Capitulo veintidós

¿Cómo se llama? –les pregunté a Ben y Ángela.

Brian Cheney –dijo Ben totalmente orgulloso.

– ¿Brian? –preguntó Ángela escéptica.

– Brian Benjamín Cheney –contestó Ben algo avergonzado.

– Es un nombre perfecto –murmuró Nessa mirando a Brian totalmente embelesada.

Yo asentí confirmando sus palabras, pero todavía sin poder apartar mis ojos de su perfecta carita redonda.

– Nessie… –susurró Jake– es tarde y debemos irnos.

Levanté la mirada por primera vez desde que tenía a Brian en brazos para dedicarles un vistazo a mi hermano y a mi amiga, Jake sonrió avergonzado y Ness solo me guiñó un ojo antes de desaparecer por la puerta después de despedirse. Algo había pasado entre esos dos, pero como era costumbre en mí, estaba tan metida en mi mundo que no me había enterado de nada hasta ese momento.

– ¿Ang, tú sabes algo? –le pregunté a mi amiga sonriendo.

– Lo siento Bells –desde que Jake había llegado ahora todos me llamaban así… él y su estúpida manía de hacer diminutivos de cualquier nombre–, estaba demasiado ocupada dando a luz para pensar en porque tu hermano parece un estúpido cuando mira a Ness. Los cotilleos pasaron a un segundo plano… entiéndeme.

Sonreí disculpándome y dándole un último vistazo al bebé que me hacía babear, lo dejé de nuevo en los brazos de su madre. En cuando su pequeño peso dejó de notarse sobre mis brazos, sentí un tremendo vacío, intenté deshacerme de ese sentimiento negando con mi cabeza un par de veces y componiendo mi mejor sonrisa, pero creo que no funcionó muy bien ya que Edward me dedicó una mirada interrogante desde la pared en la que estaba apoyado.

– Yo también debería irme… ha sido un día largo y tenéis que descansar –murmuré poniéndome en pie y besando las mejillas de los tres– ¿Edward?

– Por su puesto –contestó a mi pregunta no formulada– Enhorabuena y encantado de conoceros.

Puso una mano en la parte baja de mi espalda instándome a avanzar y me invitó a salir de la habitación esperando con la puerta abierta a que yo pasase primero… "mi perfecto caballero" pensé. Cuando salíamos al pasillo y antes de que la puerta se cerrase por completo todavía podía oír a mis amigos.

– ¿Ese era Edward Cullen? –pregunta Ben sorprendido.

– El mismo –confirmaba Ángela con voz alegre.

– Vaya... –susurró Ben y no fui capaz de oír más, puesto que la puerta se cerró.

Caminamos en silencio hacia la salida del hospital, uno al lado del otro. Nuestros hombros y nuestras manos se rozaban en ocasiones provocando que miles de corrientes eléctricas azotaran mi cuerpo. Y otra vez me maldecía internamente. Se suponía que debía estar enfadada con él, con ganas de arrancarle sus preciosos ojos verdes… y en su lugar solo pensaba en abrazarlo, en besarlo y enterrar una vez más mis dedos entre su sedoso pelo… "¡estúpida Bella! ¡Te has enamorado hasta la médula! ¿Ahora que pasará? ¿Esperas que esto tenga un final feliz? No es una más de sus películas donde es el perfecto galán, tiene en sus manos el poder de destruirte… ¿Vas a confiar en él de nuevo?" Replicaba mi conciencia. Pero yo no la escuchaba, con cada paso que caminaba hacia la salida se me iba haciendo un nudo en el estómago. Y yo sólo oía una vocecita desde mi interior, pero no era mi conciencia esta vez, era algo mucho más profundo, a cada sonido de mis pisadas era como si mi estuviese gritando "Bésalo" "Sáltale encima" "Cómele la boca" tragaba en seco y empuñaba mis manos conteniendo las ganas de escucharla y hacerle más caso del que debería.

Cuando salimos al exterior el viento frío del invierno de Nueva York me golpeó en la cara, pareció espabilarme un poco y dejar esas voces tentadoras atrás, pero esa tranquilidad duró muy poco. Ya había anochecido y las farolas alumbraban la calle con una luz tan tenue que le daba a todo un aspecto de ensueño… solo faltaba la nieve blanca y lacitos rojos para hacer la perfecta estampa navideña, pero eso no era lo importante. En cuanto mis ojos se cruzaron con la imagen de Edward, dejé de respirar y casi jadeo de la impresión… ¿podría alguien resultar más perfecto? Sus masculinas facciones se veían más delineadas por la escasez de luz y el juego de luces y sombras de daba casi un halo místico haciéndolo parecerse a un dios, sí, todavía más si cabe. Aunque tenía el pelo despeinado y la barba incipiente de unos tres días… un dios desaliñado pero tremendamente sexy… si la vocecita antes de me gritaba ahora soltaba alaridos ensordecedores. Tragué en seco e intenté con todas mis fuerzas dejar de oír esas voces y no caer irremediablemente en el poder de esos dos orbes esmeraldas.

– Tenemos una conversación pendiente –dijo Edward en un murmullo– ¿Vamos a tu casa?

Lo pensé unos segundos y estuve a punto de aceptar, cuando casi grito horrorizada.

– No es buena idea… Jake y "Nessie" estarán allí –le expliqué.

Pareció dudar durante unos segundos, pero finalmente después de un sonoro suspiro se decidió a hablar.

– Podemos ir a mi hotel… si quieres… es que hace un poco de frío para quedarnos en la calle –desvió la mirada avergonzado.

Tragué en seco e intenté no imaginar cómo podríamos aprovechar esa noche de hotel "Estás enfadada con él, le quieres arrancar los ojos" me repetía una y otra vez, pero esas palabras no causaban ningún efecto. "sí, arrancarle esos preciosos ojos color esmeralda que parece que me traspasan el alma cada vez que me miran… ¡Bella, Bella!

¡Detente!"

– Vamos –contesté casi como un gemido y comencé a caminar sin rumbo fijo.

Por suerte estaba caminando hacia su coche, en cuanto llegamos a él, abrió la puerta del acompañante para mí y eso irremediablemente me transportó a aquellos días vividos en Forks, aquellos días en los que fui tremendamente feliz. Suspiré y Edward me miró interrogante, pero no preguntó nada.

Edward POV

Te pido perdón por no haber escuchado, tus ruegos

Te pido perdón por las lágrimas que hablan de mí.

Te pido perdón por tus noches a solas.

Te pido perdón por sufrir en silencio por ti.

Te pido perdón, a sabiendas que no lo concedas.

Te pido perdón, de a única forma que sé.

Devuélveme la vida, devuélveme la vida.

Recoge la ilusión que un día me arrancó tu corazón

Y ahora… devuélveme la vida.

Antonio Orozco –Devuélveme la vida

Estaba tremendamente nervioso mientras caminaba por el estrecho pasillo del hotel rumbo a mi habitación, por suerte en esta ocasión pude conseguir una habitación sencilla, aún sin poder evitar la mirada incrédula del recepcionista cuando leyó mi nombre en la tarjeta de crédito. A veces odiaba ser Edward Cullen, el actor…

Bella caminaba en silencio a mi lado, si no fuese porque la estaba viendo me costaría creer que estaba ahí, pero lo estaba. Todavía no podía creerme que había aceptado hablar conmigo, tenía que poner todo de mi parte en esa conversación, tenía que hacerle entender que para mí ella era, es y será siempre lo más importante, incluso por encima de mi carrera. En cuanto llegamos a la habitación del hotel abrí la puerta para ella, dejé que pasase primero y miré su cuerpo moverse lentamente hacia el sofá y dejarse caer en él. Parecía cansada, pero aun así no perdía un ápice de su belleza.

Miraba distraída hacia la ventana con vistas a Central Park, y no pude evitar recordar su mirada cuando vio al pequeño bebé de su amiga, en ese momento vinieron a mi mente las palabras que había dicho yo mismo días atrás "Que diferente habrían sido las cosas si en lugar de Tanya fuese Bella la que estuviese embarazada". Intenté imaginarme la situación: Bella con su tripa enorme, sentada en un sofá parecido ese, en lugar de la ventana estaría mirando a una chimenea con llamas chisporroteantes, con su sedoso cabello castaño cayendo delicadamente en ondas por su espalda… y yo acercándome a ella con una taza de chocolate caliente mientras le sonreía, para después abrazarla y acariciar a nuestro bebé a través de su vientre. Suspiré y me dejé caer a su lado en el sofá. Necesitaba toda mi concentración para esa conversación, de ella dependía que la imagen que había imaginado pudiese llegar a realizarse o no.

– ¿Cómo has estado? –pregunté en un susurro con miedo a asustarla si hablaba demasiado alto.

– No muy bien –murmuró, hizo una mueca y me miró con sus penetrantes ojos.

– Lo siento –musité bajando la cabeza… de verdad me avergonzaba de mí mismo por mi estúpido comportamiento

– Ahora ya no importa… explícame que fue todo lo que pasó exactamente… todavía no entiendo mucho –me pidió.

Suspiré y me removí intranquilo sobre el cojín del sofá, recordé exactamente lo que había pasado ese día y la rabia me inundó… intenté contenerla para poder explicarle todo a Bella, pero las ganas de acabar con Tanya ahora que sabía todo lo que había sufrido mi Bella por su culpa… si la tuviese delante en ese momento podría llegar a olvidar que se trataba de una mujer. Volví a reordenar lo recuerdos en mi mente y comencé a hablar con voz contenida.

– La última noche que pasamos juntos en Forks, a primera hora de la mañana Kate, mi agente, me llamó para decirme lo de las fotos de aquella revista –Bella asintió confirmándome que sabía a que fotos me refería–, también me comentó un par de declaraciones que había hecho Tanya y salí de tu apartamento directo a casa de mis padres, necesitaban hacer un par de llamadas e incluso ir hasta Seattle para intentar solucionar las cosas. No quería inmiscuirte en mi mundo, y menos de ese modo. Me habías dicho que te gustaba llamar la atención y yo era exactamente lo que estaba logrando… que fueses el centro de todas las miradas.

– ¿Qué tienes eso que ver con Tanya y su bebé? –preguntó en un susurro.

– Me pediste que te contara todo, y eso es lo que estoy haciendo.

– De acuerdo, continua por favor –me instó.

– Cuando salí de allí Tanya me llamó por teléfono esa vez. Me contó su estúpido plan y tuve ganas de estrangularla en ese mismo instante…

– ¿Qué plan? –me cortó.

– Tanya está embarazada de otro hombre –continué–, me acosté con ella un par de veces pero por las fechas es imposible que ese bebé sea mío. Al parecer es de Félix Vulturi. Lo que ella quería era que yo me hiciese pasar por el padre de ese bebé y fingiésemos ser una pareja perfecta. En seguida me negué, pero ella me amenazó.

– ¿Con qué?

– Había visto tus fotos, la conozco perfectamente y no le habría costado mucho dar contigo… me dijo que te haría saltar a los medios como mi amante secreta, eso te dejaría mal a ti y a ella como la novia perfecta con el corazón roto –Bella abrió los ojos sorprendida–. Como ya te dije conocía tu aversión a ser el centro de atención, así que eso te pondría precisamente en el ojo del huracán… no era una opción. Fui a mi casa a contarle todo a mi familia… tanto Rosalie como mi padre me aconsejaron que te dejase.

– Y tú les hiciste caso –no fue una pregunta, lo confirmaba.

– Al principio esa idea me pareció descabellada, tanto Esme como Alice estaban escandalizas, y Emmett me instó para que te contase todo antes de actuar, ahora me doy cuenta de que era la mejor opción. Tenía que haberlo escuchado a él –murmuré casi para mí mismo.

Bella sonrió con amargura y desvió la mirada a la ventana de nuevo.

– ¿Qué fue exactamente lo que te dijo Rosalie? –preguntó en un murmullo.

– Me dijo que hiciese lo que Tanya me pedía, y que después cuando tuviese todo solucionado que te lo explicase… que tú lo entenderías.

Bella bufó y se puso en pie dando vueltas por toda la habitación.

– ¡Típico de Rosalie! –Gritó alzando los brazos– Siempre ha hecho lo mismo, piensa que soy de goma y nada va a hacerme daño… ¡yo no soy como ella! ¿Cuándo va a entenderlo?

Me puse en pie y la tomé por los hombros haciendo que se detuviese frente a mí, mirándome a los ojos.

– Tranquilízate por favor… –le pedí– no va a solucionar nada que te pongas así.

– Es que no la entiendo –murmuró–. Se supone que es una de mis mejores amigas pero siempre ha dejado que las cosas me pasasen aunque pudiese evitarlo. "Tienes que ser fuerte Bella, a los débiles los machacan sin piedad"–imitó perfectamente el tono de voz de Rosalie–. No sé porque tanto interés en que sepa defenderme… nunca me ha pasado nada malo…

– Ven, siéntate de nuevo –la empujé un poco para que volviese a sentarse en el sofá– , sé que el tema de Rosalie todavía es una herida sin currar, pero estamos aquí para solucionar nuestro problema, después si quieres podemos hablar de Rosalie todo lo que quieras.

Sonrió mientras me miraba, y eso me hizo un nudo en el estómago… era hermosa. ¿Cómo podía tener tanta suerte de haberla conocido?

– Entiendo lo que ha pasado Edward… te has equivocado, y por lo poco que te conozco estoy completamente segura de que si volviese a pasar no actuarias así. Pero tienes que darme tiempo para confiar en ti.

Mi pecho se hinchó de esperanza, sabía que quizás era demasiado pronto para cantar victoria, pero Bella había sonado tan como "Bella" la Bella de verdad, esa que me había vuelto loco, que fui imposible contener toda esa esperanza.

– Pero todavía me tienes que explicar algo más –susurró–. Si se supone que Tanya es la mala en todo este asunto… ¿por qué todavía sales de su mano en las fotos? Y todas esas chicas… no… no puedo entenderlo.

Suspiré y me cuadré frente a ella, esa era la parte más complicada.

– Fue idea de Kate. Tanya tiene en su mano hacerme caer como personaje público, solo tiene que abrir la boca para hundirme. Kate en un primer momento contó con que tú nos ayudarías, pero yo deseche la idea incluso antes de oírla.

– ¿Por qué?

– No quería meterte en esto Bella…Tanya es… cruel, no le importa quien caiga si ella consigue lo que quiere. No quería exponerte a eso –confesé perdiéndome en sus ojos una vez más.

– ¿Qué es lo que quiere exactamente? –preguntó intrigada.

– No lo sé… pero sea lo que sea no lo va a conseguir –aseguré endureciendo la voz–. Haré lo que sea para protegerte de ella.

– ¿Y… y las otras chicas?

Sonreí con ironía.

– Es la idea de Kate. Yo le prometí a Tanya que estaría a su lado fingiendo ser el padre de su hijo… pero no le prometí que le sería fiel. Por lo que cada vez que estaba con ella, Kate me enviaba a una modelo o a una actriz para ponerla nerviosa. Al principio pareció funcionar, pero después consiguió darle la vuelta a los acontecimientos y ahora ella parece la novia desdichada como me dijo el primer día. Aunque la estoy haciendo enfadar mucho… sobre todo después de haber desaparecido sin avisar para venir a hablar contigo, no sé hasta que punto eso es bueno.

– ¿No has tenido nada con ninguna de esas chicas? –preguntó incrédula.

– Realmente no, a alguna la he besado para enfadar más a Tanya… pero para mí era trabajo, solo estaba actuando –contesté animándome a coger su mano entre las mías, ella aceptó el contacto y mi pecho ardió en respuesta.

– Pero… eso… eso es absurdo… son mujeres bellísimas ¿de verdad no sentías nada? – preguntó de nuevo sin creérselo todavía.

Me recoloqué en el sofá quedando prácticamente frente a ella, que también estaba ladeada hacia mí. Tomé su rostro entre mis manos y la miré fijamente a los ojos.

– No puedo sentir nada por ellas cuando ya lo siento todo por ti –murmuré.

Volví a sentir una mirada de incredulidad por su parte… empezaba a ponerme nervioso.

– ¿En que guión sale eso? –preguntó alejándose y así zafándose de mi agarre.

– En ninguno Bella, estoy enamorado de ti, no tiene más vuelta de hoja.

Suspiró y miró fijamente sus manos.

– ¿Todo esto en que punto nos deja? –preguntó con dudas sin levantar la mirada.

– No sé que quieres decir –contesté confuso–, te he mostrado todas mis cartas, ahora la decisión es solo tuya. Me tienes en tus manos.

Se puso en pie y se acercó a la ventana, miró por ella con melancolía, recordando algo. Después me miró a mí con un brillo especial en los ojos. Mi pecho volvió a latir furioso y a llenarse con un poquito más de esperanza, era arriesgado sentir eso, lo sabía, pero también era inevitable. Me puse en pie y a paso vacilante me acerqué a ella. Continuaba devolviéndome esa mirada cálida, con ese brillo que casi cegaba. Ahora estábamos uno frente al otro, muy cerca, quizás demasiado cerca para mi cordura. Bella acortó esa poca distancia que nos separaba y colocó una de sus pequeñas manos en mi pecho, justo sobre mi corazón que en ese momento latía desbocado. Su tacto quemaba, podía sentirlo incluso a través de la camisa que llevaba puesta.

Sus ojos estaban enlazados con los míos, desde el momento que me puse en pie no fui capaz de romper ese contacto, y por lo visto ella tampoco. En mi pecho ya no solo latía la esperanza… ya casi estaba seguro de su perdón, y eso me asustaba. Si después de todo estaba equivocado… la caída sería brutal.

– Y también estoy enamorada de ti –musitó tan bajo que casi no pude oírla.

La alegría que sentí en ese momento era incontable, solo tenía ganas de estrecharla con fuerza contra mi pecho y besarla hasta dejarla sin aire. Pero me contuve, no quería dar un paso en falso y estropear todo lo que había andado hasta ese momento. Alzó su otra mano y acarició mi rostro, no puede evitar cerrar los ojos ante ese contacto, y una traicionera lágrima rodó por mi mejilla. Bella la borró con sus suaves dedos… deslizándoles después con demasiada lentitud hasta mis labios. Yo estaba en éxtasis, casi incapaz de creer que todo eso estaba sucediendo en realidad y no era solo producto de mi imaginación. Bella acariciaba mis labios, delineaba mis comisuras haciéndome cosquillas, pero no me importaban las cosquillas en ese momento.

– Bésame –susurró.

Y yo me derretí entre sus manos… me acerqué lentamente hacia sus labios los rocé con los míos. Eso era el cielo, volver a probar sus labios era el mejor regalo del mundo. Ese sabor dulce, adictivo… entreabrió su boca permitiéndole paso a mi lengua y no me lo pensé dos veces. La ataqué con decisión, pero sin dejar de ser tierno y cuidadoso. Quería cuidar de mi Bella, haría cualquier cosa por ella.

Su sabor me embriagaba, hacía que mi cabeza diese vueltas… ese beso no se parecía en nada a ninguno de los que nos habíamos dado antes. En él estaba poniendo mi corazón, mi alma, cada uno de los suspiros y las lágrimas que había derramado estando lejos de ella, y podía sentir exactamente lo mismo de su parte. No era un beso corriente, era una promesa… un "te amo" en mayúscula escrito en el cielo con grandes luces de neón para que todo el mundo pudiese verlo.

La apreté contra mi pecho pasando mis manos por su espalda, ella gimió en mis labios… algo que me enloqueció. Sentí como mi pantalón comenzaba a hacerse pequeño. No quería estropearlo todo en ese momento, así que me giré levemente ocultando mi erección lo mejor que ponía. "si que eres inoportuno pequeño Eddie" pensé irónicamente utilizando ese apodo que tanto odiaba…

Bella rodeó mi cuello con sus brazos profundizando el beso, ya no era un beso tierno y dulce… temía que nos quedásemos sin aire, ¿pero para que estaba la nariz en estos casos? No solo es algo contra lo que chocas al acercarte a dar tu primer beso… sirve también para mantenerte consciente y con vida en momentos en el que la boca tenía cosas más importantes que hacer.

La lengua de Bella bailaba en mi boca al compás de la mía, endulzando mi paladar con su exquisito sabor. Yo cada segundo la apretaba tanto contra mi cuerpo que pensé que en cualquier momento se fundiría conmigo, pero aun así todavía podía sentir que estaba demasiado lejos, la quería cerca… más cerca.

Bella saltó y enredó sus piernas en mi cintura… no puede ahogar el gemido gutural que salió de mi garganta cuando su sexo rozó mi entrepierna. Incluso podría sentir el excesivo calor saliendo de esa zona en concreto. Sus dedos aferrados a mi pelo y sus dientes en mi labio inferior fue lo único que necesité para perder por completo la cordura. ¿Qué tenía esta mujer para volverme completamente loco?

Nos arrastré a ambos hacia la cama y la dejé caer en el colchón, mi cuerpo me pedía sexo salvaje, hacerla mía en todas las posturas posibles, pero mi mente… ella me pedía que la cuidase y la tratase con cariño, como el tesoro que ella era para mí. Y así fue. Me eché sobre ella besando cada parte expuesta de su cuerpo. Su rostro, su cuello, sus manos… mientras las mías se perdían en su cintura subiendo poco a poco su suéter, deleitándome con la suavidad y el calor de su piel. Dejé expuesto su vientre para besar cada palmo de este mientras hacía desaparecer su ropa poco a poco, dejándola completamente desnuda ante mí. Y ahí, sonrojada y con el pelo revuelto era la viva imagen de una diosa, era como si la misma Afrodita hubiese bajado de su reino en el cielo para compartir el lecho conmigo.

Bella se abalanzó sobre mí haciéndome caer de espaldas en el colchón, sus manos se deslizaron por mi cuello, mis hombros, mi pecho… hasta acabar en los botones de mi camisa. Los fue desabrochando lentamente uno a uno… y yo me desesperé… ¿de verdad las camisas tenían tantos botones? La próxima vez intentaría llevar un suéter o una camiseta para evitar esperar tanto, sonreí ante ese pensamiento, la próxima vez… que bien sonaba.

Cuando tuvo mi pecho expuesto comenzó a repartir besos indiscriminadamente sobre él, sentía el calor y la humedad de sus labios aquí y allí, y eso me estaba haciendo perder la cabeza, en cuanto llegó a mi ombligo sus manos fueron hacia el botón de mi tejanos… los desabrochó en un segundo y le ayudé a deshacerme de ellos, haciendo poco después lo mismo con mis bóxers. Cuando me tuvo completamente desnudo volví a ponerme sobre ella, mirando sus ojos mientras acariciaba la suave piel de sus muslos.

– Te amo –susurró con voz entrecortada.

Mi cara debió de iluminarse porque una sonrisa surcó su rostro. Me amaba… ¡Bella me amaba! Tenía ganas de gritar, de cantar, de salir a la calle y gritarle a todo el mundo que estaba completamente enamorado y era correspondido. Pero sobre todo lo que tenía era ganas de hacer el amor con ella. De hacerle el amor como nunca se lo había hecho a nadie en toda mi vida.

– Yo te amo más –dije mirando sus ojos, ahogándome en ese mar chocolate.

Y entré en ella, de un solo empujón y sin preliminares, me tensé en el momento de hacerlo, había actuado sin pensar, inconscientemente siguiendo las órdenes de mi cuerpo. Pero la respuesta de Bella me confirmó que no había errado, ella lo necesitaba tanto como yo. Envolvió mi cintura con sus piernas y alzó un poco sus caderas para profundizar… y sentí como me hundía en ella centímetro a centímetro. Sentí como sus paredes oprimían mi miembro haciéndome jadear de placer.

Comencé una embestidas lentas, deleitándome en todo momento con sus suspiros, con sus gemidos, con la forma en que enterraba sus uñas en mis hombros. Dejándome transportar a un mundo en el que solo estábamos ella y yo. Sentía como con cada embestida el placer se iba acumulando en mi estómago. Con cada caricia de sus manos en mi espalda soltaba un gemido más ahogado que el anterior. Amaba a esa mujer, y sentía como ella me amaba en cada uno de sus actos.

Tardé muy poco en sentir como ella llegaba a la cima, el verla en ese estado, con la cara distorsionada de placer, en oír su voz llamándome a gritos… y me dejé ir. El placer estalló en una vorágine de sensaciones que se acumulaban en mi entrepierna. Cerré los ojos y puedo jurar que incluso llegué a ver fuegos artificiales. Así que eso era hacer el amor con la persona que amas… nunca había experimentado nada semejante.

Me dejé caer a su lado y la atraje hacia mi pecho, la abracé con todos mis fuerzas en un intento de no dejar que se alejase nunca más de mí. La necesitaba cerca… enterré mi rostro en su pelo, oliendo ese aroma a fresas que me enloquecía. La besé repetidas veces mientras sentía como poco a poco iba cayendo en la inconsciencia. Poco después, con una sonrisa tatuada en mi rostro, la acompañaba a ese mundo de los sueños, en los que ella siempre sería la protagonista de los míos.