de agarrar su dedo al que le estaba tendiendo Stiles. El hombre lobo aprovechó para ponerse en pie.

- ¿Quieres que entre tu padre?

- Pensé que le habías echado.

- No. Sólo a los más escandalosos. Tu padre, Cora y Peter siguen aquí. Puedo decirle que entre y se quede un rato contigo mientras voy con Cora y Peter a comer algo. Empiezo a tener un poco de hambre. Y tendrás ganas de estar con él a solas.

- Qué bien me conoces… -admitió con una sonrisa cómplice-. Si, la verdad es que me gustaría verle. Gracias.

Derek se inclinó entonces sobre la cama para susurrarle al oído.

- No. Gracias a ti por todo lo que has hecho. –Le besó en los labios y a continuación besó la cabeza de su hija-. Hasta luego, pequeña. No crezcas mucho mientras no estoy.

Derek salió de la habitación pero Stiles necesitó un poco más para recuperarse, todavía emocionado por lo que acababa de presenciar.
Cuando su padre cruzó esa misma puerta y se puso a llorar tan pronto como vio a su hijo y a su nieta juntos, Stiles tuvo claro que iba a ser un día pasado por lágrimas.

- Hola –saludó, no atreviéndose a moverse por miedo a perturbarla- ¿Has visto que niña más guapa nos ha salido?

- Y que lo digas… Pienso presumir de nieta toda la vida.

- Lo habrías hecho aunque la pobre no hubiera sido muy agraciada.

- Es verdad. Pero sienta mejor cuando todo el mundo sabe que tienes razón.

- Espera. Hagámoslo oficial –Levantó un poco al bebé-: Papá, te presento a tu nieta, Sara Hale Stilinski.

El sheriff tomó a la pequeña entre sus brazos con muchísimo cuidado, sintiendo cómo los ojos se le empañaban ante el momento tan mágico que estaba viviendo.

- Es precioso el nombre –reconoció, acariciando con cuidado la mejilla de Sara con el pulgar-. Me gusta mucho… Pero dime una cosa, ¿por qué el de Derek tiene que ser el primer apellido? Tú también eres su padre. Y quien ha dado a luz. No es justo que se apellide Hale.

- Papá... Si me he quedado embarazado era porque la manada Hale necesitaba un descendiente para su Alfa. No creo que ahora les haga mucha gracia que la llame Stilinski.

- Bueno... Para mí siempre será Sara Stilinski. –Miró a su hijo con atención-. Y tú ¿cómo estás?

- Mejor. Los puntos me molestan un poco, pero Derek me ha dado hace un rato una dosis de su morfina particular. –De pronto se fijó en que su padre le estaba mirando con especial interés-. ¿Qué pasa?

- Todavía no puedo creer que hayas sido capaz de hacer todo esto.

- Ya. –Se sonrojó ante la mirada de orgullo de su padre-. Aunque la verdad es que no he hecho mucho. Sólo intentar estarme quieto y no desmayarme al ver la sangre.

- Tonterías. Siempre supe que eras un chico increíble. Pero esto… -negó un poco con la cabeza, costándole encontrar las palabras-. Ojalá tu madre estuviera aquí para verlo.

Stiles sintió que se le encogía el pecho ante la mención de su madre.
Pero aquel era un momento feliz y quería que lo siguiera siendo. Incluso si estaban hablando de la mujer que jamás podría coger en brazos a su nieta.

- Estoy seguro de que si las fuerzas sobrenaturales han conseguido que el chico hiperactivo que jamás pensó que un día acabaría con el sexy Alfa de Beacon Hills, haya traído al mundo a su hija; también podrán hacer que mamá nos vea ahora desde donde sea que esté…

John Stilinski mostró una sonrisa triste. Al cabo de unos segundos, tan pronto como sintió a su nieta removiéndose entre sus brazos para buscar una posición más cómoda y seguir durmiendo, su sonrisa fue solo de felicidad.

- Estoy seguro de que es así.