Capítulo 22: Redención (Segunda parte)

El grito de Amy reverberó en la sala, alertando y preocupando a los magos, principalmente a Sonic. El wizard no tardó en partir hacia donde supuso que estaba la chica. Al vislumbrarla y percatarse de la estatua que la acompañaba, quedó paralizado; no por reconocer al lado de qué estaba la eriza, sino porque una cosa le vetó el paso: una masa de materia oscura que se aglomeraba torpemente entre ellos.

Ese acontecimiento no era nuevo para él. En varias ocasiones se hubo topado con esa substancia, muchas veces en ese estado que pero, pese a que ya lo había vivido en varias ocasiones, se sentía con un nerviosismo inusual, cosa que provocó que comenzase a transpirar frío en ciertas zonas, como en la palma de sus manos o su cuello.

La oscuridad terminó de condensarse y, como temió Sonic, se amoldó para crear la contextura de un nuevo ser. Al esta definirse, el wizard cayó en la cuenta de que aquella figura le era excesivamente familiar. Había transcurrido años desde la última vez que lo vio, y eso no impidió que lo reconociera con facilidad: el pelaje blanco, sus púas enhiestas, incluso la viveza de sus ojos verdes subsistía… parecía que todo en él permanecía igual, pero Sonic sabía que no era cierto; ya no existía ese porte de gentileza y gallardía que conoció en él, ahora desbordaba un aura siniestra y presuntuosa.

—Me alegra verte de nuevo, mi querido Sonic —dijo el conde, esbozando una cordial sonrisa—. Oh, sigues utilizando el pequeño obsequio que te di. —Delineó la curvatura de sus propios labios con los dedos.

Al wizard se le produjo un nudo en la garganta. La frustración de no poder proferir palabra alguna lo despedazaba por dentro. Tenía tantas ganas de hablar, tantas ganas de preguntarle a Nazo tantas cosas, de pedirle explicaciones de todo, y el no poder solo lo llenaba de ansiedad y enojo.

Sonic templó sutilmente sus sentimientos cuando oyó unos pasos por detrás; August y Sayar se aproximaban a él a toda velocidad. En el momento en que ambos se colocaron a su lado, Sonic pudo observar que la presencia del Conde de la Oscuridad los dejó tan estupefactos como a él.

—¿Qué haces aquí? —inquirió Sayar después de un par de minutos de quietud.

—¿Qué? ¿Acaso no puedo saludar a mis viejos amigos?

—¡Responde! —exclamó la gata, molesta.

Nazo sonrió.

—Temperamental como de costumbre —expresó con ligera burla—. Me aseguro de que no cometan algo imprudente. —Se volvió a Amy, y luego a la estatua junto a ella—. El que estén en el Palacio de Ogriv sólo significaba una cosa: rescatar a su preciado Shadow The Conjurer. ¿En serio creen que con su ayuda lograrán detenerme? —Chasqueó la lengua—. Y, suponiendo que consiguieran eximirlo de su deplorable situación, ¿cómo desharán la oscuridad que introduje en cada uno de ustedes? Quieran o no, siguen estando a mi merced.

—Ya nos encargaremos de eso más tarde —espetó Sayar.

—Absurdo, su problema no tiene solución. A menos que… —En silencio, caviló unos instantes—. Oh, así que eso planean. Quieren suprimir mis poderes empleando el agua de la "Fons Dinoctis". Sus propiedades mágicas puede que los ayude a disminuir mi influencia en ustedes, después de todo, un Mago de la Luz fue quien la esculpió. —El conde carcajeó, a la vez que las tinieblas se desplazaban a su alrededor—. ¿Creen que permitiré que hagan tal cosa?

De aquella materia oscura se levantó un impetuoso torbellino que empujó a los tres magos a varios metros de distancia. Afortunadamente para Amy, al hallarse a un costado de la estatua de Shadow, alcanzó a asir su mano con firmeza en cuanto dejó de sentir el piso bajo sus pies, librándose así de ser despedida por la ráfaga oscura.

Por otro lado, el Mago de las sombras reaccionó de aquel ataque al reparar el estado en que estaban. Notó su cuerpo, adolorido por el embate, moverse por el aire sin que pudiese frenarlo. Si él se sentía tremendamente lastimado, ¿cómo se encontraría Sayar? Cuando la miró herida, se alarmó demasiado.

El tiempo transcurría y, si no hacia algo pronto, los dos se estrellarían contra el suelo, lo que les produciría más contusiones dolorosas o algo peor. Rápido, buscó su báculo. Se ubicaba a su derecha, lado contrario de donde tenía a la hechicera. Extendió su brazo para agarrarlo, pero por más que se estiraba solo sus dedos llegaban a tocarlo. Echó un vistazo hacia abajo. Al ver el piso tan cerca, su respiración se aceleró y su mente quedó en blanco.

Era un hecho, no podría usar su magia para protegerlos de la caída, así que solo había una opción… de un arrebato, tomó a Sayar entre sus brazos para salvaguardarla y esperó con gesto angustioso el golpe. En seguida, el mago advirtió un gran ardor que recorrió su espalda, haciéndolo gemir.

Sayar alzó la cabeza al escucharlo y, tras otearlo, sus ojos se cristalizaron, pues era evidente que al mago lo aquejaba un intenso dolor.

—¿Cómo estás? —le preguntó August entrecortadamente.

Sayar ocultó la cara en el torso del zorro.

—Bien… gracias.

—Oh, me alegra escucharlo —esbozó una leve sonrisa.

—Tonto, no tenías por qué hacerlo —dijo por lo bajo la hechicera—. Yo pude haber…

—Lo sé —la interrumpió. Delicadamente, le alzó la barbilla para verle el rostro—. Sé que hubieses podido con ello, eres la persona más fuerte y capaz que conozco, pero, aun sabiendo eso, me es imposible no preocuparme por tu bienestar. Te aprecio demasiado.

Sayar lo abrazó de imprevisto, agradeciéndole por haberla salvado; si él no hubiese estado, quien sabe que sería de ella. August no tardó en devolverle el gesto, pero aquello no demoró mucho, puesto que el zorro bajó a la hechicera de sus piernas y dijo:

—Me gustaría seguir así, pero hay alguien que no nos dejará tranquilos si no le pateamos el trasero.

Cuando el Mago de las Sombras se irguió, observó que Sonic ya estaba incorporado y a punto de enfrentar al Conde de la Oscuridad. De las manos del wizard emergieron las llamas azules de su magia, y con su puño se abrió paso por el torbellino, atravesándolo. En cuanto estuvo del otro lado, ya no quedaba rastro de aquella espiral oscura, sin embargo, no imaginó que un lazo mágico lo tomaría de los tobillos y lo arrojaría directo a un montón de estatuas.

Justo antes de que se dañara con las figuras de piedra, August formó debajo del wizard una cortina de sombras que evitó lo que pudo haber sido un duro impacto. Sonic se deslizó por ésta y regresó con Nazo en compañía del zorro. Agitando su báculo, August arremolinó sombras en torno a los pies del adversario, impidiendo su movilidad.

—¡Ahora, Sonic!

El erizo, a gran velocidad, se preparó para arremeter al conde. En el proceso, una lluvia de recuerdos cegó su mente, memorias de aquellos entrañables momentos que hubo compartido con el que ahora era su contrincante. Por el contario, al advertir la guardia baja de Sonic, Nazo aprovechó para golpearlo con una descarga mágica. El wizard se apartó, pero un doloroso pinchazo en una de sus piernas ocasionó que su cuerpo temblara unos segundos en lo que recobraba el equilibrio.

En seguida, August fue a socorrerlo. Con las sombras que rodeaban a Nazo, aprisionó sus extremidades y lo envolvió cual momia. Apretó la quijada a la par que unas gotas de sudor se deslizaron por su frente; el esfuerzo por mantener encerrado a aquel individuo era enorme. Pero fue más grande la desilusión que se llevó al contemplar que sus sombras eran hechas añicos en un santiamén.

—Lamento frustrar tus planes, August. —Tan rápido como un relámpago, el conde se transportó a un flanco del zorro—. Me apena mencionar que tu magia no me afecta. Por cierto, ¿sabes lo que sucede con una sombra en un lugar donde hay completa oscuridad? —Al instante, Nazo encerró a August en una esfera tan negra como el ónix—. Desaparece.

A Sayar se le heló la sangre al ver lo que el conde realizó con el mago. Agachó la mirada y unas lágrimas, concebidas por la rabia y el suplicio de su ineptitud, gotearon de sus ojos furibundos. Algo similar ocurrió con el wizard, sólo que él no escatimó su enojo y tampoco lo hizo con la cantidad de magia que liberó de su cuerpo, pues sus brazos y piernas rebozaron de fuego azulado

Impulsándose con vehemencia, Sonic se precipitó una vez más hacia el conde. Este, con disimulado asombro, desplegó látigos para defenderse del inminente ataque. Inopinadamente, aquellas creaciones suyas fueron desvanecidas por la magia del wizard, sin duda la potencia de las flamas era sorprendente y la luz que emitían hacía aún más complicado el asunto.

«Sin embargo…»

El wizard, después de traspasar uno de los mantos oscuros más cercanos a Nazo, su puño se topó con un elemento blanquecino tan duro como un diamante. De inmediato, sintió cómo su brazo fue empujado por la fuerza del choque, mientras que ese misterioso muro permanecía intacto. Sonic sospechó que eso era…

Shield, la magia defensiva por excelencia —dijo el conde—. No te habrás olvidado de ella, ¿o sí?

Claro que la recordaba a la perfección. La magia del escudo es, como lo mencionó Nazo, la mejor magia protectora, esto debido a que dicho poder se basa en generar "parapetos" de una resistencia inconmensurable, haciendo al usuario prácticamente intocable. Ahora bien, él nunca había podido siquiera fracturar uno de esos escudos, pero hoy sería el día en que eso cambiaría, pues la vida de su amigo estaba en juego y no pensaba perderlo. Con su magia ardiendo de nuevo, comenzó a acometer la barrera.

Tristemente, cada uno de sus ataques fue repelido por el escudo de Nazo. Nada tenía efecto en él. Jadeando, el wizard advirtió que sus músculos se encontraban tensos, se hallaba agotado, e irritado de no tener éxito en ninguno de sus intentos por atravesar dicha fortaleza.

—Necesitarás más que eso si quieres, por lo menos, rasguñar mi escudo —informó Nazo con seriedad.

Señalando a su adversario con la mano, el conde confinó al wizard en una cúpula forjada con la misma magia de barrera. El antedicho golpeó y golpeó aquella prisión con tal de liberarse, pero lo único que obtuvo fue un desgaste mayor. Cuando ya no pudo más, sus piernas flanquearon y, agotado, se desplomó de bruces contra el suelo…

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No lo creía, ese sujeto había vencido como si nada a las dos personas más recias que conocía. Se le cristalizaron los ojos. Sonic y August estaban malheridos y ella no fue capaz de hacer algo por ellos. Era una pávida que prefirió esconderse y mirar cómo caían sus amigos. Incluso Sayar, que estaba en las mismas condiciones que ella, en el último momento se dispuso a enfrentar al conde, aunque su destino no fue diferente que el de los dos magos.

Por lo menos Sayar tuvo el valor de pelear, aun sabiendo que sería apaleada. Ella ni siquiera llegaba a eso. Era una cobarde de lo peor. Las lágrimas empezaron a escurrirse por sus mejillas… era una inútil.

«La fuerza, tarde o temprano, se revela».

Esas palabras arribaron su mente por extraña razón. No obstante, esta vez era diferente, pues la frase le produjo una vorágine de emociones que no hubo sentido antes. ¿Acaso esa frase se refería a ella? ¿Sería este el día que su fuerza se revelaría? Y lo importante, ¿tendría el valor de desafiar sus miedos?

«Yo…», se habló a sí misma, «yo seré fuerte y los confrontaré, seré fuerte y, aunque ya no pueda más, seguiré y los superaré. Lucharé por mí, lucharé por todo aquello que me importa. ¡Revelaré la fuerza que hay en mi interior!»

Una llamarada invadió su cuerpo, la quemaba, la llenaba de valor, la animaba a ser osada, a quebrar esa burbuja que durante tanto tiempo la mantuvo reclusa en el confort y el miedo. Aquella oscuridad que durante mucho tiempo la perturbó, fue reemplazada por una cálida luz que la envolvió y le brindó su fuerza. Cerró los ojos y, cuando los abrió, resplandecieron con el mismo brío de un guerrero listo para la batalla.

De inmediato, estelas de luz magenta la rodearon, y poco después se desplazaron al frente, a un brazo de distancia. Ella las observó con atención, ya que estaban elaborando un objeto que le resultó difícil de distinguir debido a la luminiscencia que irradiaba. Pronto, una larga empuñadura apareció. Sin oscilar, Amy la asió con solidez. Las estelas se esfumaron y le permitieron ver lo que sostenía en la mano: un martillo de gran tamaño que cuya apariencia era intimidante.

Esa arma le pertenecía. Sería su compañera hoy y el resto de sus días, la ayudaría a afrontar sus obstáculos, le daría las agallas para plantarle cara al Conde de la Oscuridad, le permitiría salvar a sus amigos… y mostrarle lo que ella era capaz de hacer.

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—Está hecho —dijo Nazo, manteniendo a sus ex camaradas en sus respectivas prisiones—. Oh, mis viejos amigos, disfrutarán volver al Castillo de Irithorc. No se preocupen, los trataré bien en su eterna estadía.

—Te equivocas…

Nazo ni se inmuto al escuchar a la eriza rosa, era una amenaza nula para sus planes. Sin embargo, no la despreciaría por completo, había cierta curiosidad en saber qué ella haría, por lo que, sin voltearla a ver, le dio pautas para que continuara.

—¿Ah, sí?

—Sí. Te equivocas si crees que puedes llevarte a mis amigos, y aún más si piensas que te dejaré hacerlo.

El conde hizo una sonrisa torcida, la frase le había parecido muy graciosa.

—Te fulminaría ahora mismo, pero lo cierto es que tus infantiles palabras me han hecho reír, por ello te daré una última oportunidad para que salgas de aquí sin daño alguno. —El erizo blanco se sacudió algo de polvo que le hubo caído en el combate—. Una niña torpe como tú no está ni a la suela de mis zapatos. Sal huyendo, supongo que es lo mejor que se te da.

Amy apretó el mango metálico de su arma, y en sus ojos apreció un brío que estos jamás habían poseído.

—¡Yo no huiré más!

El inesperado alarido provocó que el conde volteara a mirar a la eriza, intrigado e inquietado. La examinó de pies a cabeza ágilmente. En cuanto descubrió el martillo que ella llevaba en mano, su sorpresa se acrecentó.

Apenas había indicio de magia en su cuerpo, era imposible que emergiera de forma tan abrupta… ¿acaso fue su inopinado y creciente coraje el responsable de haber desencadenado la "Magia de la Fuerza"? ¿O fue la misma magia la que, deseosa de salir, resquebrajó y rompió los barrotes que la mantenían prisionera y, por consiguiente, cargó a su portador de intensas emociones?

Sea cual sea el motivo, no importaba, ahora ella era una sorceress. Pero ¿eso representaba algún peligro para él?... Tendría que comprobarlo.

—Debo admitir que estoy impresionado —dijo Nazo, encarándola y dibujando una apacible sonrisa en sus labios—. Esa arma tiene una pinta imponente; es cognoscible, una magia como Force. —Se sostuvo el mentón con aire pensativo, atisbó a la chica por lo alto y pronunció con frialdad la siguiente oración—: No serás capaz de controlarlo.

Airada por aquellas palabras, Amy alzó el arma por encima de su cabeza y, dejándose llevar por las emociones, echó a correr en dirección al conde. Entretanto, Nazo, impertérrito, proyectó un disco negro bajo sus pies, el cual lo elevó de forma oblicua a una altura considerable antes de que la chica lograse encajarle un martillazo.

Cuando la cara del martillo impactó contra el suelo, este se fracturó. Todo el piso de la cámara principal, o quizá más, quedó plagado de grietas con la suficiente profundidad y anchura como para engullir a una persona entera. Ambos oponentes contemplaron el lugar; Amy, a diferencia del conde, no disimuló su asombro. Ella había hecho eso… era la causante del terremoto que irrumpió en la habitación y de los notables estragos que ahora la marcaban.

Una sonrisa pícara delineó los labios de la eriza. No podía contener la emoción y cierta sensación de superioridad, pues era Nazo quien ahora retrocedía. Miró a su oponente con ojos desafiantes y dijo:

—Apuesto que no se lo esperaba, ¿o sí, señor conde? —El aludido no se inmutó.

Amy, lista para seguir, desencajó el martillo del piso. Se sorprendió, pues fue tan fácil que la fuerza que ejerció al jalar el mango casi la hace caer. Examinó el martillo unos segundos; no podía creer que fuese tan ligero como una pluma y, a la vez, tan duro como un diamante. Sin duda, con la ayuda de esa arma recuperaría a sus amigos.

—Libéralos, conde, o tendré que obligarte a hacerlo —amenazadora, apuntó al nombrado con su martillo.

Nazo esbozó una sonrisa torcida.

—Si te consideras tan fuerte, ¿por qué no vienes por ellos de una vez? —Con la mano, realizó un ademán para incitarla a que fuese tras él—. Dudo que puedas si quiera hacerme sudar.

Furiosa, Amy asió el mango del martillo con ambas manos, sintiendo el poder que le recorría el cuerpo, y corrió, sin pensarlo dos veces, hacia donde se hallaba su ominoso oponente.